1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Tribuna

Después del OXI

Antoni Domènech / G. Buster / Daniel Raventós 8/07/2015

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

El ejercicio de intromisión en la soberanía nacional griega que han llevado a cabo a plena luz los Juncker, Merkel, Schaüble, Dijsselbloem, Lagarde y Rajoy, y en la penumbra, Renzi y Draghi, tiene sin duda su precedente histórico –como casi todo en Europa— también en Grecia. Lo cuenta Tucídides en el famoso diálogo entre las autoridades de Milos y los delegados atenienses sobre la vacuidad de la democracia y la justicia cuando se trata de la soberanía en las relaciones entre potencias. Se resume en esta sentencia: "Los fuertes hacen cuanto pueden y los débiles sufren cuanto deben".

El desenlace es conocido. Tras rechazar la oferta de tributo de Milos, que quería ser "amigo de todos y enemigo de nadie", la isla y sus habitantes fueron colonizados y esclavizados por Atenas, con apoyo de Esparta, gracias a la traición interna de un sector de la oligarquía. No era otro el tenor de los mensajes cruzados estos días entre las instituciones europeas y el gobierno griego. Y si esta época nuestra produce un historiador como Tucídides, es probable que nuestros descendientes puedan leer en el futuro como un ejemplo de la "vieja política" los intercambios entre los ministros del Eurogrupo.

No será mucha exageración decir que la tradición republicano-democrática moderna nació casi dos milenios después, precisamente con este recordatorio de los Levellers plebeyos ingleses a la Cámara de los Comunes en 1646, en plena Revolución:

“Estamos convencidos de que no podéis olvidar que el propósito de vuestra elección como parlamentarios fue el de liberarnos de todo tipo de servidumbre y conservar la república en paz y felicidad. A tales efectos os otorgamos el poder que radica en nosotros para hacer eso mismo. Pues, precisamente, es lo que podríamos haber hecho nosotros mismos sin vosotros si por conveniente lo hubiéramos tenido: os hemos elegido –como personas que tenemos por aptamente calificadas, y fiables— para evitar algunos inconvenientes. Pero tenéis que recordar que con eso no hicimos sino conferiros un poder de confianza, el cual es siempre revocable, como no puede ser de otra manera, y no puede ser empleado para otro fin que el de nuestro propio bienestar. (…) Nosotros somos vuestros principales, y vosotros, nuestros agentes. Esa es una verdad que no podéis dejar de reconocer.” [1]

La democracia no pasa en el mundo por sus mejores momentos. No, desde luego, en Europa. Por eso resultó tan emocionante oír al ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, justificar literalmente tres siglos y medio después en esos mismos términos –en la rueda de prensa tras el Eurogrupo del pasado 27 de junio— la convocatoria de un referéndum para que, tras largos e infructuosos cinco meses de negociaciones del gobierno de Syriza con la Troika, el pueblo griego tomara directamente la palabra: “porque nosotros sólo somos los agentes, y el pueblo griego, el principal”.

Y entonces empezaron a proliferar las metáforas y las referencias bélicas. El proverbialmente moderado europeísta Romano Prodi, viendo el impasse a que se había llegado, manifestaba su alarma hablando de un “momento Sarajevo” para la Europa del siglo XXI. Idéntica referencia en el analista financiero de The GuardianLarry Elliot. Otros [CTXT] se refirieron ya a Grecia como “el Vietnam de Europa”. El influyente semanario liberal alemán Der Spiegel advierte a la Sra. Merkel de que podría pasar a la historia como la responsable de que Alemania provocara –por tercera vez en un siglo— una catástrofe europea. Y el propio Yanis Varoufakis, entrevistado el pasado sábado por el diario madrileño El Mundo, denunció el “terrorismo” financiero que obligó a Grecia a cerrar las oficinas bancarias.  

Medios de comunicación en guerra

La guerra, pues. Y su primera víctima, como en todas las guerras, la verdad. La siempre inteligente periodista económica británica Frances Coppola ya venía advirtiendo desde hace meses de la falsaria capacidad intoxicadora de las apócrifamente habituales “fuentes de Bruselas” y de la asombrosa credulidad, entre perezosa y ovejuna, del grueso de becarios-periodistas que ahora cubren la información económica europea.

Casi todos lo dijeron, pero no, no era verdad que Tsipras hubiera perdido el pasado abril la confianza en su ministro Yanis Varoufakis: ¿quién se acuerda ya ahora?

No, no era verdad tampoco que Tsipras se estuviera saltando estas últimas semanas las líneas rojas trazadas en la campaña electoral: no era verdad que el acuerdo estuviera a la vuelta de la esquina porque, como repitió hasta la náusea el propio Mariano Rajoy, el gobierno griego hubiera capitulado allanándose a las propuestas del Eurogrupo.

Como tampoco fue verdad, luego –-según repitieron gregariamente el grueso de reporteros de la prensa concertada española, quieras que no amedrentados por la línea editorial fijada con incompetente alarde de matonismo por sus respectivos jefes—, que Varoufakis se levantara inopinadamente de la mesa de negociaciones y Tsipras lanzara al día siguiente (27 de junio) a sus desolados socios europeos un ultimátum en forma de “irresponsable” consulta al pueblo griego.

Lo contrario era lo cierto. La convocatoria de referéndum fue la respuesta griega al destemplado ultimátum –“o lo tomas o lo dejas”— presentado por el triste burócrata “socialista” Dijselbloem al brillante científico metido a insólito político de convicciones, Varoufakis: y es que las fotos lo tienen más difícil para mentir.

Para mentir fotográficamente, hay que hacerlo descaradamente. Con manipulación a veces chapucera. Como en La Vanguardia del 6 de julio, que reproducía en portada una foto publicada más discretamente –¡todavía hay clases en la prensa concertada!— también en El País. (...)

Degeneración del periodismo económico

La degeneración del periodismo económico es un fenómeno más o menos internacional, y tiene sin duda que ver con la quiebra general del modelo de negocio y con la precarización y desprofesionalización de la profesión periodística en las últimas décadas. No sólo con las condiciones de trabajo de los reporteros, sino también con la preparación académica de los mismos. La macroeconomía científica va a contrapelo del “sentido común” dominante; no visita a domicilio, por así decirlo. Nadie que, pongamos por caso, diga que “las finanzas públicas de un Estado son como las privadas de una familia” aprobaría un curso de Macroeconomía básica seria. Pero (casi) todos lo repiten como badulaques.

Esa degeneración cobra en el Reino de España un relieve tan particularmente singular, que los medios de comunicación españoles acaban de ser distinguidos por el prestigioso Instituto Reuters de la Universidad de Oxford como los segundos menos fiables del mundo y, desde luego, como los menos fiables informativamente de Europa para su propia opinión pública. Y a eso hay que añadir todavía el índice inequívoco de la degeneración en nuestro país del periodismo de opinión, el españolísimo fenómeno del “tertuliano”: esa pequeña colección de ubicuos y bien pagados ganapanes prêt-à-penser dispuestos a opinar tan energuménica como peregrinamente de todo en todo momento. Vieja tradición patria:

Todos con instrumentos en las manos

de estilos y librillos de memoria,

por bizarría y por ingenio ufanos,

codiciosos de hallarse en la victoria

que ya tenían por segura y cierta,

de las heces del mundo y de la escoria.

Que la opinión pública española no sólo no se fía nada de sus medios de información, sino que ha empezado a secretar espontáneamente sus propias defensas antitóxicas frente al periodismo de opinión, lo atestigua, por ejemplo, el simpático y viral neologismo introducido por los jóvenes en las redes: “cuñadismo”. Dícese del opinar enterquecida, arrebatada, superficial y desinformadamente de todo y sobre todo, y normalmente, con tanto donaire como desprecio de los hechos más básicos.

Así, es cuñadistamente “obvio” que los griegos y los españoles “deberían hacer como los alemanes”: “flexibilizar” su mercado de trabajo, por ejemplo. No importan los hechos (que, por otro lado, los periodistas económicos y los peritos académicos en legitimación jamás presentan a la opinión pública). No importa que esos hechos prueben concluyentemente que (parte d)el éxito económico alemán pasa por haber mantenido y aun robustecido la protección legal del trabajo asalariado, mientras que las clases dominantes mediterráneas –¡muy señaladamente en el Reino de España!— han aprovechado, en cambio, la crisis para destruir derechos sociales y convertir progresivamente los puestos de trabajo en verdaderos infiernos de arbitrariedad despótica:

Los griegos (y los españoles) serían también cuñadistamente “vagos”. Tampoco aquí –¡faltaría más!— importan mucho los hechos:

Cuñadistamente, Grecia es y no es como el Reino de España. Según convenga. Cuando no lo es, Grecia sería un país singularísimo, hasta “genéticamente”. El otro día pudo escucharse en TV3 a un tertuliano habitual –del género “historiador” ultracatalanista y ultrasionista— sosteniendo tan seriecito como información de la mayor relevancia que el “ADN de los griegos actuales” no es el de Aristóteles y Platón, ¡adónde va usted a parar!, sino  “turco” y “balcánico”. ¡Ah! ¡Misterio aclarado! ¡Pues Grexit, ya!

En ese mismo programa, otro tertuliano (éste, del género periodista-al-que-no-se-la-dan-con-queso) remachaba la ocurrencia con un rebencazo contra Stiglitz, el Premio Nobel de economía que ha pedido el No en el referéndum griego y que se habría atrevido a hablar de la “larga tradición democrática del pueblo griego”. ¡Pardillo! ¡Ignorante, este Stiglitz! “¿No sabe acaso que la democracia griega es como la española, de vida reciente?” Pues sí, claro que lo sabe, cuñaíto. Y como no sabe las cosas a medias, es decir, al modo “cuñao”, el Premio Nobel sabe también, por ejemplo, que la Resistencia democrática griega a la ocupación nazi-fascista pagó su lucha con más de medio millón de muertos entre 1940-45, para luego tener que sucumbir en una atroz guerra civil fomentada y militarmente apoyada por el imperialismo franco-británico: y es que la “tradición democrática” es eso, no las perogrulladas cuñadistas de cualquier Dompereciendo de la Transición.

También se pudo ver en ese programa de TV3 a un tercer contertulio (éste, del género economista-cuñao inescarmentable que se tragó todas las aldabas de la burbuja inmobiliaria española antes de 2008) crepitar de afectada indignación contra un sólido notario más bien conservador que sensatamente se atrevió a recordar lo jurídicamente obvio, a saber, que una deuda impagable solo puede abordarse de tres maneras: con quita, con aplazamiento o con quita y aplazamiento. ¡Nada de eso! Schaüble –¡Schäuble!— llevaría “toda la razón”: las “deudas son sagradas”, y “si no se pagan, es el fin del orden europeo”. El Grexit, diga lo que quiera el editorialista alemán del Financial Times, sería, por comparación, un pequeño detalle sin importancia….

Para farisaico escándalo de la parasitaria pandilla tertuliana habitual, una de las muchas cosas buenas que ha hecho ya la nueva alcaldesa Ada Colau en sus primeros días de gobierno ha sido empezar a eliminar de BTV –la televisión pública de la ciudad de Barcelona— los repetidos espacios consagrados a torneos de sesgados faramallones, anunciando una nueva programación con más reportajes de investigación e ilustración de fondo.

El significado del referéndum y la “estrategia Varoufakis”

Del referéndum convocado por el gobierno de Tsipras, politicastros y opinadores profesionales opinaron de todo: desde el célebre –y tan franquistamente sincero— “las urnas son peligrosas” de la ministra Tejerina, hasta el más habitual –y cínicamente postfranquista— “la confusa pregunta ni se entiende”. Lo cierto es que, cualquiera que fuera la formulación de la pregunta, todo el mundo entendía perfectamente el significado del referéndum griego. 

Por lo pronto, todo el mundo recuerda la estupefacción provocada en 2011 por la mera sugerencia del entonces primer ministro del PASOK, un apabullado Papandreu, de convocar un referéndum para pedir el Sí del pueblo griego a los recortes austericidas exigidos desde Bruselas. Y todo el mundo recuerda cómo acabó aquello: con Papandreu puesto groseramente en la picota por sus propios compañeros “socialistas” europeos (empezando por aquel infame Joaquín Almunia, entonces Comisario económico), para a continuación ser depuesto en una especie de indisimulado golpe colonial de la Troika y substituido por un banquero, Papadinos, afín a la burocracia europea y a la aristocracia del dinero. (Nosotros mismos escribimos entonces al respecto.)

Pues bien; ahora, el nuevo gobierno de la izquierda radical de Syriza no sólo no se limitaba a sugerir, sino que convocaba un referéndum, y encima, pedía el No. La sola convocatoria del referéndum era ya un desafío en toda regla a la cultura política crecientemente antidemocrática del gobierno de la Unión Europea. Y votar OXI (No) –todo el mundo lo entendía— era:

- votar No a una “construcción europea” crecientemente demofóbica,

- votar No a la Troika y defender la soberanía popular griega y de todos los pueblos de Europa (no solo los mediterráneos),

- votar No a la degeneración de la Europa de los valores democráticos y sociales,

- votar No al pésimo diseño institucional de la Eurozona monetaria,

- votar No a quienes vienen aprovechándose de ese mal diseño para saquear a todos los pueblos europeos, y por lo pronto, a los mediterráneos,

- votar No a los facilitadores políticos del saqueo,

- votar No, claro está, era también dar un voto de confianza al gobierno de Syriza, señaladamente a Tsipras y a su ministro de finanzas, Varoufakis, el negociador en Bruselas y máxima autoridad intelectual del gobierno,

- y en fin, pero no menos importante, porque los símbolos históricos, particularmente en lugares que como el Reino de España y Grecia han vivido durísimas guerras civiles, son decisivos en política, votar No era seguir en la tradición patriótica del Día del Gran “No” a Mussolini (el Επέτειος του «'Οχι», 28 Octubre de 1940), emblema donde los haya del Antifascismo y de la Resistencia democrática del pueblo griego: el OXI griego equivale más o menos exactamente al ¡No Pasarán! español.

Huelga decir que votar NAI (Sí) era lo contrario de todo eso. Significaba romper con la propia tradición antifascista y allanarse a unas autoridades europeas más y más aproadas al –dígase así— postantifascismo neoliberal.

Nadie dejó de entenderlo así. No había punto medio, ni valían las medias tintas. O con el OXI  o con el NAI, con todas y cada una de sus implicaciones, también simbólicas.

No dejó de entenderlo así el BCE, una institución pretendidamente no-política, y en cualquier caso no electa, de la que depende el suministro de liquidez de la economía griega. Su decisión –probablemente ilegal— de poner arbitrariamente techo al suministro de liquidez a través del ELA obligó al gobierno de Syriza a tener que cerrar las oficinas bancarias en prevención de fugas masivas de depósitos. La semana deliberativa de campaña del referéndum tendría que hacerse, pues, con una población aterrorizada por el “corralito”. Fue la decisiva contribución del BCE a la campaña de terror en favor del Sí. Que las autoridades políticas electas de la UE dejaran en manos de tecnócratas no electos el trabajo político más sucio, lo dice casi todo de la calidad democrática de las instituciones europeas actuales.

No dejó tampoco de entenderlo así el presidente del Parlamento europeo, el “socialista” alemán Martin Schultz, que intervino de la manera más groseramente impropia en la campaña por el Sí, declarando redondamente que si triunfaba el No, los griegos saldrían del euro y tendrían que volver a acuñar dracmas: varios eurodiputados verdes y del grupo de la izquierda –como Ernest Urtasun— han dicho ya que le exigirán la dimisión.

Ni el presidente del Eurogrupo, el también “socialista” holandés, Dijselbloem –desastroso ministro de finanzas de su país—, que  también salió con amenazas al No en su zafio estilo habitual. Menos jaques, los gobernantes “socialistas” Renzi (Italia) y Hollande (Francia) se limitaron a sugerir que el voto del Sí era el voto a Europa y a declarar paternalistamente que lo terrible del “muy respetable” referéndum era que, en el mejor de los casos, dividiría al pueblo griego en dos mitades: ganara el Sí o ganara el No, lo haría con resultado ajustadísimo…

Y no es necesario mencionar aquí las declaraciones de los gobernantes y políticos explícitamente conservadores. Baste decir que un Rajoy aterrorizado por la perspectiva de que un éxito, ya fuera mínimo, de Syriza significara un espaldarazo al espacio político del “sí se puede” en el Reino de España llegó tan lejos, que provocó una nota de protesta del gobierno de la República Helénica.

El significado del triunfo del NO

Pues bien; tal como había pronosticado casi en solitario el ministro Varoufakis –el más que probable inspirador de la audaz iniciativa dentro de un gobierno de Syriza que llegó a parecer por unas horas aturdido de su propia osadía—, el triunfo del No el pasado domingo fue rotundo y concluyente: 61% contra 38%.

A saber qué dirán ahora los periodistillos que escribieron con jactanciosa obnubilación que la mera convocatoria del referéndum era el suicidio de Tsipras y de Syriza: “Acorralado, el viernes Tsipras se suicidó políticamente con la convocatoria de un referéndum que ha puesto en bandeja al resto de Gobiernos una victoria por KO”.

No hubo KO, sino todo lo contrario. El triunfo avasallador de Syriza, lejos de dividir al pueblo griego, lo ha unido, y como consecuencia de esa unión popular por abajo ejemplarmente expresada en el sereno desarrollo de la campaña del referéndum y en su apabullante resultado, hoy, lunes 6 de julio, hemos asistido a la escenificación de la unión del entero arco político democrático parlamentario detrás de Syriza.

La división ha cambiado de bando. La socialdemocracia europea ha salido profundamente dividida de ese lance (y acaso, herida de muerte). El Eurogrupo está dividido. La Comisión Europea está dividida. La Troika, dividida también. Y tal vez asistamos en los próximos días a alguna escenificación de la división dentro del mismo gobierno alemán.

Toda la estrategia de Varoufakis estaba basada desde el comienzo en la idea de que una salida de Grecia del euro era una catástrofe, por supuesto, pero no sólo para Grecia, sino para toda la Eurozona (y para la economía mundial): la esencia de una unión monetaria es su irreversibilidad; rota ésta, la desintegración se pone inexorablemente en marcha.

La inmensa mayoría de la población griega (ahora mismo, y con lo que ha llovido, ¡un 74%!) de ninguna manera quiere abandonar la moneda común. Syriza pasó de ser una izquierda parlamentaria marginal a ganar las elecciones en muy pocos meses, cuando abandonó el huero consignismo véteroizquierdista –o estrechamente nacionalista— y la huera palabrería de la izquierda académica intelectualmente degenerada de las últimas décadas, para aceptar básicamente la estrategia de negociación fundada en la célebre Modesta Proposición de Varoufakis, Galbraith y Stuart Holland.

La salvación de Grecia, lejos de pasar por la ruptura con el euro, pasaba por convertir a la pequeña República helénica gobernada por la izquierda en punta de lanza de una reforma salvadora de toda la UE y estabilizadora de la Eurozona. Con ese mensaje ganó las elecciones en enero pasado. Con ese mensaje ganó autoridad internacional (Tsipras fue el candidato de toda la izquierda europea en las ultimas elecciones al Parlamento europeo). Y con ese mensaje acaba de obtener una victoria arrolladora en el referéndum del 5 de julio.

En cambio, toda la estrategia del sector más duro de las autoridades europeas estaba supuestamente basada en la hipótesis de que el Grexit ya no representaba una amenaza catastrófica para la UE y la Eurozona: “lo tomas o lo dejas”.

El referéndum ha dicho claro, alto y concluyentemente que “no lo toma”. Y ahora viene lo más difícil, lo que podríamos llamar el “momento Varoufakis”. El Grexit era básicamente un farol: no había más que ver a un circunspecto De Guindos esta mañana. Y de producirse un Greaccident en los próximos días, la destrucción mutua asegurada no destruiría ya a Syriza. Pero sí, y más temprano que tarde, a los políticos europeos del Sí. Los negociadores griegos pueden ahora decir que un Grexit sería ciertamente menos malo para ellos que para sus contrapartes negociadoras, y no sólo a medio o largo plazo. El equipo anti-OXI jugará en Europa (y en EEUU) dividido. Algunos, jugarán durísimo. Eso es seguro.

Estamos ahora exactamente en el escenario que Schäuble quería evitar. En el plano interno griego, la dureza inflexible de las autoridades europeas no haría otra cosa que reforzar ulteriormente a Syriza. Y en el plano internacional, el ala meliflua de las fuerzas políticas del anti-OXI corre el riesgo no ya sólo del descrédito total, sino de una desintegración mucho más rápida que la de la Eurozona tras un Greaccident.

La noche del pasado domingo entramos en una nueva época histórica en toda Europa. Y el viento sopla ahora de empopada: los fuertes ya no son capaces de hacer cuanto pueden y los débiles no están ya dispuestos a sufrir cuanto deben. 

 

Notas: [1] [[In 1646 while Lilburne was imprisoned for high treason, Overton wrote A Remonstrance of Many Thousand Citizens, and other Free-Born People of England, to their own House of Commons,urging that Lilburne be freed. The Remonstrance became a great Leveller manifesto.]

Antoni Domènech es el Editor general de SinPermisoGustavo Buster y Daniel Raventós son miembros del Comité de Redacción de SinPermiso

Este texto se publica de forma simultánea en SinPermiso y CTXT gracias un acuerdo de colaboración e intercambio de artículos. 

El ejercicio de intromisión en la soberanía nacional griega que han llevado a cabo a plena luz los Juncker, Merkel, Schaüble, Dijsselbloem, Lagarde y Rajoy, y en la penumbra, Renzi y Draghi, tiene sin duda su precedente histórico –como casi todo en Europa— también en Grecia. Lo cuenta Tucídides en el famoso...

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Antoni Domènech / G. Buster / Daniel Raventós

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí