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Kosovo, el conflicto sin resolver

La oposición nacionalista albanesa impide la investidura presidencial de Hashim Thaçi como protesta ante la propuesta de creación de una federación de municipios de mayoría serbia

Hibai Arbide Aza Mitrovica (Kosovo) , 24/02/2016

<p>Manifestante albano-kosovar celebra el 8º aniversario de la independencia en Pristina.</p>

Manifestante albano-kosovar celebra el 8º aniversario de la independencia en Pristina.

Ángel Ballesteros, Bocho

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“¿Vas a entrevistar también a albaneses? Entonces no hablo contigo” suelta directo, con una media sonrisa que no tienen nada de amigable. Pero sigue hablando. “No tenemos ningún miedo. Cada serbio vale por veinticinco albaneses. Que vengan si se atreven”. La bravuconada es respaldada con asentimientos de sus amigos. “Hemos nacido aquí y aquí vamos a morir. Esto es Serbia y si hace falta otra guerra para que lo siga siendo, haremos otra guerra como nuestros padres”. Son  tres chicos y una chica que lleva un bebé en un carrito. El que habla, que no da su nombre, lleva gafas de sol Carrera Speedway, un diente partido, pelo rapado, chándal. Su amigo, una sudadera Londsdale, pelo rapado también. Están en la terraza de un bar repleto de pegatinas y fotos de hooligans. “Nosotros no te vamos a dar la entrevista, pero seguro que encuentras a gente como nosotros, patriotas serbios, en esta calle. Todo el mundo está en esta calle, paseando o en una terraza. Aquí no hay nada que hacer, simplemente estamos en esta calle”.

Lo cierto es que en Mbreti Petri I no resulta fácil entrevistar a nadie. Es la avenida principal de Mitrovica Norte, el mayor municipio de los diez en los que reside la minoría serbia de Kosovo. Miran con recelo a las cámaras, niegan con la cabeza antes incluso de que se les pregunte si quieren ser entrevistados. Hay banderas serbias por todas partes y murales que recuerdan la manera en la que en Irlanda del Norte se marca el territorio de cada facción. Ninguno de los más de treinta jóvenes que pasa se detiene a hablar.  “En esta calle va a ser imposible”, observa Bocho, el fotógrafo, “todo el mundo se siente observado. Aquí tienen que representar el papel de tío duro. Vamos a probar un poco más lejos”.

En Mitrovica vivían albaneses, serbios, bosniacos y romaníes. Desde el fin de la guerra en 1999, se encuentra dividida entre la parte albanesa en el sur y la parte serbia del norte.

Los serbios de Kosovo residen en 10 municipios repartidos en tres comarcas. La única ciudad grande entre ellos es Mitrovica Norte; el resto son pequeños enclaves y algunos monasterios en los que viven monjes ortodoxos, todos ellos rodeados por fuerzas internacionales. A diferencia de Bosnia, en donde la población serbia es el 36 por ciento, en Kosovo se estima que los serbios son entre un 5 y un 7 por ciento.

Gani Haziri es uno de los pocos albaneses que sigue residiendo en Mitrovica Norte. "En mi bloque vivimos veintiocho familias. La mía es la única albanesa; antes de la guerra éramos diecisiete. Para que haya paz verdadera, mis vecinos tienen que poder volver a sus casas".

A pocos metros, en la misma plaza, hay otro anciano. Aparenta la misma edad que Gani. Escucha lo que dice éste pero no entiende albanés. Radovan es serbio y no habla una palabra de la lengua de sus vecinos. Se siente extranjero en Kosovo, su tierra. “En la parte norte hay serbios, bosniacos y albaneses como él”, dice señalando a Gani. “En la parte sur, por el contrario, sólo viven albaneses. Expulsaron a todos los demás. Ellos no respetan nada. Por ejemplo, las tumbas albanesas de nuestro lado están en buen estado, pero si vas a ver las tumbas serbias del sur verás que están todas destruidas"

El norte es un municipio separado de Mitrovica Sur desde 2013. El puente que las separa está bloqueado con enormes bloques de cemento. En el norte sólo los coches viejos llevan matrícula serbia. Los coches nuevos van sin placas para no llevar la bandera kosovar. En la parte sur, la parte albanesa, el acceso al puente está custodiado permanentemente por una tanqueta y un jeep de los Carabinieri, que forman parte de la KFOR, la misión de la OTAN en Kosovo. Junto a los Carabinieri han abierto un restaurante italiano.

Fuerzas internacionales apostadas junto al puente de Mitrovica.

Fuerzas internacionales apostadas junto al puente de Mitrovica.

“En el sur no vas a encontrar discursos tan encendidos”, dice Jeton, periodista albano-kosovar. “Pero no es que no odien a los serbios, es que la clase política albanesa, para contentar a la UE y EEUU, ahora ha impuesto un discurso suave, integrador. Ahora lo cool es el discurso multicultural”.

Alex Ivanovič es un joven serbio de veinticinco años. Defiende  que el principal problema de Mitrovica no es étnico, sino económico. "Aquí, si los jóvenes tienen 300 euros piensan menos en el nacionalismo. Si tienen un sueldo de 500, piensan en deportes o, por ejemplo, en la moda. Si tuvieran 1.000 se olvidarían de todo y pensarían en vacaciones o la salud". Jasmin Radončič dice algo parecido. Está en el paro como todos sus hermanos. Es serbio, pero le preocupa menos eso que encontrar un empleo. “Esto no se va a acabar. No se va a resolver nunca. Es como lo de Cataluña. ¿España va a aceptar su independencia? No. ¿Se va a acabar el independentismo? Tampoco. Aquí igual. Esto no tiene solución”.

Kosovo es el país con la media de edad más joven de Europa: 30 años. El desempleo juvenil alcanza, según cifras oficiales, el 61 por ciento. No hay datos de Mitrovica norte, pues los serbios se niegan a formar parte del censo de la república de Kosovo y no facilitan ningún dato para las estadísticas oficiales. Pero es evidente que los municipios serbios son más pobres. A diferencia de los albaneses, no reciben ningún tipo de ayuda internacional.

Las ayudas internacionales en Kosovo darían para un extenso reportaje. Por un lado, están la OTAN, la misión de la UE en Kosovo (Eulex), las ONG financiadas por la Embajada de Estados Unidos y las agencias de la ONU (ACNUR y UNICEF). Por otro lado, las ONG de Arabia Saudí, Catar, Emiratos Árabes y Kuwait, que llegaron a reconstruir el país después de la guerra. Han edificado decenas de mezquitas nuevas y han importado el wahabismo y el salafismo, corrientes del islam que hasta entonces no existían en Kosovo. La cooperación exterior de Turquía también se centra en las mezquitas, pero prefiere reconstruir las antiguas, las erigidas durante el imperio otomano. En los Balcanes, tanto los países del golfo Pérsico como Turquía utilizan el islam con fines más políticos y comerciales que religiosos. Exactamente igual que Estados Unidos y la UE con las ONG a las que financian. El resultado es el Estado más paradójico del mundo. Un país de mayoría musulmana, pero de costumbres occidentales; situado en el corazón de Europa, pero satélite de Estados Unidos; teóricamente independiente, pero completamente aislado de Europa, que no permite que sus estados otorguen visado a los kosovares.

Diputados de la oposición prenden gases lacrimógenos en el parlamento de Kosovo. 

Diputados de la oposición prenden gases lacrimógenos en el parlamento de Kosovo. 

Kosovo declaró su independencia el 17 de febrero de 2008. Ciento nueve Estados la reconocen. España se mantiene firme en su negativa, junto a Serbia, Rusia y la mayoría de los países latinoamericanos. En realidad,  Kosovo pasó de estar regida por Serbia a estar ocupada por la OTAN, que se desplegó en el país con el beneplácito de Naciones Unidas hasta 2008, y tras esto a ser un Estado dependiente de Estados Unidos. La OTAN tiene allí su mayor base militar en Europa. Estados Unidos está construyendo allí su mayor embajada en los Balcanes. Compró los 12.000 kilómetros cuadrados del terreno por un euro.

La clase política kosovar, liderada desde la posguerra por Hashim Thaçi, es la encarnación de la célebre frase que dice que la historia la escriben los vencedores. Thaçi era el líder del brazo político del Ejército de Liberación de Kosovo, una organización considerada terrorista hasta que la OTAN se alió con ella. Sobre Thaçi pesan acusaciones de corrupción, de vínculos con el tráfico de heroína y de haber ascendido en el ELK a base de eliminar físicamente a sus rivales. Carla del Ponte, exfiscal del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, ha señalado  que hay pruebas de que Thaçi participó en el tráfico de órganos durante la guerra. Según ella, 300 personas capturadas en Kosovo fueron enviadas a Albania para que se les extrajeran los órganos. En Kosovo, excepto los serbios, no encontramos a nadie que se crea tales acusaciones.

“No te puedo dar nombres concretos pero, off the record, sí te puedo decir que, por lo que yo he visto, aquí si tienes dinero puedes conseguir todo. Puedes comprar jueces y periodistas”, responde un alto cargo del Gobierno kosovar que trabaja en el ministerio para las minorías cuando se le pregunta si la corrupción es tan alta como se dice.“Estados Unidos y la UE sólo están preocupados de que haya estabilidad política. Thaçi les promete paz y, a cambio, ellos permiten que él y su familia sigan con sus negocios”, añade. Su respuesta acerca del rol de la UE es aún más contundente. “La UE no juega un rol muy importante. Aquí se hace lo que dice la embajada de EE.UU.”.

La conversación se produjo en el bar situado junto a la sede del Gobierno y el Parlamento, media hora antes de que diera comienzo la sesión extraordinaria para investir a Hashim Thaçi presidente de la república. La votación no se hizo porque la oposición nacionalista albanesa tiró, hasta en tres ocasiones, gases lacrimógenos dentro del hemiciclo. En una de las interrupciones, CTXT entrevistó brevemente a Thaçi.

Aunque habla inglés perfectamente llamó a un traductor. Daba igual lo incisivas que fueran las preguntas y el tono en el que se le formularan; no hizo ni una mueca al escuchar “¿Es usted un corrupto?” o “La Constitución de Kosovo dice que el presidente debe ser una figura neutra que concite consenso y la oposición acaba de echar lacrimógenos para que usted no sea investido ¿cree que reúne las condiciones?”. No se sale ni por un instante del guión: “La elección del presidente se hará conforme a la constitución, a las leyes y a los procedimientos de la asamblea”. “Estamos poniendo todo nuestro empeño en luchar contra la corrupción”, repetía con toda tranquilidad.

Los gases lacrimógenos en el hemiciclo se han convertido en algo habitual. Era la sexta sesión parlamentaria consecutiva que la oposición interrumpía de este modo. Es la táctica que utiliza el partido Vetëvendosje (Autodeterminación), una formación nacionalista de izquierdas, desde que el Gobierno presidido por Isa Mustafa y liderado por Thaçi presentara en noviembre un proyecto de ley que permitiría la asociación de los diez municipios en los que reside la minoría serbia.

El líder de Vetëvendosje, Albin Kurti, lo explica así: “La Constitución de Kosovo establece que somos un país formado por una ciudadanía multiétnica. Crear un Estado serbio dentro de la república de Kosovo significaría la bosnificación del país. No vamos a aceptarlo”. Vetëvendosje significa autodeterminación, ¿no tienen los serbios derecho a ello? Kurti responde: “El proyecto para crear una comunidad autónoma serbia dentro de Kosovo es una operación para contentar a Serbia, no es algo que pida la gente. Lo están negociando con el Gobierno de Belgrado. Es como si los franceses de Argelia hubieran querido tener una comunidad autónoma después de la descolonización”. Kurti recurre a esta comparación cada vez que se le nombran los derechos de las demás minorías. “Albano-kosovares, bosniacos, romaníes, ashkali, gitanos balcánicos y también los serbios todos somos kosovares y debemos tener los mismos derechos como parte del mismo Estado”.

Las demás minorías consideran que la retórica multiétnica es la excusa de los albaneses para no reconocer los derechos del resto. Los albaneses, que conforman el 92 por ciento de la población, copan todos todos puestos de responsabilidad, tanto en la administración como en la empresa privada.

Bashkim Ibishi, director de la ONG en defensa del pueblo gitano Advancing Together, denuncia que  aunque teóricamente las leyes de Kosovo garantizan sus derechos, en la práctica el pueblo romaní sufre marginación y tiene un 98,2% de desempleo. “La ley establece que el 10 por ciento de los puestos en la administración deben estar ocupados por las minorías pero en todo Kosovo sólo hay cuatro gitanos trabajando para la administración”.

Ibishi, que conserva un español perfecto de los años que estuvo residiendo en Sant Antoni de Calonge (Girona), defiende que la distinción entre romaníes, ashkali y egipcios balcánicos  es ficticia. “Todos somos gitanos o romaníes. Esas categorías se inventaron en la época de Milósevic para que en Kosovo hubiera más grupos étnicos y que los albaneses parecieran menos. Lo cierto es que en Kosovo sólo hay cinco etnias: albaneses, serbios, bosniacos, goraníes y gitanos”.

Los albaneses tienen un recuerdo muy vivo de la guerra y del genocidio que sufrieron a manos de los serbios. Los serbios no reconocen que Kosovo sea un Estado y sienten la discriminación de la que son objeto en la actualidad. Los goraníes --de lengua serbia pero religión musulmana como los albaneses-- creen que los albaneses les consideran serbios y los serbios les tratan como albaneses. Los bosniacos creen que los albaneses sienten recelo hacia ellos porque en Bosnia aceptaron la existencia de la República Srpska, los dos territorios autónomos de mayoría serbia que tanto teme  Vetëvendosje.

En Kosovo uno tiene la sensación de que las víctimas se convierten rápidamente en verdugos cuando las condiciones les son propicias. Todos tienen motivos para sentirse agraviados porque cada generación se venga de las opresiones de la anterior. Mientras tanto, los funcionarios de las agencias internacionales lo ven todo por las ventanillas de sus coches de lujo, preguntándose cuándo volverá a estallar el conflicto.

“¿Vas a entrevistar también a albaneses? Entonces no hablo contigo” suelta directo, con una media sonrisa que no tienen nada de amigable. Pero sigue hablando. “No tenemos ningún miedo. Cada serbio vale por veinticinco albaneses. Que vengan si se atreven”. La bravuconada es respaldada con asentimientos...

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Autor >

Hibai Arbide Aza

Hibai Arbide Aza era abogado en Barcelona hasta que se fue a vivir a Grecia. Reside en Atenas, donde trabaja como periodista freelance para diversos medios, trata de acabar la escritura de un libro que se resiste, pincha tropical bass y monta en bici.

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1 comentario(s)

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  1. Joaquin

    Excelente artículo, lo has clavado. Se nota que te lo has trabajado y conoces el tema. Quizá si más países de Europa lo reconociéramos como estado ayudaría a resolver el problema. Dejarlo como esta agrava más el problema

    Hace 5 años 8 meses

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