1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Debate / Espacio Público - CTXT

Socialismo… o como quiera que lo terminemos llamando

Una coalición entre una socialdemocracia refundada y una nueva izquierda cabalmente reformista debe pasar a ser dominante en Europa, con políticas en beneficio de las clases medias y trabajadoras

Manuel Escudero 29/11/2016

Ernesto Rodera

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

---------------------------------
CTXT necesita la ayuda de sus lectores para seguir siendo un medio radicalmente libre e independiente. ¿Nos echas un cable?

---------------------------------

No esperen en esta reflexión un hilo de argumentación lógico y encadenado… Más bien voy a funcionar como se hace en las sesiones de diseño, cubriendo la pared con post-its, ideas y argumentos que vienen al caso, que van completando el cuadro de modo impresionista, a ráfagas, echándose para atrás y viendo lo que falta o lo que aflora.

Sobre el nombre

El socialismo en el siglo XXI, así, a secas, será cosa de nostálgicos, pero no de los que luchan por el progreso de la humanidad. Lo digo porque ya desde comienzos del siglo XX, el socialismo solamente ha servido para el progreso de las sociedades cuando ha ido acompañado de un concepto parejo, el de democracia. El socialismo terminó de existir realmente a finales del siglo XIX y dio a luz a dos vástagos: por un lado, el régimen dictatorial de la planificación soviética, también llamado “socialismo real”; y por otro lado, la socialdemocracia de los países avanzados occidentales, que en España y otros países del sur europeo dio en denominarse “socialismo democrático”.

Yo creo que el concepto de socialdemocracia sigue teniendo vigencia. Si se refunda, seguirá teniendo recorrido en las nuevas condiciones del siglo XXI… aunque ¡a saber cómo terminaremos llamándola!

Sobre los principios del socialismo

Lo que sí existe son unos valores comunes que arrancan con el socialismo del siglo XIX y continúan hasta nuestros días.

El socialismo fue la aspiración obrera, y se basó en una ética de la justicia social, la fraternidad entre los desposeídos y la lucha por la emancipación frente a la explotación capitalista.

La socialdemocracia heredó estos valores, y los completó: desde Bernstein, sus señas de identidad fueron la lucha por reformas que mejoraran las condiciones de vida de los trabajadores y, un nuevo elemento, una adhesión radical a la democracia representativa. El reformismo socialdemócrata implicó desde entonces una concepción de la lucha por reformas que tiene en cuenta no solamente la bondad de las mismas, sino también sus posibles efectos negativos, su sostenibilidad a lo largo del tiempo y el cálculo de la correlación de fuerzas para alcanzarlas.

A estas señas de identidad se añadió más adelante una tríada de valores: igualdad, libertad y solidaridad, donde es la combinación lo que tiene sentido. Los valores de la socialdemocracia han combinado la búsqueda de la justicia social con el respeto a la libertad individual. Donde mejor se manifiesta esta combinación como un todo armonioso, y además de un modo que a mí me parece sublime, es en la concepción de la libertad de Philip Pettit (en su teoría del neorrepublicanismo): la libertad es la no-dominación, la persona es libre cuando se sacude todo tipo de dominación (tanto privada como la ocasionada por el capitalismo o por la civilización patriarcal, o pública, la ocasionada por el imperium de un Estado abusivamente todopoderoso que suprime la iniciativa individual). La lucha contra las dominaciones para alcanzar la verdadera libertad supone la lucha colectiva contra las opresiones, y presupone la necesidad de la intervención del Estado democrático para su eliminación cuando esto es necesario. Es este destilado el que terminó cristalizando en la máxima del SPD acuñada en Bad Godesberg en 1959: los socialdemócratas aspiran a “tanto mercado como posible, tanto Estado como necesario”.

Detenerse, siquiera brevemente, en el ámbito de los principios no es un ejercicio baladí ni para la actual socialdemocracia, como la representada por el PSOE, ni para las nuevas expresiones políticas progresistas, como Podemos. 

Para los primeros porque la condición de superación de su estancamiento consiste en volver a empuñar sus principios para ver a través de ellos la realidad de hoy. El capitalismo embridado de los años 60 del siglo pasado no tiene nada que ver con el capitalismo desatado de nuestros días.

Y para los segundos, para el ámbito de Podemos, también puede ser muy importante reflexionar sobre sus principios: las ideas de Laclau, por mor de huir de los dogmas de las viejas izquierdas, son contingentes, conducen a un relativismo ético y minusvaloran la necesidad de principios como ancla de la acción política. Pero sin adherirse con meridiana claridad a una serie de valores, la nueva izquierda no podrá conectarse con los 150 años de luchas, éxitos y fracasos, de los trabajadores por la democracia y la justicia social, ni existirá norte, ni convicciones, ni sostenibilidad de los esfuerzos para transformar la realidad. 

Finalmente, en este terreno de los principios es urgente para ambos recomponer en nuestros días el binomio entre justicia social y democracia. En nuestros tiempos la democracia ha sido literalmente secuestrada por la forma actual del capitalismo, el neoliberalismo. Cómo recuperar la democracia para que funcione de acuerdo a los intereses de la mayoría es un frente de deliberación común, tanto para unos como para otros. De qué se trata: ¿de reformar la democracia representativa introduciendo grandes dosis de participación y de capacidad de disputa ciudadana? ¿O de reinventar la democracia en torno a una noción de democracia popular? En el plano teórico éste es el frente más importante en el que avanzar para unos y para otros porque, a no ser que se llegue a planteamientos relativamente similares respecto a cómo rescatar la democracia para la justicia social, otros acercamientos serán imposibles. Y sin embargo es urgente plantear a medio plazo una convergencia imprescindible en la acción política, como veremos más adelante.

Sobre su estado actual

En nuestros días el estancamiento de la socialdemocracia ha ido parejo con la aparición de otras alternativas políticas progresistas, desde los Verdes hasta Podemos.

No me cabe la menor duda de que el estancamiento socialdemócrata se produjo hace ya treinta años, que la Tercera Vía de Blair, que nació con la intención de plantar cara al neoliberalismo, terminó presa de él. Y que tanto su versión inglesa ha encontrado su expresión terminal de fracaso con el Brexit, como su versión demócrata la ha encontrado con el triunfo de Trump.

El error de fondo de la socialdemocracia y su lento languidecer durante estos treinta años consistió en no caer en la cuenta de que la forma actual del capitalismo, el neoliberalismo, ni es compatible con la justicia social ni es compatible con el Estado de bienestar. El gran error fue pasar por alto el dato fundamental, que el capitalismo aceptaba cada vez menos bridas y cortapisas. Ignorando este hecho, la socialdemocracia siguió anclada en que lo importante era la gestión desde el gobierno para obtener reformas incrementales, y se convirtió en el gestor alternativo de la economía y las instituciones dentro de los nuevos parámetros impuestos por el neoliberalismo. 

Los ocho años transcurridos desde la crisis de 2008 son la evidencia palpable de que el único papel de la vieja ideología socialdemócrata es el de resistencia, pero en absoluto el establecimiento de un nuevo pensamiento político y un modelo económico alternativo al sistema que ha causado la crisis. 

El 15M, Occupy Wall St, Syriza, fenómenos como Sanders y Corbyn o la nueva realidad de Podemos han surgido porque el neoliberalismo está causando destrozos sociales cada vez mayores y porque la socialdemocracia no parece acertar en la formulación de nuevas soluciones al estado de cosas actual. Pero estos nuevos proyectos tampoco parecen traer consigo unas teorías solventes de la acción política, dada la magnitud y complejidad de los problemas hoy planteados y los cambios enormes que se avecinan.

Sobre su futuro

¿Cuáles son estos problemas hoy planteados y estos cambios que se avecinan? Yo los resumiría en cuatro aspectos clave que establecen, a su vez, los frentes en los que podrían avanzar tanto los socialdemócratas con su refundación como las nuevas expresiones políticas progresistas en su programa de acción política a medio plazo:

El primer elemento es formular políticas que quiebren de modo eficaz el actual modelo económico neoliberal. Este se encuentra en bancarrota realmente, pero puede arrastrar su injusta e ineficiente naturaleza durante mucho tiempo. Se encuentra en bancarrota debido a que el modelo ha desmembrado la sociedad, a partir de su axioma de bajos salarios y precariado, de modo que vivimos en sociedades desiguales donde el 80% de los trabajadores está económicamente sin oportunidades y donde una minoría acumula de modo creciente la riqueza. Un modelo así está condenado al estancamiento económico, y, efectivamente, las perspectivas de crecimiento de la OCDE hasta 2060 no superan el 3% del crecimiento del PIB a nivel global. Está el modelo también en bancarrota porque la actividad económica se ha financiarizado, y el sector financiero ha adquirido una macrocefalia disfuncional y se ha divorciado casi por completo de las actividades económicas productivas: las políticas de expansión monetaria están exhaustas, y no han logrado sacar las economías del estancamiento, pero sí han permitido un aumento astronómico de los activos especulativos y de la deuda, y han ocasionado en lo que va de siglo tres burbujas y sus correspondientes estallidos. En un mundo sobreendeudado no sabemos cuándo pero si sabemos que en algún momento el default por parte de alguno de los agentes económicos (públicos, privados o corporativos) en alguna región del mundo, a raíz de un shock externo, ocasionará un nuevo episodio de gran recesión. En definitiva, bajo crecimiento, una economía inestable y un aumento constante de las desigualdades son los tres elementos definitorios del modelo económico actual y hay que encontrar soluciones efectivas para dejar de tener encima esa “espada de Damocles”.

El segundo elemento es hacer frente de modo inaplazable y con nuevas políticas disruptivas a las tres grandes sacudidas sociales que se están levantando en el horizonte inmediato: la amenaza de un cambio climático, la certeza de una aceleración del envejecimiento de la población, y la inevitabilidad de nuevas migraciones masivas, particularmente desde África y Oriente Medio hacia Europa. El sistema económico podrá seguir adelante a trancas y barrancas en las condiciones antes descritas. Pero estos tres choques le ponen fecha de caducidad. Por eso las políticas respecto al cambio climático deberían estar en el frontis de cualquier proyecto político sensato hoy. Todos tenemos claro qué supone el cambio climático y por qué hay que detenerlo. Pero sorprende la falta de políticas centrales para descarbonizar nuestras sociedades en un horizonte inmediato, en los próximos 35 años. Se trata de sustituir un modelo de producción energética basado en los combustibles fósiles en otro basado en las energías renovables; se trata de las resistencias que van a poner los actuales oligopolios privados energéticos… y se trata de que, en definitiva, es urgente encontrar respuestas políticas. Lo mismo cabe decir del envejecimiento de la población: entre 2015 y 2050, la proporción de la población mundial con más de 60 años de edad pasará de 900 a 2.000 millones de personas, y en España, se pasará del 16,6% en 2008 a un pavoroso 40% en 2056. Las tensiones que esto va a suponer a los sistemas de pensiones y a los servicios de bienestar son enormes… pero nadie parece estar abordando el tema con la visión de medio plazo, y no solamente en el escenario inmediato, que requiere. Y finalmente, si la población va a aumentar hasta 2050 en mil millones de personas a las puertas de Europa, fundamentalmente en África… nos damos cuenta de que las políticas de murallas no van a ser suficientes para resolver el problema. 

El tercer gran elemento consiste en que estamos entrando en la era digital, la segunda edad de las máquinas, basada en la utilización de un input productivo muy especial: la información es infinita, y quiere ser libre porque su reproducción digital implica costes decrecientes que tienden a cero. Al calor de esta transformación radical comienzan a aparecer nuevas actividades que tienen poco que ver con el capitalismo y no funcionan con la lógica de su mercado: Wikipedia,  los Creative Commons, el software libre, las nuevas iniciativas descentralizadas de economía colaborativa, social y solidaria son el embrión de un modo de producción diferente al capitalismo. De la mano de la digitalización de la economía, de la impresión 3D, de la inteligencia artificial y del Internet de las cosas, comenzamos a constatar que el trabajo productivo dentro del sistema capitalista se va convirtiendo de modo creciente en innecesario, que la productividad del sistema se puede mantener a pesar de la expulsión creciente de los trabajadores de los procesos productivos, que las jornadas de trabajo van disminuyendo y pueden disminuir aún más. Comenzamos también a constatar que los precios de muchos productos se mantienen artificialmente debido a la existencia de monopolios u oligopolios, cuando en realidad, debido a la digitalización, los costes reales de producción están disminuyendo. Y comenzamos a ver, por último, que más y más ciudadanos optan por un nuevo tipo de actividad colaborativa, realizada como una actividad de utilidad social pero no de utilidad mercantil, que se ofrece de modo libre al resto de la sociedad. Todos estos grandes cambios económicos y sociales implican necesariamente nuevas políticas: desde nuevas políticas de defensa de los trabajadores cuyas actividades se flexibilizan, pasando por nuevas políticas de educación, de investigación, de apoyo a los embriones de la economía colaborativa y de defensa del bien común frente a los viejos oligopolios (telecomunicaciones, energía, transportes) como frente a los nuevos monopolios digitales.

El cuarto gran elemento es el auge del populismo de derechas: al Brexit le ha seguido Trump, y todo ello ha ocurrido contra un telón de fondo en el que las opciones políticas de ultraderecha en Europa crecen en muchos de sus países. La mayor lección que hay que sacar de lo que está ocurriendo es que la coalición dominante en Europa se está demostrando como ineficaz para detener ese avance. Me refiero a la coalición formada por los conservadores, los demócratas liberales y la socialdemocracia. No solamente es que los resultados, en términos de políticas económicas, han sido desastrosos y desfasados en los años de la gran recesión. Me refiero también a que tanto el Brexit como las políticas frente a los refugiados son el resultado directo de no saber o no poder hacer frente a la nueva marea de populismo de ultraderecha. Los conservadores, en la medida en la que tienen una posición dominante, acaban cediendo terreno a la ultraderecha. La grand coalition comete constantemente el error denunciado por Jürgen Habermas de “aceptar el terreno de enfrentamiento definido por el populismo de derechas”.  Es necesario comenzar a pensar en una coalición diferente que pase a ser dominante en Europa, y ésta no puede ser definida sino con nuevas políticas en beneficio de las clases medias y trabajadoras por parte de una nueva alianza entre una socialdemocracia refundada y una nueva izquierda cabalmente reformista. El progressive caucus, que comienza a formarse de modo muy tentativo en el Parlamento Europeo, es el embrión de esa coalición alternativa. Pero para que ésta realmente remonte el vuelo se necesitan movimientos paralelos y complementarios en muchos países europeos y, notablemente, en el nuestro. 

Es cierto que aún la refundación de la socialdemocracia o la construcción de un programa claro a medio plazo por parte de las nuevas fuerzas progresistas en España están en ciernes. Y es cierto que, por el momento, la tentación del mutuo aniquilamiento entre las fuerzas de izquierda españolas prima mucho más que los deseos de reconocerse mutuamente respetando las diferencias de cada cual. Pero, al menos, deberían quedar claras dos cosas, como acicate para que desde ambos campos se progrese: en primer lugar, que Europa ya no es un terreno de juego sobre el que hablar solamente cuando se acercan las elecciones europeas, sino que es un terreno de juego nacional tan importante como todas las políticas domésticas combinadas. Y en segundo lugar, que el único modo de detener a la ultraderecha será, como lo ha sido en toda la historia moderna, la unidad de acción de las izquierdas. 

A vueltas con el nombre 

Termino como empecé, a vueltas con el nombre. 

Hablar de la posibilidad de una nueva sociedad al alcance de nuestras manos, en 30 0 50 años, ya no es una utopía, una ensoñación aspiracional, sino una propuesta racional, basada en evidencias.

Es racional decir que con el apoyo de la política podríamos avanzar hacia una sociedad poscapitalista, como sugiere Paul Mason. Una sociedad en la que la gente tenga un acceso casi gratuito a los bienes esenciales, desde la cultura, la educación, la sanidad, las telecomunicaciones, los transportes o la energía, donde se trabaje dos o tres horas al día en actividades productivas de mercado y donde el resto del tiempo las personas se dediquen a actividades de utilidad social y para su comunidad. Una sociedad en la que el capitalismo no habrá sido abolido, sino arrinconado, y donde el mercado no habrá desaparecido, sino despojado de los poderes corporativos que hoy lo desfiguran.

Vaya usted a saber si, dentro de diez años, el socialismo del siglo XIX y la socialdemocracia del siglo XX no pasará a ser denominado, por ejemplo, ¿el poscapitalismo del siglo XXI?

-------------------

Manuel Escudero. Economista. Coordinador del Foro de Economía Progresista.

---------------------------------
CTXT necesita la ayuda de sus lectores para seguir siendo un medio radicalmente libre e independiente. ¿Nos echas un cable?

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Manuel Escudero

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí