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¿Izquierda radical? ¡Sí, por favor!

Corbyn recupera el lenguaje del socialismo sin complejos y abre la puerta a la esperanza dando la mano a la juventud con palabras hasta ahora relegadas al ostracismo

Barbara Celis Londres , 13/09/2015

<p>Jeremy Corbyn, segundos antes de dar su primer discurso como líder laborista, en Londres, el 12 de septiembre.</p>

Jeremy Corbyn, segundos antes de dar su primer discurso como líder laborista, en Londres, el 12 de septiembre.

Arturo Noaín

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Izquierda radical. Ambas palabras se repiten como un mantra en la prensa anglosajona e internacional para describir y sobre todo desacreditar a Jeremy Corbyn, el hombre que ayer fue elegido nuevo líder del partido laborista. Pese a la artillería pesada mediática en su contra, las bases del partido y cerca de 90.000 de los 120.000 nuevos miembros que se afiliaron durante los pasados tres meses votaron abrumadoramente a su favor (59.5%), convirtiendo a este parlamentario de 66 años en el representante de quienes aspiran a que la política vuelva a ocuparse de los seres humanos y no sólo de los números.

Su mensaje anti-austeridad, expresado sin miedo con palabras clásicas entre las que definirse socialista es motivo de orgullo y no de sonrojo –aún escribe semanalmente para el diario socialista Morning Star-- ha calado entre los afiliados al laborismo y sobre todo entre miles de jóvenes a los que se acusaba de apatía política. Pero resulta que no estaban dormidos o esperando a un personaje glamuroso y mediático que les engatusara con corbatas psicodélicas, prótesis dentales o discursos precocinados en los fogones de los despachos de comunicación política, si no que necesitaban a alguien de aspecto tan sencillo que a veces abruma pero capaz de entusiasmarles con esos mismos ideales que movilizaron a millones de personas tras la II Guerra Mundial.

Sí, el suyo no es un discurso nuevo, es el de la izquierda ‘de toda la vida’ aunque con los upgrades propios del siglo XXI, (el de enfrentarse al cambio climático o potenciar seriamente energías renovables), pero quizás durante los últimos 25 años el mundo se había olvidado de que luchar por la redistribución de la riqueza y cuidar de los más débiles de la sociedad no son objetivos satánicos salidos de los bajos fondos del infierno si no aspiraciones cargadas de sentido común, de humanidad y de legitimidad. “No tiene por qué haber desigualdad. No tiene por qué haber injusticia. La pobreza no es inevitable”. Esa fue una de las primeras frases de Corbyn el 12 de septiembre, en su primer discurso tras ser elegido. ¿Por qué resistirse a algo que suena tan bien? ¿Simplemente porque conseguirlo es difícil? ¿En qué momento aspirar a un mundo mejor se convirtió en un concepto trasnochado y desechable?

A Corbyn le llaman radical entre otras cosas porque quiere renacionalizar el ferrocarril -cuyos precios estratosféricos merman el bolsillo de millones de británicos que cogen el tren cada mañana para ir a trabajar-, eliminar las tasas universitarias –que desde hace cuatro años se han multiplicado por tres- y controlar el precio de los alquileres –que han convertido Londres en una ciudad donde la clase media se asfixia-. Todas esas medidas sin duda harían muy felices a gran parte de la población, ¿es realmente tan malo entonces ser radical? Sin duda si se toca a la reina sí: Corbyn es abiertamente republicano, y eso en Gran Bretaña, un país abrumadoramente monárquico, se ve como un pecado capital en un político que además nunca ha seguido la disciplina de voto y la ha roto más de 500 veces en 32 años. Él vota acorde con su conciencia, algo no muy común en el paisaje de Westminster, y en ese sentido sus compañeros de partido le ven como un bicho raro y ya han prometido hacerle la vida muy difícil porque no comulgan con la mayoría de sus propuestas políticas; seguramente -y esto ninguno lo admitirá- les asuste que si el líder es tremendamente austero a ellos les va a tocar tomar ejemplo.

Entre los efectos colaterales de la desintegración del bloque soviético estuvo el de borrar del discurso político toda referencia a la desigualdad económica, a la intervención del estado en la economía y a los valores tradicionales de la izquierda, incluida la propia palabra, no fuera a asociarse con todos aquellos burócratas corruptos que engañaron durante décadas a quienes realmente creyeron que aquel mundo al otro lado del muro de Berlín era un paraíso de justicia e igualdad marxista.

La utopía no era tal, aunque eso no significa que las ideas fueran malas. Pero los nuevos vientos que soplaron en los partidos socialdemócratas europeos, más preocupados por cómo sobrevivir a su propia crisis que por cómo mejorar la vida de la gente, se movieron hacia el centro y en Gran Bretaña triunfó la tercera vía de Tony Blair. Liberalismo económico con alguna pincelada leve de socialismo. Pero llegó la guerra de Irak y comenzó la alienación y el desencanto. “Recuerdo perfectamente aquella manifestación. Más de un millón de personas ocuparon las calles de Londres para protestar contra la guerra de Irak. Tony Blair nos acusó de tener las manos manchadas de sangre y comenzó la invasión con su amigo Bush. Para mi fue determinante. Dejé el partido y dejé de votar laborista. Este verano he vuelto a afiliarme. La victoria de Corbyn es lo mejor que le ha pasado al Reino Unido en mucho tiempo”. Sue Abigail, profesora, lo recordaba el sábado para CTXT durante la manifestación que sacó a la calle a unos 100.000 londinenses a favor de los refugiados, al igual que ocurría en otras ciudades de Reino Unido y Europa.

Directo al corazón

La casualidad quiso que la elección de Corbyn coincidiera con la manifestación, el primer evento al que acudió como líder oficial del partido y donde habló, nuevamente, directo al corazón. Y no solo al corazón de la gente sino del resto de los políticos, algo sin duda extraño en un mundo, el de los parlamentarios, donde lo que se suelen lanzar son dardos venenosos contra los adversarios, algo que él ha evitado durante toda su campaña. “Los efectos de las guerras sobre los refugiados se alargan durante generaciones. Por eso nuestro objetivo debe ser encontrar soluciones pacíficas a los problemas del mundo. Invertir nuestros recursos en ayudar a la gente, no en matarles, y regresar a un mundo de derechos humanos y justicia. Desde aquí, en Parlament Square, la gente decente le pedimos a nuestro gobierno: reconoce tus obligaciones con la ley, reconoce tus obligaciones de ayudar a la gente que te pide la ley, eso estaría bien, pero por encima de todo abre tu corazón, tu mente y tu actitud hacia la gente que está desesperada, que necesita un lugar para vivir y que quiere contribuir a mejorar la sociedad y son seres humanos como todos nosotros”.

Sencillo, directo, sin retórica y sin acritud. En realidad un reflejo claro de la persona que es. Un vegetariano pacifista que se mueve siempre en bicicleta, que no tiene coche, que no invierte en trajes caros ni en restaurantes de moda y que apenas utiliza el dinero del que podría disponer como parlamentario sin duda es alguien radical, pero en el mejor sentido del término. “Un tipo honesto. Eso es lo que uno percibe cuando se le escucha hablar y honestidad es lo que nunca habíamos encontrado en los políticos. Lo que abunda es la hipocresía y por eso en mi generación siempre hemos estado al margen de la política. Hasta ahora. Yo me afilié al Partido Laborista este verano para votarle. Y además me alegra mucho verle aquí”. Nadine Shah, músico de 29 años, lo comentaba apoyada en una pancarta que decía ‘refugees welcome’ con la excitación de una colegiala tras escucharle hablar. Como si fuera poco mérito haber despertado a toda una generación de descontentos.

Pese a ello, la vida de Corbyn va a ser complicada. Como advertía desde las páginas de The Guardian el niño mimado de la izquierda británica, Owen Jones, “su victoria ha sido una increíble conquista política pero ha sido lo más fácil”. Incluso antes de la derrota laborista en las elecciones generales el propio Jones comentaba que lo que necesitaba su país era un nuevo líder dentro de ese partido que consiguiera despertar a la gente y romper con las tibiezas en las que había caído el laborismo en las últimas décadas.

Como por arte de magia ese líder ha llegado. Pero quedan aún cinco años para las elecciones y es difícil mantener el entusiasmo a largo plazo, sobre todo cuando toda la prensa de tu país está en tu contra, como bien sabe Pablo Iglesias. Además, la reforma de los sindicatos que ha propuesto el gobierno de Cameron amenaza seriamente la existencia misma del Partido Laborista, que se apoya abrumadoramente en el dinero que proviene de las Unions. Si llega a consumarse, el partido podría llegar a desaparecer. Corbyn, no obstante, lleva 32 años en el campo de batalla. Y aunque sea un pacifista declarado, no parece tenerle miedo a una guerra como la que acaba de comenzar. 

 

Autor >

Barbara Celis

Vive en Roma, donde es consultora del WFP. Ha sido corresponsal freelance en Nueva York, Londres y Taipei para Ctxt, El Pais, El Confidencial y otros. Es directora del documental Surviving Amina. Ha recibido cuatro premios de periodismo.Su pasión es la cultura, su nueva batalla el cambio climático..

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2 comentario(s)

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  1. dfdsfdfsdfdfdf

    Si hasta negamos los éxitos del socialismo marxista en la Guerra Fría no sé cómo vamos a hacer un mundo más justo...

    Hace 5 años 1 mes

  2. Paqui Pérez Fons

    Buen artículo, pero he encontrado varios errores ortográficos: - en el uso de la palabra "sino" en el segundo y tercer párrafos. Si es conjunción adversativa, como en este caso, se escribe junto, no separado. http://www.fundeu.es/recomendacion/sinoy-si-no-941/ - En el 6º párrafo falta una tilde en el mí de "Para mí fue determinante". Saludos.

    Hace 5 años 7 meses

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