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Viva la prensa escrita

El fisco francés discrimina a Mediapart con el IVA digital

La prensa en papel se beneficia de un IVA reducido del 2,1%, no así los medios digitales. El socio editorial de infoLibre deberá pagar al fisco 4,1 millones de euros con carácter inmediato

Edwy Plenel 10/11/2015

<p>Una imagen de la redacción de Mediapart, en París.</p>

Una imagen de la redacción de Mediapart, en París.

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Una vez agotados todos los recursos administrativos, el periódico digital Mediapart [el socio editorial francés de Infolibre], acaba de recibir una liquidación tributaria por importe de 4,1 millones de euros para el periodo comprendido entre el 2008 –año en que se creó el diario digital– y principios de 2014. Las autoridades fiscales francesas han aplicado, con carácter retroactivo, un tipo de IVA discriminatorio para la prensa digital: del 19,6% en un primer periodo y posteriormente del 20%, frente al 2,1% con que está gravada el resto de la prensa, cualquiera que sea su soporte. Mediapart, que discute la legalidad de esta decisión, va a recurrir a la justicia administrativa. No obstante, dado que este recurso no tiene efecto suspensivo, tenemos la obligación de pagar, lo que nos deja sin unos recursos que estaban destinados a desarrollar nuestro periódico y a construir su independencia. Por esa razón, lanzamos un llamamiento a la solidaridad de nuestros lectores, que constituyen nuestra única fuente de ingresos.

La decisión de las autoridades fiscales, tomada con el aval de los diferentes ministros del ramo tras un proceso judicial que se ha prolongado durante dos años, es ilegítima, injusta e incoherente. Así lo hemos argumentado, en vano, en los últimos recursos presentados a los responsables de la administración fiscal. 

1. Es ilegítima porque es contraria al derecho fundamental, tanto al derecho constitucional francés como al derecho de la Unión Europea.

El principio de neutralidad fiscal, que no es sino la aplicación del principio de igualdad que recoge tanto la Constitución como la Carta Europea de los Derechos Fundamentales, prohíbe la aplicación de una fiscalidad distinta a las actividades de la misma naturaleza. Mientras la prensa escrita, en papel o digital, se dirige a los mismos lectores, las autoridades fiscales incurren en una distorsión de la competencia al aplicarnos un IVA casi 10 veces superior al de nuestros competidores del papel. Además, esta distorsión de la competencia penaliza a la prensa digital independiente que ha optado por un modelo de pago para depender sólo de sus lectores, mientras que privilegia a las páginas web de prensa gratuitas y publicitarias, que se sostienen en la prensa en papel, que sí se beneficia de un IVA reducido del 2,1%.

Dicho de otro modo, las autoridades fiscales se obstinan en ignorar nuestra condición de diario de información general, reconocida por la Comisión Paritaria (CPPAP, por sus siglas en francés) y que se beneficia por ese concepto de una fiscalidad indirecta reducida, en interés de los lectores (un precio más asequible) y de la democracia (la información no es una mercancía como las otras). Al aplicar la misma liquidación discriminatoria a los demás diarios digitales que viven de sus lectores –nuestros colegas Arrêt sur images, del grupo Indigo, cofundadores junto a Mediapart del Sindicato de la Prensa Independiente de Información en Línea (SPIIL)–, el fisco niega simple y llanamente la existencia de la prensa digital, con un estatuto específico y con sus correspondientes derechos.

Al alegar en nuestra contra una antigua normativa fiscal, que data de una época anterior a la revolución digital cuando la prensa digital no existía, a la ilegitimidad le suma la ridiculez. Pese a que, desde 2008-2009, el Estado pone al mismo nivel la prensa digital y la prensa en papel, las autoridades fiscales se comportan como un Estado en el Estado, con sus propias reglas, aunque sean arcaicas y hayan sido superadas.

2. Es injusta porque a la liquidación retroactiva del IVA se añaden importantes multas (superiores al 40%) por “infracción deliberada”, como si fuéramos defraudadores que actúan a espaldas de la Administración.

Mediapart aplica el IVA propio de la prensa en virtud de las conclusiones públicas que se desprenden de los Estados Generales de la Prensa Escrita, impulsados en 2008, año del lanzamiento de nuestro diario. En el discurso de clausura, pronunciado en el Elíseo en enero de 2009, el presidente de la República –Nicolas Sarkozy, poco sospechoso de favoritismos en lo que a nosotros respecta– afirmaba alto y claro el principio de igualdad: “El estatus de editor de prensa digital dará derecho al régimen fiscal de las empresas de prensa [...]. Francia no puede permitir esta situación doblemente estúpida en el que la prensa digital se encuentra en desventaja con respecto a la prensa en papel y la prensa digital de pago en desventaja con respecto a la prensa digital gratuita. No tiene ningún sentido”.

Entre 2008 y 2013, todos los interlocutores oficiales de Mediapart, que fueron informados de la tasa de IVA que aplicábamos, apoyaron nuestra campaña de defensa de la igualdad entre la prensa impresa y la prensa digital. Del Elíseo a Matignon, en el Ministerio de Cultura y Comunicación, en el Ministerio de Finanzas, en el de Presupuesto, en los gabinetes ministeriales, así como en las diferentes administraciones. Apoyaban nuestra postura que también era respaldada por todos los sindicatos profesionales, entre ellos el SPIIL.

Todas las partes estaban claramente informadas, a la vez, de la legitimidad inmediata del IVA reducido para la nueva prensa digital y de los procedimientos franceses para incluirla definitivamente en la nueva directiva IVA de la Unión Europea. La directiva, que data de 1991, se remonta a una época en la que efectivamente la prensa digital no existía. Lejos de cometer fraude, Mediapart actuaba en el marco de una moratoria de facto, con el acuerdo tácito de los poderes públicos, a la espera de que concluyeran las discusiones europeas, a las que, por parte de Francia, acude Jacques Toubon, actual defensor de los Derechos en Francia, quien nos recibió y nos transmitió su apoyo.

3. Es incoherente porque va en contra de la sensibilización por parte de los poderes públicos, nacionales y europeos, del carácter arcaico de cualquier discriminación contra la prensa digital, desde su aparición.

A raíz de la protesta unánime de la profesión, de las editoras de prensa y de los sindicatos de periodistas, al inicio de las inspecciones fiscales –tan bruscas como discriminatorias– llevadas a cabo a finales de 2013, el Parlamento adoptó una ley el 27 de febrero de 2014 por la que afirmaba solemnemente laigualdad de la prensa impresa y de la prensa digital, sin esperar al término de las negociaciones europeas sobre la nueva directiva del IVA. Mientras Francia a día de hoy todavía debe defender en Bruselas esta posición, el ensañamiento fiscal manifestado sólo puede debilitar dicha postura.

La actitud del fisco es incoherente por cuanto conlleva un retroceso con respecto a la evolución de la Comisión Europea, cuyo presidente, Jean-Claude Juncker, comparte indiscutiblemente nuestra argumentación. “La Comisión propone que se aplique este IVA reducido en todos los Estados miembros en 2016”, declaró el 6 de mayo de 2015 ante los editores de prensa alemanes. “La prensa es una cuestión de contenido. Que el contenido se presente a los lectores en formato papel o en digital, el régimen del IVA debe ser neutro desde el punto de vista tecnológico”. Juncker recordaba que la actual directiva IVA, en la que se escuda el fisco para rechazar la igualdad entre la prensa impresa y la digital, hasta la promulgación de la ley francesa de 2014, fue adoptada en 1991, cuando “aún no existían periódicos digitales”. La anterior Comisión Europea añadió que “no ha habido consciencia de que se ha producido una pequeña revolución desde entonces [y] es algo que vamos a cambiar [...]. Necesitamos regímenes de IVA neutros desde el punto de vista tecnológico”.

En suma, para el presidente de la Comisión Europea, la prensa digital merecía contar con un IVA reducido desde su aparición, después de que la directiva IVA de 1991 se hubiese visto alcanzada, y más tarde superada, por la revolución tecnológica e industrial en curso. Mediapart así lo ha demostrado con su modelo económico pionero, único desde su nacimiento. Mientras la prensa digital era gratuita, evidentemente la cuestión nunca se había planteado. De modo que Mediapart sufre una penalización absurda en nombre de una normativa que ignora la existencia del digital, debido a que la administración permanece sorda a las reflexiones, informes, comisiones, consejos etc. que ha exhortado a los poderes públicos a ponerse al día.

Mediapart es atacado por haber tenido razón. En primer lugar, por haber llevado a los poderes públicos a conceder un estatus a la prensa digital, al haber sido el primer diario digital que pidió ser reconocido por el CPPAP, desde nuestra creación en 2008, en una época en que la Administración identificaba todavía la prensa con un único soporte, el impreso. Más tarde por haberlos conducido a proclamar los principios de igualdad y de neutralidad: igualdad entre periódicos con independencia del soporte, neutralidad tecnológica y, en consecuencia, fiscal. Finalmente, por haber librado estas batallas públicamente, sin maniobras entre bambalinas, sin recurrir a hacer lobby en secreto, con total transparencia y publicidad. 

Dicen que los pioneros incomodan, sobre todo por que afectan a los conservadurismos y los inmovilismos. Ha llegado el momento de vengarse, a un alto precio. La liquidación fiscal, notificada como “requerimiento para pagar”, –en razón del IVA, ya que los inspectores no han constatado ninguna otra irregularidad en nuestras cuentas–, alcanza un montante total de 4,1 millones, multas incluidas. Para entender bien esta suma, se hace necesario compararla con las cuentas de la empresa. Desde 2011, cuando la empresa salió de números rojos, hasta la fecha, la liquidez de tesorería asciende a 4,7 millones. Por lo que, desde un punto de vista estrictamente contable, Mediapart tendrá a finales de 2015 un balance negativo, con lo que quedan anulados cuatro años de progresión, periodo en que hemos dejado patente la rentabilidad de una prensa independiente, que sólo vive del apoyo de sus lectores.

Dicho en otros términos, el duro golpe recibido vacía las arcas de Mediapart, con la subsiguiente sangría que sufren unas cuentas destinadas a construir nuestra independencia y al desarrollo de nuestra actividad. Porque a pesar de haber recurrido la decisión ante la justicia administrativa, tenemos la obligación inmediata de pagar el grueso de la liquidación reclamada: sólo se paraliza el pago de las multas, hasta que se resuelva el recurso.

Es como haber sido devueltos brutalmente a la casilla de salida, toda la SA Mediapart borrada de un plumazo. La joven empresa golpeada de este modo no es una compañía cualquiera. Es un símbolo de éxito en la prensa digital, su éxito ejemplifica la posibilidad de resultar rentables gracias al trabajo de un equipo y al apoyo exclusivo de los lectores. Sin atajos, sin dependencia alguna, ni combinación de modelos ni conflicto de intereses. Nuestra empresa, que no está endeudada, se esfuerza por ser fiel a los valores que defendemos en nuestros artículos. A diferencia del conjunto de nuestros competidores, sobre todo aquellos que más reciben de los sectores industriales privados, rechazamos las subvenciones estatales y las ayudas procedentes de los fondos Google. Ni dinero público, ni patrocinios privados. ¡Sólo nuestros lectores pueden comprarnos!

Nuestra ambición es instalar de forma duradera en el centro de nuestra vida pública una prensa nueva, totalmente independiente, totalmente digital, totalmente participativa. El dinero que va a llevarse el fisco estaba destinado a construirla y a consolidarla, a desarrollar sobre todo los contenidos de Mediapart, pero también, potencialmente, otros sites que forman un archipiélago en torno al diario inicial; afirmar la independencia de nuestra estructura, preparando la transición del capital –ahora en manos de los cuatro fundadores y de la Sociedad de amigos– hasta quedar en manos del equipo de trabajadores de Mediapart. Esta segunda fase de nuestra aventura, después de la de la conquista, debía materializarse de aquí a nuestro décimo aniversario, en 2018.

Tantos proyectos ahora comprometidos, ralentizados o postergados. Mediapart deberá recuperar su tesorería, su principal garante de independencia. Desde un punto de vista contable, es como si nos hubiesen hecho retroceder cuatro años. El objetivo de los promotores de esta liquidación fiscal, cuya cronología es política elocuente, era debilitar a Mediapart. Se inició exactamente un año después de saltar a la luz el caso Cahuzac. Recibió luz verde por parte de la misma administración de Bercy [la sede de los ministerios económicos] que había acompañado la mentira del exministro de Presupuestos a raíz de nuestras revelaciones sobre la cuenta suiza no declarada. Esa es la razón por la que Aurélie Filipetti, en aquel momento ministra de Cultura y de Comunicación en funciones, no dudó al hablar, en un correo dirigido al presidente de la República, de “controles fiscales inoportunos”.

En esta carta dirigida a François Hollande el 21 de enero de 2014, la ministra muestra su sorpresa por el contrasentido y el mal momento elegido para tomar medidas fiscales contra Mediapart. Tras afirmar que estos controles no se habrían producido si se hubiese escuchado su demanda de una afirmación más rápida y clara “del principio de neutralidad tecnológico en materia de prensa”, añade: “Además, habríamos sacado un beneficio político real de la armonización de las tasas, presenta al Gobierno como proactivo en lo que respecta al sector digital”. A día de hoy asistimos a la demostración exactamente inversa. Mientras la prensa se ve golpeada por una crisis económica y moral –de rentabilidad y de independencia-, el Gobierno sanciona duramente a uno de los pocos casos de éxito palpables existentes en el sector, una empresa de prensa que es rentable, que no ha dejado de crear empleos y que rechaza recurrir a las subvenciones.

La independencia tiene un precio, decíamos en los orígenes de Mediapart para convencer a nuestros lectores de la importancia de que nos respaldaran haciéndose socios. No hace falta decir que en estos momentos lo constatamos con una tremenda amargura. Desde el primer momento, hemos librado una batalla contra el fisco en el terreno de los principios, sin pedir –como no podía ser de otra manera– ningún favor, mientras dábamos la batalla por toda la prensa, digital o no. Convencidos de que merecía la pena, no negociamos nada ni cedimos en los diversos encuentros mantenidos con las autoridades fiscales, cuyos representantes parecían no tener margen de maniobra ninguno. Como si estos controles fiscales inoportunos y mal intencionados estuviesen fuera de su control. Después de habernos chocado contra ese muro, por supuestos vamos a seguir con el combate, ahora en el terreno jurídico, ante el tribunal administrativo, y a continuación, en caso de ser desestimado, ante el Consejo de Estado. 

Pero este proceso será largo, tanto como lo fue el proceso de control. Han sido casi dos años que han obstaculizado nuestro desarrollo. Este recurso judicial no es suspensivo, por lo que de manera inmediata es necesario hacer frente a la liquidación. No tenemos alternativa y, por fortuna, el contar con una tesorería saneada, fruto de la gestión llevada a cabo, nos permite hacer frente al pago. No obstante, a partir de ese momento, nuestro camino se hara más escarpado, nuestro futuro más incierto, nuestra independencia más frágil. Por eso nos dirigimos a nuestro público, lectores fieles, lectores ocasionales, ciudadanos cómplices. Constituyen nuestro único apoyo.

Pueden darnos su apoyo haciéndose socios de Mediapart, apadrinando a amigos para que se hagan socios. Y, sobre todo, pueden realizar donaciones a través de la plataforma “J'aime l'info”, financiación participativa que goza de una bonificación fiscal del 66%.

Gracias por su fidelidad y su solidaridad.

 


 

Este artículo se publicó en Mediapart el 5 de noviembre, y en Infolibre el día 6. 

Traducción: Mariola Moreno.

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Edwy Plenel

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