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Informe sobre la pobreza (y III)

Los desclasados

Desde 2008, medio millón de ciudadanos se han incorporado cada año a las estadísticas de la pobreza. Los niños y los adultos jóvenes con cargas familiares son los más afectados. "La gente escucha las detonaciones cada vez más cerca", afirman los expertos

Cristina Vallejo Madrid , 19/02/2015

Suburbio en Santa Cruz de Tenerife.
Suburbio en Santa Cruz de Tenerife. GETTY IMAGES

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No ha sido hasta hace muy poco, uno o dos años, cuando la sociedad española ha comenzado a alarmarse por el incremento de la pobreza. ¿Por qué?, ¿porque cada vez es más grave?, ¿porque afecta a personas que antes se consideraban completamente a salvo de caer en sus redes? Según distintos estudios realizados en los últimos tiempos, la pobreza más severa la están sufriendo las capas más desfavorecidas de la población, pero varios de ellos alertan del creciente deterioro de las hasta ahora consideradas clases medias. 

De acuerdo con la teoría de Pau Marí-Klose, profesor de la Universidad de Zaragoza y experto en pobreza, respecto a la concentración de la pobreza, ésta la sufren los colectivos que ya eran más vulnerables. "Los que están cayendo son los que ya estaban abajo", afirma. Y calcula que es alrededor de un tercio de la población. Los otros dos tercios, comenta, están llevando la situación más o menos bien. Para apoyar esta tesis, que contradice muchas teorías respecto a la disminución o, incluso, desaparición de las clases medias, aporta datos: los ingresos de las clases medias apenas habrían caído un 5% en los años de crisis, mientras que los miembros de las clases de menores ingresos habrían sufrido un recorte de entre un 20% y un 25%. Son sus números. De manera más precisa lo muestra el último informe Foessa a partir de la Muestra Continua de Vidas Laborales de la Seguridad Social. Así, entre 2008 y 2012, los salarios diarios reales del decil más pobre de la población, es decir, del 10% que menos cobra, han bajado un 21,3%. Los del segundo decil, es decir, los del 10% un poco más ricos, se han reducido un 15,9%. Estas cifras contrastan con la caída del 5% que han sufrido los salarios del decil 5, es decir, el de la "estricta" clase media, y con el descenso del 4,7% registrado por los salarios de quienes más cobran de todos. 

José Manuel López, de la Fundación Tomillo,  habla de esos de abajo que han caído todavía más. Habla desde Orcasur, el barrio más pobre de Madrid. Allí, hace años, las cosas habían mejorado, la gente percibía que tenía un futuro; tenía la sensación de que si se esforzaba podía ir a mejor. Ahora eso ha cambiado. Ahora allí todo el mundo vive al día. José Manuel López pone un ejemplo. Los vecinos de Orcasur ya no dejan de poner la calefacción en invierno para ahorrar. Ahora no tienen la sensación de que necesiten guardar algo de dinero, porque no hay expectativas. “Antes se intentaba ahorrar, ahora ya no se encuentran razones para hacerlo”, explica López. Pese al avance, ahora interrumpido, de los últimos años, la pobreza de Orcasur tiene consecuencias en la esperanza de vida de sus ciudadanos que, según dice José Manuel López, es 7,6 años inferior a la del distrito de Salamanca.  

Juan José López, de Fundación Foessa, comenta que la pobreza también está afectando a las clases medias. Alude al último informe que ha realizado la organización adscrita a Cáritas y argumenta que únicamente un tercio de la población que vive en España se encuentra en una situación de inclusión plena. En el año 2007, el porcentaje de los ciudadanos en situación de inclusión plena era del 50%. En exclusión severa se ha pasado del 6,3% de 2007 al 10,9% de la población en 2013. En exclusión moderada, del 10% al 14,2%.

Para llegar a este indicador, Foessa analiza varias dimensiones de la exclusión social, como el empleo, la vivienda, el consumo, la salud, la educación, la participación política... La variable que más ha acentuado la exclusión social ha sido el empleo. Si en el año 2007 el porcentaje de la población excluida del mercado laboral era de un 16,9%, en el año 2013 la población afectada alcanzaba el 41,5% del total. La exclusión de la vivienda roza ya el 30% desde niveles que rondaban el 20% en los años pre-crisis, y la exclusión sanitaria se ha duplicado en los últimos seis años, hasta el 20%. Pero hay que insistir: antes de la crisis ya había excluidos, ya había pobres, pero nadie, o muy pocos, les hacían caso. 

Para José Manuel López, de la Fundación Tomillo, la pobreza es cada vez más extensa, porque afecta a cada vez más personas, como ya se ha visto; más intensa, porque el nivel de exclusión es cada vez mayor y porque la renta media de los pobres cada vez está más alejada del umbral de la pobreza; y también es más crónica. 

Sí, más intensa. Eso lo corrobora el indicador de la brecha de pobreza, es decir, el que mide cuán pobres son los pobres. Se obtiene calculando la distancia que hay entre el 60% de la mediana de la renta de un país y la renta media de quienes se colocan por debajo de ese nivel. De acuerdo con Eurostat, en 2013, se situaba en el 30%. Es decir, de media, los pobres en España están un 30% por debajo del umbral de la pobreza. Este porcentaje no está muy lejos del 28% en que se situaba en 1997. Aunque en 2003 llegó a bajar hasta el 22%. Eso sí, antes de iniciarse la crisis, ya desde 2005, comenzó a subir, alcanzando, ese año, el siguiente y 2007, tasas de alrededor del 26%. 

 Pobreza crónica, transitoria, persistente

Además, la pobreza en España es persistente. Un 10% de la población española es persistentemente pobre, dice Marí-Klose. Juan José López, del equipo que elabora los prestigiosos Informes Foessa, eleva la cifra y dice que en España, siempre hay un quinto de la población por debajo del umbral de la pobreza. "Lo que está claro es que la pobreza en España es crónica", afirma este experto. 

Un grupo de la Universidad de Vigo encabezado por Olga Cantó, que ahora trabaja en la Universidad de Alcalá de Henares, estudió la pobreza en España, no como foto fija en un momento dado, sino en su perspectiva más dinámica. Según Cantó, España no llama la atención por tener una alta tasa de pobreza crónica, sino más bien por el elevado porcentaje de población que sufre periodos de pobreza transitoria, pero de manera bastante recurrente. De acuerdo con el interesantísimo documento de Cantó, titulado La dinámica de la pobreza en España: cronicidad, transitoriedad y recurrencia, España destaca por registrar un alto porcentaje de pobres transitorios. Pero en un 42% esa pobreza de corto plazo resulta ser de tipo recurrente, intermitente, con periódicas incursiones por debajo del umbral de la pobreza. Mientras los pobres transitorios pueden suponer entre el 85% y el 50% del total, los más crónicos suelen pesar un 15% dentro del colectivo. Aunque medir la transitoriedad, la recurrencia y la cronicidad de la pobreza tiene dificultades, porque existen varias maneras de medirlas y todas dependen del tiempo que el estudioso considere que alguien tiene que ser pobre para considerarlo crónico o transitorio.  

Pero es cierto que la pobreza no afecta a todo el mundo de la misma manera. No ha atacado a todos los grupos sociales de la misma forma. Uno de los segmentos sociales menos afectado ha sido el de los mayores de 65 años, por la fuerte protección que supone el sistema público de pensiones. De hecho, de acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida, la tasa de pobreza entre los mayores de 65 años se ha ido reduciendo en los últimos años. Si en 2009 se encontraba en el 23,8%, en 2013 había bajado hasta el 12,7%. Dicen los expertos que como consecuencia del mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones y la caída de los salarios en el mercado de trabajo. 

Para Cantó, existe una cohorte de edad atrapada en la pobreza, que está formada por familias encabezadas por personas entre los 25 y los 45 años que tienen bajos estudios e hijos pequeños de entre 6 y 18 años. Éstos son los nuevos pobres. Éstos son los candidatos a ser pobres crónicos. Los mayores y sus hijos. Si no cambia nada en la política.

En los datos de Eurostat sobre la pobreza persistente comprobamos que los hogares con hijos dependientes se muestran mucho más vulnerables. En ellos, la pobreza persistente ha subido desde el 10,6% de 2007 hasta el 15,1% de 2012. Entre ellos, los más débiles son los hogares monoparentales con niños, en los que la pobreza persistente supera el 29%. En cambio, en los hogares sin hijos el porcentaje es de "apenas" un 7,4%, cifra que rozaba el 10% antes de la crisis.  

El riesgo de pobreza, de privación material severa y de baja intensidad de empleo en el hogar es más intenso en los hogares con más de tres niños dependientes o en el caso de los hogares monoparentales.  

La frontera de la pobreza

Pero hay quien no ha puesto el foco sólo en los que son pobres desde siempre, sino que lo ha comenzado a hacer en quienes comienzan a ser carne del cañón de la miseria o de la privación. En esta línea, hace apenas dos años, José Félix Tezanos y su equipo investigador de Tendencias Sociales publicó un libro, En los bordes de la pobreza. Las familias vulnerables en tiempos de crisis (Biblioteca Nueva), donde se ponía de manifiesto que durante la crisis económica actual los problemas no se han limitado a las personas que se sitúan, estadísticamente, por debajo del umbral de la pobreza, sino que están afectando a mucha otra gente que se encuentra en espacios sociológicamente fronterizos y que están padeciendo diversas situaciones de necesidad. Se refiere, especialmente, a las familias con ingresos de entre el 60% y el 70% de la renta mediana nacional, aunque también, pese a su menor vulnerabilidad, especialmente en términos de empleo, a los hogares que disponen de entre el 70% y el 80% de la renta mediana. En general, se trata de familias en la frontera entre la integración plena y la posibilidad de sufrir una caída rápida e imprevista para la que no gozarían de ningún colchón social, porque para ellos, para las hasta hace poco consideradas clases medias, un poco exageradamente, no hay prestaciones sociales más allá del subsidio de paro. 

Por esto, porque la pobreza está atacando a los grupos sociales tradicionalmente protegidos, no ya por el Estado, sino por el trato de favor que les dispensaba el mercado, se está prestando más atención a estas lacras sociales, según coinciden muchos expertos. "La gente escucha las detonaciones cada vez más cerca", comenta Gonzalo Fanjul, activista y analista de problemas sociales. "La pobreza se da en entornos cada vez más cercanos", añade. "En España, antes de la crisis, ya había tasas intolerablemente altas de vulnerabilidad social. El empleo era el vehículo de inclusión social. Al perderlo, los individuos han ido pasando al otro lado de la línea roja", continúa Fanjul. Y el experto de Foessa añade: “La situación actual viene de atrás. Es estructural, no coyuntural, lo que ocurre es que la crisis lo ha dejado al descubierto. Se ha realizado un test de estrés para ver cuál es la situación de la banca. Sugiero que se realice a las familias españolas, que es a las que les hace real falta”.  

Pobreza infantil

Sí, especialmente sensibles nos mostramos ante la pobreza infantil. Sobre todo después de que Unicef, en un reciente informe, haya mostrado algunas cifras inquietantes. Por ejemplo, que el porcentaje de niños que viven en riesgo de pobreza relativa, es decir, en hogares con una renta inferior al 60% de la mediana nacional, asciende al 27,5%. El 32,6% de los niños se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, de acuerdo con la metodología AROPE. El 8,3% de los niños vive en hogares con privación material severa y el 13,8%, en hogares con muy baja intensidad laboral. Y el 18,7% de los infantes sobrevive en hogares que sufren pobreza crónica. 

Una de las cuestiones que más preocupa de la pobreza infantil son sus consecuencias en el futuro. “El hecho de haber vivido en hogares de baja renta cuando uno es niño, cuando uno tiene entre 4 y 6 años, condiciona la vida adulta”, comenta Cantó. En la salud y en la autoestima. En el éxito en la vida a todos los niveles. 

Pero es que, además, la pobreza infantil se cronifica y provoca fracturas sociales que pueden degenerar en conflictos de alcance como los que vimos en los suburbios de las grandes ciudades francesas o británicas hace años. La pobreza infantil severa, que se suele concentrar entre la población inmigrante, es una amenaza a la cohesión social. Por eso, Marí-Klose no descarta conflictos de segunda o tercera generación.

La pobreza infantil no sólo tiene consecuencias en quienes la sufren o en la cohesión social. También tiene repercusiones económicas. Hablando muy fríamente, los niños pobres de hoy son una carga económica para el futuro. Dejándolos de lado, excluyéndolos, incorporándolos al colectivo que Zygmunt Bauman califica de "los que sobran", la sociedad está prescindiendo de trabajadores productivos y contribuyentes necesarios para sostener el Estado de Bienestar. Si quiere una economía con un buen Estado de Bienestar, se requieren adultos que contribuyan al erario público. De hecho, se ha contabilizado el coste de la pobreza en el PIB. Y Tony Blair concluyó: "No nos lo podemos permitir".  

La exclusión por la que parecen estar optando la mayoría de las sociedades occidentales conlleva, además, un incremento brutal de la desigualdad y la génesis de uno de los principales desequilibrios de nuestro tiempo, y es que se está sobrecualificando a los privilegiados, mientras se deja en la cuneta a otro porcentaje creciente de la población. Se rompe el contrato social que puede producir la gran ruptura.   

El futuro

Para terminar, una hipótesis de futuro, la que explica Teresa Cavero, responsable de investigaciones de Intermon Oxfam, que realiza un paralelismo entre las medidas de ajuste que están desarrollando los sucesivos Gobiernos de España, desde 2010 hasta ahora, y las que pusieron en práctica los países de América Latina en los ochenta, así como sus consecuencias. “En los países de América Latina que aplicaron políticas de austeridad se gestaron bolsas de pobreza y de exclusión social en los años noventa que no desaparecieron cuando volvió el crecimiento económico”, afirma Cavero. Y, según esta investigadora, “vamos camino de repetir la historia de América Latina”.

¿Preocupante? ¡Mucho! Pero todo está muy calculado. Entre 2008 y 2012, el crecimiento del número de pobres ha ido a una media anual de medio millón desde los 10,7 millones que había al principio del periodo hasta los 12,7 millones de finales de 2012, de acuerdo con la metodología AROPE. La población en riesgo de pobreza o exclusión social ha pasado en este periodo desde el 23% hasta el 27%. De seguir a este ritmo, pronostica Cavero, en el año 2025 podríamos tener 20 millones de pobres en España, es decir, un 40% de la población. En América Latina, entre 1980 y 1990, el número de pobres aumentó un 47%, desde los 136 hasta los 200 millones. Haciendo esa misma proyección para España, no sería descabellado pensar en alcanzar esos 20 millones de pobres que pronostica. 

Aunque, como concluye Olga Cantó, todo dependerá de cómo decidan los ciudadanos que sea su futuro, de las medidas que se adopten, de lo intervencionista y redistribuidor que sea el Estado del mañana. Sobre todo esto, afortunadamente, no hay nada escrito. 

No ha sido hasta hace muy poco, uno o dos años, cuando la sociedad española ha comenzado a alarmarse por el incremento de la pobreza. ¿Por qué?, ¿porque cada vez es más grave?, ¿porque afecta a personas que antes se consideraban completamente a salvo de caer en sus redes? Según distintos estudios...

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Autor >

Cristina Vallejo

Cristina Vallejo, periodista especializada en finanzas y socióloga.

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