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Julian Weigl, tiki-taka a la alemana

La confianza y la técnica del jugador del Borussia Dormund recuerdan a lo mejor del fútbol de toque. Un tipo de belleza a la que cuesta acostumbrarse, menos basado en el don de la imaginación que en la labor de la repetición

Bécquer Seguín 24/08/2016

<p>Julian Weigl</p>

Julian Weigl

FURIBUNDO

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El 4 de agosto de 2014, el día del primer partido de la temporada, Julian Weigl aprendió que había hecho historia. Con sólo dieciocho años le habían nombrado capitán de 1860 Munich, el más joven en la historia mesozoica del club.  A pesar de lo que parece indicar su nombre, la fundación de die Löwen (“los tigres” en alemán) se remonta a la época de las revoluciones europeas de 1848, cuando fue fundado como club de gimnasia. En 1849, la monarquía bávara inhabilitó al club por ser un “instituto de contaminación moral”, de acuerdo con la página web del propio club, lo que probablemente quiere decir que algunos de sus miembros simpatizaron abiertamente con los revolucionarios que pretendían establecer regímenes democráticos en toda Europa. El club de gimnasia, por fin reestablecido en 1860, jugó su primer partido de fútbol en 1899 y compitió en su primer partido oficial en 1902.

Durante los 112 años que nos llevan desde entonces hasta que Weigl asumió la capitanía, el club no solía valorar a sus jugadores jóvenes. Desde 2004 han estado estancados —a veces con suerte— en la segunda división de la Bundesliga, lo que no crea incentivos como para sacar a futuras promesas. Ricardo Moniz, el entrenador holandés de 1860 Munich quien en 2014 nombró capitán a Weigl, dijo querer cambiar toda esa historia. “Esto”, le dijo al periódico alemán TZ, refiriéndose a la entrega del brazalete a Weigl, “también es un tributo a todos nuestros talentosos jugadores jóvenes”. Weigl sólo había debutado con el primer equipo unos meses antes, en la primavera. Después de unos pocos partidos su estilo de juego ya suscitaba comentarios optimistas. “Juega como si tuviera 35 años”, dijo un compañero de la plantilla. “Si sigue así”, dijo otro, “será un gran jugador.”

Si todo esto parece un montaje es porque puede que lo haya sido. En el verano, la dirección del equipo había llegado a un acuerdo para participar en una serie documental que seguiría al primer equipo a lo largo de la temporada. “En el momento”, escribió Uli Hesse, un veterano periodista de fútbol, “una visión de 1860 Munich con todos sus defectos habría sido muy tentadora.” A los telespectadores siempre les gustan las historias de los no favoritos. Y la serie podría ayudar a generar apoyo para el club, sacándolo poco a poco por encima de sus rivales, el monolito empresarial Bayern Munich. Pero al igual que la temporada televisada, la capitanía de Weigl también podría haber sido una treta para las cámaras.

El equipo perdió sus primeros dos partidos de la temporada 2014-15. Después del segundo partido, Weigl se acercó a los directores de la serie para hablar con ellos. Le preguntaron qué iba a hacer después del partido. Les dijo que pensaba cenar con sus padres y después irse a casa. En aquel momento, el director de 1860 Munich le llamó con un gesto. Todavía ante las cámaras, le dijo que había escuchado lo que había pasado. Unas noches antes, Weigl y tres compañeros del equipo habían salido de parranda. Borrachos, entraron en un taxi y empezaron a quejarse del club y sus dirigentes. Fue de película: el taxista era hincha de 1860 Munich y tras escuchar las quejas se encontró con los dirigentes del club para contarles la historia. Weigl y sus compañeros fueron multados, suspendidos y relegados al equipo B. Diez días fue lo que duró el liderazgo histórico de Weigl.

Mantuvo un perfil bajo el resto de la temporada. El equipo también sufrió y después de unos partidos se veía que iba a jugarse el descenso a tercera. A Moniz, el técnico, pronto le echaron. Algunos meses después, en febrero, también echaron a su sustituto, Markus van Ahlen. El club se salvó de bajar a tercera en un playoff contra un equipo de tercera, Holstein Kiel, gracias a un gol del central Kai Bülow en el minuto 91. El equipo del documental lo capturó todo.

El tiki-taka weigliano

Dado que mide 1,87m, Weigl seguramente no es el primer jugador que uno asociaría con el tiki-taka. Para empezar, Xavi, Iniesta, Silva, Messi y muchos otros jugadores asociados con ese estilo de juego miden todos alrededor de 1,70m. Pero la confianza, la paciencia y la técnica que despliega Weigl recuerda a lo mejor del tiki-taka. Aún más que otros registas jóvenes como Paul Pogba o Marco Verratti, el pase es su modus operandi. Y a diferencia de algunos jugadores del Atleti —no hace falta decir quién— Weigl inspira confianza cuando tiene el balón. Sus pases llegan a los pies de sus compañeros más del 90 por ciento de las veces y la mayoría de sus pases los realiza en vertical, no en horizontal. Su juego básico es perfecto, algo que tal vez es mejor que tener un juego creativo mediocre. Es un tipo de belleza a la que cuesta acostumbrarse, menos basado en el don de la imaginación que en la labor de la repetición. Se podría decir que es un tipo de tiki-taka… alemán.

El verano pasado Thomas Tuchel fue contratado para reinventar a Borussia Dortmund tras la salida de Jürgen Klopp, el exitoso y querido técnico del club durante los siete años anteriores. Klopp había retornado al club a su época dorada —vivida por última vez durante los años noventa bajo el liderazgo de Ottmar Hitzfeld— con dos ligas, una copa, dos supercopas y una final de la Champions. Sus equipos habían logrado muchos de aquellos trofeos gracias a un contraataque letal. Era un estilo de juego romántico, basado en la idea que un equipo pequeño, como lo era Dortmund en aquel entonces, podía vencer a Goliat, o sea Bayern Munich. Klopp encarnaba ese romanticismo en la banda, saltando y haciendo su mejor impresión de Tiger Woods cuando Dortmund marcaba un gol importante.

Tuchel también sabe celebrar como Klopp. Pero su estilo de juego recuerda más a la Ilustración que al Romanticismo. Tuchel es el ingeniero que se levanta temprano, Klopp el artista que fuma compulsivamente. Antes de llegar al Dortmund, Tuchel pasó un año de sabático aprendiendo, principalmente, de Pep Guardiola. Aunque Guardiola lo llame juego de posición, nosotros seguiremos llamándolo tiki-taka. Lo que Tuchel aprendió de Pep es cómo mantener un posicionamiento estructural en relación a dónde está el balón. La idea tiene que ver con instalar en los jugadores un sexto sentido que anticipa no sólo los movimientos del balón y del contrincante, sino también los movimientos de los compañeros de equipo.

Weigl pronto se convertiría en el segundo fichaje de Tuchel. Su traspaso sólo le costó al Dortmund 2,5 millones de euros y casi pasó desapercibido entre la prensa alemana. “Weigl es una promesa para el centro del campo y pensamos que tiene la posibilidad de desarrollarse”, dijo Michael Zorc, el director deportivo del Dortmund, después de que se hiciera oficial el fichaje. Weigl, pensaban, podría algún día llegar a ser un pilar del club. No se dieron cuenta de que ese futuro lejano les llegaría en pocos meses.

Tuchel vio en Weigl la vértebra de su nuevo juego de posición. Weigl le servía como una llave inglesa. En el nuevo sistema de Tuchel destacaría, sobre todo, la inteligencia posicional, el pase y la retención del balón de Weigl, las mismas características que provocaron el comentario de que jugaba con la inteligencia de alguien con 35 años. En su primer partido de la Bundesliga, el primero de la temporada 2015-16, el juego de Weigl fue fundamental para desmantelar al Borussia Mönchengladbach, cuyo jefe del centro del campo era el brillante Granit Xhaka, quien empieza esta temporada con el Arsenal. Dortmund ganó el partido cómodamente 4-0, pero Weigl sobresalió. Tocó el balón 91 veces y su porcentaje de pases completos superó al 94, solicitando unas oraciones estereotipadas alemanas de su míster. “Claro que pensábamos que sería capaz de jugar así”, dijo Tuchel después del partido. “Si no, no le hubiéramos sacado como titular.”

“Tiene excelentes cualidades, es muy inteligente tácticamente y técnicamente muy bueno. Es alguien que puede hacer pases básicos pero también hacer el juego más rápido”, comentó Ottmar Hitzfeld, el viejo míster no sólo de Dortmund sino también de Bayern Munich. Con razón: Weigl acelera el juego gracias a su forma ágil de convertir defensa en ataque, algo que también es central a la versión del tiki-taka de Pep.

Si Claude Makélélé, quien deslumbró en el Real Madrid, Chelsea y Paris Saint-Germain, fue responsable de repensar el rol del mediocentro defensivo durante la primera década de este siglo, podría ser que Weigl lo reinvente de nuevo durante la próxima década. Y si lo hace, es probable que pase tan desapercibido como su traspaso al Dortmund. Makélélé pasó la mayor parte de los partidos haciendo su mejor interpretación de d’Artagnan en el campo, derribando ataques con apenas un ajuste mínimo de su pie. Pero también podía arrancar el ataque, galopando hacia adelante a pesar de su baja estatura —1.70m como los demás tiki-takeros— y penetrando la defensa con su último pase. Weigl hace lo mismo.

Si algo se percibe en su juego, es su habilidad con el pase. Pero hay que recordar cómo crea el espacio y el tiempo necesarios para realizarlo. Recibe la pelota y se gira instantáneamente hacia la portería del contrario, haciéndole dudar al adversario si deben cubrirle a él o a sus compañeros famosos, como Ilkay Gündogan, quien fichó para el Manchester City esta temporada. Una vez que ha girado, puede hacer un pase en corto, un pase largo o echar a correr con el balón. Esto es gracias a que el estilo de tiki-taka que emplea Tuchel empiece mucho más atrás que las versiones que usó Pep con el Barça o el Bayern Munich. En vez de iniciar el ataque en el último tercio del campo, el Dortmund lo iniciaba mucho antes con Weigl o aún con el central, Mats Hummels, quien fichó esta temporada para el Bayern. La habilidad de Weigl permite que los interiores como Marco Reus tomen carrerilla para atacar a la defensa, en vez de tener que depender del juego técnico del pase corto. Mientras tanto, Weigl atrae a los defensores como un imán, abriendo espacio para los demás, y casi siempre decide por el pase más responsable.

Como el de otras figuras del tiki-taka, el juego de Weigl se basa mucho en el volumen de pases. He aquí las estadísticas para probarlo. La temporada pasada en Dortmund, los 2.112 pases Weigl solo eran superados en toda la Bundesliga por David Alaba de Bayern Munich. Con su 92 por ciento de pases completos, Weigl ocupada el cuarto lugar. Su tasa de más de 84 pases por partido le valía un sexto lugar en toda Europa. Y tal vez la estadística más notable es que Weigl todavía no ha marcado un gol profesional, ni en la segunda o primera división alemana. En el último partido de la temporada pasada contra Colonia, Weigl completó un escandaloso 95 por ciento de sus pases y tocó el balón 214 veces antes de ser sustituido en el minuto 83. Los toques marcaron un récord de la Bundesliga. El último récord —206 toques en un partido— lo tuvo nadie menos que Xabi Alonso, uno de los arquitectos del tiki-taka.

El porvenir es largo

“La brillantez de Weigl es que entiende sus destrezas y sus debilidades mejor que cualquiera en el campo”, escribió Constantin Eckner para el blog dortmundiano “La muralla amarilla.” Y eso lo escribió hace casi un año, en septiembre. En diciembre del año pasado, Weigl ya había mejorado su juego bastante, navegando espacios apretados y haciendo pases más directos a los delanteros. Pero lo que escribió Eckner es tan verdad hoy como lo fue hace un año. Subraya una de sus características más importantes pero poco entendidas: su conciencia de sí mismo.

Un miércoles por la tarde este pasado abril en el norte de Inglaterra, Weigl parecía muy cómodo para ser sólo un chico de 20 años detrás de un podio con el logotipo de la Europa League. La rueda de prensa tuvo lugar en Anfield el día antes de la vuelta que jugó el Dortmund de Tuchel contra el Liverpool de Klopp. Los equipos habían empatado la ida a uno. Weigl tenía toda la confianza del mundo. “¿Cómo ves tu rol como mediocentro defensivo?” le preguntó un reportero. “Mi rol es mantener al equipo junto”, le contestó enseguida. “Necesitamos jugar nuestro juego de pase y minimizar nuestros errores.” Al día siguiente el partido —sin duda, uno de los mejores del año pasado— brilló, en parte, por sus muchos errores. Después de los primeros minutos, parecía que Dortmund iba en camino hacia la goleada. Pocos minutos más tarde Liverpool parecía tener la ventaja. El suspenso venía en olas, como en una película de Hitchcock. El Liverpool de Klopp ganó al final 4-3 y eso que Dortmund había llegado a tener una ventaja de 3-1 durante unos minutos del partido. Todo parecía un caos. Pero Weigl mantuvo su calma y su palabra.

Este verano, Weigl fue seleccionado para el equipo nacional alemán que, para muchos, no terminó cumpliendo las altas expectativas que generó tras ganar el Mundial hace dos años. No pisó la cancha ni por un minuto durante el Euro. Probablemente no habría cambiado mucho los resultados. El sábado 27 de agosto Weigl tendrá su revancha cuando juegue el primer partido de su segunda temporada en el Dortmund contra el Mainz, el viejo equipo de Tuchel. Mucho ha cambiado de la temporada pasada. Además de Hummels y Gündogan, el centrocampista Henrikh Mkhitaryan también se ha ido este verano, este último al Manchester United. Pero también han entrado varios jugadores de altísima calidad como Mario Götze del Bayern, André Schürrle del Wolfsburgo o la joven promesa Ousmane Dembélé del Rennes. Junto con el crecimiento de otros jóvenes como el americano Christian Pulisic, estos cambios supuestamente pondrán en cuestión la titularidad de Weigl. Eso sólo lo sabrá Tuchel. Lo que sí podemos dar por sentado es que Weigl, como en ese partido hace unos meses contra el Liverpool, mantendrá su calma.


Bécquer Seguín es profesor ayudante doctor en Lawrence University (EE.UU.). Una versión de este artículo se publicó anteriormente en inglés en la revista Howler.

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Bécquer Seguín

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