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Star Wars y la muerte del cine americano

George Lucas es junto con Steven Spielberg un niño de la reacción a la contracultura americana de los años sesenta y principios de los setenta

John Wight (Sin Permiso) 6/01/2016

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Star Wars - La Guerra de las Galaxias es una historia sencilla, contada simplemente, del bien contra el mal, la luz contra la oscuridad, y la libertad contra la tiranía. En otras palabras, es la historia de la lucha de EE.UU. por preservar la democracia y la civilización en un mundo acosado por el mal y los 'malhechores'.

El cine y la propaganda política han ido siempre de la mano. De hecho, si alguna vez un medio se adaptó a la propaganda ese fue el cine. Y si alguna vez se pudo atribuir a una industria la creación de una realidad alternativa tan penetrante que logra convencer a generaciones de estadounidenses y de otros países en todo el mundo de que arriba es abajo, el negro es blanco, y la izquierda es la derecha, esa es la industria de Hollywood.

George Lucas, el creador de la franquicia de Star Wars que, incluyendo esta última entrega, ha rodado ya siete películas desde que la inicial apareciera en 1977, es junto con Steven Spielberg un niño de la reacción a la contracultura americana de los años sesenta y principios de los setenta.

Aunque ambos son producto de los años sesenta --una década en la que la cultura y las artes, sobre todo el cine, estaban a la vanguardia de la resistencia al complejo militar industrial de Estados Unidos-- Lucas y Spielberg alcanzaron la fama a mediados de la década de 1970 con películas que, en lugar de atacar o cuestionar a la oligarquía dominante del sistema, saludaban su papel como protectora e intérprete de la moral de la nación. El telón comenzó a caer sobre el período más vital, emocionante y cerebral del cine americano como medio cultural- responsable de la producción de clásicos como Bonnie y Clyde, MASH, El último deber, French Connection, Grupo Salvaje, Taxi Driver, Apocalypse Now - con Tiburón de Spielberg en 1975, seguido en 1977 por Star Wars de Lucas. El primero asustó a EE.UU, mientras que el segundo la hizo de nuevo reconciliarse consigo misma.

Lucas y Spielberg alcanzaron la fama a mediados de la década de 1970 con películas que, en lugar de atacar o cuestionar a la oligarquía dominante del sistema, saludaban su papel como protectora e intérprete de la moral

Ambas películas engendraron el concepto de “taquillazo”, en el que se invita al público a sentir más que a pensar, lo que les permite poner en suspenso su incredulidad y escapar de la realidad, en lugar de compartir la experiencia de enfrentarse a ella a través de historias en las que personajes alienados expresan la angustia, la frustración, la ira, y el malestar que los espectadores experimentan en sus propias vidas, induciendo así un sentido de solidaridad.

Era la época del antihéroe, personajes principales para los que el sistema y el conformismo eran el enemigo, y que araban su propio surco sin importar las consecuencias. El cuestionamiento de la autoridad y sus verdades recibidas reflejaba un país cuyos jóvenes y no tan jóvenes estaban hambrientos de un cambio radical. La guerra en Vietnam, Watergate, los derechos civiles de los negros y los movimientos nacionalistas había sacudido la sociedad estadounidense y, con ella, su cultura y sus referencias culturales.

Pero a mediados de los años setenta, con el fin de la guerra de Vietnam, y con la contracultura perdiendo fuerza, llegó el momento de volver a meter en el arcón de los recuerdos toda esa alienación, ira y rebeldía y permitir que la mitología del sueño americano y la democracia volvieran a reafirmar su dominio.

En su historia sin igual de este período vital del cine estadounidense –Easy Riders, Raging Bulls– el escritor y crítico cultural Peter Biskind escribe:

"Más allá de su impacto en la comercialización y merchandising del cine, Star Wars tuvo un efecto profundo en la cultura. Se benefició de la reacción a los años de la presidencia de Carter, la vuelta al centro que siguió al final de la guerra de Vietnam".

Esta vuelta al centro se convirtió en una marcha hacia la derecha bajo Reagan, que se manifestó en Hollywood como un estancamiento artístico y cultural, en el que directores como Spielberg y Lucas se preocuparon menos por el guión y los personajes y se concentraron en el espectáculo. Más grande, más sonido y más rico fue el mantra que acabó haciendo que se impusieran personajes bidimensionales y tramas que un niño de diez años, con una caja de lápices de colores y un poco de imaginación, podían crear.

A mediados de los años setenta, con la contracultura perdiendo fuerza, llegó el momento de volver a meter en el arcón de los recuerdos toda esa alienación, ira y rebeldía

Biskind escribe:

"Lucas sabía que los géneros y las convenciones cinematográficas dependen del consenso, de la red de prejuicios compartidos que se había roto en los años 60. Quería recrear y reafirmar esos valores, y Star Wars, con su fundamentalismo moral maniqueo, sus uniformes blancos y negros, restauró el brillo de unos valores tan oxidados como el heroísmo y el individualismo".

En esta última entrega de Star Wars, dirigida por JJ Abrams, Lucas se conforma con aparecer en los créditos, después de vender la franquicia a Disney en 2012 por 4.050 millones de dólares. Sí, leyó bien: 4.050 millones de dólares. Con ese dinero se pueden comprar un montón de espadas laser.

Disney y Abrams han vuelto atrás en el tiempo para actualizar la franquicia, devolverla a sus raíces con el regreso de Han Solo (Harrison Ford), la Princesa Leia (Carrie Fisher), Luke Skywalker (Mark Hamill), y los viejos iconos favoritos Chewbacca y R2D2. Para los fanáticos de Star Wars, regresa incluso la inigualable nave espacial de Han Solo, el Halcón Milenario. El malo de la película, su Darth Vader, es un tal Kylo Ren, interpretado por Vladimir Putin ... lo siento, Adam Driver. Con este personaje se plantea el único elemento interesante de la trama. Pero una vez dicho esto, estamos hablando de "interesante" en comparación con el resto de la trama. No estamos hablando precisamente de Roman Polanski y Chinatown.

Hay también papeles importantes en la película para dos actores británicos relativamente desconocidos: Rey, a través de cuyos ojos se desarrolla la historia, es interpretado por Daisy Ridley, mientras que Finn es interpretado por John Boyega.

A pesar de toda la publicidad que ha rodeado su lanzamiento, y los comentarios favorables que ha cosechado, la última entrega de la larga marcha y extraordinariamente exitosa franquicia de Star Wars --Star Wars: el despertar de la fuerza-- es una serie de clichés tan manidos y pretenciosos que da un poco de vergüenza ajena.

Tal vez el aspecto más llamativo de la película no es la batalla del bien contra el mal que relata, sino el hecho de que Harrison Ford ha cobrado 76 veces más que la recién llegada Daisy Ridley por aparecer en el reparto. El paquete financiero del veterano actor de 73 años incluye un pago por adelantado de 20 millones de dólares más el 0,5 por ciento de los ingresos brutos de la película, que se estima que tendrá una taquilla de la friolera de 1.900 millones de dólares.

Es la prueba de que la historia de Estados Unidos no es la del bien contra el mal o la luz contra la oscuridad. En realidad, es la historia de los súper ricos contra todos los demás.

Traducción: Enrique García

Este artículo se publicó el 31 de diciembre en Sin Permiso. Procede de Conuterpunch

Autor >

John Wight (Sin Permiso)

Es autor del libro Dreams that die, libro de memorias de Hollywood políticamente incorrecto e irreverente, publicado por Zero Books.

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10 comentario(s)

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  1. Jesus

    "Monoforma": Es la forma interna de lenguaje (montaje, estructura narrativa, etc.) utilizada por el cine y la televisión comerciales para representar sus mensajes. Es el bombardeo denso y rápido de imágenes y sonidos, la estructura modular en apariencia “fluida” aunque fragmentada, que tan bien conocemos todos… Técnicas de montaje rápido, acción paralela, alternancia entre planos lejanos y cercanos, etc. En nuestro tiempo incluye una intensa superposición de elementos musicales, efectos sonoros y de voz, cortes bruscos para provocar gran impacto, música melodramática que satura las escenas, modelos rítmicos de diálogos y cámaras que se mueven sin cesar… Son repetitivas, predecibles, y cerradas con respecto a su relación con el público… Todas se sirven del tiempo y del espacio de un modo rígido y controlado: de acuerdo con las directrices de los medios, y sin conexión alguna con las amplias e ilimitadas posibilidades de los espectadores. La Monoforma en todas sus variedades esta basada en la convicción de que el público es inmaduro, que necesitas formas previsibles de representación para “engancharlo” es decir, manipularlo. Por eso mucho profesionales se sienten cómodos con la Monoforma: su velocidad, su montaje impactante y la escasez de tiempo/espacio garantizan que los espectadores no pueden reflexionar acerca de lo que esta sucediendo de verdad.” Peter Watkins, "La crisis de los medios" http://www.pepitas.net/libro/la-crisis-de-los-medios

    Hace 3 años 10 meses

  2. Jesus

    "En el fondo, imagino a Hollywood como un señor mayor, sentado en su silla mecedora en el portal de su casa de madera de nogal y una pipa, repasando los años de su vida y aceptando, con exquisita satisfacción, que las cosas, pese a todo, han salido bastante bien. El Señor Hollywood, entre muchas de sus viejas luchas, ha logrado que la gente crea, por ejemplo, que los malos son malos porque nacieron malos y que la Libertad (esa señora en faldas largas que posa en el río Hudson) posee un alcance moral por el cual vale la pena morir". Nicolás Agustín Mattera, 'Égalité' (revista El Estado Mental, 16 de noviembre 2015).

    Hace 3 años 10 meses

  3. Arely

    Leí tu texto y me provocó relacionar a Trump con el emperador de Star Wars, vamos a ver cómo se desarrolla nuestra vida real. En cuánto a la película pienso que, también , le falta que la historia tome fuerza pero esta nueva etapa parece prometedora, por lo menos en la ficción algo bueno sucede. Por cierto, van a pasar por HBO el episodio 7 les comparto los días y horarios (http://hbomax.tv/movie/TTL607247 ) las películas de Star Wars son tan buenas que nunca nos cansamos de verlas una y otra vez. Que tengan buen día y que la fuerza los acompañe!

    Hace 4 años 6 meses

  4. Arely

    Leí tu texto y me provocó relacionar a Trump con el emperador de Star Wars, vamos a ver cómo se desarrolla nuestra vida real. En cuánto a la película pienso que, también , le falta que la historia tome fuerza pero esta nueva etapa parece prometedora, por lo menos en la ficción algo bueno sucede. Por cierto, van a pasar por HBO el episodio 7 les comparto los días y horarios (http://hbomax.tv/movie/TTL607247 ) las películas de Star Wars son tan buenas que nunca nos cansamos de verlas una y otra vez. Que tengan buen día y que la fuerza los acompañe!

    Hace 4 años 6 meses

  5. chema Díaz

    Desde que el complejo militar industrial del Imperio entendió que Hollywood era la máquina mas potente de ideologización de las masas (Esto empezó con el macarthismo) su constante fué domnarla con el terror primero y con el capital después.Con la lucha ,por supuesto ,del movimiento por las libertades. Hoy, salvo contadas excepciones, Hollywood es una maquina de ideologizar.Y como vemos (leemos) por aquí ,con gran éxito.

    Hace 5 años 3 meses

  6. Arnau

    Considero que Episodio VII es un producto pésimo si se tienen en consideración los límites que puede aportar la fantasía de entretenimiento con o sin mensaje de la continuación del Retrono del jedi cuya pobreza no era fácil de conseguir si le hubieran dedicado un mínimo de esfuerzo y que sentará un precedente ya irreparable para la continuación de la saga. Por lo que finalmente ha sido un despropósito mayor que la primera trilogía: http://drarnau.blogspot.com.es/2016/01/star-wars-episode-vii-force-awakens-lo.html

    Hace 5 años 3 meses

  7. A-nonimo

    Star Wars trata del tema de la lucha interna con uno mismo. No tiene nada que ver con las neuras que se inventa ese tal John Wight.

    Hace 5 años 4 meses

  8. Maya R.

    Es que si basas la publicidad de Star Wars en que la protagoniza una tal Daisy no va a ver la nueva peli ni el tato. En cambio si pones a Harrison Ford, el héroe de varias generaciones en todo el planeta, la cosa cambia. Es normal que se lleve un poco más de pasta, ¿no?

    Hace 5 años 4 meses

  9. amoreno

    Muchas gracias D! Corregimos

    Hace 5 años 4 meses

  10. D

    Daisy es una mujer. Es la recien llegada, no el. :)

    Hace 5 años 4 meses

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