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Los (votantes) asiáticos prefieren a Hillary

En EE.UU. viven 8 millones de personas de origen asiático con derecho al voto. En las elecciones de 2012, solo un 47% acudió las urnas. Todo apunta a que el 8 de noviembre la cifra será mayor. La candidata demócrata es la favorita

Irene G. Pérez Los Ángeles , 1/11/2016

<p>Voluntarias de #IAmAsianAmerican antes del concierto organizado por este movimiento a mediados de octubre en Chicago para movilizar a los votantes.</p>

Voluntarias de #IAmAsianAmerican antes del concierto organizado por este movimiento a mediados de octubre en Chicago para movilizar a los votantes.

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Quoc Vo trabaja como médico en San Francisco. Nacido en Vietnam hace 43 años, aterrizó en Estados Unidos en 1979. “Votaré a la candidata del Partido Verde, porque no confío en Hillary y el otro no es un candidato, es un mandril; realmente, no hay otra opción”, afirma muy convencido de sus palabras. Su elección para las presidenciales es minoritaria en California, un Estado de mayoría demócrata y con la mayor población asiática del país.

En Estados Unidos viven 18 millones de ciudadanos de origen asiático, un 6% del censo. Unos ocho millones son mayores de edad y tienen derecho al voto, al estar nacionalizados. En las elecciones de 2012 acudieron a los urnas un 47% de estos, lo que les convirtió en la minoría con menor participación. Aunque esta cifra representó entonces un escaso 3% de los votantes estadounidenses, todo indica que la proporción irá en aumento. En esta ocasión, la mayoría de ellos se decanta por la candidata demócrata.

Es dos veces más probable que los asiáticos americanos se identifiquen como demócratas que como republicanos, según la última encuesta realizada por National Asian American Survey sobre intención de voto de esta comunidad, publicada el 5 de octubre. El mismo sondeo indica que  Clinton aventaja por cuatro a uno a Trump.

El voto asiático podría ser decisivo en algunos Estados como Virginia, Florida o Nevada, donde se prevén unos resultados muy ajustados.  A 10 días de las presidenciales, según los sondeos, aún hay un gran número de indecisos. Para entender la importancia de esta comunidad en el escrutinio solo hay que comparar los márgenes de diferencia con los que se impuso Obama en estos Estados en 2012 y el peso electoral de los votantes asiáticos: el candidato demócrata ganó por una distancia del 6,68% en Nevada, cifra muy similar a la representación de los asiáticos en el censo electoral (6,45%); en Virginia el 3,87% de los votos marcó la diferencia (3,92% de votantes asiáticos) y en Florida no llegó ni al 1% (1,85% de electores asiáticos), según la web Asian American & Pacific Islanders, una página de estadísticas e investigaciones sobre la comunidad asio-americana.

“La mayoría de asiáticos no vota y no se identifica ni con los republicanos ni con los demócratas, pero entre los que votan, hay una mayoría demócrata”, explica Pei-te Lien, catedrática de Ciencia Política en la Universidad de California Santa Bárbara. “Son socialmente conservadores, pero políticamente progresistas”, puntualiza.

“La mayoría de asiáticos no vota y no se identifica ni con los republicanos ni con los demócratas, pero entre los que votan, hay una mayoría demócrata”, explica Pei-te Lien, catedrática de Ciencia Política en la Universidad de California Santa Bárbara.

Para Lien, especialista en participación y representación de los asiáticos americanos en política, se está produciendo una mayor toma de conciencia en esta comunidad, que percibe su diferencia y cómo se les considera una minoría. “Y el partido demócrata parece ser más amigable con las minorías”, añade.

Una muestra de esta toma de conciencia es el movimiento #IamAsianAmerican, creado hace apenas 9 semanas, y que ha tenido mucha repercusión, sobre todo en redes sociales. Lograron ser trending topic en Estados Unidos en su primer domingo de existencia. “Sólo por detrás de los Cowboys de Dallas, que habían jugado aquella tarde”, recuerda emocionada Tran Tieu, una de sus cofundadoras.

“A menudo a los asiáticos se nos ha catalogado como no americanos. Los medios de comunicación y Hollywood han perpetuado los estereotipos y la xenofobia. En la cultura popular, los americanos siguen siendo rubios con ojos azules”, critica Tieu, de 37 años y refugiada vietnamita.

“Los asiáticos americanos son la minoría que más rápido está creciendo en EE.UU. –se calcula que en 2065 representará el 14% de la población – y su poder adquisitivo será de unos 962.000 millones de dólares en 2018. Sin embargo, la mitad de los asiáticos no vota”, lamenta Tieu. Y la situación es aún peor entre los jóvenes. “Sólo un 37% de los asiáticos americanos entre 18 y 34 años votaron en las elecciones de 2012, lo que representa una de las tasas de participación más bajas entre los diferentes grupos raciales o étnicos”, advierte.

De ahí que el objetivo principal de #IamAsianAmerican sea lograr que los millennials, los nacidos entre 1981 y finales de los noventa, participen de forma activa en el proceso electoral. “Queremos generar un espacio inclusivo en el que los jóvenes con estas raíces se sientan seguros y orgullosos, que no pidan perdón por venir de donde vienen y se comprometan con la actividad política del país”, concluye.

Esta falta de autoestima política, de la que habla Tieu, contrasta con los datos económicos y educativos de esta comunidad. Los hogares asiáticos americanos son los que disponen de los mayores ingresos (77.166 dólares anuales en 2015), por encima, incluso, de los blancos no hispanos (62.950 dólares) y muy superiores a la media nacional (56.516 dólares). Cuando se desglosa por país de origen, aparecen, sin embargo, diferencias abismales entre indios, japoneses o chinos y camboyanos o vietnamitas, por ejemplo.

Los hogares asiáticos americanos son también los más formados: el 54% de los mayores de 25 años tienen estudios universitarios, mientras que los blancos no hispanos –el segundo grupo con un nivel de estudios más elevado—no alcanza el 40%, según los últimos datos publicados por la Oficina del Censo.

Más allá de que la educación sea un elemento muy importante en muchas culturas asiáticas, la explicación a este mayor nivel formativo, está relacionada, según Lie, con la política migratoria restrictiva de Estados Unidos con respecto a Asia.  “Desde mediados del siglo XIX --cuando los primeros chinos vinieron a trabajar en las minas de oro y el ferrocarril de California-- y hasta 1965, la política migratoria era restrictiva sólo para los asiáticos. Para los mexicanos no había cuota”, recuerda Lie, nacida en Taiwan hace 57 años y que vino a hacer el doctorado a Estados Unidos, como muchos asiáticos de su generación.

Barreras para el voto

Una de las razones por la que muchas personas de origen asiático no votan es la falta de acuerdos de doble nacionalidad con países como Japón, que no reconoce esta posibilidad. Como muchos inmigrantes no están seguros de si EE.UU. se convertirá en su hogar definitivo, prefieren no pedir la ciudadanía si eso implica renunciar a la de nacimiento.

“Aunque algunos no puedan votar, sí pueden hacer donaciones, participar en los mítines, ser voluntarios en las campañas, y ahí sí son más activos”, aclara Lien para subrayar la importancia de los grassroot (los movimientos de voluntarios para apoyar a los partidos) en la comunidad asiática.

Otra de las barreras a la hora de votar es lingüística. Casi un tercio de la población asiatica-estadounidense tiene algún problema a la hora de comunicarse en inglés, según la organización Asian American Advancing Justice. Aunque existen iniciativas de la Administración para solventar estas dificultades, como un teléfono de asistencia en el que se puede solicitar ayuda en otros idiomas o la obligatoriedad de ofrecer documentación e información en otras lenguas minoritarias en algunas circunscripciones, los obstáculos persisten.

Demócratas, a regañadientes

James y Wei son partidarios convencidos de Clinton. Él, ingeniero de software de 46 años, nació en Estados Unidos en el seno de una familia de inmigrantes chinos. Ella, ingeniera de estructuras de 34 años, nació en China, pero emigró a Estados Unidos cuando era una niña.

El apoyo acérrimo de esta pareja, vecinos de la bahía de San Francisco y para quienes, Clinton es una “candidata muy válida, con una carrera política a sus espaldas y una clara apuesta por los derechos civiles”, no es tan vigoroso entre otros potenciales votantes de la exsecretaria de Estado.

Muchos de ellos solo le darán su apoyo para que se siente en el Despacho Oval porque no quieren su próximo ocupante sea Trump.

“Apoyo a Hillary porque no me puedo imaginar tenerlo a él [como presidente]. No sé ni cómo ha llegado tan lejos. Además, si ganara él, ¿te puedes imaginar qué vergüenza de cara al exterior? No podría volver a salir del país”, explica Ash, de 63 años, trabajadora de una reaseguradora en San Francisco y biznieta de inmigrantes chinos. “Pero no, no soy muy fan de ella”, confiesa.

“Apoyo a Hillary porque no me puedo imaginar tenerlo a él [como presidente]. No sé ni cómo ha llegado tan lejos. Además, si ganara él, ¿te puedes imaginar qué vergüenza de cara al exterior? No podría volver a salir del país”, explica Ash, de 63 años.

Clinton también es la opción pragmática para James, ingeniero de 63 años, perteneciente a la tercera generación de una familia de origen chino, “La situación es la siguiente: necesitas que te operen y la cuestión es qué prefieres. Quieres a alguien que pueda hacer el trabajo. Hillary es una política, puede hacer el trabajo”, indica.

Deep forma parte de la élite tecnológica mundial, es promotor de desarrollo en Google y votará a Hillary, aunque su voto “suele ser conservador”, pero no esta vez “Hillary está bien como candidata a la presidencia. Al menos no utilizará armas nucleares como Trump sugirió que podría hacer”, se justifica.

“Ser presidente no es algo que ganas, sino una responsabilidad. Trump es súper racista, súper sexista, decía que era pobre cuando era hijo de un multimillonario, que ha sufrido mucho, cuando evitó ir a combatir por el país. Es un candidato extraño”, reflexiona este joven, de 26 años, residentes en San Francisco y de padres indios, quien sí comparte, en cierta medida, con Trump la crítica a los acuerdos comerciales. “Estoy de acuerdo con Trump en que los que tenemos no son los mejores. El acuerdo del Nafta [con México y Canadá] no fue el mejor, pero tiene 100 cosas buenas y una mala”.

Cuando se le pregunta por los escándalos que ha protagonizado Clinton, como el uso de su correo personal para tratar asuntos confidenciales, cuando era secretaria de Estado, saltándose las normas de seguridad, o las recientes filtraciones de Wikileaks, en las que se demuestra su cercanía a Wall Street, se aferra al argumento del mal menor. “Cuando tienes a un perro que te muerde de vez en cuando y a un monstruo que quiere comerse a toda tu familia, no puedes decir que son igual de malos”, concluye.

La razón principal, y casi única, para votar a Clinton de Irwin, es que Trump “no es apto” para ser presidente. “Es triste que sea así. Normalmente me informo bien antes de votar, pero esta vez es más emocional”, reconoce este profesor de instituto en Stockton, municipio del valle central californiano “Entiendo que algunas políticas y asuntos en los que Hillary está implicada son algo sucios y difíciles de aceptar. No diría que la apoyo, voté por Bernie en las primarias, pero se trata de votar a alguien que pueda liderar el país”, señala este joven de 28 años, nacido en localidad de San José, en la bahía de San Francisco, de padres filipinos.

“Mis familiares que todavía viven en Filipinas tienen que soportar a Duterte. Hay muchísima injusticia en nombre de la justicia, y no creo que esa sea la forma de dirigir un país. Sería horrible tener su versión americana”, argumenta Irwin.

No a todos los votantes asiáticos les seduce la opción de Clinton como cortafuego a Trump. Hay quienes han decidido votar por el candidato republicano, por una tercera opción o no votar.

No a todos los votantes asiáticos les seduce la opción de Clinton como cortafuego a Trump. Hay quienes han decidido votar por el candidato republicano, por una tercera opción o no votar.

Pear, de 28 años, y de padres tailandeses no votará. “Para mí no tiene sentido. No me gusta ninguno de los candidatos. Apoyé a Bernie en las primarias en California, pero ganó Hillary, así que nada”, cuenta esta joven trabajadora en una aseguradora en Santa Bárbara

“Trump habla y parece que no tenga ni idea, y Clinton es una política de carrera, y el sistema es tan corrupto y está tan podrido. Hay mucho entre bastidores, grandes compañías apoyando a estos candidatos. No es que acepten sobornos, pero favorecen a estas empresas”, critica Dinesh, quien a sus 51 años se ha decantado por el empresario y exgobernador del Estado de Nuevo México, Gary Johnson, candidato a la presidencia por el Partido Libertario, formación defensora de la ideología capitalista y de libre mercado. “Mi voto es un voto protesta, una manera de expresar que el sistema bipartidista no funciona”, reflexiona este ingeniero de hardware, llegado a Estados Unidos hace más de tres décadas desde la India.

Daniel, de 33 años, llegó a  EE.UU. cuando tenía 5 años, procedente de Corea del Sur. Para él, Hillary es “una criminal” y, en cambio, cree que puede fiarse de Trump. Además, “él tiene mejores políticas exteriores y nacionales. No es un político de carrera y el ciudadano corriente puede identificarse más con él”, resume para justificar su voto por el candidato republicano, en Koreatown, un céntrico barrio de Los Ángeles con una gran población coreana.

“No sé a quién votar. No me gusta Trump, pero no soporto a Hillary Clinton”, confiesa Jessica, de 25 años, llegada a EE.UU. desde China hace siete años. “Cuando era secretaria de Estado, hizo todo lo que pudo contra China, como la tasa a las importaciones”, critica esta contable. Además, “ahora ofrece la green card a todos los ilegales para ganar votos; que puedan ir al colegio y beneficiarse de la cobertura sanitaria gratuita aunque no paguen impuestos”. Si ella fuera inmigrante ilegal, apoyaría a los demócratas, asegura, “pero cumplí todos los trámites, fui a la universidad, me esforcé mucho y ahora trabajo y pago mis impuestos. Si los ilegales van a tener todas esas prestaciones, tendrán que subir los impuestos porque alguien tendrá que pagarlo”. 

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