1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

CHARLAS FLAMENCÓLICAS (III)

"La única pureza del flamenco es su emoción"

Miguel Mora Madrid , 18/10/2015

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

En el aire de Madrid flota aún el eco de la siguiriya que Carmen Linares cantó un día de 2004, por la mañana y sin guitarra, en memoria del poeta José Ángel Valente. Fue un cante breve, dibujado sobre un fragmento de Nadie, un poema que Valente dedicó a su hijo muerto. Coral, viuda del poeta, recordó que la primera vez que Valente oyó a Linares cantar esos versos, el poeta le clavó una uña en la mano de la emoción. “Fue cosa de magia. Se hizo un silencio tremendo y empecé a cantar. Salió bonito, con mucho caló. Valente era un pedazo de poeta, y esos versos tan maravillosos... Tú duermes en la noche sumergida, estás en paz... Disfrutaba el flamenco. Conocí a Valente una noche en la peña El Taranto de Almería. Y siempre me pareció un hombre estupendo. Sencillo, natural, honesto, verdadero.”

Como él, Carmen Linares está enamorada del flamenco. Desde que era niña. Su padre era ferroviario pero tocaba la guitarra, y ella seguía aquel sonido a todas partes. Carmen nació en Linares (Jaén), y cuando cumplió doce años a su padre lo destinaron a Ávila. En 1968 la familia Pacheco se instala en Madrid, y Carmen debutó siendo casi una niña. Hay imágenes suyas en blanco y negro, con bata de cola y pesando 40 kilos, que enseñan a una muchacha que se come de pie y a voces al bailaor. Ahora es otra cosa. Por un lado, es la madre tranquila y dedicada de tres hijos; por otro, una gran estrella del flamenco, una figura de una especie muy rara en estos tiempos: dulce, generosa, accesible. Pero mantiene vivo su fuego de artista: “Ahora disfruto más cantando, aunque también sufro mucho cuando salgo al escenario. Siempre digo: ¿Por qué no me haría yo costurera? Pero sigo aprendiendo, y eso es lo importante.”

Linares, que obtuvo el premio Nacional de Música en 2001 por “su dedicación y sus aportaciones a un flamenco de alto contenido y calidad”, es quizá la cantaora más completa del momento. Le encanta recordar a Falla y Albéniz; meter a los poetas en su cante (las canciones populares de Lorca, versos de Borges o San Juan de la Cruz), rendir homenaje a sus maestras (como en la antología La mujer en el cante, un doble que es un doble hito, feminista y artístico); mezclar su voz con músicos de jazz o clásica, y juntarse con guitarristas excepcionales. Trabaja despacio, graba despacio, canta despacio. Y sigue escuchando a sus colegas con fervor. Va a los conciertos, le gusta el baile y la guitarra, compra los discos de los jóvenes, los anima… “Disfruto mucho con todos, pero más con los jóvenes que buscan su voz y tienen calidad y afición. Cuando uno baila o canta o toca bien, es un placer. Y salen artistas estupendos: Estrella Morente, Arcángel, Mayte Martín... Voy a verlos con una devoción que salgo nueva… Me da una alegría…”

 

¿Y si la que canta es Carmen Linares?

¡Ah! Eso es otra cosa. Me quedo vacía. Pero hace tiempo que me lo tomo de otra forma: intento relajarme, porque sé que si yo no lo paso bien, el público tampoco. El flamenco es muy difícil. Si no estás fuerte y bien, o tienes problemas personales, si no estás confiada con el sonido y con el público, o si tu voz no responde a tu cabeza (que a veces también pasa), es muy difícil transmitir al público. Pero cuando todo está bien, ah, es la gloria.

¿Será que el flamenco es un estado de ánimo?

Sí, un estado de ánimo que no hay quien lo entienda.

¿Y cómo recibe el público de fuera de España el flamenco?

Con un gran respeto. Como dice Zubin Mehta, el flamenco es la esencia de la cultura. Y eso mismo lo sabían ya las vanguardias del siglo XX, los poetas de la Generación del 27, músicos como Stravinski, Albéniz, Falla, Debussy, Rimsky Korsakov, Miles Davis... Por algo los extranjeros inteligentes siempre que vienen a España quieren oír flamenco. El flamenco es un tesoro, una música de una calidad excepcional, un arte popular hecho por profesionales.

¿Cuál es el sitio más exótico en el que ha cantado?

En Nueva Zelanda, quizá. Y en Sydney hice un recital yo sola con una guitarra. La gente enloquecía. ¡Y eso que no entienden las letras!

El flamenco salió del gueto, de las cuevas, de las hogueras, y hoy se come el mundo.

Sí, gracias a los artistas salió y ahora, afortunadamente, hay otra forma de escuchar, cada vez actuamos más en los teatros, que es lo suyo, y la gente va a escuchar el cante, no a comer jamón. Eso hay que agradecérselo a artistas como Carmen Amaya, Pilar López, las compañías de baile antiguas, la de Antonio, la de Gades… Ellos abrieron el camino.

Y así se olvidó el trauma del franquismo, que convirtió el flamenco en una exhibición de tipismo malo.

Sí, había mucha confusión, lo convirtieron en una españolada, le metieron todos los tópicos, la maceta, la copa de fino, la reja… El flamenco es otra cosa, más profundo y mucho más vital.

Un arte difícil de aprender en las academias.

A cantar se aprende escuchando, con mucha afición, yendo a ver a los compañeros, en el trabajo diario de los tablaos, teniendo las orejas bien abiertas, escuchando muchos discos, los cantes de los artistas antiguos, Tomás Pavón, Manuel Torre, Antonio Chacón… Lo esencial es que te guste la vida y la cultura flamenca.

Y a usted le gustaba desde pequeña.

Sí, empecé a ir de muy joven con mi padre a la Peña Charlot, que estaba en la calle Lope de Vega, y allí se reunían a cantar y a tocar Matrona, Morente, Manolo Heras, Félix Moro… La plaza de Santa Ana era un hervidero de ambiente taurino y flamenco. En la Cervecería Alemana siempre había algún artista… Recuerdo que el presidente de la peña decía: “¡A ocho pesetas!”, y cada peñista pagaba sus ocho pesetas por el vino que había tomado… ¡Ocho pesetas!

¿Y cómo empezó a cantar profesionalmente?

Con 14 años gané un premio de Radio Madrid, “Cantando hacia el triunfo”. Todavía tengo por ahí el diploma. Venía desde Ávila los sábados a cantar a Madrid. Y antes de eso, en Linares, con mi padre, ya hacía mis cantecitos, las cosas de Pepe Pinto, Valderrama, Marchena, Enrique Montoya, la Niña de la Puebla… Todo lo que oía por la radio. Me gustaba mucho también Marifé de Triana. Pero luego conocí en Ávila a mi marido, Miguel Espín, gran aficionado flamenco y fundador de la única peña flamenca que había allí, la peña Antonio Chacón. Después, ya viviendo en Madrid, me contrató Fosforito para hacer una gira por el sur de Francia, una oportunidad que me permitió aprender mucho de él, es un gran artista. En el 73 entré a cantar en el Café de Chinitas, aunque antes pasé por Torres Bermejas. Entonces conocí a Camarón, La Perla de Cádiz, Pepe y Luis Habichuela, José Mercé, Rancapino, Trini España, El Güito, Mario Maya, Morente, Serranito, el Indio Gitano, Carmen Mora… ¡A todos los grandes! Y estuve una temporada de gira por Estados Unidos con el bailaor José Molina, cantando para bailar. Fue muy bonito, porque íbamos a teatros de universidades y los estudiantes nos preguntaban cosas…

Y era una buena forma de ir cogiendo tablas.

Claro, subirte al escenario todos los días es lo que te da el oficio: equivocarte, conocer músicos distintos, públicos diferentes… Una anécdota graciosa es que me tocó un tocadiscos en un concurso de Radio Madrid, era un Iberofón, y creo que también lo tengo por ahí y todavía funciona [Miguel Espín va a por él, y sí, está en perfecto estado]. Fue en la rifa de un programa de José Luis Pecker. Mi madre escribía cartas para el sorteo y un día, una vecina de Ávila, de la calle Batalla de Belchite, oyó por la radio que nos había tocado el premio y subió gritando para decírnoslo. Fue una alegría muy grande, porque en casa no teníamos dinero para comprar uno, y ese tocadiscos me dio la vida. Mi padre fue a recogerlo y no tuvo más remedio que comprar algunos discos, y recuerdo que compró de Porrina, de Mairena, de Marifé y de Fosforito. ¡Eso fue un mundo para mí!

Descubriendo el tesoro…

Fue un descubrimiento, sí, pero lo malo es que yo no tenía físico de cantaora, era muy flacucha, y me tentaron mucho para hacer copla, pero a mí lo que me gustaba era la siguiriya, la soleá, los cantes más serios. La antología de Mairena me la había embebido entera, y la de Caracol me la llevé a Estados Unidos en una casete, y oía esas casetes como loca. Aquello no era estudiar, era gozar. Los de la gira me llamaban “La Niña del Tape”, todo el día oyendo flamenco, en el autobús, en los camerinos… Así me fui metiendo en manteca.

¿Y le gustaban más las cantaoras o los cantaores?

Igual. Me gustaba mucho La Niña de los Peines, La Perla, La Paquera, La Fernanda por soleá… Pero empecé cantando por Fosforito y aprendí mucho de Mairena, de Matrona, de Caracol, de El Gallina, de Varea…

¿Recuerda aquel ambiente flamenco como machista? ¿La recibieron bien siendo mujer?

Iba siempre con mi padre, que era muy simpático y muy buen aficionado, y me respetaban mucho. “La niña, la niña…” Y la niña siempre estaba metida en los saraos. Y ellos me enseñaban muchas cosas. Matrona me dijo: “Tú, con esa voz, tienes que meterle mano a la malagueña, a la taranta, a la granaína…”. Y todavía recuerdo que vino a oírme cantar una noche, con 80 años y su bastón, el hombre tenía una afición…

Y mucho ingenio, según dicen los que le conocieron…

La gracia que había en esa época ya no la hay ahora. Había muchos que tenían mucho ingenio, eran gente muy flamenca… Después del trabajo en Chinitas nos íbamos todos juntos de fiesta, y nos daban las cinco o las seis. Había mucha comunicación.

Era más una forma de vida que un trabajo.

Los flamencos vivían para el flamenco, el flamenco era su religión. Adoraban su arte y el de los demás. Iban a escucharse unos a otros, había una admiración y una unión preciosa. Eso se perdió. Ha cambiado la vida, y hemos perdido en unas cosas y hemos ganado en otras.

Antes había más tiempo…

Sí, comenzaron las prisas, muchos artistas volvieron a Andalucía, las tertulias se fueron acabando, y cambió la manera de ser artista. Recuerdo las noches flamencas del Café Silverio, nos pagaban tres mil pesetas que inmediatamente nos las gastábamos allí mismo en copas invitando a los amigos. También tengo en la memoria el primer festival flamenco que se hizo en el Palacio de los Deportes de Madrid, se llenó hasta la bandera. Y cómo no recordar la Cumbre Flamenca del Teatro Alcalá Palace (en 1984) que organizaron Juan Verdú, Paco Sánchez y Miguel Espín. Esos espectáculos crearon muchísima afición en Madrid...

Mucho antes de eso usted había sacado ya su primer disco.

Sí, fue en 1971, un disco muy “fosforero”, en Movieplay, con Juan Habichuela a la guitarra. El segundo lo hice con Luis y Pepe Habichuela en Hispavox, y luego hice otro, Su cante, con Pepe solo. Recuerdo que Estrellita Morente, siendo una chiquitaja, se ponía los tacones y cantaba mis tangos. ¡Qué graciosa era!

En esa época estaban haciendo la revolución flamenca Paco de Lucía y Camarón, consiguiendo que los discos vendieran por fin cifras más razonables, más acordes con la calidad de esa música.

Sí, Paco y Camarón fueron importantísimos, pero yo creo que el más revolucionario de todos ha sido Enrique Morente.

Que por ejemplo hacía recitales de cante en la universidad franquista casi a hurtadillas.

Sí, con otros cantaores como Menese y Gerena; no se los llevaron presos de milagro. Aquella época fue muy dura, pero esperanzadora.

Y poco a poco el flamenco dejó de ser una sociedad casi secreta.

Sí, ya grababas, hacías recitales en teatros como solista, ibas de gira, salías en televisión, te juntabas con otros músicos… Así pude cantar El amor brujo en la Bienal, y luego grabar las Canciones populares de Lorca, que me abrieron muchas puertas…

Pero fue crucial en su carrera la antología del cante de mujer, que enseñó por un lado la gran riqueza histórica del flamenco femenino y por otro su gran diversidad de registros.

No lo hice con una intención feminista, pero sí, sirvió para ver la importancia que la mujer había tenido en el cante, y para mí fue importantísimo también, era la primera vez que se hacía una antología así. No lo he vuelto a escuchar; es curioso, pero nunca escucho lo que grabo. Lo oigo tantas veces en el estudio que luego no lo quiero oír más. Aunque lo podía haber hecho mejor, y no lo digo por decir, sigo contentísima de ese trabajo.

¿Quizá ése fue el disco en el que encontró su voz propia?

Camarón nos influyó mucho a todos. Él fue el filtro de todo el cante antiguo. Pero no se le puede imitar, porque era único: tenía una personalidad enorme, todo lo hacía suyo. Lo que hizo fue enseñarnos el camino: oír muchas cosas, asimilarlas y luego hacerlas tuyas. Que la carrera es larga y no hace falta correr, y que, cuando llega el momento, todo lo que haces suena a ti. Y entonces puedes jugar y divertirte. Y cantar cada vez mejor.

Con su personalidad…

Claro, en eso consiste la evolución del flamenco, lo interesante es aportar tu forma y siempre me ha interesado mucho andar caminos nuevos. Si no hubiera cogido ese tren no hubiera sido yo misma, habría sido como un gramófono. ¿Cómo vas a ser auténtica si no transmites lo que te gusta? La pureza del flamenco, si tiene alguna, porque es una música totalmente mestiza, consiste en transmitir y emocionar. Si calcas o imitas, ¿dónde está el sentimiento?

¿Y dónde la libertad del artista? Como dijo Barishnikov, el flamenco es una gran celebración de la vida.

¡Eso es precioso! Por eso hay que elegir siempre el camino de la libertad. No hay que tener miedo al flamenco. Hay que arriesgar. Simplemente hay que cantar como uno siente. Adaptar los cantes a tu sensibilidad. Respetando tus condiciones de voz, todo es posible.

O también la de otros músicos, como en el disco Locura de brisa y trino, de Manolo Sanlúcar.

Sí, ahí cambié mucho mis registros, me adapté a su música. En cambio en Un ramito de locura soy más yo, o más bien fue un disco hecho a medias con Gerardo Núñez. Seguramente, ése es el disco que yo más he trabajado con la guitarra.

Un instrumento que ha crecido increíblemente en los últimos tiempos.

Uff, ahora hacen diabluras, armonías diferentes, tienen mucha más preparación. Por otro lado, hoy es todo más difícil y subirte al escenario te asusta más: hay que ofrecer mucho más que antes a la gente, dar algo que tenga interés, que sea mejor que lo otro. Hay mucho público que exige cosas distintas, nuevas: una soleá fresca, un rescate, un poema de Valente o de Borges…

De manera que el flamenco es un arte que suena milenario pero que en realidad es como un niño que está aprendiendo a andar.

¡Es un arte muy joven! Dicen que está ya todo hecho, pero yo creo que hay mucho por hacer. Hay un futuro enorme, aunque ahora todo se ha aflamencao y se venden cosas que no son flamenco como si lo fueran. Por eso hay que cuidar mucho este arte, ser muy respetuoso con él, y eso es una tarea de los artistas pero también de las instituciones, que lo tienen que apoyar y defender. Si a la ópera le dedican muchos millones los gobiernos, ¿por qué no al flamenco? Porque sin darle nada, llena siempre.

El verdadero arte povera: una voz, una silla y una guitarra.

Sí, pero el duende sin un buen sonido no viene. Hay que poner las condiciones para que salga. Si estás calentito en el teatro, cantas mejor. El duende no sale a bajo cero. Y aunque Lorca no sé qué diría de esto, algo de dinero no le viene mal al duende. Buenas luces, buen sonido, una Bienal bien organizada que ayude y financie a los jóvenes con ideas, un circuito que gire con las producciones de la Bienal… Con un poco de imaginación, dinero, voluntad política, es más fácil que todo el mundo sepa que el flamenco es un arte de una calidad inmensa.

Fragmento del libro La voz de los flamencos, editado por Siruela en 2008. 

Autor >

Miguel Mora

Nacido en Madrid, en 1964, el director de CTXT fue corresponsal de El País en Lisboa, Roma y París. Anteriormente, trabajó durante 10 años en la sección de Cultura como reportero para temas de cine, literatura y arte. En 2011 fue galardonado con el premio Francisco Cerecedo y con el Livio Zanetti al mejor corresponsal extranjero en Italia. En 2010, obtuvo el premio del Parlamento Europeo al mejor reportaje sobre la integración de las minorías. Es autor de los libros 'La voz de los flamencos' (Siruela 2008) y 'El mejor año de nuestras vidas' (Ediciones B).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí