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"Salir de la UE nos haría menos grandes"

Discurso de Hilary Benn, secretario de Exteriores en la sombra del Partido Laborista, el lunes 13 de junio, en campaña contra el Brexit

Hilary Benn 15/06/2016

<p>Hilary Benn.</p>

Hilary Benn.

Chatham House

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Nos reunimos hoy aquí faltando sólo diez días para el referéndum. Un referéndum no sólo sobre nuestra permanencia en la Unión Europea pero también sobre el papel y la influencia de Gran Bretaña en el mundo.

Nuestro gran país –nuestro extraordinario país-- es uno de los más exitosos de la historia de la humanidad.

Con menos del uno por ciento de la población del mundo, somos la quinta economía y generamos el cuatro por ciento del PIB mundial.

Nuestro idioma lo hablan más de 1.500 millones de personas en todo el mundo, más que cualquier otro.

Nuestra literatura, nuestro teatro, nuestro cine, y nuestros actores son queridos en todo el mundo, desde Shakespeare a J.K. Rowling y de Mark Rylance a Idris Elba.

Nuestras universidades atraen a los más brillantes y a los mejores.

Tenemos más ganadores de premios Nobel per cápita que Estados Unidos, Alemania o China.

Nuestras medios de comunicación son respetados en los cuatro confines del globo por su imparcialidad.

Hemos ayudado a influenciar y a dar forma al mundo moderno a través del poder de nuestras ideas y valores: nuestro sistema de gobierno, la democracia parlamentaria, las leyes nacionales e internacionales, los medios libres, el comercio libre y la convicción de que todo ser humano tiene derechos y son inalienables. Ideas que han sido un modelo de inspiración para los que no gozaban de nada de esto.

Esto pasó porque no renunciamos a trabajar con otros. Sucedió porque aceptamos a otros, viajamos, comerciamos, construimos alianzas, nos abrimos a ideas nuevas y dimos la bienvenida a nueva gente.

La historia británica, nuestra singular historia como una isla nación, se ha formado gracias a que hemos mirado más allá de nuestras costas y nos hemos relacionado con otros.

Y porque hicimos eso, Gran Bretaña no sólo es exitosa sino también uno de los países más influyentes.

El edificio donde nos encontramos, Church House, es una parte importante de ese viaje.

Hace setenta años, aquí, en 17 de enero de 1946 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió por primera vez, con Gran Bretaña como uno de los miembros permanentes.

Una semana más tarde, en el Central Hall, justo al otro lado de la calle, la Asamblea General de la ONU mantuvo su reunión inaugural.

Al salir de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial las naciones del mundo se reunieron para comprometerse con nobles ideales y con los derechos humanos y decidieron hacerlo a través del diálogo y la negociación.

Las raíces de la Unión Europea también se consolidaron en estas cenizas y se dibujaron sobre los mismos principios.

Y con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero – que juntó a antiguos rivales – sus fundadores decidieron convertir el conflicto en el continente europeo –en palabras de la Declaración de Schuman--  “no meramente impensable, sino materialmente imposible”.

Esta visión era el homenaje más elocuente y duradero que podíamos haber creado para las dos generaciones de jóvenes europeos que habían dado sus vidas en la guerra y ahora descansan eternos en cementerios inmaculados. La inscripción en sus lápidas –sus nombres, sus edades, los soldados desconocidos- nos apelan hasta este día  a la generación de postguerra, a hacer todo lo que esté al alcance de nuestras manos para evitar que esa carnicería se repita.

Estas y otras instituciones formadas al final de la Segunda Guerra Mundial fueron esfuerzos conscientes para establecer un nuevo orden mundial.

Y esta esperanza, en nuestro continente, se ha hecho realidad. Europa está en paz.

Y durante más de cuarenta años Gran Bretaña ha estado en el corazón de la Unión Europea.

La Unión de 28 democracias libres trabajando juntas ha demostrado lo que el ser humano puede conseguir cuando sustituimos conflicto por cooperación y enemistad por diálogo.

Durante más de cuarenta años Gran Bretaña ha estado en el corazón de la Unión Europea

Una Unión que ha traído prosperidad y ha creado el mercado único más grande del mundo.

Una Unión que ayuda a proteger nuestra seguridad y nos ha hecho uno de los países más estables y seguros del mundo en el que vivimos.

En efecto, si toda la humanidad pudiese cooperar, comerciar, y trabajar como lo han hecho las naciones de la Unión Europea, entonces habría más paz, más prosperidad y más progreso en esta tierra.

Y ha dado a Gran Bretaña una voz más fuerte en el mundo.

Gran Bretaña lidera dentro de Europa, desde el comercio al cambio climático, desde la buena gobernanza al alivio de la deuda a las naciones más pobres. En resumen, Europa ayuda a liderar el mundo.

A aquellos que abogan por  abandonar la Unión Europea les digo que tienen una gran responsabilidad para probar su apuesta.

Durante las últimas semanas y meses, ha quedado claro que su argumento se basa fundamentalmente en los costes económicos de la permanencia, la inmigración y la pérdida de soberanía.

Quiero dirigirme directamente a ellos.

Ahora que la afirmación de la campaña a favor de la salida de Europa de que nuestra pertenencia  nos cuesta 350 millones de libras (unos 440 millones de euros) a la semana ha sido desacreditada, sostienen que no habrá un coste para la economía de Gran Bretaña si salimos.

Están equivocados. Están peligrosamente equivocados. Están jugando con los trabajos de la gente, su sustento, y los ingresos de las familias mientras nos atraen hacia el abismo.

Niegan, precipitadamente, los beneficios claros de nuestros negocios, trabajadores, consumidores, y nuestra riqueza nacional al ser miembros del mercado único. Seamos claros, Boris Johnson, Nigel Farage y Michael Gove han dicho que quieren irse.

Y son precisamente los beneficios del mercado único por lo que todos los estudios de mercado, el Banco de Inglaterra, el Institute for Fiscal Studies, el Tesoro, el FMI, la OCDE, el Banco Mundial y el 90% de economistas independientes, dicen que irse de la Unión Europea dañaría nuestra economía y nos acabaría costando dinero, no ahorrándonoslo.

El mercado único permite a las empresas inglesas hacer negocio con 500 millones de consumidores

El mercado único permite a las empresas inglesas hacer negocio con 500 millones de consumidores, incrementando por diez el número de personas a los que podemos vender nuestros productos sin aranceles, como si los estuviésemos vendiendo aquí en casa.

El comercio libre beneficia a la economía. Genera impuestos que nos ayudan a pagar la NHS [Servicio Nacional de Salud], nuestros colegios, nuestras pensiones, nuestra construcción de casas, nuestra infraestructura, y nuestro Estado de bienestar. Aún así, la campaña a favor de la salida está dispuesta a ver a nuestra economía sufrir, lo que se traducirá en menos dinero para gastar en todas estas cosas que estimamos.

Si nos vamos tendremos sólo dos años para negociar no sólo la nueva relación de comercio con la Unión Europea, sino  también con los otros 53 países con los que tenemos, en este momento, tratados comerciales porque somos miembros de la Unión Europea.

Si fracasamos, tendremos que retroceder a los términos de la Organización Mundial del Comercio, como admitió Nigel Farage.

¿Qué quiere decir esto?

Quiere decir que cada uno de los casi  2.000 coches que exportamos cada día a la Unión Europea tendrán un diez por ciento de aranceles.

Quiere decir que nuestra industria, que representa el 80% de nuestro PIB, se sumergirán en la incertidumbre.

¿De qué manera podría la salida de la Unión Europea ser buena para la economía británica?

¿De qué manera salir del mercado único podría animar la inversión interna, sabiendo que somos el país de más éxito en Europa haciendo precisamente eso --con más éxito que Francia y Alemania?

¿De qué manera nos ayudará a mantener los trabajos?

La respuesta sencilla es que de ninguna.

Y eso nos aclara que la influencia que tenemos como miembros de la UE da forma a nuestras relaciones económicas con otros; influencia que dejaríamos de lado si nos marchásemos.

Y no es sólo la economía y el comercio.

Hablemos de inmigración.

Para muchos el problema en este referéndum es la inmigración.

Tienen la sensación de que nuestro país está demasiado lleno, de que nuestros servicios públicos están bajo presión, de que estamos perdiendo nuestra identidad y de que dejar la Unión Europea nos devolverá el poder sobre todo esto.

Es una sensación que es palpable en esta campaña, pero también lo son estas verdades.

Tenemos la obligación de ser honestos entre nosotros sobre la naturaleza del mundo en el que vivimos y sobre los cambios que se han sucedido y que veremos sea lo que sea lo que se vote el 23 de junio.

La inmigración a Gran Bretaña continuará nos quedemos o nos vayamos, como ha admitido la campaña por el sí.

En efecto, las promesas contradictorias de Nigel Farage simplemente no son congruentes. Y cualquiera que crea que votar a favor de la salida bajará los números de inmigrantes significativamente se decepcionará con el tiempo.

La inmigración a Gran Bretaña continuará nos quedemos o nos vayamos, como ha admitido la campaña por el sí

El libre movimiento es parte del acuerdo y la razón por la que tanta gente ha venido aquí desde otros países de la UE es porque hay trabajo. Empleos que se necesitan y que, si no hubiese sido por la inmigración, los empresarios se habrían vuelto locos con las dificultades para cubrirlos. Vacantes para médicos, enfermeras, profesores, trabajadores de fábrica, cocineros, camareros, recepcionistas, científicos y limpiadores.

Gran Bretaña siempre ha dado la bienvenida a aquellos que han querido venir aquí para trabajar, vivir y contribuir.

Pensemos por un momento en el mayor reto social que afrontamos, el boom demográfico que veremos con el aumento de  los mayores de 65 años en casi cinco millones en las próximas dos décadas.

Ya ahora, uno de cada cinco trabajadores sociales viene de fuera de Gran Bretaña – de Europa y el resto del mundo-- y necesitaremos más porque habrá más gente a la que cuidar.

Cuando mi padre se acercaba al final de su vida, la mayoría de la gente que le cuidó con paciencia y amabilidad venía de fuera de este país.

Y en los años que vendrán, será nuestro momento para que nos cuiden.

Y además de proporcionar cuidados, necesitaremos pagar por ellos, por lo que es extremadamente irresponsable pedir algo que nos llevará a tener una economía más frágil, menos fuerte y menos próspera. Dañará nuestros servicios públicos y será más difícil tratar,  como se debe, las tensiones que acarrea la inmigración.

La verdad es que dejar la UE no va a parar la inmigración. Nuestra economía seguirá necesitando de su contribución.

Y, por supuesto, la inmigración funciona en los dos sentidos.

Más de un millón de británicos han elegido vivir y trabajar en otros países de la UE. Esto también es parte del acuerdo.

Más de un millón de británicos han elegido vivir y trabajar en otros países de la UE

Salir de la UE nos haría, a ellos y a nosotros, mucho más difícil el viajar, estudiar y trabajar en otros sitios de Europa; ese derecho podría desaparecer completamente. ¡Qué oportunidad perdida para la próxima generación!

Es fundamental para la solidez de la economía británica la libertad de traer nuevos talentos y mentes creativas de fuera y usar la grandísima reserva de esas habilidades y talentos para construir nuevos negocios que emplean a trabajadores en Gran Bretaña y que compran bienes y servicios de marcas británicas.

La verdad es que somos una nación de migrantes. Desde los romanos a los anglosajones a los normandos. Desde el éxodo judío a la hambruna irlandesa. Desde la generación Windrush y aquellos que vinieron de India, Pakistán, y Bangladesh para trabajar en los molinos y en la manufactura al equivalente del día de hoy, de Polonia, Lituania y Rumania.

E incluso algunos americanos, añadiría, siendo yo el orgulloso hijo de un inmigrante de Ohio.

Una de las mejores cosas de este país es la manera en la que  generación tras generación las sucesivas olas de inmigración se han mezclado, juntado y casado hasta el punto en el que es casi imposible desenredar los hilos de los viajes que les trajeron aquí.

Esto no quiere decir que ninguno de nosotros, ya haya nacido en Gran Bretaña o fuera, se sienta menos auténtico de lo que cree ser.  Estamos orgullosos de quienes somos – ingleses, escoceses, galeses, norte irlandeses, británicos, europeos – y de esa manera tan británica, nos llevamos bien.

La pregunta que se hace la gente es: ¿seguiremos viendo estos niveles de inmigración? ¿Hay algún límite? Bueno, podemos influir en el nivel, pero no de la manera que la campaña por el sí piensa.

El número de  los que vengan se determinará por el tamaño y la fuerza de nuestra economía y de la disponibilidad de trabajo.

El número se puede ver afectado por medidas como la prevención de las agencias de empleo clandestinas, parando la explotación y el abaratamiento de los salarios y asegurando que los trabajadores migrantes contribuyan antes de que reciban beneficios laborales.

Tenemos la habilidad de controlar los términos en los que un nuevo Estado miembro entra en la UE, porque nosotros, como los demás países de la UE, tenemos derecho de veto. Podemos imponer las condiciones que queramos, incluyendo el libre movimiento.

En el problema de los refugiados, como nos ha enseñado la crisis siria, el reto será enfrentarse al conflicto con éxito, evitar el peligroso cambio climático, y desempeñar nuestro papel para ayudar a los países en vías de desarrollo a ser más prósperos para que la gente pueda tener una vida mejor donde han nacido, en vez de en otro lugar.

Estemos o no en la UE, cuando una crisis llega – guerras, sequías, inundaciones, enfermedades-- si la gente no puede sobrevivir donde reside, hará lo que los seres humanos han hecho desde el principio de los tiempos: moverse en busca de una vida mejor.

Y cómo actuar en estos casos, me lleva finalmente a hablar de soberanía y lo que significa ser soberano en el mundo moderno.

La campaña a favor de la salida afirma que hemos perdido la soberanía absoluta y que la podemos recuperar.

Aquí también están equivocados.

Seguimos siendo una nación soberana. Un Parlamento británico soberano se unió al Mercado Común, un pueblo británico soberano votó a favor de la permanencia en 1975, una Cámara de los Comunes soberana ha estado de acuerdo con cualquier cambio del tratado desde entonces, y una Cámara de los Comunes soberana cumplirá con la decisión que tome el pueblo británico en diez días.

No estamos en el euro. No estamos en el espacio Shengen. Estamos excluidos de una unión cada vez más estrecha. Y aún así seguimos teniendo una gran influencia en la Unión Europea.

La mayoría de las veces estamos en la parte ganadora del Consejo de Ministros

Lideramos la propuesta para ampliar los miembros, para dar la bienvenida a los antiguos Estados comunistas de la Europa del Este que veían la UE como una maravillosa expresión de la libertad.

El mercado único fue nuestra idea, y parte de las razones de la mayoría cualificada fue prevenir que otros Estados miembro siguiesen protegiendo sus propios mercados en perjuicio de nuestros negocios y exportaciones.

La mayoría de las veces estamos en la parte ganadora del Consejo de Ministros.

La verdad es que levantar el puente levadizo y dejar la UE no reforzará nuestra soberanía nacional.

Todo lo que hará será debilitarla eliminando nuestro poder de influencia en un mundo cada vez más complejo e interdependiente. Nos obstaculizará para responder a los cambios y retos que nos presenta este siglo.

¿Cuál es el punto de la soberanía absoluta si no se puede ejercitar para conseguir lo que uno quiere? Es una forma fantasmagórica de soberanía. Una pared imaginaria, hecha no de ladrillos y cemento, sino de humo y espejos. Humo que se disipará en el momento en el que entre en contacto con otros hechos.

¿Nos ayudará a tener un mundo más pacífico y seguro?

¿Nos ayudará a parar el peligroso cambio climático, que --sin control devastará Gran Bretaña, una isla nación, rodeada por todas partes por un mar creciente-- que no respetan ninguna noción de soberanía?

¿Nos ayudará a estar más seguros cuando sabemos que trabajar juntos es la mejor protección contra las agresiones y la mejor manera de mantenernos a salvo del terrorismo?

¿Nos ayudará a crear las maravillas que surgen de la ciencia y la tecnología, la industria y las ideas que cambian el mundo en formas con las que ahora sólo podemos soñar?

La respuesta a todas estas preguntas es no.

Lo que sí nos ayudará, como la Gran Bretaña del siglo XXI—grande y poderosa— nos ha demostrado-- es estar conectados a otras naciones y construir relaciones con ellas.

Lo que nos ayudará es compartir parte de nuestra soberanía con otros por un beneficio mutuo.

Ahora bien, por supuesto, como en cualquier relación, a veces consigues lo que quieres y a veces no. Un poco como en las familias. Pero no es una discusión para alejarse, porque juntos estamos mejor.

Pero la parte separatista entonces dice: “Nosotros podemos mantenernos solos” y  “Gran Bretaña puede ser grande otra vez”.

Yo digo que Gran Bretaña nunca dejó de ser grande, y puede ser todavía más grande en el futuro.

Es la campaña separatista la que está subestimando a nuestro país, aunque seamos líderes en las Naciones Unidas, en la OTAN y en la Commonwealth, así como en la UE.

Piensan que no somos capaces de continuar ejerciendo nuestra influencia en Europa.

Parece que lloran por la era en la que Gran Bretaña ganó influencia a través de la fuerza militar y el Imperio. Pero la verdad es que esos días se han acabado.

Y lo que no termina de reconocer es ese cambio mediante el cual hemos seguido siendo grandes en el mundo moderno.

En la segunda mitad del siglo XX nos dimos cuenta de que era mucho mejor y mucho más efectivo ser un poder global que consiguiera objetivos mediante la cooperación, que mediante  la conquista.

En la nueva Era Isabelina en la que ahora vivimos, Gran Bretaña ha tenido éxito mediante la persuasión, construyendo relaciones, proclamando los valores británicos, promocionando el libre comercio, y sosteniendo el imperio de la ley y de los derechos humanos universales.

Esta decisión consciente de cambiar el poder duro por el poder blando fue un paso que requería una enorme valentía, porque significaba renunciar a los avances que habíamos conseguido en el pasado.

Pero ha merecido la pena.

Y dimos el paso, en parte por la experiencia amarga de la guerra, y en parte porque podíamos oír el inexorable final de la Era del Imperio que venía con el creciente reclamo de libertad por parte de nuestras colonias.

Y lo que pasó fue que su sumisión dio paso a su autodeterminación al tiempo que los vientos del cambio se llevaban el antiguo orden y un nuevo mundo emergía.

Fue el 14 de agosto de 1941 cuando Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt se reunieron en Newfoundland para adoptar una declaración conjunta -- posteriormente llamada la Carta del Atlántico-- que asentaba los objetivos de los aliados para el mundo de posguerra, que se convertirían en las bases para las Naciones Unidas.

Y, lejos de ser una contradicción, lo que unía estos objetivos era la naciente comprensión de que para que los Estados determinarán su futuro en la era moderna tenían que cooperar con sus vecinos y con el resto del mundo.

¿Y cuál es la mejor forma de promover los intereses de los británicos de ahora y del futuro?

Continuar haciendo exactamente eso. Continuar participando y liderando aquellas organizaciones que hemos ayudado a crear y que dieron y siguen dándonos influencia.  

Una influencia que puede verse hoy de muy diferentes maneras.

Desde la Convención Europea de Derechos Humanos, que ayudamos a diseñar, hasta los Estándares Británicos [British Standars] que permiten al mundo confiar en la calidad de los bienes y servicios.  

Desde el liderazgo de Reino Unido en ayuda humanitaria --el Fondo Central para la Acción de Emergencia (CERF) fue una propuesta británica-- hasta la primera legislación sobre cambio climático en el mundo.

Para nosotros, de entre todos los países, alejarnos de la Unión Europea y, en el proceso, mandar un mensaje al resto de la humanidad de que damos la espalda a estos valores, a la cooperación y a la influencia que ésta nos da, no sólo sería un error catastrófico para nuestro país sino que sería subestimarnos a nosotros mismos.

Nos haría una Gran Bretaña más pobre. Menos Gran Bretaña. Una Gran Bretaña con menor influencia.

Y lo más dañino de todo, socavaría las oportunidades de nuestros hijos y de nuestros nietos. ¿Por qué motivo, como padres y abuelos, querríamos hacerles eso?

En el mundo en que yo nací, en 1953 --el año de la coronación de la Reina-- la población era de 2.700 millones de personas. Hoy somos 7.500 millones.

Cuando mis nietos alcancen mi edad, compartirán este pequeño y frágil planeta con diez mil millones de hombres, mujeres y niños.

¿Realmente salir de Europa les dará un mayor control sobre el mundo en que vivirán? ¿Hará que su futuro sea mejor?

¿Les ayudará a gestionar los cambios que inevitablemente verán en sus vidas igual que nosotros hemos visto grandes cambios en las nuestras?

¿Les ayudará a aprovechar las oportunidades que les esperan en este siglo?

En nuestros corazones, sabemos que la respuesta a todas estas preguntas es no.

Así que tenemos diez días para asegurarnos de que esto no ocurra.

Tenemos diez días para llevar esta apuesta a todas los confines del país.

Tenemos diez días para proclamar el valor de la cooperación con nuestros vecinos.

Tenemos diez días para honrar la visión y el coraje y la determinación de aquellos que trajeron paz a nuestro continente.

Nuestra visión es una por la que vale la pena luchar.

Así que vamos a salir y ganar esta batalla por el futuro y por Gran Bretaña.

Autor >

Hilary Benn

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