1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

LECTURA

Reflexiones sobre WikiLeaks

No es extraordinario que también la política y la técnica de las comunicaciones gubernamentales vuelvan a los correos a caballo, a encuentros entre las nieblas de un baño turco, a mensajes entregados en la alcoba por alguna condesa de Castiglione

Umberto Eco 19/04/2016

<p>Peter Sellers en '¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú'.</p>

Peter Sellers en '¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú'.

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

WikiLeaks ha demostrado ser un escándalo aparente en el plano de los contenidos, mientras que ha sido y será algo más en el plano de las formas, pues, como veremos, ha inaugurado una nueva época histórica. 

Un escándalo es aparente cuando lleva al nivel del discurso público lo que todos sabían y decían de forma más privada, eso que no pasaba del nivel del susurro, por así decir, solo por razones de hipocresía (por ejemplo, cotilleos sobre un adulterio). Cualquier persona, no ya enterada de los asuntos de la diplomacia, sino que haya visto películas de intriga internacional, sabe perfectamente que, al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, es decir, desde que los jefes de Estado pueden llamarse por teléfono o tomar un avión para verse, las embajadas han perdido su función diplomática (¿se le envió un embajador de uniforme a declararle la guerra a Sadam?) y, en los casos más evidentes, salvo pequeños ejercicios de representación, se han transformado en centros de documentación sobre el país anfitrión (y cuando el embajador es bueno realiza el trabajo de sociólogo y de politólogo) mientras que en los casos más reservados las embajadas son auténticas centrales de espionaje. 

Sin embargo, haberlo declarado en voz alta ha obligado a la diplomacia norteamericana a admitir que es verdad y, por lo tanto, a sufrir una pérdida de imagen en el plano de las formas. Con la curiosa consecuencia de que esta pérdida, fuga, goteo de noticias reservadas, más que perjudicar a las presuntas víctimas (Berlusconi, Sarkozy, Gaddafi o Merkel), ha perjudicado al presunto verdugo, es decir, a la pobre señora Clinton, que probablemente se limitaba a recibir los mensajes que los funcionarios de embajada le enviaban por deber profesional, visto que se les paga exclusivamente para eso. Que, al fin y al cabo y según todas las evidencias, es lo que Assange quería, puesto que era al gobierno norteamericano a quien tenía atravesado, no al gobierno de Berlusconi. 

¿Por qué no ha afectado a las víctimas, como no sea superficialmente? Porque, como todos habrán notado, los famosos mensajes secretos eran puros "ecos de la prensa", y se limitaban a referir lo que todos en Europa sabían y decían, y que incluso en Norteamérica ya se había publicado en el Newsweek. Por lo tanto, los informes secretos eran como los informes que los gabinetes de prensa de una empresa mandan al consejero delegado, que no puede leerse también los periódicos con todo lo que tiene que hacer.

Es evidente que los informes enviados a Hillary Clinton, al no informar de cosas secretas, no eran notas del espionaje. Ahora bien, aunque se hubiera tratado de noticias aparentemente más reservadas, como el hecho de que Berlusconi tiene intereses privados en los negocios del gas ruso, también en este caso (ya sea verdadero o falso) las notas repetirían solo lo que decían los que hablan de política en el bar, los famosos "estrategas de café", como se los denominaba en los tiempos del fascismo. 

Lo cual confirma otra cosa que sabemos perfectamente. Es decir, que todo dossier elaborado por unos servicios secretos (de cualquier nación) está hecho con material que ya es de dominio público. Las "extraordinarias" revelaciones norteamericanas sobre las noches de  juerga de Berlusconi referían lo que desde hacía meses podía leerse en cualquier periódico italiano (excepto dos), y las manías de sátrapa de Gaddafi eran desde hacía tiempo tema –por lo demás bastante manido– para los caricaturistas. 

La regla por la que los expedientes secretos deben confeccionarse solo con noticias ya conocidas es esencial para la dinámica de los servicios secretos, y no solo en este siglo. Esta misma regla rige para cada nueva publicación esotérica (sobre el Grial, sobre el misterio de Rennes-le-Château o sobre los Templarios): repite exactamente lo que ponía en los libros anteriores. No solo porque al autor de textos ocultistas no le gusta llevar a cabo investigaciones inéditas (ni sabría dónde buscar noticias sobre lo inexistente), sino porque los devotos del ocultismo creen solo en lo que ya saben y les confirma lo que ya conocían. Que es, al fin y al cabo, el mecanismo del éxito de Dan Brown.

Lo mismo sucede con los expedientes secretos. Perezoso el informador y perezoso, o de mente estrecha, el director de los servicios secretos, que considera verdadero solo lo que reconoce. Visto, pues, que los servicios secretos, de todos los países, no sirven para prever casos como el ataque a las Torres Gemelas (aunque si están regularmente desviados, en algunos casos incluso los producen) y solo archivan lo que ya se conocía, tanto valdría eliminarlos. Pero, con los tiempos que corren, destruir más puestos de trabajo sería verdaderamente insensato. 

Hemos dicho que si en el plano de los contenidos el escándalo era sólo aparente, en el de las formas WikiLeaks ha inaugurado una nueva época histórica.

Pues bien, ningún gobierno en el mundo podrá alimentar ya áreas secretas, y no digo solo los Estados Unidos sino ni siquiera San Marino o el principado de Mónaco (y quizá se salve solo Andorra), si sigue confiando las propias comunicaciones y los propios archivos reservados a Internet o a otras formas de memoria electrónica.  

Intentemos captar la dimensión del fenómeno. Una vez, en los tiempos de Orwell, se podía concebir el Poder como un Gran Hermano que monitorizaba cada gesto de cada uno de sus súbditos, también y sobre todo cuando nadie se daba cuenta. El Gran Hermano televisivo es una pobre caricatura porque ahí todos pueden monitorizar lo que les pasa a un pequeño grupo de exhibicionistas que se reúnen precisamente para dejarse ver, por lo que el tema tiene un relieve meramente teatral o psiquiátrico. Ahora bien, lo que en los tiempos de Orwell aún era una profecía hoy en día se ha cumplido cabalmente, puesto que el Poder puede controlar todos los movimientos de los individuos a través de su teléfono móvil, todas las transacciones llevadas a cabo, los hoteles visitados, las autopistas recorridas mediante sus tarjetas de crédito, todas sus presencias en los supermercados a través de las televisiones de circuito cerrado, y un largo etcétera; de este modo, el ciudadano se ha convertido en víctima total del ojo de un Hermano Grandísimo.

Eso es lo que pensábamos al menos hasta ayer. Pero ahora se demuestra que ni siquiera los cuartos oscuros del Poder pueden escapar a la monitorización de un pirata informático, y, por lo tanto, la relación de monitorización deja de ser unidireccional y se vuelve circular. El Poder controla a todos y cada uno de los ciudadanos, pero cada ciudadano, o en su lugar el pirata que se erige en su vengador, puede conocer todos los secretos del Poder. 

Y aunque la gran masa de los ciudadanos no estuviera en condiciones de examinar y evaluar la cantidad de material que el pirata captura y difunde, aquí se delinea un nuevo papel para la prensa (y ya lo está desempeñando en estos días) que, en lugar de dar cuenta de las noticias importantes –y antaño decidían los gobiernos cuáles eran las noticias verdaderamente importantes, al declarar una guerra, devaluar una moneda, firmar una alianza–, ahora decide autónomamente qué noticias deben volverse importantes y cuáles pueden ser calladas, acordando incluso (como ha sucedido) con el poder político qué "secretos" revelados comunicar y cuáles dejar a un lado. 

(Aparte del hecho de que –visto que todos los informes secretos que alimentan odios y amistades de un gobierno proceden de artículos publicados o de confidencias de periodistas a un funcionario de embajada– la prensa está adquiriendo también otra función: antes espiaba el mundo de las embajadas extranjeras para conocer sus tramas ocultas, ahora son las embajadas las que espían a la prensa para conocer sus manifestaciones evidentes. Pero volvamos a lo nuestro.) 

¿Cómo podrá regirse a partir de mañana un Poder que ya no tiene la posibilidad de conservar sus propios secretos? Bien es verdad que, como ya decía Simmel, todo secreto verdadero es un secreto vacío (porque un secreto vacío jamás podrá ser revelado) y poseer un secreto vacío representa el máximo del poder; y bien es verdad que saber todo sobre el carácter de Berlusconi o de Merkel es efectivamente un secreto vacío en cuanto secreto, porque es un tema de público dominio; ahora bien, revelar, como ha hecho WikiLeaks, que los secretos de Hillary Clinton eran secretos vacíos, significa quitarle al Poder todo su poder.

Es evidente que, en el futuro, los Estados ya no podrán encomendar ninguna información reservada a Internet: sería como ponerla en un cartel pegado en la esquina de la calle. Pero es igualmente evidente que, con las actuales tecnologías de interceptación es vano esperar poder mantener relaciones reservadas por teléfono. Nada más fácil, además, que descubrir si y cuándo un jefe de estado se ha movido en avión para contactar con un colega suyo, por no hablar de esa verbena popular para contestatarios en que se han convertido los G8. 

Y entonces, ¿cómo podrán mantenerse en el futuro relaciones privadas y reservadas? ¿Cómo reaccionar ante el triunfo incontrolable de la Transparencia Total?

Sé perfectamente que, de momento, mi previsión es de ciencia-ficción y, por lo tanto, novelesca, pero me veo obligado a imaginar a agentes del gobierno que de forma absolutamente reservada se desplazan mediante diligencias o calesas siguiendo recorridos incontrolables, transitando por los caminos rurales de las áreas más deprimidas, no tocadas ni siquiera por el turismo (porque el turista ahora saca fotos con el móvil de todo lo que se mueve delante de él), llevando mensajes aprendidos de memoria y a lo sumo escondiendo las pocas y esenciales informaciones escritas en el tacón de un zapato. 

Qué bueno es imaginarse que los enviados de la embajada de Livonia se encuentran con el mensajero del País de las Campanillas en la esquina de una calle solitaria, a medianoche, susurrándose un santo y seña mientras se rozan furtivos. O que, en el transcurso de un baile de disfraces en la corte de Ruritania, un pálido Pierrot, apartándose allá donde los candelabros dejan una zona de sombra, se quita la máscara y muestra el rostro de Obama a esa Sulamita que, apartando rápidamente su velo, se revelará como Angela Merkel. Y allá, entre un vals y una polka, se producirá ese encuentro, por fin oculto también a Assange, que decidirá las suertes del euro, o del dólar, o de ambos.

Bueno, seamos serios, no pasará, pero de alguna manera tendrá que suceder algo muy parecido. En cualquier caso, las informaciones, la grabación del coloquio secreto, habrán de ser conservadas en copia única y manuscrita en cajones cerrados con llave. Reflexionemos: en el fondo, el intento de espionaje en el Watergate (donde se trataba de descerrajar un armario o un archivador) tuvo menos éxito que WikiLeaks. Y le aconsejo a la señora Clinton este anuncio que encuentro en Internet: 

Matex Security existe desde 1982 para proteger sus bienes. Con la realización a la medida de Muebles para su casa dotados de Secretée donde ocultar sus bienes y documentos de valor, que ningún malintencionado encontrará nunca aunque registre toda su casa, oficina o embarcación de cualquier tipo y modelo. Estas realizaciones se llevan a cabo con el máximo de confidencialidad y se fabrican a medida y según las indicaciones del cliente, construidas exclusivamente por nuestro carpintero y por personal de nuestra mayor confianza.

Por otra parte, hace tiempo escribí que la tecnología procede a paso de cangrejo, es decir, hacia atrás. Un siglo después de que las comunicaciones resultaran revolucionadas por el telégrafo sin cables, Internet ha restablecido un telégrafo con cables (telefónicos). Las cintas de vídeo (analógicas) permitieron a los estudiosos de cine explorar una película paso a paso, recorriéndola hacia delante y hacia atrás, descubriendo así todos sus secretos de montaje, mientras que ahora los DVD (digitales) permiten solo saltar por capítulos, es decir, solo por macrosegmentos. Ahora con la alta velocidad se va en tren desde Milán a Roma en tres horas mientras que con el avión, entre un desplazamiento y otro, se necesitan por lo menos tres horas y media. Así pues, no es extraordinario que también la política y la técnica de las comunicaciones gubernamentales vuelvan a los correos a caballo, a encuentros entre las nieblas de un baño turco, a mensajes entregados en la alcoba por alguna condesa de Castiglione. Se abrirán, por lo tanto, buenas perspectivas de trabajo para las "velinas" de mañana o para quienes hayan aprendido a emplearlas bien en favor de la cosa pública. 

-------------------------------

Traducción de Helena Lozano

Este artículo se publicó en Revista de Occidente, núm. 374-375 y ahora en el libro Secretos en Red (Sequitur, 2014) editado por Jorge Lozano.

WikiLeaks ha demostrado ser un escándalo aparente en el plano de los contenidos, mientras que ha sido y será algo más en el plano de las formas, pues, como veremos, ha inaugurado una nueva época histórica. 

Un escándalo es aparente cuando lleva al nivel del discurso público lo que...

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Umberto Eco

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí