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Desigualdad

Grandes fortunas al abrigo del latifundio y el ladrillo

Los terratenientes, los nuevos industriales y los empresarios de la construcción que tocaron el cielo y ahora liquidan sus sociedades, para provecho de fortunas extranjeras que se quedan con buenos activos por poco dinero, acaparan el capital andaluz

Cristina Vallejo 12/04/2015

Capilla ardiente de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, una de las mujeres más ricas de España y con más títulos nobiliarios del mundo.
Capilla ardiente de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, una de las mujeres más ricas de España y con más títulos nobiliarios del mundo. CRISTINA QUICLER

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Hablar de ricos en Andalucía es hacerlo en primer lugar de los propietarios de la tierra. Y no hay nadie que los conozca mejor que el Sindicato de Obreros del Campo y el Sindicato Andaluz de Trabajadores, ambos presididos por Diego Cañamero. Estas dos organizaciones les han puesto, además, nombres y apellidos. No les es difícil, puesto que la lucha de clases en Andalucía tiene lugar, principalmente, entre los sindicatos que dirige Cañamero y los propietarios de las tierras, en una dialéctica, como dice Juan Manuel Sánchez Gordillo, militante del SAT, del SOC, exdiputado de Izquierda Unida en el Parlamento andaluz y alcalde de Marinaleda, marcada por la existencia en la región de “tierra sin gente y gente sin tierras”, en una lucha que, como reconoce él mismo, está limitada por lo antieconómico del minifundio, pero que coge fuerza por lo antisocial del latifundio. Éste es un relato que puede parecer anacrónico en su arranque, pero que está muy presente para los aún más de 400.000 jornaleros que hay en Andalucía. Y para algunos de los que encabezan todavía la lista de los más ricos que elabora Forbes.  

Unos y otros, ricos y pobres, se conocen perfectamente. Se ven las caras a diario. En el trabajo y en el enfrentamiento, cuando los jornaleros del SAT ocupan tierras. Y en el resto de España, cuando pensamos en Andalucía, aún hoy, siguen existiendo reminiscencias de una sociedad dividida entre señoritos (aún ciertos personajes contemporáneos nos los recuerdan vivamente) y jornaleros. Si las clases sociales han sido visibles en algún lugar de España, ése ha sido el cortijo andaluz. O el extremeño. Y en menor medida, el de Castilla-La Mancha. Su imagen más gráfica, y afortunadamente superada, es la de Los santos inocentes. Quizás más aún en la película de Mario Camus, rodada en Extremadura, que en la novela de Miguel Delibes. En todo caso, ésas son las únicas regiones de España en las que hubo y sobrevive el latifundio, en las que se fraguaron y se mantienen los terratenientes. Todo esto es tan antiguo como la Edad Media. Lo recuerdan tanto Cañamero como Sánchez Gordillo: a medida que se iba reconquistando territorio a los árabes, los reyes iban concediendo tierras a los nobles en pago por los servicios prestados. Y hasta hoy. Ni siquiera la reforma agraria llevada a cabo en 1984 por el Gobierno de la comunidad ayudó a resolver el problema de la distribución de la tierra. Según los datos que maneja el SAT, si en Andalucía hay 8 millones de hectáreas en tierras de cultivo, el 50%, es decir, 4 millones de hectáreas, está en manos del 2% de los propietarios.  

Hay informes, como el realizado por Fernando Fernández Such para la revista Soberanía Alimentaria, que, tomando como base el censo agrícola de 2009 del INE, afirma que, en comparación con la zona norte, donde existe una menor influencia de las empresas en el campo, en el sur, salvo en algunas comarcas de Andalucía oriental, se supera el 10% de la superficie en manos de complejos empresariales. De hecho, de las dieciséis comarcas en las que se supera el 25%, diez son andaluzas y están repartidas básicamente entre las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz. Otro dato que también avala la idea de la gran concentración de la tierra en Andalucía es que en la mayor parte de la zona occidental de la comunidad autónoma las explotaciones de más de 1.000 hectáreas suponen más del 50% de la tierra total. 

Otro estudio más antiguo, de finales de los años ochenta, elaborado por Juan Rodríguez García y Antonio Rafael Peña Sánchez, ambos de la Universidad de Cádiz, medía el índice Gini, el índice de desigualdad de la distribución de la tierra. En Cádiz y en Huelva supera los 0,8 puntos y sólo en Jaén y Málaga está por debajo de los 0,7 puntos. Por contextualizar, el índice de desigualdad de la renta en España medido también por el índice de Gini ronda ahora mismo los 0,35 puntos y estamos preocupados. Para entender bien este indicador hay que saber que, estando a 0, habría una igualdad perfecta, mientras que estando a 1, alguien se lo llevaría todo, y el resto, nada.  

Los latifundios, según este estudio, estarían ubicados fundamentalmente en las comarcas de Sierra Morena, las Cordilleras Béticas, las Cuencas Intramontañosas, las comarcas Penibéticas y las de la fachada Atlántica, mientras que el grado de concentración es mucho más pequeño en las campiñas norte y sur de Jaén, la sierra penibética en Córdoba; Montefrío, en Granada; o Vélez-Málaga, en Málaga.

Los ricos de la tierra 

Estos fríos números, estos pocos datos, toman cuerpo con el informe elaborado por el SAT, que dice quiénes son, en concreto, los destinatarios principales de las ayudas europeas de la Política Agraria Común. O, de manera más precisa, quiénes lo fueron en el año 2013. De esta manera ha puesto el SAT nombres y apellidos a los ricos andaluces. O, por lo menos, a los ricos que lo son por tener tierras. La Política Agraria Común es tan perversa que sus ayudas están ligadas fundamentalmente al volumen de tierras que se posean. Con transparencia en quiénes son sus receptores, se puede saber quiénes son los ricos de la tierra. 

La Junta de Andalucía es la principal beneficiaria de la PAC, con más de cien millones de euros y -aunque entre los primeros puestos de los ochenta destacados por el informe hay empresas, como el Grupo Hojiblanca, que es una cooperativa de cooperativas, o el Grupo Primaflor, una compañía a cuyo frente está el almeriense Lorenzo Belmonte, que comenzó con las flores y ahora se dedica a la producción hortofrutícola en las 4.000 hectáreas que explota- destaca la presencia de setenta familias nobles, aristocráticas o, simplemente, de la alta burguesía. 

Así, la tercera perceptora de ayudas de la PAC, tras la Junta y el Grupo Hojiblanca, es la familia Mora-Figueroa, con 8,3 millones de euros. Después, la familia Hernández Barrera, propietaria de Ebro Foods (después volveremos a ella), con 4,8 millones de euros; los Domecq, con algo más de cuatro millones; los García Carrión, bodegueros con sede en Jumilla (Murcia), con 3,2 millones de euros; los Bonet-Ferrer, propietarios de Freixenet, con otro tanto; o los Alba, con casi tres millones de euros. 

También aparecen otros nombres conocidos como el duque del Infantado, el marqués de la Motilla, la familia Quesada, los Osborne, los Bohórquez, el conde de Luna... La familia Basagoiti-Noguera es la que menos recibe de la PAC, pero la cifra que percibe roza el millón de euros.  

De todas maneras, de éstos, sólo unos pocos apellidos aparecen en el listado de los ricos de verdad que elabora la revista Forbes que luego se analizará. 

Este primer estudio ayuda, sin duda, a resolver uno de los problemas que el catedrático de Sociología de la Uned José Félix Tezanos detecta a la hora de estudiar a los ricos en España: “Es un tema muy abandonado, porque es un asunto muy opaco”. Hay muy poca transparencia y, por eso, conocerlo requiere una labor, como dice el profesor, prácticamente detectivesca.

Con esos nombres, con esos apellidos, con ese informe, aumenta un poco la transparencia. También, cada año, la publicación de la Lista Forbes, que da muestra en Andalucía de que, aunque poco, están cambiando las cosas en la región, sobre todo en relación con el origen de la riqueza de sus ricos. Porque la primacía del rentismo, de un patrimonio gestado a partir de la propiedad y la explotación de la tierra, ha frenado el desarrollo de Andalucía, según algunos. Lo cuenta Cañamero: “Pese a que en Andalucía se produce el 95% del algodón de España, aquí no hay ninguna fábrica textil. También se producen tomates, pero la industria de transformación está fuera. No hay ningún producto que se pueda transformar aquí. A los empresarios no les importa que así sea”.

Así, pese a que Andalucía supone el 18% de la población de España, apenas representa  el 6% de la industria del país. Los propietarios se han acomodado porque, para conservar su estatus, no han necesitado arriesgar. Es la queja de Cañamero. Y ello tiene, además, penosas consecuencias en el empleo. En primer lugar, por la emigración, que en los años sesenta se llevó a dos millones de personas a otras regiones de España, muy especialmente a Cataluña. Entre ellos, muchos de los que luego prosperarían y se harían ricos. Tanto, que entrarían en la Lista Forbes. En segundo lugar, por los 400.000 jornaleros que hay en Andalucía que, en palabras de Sánchez Gordillo, necesitan una solución más digna que los jornales por debajo del convenio que casi siempre cobran cuando trabajan y el PER que consiguen del Estado cuando no hay faena. 

Pero el sociólogo del trabajo Jaime Aja, ahora en la Universidad de Córdoba, realiza algunas matizaciones: "Andalucía es la primera región española que desarrolla una agricultura para la exportación. Eso se nota en la estructura urbana de la región, con numerosas agrociudades. La pequeña propiedad del norte de España siempre ha estado muy ligada al atraso económico. Pero la causa de la diferencia entre norte y sur es el desigual desarrollo industrial. Galicia y Andalucía han compartido destino con un reparto de la tierra absolutamente contrario".  

Efectivamente, de acuerdo con datos de la CEA (Confederación de Empresarios de Andalucía), si en España el sector primario representa el 2,8% de toda la economía, en Andalucía, este porcentaje sube hasta el 5,3%. Pero si la industria manufacturera supone el 13,2% de la economía española, en la comunidad autónoma sureña apenas llega al 8%. De acuerdo con datos del INE, este diferencial en cuanto al peso de la industria en la economía se reproduce en el porcentaje de empresas que realizan innovaciones tecnológicas o de otro tipo. Andalucía también se queda atrás en este concepto. Según la encuesta de innovación que elabora el INE, en Andalucía sólo un 21,6% de las compañías son innovadoras, frente al 26% de la media española. El 8,8% de las empresas andaluzas ha realizado alguna innovación tecnológica, frente al 13,2% de la media española, mientras que un 17,9% ha aplicado innovaciones de otro tipo, por debajo también del 20,4% en que se sitúa la media española. 

Como explica Jesús Ruiz-Huerta, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid,  los factores que afectan a la redistribución de la renta son, en primer lugar, la estructura económica del territorio, la evolución de las rentas del capital, así como las políticas públicas y su papel redistribuidor. Como comenta este economista, en España hay industria, pero concentrada en el norte y en el este del país, mientras que en el sur y en el oeste ha perdurado durante más tiempo una economía basada en la explotación de la tierra. En todo el territorio español, dice Ruiz-Huerta, es generalizada la concentración de las rentas del capital, así como la de los salarios elevados, mientras que las políticas redistribuidoras sólo tuvieron un papel importante hasta los años noventa, fecha a partir de la cual el Estado, en ningún lugar, ha desempeñado un papel redistribuidor importante. 

Pero Andalucía tiene peores cifras que el resto del Estado en cuanto a desigualdad, pobreza, ingresos medios por persona.... ¿Qué significa esto, que en Andalucía los ricos son más ricos que en ningún otro lugar de España o que los pobres lo son más que en otra zona del Estado? Quizás la respuesta esté en que el paro es más intenso que en cualquier otra zona, lo que se debe, según Aja, no ya al desigual reparto de la tierra (Andalucía tiene una de las tasas de empleo agrícola más altas de España), sino a la falta de alternativas a la agricultura, lo que le convierte en una economía doblemente dependiente: tanto de las regiones más ricas de España como de las regiones más ricas de Europa. Al final, Cañamero va a tener razón: la falta de industria en Andalucía, la falta de arrojo de muchos de sus ricos está en el fondo de la cuestión. Pero Aja añade: “Este subdesarrollo industrial no siempre ha sido así. En Andalucía siempre han existido polos industriales. El problema es que en momentos determinantes, la industria y el sector servicios se concentraron en otras zonas de España”. "Es cierto que el señorito andaluz no tenía fábricas, pero también lo es que, por matrimonio, accedía a otros sectores, como la banca o la industria", añade Iago Santos Castroviejo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo. 

Los ricos venidos a menos del ladrillo 

Andalucía se queda atrás en actividad industrial, pero está por encima de la media española en actividad agraria y lo mismo ocurre con el sector inmobiliario y la construcción, según datos de la CEA. Precisamente en estas últimas actividades se encuentra un grupo importante de ricos de la región. Algunos de ellos venidos a menos. Pero hinchados, la mayoría, a partir del fervor ocasionado por la Expo de Sevilla, primero, y la burbuja inmobiliaria, después. Aunque algunos comenzaron a fraguar su fortuna desde los primeros años sesenta, desde el desarrollismo.  

El periodista Jesús Salgado escribió en 2008 el libro Riquísimos. Los secretos de cómo se han forjado las grandes fortunas españolas (La esfera de los libros). En él descubrimos varios grandes patrimonios de Andalucía gestados al calor de la burbuja del ladrillo.  

Quizás el más conocido de todos es el sevillano Luis Portillo, presidente de uno de los grupos inmobiliarios cotizados más importantes, el fruto de las adquisiciones de Inmocaral, Colonial y Riofisa, además de accionista de BBVA, Santander,  Popular o FCC. Llegó a amasar una fortuna de 3.800 millones de euros. Luis Portillo fue casi un Ibex-35, pero sus años de dicha, de verdadera dicha, fueron muy pocos. Porque fue grande, verdaderamente grande, muy poco tiempo. Las compras de Colonial y Riofisa tuvieron lugar en el punto más alto del ciclo, en un momento a partir del cual sólo podían comenzar a ir mal las cosas. El estallido de la crisis financiera americana le pilló mientras compraba Riofisa, los bancos cerraron el grifo, el valor de Colonial cayó un 97% y Portillo dimitió dejando la compañía con una deuda de 9.000 millones de euros. La sociedad Zent Inversiones, cabecera del entramado de más de 36 sociedades de su familia, entraba en fase de liquidación a finales de 2013. Incluso su casa salió a subasta en 2014, dentro de este proceso, según informaba ABC en enero de 2014. 

Manuel Manrique, jienense, en cambio, se ha sabido mantener y, famoso durante los años de la burbuja inmobiliaria por ser uno de los principales accionistas de Sacyr, ahora mismo es presidente y consejero delegado, puesto en el que sucedió al carismático Luis del Rivero. Por la participación que tiene Sacyr en Repsol, también es consejero en la petrolera.  

El tercer gran rey del ladrillo andaluz es, sin duda, el jerezano Joaquín Rivero. Llegó a amasar una fortuna de 2.800 millones de euros y su final está siendo incluso más duro que el de Luis Portillo. Ambicionaba, como éste, crear un gran grupo inmobiliario. Presidía Bami, y se lanzó a comprar Metrovacesa a principios de los 2000. Una vez engullida, cruzó los Pirineos para entrar en la francesa Gecina. Pero los enfrentamientos con otros grandes accionistas de Metrovacesa acabaron en divorcio. Portillo se quedó con Gecina, compañía que presidió entre 2005 y 2009. Su gestión al frente de la francesa le ha traído muchos quebraderos de cabeza con el casi trágico final que hemos conocido en estos últimos días: el Tribunal Correccional de París le ha condenado a cuatro años de cárcel, tres de prisión firme, una multa de 375.000 euros y el pago de una indemnización de 208 millones de euros. La ejecución de la sentencia ha sido suspendida por la interposición de un recurso por parte de sus abogados. En España está imputado por su gestión al frente de Metrovacesa. 

Algo menos famoso que los anteriores fue en los tiempos de la burbuja inmobiliaria el malagueño José Ramón Carabante de la Plaza. Pero tuvo participación en dos de las principales compañías del ladrillo en la época. Nada menos que en Reyal Urbis, donde invirtió 144 millones de euros; y en Colonial, donde su 11% llegó a valer 700 millones de euros, de acuerdo con los cálculos de Jesús Salgado. El grupo industrial de Carabante, que llegó a comprar la inmobiliaria de Trinitario Casanova y a meterse en el negocio de la Fórmula 1 acompañado de los Albertos o a Fernández Tapias, cayó en manos de un especialista en liquidaciones, según informó Cinco Días en el verano de 2011. Otro final trágico.  

En busca de gangas

El sector inmobiliario, después de las caídas de precios sufridas en los últimos años, vuelve a ser objeto de deseo de los ricos en Andalucía. María Monasterio, que trabaja para la consultora inmobiliaria Aguirre Newman en esa comunidad autónoma, sobre todo en la Costa del Sol, Málaga y Cádiz, cuenta que está llegando a esas zonas un público cada vez más numeroso procedente de Oriente Próximo, así como del norte de Europa. Pero añade que el que más llama la atención es sobre todo el procedente de Rusia, que compró viviendas de lujo de entre dos y tres millones de euros en los primeros compases de la crisis, con el objetivo no ya de venirse a España de vacaciones, sino para instalarse una importante parte del año, porque su intención era también abrir negocios permanentes en la región.  

El paisaje que formaban los ricos en Andalucía se fue haciendo mucho más diverso. Y, como señala Patricio Palomar, de la consultora CBRE, no sólo en los primeros años de la crisis. El proceso continúa hoy en día. Palomar enumera alguna de esas operaciones importantes en las que han participado grandes fortunas latinoamericanas, como ha ocurrido con el grupo chileno Phoenix, que ha comprado al conglomerado inmobiliario La Quinta, el hotel del mismo nombre y un campo de golf. También han llegado inversores argentinos, que han realizado grandes adquisiciones de promociones en la región. Y brasileños, representados, por ejemplo, por la sociedad Global Phobos, que ha sido la que se ha hecho con el centro comercial de la estación María Zambrano, en Málaga.

Lo que aún es una duda es si Marbella volverá a ser el lugar de encuentro de los más ricos y estilosos. De los más felices y dicharacheros. No sólo de Andalucía sino de toda España y parte de Europa. Aún está por ver. Ahora los destinos de la beautiful people son mucho más diversos que antes. 

Los  que se mantienen 

La diversidad, no de los destinos de los ricos de vacaciones, sino de los ricos andaluces propiamente, muy probablemente, había comenzado antes de la crisis. Ya hablamos de un primer conato de diversificación del origen de la riqueza con la apuesta por el negocio constructor-inmobiliario, pero la Lista Forbes da muchas pistas y ofrece una foto mucho más rica del origen de la riqueza de los andaluces millonarios. 

Efectivamente, todos estos fenómenos le dan la razón a Iago Santos Castroviejo, profesor de la Universidad de Vigo: "Hay permanencia, muchos ricos de antes lo siguen siendo ahora, pero hay más movilidad de lo que parece". Y ésta tiene mucho que ver con la actividad económica principal existente en cada época. Las revoluciones económicas, las revoluciones tecnológicas, son las que cambian los nombres de los poderosos de cada momento. En Andalucía el importante peso de la agricultura a lo largo del tiempo ha provocado que muchos de esos nombres sigan repitiéndose entre los más ricos generación tras generación, independientemente del régimen político que haya imperado en España, sin importar que durante todos los años de democracia hayan gobernado los socialistas en Andalucía. Pero a ese listado también se van incorporando algunos nuevos, poco a poco, mientras que otros se van cayendo del ranking, como los que hicieron fortuna con el ladrillo durante sus años más pujantes y tomaron decisiones equivocadas coincidiendo con el estallido de la burbuja.  

La CEA reivindica las nuevas actividades de alto valor añadido que vienen ganando peso en la estructura productiva andaluza, como la desarrollada en los campos de las energías renovables, la industria aeroespacial o la biomedicina, entre otras. Andalucía, dicen desde la CEA, "comparte características básicas con el resto del territorio nacional y, sin renunciar a sus factores socioculturales propios, dista mucho de tópicos anacrónicos, percepciones sobre una Andalucía ancestral que persisten en otros territorios y que poca o ninguna relación guardan con la realidad empresarial andaluza actual (visiones, interesadas o no, que dañan el potencial y el atractivo de nuestra comunidad)".

La riqueza en la industria

Lo que dicen los portavoces de la CEA tiene su reflejo en la realidad. De hecho, la riqueza cada vez está más vinculada a actividades no agrarias. En la última Lista Forbes de ricos españoles, publicada a finales de 2014, el primero que aparece, ya en el puesto 24, es Felipe Benjumea Llorente y su familia, con un patrimonio de 1.500 millones de euros, casi tres veces más que un año antes (600 millones de euros). La culpa la tiene Abengoa, uno de los símbolos, quizás, de la Andalucía más industrial e innovadora, sociedad de la que la familia Benjumea controla casi un 58%. Según cuenta el periodista Jesús Salgado en su libro, el origen del imperio de los Benjumea se inició en el año 1903 cuando el ingeniero Rafael Benjumea constituyó la Compañía Eléctrica del Chorro. En 1943, su hijo Javier Benjumea Puigcerver fundó Abengoa. Hoy, sus nietos Javier y Felipe la gestionan. La empresa se dedica, fundamentalmente, a la construcción de plantas termosolares, híbridas solar-gas, de generación convencional y biocombustibles. También construye infraestructuras hidráulicas. Y no sólo opera en España. También tiene una importantísima presencia en Estados Unidos y América Latina. Cotiza en el Ibex-35 y en el Nasdaq. De vez en cuando, la cotización y, por tanto, el patrimonio de los Benjumea, sufre. La empresa, por su modelo de negocio, necesita mucha financiación ajena para poner en marcha sus proyectos, lo que genera dudas en tiempos en que la deuda es un lastre, y tarda en rentabilizar sus explotaciones. 

La riqueza de raíz andaluza que se fue a Cataluña 

En el número 36 aparece Manuel Lao Hernández, andaluz de Almería, pero emigrado desde muy niño a Cataluña,  un caso parecido al que aparece un poco más arriba en el ranking de Forbes, justo un puesto por debajo de Benjumea. Este último es el recientemente fallecido José Manuel Lara Bosch. Aunque hay una diferencia entre Lao y Lara. Lao sí nació en Andalucía, mientras que Lara, no. Fue su padre, José Manuel Lara Hernández, el andaluz de verdad y, también, el fundador de Planeta, el mayor grupo editorial del mundo hispanohablante. "Fue pionero en técnicas de mercadotecnia masiva, introdujo las traducciones de best sellers extranjeros y contribuyó a afianzar Barcelona como capital global de la edición en castellano", explica Jesús Salgado. Lara Bosch heredó todo este imperio y lo hizo todavía más grande, sobre todo a partir de los años noventa cuando se inició su gran aventura en los medios de comunicación. Murió con un patrimonio, según cifras de Forbes, de 1.500 millones de euros. Protagonizó, además, uno de los fenómenos que ha estudiado el profesor Iago Santos Castroviejo, esto es, la génesis de vínculos entre diferentes empresas y entre éstas y las entidades financieras a través de sus consejos de administración o, mejor, a través de las personas que, al mismo tiempo, se encuentran en varios consejos de administración. Aunque Lara no sólo estableció relaciones a través de éstos. También lo hizo a través de otros mecanismos. La red de relaciones tejida por Lara, en la que brillaban Isidre Fainé, de La Caixa, y Josep Oliú, es antológica. Altadis, Metrovacesa y Vueling también estuvieron en su radio de influencia. 

Hasta aquí tenemos un industrial de la ingeniería más avanzada y un industrial del libro. 

Manuel Lao Hernández es un industrial del ocio con una fortuna de 1.100 millones de euros. Una fortuna no heredada. Entre los ricos de los que hemos hablado hasta ahora hay mucho "hijo de". Manuel y su hermano Juan fundaron Cirsa, la Compañía Internacional de Recreativos, en 1978, un año después de legalizarse el juego en España. Ambos, originarios de Almería, fundaron la empresa ya en Tarragona. Manuel y Juan, cuenta Salgado, rompieron su alianza en 1995. Manuel quería crecer en EE.UU. y Juan no estaba por la labor de arriesgar lo ganado en los años anteriores. Manuel Lao Hernández, por tanto, es el propietario único de Cirsa. Se trata, además, del primer emprendedor de primera generación que nos encontramos en este texto. Cirsa ingresó en 2014 1.585 millones de euros, desarrolla su actividad comercial en 70 países y cuenta con casi 16.000 empleados, 3.790 de los cuales en España. Ya se ha metido en el negocio del juego por internet, con Sportium. Sigue la innovación. 

La industria alimentaria

En una comunicad autonónoma en la que la tierra tiene tanta importancia, era lógico que hubiera industriales del sector de la alimentación entre los más ricos. Ya los conocen, han aparecido antes en el ranking de mayores perceptores de ayudas de la PAC. Hablamos de los Hernández, Antonio y Félix, sobrinos del patriarca, Elías Hernández Barrera, de origen soriano y fallecido en el año 2011. Los hermanos Hernández Barrera fundaron en los años sesenta la compañía Herba para explotar el potencial de las marismas del Guadalquivir para producir arroz. En el año 1989, Ebro compró el 60% de esta empresa a la familia Hernández. En el año 2001, adquirió el otro 40% de la compañía, operación por la que los Hernández recibieron 17.735 millones de pesetas. Pero el movimiento no se quedó ahí, puesto que los Hernández controlan, en estos momentos, a través de su sociedad Instituto Hispánico del Arroz, casi un 16% de la compañía, y entre los miembros de su consejo de administración se cuentan varios miembros de la familia. Así, Antonio Hernández Callejas es su presidente. Su hermano, Félix Hernández Callejas, también tiene un asiento, así como su prima Blanca Hernández Rodríguez.  

La tierra y los licores 

Después, en el ecuador de los más ricos de España, los hermanos Mora-Figueroa Domecq, con una fortuna que en 2014 alcanzaba los 800 millones de euros. Son los hijos de Carmen Domecq y de José Ramón Mora-Figueroa. Ese matrimonio, en los años treinta, unió un gran patrimonio agrícola, cuyo principal estandarte es la finca Las Lomas, en Cádiz, que durante los años sesenta y setenta fue un verdadero ejemplo, dicen, de explotación agraria para toda Europa, por su tecnificación y su rentabilidad. Al matrimonio Mora-Figueroa Domecq se le reconoce la atención prestada a sus tierras: vivían en ellas, para velar por su explotación y producción, quizás una excepción si se hace caso de la opinión de Cañamero y Sánchez Gordillo sobre los terratenientes. 

La riqueza a los Mora-Figueroa Domecq no viene únicamente de su explotación agraria. Los Domecq, de hecho, eran famosos en Cádiz desde el siglo XVIII, cuando el noble francés Pierre Domecq llegó a España y empezó a comprar bodegas y tierras con las que construyó un verdadero imperio de licores que fue pasando de generación en generación, justo hasta la última, que vendió la mayor parte de la empresa, primero a Allied Lyons, que después pasó a manos de Pernod Ricard. Gran parte del patrimonio atesorado por esta familia procede también de su incursión en el negocio del embotellado y la distribución, en concreto, con la empresa Refrescos Envasados del Sur, la compañía que trabajaba para Coca-Cola en Andalucía y de la que el propio Ramón Mora-Figueroa Domecq fue presidente. 

El Amancio Ortega andaluz 

Decía Diego Cañamero que era sangrante que Andalucía, produciendo tanto algodón, no tuviera ninguna industria textil. Se equivoca al menos a medias. Porque uno de los hombres más ricos de Andalucía y también de España es Rafael Domínguez de Gor, malagueño y propietario de la firma de ropa infantil Mayoral, presente, no sólo en España sino también en Portugal, Reino Unido, Colombia, Francia, Irlanda, Italia, México, Polonia, Rusia, Turquía, EE.UU., China… y así hasta setenta países. En el año 2014, facturó 270 millones de euros  con la venta de más de 25 millones de prendas. Domínguez de Gor es una especie de Amancio Ortega en pequeñito, con su fortuna de 375 millones de euros.  

El inmobiliario que aguanta en Forbes 

375 millones de euros es también la cifra en que Forbes calcula la riqueza de Nicolás Osuna, el propietario de Inversiones Noga, un instrumento de inversión muy diversificado que cuenta entre su patrimonio con una de las mayores explotaciones de olivares del sur de España. En los mejores años de la Bolsa española entró en el capital de Iberdrola y en el Popular, con lo que se puede hablar de que es un nuevo propietario agrícola de nuevo cuño, con redes que llegan también al sector financiero. Mantiene grandes negocios inmobiliarios, con la filial Inmobiliaria Osuna. Es el único de entre los grandes del ladrillo andaluz que sobrevive en la Lista Forbes, aunque con una riqueza menguante: entre 2013 y 2014 cayó de 600 millones de euros a los 375 citados. El verano pasado cerraba con éxito la reestructuración de la deuda de la compañía. La calidad de los activos en su poder, que están repartidos, además de en Andalucía, en Cataluña, Extremadura, Levante y Madrid, garantiza su supervivencia en el futuro. Si ha llegado hasta aquí, seguramente sobreviva. Y no sería extraño que en los próximos años logre subir posiciones en el ranking. Aunque cueste creerlo viendo en la página web del grupo inmobiliario que vende viviendas nuevas a precios de liquidación.

Incluso incluyendo a ricos no estrictamente andaluces (aquí también tendríamos que incluir a la familia Alba: la duquesa, en el momento de su muerte, según Forbes, atesoraba un patrimonio de 2.800 millones de euros), o que no han gestado su patrimonio en Andalucía, la lista de millonarios de esta comunidad autónoma no es muy numerosa: menos de una decena en los ‘Cien de Forbes’. Andalucía tiene pocos ricos en relación con su población. Quizás porque la estructura económica, además de favorecer unas mayores tasas de pobreza, impide la gestación de grandísimas fortunas. Pero tampoco hay que tomarse la Lista Forbes al pie de la letra. Tiene, como señala José Félix Tezanos, una gran limitación y es que sólo mide activos financieros o empresariales, pero no casas, joyas u otros bienes suntuarios de los que tanto gustan algunos grandes patrimonios, tanto los antiguos como los modernos.  

Sus gustos y sus amistades constituyen un terreno más oscuro si cabe que el volumen de sus fortunas. Se sabe que los inmobiliarios fueron muy amigos entre sí. Y que los que invirtieron en bancos, lo hicieron tras conversaciones, intuimos que cercanas, con sus más altos representantes. Los Benjumea ahora son los más populares. Pero puede que en los próximos años, por los azares de la movilidad social entre los ricos, haya otros en esta lista. ¿Cómo no pensar en los ejecutivos de la gaditana Carbures, pese a las dudas que a veces ha despertado su negocio?

Hablar de ricos en Andalucía es hacerlo en primer lugar de los propietarios de la tierra. Y no hay nadie que los conozca mejor que el Sindicato de Obreros del Campo y el Sindicato Andaluz de Trabajadores, ambos presididos por Diego Cañamero. Estas dos organizaciones les han puesto, además, nombres y...

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Autor >

Cristina Vallejo

Cristina Vallejo, periodista especializada en finanzas y socióloga.

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