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Alfredo López Casanova / Iniciador del proyecto ‘Huellas de la Memoria’

“México vive el regreso de un Estado de terror”

Fabrizio Lorusso México , 11/05/2016

<p>El artista y activista social Alfredo López Casanova en su taller de México D.F.</p>

El artista y activista social Alfredo López Casanova en su taller de México D.F.

F.B.

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El taller de Alfredo López Casanova, activista social y escultor mexicano, parece una casa-museo con obras y narraciones que capturan al visitante. Estamos en el corazón antiguo de la Ciudad de México, donde el estruendo de las calles atiborradas se apacigua, el ruido encuentra su silencio y la memoria graba sus huellas. El proyecto Huellas de la Memoria nació aquí, pero la idea se gestó y creció en las calles, en las fosas, en los hogares, en las marchas y en las familias que son testigos de las desapariciones forzadas en México. La mayoría de éstas están relacionadas con algún tipo de omisión, acción o connivencia por parte de las autoridades. Según datos oficiales son más 27.000 las personas desaparecidas en el país y más de 150.000 los muertos atribuibles al conflicto interno de la última década. Se trata de un fenómeno complejo que abarca y rebasa la llamada “guerra al narco”, declarada por el entonces presidente Felipe Calderón en 2006, e incluye múltiples tensiones sociales, desigualdades y problemas no resueltos dentro de un modelo socio-económico excluyente.

Los zapatos de los mexicanos, centroamericanos y latinoamericanos que buscan a sus seres queridos pueden convertirse en mensajeros de esperanza y de denuncia. Alfredo López se ha dedicado a grabar en suelas de zapatos  nombres, recuerdos y fechas y ha imprimido en papel sus huellas como parte de un proyecto cada vez más colectivo e itinerante. El 9 de mayo se inauguró en el Museo de la Memoria Indómita de la capital mexicana la primera exposición de este trabajo, que expone 70 pares de zapatos y sus huella. Estará abierta durante dos meses y luego viajará al norte de México y,  probablemente también a Estados Unidos.

¿De dónde surge la idea para el proyecto Huellas de la memoria?

Nace a partir de un acompañamiento a las familias de los y las desaparecidas. Surge durante  la marcha del 10 de mayo de 2010 del Monumento a la Madre al Ángel de la Independencia en la capital. Era un día especialmente caluroso, íbamos caminando y empecé a sentir los pasos que resonaban. Se lanzaban consignas y había momentos de silencio. En estos momentos oía los pasos. Era una marcha nacional, la más importante del país, en donde se juntaban familiares procedentes de todas partes para denunciar su caso. Empecé a fijarme en los zapatos, especialmente en la parte de atrás, donde estaban más desgastados. Esos zapatos eran parte de la identidad de las personas y de la región de la que venían. Lo único que les conectaba, de Tijuana a Guerrero, de Oaxaca a Monterrey, era tener un familiar desaparecido.

¿Cómo empezó a darle forma?

Empecé a hablar con gente con quien tenía confianza. Le pedí a Lety Hidalgo que me prestara unos zapatos viejos. Ella es de Monterrey y busca a su hijo Roy. Me dijo que sí, que me los iba a dar y que eran zapatos que apreciaba mucho. Yo hice el texto porque conocía el caso. La idea era grabar los datos de pertenencia, que dijeran quién es la persona. Por ejemplo, “Yo me llamo Lety Hidalgo y busco a mi hijo”, simplemente. En el otro zapato pone: “Roy fue desaparecido el 11 de enero del 2011”. Después me llegaron los de Luz Helena Montalvo, de Coahuila, con una carta como si estuviera dirigida a su hijo. Supe que allí estaba la clave. Decía: “Soy Luz Helena Montalvo, madre del arquitecto Daniel Roberto Dávila Montalvo, desaparecido forzadamente el 23 de junio de 2009 en la ciudad de Torreón, Coahuila, a la edad de 27 años. Daniel es padre de una nena y un niño que lo esperan con ansiedad. Al llevárselo se ha quedado detenida la vida, para nosotros no hay proyecto de vida, no hay alegría, para mí que soy su madre sólo es caminar, buscar, buscarlo con esperanza de encontrarlo y traerlo de nuevo a casa. Dany, yo te sigo buscando, tu padre, hermanos, esposa, hijitos, abuelitos, tíos, cuñados, primos te extrañamos, te queremos con nosotros, nos haces mucha falta. Tu madre”.

Subí las fotos a Facebook para ver qué impacto tenía y empezó a tener repercusión, además de en México, en Chile, Argentina y Uruguay, por lo que pasó allí durante las dictaduras.

¿Cuándo se empezó a consolidar?

A mediados del 2014. Al abrir la página de Facebook algunos familiares de desaparecidos empezaron a buscarme. Empecé a construir una red de relaciones, gracias también a sus propias redes,  como por ejemplo Fundec (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos) en Coahuila, Fundenl (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos) en Nuevo León, y otras más. Todavía no había ocurrido el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.  Me di cuenta de que cada uno de los familiares tenía unos zapatos guardados a los que le tenían un cariño especial.

¿No había grupos organizados antes?

El único antecedente que yo recuerdo es Eureka, constituido alrededor de Rosario Ibarra de Piedra. También el grupo de Guerrero, con Tita Radilla, hija de Rosendo, y la gente de allá. Son casos de los años setenta. Pero hay mucha gente con familiares desaparecidos que no está vinculada a ninguno y que no sabe qué hacer. Buscan por su cuenta.  

¿A qué épocas hacen referencia las historias de sus zapatos?

El proyecto no está acotado a ninguna época, sino que fue caminando solo y en este camino uno se va encontrando con personas que buscan, incluso desde los setenta. Alejandra Cartagena es hija de Leticia Galarza Campos, desaparecida en la Ciudad de México en 1978, durante la desaparición forzada de militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Están también los zapatos de Celia. Su esposo, Jacob, desapareció en 1974. Me escribió una carta que decía:  “Me llamo Celia Piedra Hernández, busco a mi esposo, Jacob Nájera Hernández, víctima de desaparición forzada en San Jerónimo de Juárez, Guerrero, desde el 2 de septiembre de 1974, Maestro egresado de la Normal de Ayotzinapa.  Con estos zapatos no pararé de buscarte hasta encontrarte, te amamos con el corazón que es el motor de tu búsqueda”.

¿Hay un tema central en lo que le escriben quienes buscan a familiares?

Sí, les planteo una pregunta: ¿Qué te dicen a ti las palabras encontrar y buscar? Y cada persona pone lo que quiere. ‘Yo me llamo Yolanda Oropeza, busco a mi hijito Roberto Oropeza Villa que desapareció en Piedras Negras, Coahuila, el 21 de marzo de 2009. Caminar para mí es un aliento de esperanza para algún día dar con su paradero”, es algo simple, directo. Pero hay cartas más extensas que, con el paso del tiempo, construyen narraciones. Melchor Flores Landa escribe: ‘busco a mi hijo, Juan Melchor Flores Hernández, víctima de desaparición forzada. Los hechos sucedieron en Monterrey el 25 de febrero del 2009’. Luego añade:  ‘Hijo, llevo 7 años buscándote y aún no me he cansado de buscar, te seguiré buscando hasta que Dios me lo permita, mis fuerzas y mi cuerpo aguanten, estés donde estés te mando todo mi amor de padre, te amo y te necesito”.

¿En qué idiomas está la página Facebook?

Al principio solo es español. Luego me topé con una muchacha inglesa que estaba haciendo una tesis. Se ofreció a hacer una página en inglés.  Otros amigos y amigas que están aquí en México hicieron lo mismo en italiano justo después. Luego surgieron la página alemana y la japonesa, por una relación fuerte que tengo con los colectivos de “Bordamos por la Paz”. Algo parecido sucedió con la página en francés. Estamos construyendo un sistema para que el proyecto tenga impacto fuera del país.

¿Todas las huellas son verdes? ¿Piensas en otros colores?

En el transcurso del proyecto de Bordamos por la Paz se empezó a bordar en rojo por todos los asesinatos del país. Después empezamos con el verde, a propuesta de los familiares de desaparecidos, que dijeron que este color representaba para ellos la esperanza de encontrarlos con vida. El verde se consolidó y muchos grupos han adoptado este color. Yo sigo usando el verde con la esperanza de encontrarlos, pero van a surgir dos colores más. El negro nace porque llegan zapatos relacionados con casos diferentes. Por ejemplo uno dice: “Yo soy María Helena, mamá de José Saúl Ugalde Vega, desaparecido el 14 de septiembre de 2015 en Querétaro. Con estos zapatos salí a buscarte a diario, fueron días desesperados, sin dormir, sin comer, esperando dar contigo. El 4 de diciembre de 2015 encontraron tus restos, te amo hijo y nunca te olvidaremos”. Como señal de luto tenemos que grabarlos en negro. También usaremos el rojo porque muchos de los que han estado buscando han sido asesinados, como en el caso de Nepo, Nepomuceno Moreno. Una semana antes de que le mataran le dijo al expresidente Calderón a la cara que le habían amenazado de muerte por buscar a su hijo. A Calderón no le importó y don Nepo fue asesinado. No es el único. Conozco 5 o 6 casos más de familiares asesinados por buscar a sus hijos.

¿Hay otras historias que nos quieras comentar?

Este proyecto refleja el país. El país está contenido en los zapatos de las familias que buscan. Tengo pares de Tijuana, de Guerrero, de Oaxaca y de Chiapas. Es sintomático que tenga mayor cantidad de los lugares en donde el conflicto es mayor, en Tamaulipas, Tijuana, Veracruz y Guerrero. En realidad es un termómetro del conflicto. También tengo unos de Ayotzinapa en los que grabé: ‘Yo Margarito Ramírez busco a mi hijo que se llama Carlos Iván Ramírez Villareal, estudiante de la normal de Ayotzinapa. Lo desaparecieron policías, junto con 42 de sus compañeros en Iguala, 26 de septiembre de 2014’.

¿Tiene alguno de otro país?

Sí, de Argentina, Guatemala y Honduras.

¿Cómo le van a dar seguimiento?

En el futuro será un proyecto abierto y colectivo. Así las desapariciones forzadas tendrán mucha mayor visibilidad.

¿En qué sentido?

Estamos viviendo el regreso de un Estado de terror, de un Estado represor. Y la estrategia mediática, especialmente de la televisión, es dar una visión idílica del país. Eso hace que mucha gente niegue lo que está pasando. Sin embargo, la situación es dramática como la que estamos viviendo: hay  más de 30.000 desaparecidos y 150.000 muertos. Hay gente protestando, pero si hay 30.000 desaparecidos, debería haber entre 30.000 y 60.0000 personas, dos por familia, protestando y exigiendo explicaciones. Y no es así, no nos estamos movilizando. Los familiares hacen lo que pueden, se están uniendo a nivel nacional para tener más fuerza, sobre todo en lo que concierne a la iniciativa de Ley sobre la Desaparición forzada, que está en proceso legislativo. Que un país como éste no tenga una legislación sobre las desaparición forzadas, es una tragedia. 

El taller de Alfredo López Casanova, activista social y escultor mexicano, parece una casa-museo con obras y narraciones que capturan al visitante. Estamos en el corazón antiguo de la Ciudad de México, donde el estruendo de las calles atiborradas se apacigua, el ruido encuentra su silencio y la memoria graba sus...

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Autor >

Fabrizio Lorusso

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