1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

EVIDENCIAS

Que pasen buena tarde, caballeros

Alain-Paul Mallard 14/09/2015

A.P. M

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

[Nota: tenía, sí, prevista una segunda entrega sobre tatuajes. Sin embargo, los dolorosos e intolerables sucesos de semanas pasadas en mi país natal —México— tornan apremiante contar, desde todos los ángulos posibles y en todas las tribunas, el estado de zozobra e indefensión en que vive la población civil desde hace ya una década. Un crimen de Estado, la impunidad, permite todos los otros.

Resucito pues, para este foro, una historia coahuilense que recogí en París. Acaeció hacia el 2011, año en que ya todo estaba fuera de control. —A.-P.M]

 

El novelista colombiano Fernando Vallejo -quien profetizara la banalización de la cultura del sicariato- no lo sabe ni sospecha pero, por un fortuito concurso de circunstancias, un joven francés que hoy lava platos en un restaurante de París le debe la vida.

Arnaud estudió hotelería en Grenoble y partió a efectuar sus prácticas profesionales en México, país del cual no sabía mayor cosa: Frida Kahlo, el guacamole, las pirámides, Cancún… Allá justamente, en Cancún, conoció a una muchacha del norte, risueña y agraciada. Se enamoraron. Ocurre. La familia de Lety le tomó aprecio. Se casaron. Gracias a unos dineros heredados pudieron montar en Torreón (Estado de Coahuila), de donde Lety es oriunda, un negocio: un restaurante de carnes, sencillo pero de calidad, en un barrio céntrico.

Tiene hoy Arnaud unos treinta y cinco años y conserva un talante optimista. Brinda al saludar una mano vigorosa, algo reseca por el contacto abrasivo de los detergentes. Si -por tallarse con índice y pulgar el puente de la naríz- se retira los lentes de pasta, le aflora en el rostro rubicundo una acusada fatiga. El cabello, castaño, circunda una calvicie consecuente. Podría pasar por mexicano. Su español, sin embargo, delata un claro acento extranjero aunque adopta también, en ciertos giros, ligeros sonsonetes norteños. Lety, su mujer, es morena, guapa, con hoyuelos en los carrillos. Menuda, Arnaud le lleva, si se ponen de pie, más de una cabeza.

Trabajaron a diario durante diez años -los seis primeros sin tomar vacaciones- hasta que el negocio levantó. Comenzó a irles bien, en los dos turnos. Pero gradualmente, y sin que sepan precisar cuándo, el ambiente nocturno de Torreón empezó a tensarse. Tiroteos, noticias de levantones, cierta paranoia vaga al esperar el pase, ante el semáforo, de rojo a verde. La gente se animaba cada vez menos a salir por la noche. La clientela prefería ordenar comida por teléfono y cenar en casa. Así que Arnaud se adaptó al nuevo tipo de demanda y sus meseros se improvisaron como repartidores. A veces él mismo entregaba, con la furgoneta, calientes envoltorios de papel aluminio.

Ya para ese momento varios negocios del rumbo estaban pagando protección. Ellos, curiosamente, no.

Una tarde de calor canicular a principios de agosto se apersonaron, terminado el servicio del mediodía, tres fulanos. Pidieron hablar con el gerente.

En las horas muertas Arnaud solía sentarse en la mesa 9, de espaldas a la caja, a hacer cuentas y llevar el papeleo del negocio, a mirar Internet en su laptop. Dejó de lado engrapadora y facturas y se levantó a ver de qué se trataba.

Pretendieron amedrentarlo de inmediato: somos Zetas.

Arnaud reaccionó con unas agallas que no se conocía: que se dejaran de chingaderas, qué Zetas ni qué Zetas, que si querían negociar algo le dijeran de qué iba.

Cabreados, lo sacaron a empellones por la puerta de las cocinas.

Al callejón. Allí, entre agrios botes de basura y ronroneantes cajones de aire acondicionado empotrados al muro, lo violentaron. Nada verdaderamente grave, una calentadita: un par de jalonazos; un puño lo mantiene firmemente asido de la playera y revientan dos breves, ardientes bofetones.

Un muchacho, cuidacoches y mandadero ocasional del restaurante, mira desde la bocacalle lo que ocurre. Corre por iniciativa propia a la comandancia, que no queda ni a media manzana, sobre la misma calzada. Varios agentes están de guardia, con los chalecos puestos.

En el callejón, tras el amago, se discute.

A Arnaud le quedan más que claras las nuevas reglas: de ahí en adelante va a cambiar de proveedor de licores; el restaurante sólo ha de vender las botellas que ellos le despachen. Bebidas adulteradas, piratas, acaso de contrabando. Lo fuerzan a un acuerdo de palabra que no está en posición de rechazar.

Diez minutos más tarde, los tres sudorosos hampones, crecidos, salieron del restaurante por la puerta principal, avanzaron cien metros, y… los prendió la policía.

Lety y Arnaud durmieron esa noche abrazados. Arnaud se descubrió al despertar un moretón negruzco bajo la tetilla izquierda. No recordaba golpe alguno. Se habían salvado de una. Sentían, ingenuamente, que se había hecho justicia: con los hampones presos se refrendaba el pacto social.

Arnaud es fotógrafo aficionado y se especializa en retratos. Retratos, si se puede, de escritores famosos. Tiene a Gabo, a Elena Poniatowska, a Kenzaburo Oé, a Leñero, a José Agustín -aunque es verdad que por Torreón no pasan muchos-. El irreverente Fernando Vallejo, invitado por la Autónoma de Coahuila, estaba programado en un evento a eso de las tres, en la Infoteca. Impartiría una charla. Arnaud nunca lo había leído, pero le habían contado que Vallejo era siempre un espectáculo: a veces sus perros subían con él a la palestra.

A las dos y media, Arnaud recogió de detrás del mostrador la batería de la cámara, que había puesto a cargar, y se escapó a fotografiar al autor colombiano. Planeaba estar de vuelta a las cuatro y media, las cinco a más tardar, y comer con Lety terminado el servicio de mediodía.

El restaurante está lleno.

Un par de adolescentes de chamarra entran y, sin quitarse las gafas oscuras, piden una mesa.

Lety los sienta. Les entrega los menús.

Miran alrededor, adonde está la caja. Tras una leve señal de cejas, se levantan. Empuña cada uno una pistola, negra, cuadradota. Avanzan hacia el mostrador, uno cubriendo las espaldas del otro. En una mesa, perdido en sus papeles, un hombre de unos cuarenta años, calvo y de lentes, en mangas de camisa. Corta su arrachera y sólo alza la vista cuando se dirigen a él:

- Te cargó la verga, pendejo. Por pasado de reata.

No tiene tiempo de responder. Dos tiros se incrustan en su pecho, disparados a apenas metro y medio. La silla y el cuerpo se vuelcan del lado izquierdo. Como se aferra del mantel, los platos, el vaso de pepsi, las cazuelitas de limones y salsa zozobran y van a dar al piso.

Un disparo más, en la nuca, lo ultima.

- Aquí nadie vio nada. Ahí se me quedan sentaditos. Que pasen buena tarde, caballeros.

- Provecho, güeyes.

Salen sin prisa, las armas en la mano. Un carro viejo con el motor en marcha los espera a la puerta.

Lety se cubre el rostro con ambas manos y chilla y patalea. Una de las meseras se le acerca y le rodea los hombros. Durante un largo minuto nadie en el restaurante dice palabra. Nadie se mueve ni se levanta. Treinta pares de ojos se miran aterrados. Tratan de no mirar el cuerpo yaciente. La patrona solloza.

En un instante la vida -lo que hasta entonces era la vida- se trastoca. Un puñado de destinos se ha visto alterado trágica, definitivamente.

Vallejo estuvo brillante. Llevaba, sí, un galgo y una perrita, muy bien portados ambos. Arnaud pensó en pedirle su correo para enviarle las fotos, pero ya se había formado una fila de fans que querían libros dedicados. Arnaud se acordó de prender el celular cuando volvía por Boulevard Revolución, en la camioneta, rumbo al restaurante. Había varias llamadas. El primer mensaje, el único que oyó en ese momento, era de Lety: un incomprensible, alarmante revoltijo de lloriqueos y palabras inconexas.

Aceleró.

Algo estaba pasando.

Cuando llegó, ya encontró allí a la policía. Un agente quiere, de hecho, atajarle el paso: trae la cámara colgada en el hombro y lo toman por alguien de la prensa.

La cortina metálica está bajada a la mitad. Arnaud se dobla para entrar. El corazón le da un vuelco, pero casi de inmediato divisa a Lety, quien se zafa de una comandanta y corre a cobijarse en su abrazo: nunca había visto un muerto. Menos aún, a alguien morir.

Las declaraciones toman largas horas, el levantamiento del cuerpo todavía más. "Va para rato", se les notifica, "los peritos andan con otro crimen". Los casquillos martillados, que nadie debe tocar, están bajo las sillas. Uno parece que rodó abajo del mostrador. Se les coloca encima un vasito desechable para que, entre tanto, nadie los vaya a patear.

No fue un asalto: no se llevaron nada.

Piensan en un ajuste de cuentas, una venganza entre maleantes.

Pero pronto se elucida, del portafolios y la cartera del occiso, que es ingeniero. De fuera, de Querétaro. Trabajaba para la Comisión Federal de Electricidad y se hospedaba en un hotel cerca de la Plaza. Un hombre sin historias. Había comido en el restaurante unas cinco veces en los últimos quince días. Solo, tranquilo, mirando sus papeles. "Siempre pedía postre", aporta la mesera, "flan o natillas".

Dieron las tres y media de la madrugada antes de que Arnaud, Lety, su padre y un primo pudieran bajar la cortina frontal. Salieron por la puerta de la cocina, activaron la alarma y se fueron a acostar.

No es sino hasta el día siguiente en el restaurante cerrado que, me dice Arnaud hablando en mexicano, "les cae el veinte". A ese ingeniero de la C.F.E. lo ejecutaron enfrente de todos porque correspondía a una descripción esquemática -un cabrón güero, con lentes, calvo y grandote- ladrada probablemente a un celular. Y porque, para su desgracia, le asignaron al llegar la mesa 9.

- Lo mataron porque lo vieron parecido a mí. La verdad, ni siquiera nos parecemos. Y a mí no me tocó porque me fui, en horas de trabajo, a retratar a Vallejo y sus perros. Así de simple, así de pendeja la diferencia entre la vida y la muerte.

Esa misma noche cerraron definitivamente el restaurante y recogieron dos o tres cosas en su casa. Durmieron -trataron de dormir- en el Holiday Inn. Dos semanas más tarde Lety y Arnaud estaban ya en París, en un hotelito de la Rue Sommerard. Él trabajando de lavaplatos, ella en espera de que la abogada tramitara su nacionalidad francesa y su permiso de trabajo. Los familiares se encargarían de malbaratar los haberes del restaurante y girarles lo que saliera.

Justo en aquella sofocante semana, me cuenta Lety sorbiendo un café au lait, estaban por cerrar el traspase del negocio: un inversionista caído del cielo que ofrecía pagarles de contado. Diez años llevaban con el restaurante y era el momento de inventar algo nuevo. Claro que, con el crimen, el trato se cayó.

Arnaud nunca vertió las fotos de la cámara al laptop. Borró la tarjeta de memoria. Fue un acto consciente, deliberado, pero no sabe explicarlo con palabras. No todo puede explicarse con palabras.

Lety, aunque ha vuelto a fumar, duerme mejor desde que salieron de México. Él, no. Cuando el insomnio lo roe, piensa en ese ingeniero Gamas que murió por remedar vagamente sus facciones. Una vez se paró a las cuatro de la mañana y lo buscó por Internet. Halló en Flickr fotos de él con su familia. Quería forjarse una opinión sobre si se parecieron o no. Vio dos gemelas en un parque, montadas en triciclos. Se dio asco.

Lety le toma y le aprieta la mano.

Acaso debiera, prosigue Arnaud, dejarse crecer la barba, ponerse lentes de contacto; diferenciar su cara, vaya, de la del pobre ingeniero de la C.F.E. Pero, ¿por respeto a quién, o a qué? Es una intuición absurda y opresiva;  algo que, me dice, por más que le da vueltas tampoco consigue formular.




[Nota: tenía, sí, prevista una segunda entrega sobre tatuajes. Sin embargo, los dolorosos e intolerables sucesos de semanas pasadas en mi país natal —México— tornan apremiante contar,...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Alain-Paul Mallard

Escritor, coleccionista, fotógrafo, viajero, cineasta, dibujante, Alain-Paul Mallard (México, 1970) es autor de 'Evocación de Matthias Stimmberg', 'Nahui versus Atl', 'Altiplano: tumbos y tropiezos'. Vive en Barcelona.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

2 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Ingeniero

    Estrujante. Soy ingeniero y viajo mucho por trabajo. Tengo una esposa y una hija, que se quedan solas cuando salgo de la ciudad por encargo de la empresa donde trabajo. Encabronante y desesperanzador saber que en este, nuestro México, en cualquier momento me puede suceder lo mismo.

    Hace 7 años 2 meses

  2. Verónica

    Escribe usted muy bien. Gracias por esta historia.

    Hace 7 años 3 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí