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Joaquín Estefanía / Periodista y economista

"Los problemas de déficit y deuda vienen del rescate al sistema financiero"

Mónica Andrade Madrid , 18/11/2015

<p>Joaquín Estefanía. </p>

Joaquín Estefanía. 

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A primera vista puede resultar chocante: Joaquín Estefanía (Madrid, 1951) reivindica en su último libro, Estos años bárbaros (Galaxia Gutenberg), el término austeridad, pero una austeridad “concebida para combatir el consumismo exagerado y el despilfarro”, ese virus que se extendió en Occidente en los años setenta. Desde entonces, algo se torció y a partir de la década de los 80, con Margaret Thatcher y Ronald Reagan a la cabeza, se inicia una senda que llega hasta hoy y que ha conducido a la Gran Recesión, a través de pasajes que constituyen, en palabras del científico social escocés Mark Blyth, la “mayor operación de engaño con señuelo de la historia moderna”.

Estefanía, escritor y exdirector de El País, se pregunta las razones por las que hemos terminado asumiendo como irrefutables unas ideas que han dado como resultado una sociedad más desigual, más pobre y menos democrática. Su mayor preocupación, explica, es “la calidad de la democracia y la capacidad de la sociedad para construir un sistema de ideas que nos permita aprender”, para que en el plazo de una generación no se cometan los mismos errores. Por eso, aunque el libro denota cierto pesimismo, Estefanía saluda esperanzado la aparición de los nuevos movimientos sociales europeos, que están obligando a los partidos tradicionales a revisar sus propuestas y sus compromisos con los ciudadanos.


En el libro dice que cuando salgamos de esta situación, ya nada será como antes; ¿en qué sentido?

Antes que nada: no podemos pensar que lo de antes era idílico. Cuando entramos en esta crisis, las sociedades de todo el mundo presentaban ya desequilibrios graves, aunque estuviésemos creciendo y mejorando, en general, la situación de la gente. Mejoraba en apariencia; pero nos hicieron una trampa tremenda: para no redistribuir, dejaron que la gente se endeudara. Como los tipos de interés eran muy bajos, pedías un crédito o una hipoteca y creías que vivías mejor. Sin embargo, la redistribución se estaba haciendo a la inversa: estaban creciendo las desigualdades. Ahora el deterioro es tal que ha cambiado el ADN de las sociedades, sobre todo las del Sur de Europa.

¿En qué consiste ese cambio?

Las sociedades se han hecho mucho más duales. Con más o menos dificultades, el 70% de la población va a salir adelante, pero hay un 30% que se ha quedado por el camino, que ha salido del sistema. Y eso ha ocurrido porque se han aprobado reformas laborales brutales que han hecho a la gente precaria y han convertido en pobres a los trabajadores. Eso es un cambio estructural que va a tardar mucho tiempo en darse la vuelta. El problema no ha sido la crisis, sino la gestión de la crisis.

A veces da la impresión de que había un plan establecido para alterar el modelo de sociedad.

No es exactamente un plan, pero hay distintos jalones que profundizan el problema. Thatcher y Reagan tenían en la cabeza un programa. Había que dar la vuelta a lo que había sucedido en Europa después de la II Guerra Mundial. El Estado de Bienestar era producto del miedo: existía el comunismo y había que hacer una especie de revolución pasiva dentro del capitalismo para que la gente no envidiase lo que pasaba al otro lado del sistema. Ese es el primer jalón, la revolución conservadora logra debilitar el paradigma keynesiano y la socialdemocracia; se producen muchas privatizaciones, pero todavía no consiguen hacer la redistribución a la inversa. El segundo es la caída del muro de Berlín, no solo porque se descubre que al otro lado no había un sistema progresista, sino porque se pierde el miedo al enemigo y se impone de forma natural que el mejor modelo es la economía social de mercado. Es entonces cuando los avances se detienen; se empieza a hablar de la privatización de las pensiones, de la educación y la sanidad… Pero tampoco consiguen el objetivo. El tercer jalón es la Gran Recesión, que llega por otro tipo de factores, y que se aprovecha para hacer ese cambio en el que, ahora sí, han tenido mucho más éxito.

“Me preocupa mucho más la calidad de la democracia que la calidad de la economía”

Pero el modelo hace agua: aumenta muchísimo la desigualdad...

Con las reformas laborales y fiscales, y la desregulación financiera, se establece un tipo de política que genera desigualdad. Lo que ocurre es que esta desigualdad estaba tapada por el crédito. Cuando éste desaparece, la desigualdad emerge en toda su extensión. Hay momentos de la historia en que la desigualdad se genera porque los ricos se van haciendo más ricos pero los pobres siguen en su clase social, pero se sienten protegidos por el Estado. Eso se puede tolerar. El problema de ahora es más lacerante porque los pobres se han hecho mucho más vulnerables, las clases medias se han empobrecido y todos sufrimos los recortes de derechos y servicios sociales.

Y además se instala una percepción negativa del futuro. Todos pensamos que nuestros hijos van a vivir peor que nosotros…

El discurso que ha calado es que las rentas del capital deben pagar menos que las rentas del trabajo, que hay que eliminar el impuesto de patrimonio, el impuesto de sucesiones… El sistema fiscal es tremendamente injusto. Los asalariados pagan mucho más que los que están fuera del IRPF. Esa es una de las trampas. Otra es que nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Falso. Todos los problemas que estamos viviendo de déficit y deuda tienen que ver con el rescate del sistema financiero… Hemos socializado la deuda, todo lo que era deuda privada se ha convertido en deuda pública. La deuda pública española está casi en el 100% del PIB, y en 2007 estaba en el 40%. ¿Qué pasa con el otro 60%, si todo el gasto social se ha recortado? La sanidad española se ha reducido estos cuatro años un 6%, una cifra brutal para un país cuya población envejece y tiene más necesidades sanitarias. Es una situación salvaje.

En el camino ha habido también una dejación de responsabilidades. Al final parece que no hay culpables…

Tenemos que hacer balance y establecer quiénes son los responsables, marcar unas prioridades. Primero, los grandes culpables son los golfos apandadores, los que robaron, abusaron y cometieron irregularidades. En segundo término están los políticos que se lo permitieron. No podemos alterar el orden de los factores. No podemos hacer culpables a los políticos de los ladrones. Luego están los reguladores. Y, en tercer lugar, tenemos que revisar las ideas que dieron pie a ese modelo. A mí es lo que más me preocupa, cómo hemos llegado a hacer nuestras, en estos 30 o 40 años, unas ideas que sostenían que estábamos seguros, que la desregulación era la mejor forma de vivir, que no se volvería a repetir lo que pasó en la Gran Depresión porque habíamos aprendido… Y, cuando ha llegado el momento, resulta que no hemos aprendido, que la autorregulación no funciona. Me preocupa mucho más la calidad de la democracia que la calidad de la economía, y cómo vamos a construir un nuevo sistema de ideas que nos permita aprender y que en el plazo de una generación estas cosas no vuelvan a pasar y no volvamos a cometer los mismos errores.

“Tenemos que hacer balance y establecer quiénes son los responsables, marcar unas prioridades. Primero, los grandes culpables son los golfos apandadores. En segundo término están los políticos que se lo permitieron. Luego están los reguladores”

No parece que las cosas en Europa estén cambiando demasiado.

El momento de Europa está determinado por el hecho de que cuando empieza la crisis casi el 100% de los gobiernos y de las instituciones está en manos de conservadores. Ahora hay excepciones, como Hollande y Renzi, pero la política que están haciendo es muy parecida. La posibilidad de cambio va a depender de si los partidos socialdemócratas son capaces de alejarse de las posiciones que han tenido hasta ahora.

¿La socialdemocracia ha caído en la trampa de los neoliberales?

No es una trampa, es que en un determinado momento giran hacia aquello que se denominó la tercera vía, que lideraban Tony Blair y Clinton y que hace que las dos grandes ideologías europeas parezcan los gemelos de Alicia en el país de las maravillas frente al espejo, la diferencia es de apenas un centímetro ideológico. Cuando eso sucede, la gente elige el original y no a la copia, que resulta barrida. Ahora, o reaccionan, o todos esos movimientos que están emergiendo por Europa les harán cambiar; y si no, perderán.

¿Hay esperanza de que se abra una vía de escape al pensamiento único?

Lo que ha pasado con los indignados, con el 15M, con Beppe Grillo, con Tsipras, todo esto es extraordinario porque han puesto una mecha en el culo a los partidos tradicionales y eso no tiene marcha atrás. Los van a vigilar. No sabemos qué recorrido van a tener pero son un factor muy positivo. Los grandes partidos se están dando cuenta de que si no hacen lo que están prometiendo, la gente, estos movimientos lo van a denunciar. Solo hay que ver lo que ha pasado con el anuncio del PSOE de la derogación de la reforma laboral. Dijeron: ‘la vamos a derogar’; más tarde: ‘solo esta parte’ , y la gente les ha pedido que lo aclaren , que no les vuelvan a engañar.

Steve Keen dice en La economía desenmascarada que el problema es que partimos de doctrinas y métricas equivocadas. La buena noticia es que empiezan a surgir voces discordantes...

Keen es una de esas nuevas voces. Es muy interesante lo que está pasando porque están emergiendo científicos sociales y medios de comunicación alternativos, que están contando lo que está ocurriendo y quebrando los silencios sociales. Hasta ahora ha habido dos tipos de comportamiento. Uno, hablar de cosas que son importantes pero no las más importantes; y otro, compartimentar la realidad, lo que al final te lleva a no tener una visión de conjunto, lo que algunos científicos sociales llaman la trampa del siglo.

¿Cuáles son los mayores silencios sociales?

Nos hicieron creer que podíamos vivir mejor con el endeudamiento que con la redistribución. Y que no es posible redistribuir entre el capital y el trabajo. ¿Por qué? Porque si lo haces las empresas se van, se deslocalizan, si les subes los impuestos se van a Irlanda… Entonces no se puede hacer. ¿Qué redistribución se hace? Pues entre asalariados. La gente considera que el que tiene un trabajo fijo es un privilegiado, el que tiene un trabajo a tiempo completo es un privilegiado, el que gana 2.000 euros respecto al que gana 1.000 es un privilegiado. Pero mientras eso ocurre, ¿dónde están los verdaderos privilegiados? Viviendo en su gueto.

“El 70% de la población va a salir adelante, pero hay un 30% que se ha quedado por el camino, que ha salido del sistema”

La lucha de clases entre pobres y más pobres.

Hay que volver a hablar del derecho al trabajo, de la negociación colectiva, de la socialización de los salarios. Eso es lo que estamos perdiendo por la parte de atrás y de lo que no se habla, porque es lo más importante de las reformas laborales que se han hecho. No es importante porque el despido sea más barato o más caro. Es porque el despido ya ni siquiera hace falta. Las empresas están llenas de falsos autónomos, de becarios permanentes… Cada uno de ellos tiene una condición diferente al de al lado. ¿Qué negociación colectiva vas a hacer en esa circunstancia? ¿Cómo van a existir los sindicatos?

Hablemos del euro. En el libro recoge una frase de Otmar Issing, antiguo economista jefe del BCE y miembro del Bundesbank, que dijo en 1999 que la “Europa social solo podría poner en peligro la moneda única”.

Claro, es que todos los problemas coyunturales que tenemos ahora, incluido el de los refugiados, han puesto en segundo término el problema en el que estábamos inmersos antes de esta crisis: y es saber si se pueden hacer políticas progresistas dentro del euro. Este es el gran problema al que hay que dar solución.

¿Y usted qué opina?

Yo creo que sí, si se completa la estructura del euro. Con esta que tenemos en este momento, no. Si hay una unión fiscal, bancaria, económica y monetaria se podrán hacer ciertas cosas. Si nos mantenemos como estamos ahora no se podrá hacer. En realidad eso es lo que dice Issing, que con lo que hay en ese momento no se puede.

Pero las encuestas dicen que el apoyo a la idea de Europa va cayendo…

Ayer (11 de noviembre) el comisario europeo de Inmigración dijo que el ideal europeo ha desaparecido. Eso es terrible; esa ha sido la única utopía factible, al menos de mi generación.

Avanzar requiere ceder soberanía, pero hay países que no están dispuestos a ceder ni un milímetro.

En estos momentos tenemos tres vectores: la globalización, la soberanía nacional y la democracia. Y tenemos que hacer compatibles las tres; pero nos estamos dando cuenta de que no son compatibles, solo son compatibles dos a dos, pero no las tres a la vez.

Acabemos con su elogio de la austeridad.

En los años 70 ser austero era un factor progresista. No se hablaba de cambio climático pero se hablaba de límites del crecimiento. Se decía este planeta no puede sobrevivir si sigue consumiendo de esta manera. Todavía no habían entrado en juego ni China ni India. La austeridad era un síntoma de progresismo. Berlinguer escribe un libro sobre austeridad y lo dirige fundamentalmente a los obreros y les dice: está muy bien que queráis ser clase media pero para eso no hace falta tener tres coches en una familia. La pregunta es cómo nos han arrebatado ese discurso de la austeridad progresista y lo han sustituido por el discurso de la austeridad obligatoria, mal repartida, del austericidio. Hemos recortado en gasto social, no en consumo. Eso es una trampa ideológica. Nos han utilizado como cobayas y eso se ve sobre todo en Grecia. Lo que ha pasado en ese país es como si hubiera habido una guerra. Un país que en 5 años pierde el 25% de su riqueza, eso no hay quien lo aguante…

Autor >

Mónica Andrade

Periodista. Nacida en Madrid y criada en Pamplona. Huye de los focos, prefiere el 'backstage'.

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