1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

TRIBUNA

La hipótesis radical-socialista

La conjunción cívico-socialista ampliada podría liderar un ciclo largo de impulso nacional de renovación con los valores y las ambiciones de la vieja familia de radicales y radical-socialistas españoles

Juan Antonio Cordero 20/04/2016

<p>Sánchez y Rivera, durante la firma del pacto.</p>

Sánchez y Rivera, durante la firma del pacto.

PSOE

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

A finales de 1929, se fundaba en Madrid el Partido Republicano Radical Socialista. En su manifiesto, dirigido “a la democracia republicana española”, la nueva formación se presentaba como el referente de la “izquierda republicana” y jacobina, advertía contra "los caudillajes, ya demagógicos y turbulentos, ya astutos y apicarados, con que tantas veces se ha enturbiado la acción de las democracias” y comprometía su acción hacia la consecución de “una nueva articulación del Estado español [de] base federal” y hacia “la República democrática” y laica, apoyada en “dos postulados esenciales: la soberanía del Parlamento y la eficacia y rapidez de los órganos ejecutivos del Poder". Reforma institucional y profundización democrática, laicidad y regeneración cívica, justicia social, reforma agraria y reivindicación de un socialismo “que pertenece a todos los hombres”, el esbozo de programa radical-socialista recogía sumariamente el catálogo de reivindicaciones que habrían de convertir España en un país socialmente justo y democráticamente avanzado, definitivamente alejado del atraso de la agónica Restauración alfonsina, caciquil y cuartelera.

El partido radical-socialista no es una especificidad española. Como su homólogo francés, que alcanzaría una posición central en la III y IV República gala, el partido español aspiraba a constituir uno de los pilares de la República de 1931. Concretamente su pilar izquierdo, estando el derecho teóricamente cubierto por los radicales de Lerroux y la Derecha Liberal Republicana de Alcalá-Zamora. La formación rad-soc no aparecía de la nada: daba continuidad a las sensibilidades más avanzadas del radicalismo español, aglutinadas desde principios del siglo XX en la Unión Republicana de Salmerón y el primer Partido Republicano Radical. Pero la base social republicana en España era más frágil que en Francia y el espacio electoral de su fracción progresista era más reducido, estaba sometido a mayor presión por parte del socialismo marxista, y su espectro político estaba disperso en pequeñas organizaciones que se sucederían unas a otras sin llegar a consolidarse: el PRRS sería una de ellas, pero conviviría, entre otros, con la Acción Republicana azañista y con el Partido Republicano Demócrata, sin mencionar a otras organizaciones republicanas de ámbito regional; sufriría varias escisiones y sus restos acabarían integrados en la Unión Republicana de Martínez Barrio y la Izquierda Republicana de Azaña. Este último, sin duda el referente principal del espacio radical-socialista (aunque, curiosamente, no procedía ni de la tradición radical ni de la socialista, sino del reformismo accidentalista de Melquíades Álvarez) y el mayor estadista republicano, fue consciente muy pronto de la necesidad de una fuerza política capaz de federar y ensanchar el centro izquierda institucional como motor del progreso y la consolidación democrática de la España republicana, así como de la conveniencia de asociar más estrechamente a ese proyecto a los líderes reformistas (Besteiro, Prieto, De los Ríos) de un PSOE dividido y progresivamente fascinado por la vía insurreccional. No fue, desde luego, el único factor en juego, pero el fracaso de ese empeño azañista tuvo que ver con las crecientes turbulencias y el naufragio de la República, definitivamente condenada (incluso al margen de quién ganase la guerra, según apuntaría amargamente el propio Azaña) tras la sublevación militar fascista de 1936.

Radical-socialismo en Francia y en España

La apuesta radical-socialista resultó más exitosa en Francia. El partido “républicain, radical et radical-socialiste” se fundó allí en 1901, apenas unos años antes que el Partido Republicano Radical español, pero el radicalismo político había constituido ya una eficaz fuerza motriz de la III República francesa, inicialmente dominada por monárquicos y republicanos “moderados” (conservadores), pero que evolucionó progresivamente hacia la izquierda hasta situar a los radical-socialistas en el centro del sistema político. Éstos exhiben con orgullo el título de “plus vieux parti de France”; en España ese honor corresponde al PSOE, fundado en la madrileña “Casa Labra” en 1879. Tras décadas de funcionamiento más o menos precario, el partido del libro y el yunque –hoy del puño y la rosa— era en 1931, junto al sindicato UGT, la organización de masas más potente del país. Algo que lo convirtió, de forma paradójica y un tanto problemática, en el soporte principal de una Segunda República en la que no creía plenamente (o al menos, con la que no todos sus sectores se sentían igualmente comprometidos) y con la que mantuvo una relación ambivalente, por momentos turbulenta. No fue el caso del país vecino, en el que los radical-socialistas consolidaron las instituciones republicanas frente a las distintas fuerzas de la reacción (católicas, monárquicas, regionalistas), lideraron sin discusión el campo progresista frente a un socialismo en ascenso pero de unificación más tardía que en España, e imprimieron su sello reformista con medidas como la generalización de la instrucción pública (1881-1882), la separación Iglesia-Estado (1905), la creación del primer sistema de pensiones obreras y campesinas (1910) o la instauración del impuesto sobre la renta (1914), por citar sólo algunos de sus hitos. El radical-socialismo galo contribuyó a moldear decisivamente una democracia republicana vigorosa, de la que la actual República es largamente heredera, a través de una estrategia combinada de defensa institucional, impulso reformador, flexibilidad táctica para ensanchar la base social e intransigencia para defender los valores republicanos, especialmente la ley común y la común ciudadanía, frente a todas las reacciones, subversiones y particularismos.

Aunque la tradición radical y radical-socialista española produjo algunos dirigentes de notable importancia, como las republicanas feministas Victoria Kent y Clara Campoamor, el catalán Marcelino Domingo o el asturiano Álvaro de Albornoz, su influencia no es comparable a la de sus correligionarios franceses, entre los que destacan figuras tutelares de la República y la izquierda francesa como Jules Ferry, Georges Clemenceau, Jean Moulin o Pierre Mendès-France.

Una nueva fase en la democracia constitucional española

¿Hasta qué punto la actual situación política aconseja volver la mirada hacia el fenómeno radical-socialista? Conviene no abusar de las analogías, ni de las geográficas, aunque sea entre países tan próximos como Francia y España, ni de las históricas, cuya potencia evocadora a veces oscurece más de lo que ilumina. Tras el restablecimiento de la democracia en España en 1977, el radical-socialismo no recuperó la relevancia que sus distintas encarnaciones habían tenido durante la Segunda República, un régimen marcado por la dispersión político-ideológica y la fragilidad de los consensos institucionales. En lugar de ello, el sistema político de la Transición se reconstruyó en torno a un consenso constitucional extremadamente amplio (más que el de 1931) y evolucionó hacia un bipartidismo imperfecto en torno a dos ofertas políticas –la socialdemocracia del PSOE y la derecha unificada y “sin etiquetas” del PP— leales a la Constitución. La rápida combustión de la UCD mostró que no era necesario un partido que encarnara de forma militante el núcleo institucional y de valores de la Constitución. Y tampoco había espacio, en esa configuración, para una tradición política, la radical-socialista, acostumbrada a hacer valer su centralidad minoritaria y su capacidad de interlocución a izquierda y derecha en un contexto fluido, multipartidista y sin grandes mayorías.

El panorama ha cambiado en los últimos años, de forma acelerada a partir de las europeas de 2014 y definitiva tras las últimas elecciones legislativas. El mapa electoral de diciembre marca la superación de una configuración política en la que los dos principales agentes políticos tenían todos los incentivos para, por un lado, construir su identidad y oferta política sobre el rechazo al contrario (“Si tú no vas, ellos vuelven”, en el expresivo lema electoral socialista de 2008), en la certeza de que la derrota de uno supondría la victoria automática del otro; y, por otro, en el recurso sistemático a bisagras de signo conservador y nacionalista para completar las mayorías insuficientes, ante la ausencia de otras fuerzas nacionales numéricamente relevantes.

La erosión del bipartidismo fáctico (ya fuera por la confluencia de crisis económicas, sociales y políticas o por la preferencia del electorado por ofertas políticas más precisas y menos generalistas) y su transición hacia un sistema de partidos más plural, similar al que se observa en otras grandes democracias europeas (como Francia, con la emergencia de una potente extrema derecha; o Alemania, que se dirige hacia un sistema penta o hexapartito) dibuja una situación en la que ninguno de los bloques tradicionales dispone ya de capacidad de construir mayorías estables por sí mismo. Allí donde durante décadas dominaban dos grandes partidos que agrupaban en torno a un 80% de  votos y escaños, hoy conviven cuatro fuerzas políticas nacionales que aglutinan el 85% de votos y el 92% de escaños del Congreso.

Se trata de un sistema de partidos complejo (al que habría que añadir otras fuerzas minoritarias) y atravesado por diversas fracturas, algunas de ellas inéditas en España. Los partidos tradicionales siguen siendo mayoritarios y liderando (ajustadamente en el caso del PSOE) sus respectivos campos, pero su dominio está lejos de ser abrumador (213 escaños frente a 109). Las fuerzas del centro y la derecha (163) son parejas a las del centro-izquierda (159, y 161 si se incluye a IU). Las fuerzas más centrales (PSOE y C's) se encuentran en minoría frente a las más excéntricas (130 frente a 192). Y en lo que constituye un síntoma de la especificidad del momento político español, el claro dominio de las fuerzas que respaldan el Pacto Constitucional (253 diputados) coexiste con una amplia mayoría de fuerzas partidarias de reformar su articulado (199 diputados). Va a hacer falta, pues, más cintura de la habitual en otros momentos para llegar a acuerdos, cimentar gobiernos y afrontar los retos colectivos, tanto específicos como europeos y globales, que se le empiezan a acumular a una sociedad española en transformación.

Una cintura y una capacidad de sobreponerse a la dictadura de lo “inmediático”, por retomar el feliz neologismo de Felipe González, que brillan dramáticamente por su ausencia en los últimos meses. La clase política, tanto la tradicional como la ‘emergente’, sigue excesivamente condicionada por unos vicios y unos reflejos heredados que funcionaron razonablemente bien o al menos parecieron inocuos en las últimas décadas, pero que han dejado de ser operativos. La parálisis institucional en que se ha sumergido el país tras las elecciones revela el grado de desorientación de unos dirigentes que carecen de imaginación o referencias para abordar una situación sin precedentes en la historia democrática contemporánea de España.

Un vistazo superficial a la actualidad política postelectoral arroja una falsa sensación de frenesí. Se han sucedido las declaraciones grandilocuentes y los donde-dije-digo, las reuniones fallidas y los golpes de efecto, las insinuaciones veladas y las sospechas fundadas, los momentos de pánico y las escenificaciones barrocas; hemos visto aparecer y desaparecer, como conejos de una chistera, vicepresidencias ficticias, ministerios fantasma y mayorías imposibles; han circulado rumores de toda clase seguidos de desmentidos apresurados y movimientos internos aproximadamente soterrados, con estados de ánimo inducidos e intoxicaciones informativas medianamente calculadas. Estamos viendo diseccionar todas las posibilidades aritméticas de formar gobierno, y desfilar casi todos los elementos de una guerra psicológica. Y todo esto es muy divertido, pero una vez descontada la pirotecnia retórica, gestual y mediática, el panorama que ofrece la política española hoy es sustancialmente el mismo que ofrecía el 21 de diciembre.

¿Hacia un nuevo momento radical-socialista?

Con una salvedad: el acuerdo entre los dos partidos más centrales del panorama actual, PSOE y C's. “Centrales”, que no necesariamente “centristas”, como atinadamente distinguía Pablo Manuel Iglesias; la centralidad reside en su inédita capacidad conjunta de interlocución con los demás grandes partidos del país, ya sean Podemos, IU o PP.

No cabe exagerar el alcance ni las bondades del acuerdo firmado ni de la fallida investidura a la que dio lugar. El prolijo documento que sustancia el acuerdo se sitúa en los márgenes de la socialdemocracia reformista, contiene numerosas medidas y reformas positivas –como se han visto obligados a señalar incluso sus adversarios políticos—, muchos planteamientos sensatos y algunos discutibles; pero no puede evitar, en general, el aire “catch-all” de un programa electoral al uso, de esos que se escriben para agradar sin comprometerse y, sobre todo, “para no cumplirse”, según el cínico aforismo de Tierno. El discurso de Sánchez en el debate de investidura, aunque correcto en términos convencionales, careció de la profundidad y la altura de miras que exigía la ocasión. Y se pueden añadir más prevenciones. En un momento político dominado por el cortísimo plazo, es complicado discernir cuánto de “El Abrazo” se debe a una apuesta estratégica sólida, sostenida en el tiempo, y cuánto responde a una maniobra doblemente oportunista, de mera visibilización política para C’s tras un resultado electoral que privó a los naranjas de un papel decisivo, y de pura supervivencia política para un Sánchez cuestionado como líder del PSOE. Más aún a la luz de la errática, y por momentos contradictoria, secuencia de negociaciones, reuniones y pronunciamientos que Pedro Sánchez está imponiendo al Partido Socialista, en la que cuesta distinguir un hilo conductor más allá de su obvia pretensión de liderar el gobierno... ¿cualquier gobierno?

Todo esto es cierto. Como lo es también que la marcada volatilidad actual de la política española, tanto en lo que se refiere a las relaciones entre partidos como a los equilibrios internos de cada gran formación, obliga a ser escépticos sobre la vigencia y el alcance de la conjunción cívico-socialista, o socialista y cívica, sellada en febrero. Sobre todo, una vez que el intento de investidura de Sánchez, tal y como estaba previsto, fuera derrotado en el Congreso por la “mayoría negativa” del PP y Podemos, presto a tumbar cualquier (otro) gobierno pero incapaz de sostener uno propio.

Estas limitaciones son relevantes, pero no oscurecen el hecho de que la conjunción C's-PSOE, presentada en sociedad el 24 de febrero, escenificada por primera vez en las Cortes el 2 de marzo y ratificada posteriormente en diversas reuniones y declaraciones, constituye un acuerdo inédito entre dos grandes partidos nacionales con pretensión mayoritaria, coherente para ambos, que podría abrir una etapa nueva en la política española. Es un acuerdo coherente para el PSOE, que reencuentra con él su vocación de vector de progreso y modernización que ejerció en solitario en sus mejores épocas. Y pese a la ambigüedad ideológica que ha cultivado en algunos momentos, es también un acuerdo coherente para el partido naranja, que reencuentra el espacio propio “entre el socialismo democrático y el liberalismo progresista” que reivindican sus primeros documentos ideológicos.

La entente entre socialistas y ciudadanos dibuja una fuerza política potencial con 130 escaños y el respaldo de más de 9 millones de españoles. Ello la convierte en la virtual primera fuerza del país, por delante de un PP que ha renunciado definitivamente a liderar la transformación del país y sólo aspira, al parecer, a dirigirlo por descarte. En consecuencia, si consigue armarse un gobierno, correspondería, en buena lógica parlamentaria y bajo la regla del “pacta sunt servanda”, a la actual conjunción socialista-cívica su dirección conjunta, visto que ningún otro grupo de fuerzas puede aportar más de sus 130 diputados a una hipotética mayoría parlamentaria. Y si, como parece, la “mayoría negativa” conservadora-podemista mantiene su bloqueo, las nuevas elecciones de junio llevarán a los españoles a valorar la principal novedad política de la fallida XI legislatura, que es el acuerdo cívico-socialista. Un núcleo político inicial a partir del cual socialistas y naranjas podrían construir sus propias ofertas políticas y programas de gobierno.

Una hipótesis de reordenación progresista

Es poco probable que unas nuevas elecciones alteren drásticamente el mapa del 20-D. Pero sí es posible que los españoles premien la iniciativa de concertación con un avance de sus fuerzas integrantes – a condición de que ésta, que sigue siendo el esfuerzo más articulado por traducir institucionalmente el mandato democrático del 20-D, no sea repudiada sino plenamente asumida--. Un revulsivo así podría acabar de convertir la conjunción cívico-socialista en una fuerza no sólo central, sino también en un motor de progreso y modernización similar al que fue el socialismo renovado de los ochenta.

Para ello, la conjunción tendría que sobrevivir a las presiones exteriores, las pulsiones centrífugas y las tentaciones en sus dos partidos de reemprender estrategias totalmente separadas (hacia Podemos el PSOE, C’s hacia el PP), que irán previsiblemente en aumento en las próximas semanas. No es fácil. Pero si superase estas tensiones, la conjunción debería afirmar su vocación de permanencia, sustanciar sus prioridades políticas a medio y largo plazo y encontrar una articulación orgánica compatible con la identidad y los espacios ideológicos de ambos partidos integrantes. Debería igualmente ampliar su actual perímetro para acoger a las demás sensibilidades progresistas del regeneracionismo español. Por ambos flancos, pero incluyendo en particular a los sectores más reformistas que de momento permanecen, en equilibrio inestable, en la peculiar coalición entre socialdemócratas, anticapitalistas y nacional-populistas que constituye Podemos: el espacio resultante de esa ampliación podría convertirse no sólo en una fuerza central y motriz en la política española de los próximos años, sino también en una mayoría social y política progresista.

Ello permitiría a la conjunción cívico-socialista liderar un ciclo largo de impulso nacional de renovación y consolidación institucional, profundización democrática y restablecimiento de las condiciones de justicia social que requiere esta segunda fase de la democracia constitucional. Este impulso requiere una interlocución fluida con los demás grandes partidos de la escena política española y no puede construirse, por tanto, ni en permanente confrontación con la derecha y el moderantismo español, como pretenden las facciones más arcaizantes de la izquierda española, ni desde luego bajo su diktat, como se sugiere desde los círculos dirigentes del PP. Tampoco de la mano de fuerzas reaccionarias, identitarias o nacional-populistas comprometidas con la voladura o fragmentación de la democracia constitucional española.

En su orientación central, reformista y progresista, y sobre todo en el compromiso institucional y la necesaria combinación de flexibilidad e intransigencia, mestizaje ideológico y firmeza ante las fuerzas adversarias, la conjunción cívico-socialista ampliada renovaría con los valores y las ambiciones de la vieja familia de radicales y radical-socialistas españoles. Los mismos que, hace más de un siglo, con menos fortuna pero idéntica vocación de progreso y emancipación que sus homólogos franceses, en un escenario nacional e internacional mucho más hostil y alejado de sus propios ideales que el contemporáneo, empezaron a dar forma a una España social, inclusiva y moderna, unida y diversa, democrática y federal que entonces se llamaba República y que hoy –y desde hace décadas— es una realidad en permanente construcción, que sigue desplegándose al amparo del Pacto Constitucional y del cauce general europeo por el que discurre la vida política y social española.

Es una hipótesis.

Autor >

Juan Antonio Cordero

Juan Antonio Cordero (Barcelona, 1984) es licenciado en Matemáticas, ingeniero de Telecomunicaciones (UPC) y Doctor en Telemática de la École Polytechnique (Francia). Ha investigado y dado clases en École Polytechnique (Francia), la Universidad de Lovaina (UCL, Bélgica) y actualmente es investigador en la Universidad Politécnica de Hong Kong (PolyU). Es autor del libro 'Socialdemocracia republicana' (Montesinos, 2008).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

2 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Tomás

    Un poco largo para ser sólo" una hipótesis". Infumable...

    Hace 5 años

  2. Pilar

    Hola Íñigo!! :) Buen artículo y análisis de lo que ha conseguido Podemos y lo que puede lograr abriéndose más a partir de estar en las instituciones. Impresionante lo primero, en tiempo record estamos en todas, sólo falta el Gobierno y también se puede llegar ahí. Ese enfoque permite quitarse etiquetas de encima que aún tratan de ponernos y dejar que otros nos conozcan por las buenas políticas y las mejoras que se ofrecen. Felicidades por tu trabajo en el Congreso, tiene su estilo particular y lo llevas bien. Las sorpresas parecen ser parte de la vieja política, formas heredadas. También se pueden ir cambiando, mucha fuerza y adelante. Nada es tan inmutable como quieren hacer creer. Apertura, conservar lo conseguido y unidad. La fuerza para avanzar estará ahí. Un fuerte abrazo, Pilar :)

    Hace 5 años

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí