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Portugal vira contra la austeridad entre preguntas sin respuesta

J. Marcos / M. A. Fernández Évora , 21/10/2015

<p>António Costa, líder del PS, y probable nuevo primer ministro.</p>

António Costa, líder del PS, y probable nuevo primer ministro.

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“Ésa es una pregunta sin respuesta”, afirma el hombre mientras sirve un par de esos cafés portugueses que vitalizan a cualquier hora. Hace apenas dos semanas que se celebraron las elecciones legislativas en Portugal, las primeras después de la intervención de la Troika en el país, y el asunto de las victorias y las derrotas, o todo lo contrario, de la cita con las urnas, despierta pocas pasiones en las calles. También en los bares y pastelerías. El resultado estimula en cambio muchas preguntas, de esas que tienen múltiples respuestas. O tal vez, de las que no la tienen. ¿Por qué fue la lista más votada la actual coalición de Gobierno, formada por conservadores y liberales, que puso en marcha la tijera de los recortes? Abre los ojos, levanta las cejas y estira los labios. “Ésa es una pregunta sin respuesta”, dice Estavão Inocêncio Cordeiro, en su bar de Campo Maior, en la región del Alentejo. La conversación se alarga unos minutos, pero con poco entusiasmo, y se aplaza a enero, cuando habrá nuevamente comicios en Portugal, esta vez para elegir al presidente de la República.

En los últimos tiempos han pasado muchas cosas en el país luso, incluso unas legislativas, pero de momento poco se ha movido el escenario. El 20 de octubre, seguía sin haber una respuesta sobre quién gobernará el país, aunque al caer la noche António Costa, el líder del Partido Socialista, anunció tras visitar al presidente Cavaco Silva, que el PS estaba listo para formar un gobierno estable con los dos partidos de izquierda, el Partido Comunista Portugués, y el Bloco de Esquerda. 

La pregunta quizá debería ser otra: ¿Quién ganó realmente las elecciones del pasado 4 de octubre, los dos partidos del Gobierno que se presentaron coaligados, o el cambio? Y aquí sí tiene cabida una mayor discusión y debate. Ha ganado la coalición conservadora, dicen unos. “El Gobierno portugués tomó algunas medidas muy duras y, en ese sentido, es una buena noticia que un gobierno pueda aún gobernar después de tomar tales decisiones”, afirmó por ejemplo el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, al Jornal de Negócios.

Han sido derrotados, apuntaban otros. “La mayoría de los portugueses no votaron por los partidos de la coalición que gobierna el país. A partir de los resultados de las elecciones, se puede inferir que la mayoría de los portugueses quiere un cambio”, resume para CTXT Miriam Costa, investigadora Centro de Estudios Internacionales del Instituto Universitario de Lisboa.

En realidad, ganaron los mismos, aunque fueron otros los victoriosos. Los partidos del actual Gobierno (los conservadores del Partido Social Demócrata, PSD, y la derecha del Centro Democrático y Social-Partido Popular, CDS-PP), ahora bajo el nombre de Portugal á Frente (PàF), lograron el 36,83 por ciento de los votos; o lo que es lo mismo perdieron 800.000 votos respecto a 2011 y obtuvieron 25 diputados menos. Las cifras también dicen que Portugal á Frente obtuvo una victoria insuficiente.

Los demás partidos que han entrado en el Parlamento perdieron las elecciones, aunque en realidad ganaron peso respecto a los anteriores comicios. La gran paradoja es que el Partido Socialista, al que las encuestas de hace unas semanas pronosticaban incluso mayoría absoluta, ganó 200.000 votos y 12 diputados, pero fue el gran derrotado. Ironías de la vida, son ellos quienes tienen ahora la llave del futuro. “António Costa, a pesar de la inequívoca derrota, quedó en una posición decisiva para la definición de lo que va a ser Portugal en los próximos tiempos”, según afirmaba un editorial de la revista semanal Sábado.

Dos semanas después de su comparecencia pública, apesadumbrado en la noche electoral, Costa, exalcalde de Lisboa, no para de sonreír. Todos los partidos quieren su apoyo, reunirse con él, acercarle a su bando. No sólo la coalición que ha gobernado el país en los años de la intervención de la Troika (de 2011 a 2014, la economía lusa estuvo en manos del triunvirato formado por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial) quiere estrechar la mano al líder socialista. También buscan su refugio desde el ala más izquierdista de la Asamblea de la República.

El Bloque de Izquierda, que obtuvo un 10,22 por ciento de los votos, logrando sus mejores resultados; y la CDU (coalición de comunistas y verdes, que logró el 8,27 por ciento) creen que el nuevo gobierno debe cambiar de signo. “La CDU creció en porcentaje de votos, pero quedó lejos de las expectativas. Esperábamos un crecimiento mayor”, reconoce a CTXT el alcalde de Évora, el comunista Carlos Pintos de Sá.

“El PCP [Partido Comunista Portugués], mostrando una gran sensibilidad por la voluntad popular y una gran apertura, algo que sorprende a muchos, ha dicho que va a permitir un gobierno del PS. Considero que los portugueses quieren un cambio de política, una nueva política que se preocupe por el pueblo y no por los grandes intereses económicos. Esta nueva política y este nuevo gobierno serán posible si el PS quiere unirse a la izquierda y no a la derecha”, añade el también profesor de Economía de la Universidad de Évora.

"¿Comunistas y socialistas? Imposible"

“¿Unión de comunistas y los socialistas? Imposible, nunca se han entendido en Portugal”, retoma la conversación el tabernero de Campo Maior, no sin pasotismo, no sin dejadez, con apatía.

La abstención, que llegó al 43 por ciento, también sirve para esbozar un panorama de desafección, uno de los claros titulares de las recientes elecciones que menos eco mediático ha tenido. “Aquí no se habla de política. A la gente no le interesa”, sonríe un quiosquero de la empobrecida región del Alentejo, donde la media de edad es elevada. En la más joven, aunque tenga imagen descascarillada, Lisboa la sensación es similar. “La juventud quiere que no les molesten y siguen despreciando a los políticos. Las generaciones más jóvenes siguen sin votar, pese a que tengan altos índices de formación”, reconoce a este medio un joven periodista lisboeta, Antonio Oliveira e Silva. “La tasa de abstención es la prueba del descrédito de la clase política y partidista para el pueblo portugués. Esta campaña electoral no fue esclarecedora y se centró en las grandes ciudades por lo que parte del electorado se sintió marginado”, explican desde el Diario do Sul, situado en la también ciudad alentejana de Évora.

La vida sigue y mientras el relato se transcribe las crónicas van cambiando. Porque puede que socialistas y comunistas se unan en Portugal. A pesar de que ganaron los de siempre en las elecciones, se avecinan cambios. El PCP y el Bloque de Izquierdas (BE por sus siglas en portugués) han hecho guiños al partido que tiene la mano del futuro. Y han acercado posturas tras varias reuniones.

Los últimos movimientos, calificados de “guerrilla política” por el diario Público, y también las últimas declaraciones (durante dos semanas el pulso del país ha estado en boca de quién hablaba), hacen inclinar la balanza hacia la izquierda. A pesar de que el número dos de la coalición Portugal à Frente, Paulo Portas, ha renunciado a su puesto para cedérselo al exalcalde lisboeta, Costa...

“Es incomprensible que el PS responda a las propuestas de la coalición enunciando exclusiva y exhaustivamente medidas de su propio programa electoral, sin ni siquiera jerarquizar”, ha escrito el hasta hace unos días primer ministro, Pedro Passos Coelho, a líder socialista, recordándole quién ganó las elecciones. “Nadie en el país comprende que el PS exija gobernar con el programa del PS, lo que constituye una perversión de los resultados electorales”, añadía la misiva de Passos Coelho.

Y es que el nuevo esquema político luso parece un libro juvenil de esos de ‘escoge tu propia aventura’. El final está por escribir. Y parece que va a jugarse en la comisión política de los socialistas prevista para la noche del jueves 22 de octubre.

Cavaco y las 23 coaliciones

Todo está en el aire, después de las vueltas del relato. En un principio se convirtió casi en evidente una gran coalición entre CDS-PP, PSD y PS, una gran sopa de siglas, imposible de recordar pero muy del gusto del presidente de la República. “Para alcanzar la estabilidad es frecuente en Europa que se formen gobiernos de coalición. De los 28 gobiernos de los países de la Unión Europea, 23 son coaliciones de dos o más partidos”, dijo Aníbal Cavaco Silva hace unos meses allanando el camino. De hecho, Cavaco mandó formar gobierno a la coalición que más votos obtuvo en las elecciones. Pero de poco ha servido su posicionamiento. La trama es otra.

El presidente de la República tiene toda esta semana reuniones con las formaciones políticas. Ya se ha citado con Costa, y este apuesta clara y definitivamente por un “gobierno alternativo”: “Hemos tenido contacto con el PCP y el BE. Existen las condiciones de parte del Partido Socialista para ofrecer una solución con estabilidad en la Asamblea de la República, que al mismo tiempo exprese la voluntad de los portugueses”, afirmó Costa a los periodistas tras la reunión mantenida el 20 de octubre con el presidente. “Desde nuestro punto de vista hay una solución alternativa y el país no gana nada en prolongar la situación de incertidumbre”, añadió.

António Costa, el gran derrotado de la noche electoral, parece ahora el encargado de narrar el final de una historia que, como mucho, tendrá punto y aparte. El punto final, al menos momentáneo, llegará con la aprobación del presupuesto del país para 2016. La fecha electoral hizo imposible presentarlos antes de la cita con las urnas, y Europa ya ha tirado de las orejas a Portugal por incumplir los plazos. Para consensuarlos, las formaciones políticas tendrán que limar asperezas con lápiz y calculadora.

Comunistas y bloquistas anunciaron en campaña el fin de la austeridad y de los recortes sociales, e incluso apostaban por decir adiós al euro (la publicidad del BE en las principales plazas lisboetas es clara al respecto). Los socialistas anunciaban también, en tiempo de promesas electorales, aflojar el cinturón de la austeridad; pero, sí o sí, cumplir con Bruselas. ¿Cómo conjugar ambas posturas? Difícil en un país que sigue bajo la lupa de los poderes económicos, al menos hasta que haya devuelto gran parte de los 78.000 millones de euros recibidos durante los tres años de control económico.

En la agenda urgente del nuevo gobierno hay otro contratiempo: la imposibilidad de vender el Novo Banco (la parte buena del quebrado Banco Espírito Santo) al no existir nuevas ofertas. Con este dinero se preveía contrarrestar parte del dinero público que se metió en el rescate del gran grupo financiero portugués en el verano de 2014, y que hizo elevar el déficit ese año del 4,5 al 7,2 por ciento.

“Ya veremos”, se repite constantemente cuando la pregunta es ¿quién gobernará? La respuesta es también una gran incógnita cuando se habla de presupuestos. Ojos abiertos, cejas elevadas y labios estirados. Una cosa parece clara, en enero hay elecciones para presidente de la República, seguramente con otro relato interesante. Todo parece aún por escribir. Pero, si acaba gobernando la izquierda, Portugal se unirá a Grecia en el camino, lleno de preguntas sin respuesta, contra la austeridad. 

 

“Ésa es una pregunta sin respuesta”, afirma el hombre mientras sirve un par de esos cafés portugueses que vitalizan a cualquier hora. Hace apenas dos semanas que se celebraron las elecciones legislativas en Portugal, las primeras después de la intervención...

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Autor >

J. Marcos / M. A. Fernández

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2 comentario(s)

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  1. Juan Manuel Rubio

    Perdón por la errata en el primer párrafo . Sobra el "haber".

    Hace 6 años

  2. Juan Manuel Rubio

    Por favor en base al respeto que os tengo por haber vuestra crítica y espíritu de independencia de los todopoderosos medios de comunicación, no pongamos términos en inglés -por consideración a ese idioma y al nuestro y, por supuesto, a vuestros seguidores- como la prensa que va dirigida a unos determinados lectores que valoran esos términos como un signo de modernidad y prestigio; máxime, cuando en este caso -al menos para mí- no si sé si con ese titular "upgrading", Perú se actualiza (gerundio) o progresa (sustantivo) con la visita de la Sr.ª Lagarde, cosa que en cualquier caso dudo. Un cordial saludo.

    Hace 6 años

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