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Made in Taiwan

Censura, islam, rap malasio y vídeos fantasma

Barbara Celis Taipei , 30/08/2016

<p>Namewee, en una imagen de archivo.</p>

Namewee, en una imagen de archivo.

YouTube

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La noticia: popular rapero malasio de nombre Namewee ofende al islam con un vídeo musical titulado Oh my god!, que firma junto al grupo de raperos taiwaneses Nine One One (Yiu Ji Ji) y que llega a YouTube a finales de julio. Así lo denuncian varias organizaciones musulmanas malasias que consiguen que tres semanas después la policía arreste a Namewee durante cuatro días amparándose en una ley que castiga a quienes hieren o profanan un lugar de culto con la intención de insultar cualquier religión. Amnistía Internacional interviene y denuncia el abuso sobre la libertad de expresión ejercido contra el rapero, quien finalmente queda en libertad el pasado 25 de agosto pero podría ir a la cárcel durante dos años si finalmente se le declara culpable. Lo primero que hace al ser liberado es filmar un vídeo (que misteriosamente ya no está online) en el que asume todas las responsabilidades respecto a la canción y pide que dejen tranquilos a los taiwaneses, quienes vía Facebook ya han expresado su desconcierto ante el arresto del músico y reiteran que no había ninguna mala intención en una canción que busca promover “paz y armonía religiosa” y que además es simplemente parte de la banda sonora de la película taiwanesa The Big Power. Por si acaso, subrayan que ellos son unos mandaos, que sólo cantaban y que la letra la compuso enterita el malasio. No obstante, este vídeo también desapareció ayer de la página de Facebook de los taiwaneses.

Quizás la razón sea que tras la liberación de Namewee, la policía malasia anunció que pediría ayuda a la Interpol para localizar e interrogar a Nine One One, muy populares en Taiwán y también objeto de polémica el pasado año por un vídeo en el que se les acusó de racismo contra los occidentales. No sorprende que el principal videoclip de la discordia actual se esfumara también de la red el pasado fin de semana y sólo quede el Oh my God! oficial, publicado hace apenas diez días, el que aprobaron artistas, discográfica y productores, o al menos eso dice Namewee (en otro vídeo). La versión que llegó a la red hace un mes, supuestamente hackeada y distribuida sin el consentimiento de los músicos y principal causante del follón, mostraba lo que podrían ser cuatro profetas, o cuatro representantes de las religiones musulmana, cristiana, budista y taoísta, de parranda: jugando a las cartas, bebiendo, disparando una metralleta (de agua), y en general haciendo el tonto y pasándolo bien juntos en el contexto de templos de varios credos. Esa parte es la que enfureció a los islamistas más ortodoxos: que se atrevieran a mostrar a Mahoma (cuya representación prohíbe el islam) y encima le pusieran en la mano un fusil (aunque fuera de agua).

La letra de la canción es bastante simple, juega con las creencias de las diferentes religiones y con nuestra necesidad de encomendarnos a las divinidades para mejorar nuestras vidas y resolver nuestros problemas. Nada especialmente ofensivo pero ya sabemos cómo están los ánimos en algunos sectores del mundo musulmán y en Malasia, según denuncian varios activistas, los musulmanes más conservadores cada vez tienen más influencia en la vida de un país donde los conflictos étnicos y religiosos siempre han sido motivo de tensión.Decir “Volar alto para llegar a la Meca, por favor Allah sálvame!”, literalmente la única referencia al islam de la canción, también ofende en un país en el que los no musulmanes tienen prohibido pronunciar la palabra Allah en público. Poco importa que las propias autoridades locales dieran permiso para filmar el vídeo entre otros lugares en una mezquita malasia. En el nuevo vídeo (¿autocensurado?) ya no están los profetas de fiesta, simplemente se ve a los artistas cantando frente varios templos de varias religiones. Además, las imágenes se intercalan con las de la película para la que se compuso la canción. Namewee también fue objeto de críticas en su país hace unos años por subrayar en otro vídeo la discriminación racial contra chinos malasios como él. Ni este artista ni Nine One One contestaron a los intentos de este medio de comunicar con ellos.

Todo este asunto habría quedado en el ámbito local si unos oportunistas youtubers ingleses afincados en Taiwán no hubieran intervenido para ganar popularidad a costa de los músicos y hubieran contribuido a dar a conocer la historia en medios de habla inglesa. Mientras arreciaba la polémica, Christopher Hall y Duncan Wright colgaron un vídeo (en mandarín, con subtítulos en inglés) en el que diseccionaban la canción de la polémica, criticaban a los raperos taiwaneses Nine One One por irresponsables, les acusaban de que sus acciones ponían en peligro la isla convirtiéndola en objetivo terrorista y se disculpaban por el contenido del vídeo ante posibles atacantes, invitándoles a no poner bombas en Taiwán. Cómo si la culpa de un ataque terrorista de Daesh fuera que alguien les provoque con su forma de expresión artística y no el fanatismo religioso.

El domingo el montaje de los youtubers, que llegó a tener un millón de visitas, también había desaparecido de Internet tras ser denunciado por infracción de copyright por una empresa malasia de marketing posiblemente relacionada con Namewee. Wright, uno de los dos youtubers que firmaban este extraño panfleto de tono condescendiente y recriminatorio y que ha dividido Taiwán entre gente a favor y en contra de los músicos, aseguró por email a esta reportera que su intención era “analizar las acciones de una banda influyente como Nine One One y cómo lo que hacen tiene un impacto en cómo se percibe Taiwán en el extranjero. También es un ruego para que en el futuro el grupo y su mánager consideren los efectos de lo que hacen. Queremos mejorar la imagen internacional de Taiwán pero parece que Nine One One y su equipo sólo están interesados en explotar el actual sentimiento nacionalista para ganar fama y dinero”. Exactamente lo mismo se podría decir de ellos, que no desisten en seguir buscando sus quince minutos de gloria acusando ahora a YouTube (en otro vídeo) de censura.

Autor >

Barbara Celis

Vive en Roma, donde es consultora del WFP. Ha sido corresponsal freelance en Nueva York, Londres y Taipei para Ctxt, El Pais, El Confidencial y otros. Es directora del documental Surviving Amina. Ha recibido cuatro premios de periodismo.Su pasión es la cultura, su nueva batalla el cambio climático..

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