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'O campo galego está en loita'

Los ganaderos gallegos protestan por el bajo precio al que las empresas lácteas compran la leche. Reclaman que el Gobierno fije un precio mínimo que cubra los costes de producción, tal y como se ha hecho en Francia

Ekaitz Cancela Santiago de Compostela , 16/09/2015

Ekaitz Cancela

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Es martes 8 de septiembre, el día de la mayor huelga que ha vivido Galicia en 30 años. Desde lo alto del “mausoleo de Manuel Fraga”, el sol hace acto de presencia y los tractores ya parecen hormigas rodeando Santiago de Compostela. La Cidade Da Cultura, nombre real, es un cementerio arquitectónico erigido en un monte de la provincia gallega y fue diseñado por Peter Eisenman para honrar el legado del fundador del PP. La Xunta lleva invertidos más de 400 millones, el triple de lo previsto. Ahora, la mitad del imponente edificio está en obras y la otra mitad vacío.

“Pedimos disculpas a la gente por las molestias que podamos ocasionar, pero nuestras reivindicaciones son justas. Queremos hacer despertar a la Administración y recabar el apoyo de todos los sectores sociales”, se leía en el comunicado del sector lácteo gallego

Aún al alba la ciudad parece un lugar fantasmagórico, sus cuatro bloques rodean un ágora futurista, y del proyecto de edificio central solo quedan los cimientos. “Lo inundaremos para hacer un lago con un parque”, cuentan que propuso en un arrebato de ingenio político el actual presidente, Alberto Feijó. El desolador paisaje lo completan habitualmente un par de ciclistas perdidos, y otras tantas personas leyendo los cuatro libros que hay haciendo bulto en la biblioteca prevista para 400.000 ejemplares. “Presidente, ¿no cree que en la era de la digitalización con 100.000 es suficiente?”, cuentan que le sugirieron a Fraga.

Llegar hasta este monumento al gobierno gallego es prácticamente imposible. Los casi 4.500 tractores, que en un arrample de hartazgo han decidido cercar Santiago para protestar ante el rechazo de la Unión Europea a subir el precio de la leche, hacen del corto camino una eternidad.

Una vez arriba, se puede contemplar la maravillosa catedral de Santiago rodeada por los vehículos de los ganaderos acampados. Aún tranquilos, esperan al día siguiente para protestar ante los grandes supermercados y denunciar los bajos precios. "Antes de que nos roben la leche, la regalamos nosotros”, explica uno de los participantes de la segunda jornada de la tractorada, que repartió 1.600 litros de leche entre los compostelanos.

La empresa Leche Río lidera las recogidas en Galicia con algo más de un millón de litros diarios. Por detrás están la cooperativa Feiraco, con unos 320.000, y la compañía Queserías Prado, con apenas 55.000 litros

En una de las cafeterías de la Ciudad de la Cultura, un camarero sirve café mientras un trabajador le habla acerca de uno de los tema recurrentes de ese día, la accesibilidad. “Yo entiendo a los ganaderos, de verdad, están en su derecho. Pero justo hoy, cuando empieza el Congreso…”, dice instantes después de pedir un café, “con leche”. El sector lácteo que se moviliza, como si leyeran el pensamiento de sus vecinos, emitió una nota pública antes de empezar las protestas. “Pedimos disculpas a la gente por las molestias que podamos ocasionar, pero nuestras reivindicaciones son justas. Queremos hacer despertar a la Administración y recabar el apoyo de todos los sectores sociales”.

El comunicado, en gallego, también decía: “Somos o motor económico do medio rural; se caemos nós, cae o rural”.

No hace falta traducirlo, incluso apenas hace falta decirlo. Por lo menos para el camarero que aún no ha dejado de servir cafés con leche Feiraco. Esta cooperativa es una de las pocas empresas que recogen y transforman la materia prima en la comunidad, y posee un capital totalmente gallego. No obstante es Leche Río quien lidera las recogidas en Galicia con algo más de un millón de litros diarios. Por detrás están Feiraco, con unos 320.000, y Queserías Prado, con apenas 55.000 litros.

Cada día salen de las granjas gallegas casi 6,5 millones de kilos de leche, cantidad suficiente para cubrir las necesidades anuales de lácteos de más de 70.000 personas. Sin embargo, prácticamente la mitad sale de la comunidad para ser transformado en otros puntos de la península 

Cada día salen de las granjas gallegas casi 6,5 millones de kilos de leche, cantidad suficiente para cubrir las necesidades anuales de lácteos de más de 70.000 personas. Sin embargo, prácticamente la mitad sale de la comunidad para ser transformado en otros puntos de la península: las empresas foráneas controlan siete de cada diez litros de leche.

La materia prima gallega genera en el mercado unos 3.400 millones de euros, “pero apenas 900 se quedan aquí”, denuncian en el sindicato Unións Agrarias. El resto acaba en empresas de capital francés (copan ya más del 20 % de la leche gallega), portugués, suizo o incluso vasco y asturiano. La gala Lactalis destaca por recoger 1,1 millones de litros diarios, ligeramente por encima de Leche Celta, filial de Lactogal, a la que entregan su producción cerca de dos millares de granjas, con un volumen total de entregas superior a las 900 toneladas diarias. Otro tanto, según La Voz de Galicia, sucede con Corporación Alimentaria Peñasanta (Central Lechera Asturiana), con unos proveedores en Galicia que les permite abastecerse de 850 toneladas diarias que son transformadas en su totalidad fuera de la comunidad.

La Federación Rural Galega (Fruga) ya planteo en septiembre de 2014 la necesaria creación de un grupo lácteo que hiciese valer el potencial gallego como forma de afrontar los difíciles retos que se presentan con la desaparición de las cuotas y la liberalización del mercado. Entonces, los esfuerzos se fueron diluyendo al mismo tiempo que las empresas establecidas en la Junta fueron cambiando de manos con el visto bueno de la Administración.

Hace no mucho se trató de importar a España el nuevo modelo francés, por el que el Gobierno de este país fija un precio mínimo de venta que garantiza que se cubran, al menos, los costes de producción. Ante una consulta del Ejecutivo de Mariano Rajoy, la respuesta de la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia fue negativa: los precios "no se pueden pactar", ya que "va contra el ordenamiento jurídico español y comunitario”

Hace no mucho se trató de importar a España el nuevo modelo francés, por el que el Gobierno fija un precio mínimo de venta que garantiza que se cubran, al menos, los costes de producción. “Hay una diferencia de hasta un 33% entre lo que se paga por la leche en unas comunidades u otras: Galicia es la región donde más bajos están los precios y Andalucía y Asturias donde más se paga a los productores”, señaló la ministra Isabel García Tejerina el mes pasado. Incluso el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció que remitiría a la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC) el modelo lácteo galo para estudiar su viabilidad en España. Pero la respuesta de la CNMC fue negativa: los precios, dijo la comisión, "no se pueden pactar", ya que "va contra el ordenamiento jurídico español y comunitario”.

La situación ahora es “insostenible”, según los ganaderos gallegos; y los datos, demoledores. Cuatro de cada diez litros que se producen en el conjunto del Estado tienen su origen en Galicia. Pero sus precios son los más bajos de toda España. El propio Ministerio de Agricultura ha publicado que el precio medio en origen ronda los 0,28 euros el litro --que suelen llegar a caer hasta a los 0,18 céntimos-- y que, según la misma fuente, el coste de producir un litro está en 0,34 euros. “¿Cómo quieren que vivamos?”, se pregunta un productor camuflado entre peregrinos.

El 9 de septiembre, miles de ganaderos rodearon y colapsaron 10,3 kilómetros de vías en Santiago con sus tractores. “Por la economía rural. Luchemos por el sector lácteo”, rezaban sus consignas en julio. “No queremos emigrar, queremos trabajar en lo rural”, exigen ahora sus lemas. La crisis se está llevando por delante una granja cada día. Dato que contrasta de forma ofensiva con los 9.000 euros diarios que cuesta mantener abierta la desértica Cidade da Cultura por culpa de los desorbitados contratos de mantenimiento, limpieza y los suministros de luz y gas.

“Exigimos que se ponga en valor la leche de origen gallego, que se impida el uso que está haciendo la distribución de la leche como producto reclamo, e instamos a que se garantice la recogida de toda la leche producida y unos precios que cubran los costes de producción”. Ya hace unos meses desde aquel grito de la Plataforma por la Defensa del Sector Lácteo, pero no ha sido hasta esta semana cuando las protestas han llegado a la capital de Europa.

Si en Galicia los ganaderos sacan sus tractores y se reivindican de forma pacífica, en Bruselas la tensión alcanza escenas de película. El vídeo de un tractor cargando contra una hilera de policías lo atestigua. La respuesta policial consistió en disparar un chorro de agua para devolver a la casilla de salida al conductor asfixiado por los precios, una actitud similar a la adoptada por la Unión Europea.

El 7 de septiembre, la Comisión Europea presentó un paquete de medidas de 500 millones de euros para apoyar a los ganaderos ante la crisis que vive el sector lácteo por la caída de precios, pero no accedió a la demanda principal: subir los precios de intervención de la leche. Esta medida, reclamada por España, Italia, Portugal y Francia, consiste en que las Administraciones paguen más por los excedentes y almacenarlos hasta que se estabilizan los precios, de forma que los productores puedan vender su leche a un precio más alto. “Es primordial para mejorar nuestra cuenta de resultados”, consideran los ganaderos.

Cuatro de cada diez litros que se producen en el conjunto del Estado tienen su origen en Galicia. Pero sus precios son los más bajos de toda España. El propio Ministerio de Agricultura ha publicado que el precio medio en origen ronda los 0,28 euros el litro --que suelen llegar a caer hasta a los 0,18 céntimos-- y que, según la misma fuente, el coste de producir un litro está en 0,34 euros

Aunque la sangre no llegó al río en las calles de Bruselas, de vuelta a Santiago, la leche desbordó las calles de la Alameda. Ganaderos subidos en una cisterna repartían botellas de leche “recién ordeñada”. El líquido es un manjar. Está fresco, es suave y pasa la garganta dejando un aroma natural, como de campo. Niños, jóvenes, adultos y ancianos hacen cola para coger una botella y entender por sí mismos qué hacen esos hombres en plena parte vieja de su ciudad. “Que nos dejen vender un producto de calidad, hecho en esta tierra, y que sustenta de forma sostenible lo que durante años ha sido nuestra tierra”, dice uno mozo alzando la voz mientras no deja de servir la pócima blanca. Los ganaderos no quieren que les llame sindicalistas o protestantes, sino empresarios. “Somos empresarios de la leche y queremos que nos respeten como a esos del IBEX”, puntualiza el que parece el jefe del cotarro.

Según el Ministerio de Agricultura, 0,34 euros es un precio razonable para un litro de leche. Pero algunos productores están cobrando menos 0,28 céntimos. Una cantidad similar a la que hay en la gorra de una persona sin techo que encuentro pidiendo limosna en el centro de Santiago. No tiene dinero pero sí tres botellas de leche llenas "para hacer noche", parece decir mientras mira cómo retrato su sustento. Quizá él no sepa dónde dormirá, quienes sí lo saben son los ganaderos que han montando su tienda de campaña junto a un tiovivo cerca de la plaza de Abastos, donde se desarrolla casualmente una importante actividad en lo referente al producto fresco de la comarca. "Vivimos en Mazaricos, a 60 kilómetros de aquí, pero nos lleva 3 horas llegar en tractor”, señalaba el que en ese momento se encargaba de desenvolver del papel los bocadillos.

Desde las principales comarcas ganaderas como Xallas-Santa Comba, Arzúa-Melide, Curtis o el Deza-Tabeirós la semana pasada los ganaderos se pusieron camino a Santiago para presionar a la Xunta e “implorar al Apóstol si hace falta”, confesaba con menos esperanza que creencia divina un “empresario de la leche” cuyo rostro cansado pasaría, sino fuera por la ropa, por el de un peregrino. Su camino, no obstante, aún no había acabado.

Ahora, una semana después, el conflicto sigue sin resolverse y los ganaderos se encuentran desesperados bloqueando las plantas de la comunidad y algunos centros logísticos.

La movilización sin precedentes suma ya tres jornadas consecutivas y la presión parece comenzar a hacer efecto. Algunas marcas foráneas han anunciado su intención de renunciar a los últimos contratos firmados a la baja con los productores, de forma que se puedan ir recuperando progresivamente los precios. Además, los interproveedores lácteos de Mercadona, que trabajan con unos 800 ganaderos en Galicia, han anunciado una subida de dos céntimos en el litro. Todos estos movimientos se producen a la espera de ver cómo evoluciona la mesa de negociación abierta a tres partes (industria, distribución y productores) en Madrid.

En uno de los parques de la calzada de Santiago donde se otea la Cidade Da Cultura camuflada entre el paisaje, un grupo de señoras contemplaba el jueves pasado el sol caer. Una de las ancianas, que no tenía ninguna bebida blanca en su mano, comentaba con muy mala leche y en gallego la situación que sufren ‘os ganadeiros’. “En Galicia, sale más rentable tener una granja de viejos que de vacas”. 

Es martes 8 de septiembre, el día de la mayor huelga que ha vivido Galicia en 30 años. Desde lo alto del “mausoleo de Manuel Fraga”, el sol hace acto de presencia y los tractores ya parecen hormigas rodeando Santiago de Compostela. La Cidade Da Cultura, nombre real, es un cementerio...

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Ekaitz Cancela

Escribo sobre política europea desde Bruselas. Especial interés en la influencia de los 'lobbies' corporativos en la toma de decisiones, los Derechos Humanos, la desigualdad y el TTIP.

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