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TRIBUNA

Todavía no somos suficientes populistas. En respuesta a Íñigo Errejón

Podemos se alimenta de un sustrato social impugnador que necesita ser ampliado para no decaer. Y éste crece sobre todo por la ampliación de un conflicto que en la actual fase electoral parece en suspenso

Emmanuel Rodríguez / Brais Fernández 26/04/2016

Luis Grañena

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Apenas hace unos días, en este medio, publicaba Iñigo Errejón un sistemático artículo de valoración de la experiencia de Podemos y sus retos inmediatos. Sin duda, la contribución resulta positiva para el debate político dentro del “bloque del cambio”, siempre saturado de rumorología y muchas veces falto de discusión. Con el fin de ampliar el intercambio, la redacción de CTXT nos ha permitido probar una respuesta al texto del estratega de Podemos. 

En una batería de tres puntos, Errejón arranca con lo que constituye el corazón de su pensamiento: los intereses concretos —lean “intereses de clase”— nunca tienen una traducción inmediata en política. La construcción de un sujeto político, nos dice, requiere de un “plus de sentido”, de un excedente simbólico. La política es, pues y sobre todo, “construcción de sentido” (entiéndase de discurso); éste, no otro, es el terreno de combate fundamental. En el centro está el relato, su resultado es una identidad que se alimenta sobre todo de materiales culturales. Errejón nos habla de mitos, canciones, series, novelas, colores, banderas, como los fanboys de un grupo pop. 

Prueba y muestra de que los viejos intereses de clase —si es que alguna vez existieron como tales— ya no operan, está en la inmensa y rica pluralidad de lo social (su dispersión), que a Errejón le asalta en vivencias tan próximas como ir a la compra. El artículo se inicia con los recientes encuentros que el podemita tuvo en el “súper” cercano: un carnicero que le pide que se cuide más del barrio de Chueca en Madrid (la meca gay de la ciudad) y una clienta que reclama mayor atención a la política animalista. En ambos casos, interpreta Errejón que lo que se demanda a Podemos es sensibilidad para representar lo “nuevo” frente a las élites. 

Valga decir que en el supermercado “posclasista” de Errejón, el conflicto sólo es posible en la esfera de la representación, no en el ajuste material con los poderes políticos y económicos. Así, mientras algunos vemos el discurso como un arma dentro de un movimiento de subversión de las relaciones de opresión y de explotación, en la hipótesis de Errejón el discurso es el fin. No cabe duda de que desde la irrupción de Podemos, el lenguaje, los códigos, las expresiones de la agenda política han cambiado. Es significativo, por ejemplo, cómo determinados elementos del establishment han adoptado el marco discursivo “podemista”, como el padre guay que llama “colega” a su hijo (sí, con la vergüenza ajena que eso genera). La cuestión es: ¿basta con esto? Si la batalla se concentra en la esfera discursiva y no se expande a otras esferas de la vida, ¿estamos ganando? Diagnóstico demasiado optimista, demasiado reduccionista de la idea de hegemonía, Errejón parece ignorar la segunda parte de la afirmación gramsciana: “No hay duda de que aunque la hegemonía es ético-política, también debe ser económica, debe basarse necesariamente en la función decisiva ejercida por el grupo dirigente en el núcleo decisivo de la actividad económica”.

Y es que a pesar de la aséptica belleza del enésimo giro lingüístico de Errejón, la historia se empeña en mostrarnos, tercamente, que la construcción de esos sujetos, llamados políticos, ha requerido de algo más que palabras y discursos. Protestas, revueltas, huelgas, insurrecciones, organizaciones propias, los sujetos nacen en la oposición colectiva a otros colectivos sociales. Eso mismo es lo que llamamos conflicto, y que no corresponde únicamente con la experiencia del dolor y de los padeceres de los que habla Errejón, sino con su subversión. El gran hallazgo de que los “intereses” no hablen solos —una obviedad a estas alturas— se tiene que completar, por tanto, con el hecho de que sin experiencia, sin la experiencia del conflicto, no hay sujeto. El relato sólo es significativo si es “expresivo” de la construcción de un colectivo como sujeto en oposición a otros. Desgraciadamente, la sociedad y la política es algo más embarrado y brutal que unos discursos enfrentados entre sí

Un ejemplo reciente, por no irnos muy lejos, está en lo que hizo posible Podemos: el 15M. El movimiento de las plazas fue una insurrección pacífica contra una situación de crisis económica experimentada como estafa, y de deterioro político vivido como expolio. Al 15M le siguió una secuencia de movimientos concentrados en la defensa de la sanidad y la educación públicas, y en contra del gobierno de la deuda y de la desposesión de lo poco que todavía tenía buena parte de la población española, una vivienda. Debiera ser obvio que este ciclo de movilización fue político precisamente por sucederse como una larga serie de conflictos. Y que si Podemos pudo presentarse como la punta de algo así como un proceso contrahegemónico —el término es dudoso— es porque desde 2011 se produjo una ruptura de masas, ligada a un escalamiento del conflicto que no se veía desde los años setenta. En definitiva, el 15M no fue un movimiento de continuidad con la “cultura” de su momento, sino de ruptura práctica con la misma.

El segundo punto del artícuo de Errejón es ya menos teórico. Tiene que ver con la “hipótesis Podemos”, cuyo éxito se cifra de nuevo en la capacidad de disputar el relato a las élites; seguimos en el campo del discurso. No obstante, es interesante considerar que aquí Errejón muestra el fundamento de su hipótesis, que como veremos arranca del Estado para volver al Estado. Salimos ahora de lo meramente lingüístico, con un término vetusto y propio de determinada tradición comunista, el eslogan de la construcción “nacional popular”. La diferencia con el marco del nuevo populismo podemita está en que, para los viejos comunistas, la “revolución democrática” resultaba posible a partir de una alianza social que incluía a las clases medias y al campesinado, pero que era encabezada por la clase obrera, contra la oligarquía o la gran burguesía financiera. No obstante, en el marco de Errejón no hay clases, ni sujetos sociales, sólo el viejo problema de la toma del Estado. El medio no consiste pues en fomentar organización social y construir sus alianzas. El medio se reduce únicamente a galvanizar “lo social”, a tocar con la palabra algo que ya se produce en la realidad de una forma “multitudinaria y desordenada”. Aquí al menos se reconoce que Podemos no lo inventa todo.

Sea como sea, Errejón nos asegura que su partido con aspiración de gobierno es algo más que la vieja fórmula electoral del partido “atrápalo todo”. Frente a la vieja política y el marketing, la prueba de autenticidad de Podemos está en su capacidad de emocionar, de hacernos vibrar. Y para eso los elementos esenciales de economía política y estructura social como, por ejemplo, el hecho de que hayamos entrado en una fase larga de estancamiento económico, o de que analicemos cómo ha impactado la crisis sobre distintos segmentos sociales, y ya de paso sepamos cómo organizan sus resistencias, son irrelevantes. Al fin y al cabo, basta con seducir, emocionar y localizar los minirrelatos de gentes tan diversas como las que Errejón encuentra en el “super chic” de su barrio, la clienta animalista y el carnicero que se divierte en Chueca. En esto consiste básicamente hacer pueblo, hacer patria.  

Errejón añade algunos aspectos más. Así, dice que cuando los desfavorecidos se levantan no pretenden reivindicar ser “parte de un todo” sino construir un “nuevo todo”. Aunque esta afirmación es manifiestamente falsa —basta considerar el movimiento por los derechos civiles o los recientes movimientos sociales para comprobar que la dinámica del conflicto moderno en Occidente se ha concentrado en la producción de derechos y en la integración democrática de nuevas demandas, no en “hacer pueblo” por medio del acceso al gobierno—, se apunta aquí al objetivo político. Si para Errejón la táctica es el discurso, la estrategia es el Estado. Se observa así una curiosa simetría entre la autonomía del discurso y la autonomía de lo político; la única palanca política fundamental es la conquista del Estado, lo demás (los poderes económicos, la crisis, Europa) resulta accesorio. Tomen el Estado y tendrán un nuevo país. Esto es lo que llama dar el “salto” de un “proyecto masivo a uno mayoritario” y de paso construir una voluntad general (¡se asomó Rousseau!); o lo que es lo mismo, que Podemos gane las elecciones.  

El último punto ya no tiene nada de teórico. Si se le despoja de retórica, aparece como intervención pura en el debate de posiciones. Pero no es fácil entender lo que quiere decir. En principio, establece un campo de “dos carriles” —interesante hallazgo político—: el electoral, que corresponde a Podemos y su capacidad para emocionar y “discursear”; y el cultural, que se identifica con una novedad conceptual, tras el éxito o fracaso relativo de la máquina electoral, lo que llama “movimiento popular”. Nótese bien, un movimiento popular no organiza resistencias, conflictos, socialidad alternativa, sino que sobre todo produce relatos. La diferencia entre los dos carriles resulta en una suerte de versión errojoniana de la vieja división leninista entre partido y sindicato: para el primero el Estado, para el segundo la cultura.

Pero más allá de los carriles y el movimiento popular, parece que lo que Errejón pretende es fijar posición en una batalla mucho más prosaica. Se acercan elecciones, o al menos todo apunta a ello. Y  surge de nuevo (como ya ocurrió antes del 20D) un falso debate entre izquierda y derecha, o entre izquierda y transversalidad. Obviamente hay que decir con Errejón que el 15M no fue obrerista, ni tampoco anticapitalista, reivindicó democracia y lo hizo con una radicalidad inusitada. Pero esto es algo evidente y sus consecuencias políticas son múltiples. 

Lo interesante es que lo que aquí discute Errejón, sin decirlo claramente, es la necesidad de un pacto con IU a fin de absorber los cuatro o cinco puntos porcentuales que se le escaparon donde no fue en confluencia (en Madrid fueron seis). El problema está en que la “hipótesis populista”, con sus viajes hacia la moderación y su transversalidad, ha entrado en crisis no sólo por los líos internos de Podemos, sino porque, aun con todas sus contradicciones, Podemos se alimenta de un sustrato social impugnador que necesita ser ampliado para no decaer. Y éste no crece únicamente sobre la base del discurso, sino sobre todo por la ampliación de un conflicto que en la actual fase electoral del ciclo político parece en suspenso. Por eso, en estos días, la fracción populista se esfuerza en el manierismo de los “campos políticos”, según el cual la construcción de un “nosotros” puede ser amplio y difuso, y sin embargo dejar fuera a los “izquierdistas”; mientras que el “ellos” resulta tan estrecho como para dejar entrar a una parte de las élites, por ejemplo, a las del PSOE, con las que se ha intentado repetidamente negociar. Sin duda, se trata de tácticas complejas que se expresan en sofisticados caprichos de la teoría. 

Leído en clave de coyuntura, el artículo de Errejón aparece como un último intento de sostener una hipotesis ya muy debilitada en la organización. Incapaz de negarse a la confluencia con IU, Errejón todavía nos dice, como los neoliberales después del colapso de 2007 provocado en gran parte por sus ideas, “ganaremos... pero sólo si somos suficientemente populistas”.

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Brais Fernández (@BraisRomanino) es miembro de la redacción de la Fundación Viento Sur y de Anticapitalistas. 

Autor >

Emmanuel Rodríguez

Emmanuel Rodríguez es historiador, sociólogo y ensayista. Es editor de Traficantes de Sueños y miembro de la Fundación de los Comunes. Su último libro es '¿Por qué fracasó la democracia en España? La Transición y el régimen de 1978'. Es firmante del primer manifiesto de La Bancada.

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    Hace 4 años 9 meses

  2. Le Progressier

    En enero del 2015, el CIS nos traía un curioso barómetro: Podemos se colocaba primero en intención de voto (19,3 %) y segundo en estimación de voto (23,9 %) al tiempo que era percibido como el partido más a la izquierda del país (más que IU e Amaiur, con casi un 30 % situándolo en la ‘extrema izquierda’). En las últimas elecciones, Podemos tuvo menos del 15 % de los votos sobre el censo, es decir: de cada 100 personas con la posibilidad legal de votar a Podemos menos de 15 lo hicimos. ¿Es poco? Relativamente. El PP apenas pasó del 20 %. Así, para ganar unas elecciones con la actual configuración electoral sólo hay que ser capaz de aglutinar a aproximadamente una quinta parte del electorado. ¿Cómo de ‘transversales’ necesitamos ser? Por otro lado, es cierto que no reivindicar a los que murieron por la democracia y la libertad, no defender a los titiriteros o a Bódalo de un encarcelamiento injusto, impedir la confluencia con todo aquél que acepte la etiqueta ‘izquierda’ aun negando a las bases una consulta al respecto, etc. puede generar simpatías en la derecha, pero no más que antipatías en la izquierda. ¿Cuántos votos estaríamos perdiendo para ganar cuántos? Quede claro que celebro la superación de viejos dogmas, de etiquetas que puedan suponer un obstáculo, de priorizaciones erradas. No creo que haya gran controversia al respecto. Otra cuestión es la disyuntiva, constante en la historia de la izquierda, sobre a cuánto es preciso renunciar para asegurar la aplicación de lo más esencial de su proyecto. La política es una negociación y, como tal, es clave saber gestionar las cesiones. Todos estamos de acuerdo en eso, pero es preciso concretar. En este sentido, la ‘transversalidad’ es normalmente defendida desde argumentaciones genéricas con las que casi cualquiera estaría de acuerdo. ¿Quién iba a decir que es más prioritario el modelo de estado que la fiscalidad? No, claro que no. Pero en la negociación que es la política algunos ciudadanos tenemos claro que haremos valer nuestras cartas. Algunas cesiones son claramente injustificadas, sobre todo cuando hay errores destructivos electoralmente que siguen sin abordarse. ¿Cómo pueden pedirnos renunciar a la república los que han apostado por un funcionamiento interno autoritario y endogámico que espanta a los no incondicionales? ¿Cómo pueden pedirnos renunciar a la recuperación por parte del Estado de los monopolios de la energía y la telecomunicación los que han legitimado insolidarias unilteralidades? ¿Cómo pueden pedirnos renunciar a un debate a fondo sobre el euro los que han protagonizado en el pasado intervenciones a propósito de Venezuela o de ETA que les imposibilitan representar a un electorado ‘transversal’? Podemos no debe renunciar a la valentía ni a la coherencia. Es su razón de ser. El mejor proyecto bien explicado (ambas cosas) triunfará sin necesidad de cesiones esenciales. Es muchísimo más perjudicial electoralmente el descomunal error comunicativo de la ‘plurinacionalidad’ que prometer la prohibición de la tortura y el asesinato de toros. No nos pidáis, ‘estrategas transversales’, que renunciemos a nuestra integridad para suplir vuestra carencia de ella.

    Hace 4 años 9 meses

  3. toyez

    Es curioso que la mayoría de las ¿críticas? al artículo se basen en decir lo bueno y preclaro que les parece el de Errejón y lo terrible que es éste, tratando de encasillar y ridiculizar a los firmantes por su procedencia política (incluso alguno equivocándola) sin entrar a rebatir lo expuesto. Pero bueno, teniendo en cuenta que todo el discurso de Laclau y sus exégetas parte de una interpretación sesgada y superficial del marxismo en general y de Gramsci en particular, tampoco me extraña la línea. Cuando pase el ritual de la campaña y las elecciones veremos donde están realmente los límites del institucionalisno electoralista y mediático que el errejonismo vende como la "construcción de pueblo" definitiva. Hasta entonces, un poco de humildad, que aquí ni se ha descubierto la pólvora ni se demostrado nada aparte de que con muchos minutos en TV, un discurso que simplifica los problemas y un país al borde de la desesperación es fácil conseguir asientos en las Cortes.

    Hace 4 años 9 meses

  4. Pavlichenko

    Otra vez ese estilo faltón que pretende ser ingenioso que caracteriza al Sr. Rodríguez, en esta ocasión intentando compensar la flagrante debilidad argumentativa frente al artículo de Errejón. Será que tanto "conflictuar" obnubila el razonamiento.

    Hace 4 años 9 meses

  5. juan

    antes de dedicar tanto tiempo a analizar los límites de las hipótesis de Errejón habría que constatar los límites reales de lo que defienden los autores. El límite de Anticapitalistas (Izquierda Anticapitalista) fueron unos 25.000 votos en las generales de 2011 con Urban de candidato. Se ve que esto les escuece.

    Hace 4 años 9 meses

  6. delescluze

    Muy bien no lo han hecho los autores si, siendo como son del palo movimientista / demócrata radical / confluyente, para tantos comentaristas pasan por 'izquierdistas/marxistas ortodoxos de IU'.

    Hace 4 años 9 meses

  7. Jose

    Después de leer este incalificable y penoso intento de respuesta al artículo de Errejón, solo puedo decir... qué daño ha hecho la izquierda de postal! Demasiado pobre la contestación para el nivel del artículo al que intenta contestar. Aprecié mucha hostilidad por parte de los autores a Errejón, aunque después de leer los comentarios y ver de donde vienen los autores, ya lo entiendo mejor. La confluencia con IU que tantos desean unos puede dar algunos miles de votos..... pero cuantos va a quitar? O es que la gente no votaba antes a IU (como en 2011, donde su oportunidad, con el 15-M en ebullición, fue enorme, y el resultado penoso para la posibilidad que se abría) por que eran tontos y no veían sus bondades? Algo tendrá el agua cuando se la bendice, y algo tendrá IU cuando no ha pasado de los 20 y pocos escaños.

    Hace 4 años 9 meses

  8. Blosio

    ¿No es verdad que Errejon y Rodrigues/Fernández coinciden en admitir la dicotomía "nosotros"/"ellos" como premisa básica? Esa coincidencia me resulta muy inquietante.

    Hace 4 años 9 meses

  9. Blosio

    Una pregunta: ¿No es verdad que Errejón y Rodriguez/Fernabdez coinciden en aceptar la dicotomía "nosotros"| "ellos"? Esa coincidencia me resulta muy inquietante.

    Hace 4 años 9 meses

  10. Erdelamoto

    El artículo de Errejón, con su construcción teórica sobre la realidad, le da sopas con honda a la refutación del Sr. Fernández, que lo único que parece querer decir es "no tienes razón porque has traicionado la esencias de la izquierda". Al menos, eso logro entender de un artículo bastante pobre.

    Hace 4 años 9 meses

  11. Jose Bembibre

    Si trataba de refutar, el articulo no refuta nada. Por momentos parece que no se ha leído el texto de Errejón, y cuando lo cita, con frecuencia, lo tergiversa para que encaje en lo que, de cualquier modo, quiere contar. Es un texto (malo) de combate que no necesitaba el de Errejón para nada. Por otro lado destila bastante mala uva, lo que hace que sea difícil leerlo lo ecuanimidad. Una pena, ya que Errejón abre una debate muy necesario. Vuelvo a insistir a los amigos de CTXT para que inviten a Garzón a terciar, estoy seguro que, aún discrepando, tendremos algo de mayor altura.

    Hace 4 años 9 meses

  12. jose luis

    Harían bien todos en utilizar un lenguaje menos alambicado y más directo. ¿Se podría resumir esto en un debate entre un populismo integrador (Errejón) y un izquierdismo-marxista clásico (E.Rodriguez), que quedó fuera temporalmente de Podemos y que quiere volver a entrar en Podemos, tras la confluencia con IU, y la creación de un Podemos a modo de un frente amplio de izquierdas? En todo caso, enhorabuena a Ctxt por este debate, ya solo queda el artículo de síntesis del oráculo (P. Iglesias).

    Hace 4 años 9 meses

  13. mateo morral

    Creo que más que el último intento de algo, el texto de Errejón es el primero para el segundo Vistalegre. Errejón amaga pero no da en este artículo. No tiene la voluntad de parar los movimientos en marcha. Creo que es el primer papel que dibujará los ejes de fractura en el debate asambleario de Podemos. Más una primera bandera de enganche que otra cosa. Errejón se coloca en lo que será el nuevo terreno de juego postelectoral dentro de Podemos

    Hace 4 años 9 meses

  14. Angelopoulus

    El artículo es intelectualmente penoso.

    Hace 4 años 9 meses

  15. racaille

    Expresiones condescendientes del tipo "Errejón nos habla […] como los fanboys de un grupo pop", o "el 'super chic' de su barrio, la clienta animalista y el carnicero que se divierte en Chueca", no ayudan a tomarse en serio una crítica pertinente que, por lo demás, podría estar mucho más rigurosamente fundamentada. Estoy de acuerdo con buena parte de lo que se dice, pero creo que el artículo de Errejón merecía una respuesta que aguantara mejor la comparación.

    Hace 4 años 9 meses

  16. Enrique

    No me creo nada de lo que diga Emmanuel Rodríguez. Embarcó a un montón de gente en un proyecto, y como no le gustaba la dirección en la que iba esa gente cerró el chiringuito a poco tiempo de las elecciones. Hubiera sido honrado decir al principio: el nombre es mío, y haré lo que quiera con él. Habríamos sabido a qué atenernos.

    Hace 4 años 9 meses

  17. Angiolillo

    Sin duda que puede notarse resentimiento. Y digo yo, ¿por qué no? El análisis, a mi parecer, es impecable. si bien puede estar de acuerdo con dacoal en que "toda formación discursiva tiene un carácter material" también lo estoy en que el ataque (y sabéis que no miento) a IU fue feroz mientras la transversalidad, hablaba de pactar con el PSOE. Gente inteligente como Errejón sabían de la inmaterialidad de ese discurso y estaban proponiendo un "yo no he sido" a la imposibilidad de un gobierno de izquierdas.

    Hace 4 años 9 meses

  18. juan

    En el país de la envidia en todo, llega a la política...los que envidian la apertura que ha conseguido 5 millones de votos queriendo volver a los 25.000 votos de Izquierda Anticapitalista en 2011. Toda la gente no vive con odio, sintiendo cada día el conflicto de clase, seguramente porque en sus familias hay hijos precarios y a lo mejor ellos están en una posición relativamente buena. Si se vuelve al chau-chau discursivo de la izquierda infantil pues eso, se vuelve al 5-7%.

    Hace 4 años 9 meses

  19. Blosio2

    Lo siento, estoy con Blosio, hay un sesgo que el autor mantiene oculto pero que resulta evidente. Su hubiera propuesto su praxis a la par que desmontaba la que rechaza hubieramos tenido para cruzar una visión con otra. Así solo vemos que para desmontar un argumento recurre a los mismo argumentos caprichosos que desmonta.

    Hace 4 años 9 meses

  20. Blosio

    Yo le exijo a todo polemista que haga un esfuerzo por tratar de entender al adversario. Los articulistas no lo hacen, lo que es prueba evidente de que su objetivo es refutar a Errejón, sea como sea. Y eso les resta credibilidad. Prueba: comparar a Errejón con los neoliberales, ¿puede tener otra cosa que no sea intencionalidad espúrea? Invito a los autores a que pongan claramente de modo explícito sus hipótesis ocultas: les saldrá un discurso marxista de lo más ortodoxo, pero para eso ya está Alberto Garzón. Todo lo dicho no significa que acepte el artículo de Íñigo: creo que tiene puntos débiles, pero no van en la dirección apuntada por ER y BF.

    Hace 4 años 9 meses

  21. dacoal

    Todo el artículo está basado en una falacia del muñeco de paja que se ha construido sobre el paradigma discursivo, pareciera que los autores no se han leído el propio artículo de Iñigo Errejón al que se supone que responden, porque en el propio artículo se critica que algunos reduzcan lo discursivo a lo meramente lingüístico, que es lo que continuamente hacen los autores al pretender contraponer a los discursivo lo material u objetivo, cuando la realidad es que según la teoría del discurso desarrollada por Laclau y Mouffe, toda formación discursiva tiene un carácter material. El discurso no es solamente lo que se dice de algo, constituye ese algo.

    Hace 4 años 9 meses

  22. Trex

    Desde que el autor dejo de participar del entorno PODEMOS, creo que sus analisis se ven contaminados por un cierto aire de resentimiento que desvirtua el conjunto de su analisis

    Hace 4 años 9 meses

  23. Lev

    Magistral.

    Hace 4 años 9 meses

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