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"La ocupación tiene que acabar"

El director ejecutivo de la ONG israelí B'Tselem pide al Consejo de Seguridad de la ONU que actúe y defienda los derechos de los palestinos

Hagai El-Ad 9/11/2016

<p>'Checkpoint' en Hawara, Palestina.</p>

'Checkpoint' en Hawara, Palestina.

Magne Hagesæter

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Miembros del Consejo de Seguridad,

Damas y caballeros,

Antes de comenzar, me gustaría expresar mi profunda gratitud por concederme la oportunidad de hablar ante este distinguido foro y dirigirme a los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Lo que estoy a punto de decir no busca conmocionarlos, aunque sí pretende conmoverlos.

Durante los últimos 49 años, y seguimos contando, la injusticia conocida como la ocupación de Palestina y el control que ejerce Israel sobre las vidas palestinas en Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental, ha pasado a formar parte del orden internacional. La primera mitad de un siglo de semejante realidad está por llegar a su fin. De parte de B’Tselem, el Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados, hoy vengo a rogarles que intervengan. Cualquier otra medida que no conlleve una acción internacional decisiva no conseguirá otra cosa que suponer el comienzo de la segunda mitad de ese primer siglo de ocupación.

Damas y caballeros,

¿Qué significa, en términos prácticos, pasar 49 años, toda una vida, bajo control militar? Cuando estalla la violencia, o cuando algunos eventos concretos  atraen la atención del mundo entero, se pueden entrever algunos aspectos de lo que significa vivir bajo una ocupación. Pero, ¿el resto del tiempo? ¿Qué sucede con los muchos días ‘normales’ de una ocupación que dura 17.898 días y que todavía se mantiene fuerte? Vivir bajo control militar significa en su mayor parte una violencia invisible, burocrática y diaria. Significa vivir bajo un régimen de permisos sin fin, que controla la vida de los palestinos desde que nacen hasta que mueren: Israel controla el censo de población, Israel controla los permisos de trabajo, Israel controla quién puede viajar al extranjero (y quién no), Israel controla quién puede entrar desde el exterior (y quién no), en algunos pueblos, Israel elabora listas con las personas que pueden visitar el pueblo o quién tiene derecho a cultivar qué campos. En ocasiones, los permisos pueden ser denegados, aunque estos deberían ser siempre renovados. De esta manera, con cada respiración, los palestinos respiran ocupación. Cometes un error y puede que pierdas tu libertad de movimiento, tu sustento o incluso la oportunidad de casarte y formar una familia con la persona que amas.

 Vivir bajo control militar significa significa vivir bajo un régimen de permisos sin fin, que controla la vida de los palestinos desde que nacen hasta que mueren

Mientras, constantemente presentes, se mantienen los asentamientos y los colonos. Son ciudadanos israelíes que viven de manera ostensible en una democracia del primer mundo, que existe en cierto modo y únicamente para ellos, fuera de las fronteras de su país. Esta aventura de expansión constante, a pesar de ser ilegal, es visible en numerosos puntos a lo largo de Cisjordania y Jerusalén oriental. Estos asentamientos combinan zonas edificables con amplias partidas de tierra alrededor, y anticipan expansiones futuras o “zonas de especial seguridad”, que significan en realidad puestos de control para los palestinos y carreteras de circunvalación para los colonos, que significan el Muro de Separación, y que significan, en definitiva, la fragmentación de Palestina en cientos de comunidades aisladas flotando, o más bien hundiéndose, en un mar de dominación israelí. Sinceramente, ¿quién puede merecer semejantes condiciones de vida durante medio siglo?

Damas y caballeros,

Israel considera legales casi todos los factores que componen esta realidad. El control que ejerce Israel sobre las vidas palestinas no tiene parangón en lo que respecta al esmero que pone la fuerza ocupante en el cumplimiento de la ley, pero al mismo tiempo no hace sino estrangular su esencia misma. La ocupación ha perfeccionado de tal manera el arte de desvirtuar el Derecho Internacional Humanitario y el Derecho Internacional de los Derechos Humano que prácticamente los ha privado de todo su sentido. Cuando la justicia de los abogados militares, del ministro de Justicia y de la Corte Suprema termina de pulir las opiniones legales, todo lo que queda es injusticia pura y dura.

Muéstrenme un palestino muerto cuyo asesinato tenga que ser minimizado para garantizar la impunidad y ya sabrán cuál es la opinión del fiscal general del Ejército. Díganme que hay 100.000 palestinos al otro lado del Muro de Separación construido dentro de Jerusalén oriental que están siendo ignorados y abandonados, y les recordaré que incluso hasta esta injusticia manifiesta fue aprobada previamente por la Corte Suprema de Justicia de Israel.

Muéstrenme un palestino muerto cuyo asesinato tenga que ser minimizado para garantizar la impunidad y ya sabrán cuál es la opinión del fiscal general del Ejército

Díganme qué parcela de tierra palestina quieren apropiarse y la Administración Pública les fabricará un mecanismo legal a medida, porque por supuesto ¡todo tiene que ser legal! Con un único objetivo: zonas militares de entrenamiento, reservas naturales, yacimientos arqueológicos y, sobre todo, declarar miles de acres “propiedad del Estado”, pero ¿que ‘Estado’ exactamente? Todas estas estrategias han sido usadas con éxito para desalojar por la fuerza a los palestinos y justificar el hecho de que no dispongan de acceso a agua corriente o al suministro eléctrico. Por descontado, estas acciones israelíes no siempre consiguen lo que quieren, eso sería demasiado evidente, así que muy de tarde en tarde, quizá una vez cada diez años, se abre un simulacro de juicio a un soldado de rango inferior o, una vez de higos a brevas, se permite llevar a cabo un plan maestro en una aldea palestina. Con estas rarezas seleccionadas caprichosamente consiguen que nos alejemos de la visión de conjunto.

Con el pretexto de defender su legitimidad, Israel aplica “garantías procesales” a casi todo: desde poder alimentar por la fuerza a las personas en huelga de hambre, como recientemente aprobó la Corte Suprema, hasta aprobar y renovar constantemente órdenes de detención administrativas; o prorrogar el encarcelamiento de larga duración sin juicio de cientos de palestinos; o demoler los hogares familiares de los palestinos que realizaron ataques; sí, eso también ha sucedido, cientos de veces, con garantías procesales y con la aprobación de la Corte Suprema. Desde el año 2000, más de 4.400 palestinos han perdido su casa de esta manera.

El sistema de aplicación de las leyes militares encubre constantemente cientos de casos de palestinos asesinados o maltratados

Sí, Israel tiene abogados, fiscales y jueces profesionales. En realidad, se trata de una ocupación muy ‘profesional’. Hemos tenido mucho tiempo para trabajar en conseguir una ocupación más perfecta, pero no hace falta ser abogado para reconocer una injusticia. Fíjense en la ocupación, en todos los simulacros de legalidad que la rodean y llamémoslo por su nombre: un disfraz legal de violencia de Estado organizada.

Damas y caballeros,

Israel ha legalizado de manera sistemática las violaciones a los derechos humanos en los territorios ocupados mediante el establecimiento de asentamientos permanentes; la demolición punitiva de hogares; la puesta en marcha de un mecanismo parcial de ordenación urbana y construcción que se apropia de la tierra palestina; y mediante mucho, mucho más. El sistema de aplicación de las leyes militares, por llamarlo de alguna manera, encubre constantemente cientos de casos de palestinos asesinados o maltratados.

En abril de 2016 había aproximadamente 7.000 palestinos detenidos en Israel, de los cuales un 25% está en prisión preventiva durante el proceso judicial militar

Procedo a ofrecerles algunos datos: Israel ha declarado un 20% del territorio de Cisjordania "propiedad del Estado"; Israel permite magnánimamente a los palestinos construir en la mitad de un 1% del Área C, o lo que es lo mismo, del 60% de Cisjordania que hace una generación pasó a estar "temporalmente" bajo el control de Israel; en la última década, Israel ha derribado cerca de 1.200 hogares palestinos en Cisjordania, sin contar Jerusalén oriental, de modo que 5.500 personas se han quedado sin hogar, la mitad de ellos menores de edad; las cifras de Jerusalén oriental superan a estas últimas en un 50%; en abril de 2016 había aproximadamente 7.000 palestinos detenidos en Israel, de los cuales un 25% está en prisión preventiva durante el proceso judicial militar, y más o menos un 10% son personas sometidas a detenciones administrativas. Un dato final: desde 2000 un cuarto de las más de 740 denuncias remitidas por B’Tselem a las autoridades militares ni siquiera merecieron que se abriera una investigación; en otra mitad, al final los casos se cerraron sin que se tomara ninguna medida; y solo en un 25% de los casos se formularon acusaciones. Y atención al dato: durante ese período, las autoridades militares han perdido físicamente el expediente de 44 casos, o lo que es lo mismo, más del 25% de los casos que llegaron a juicio. Israel enfatiza que todo esto es legal, de acuerdo con la ley israelí y de acuerdo con la ley internacional.

Pero no es verdad.

En el fondo, este hecho sirve para bien poco si lo que se quiere es evitar que Israel siga llevando a cabo sus políticas, puesto que, lamentablemente, la ley internacional carece de mecanismos eficaces para aplicar la ley. Y de esta manera, las políticas israelíes continúan implementándose, y cada vez con mayor apoyo nacional. A pesar del amplio consenso internacional, y de resoluciones del Consejo de Seguridad en cuanto a la ilegalidad de los asentamientos, el único cambio visible en la zona es el número cada vez mayor de asentamientos, de colonos y de palestinos viviendo a su sombra, con la amenaza constante de demoler sus casas o desalojarlos.

Damas y caballeros,

B’Tselem lleva 27 años trabajando en la documentación y publicación de las violaciones de los derechos humanos en los territorios ocupados, en el análisis e interpretación de los datos y en el asesoramiento nacional e internacional sobre estos asuntos. No defendemos ninguna postura política en particular, nosotros luchamos en contra de las violaciones de los derechos humanos. De hecho, somos conscientes de que Israel ha utilizado oficiosamente el "proceso de paz" para ganar tiempo, una gran cantidad de tiempo, mientras seguía alterando la realidad sobre el terreno en Palestina.

El único cambio visible en la zona es el número cada vez mayor de asentamientos, de colonos y de palestinos viviendo a su sombra, con la amenaza constante de demoler sus casas

La misión de B’Tselem es dar a conocer al pueblo israelí las diversas maneras que tiene nuestro Estado de oprimir a los palestinos, y continuaremos mientras no acabe la ocupación. Nuestro esfuerzo en este sentido no cesa, ni cesará nunca, puesto que es nuestra obligación moral básica. No obstante, después de tantos años, hemos extraído algunas conclusiones. Los principios morales no bastan pos sí solos, Israel no se despertará un día y dejará de ser un opresor porque se dará cuenta de la brutalidad de sus políticas. Décadas de falsos pretextos y temores reales, de intereses económicos y dogmas políticos, se conjugan para evitar esa posibilidad, aunque también escasean las razones convincentes que animen a cambiar el curso de las cosas. Pero ¿el resto del mundo?

Hace seis años y medio, el vicepresidente de los EE.UU., Joe Biden, advirtió que “el statu quo es insostenible”. Evidentemente, la advertencia llegaba al menos con seis años y medio de adelanto. El “statu quo”, ese vector de intereses israelíes en constante progreso, ha demostrado que no solo es sostenible, sino que en realidad está prosperando.

El proyecto a largo plazo, consistente en maximizar los beneficios obtenidos del territorio palestino y minimizar la molesta presencia palestina, es más palpable que nunca

Hace casi exactamente un año, la Unión Europea comenzó un “diálogo estructurado” de seis meses de duración con Israel, con la intención de acabar con las demoliciones administrativas de hogares en el Área C. Seis meses más tarde, el diálogo estaba estancado y los derribos seguían aumentando. Aun así, la UE decidió prorrogar el diálogo. Si comprobamos que un número sin precedentes de demoliciones tiene como consecuencia un calendario ilimitado de negociaciones internacionales, ¿para qué sirve detener los derribos?

Obviamente, la ocupación es internacionalmente sostenible. Es así porque hasta ahora el mundo se niega a actuar de manera eficaz.

Estos últimos años han hecho que esta evidencia pase a ser traumática. El proyecto a largo plazo de Israel, consistente en maximizar los beneficios obtenidos del territorio palestino y minimizar la molesta presencia palestina, es más palpable que nunca. En efecto, pasar solo medio día en Cisjordania es de sobra suficiente para darse cuenta del objetivo de permanencia que todos los gobiernos israelíes de derecha, izquierda o centro han perseguido desde 1967. Funcionarios israelíes retirados lo han reconocido abiertamente, hace poco, un antiguo jefe de operaciones del Mando Central afirmó directamente: “El ejército está allí porque el Estado de Israel no tiene ninguna intención de marcharse”. Ahora que los líderes israelíes actualmente en el poder, desde el primer ministro en adelante, han dejado de hacer declaraciones fingidas y han comenzado a admitirlo abiertamente, con semejante nivel de claridad, se podría pensar que seguramente esa actitud tendría por fin consecuencias. ¿Fue ingenuo por mi parte albergar esas expectativas?

Los palestinos tienen derecho a la vida y a la dignidad, tienen derecho a ser los dueños de su propio futuro

Es probable. La claridad sin precedentes en el lenguaje que emplea Israel ha reducido la diferencia que existe entre las acciones israelíes y la retórica vacía que se utiliza en las negociaciones diplomáticas, pero al mismo tiempo la respuesta internacional ha sido, cómo no, realizar otro informe más. Los derribos han aumentado y han convertido 2016 en el peor año registrado hasta ahora. Me veo obligado a preguntar: ¿cuántos hogares palestinos más tienen que ser derribados para que se den cuenta de una vez de que las palabras, sin acciones que las apoyen, no son más que una confirmación de que Israel puede seguir adelante con su plan?

Damas y caballeros,

La consecución de los derechos humanos no puede esperar más. Los palestinos tienen derecho a la vida y a la dignidad, tienen derecho a ser los dueños de su propio futuro. Hace mucho tiempo ya que tendría que ser así y todos sabemos que justicia retrasada es justicia denegada.

Como nos enseñó Martin Luther King Jr., “la propia y dolorosa experiencia nos demuestra que el opresor nunca otorga la libertad de manera voluntaria”. En este sentido, la comunidad internacional se enfrenta a la siguiente realidad: la falta de acción no solo concede al opresor la licencia para persistir en sus actos sin temor a sufrir repercusiones graves, sino que además otorga al opresor el poder de decidir cuál es el mejor momento para empezar a considerar alternativas.

Durante la mayor parte del tiempo que ha existido mi país, el mundo ha permitido que ocupara a otro pueblo

“Esperad”, exige Israel, “ahora no es el momento adecuado”. Pero “esperad” siempre ha querido decir “nunca”", es la respuesta de Martin Luther King Jr. “Siempre es el momento adecuado para hacer lo que es justo”. Y ese momento es ahora: es el momento de actuar, finalmente. El Consejo de Seguridad de la ONU tiene algo más que poder, tiene una responsabilidad moral, además de una oportunidad real, de actuar con urgencia, antes de que alcancemos la simbólica fecha de junio de 2017 y comience la segunda mitad de ese primer siglo, y mandar así un claro mensaje a todo el mundo, incluidos israelíes y palestinos, con el apoyo de medidas internacionales: Israel no puede tenerlo todo a la vez. No se puede ocupar un pueblo durante cincuenta años y llamarse a sí mismo una democracia. No se puede violar los derechos humanos de millones de personas y solicitar favores internacionales basados en palabras superficiales que presumen del compromiso con valores compartidos como los derechos humanos.

Israel es un Estado soberano establecido gracias a la legitimidad internacional que concedió la histórica decisión que esta misma institución tomó en 1947. Yo soy un ciudadano de ese país, Israel es mi patria. Durante la mayor parte del tiempo que ha existido mi país, el mundo ha permitido que ocupara a otro pueblo. He vivido toda mi vida, todos y cada uno de sus días, consciente de esta realidad. Millones de israelíes y palestinos no conocen otra realidad. Necesitamos vuestra ayuda. Cincuenta años de ocupación “temporal” es demasiado tiempo para que exista ni siquiera una persona en este mundo que tenga que aceptar semejante oxímoron. Los derechos de los palestinos tienen que ser satisfechos, la ocupación tiene que acabar, el Consejo de Seguridad de la ONU tiene que actuar, y hoy es el momento de hacerlo.

Traducción de Álvaro San José.

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Hagai El-Ad

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