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Ángel Viñas / Historiador, autor de ‘La otra cara del Caudillo’

“Hitler tenía cuentas en Suiza. Franco, en Lisboa”

Óscar Sainz de la Maza Ainhoa Campos 2/12/2015

<p>El historiador Ángel Viñas.</p>

El historiador Ángel Viñas.

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Una mano se alza entre el mar de cogotes variopintos y butacas azuladas de la sala de conferencias. Cuando se le da la palabra, el hombre lanza su pregunta: “Siempre se ha presentado a Franco como hombre austero que no se preocupaba del dinero. Casi todos los dictadores tienen fortunas en el extranjero, pero de la de Franco nunca se hablado”. Ángel Viñas (Madrid, 1941) la responde desde el estrado. Ademán calmado, modales de un dandi de otros tiempos —luce pajarita desde el año 1961— y una sintaxis cristalina, precisa e imbatible. El profesor por antonomasia:

“Muchos papeles sobre esto han desaparecido. Desde luego, la austeridad de Franco no está reñida con hacerse con un buen paquete, por lo que pudiera pasar en la Guerra Civil y luego en la II Guerra Mundial. Hitler tenía cuentas en Suiza; Franco —por lo que he podido encontrar— tenía una en Lisboa, en el Banco Espírito Santo, lugar más a mano en caso de huida... Pero eso ya se contará en el próximo libro.

Viñas ha sido testigo privilegiado de la Historia, y ha ayudado en muchas ocasiones a explicarla. Vio con sus propios ojos cómo se erigía el inquietante Muro de Berlín mientras se formaba en la Universidad Libre de esa misma ciudad; un largo proceso de aprendizaje que le llevó a pasar por varias universidades y a desempeñar cargos académicos en no pocas de ellas. Su gran ventaja sobre otros historiadores: sus vastos conocimientos de economía, ciencia poco explorada por el gremio, y que siempre aporta una perspectiva crucial; la del dinero, el comercio y las relaciones internacionales.

También en España le tocó presenciar grandes cambios. De una dictadura a una democracia. Su primer libro versó sobre el “oro de Moscú” pero, no siendo del gusto del Régimen, fue secuestrado hasta que un año después, en 1976, los cambios políticos permitieron su publicación. A partir de entonces, su extensa preparación técnica le llevaría a ser no sólo historiador, sino también emisario diplomático de la España recién nacida: en el Ministerio de Comercio, en el FMI, en la Embajada española en Alemania Oriental, como embajador de la UE ante Naciones Unidas y como director general de no pocos asuntos para la Comisión Europea.

La represión es el capítulo más vibrante de la historiografía española actual, pero se han dejado de lado otros temas. Falta una buena historia militar de la Guerra Civil, o de la guerra aérea

El franquismo sería siempre su tema estrella, estudiándolo al detalle y sin tregua, ya desde su tesis —que versaba sobre la participación alemana y los pactos con el III Reich en la Guerra Civil española— hasta sus últimas obras y las publicaciones en su blog, donde escribe (y de manera muy activa) para contrarrestar los bulos y mitificaciones de aquellos que aún suspiran con nostalgia por el viejo dictador. Precisamente, su libro más reciente, La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco (Crítica, 2015) revela las discretas corruptelas del general Franco, que habían logrado pasar desapercibidas hasta la fecha. Le entrevistamos a cuenta de este tema tan solo media hora antes de una conferencia —sufre de una apretada agenda—, pero nos atiende con maneras exquisitas. 

Hace tiempo que se han multiplicado las investigaciones sobre la Guerra Civil de la mano de especialistas como usted. Sin embargo, ha declarado que todavía queda mucho por investigar. ¿Qué temas no han sido explorados aún?

Dado que la investigación pasa por abrir y dejar que se exploren los archivos, no puedo saber qué encierran aquellos archivos todavía inexplorados, o incluso los que no han sido abiertos. Creo, sin embargo, que en los últimos años se ha desequilibrado la balanza a favor de ciertos temas --muy importantes, desde luego-- como la represión. Es el capítulo más vibrante de la historiografía española actual, pero como tantos historiadores se han volcado en ella, se han dejado de lado otros temas. Falta, por ejemplo, una buena historia militar de la Guerra Civil, o de la guerra aérea...

 ¿Y más allá del aspecto militar? 

Hay tantos aspectos de la guerra civil... El económico está bastante bien estudiado, pero el institucional, mucho menos. No hace mucho que, en un número que coordiné de una revista de la Universidad de Salamanca, los expertos señalaron las numerosas lagunas que aún existen. No todo se ha escrito sobre la Guerra Civil y, si hablamos del franquismo, la cosa se oscurece aún más. 

Es común, en según qué círculos, repetir que ya se ha escrito mucho sobre la guerra…

Sí, se ha escrito. Pero con criterios modernos, con un adecuado contraste de documentos y con el estudio de los archivos españoles, que todavía están bastante inexplorados... así se ha escrito menos, claro. 

Durante mucho tiempo ha prevalecido —no solo entre gente de derechas— la imagen de Franco como el Caudillo que no se “pringaba”, ni en política, ni en corruptelas: duro, pero honrado. ¿Se puede mantener esta idea tras las últimas investigaciones? 

No, yo creo que no. Franco, de entrada se pringó, como usted dice; hizo una fortuna por medios relativamente inconfesables.

 ¿Qué medios inconfesables? 

Bueno, Franco utilizó cantidades salidas de las numerosas suscripciones a la causa nacional para revertir fondos de las mismas en sus cuentas personales. Luego, participó en la Operación Café, que he analizado con detenimiento; simplemente porque los documentos existentes lo permiten. El dictador Getulio Vargas regala 600.000 kilos de café al Estado o al pueblo español, no a Franco (porque es imposible que ese café vaya a una sola persona). Así que el hecho de que Franco lo desvíe a través de la CAT —la Comisaría de Abastecimiento y Transportes— y que su contravalor se ingrese en sus cuentas personales, a mí me parece chocante. Se ha argumentado que lo regaló, que hizo obras de caridad con ello... A lo mejor sí las hizo, pero la contabilidad de esas obras de caridad todavía no se ha realizado y lo que he visto yo era más bien diminuto. Gran parte de ese dinero, de hecho, fue a adquirir la finca Valdefuentes.

 ¿Y qué monto total de dinero pudo haberse embolsado Franco a lo largo de la dictadura?

A lo largo de la dictadura es absolutamente incuantificable. No tengo ni la más remota idea aunque hay gente que lo ha intentado. Lo que yo he cuantificado o, mejor dicho, lo que se ha cuantificado (porque ya lo hizo Javier Otero, un periodista de la revista Tiempo) son unos 34,3 millones de pesetas a fecha del 31 de agosto de 1940. 

¿Y eso a qué equivaldría a día de hoy? 

Lo he calculado con arreglo a los índices del profesor José Ángel Sánchez Asiaín, que compara los PIB respectivos para evitar distorsiones en la medida de lo posible, y la capacidad de gasto equivalente, es decir, el esfuerzo que costaba antes y cuesta ahora adquirir un euro de renta. Aplicando este criterio -.que se puede discutir, pero que a mí me parece el mejor de entre los disponibles-- estamos hablando de 388 millones de euros. En tres años y medio. Que no está mal, vamos. El sueldo del general Franco durante la guerra no lo conocemos, pero sí se sabe que su sueldo como capitán general en 1940 era de 50.000 pesetas anuales. Pongamos que se doblara por el hecho de ser jefe del Estado: eso serían 100.000 pesetas al año, que en cuatro años se convertirían en 400.000 en el supuesto de que todo lo demás, como la manutención, hubiera sido financiado por el Estado. Estamos hablando de 400.000 pesetas, no de 34 millones. Y esa es una contradicción irresoluble. 

Pues la figura del dictador todavía tiene sus devotos acérrimos. 

Por supuesto. 

Como, por ejemplo, el académico de la Historia Luis Suárez: medievalista, procurador en las Cortes durante la dictadura, presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos y autor de la biografía de Franco en el Diccionario Biográfico Español. Dice que Franco no era dictador porque dictador significa asumir el poder de manera temporal, pero que el Gobierno republicano de Negrín [1937-1939] fue “prácticamente dictatorial”. 

Eso es una estupidez como un pino. Así de simple. 

Una dictadura tendrá sus características. ¿Podemos definirlas y ver si Franco o Negrín coinciden con la descripción? 

Todos los regímenes en guerra están sometidos a tensiones que no son propias del tiempo de paz. Hay excepciones, claro, como el Reino Unido durante las dos guerras mundiales o Estados Unidos en la Guerra de Secesión, que mantienen en gran medida las características de un régimen parlamentario; eso sí, constriñendo sus límites. Pero hay muchos otros ejemplos en los que una guerra mundial o una guerra civil imponen un régimen de disciplina militar, a nivel de política o sociedad. En el caso de España, que carecía de tradición parlamentaria salvo por los cinco años del periodo de paz republicano, no se pueden pedir peras al olmo. Sin embargo, Negrín nunca presidió un régimen dictatorial por la simple razón de que en la República en guerra se mantuvo la separación de poderes entre el legislativo, el ejecutivo y el judicial. El caso del régimen de Franco es el de una dictadura pura y dura: no existe la separación de poderes, no hay libertad de prensa,  derechos civiles o respeto a los derechos humanos, y tampoco hay una Constitución porque las leyes fundamentales del Estado franquista no pueden calificarse así. Sé que los franquistas y el propio Franco sí lo hacían. ¿Cómo no iban a hacerlo? Franco llegaba a afirmar que él no era un dictador... Hay que determinar los regímenes con arreglo a ciertas características. En el de Franco, como he puesto de manifiesto en mis investigaciones, la unidad de mando, transferida al general Franco por la Junta de Defensa Nacional, se extiende a todas las esferas de la actividad pública: los sublevados le nombraron jefe del Estado español, presidente del Gobierno, generalísimo de los ejércitos en operaciones, a lo que se unía el cargo de presidente de la junta política del único partido político autorizado. Esto le hizo concentrar poderes como francamente no había ocurrido antes en la historia de España. Esta cesión de facultades omnímodas se convierte en un rasgo permanente de la dictadura. No estoy contando nada desconocido; basta con leer la Ley Orgánica del Estado de 1966, la última ley orgánica de Franco en vida, en la que todo lo expuesto en el texto queda supeditado a que no entre en conflicto con los poderes del jefe del Estado. Y pare usted de contar. Ellos mismos nos dejaron claro que nos encontramos ante una dictadura. 

España no ha sido capaz de poner en marcha una normativa de archivos decente y revisar la viejísima ley de secretos oficiales de 1978. En su momento avanzó mucho, pero en los últimos cuatro años nos hemos quedado en la cola

Cambiando de tema, ¿el Ministerio de Asuntos Exteriores mantiene clasificada como secreta casi toda su documentación? 

No, eso no es cierto. Yo también lo creía pero he de confesar que lo que hizo el Ministerio de Asuntos Exteriores, de la manera más oscura posible, fue transferir una parte de sus documentos al Archivo Histórico Nacional y la otra al Archivo General de la Administración, donde se pueden consultar. 

¿Se pueden consultar? 

Sí, se pueden consultar. El problema es que el Archivo General de la Administración recibió --no lo recuerdo bien-. unas 35.000 cajas, y no tiene personal suficiente ni ha recibido refuerzos adicionales. Así que se han encontrado con una masa de papel que no saben qué hacer con ella. El Ministerio de Asuntos Exteriores les ha pasado sus instrumentos de identificación, pero sólo los conocía bien su propio personal cualificado. 

Otro de nuestros datos es que el Ministerio de Defensa canceló en 2012 la desclasificación de hasta 10.000 documentos ¿Eso sí es cierto? 

Absolutamente cierto. Y es una auténtica vergüenza. Yo me he cansado de denunciarlo, pero al ministro de Defensa le importa un pito (y a mí otro el seguir denunciándolo). Las argumentaciones que ha dado el señor ministro son de risa. Por ejemplo, ha dicho que las Fuerzas Armadas tienen otras cosas que hacer. Pues hombre, me alegro mucho; como español me sentiría terriblemente preocupado si el papel de las Fuerzas Armadas fuera el de desclasificar papeles. Pero además, es que estos papeles ya están identificados. Su segunda justificación ha sido que la desclasificación podría crearnos problemas con otros países. Evidentemente, podría crearnos problemas enormes... con el III Reich, la Francia de Vichy o la Italia de Mussolini. 

¿Usted, que ha trabajado en archivos internacionales, se ha encontrado alguna vez con algo así? 

La respuesta es... no. En los archivos internacionales en los que he trabajado hay unas reglas más o menos precisas para desclasificar la documentación. Aquí, ese calendario de desclasificación está todavía por ver. Además, el Reino de España todavía no ha sido capaz de poner en marcha una normativa de archivos decente y no ha sido capaz de revisar la viejísima ley de secretos oficiales de 1978, que a su vez es una modificación de la de 1968, redactada bajo la dictadura franquista. Aparte, todavía hay grandes parcelas de la actividad pública, como seguridad, defensa o relaciones exteriores, que siguen cerradas. Somos un caso que en su momento avanzó mucho respecto a otros países, pero en los últimos cuatro años nos hemos quedado en la cola. Somos el farolillo de cola de la Unión Europea. Los historiadores no hemos parado de denunciar esta situación, pero el Gobierno no sabe, no contesta. Sobre todo, no contesta.

Una mano se alza entre el mar de cogotes variopintos y butacas azuladas de la sala de conferencias. Cuando se le da la palabra, el hombre lanza su pregunta: “Siempre se ha presentado a Franco como hombre austero que no se preocupaba del dinero. Casi todos los dictadores tienen fortunas en el extranjero, pero de...

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Autor >

Óscar Sainz de la Maza

Autor >

Ainhoa Campos

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1 comentario(s)

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  1. Jorge

    Genial artículo

    Hace 5 años 11 meses

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