1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Ciudad Pegaso. Cada uno en su lugar

Una antigua colonia de Madrid, ideada para dividir a sus habitantes en tres clases sociales, permanece aislada del resto de la urbe, apenas unida a ella por una línea de autobús

Manu Pérez Matesanz 11/05/2016

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Para Georg Simmel, reconocido sociólogo urbano, la ciudad tiende a sustituir las formas tradicionales de la sociedad por un mundo anónimo, complejo y de distancia entre individuos. Para otros autores, como Maurice Halbwachs, las transformaciones de la ciudad no resultan sólo de los mecanismos económicos, ni de las decisiones individuales, ni tampoco de razones políticas, sino de las necesidades colectivas. Hay cientos de libros sobre el socialismo utópico con el  que puede equipararse la madrileña Ciudad Pegaso. Sin embargo, quienes han vivido en estas estructuras sociales hablan con la franqueza de haber presenciado todo desde la primera fila.

En la calle en la que Alejandro coge su bici abundan los tejados cuidados, los jardines y las plazas de garaje. “Mira allí, qué diferencia” dice, mientras señala dos calles a su izquierda. Allí está el gris de las fachadas y las sábanas secando en la terraza de un sexto piso. El tiempo ha pisado un orden urbanístico que nunca existió en esta colonia de la periferia madrileña, en el distrito de San Blas-Canillejas. Una colonia creada en 1956 con un propósito en apariencia simple: dar techo a los trabajadores de Enasa (Empresa Nacional de Autocamiones S.A.) y ofrecerles todo lo necesario para vivir sin necesidad de salir del barrio. Décadas después, Ciudad Pegaso aún guarda su hueco en el mapa y un olor invisible a aceite de motor.

Ha pasado medio siglo y el lenguaje común le ha quitado a Pegaso la mitad del nombre. Le ha extirpado el calificativo de ciudad. Siempre le quedó corto. Pegaso fue durante años un universo propio. Un mundo que podía empezar en la calle Uno, ya que las calles estaban y siguen numeradas, y terminar en la piscina municipal en la que los hijos de los trabajadores, con el necesario carné acreditativo, podían bañarse en los acalorados veranos de Madrid. Así pasaban los días entre unos muros invisibles que puso el régimen. Para beneficiarse de los servicios y de la vivienda los trabajadores tenían que cumplir dos requisitos: mantener una respetable situación familiar, y por supuesto, ser fieles trabajadores. Reglas no escritas de fácil resumen: ir a misa con la esposa de un brazo y los hijos del otro y, por supuesto, agradecer todo lo que da el trabajo, y no pensar en lo que quita.

“Fue un error”, afirma Alejandro, que vio cómo aquella sociedad autárquica nunca llegó a funcionar. Este hijo de padre ajustador (encargado de ajustar las piezas de metal del motor en su lugar correspondiente), nació y creció en paralelo a un barrio al que  ha vuelto hace unos años, ya jubilado, tras años viviendo en Europa. Esa Europa de la época, escondida dentro de la mitad de un libro que muchos quisieron abrir de golpe, con rabia. “La emigración fue masiva, mi padre estuvo a punto de irse del barrio y de España”, comenta, y relata con ilusión escenas de 1 franco, 14 pesetas (Carlos Iglesias, 2006), película cuyo protagonista es un vecino de Ciudad Pegaso que emigra a Alemania: “Es una historia real, así se vivía aquí en aquella época”.

Reglas no escritas de fácil resumen: ir a misa con la esposa de un brazo y los hijos del otro y agradecer todo lo que da el trabajo

Es imposible desligar la historia de Ciudad Pegaso de la industria, la fábrica y el trabajo. Enasa no tiene mirilla para ver el barrio; Enasa es el barrio.

Ciudad Pegaso se creó en dos fases: en la primera, en 1956, se levantaron 589 viviendas, se construyó la red de infraestructuras y los locales comerciales y recreativos, así como un edificio dedicado a servicios generales de la urbanización. Con ella llegaron profesionales cualificados, la mayoría desde Cataluña, que introdujeron un sistema de producción en línea hasta entonces inédito en España. “El crecimiento fue exponencial. El barrio fue fundamento de la tecnología española. Y todavía hoy lo es, no hay que olvidar los tremendos avances que se hicieron”, cuenta orgulloso Alejandro, que no olvida siquiera las patentes que se firmaron entre aquel puñado de calles.

Poco tiempo después llegó la segunda fase, repleta de peones especialistas, sin estudios básicos, que se distribuyeron en 738 viviendas más. Para entonces, los trabajadores eran parte de un ejército estatal creado por y para el trabajo duro: “La gente no está acostumbrada a trabajar por el Estado y lo gratis no funciona”. Alquiler simbólico, jubilación a los 55. Vida cómoda para quien tolera a su jefe a diario en la cola del supermercado. Ese era el plan, pero el plan no funcionó. Se impuso la sensación de bucle, de un lugar de trabajo infinito que salía fuera de la fábrica. El centro quedaba lejos, incluso en coche. Problemas, trabajo. Sensación de jaula sin barrotes. Enasa estaba ahí, al lado del columpio del niño. En todas partes. No es de extrañar que con el tiempo los trabajadores terminaran llevando a sus hijos a otros colegios y paseando por parques de otros barrios cercanos, como la Alameda de Osuna.

Tres clases

Entre las calles numeradas se levantó un orden social creado para mostrarle a cada cual quién era. Se levantaron tres tipos de vivienda distintas según la clase social: chalés para directivos, viviendas pareadas con jardín independiente para mandos intermedios y pisos altos para trabajadores no cualificados. Esta práctica se extendió de puertas hacia fuera, donde los vecinos disponían de lugares de ocio diferentes. Unos contaban con la llamada residencia de ingenieros, actual Centro Cultural, como lugar de encuentro: un espacio con piscina y cancha de tenis que todavía hoy, repleto de despachos vacíos, parece privilegiado, incluso excesivo.

Otros vecinos, sin embargo, acudían a locales y zonas de ocio del grupo de empresa. No compartían más espacio que la parroquia de San Cristóbal. Las barras de los bares no prohibían la entrada a nadie, pero la diferenciación entre clases fue imposible de salvar. “El régimen puso servicios para todos los trabajadores, pero el nivel de vida que llevaban los directivos y los currantes nunca era el mismo”, cuenta Alejandro. Ni siquiera el denominado grupo escolar (posteriormente Colegio Nacional Ciudad Pegaso) pudo recoger a todos los niños en edad de estudiar del barrio.

Precisamente la educación fue uno de los grandes problemas de la colonia. “La gente no pudo progresar, fue un fraude”, afirma Alejandro. Tras estudiar Física y pasar su vida dando clase en la universidad puede hablar de compañeros suyos que no pudieron avanzar por un sistema ineficaz basado en el deporte. “Teníamos un profesor prusiano que nos enseñó a nadar a todos, pero de conocimiento, poco”.

Se levantaron tres tipos de vivienda distintas según la clase social: chalés para directivos, casas aparejadas con jardín para mandos intermedios y pisos para trabajadores

Manuel es otro vecino que nació y creció en el barrio. Hijo de trabajador, vivió con orgullo la respuesta de una parte de la población que reclamaba la libertad no impostada por el régimen. Ciudad Pegaso se convirtió en un punto fuerte para el sindicalismo de la época. Para vigilar estos movimientos de cerca, el Opus Dei montó en el barrio un club social llamado El Ateneo.  Sin embargo, la jugada no le funcionó y El Ateneo pasó a ser tomado por colectivos de la izquierda. Alejandro, años más tarde, llegó a regentar este local y organizó en él varias actividades con personalidades públicas cercanas al PCE.

Estos dos vecinos hoy cuentan su vida desde el centro cultural al que acuden casi a diario para poner al tanto a su directora, Julia Pérez, que ocupa esta mesa, dependiente del Ayuntamiento de Madrid, desde hace apenas un mes. “Yo vengo de Hortaleza, imagínate, el cambio ha sido muy grande”, comenta. En medio de la conversación con los vecinos, Julia no deja de interceder, entusiasta, para conocer más de la historia. Apunta datos, organiza la mesa. Parece dispuesta a aprovechar la lección: “Yo me estoy haciendo a todo, tengo que aprender deprisa”.

Desde la Junta de Distrito de San Blas-Canillejas afirman que la programación cultural de la colonia está, de hecho, en manos de Julia. Aunque sea pequeño, ese margen de maniobra le permite proponer e impulsar actividades que reactiven el barrio. Habla con los vecinos y visita la parroquia todas la semanas para charlar con el cura, “sudamericano, por cierto, cómo cambian las cosas”, cuenta riendo. La Junta presume de escuchar a unos vecinos que ahora, cada vez, están más activos políticamente. Unos y otros han conseguido celebrar una asamblea en la que se expusieron las deficiencias del barrio. La participación vecinal fue muy alta y, aunque a ella no acudió la concejala del distrito, sí lo hizo su asesora.

Luchar contra el abandono

En el año 1970 las viviendas fueron vendidas a precio de mercado por su propietario, Enasa, a los que hasta ese momento eran sus empleados. Se constituyeron las comunidades de propietarios para afrontar los gastos y la gestión de las zonas comunes (combustible para calefacción e infraestructuras de los bloques). Enasa conservó inicialmente la propiedad de los inmuebles que no eran viviendas, es decir: la piscina, la ciudad deportiva (campo de fútbol), los locales comerciales, el edificio de la residencia de ingenieros y los pórticos de la plaza de San Cristóbal. La iglesia, los salones parroquiales y la casa rectoral fueron regalados al episcopado. Y a su vez, el cine, símbolo del barrio, fue cedido por Enasa a la Dirección General de la Guardia Civil.

Hoy se han recuperado para los vecinos de Ciudad Pegaso y de todo Madrid aquellos espacios que quedaron en poder de Enasa y que tras su desaparición se camuflaron entre una bruma de empresas nacionales. Algunos de estos bienes se perdieron para siempre en operaciones de especulación, como es el caso del terreno destinado a la sede del Club Deportivo Pegaso (varias hectáreas dedicadas a dos campos de fútbol, uno de magnífica hierba natural donde entrenó muchas veces la selección española) o los locales sociales del edificio de soportales de la plaza de San Cristóbal, envueltos en un litigio judicial agotador.

Alejandro y Manuel, junto a varios vecinos, han creado el Grupo 77 (debe su nombre a la única línea de autobús que llega al barrio), un colectivo para acondicionar Ciudad Pegaso. “El barrio ha estado abandonado, muerto” cuenta Alejandro, que como director del proyecto parece seguro de los pasos a seguir: “Hay que ser realista, no es viable mantener todas las zonas verdes”. La peticiones son simples. “Solo queremos que nos arreglen las calles”, señala un vecino.

Hoy, y aunque el barrio es contraste a cada paso, Ciudad Pegaso no separa a sus vecinos por su estatus social. Las amplias zonas verdes se acumulan a los pies de edificios que han perdido ya la cuenta de sus años. Pegaso es ahora la huella en diminuto de un país autárquico y clasista hasta el ridículo. También es un barrio repleto de orgullo y de gente que trabajó más de la cuenta. 

Para Georg Simmel, reconocido sociólogo urbano, la ciudad tiende a sustituir las formas tradicionales de la sociedad por un mundo anónimo, complejo y de distancia entre individuos. Para otros autores, como Maurice Halbwachs, las transformaciones de la ciudad no resultan sólo de los mecanismos...

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Manu Pérez Matesanz

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

10 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Ignacio

    Otra visión: http://madridfotoafoto.blogspot.com.es/2009/06/cuando-ibamos-madrid.html

    Hace 5 años 4 meses

  2. Javier Vadillo (1960)

    Solo esta escrito lo que nunca vimos... Yo fui muy feliz en Ciudad Pegaso. Mucho mas feliz que puede vivir cualquier persona que vivió en el Centro de Madrid en su infancia. El vivir alli era semejante a un pueblo. Teníamos de todo... un Colegio estupendo con unos profesores buenísimos, un cine, una piscina, plazas y unas fiestas buenisimas... Hay que hablar de todo. La parte oscura que narras ni siquiera era visible, si es que era existente.

    Hace 5 años 4 meses

  3. Dely

    Yo nací y me crié en el barrio y nunca note esas diferencias sociales, de hecho de niños todos jugabsmos e íbamos al único colegio que había. Nunca carecimos de nada y de hecho me marché y regrese a mi querido barrio. Por lo tanto, habría que hablar mucho al respecto.

    Hace 5 años 4 meses

  4. Dely

    Yo nací y me crié en el barrio y nunca note esas diferencias sociales, de hecho de niños todos jugabsmos e íbamos al único colegio que había. Nunca carecimos de nada y de hecho me marché y regrese a mi querido barrio. Por lo tanto, habría que hablar mucho al respecto.

    Hace 5 años 4 meses

  5. Vicente

    Me encanta saber que hay otra Ciudad Pegaso, doy por hecho que el artículo no se refiere a la que yo conozco, es decir, a la 28022 de Madrid. Que imaginación tiene este hombre.

    Hace 5 años 4 meses

  6. Nieves

    Yo también nací, me crié, crecí, me enamore, viví, de hecho, sigo viviendo junto a Pegaso. He leído el artículo y no se quien te ha contado lo que has escrito. Yo al menos, no lo he vivido como dices, y si pasas por el grupo "pegasinos" de Facebook, verás que somos muchos los que fuimos, somos y seremos felices en Pegaso, y que no hemos sentido las diferencias sociales que describes. Desde mi punto de vista solo puedo decir, gracias Pegaso por existir!!!

    Hace 5 años 4 meses

  7. Edu1200

    Yo me eche novia en Pegaso y eramos los "Capuleto y los Montesco" del barrio. Hijo de clase obrera e hija de Ingeniero. Hoy es la madre de mis hijos y aun vivimos juntos....El amor todo lo puede!!

    Hace 5 años 4 meses

  8. Ana Rosa

    He crecido en Pegaso no me ha faltado nada!!:colegio, paroquia, zonas para jugar sin peligro, piscina para el verano...y de adolescente el ateneo y los salones parroquiales para nuestos bailes. Estoy orgullosa de como era mi barrio, ahora ya es otra cosa.....ha ido a peor.

    Hace 5 años 5 meses

  9. David

    He nacido y me he criado en Pegaso y estoy totalmente de acuerdo con el articulo , bien documentado y con muchas verdades que no se han querido ver , que no tiene nada que ver con tener una infancia feliz

    Hace 5 años 5 meses

  10. Antonio

    Yo nací y crecí en Pegaso. No se quien te ha contado todo esto, algún resentido. Amo mí pueblo, amo a mis vecinos, y estoy seguro que ellos piensan lo mismo. En Pegaso fui feliz con mis padres, mi hermano, mis amigos vecinos, y con eso me vale, todo lo demás es ganas de buscar donde no hubo. Un Pegasino.

    Hace 5 años 5 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí