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Informe de la visita de delegación del grupo confederal de la izquierda unitaria del Parlamento Europeo a Turquía para valorar la situación de los refugiados

Grupo confederal de la izquierda unitaria europea 14/12/2016

<p>Refugiados sirios tratan de cruzar la frontera con Turquía.</p>

Refugiados sirios tratan de cruzar la frontera con Turquía.

Andreas H. Landl

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Una delegación de tres miembros del Parlamento Europeo visitó Turquía  del 2 al 4 de mayo de 2016 para valorar la situación de los refugiados después del Acuerdo Unión Europea-Turquía. En la misión participaron Cornelia Ernst, Marina Albiol y Josu Juaristi, miembros del grupo confederal de la izquierda unitaria europea (GUE/NGL). 

Los objetivos de la delegación eran:

1. Acceder a los centros de detención y observar de primera mano las condiciones en las que las personas llegan tras ser deportadas desde Grecia;

2. Observar la situación de los refugiados sirios en la frontera entre  Turquía y Siria;

3. Encontrarse con diversas personas afectadas o implicadas por dicho Acuerdo (stakeholders) para conseguir una comprensión más profunda de la situación actual de los refugiados y migrantes en Turquía.

Al mismo tiempo que la delegación reconocía los esfuerzos que Turquía ha ido realizando al acoger una población estimada de 2,7 millones de refugiados, se documentaron violaciones de los derechos fundamentales y la falta de cualquier posible futuro. Estos hallazgos se basan en testimonios directos de los refugiados en los dos centros de internamiento  de Edirne y Kırklareli y en las ciudades de Estambul, Gaziantep y Kilis. Mediante entrevistas directas con los refugiados, también se documentó la existencia de  casos de trato denigrante e inhumano, robo, violencia y conductas agresivas perpetrados por la policía griega y búlgara,

Las principales conclusiones de la delegación son:

1. Las personas deportadas desde Grecia, hasta ahora, no han tenido oportunidad de pedir asilo ni en Grecia ni en Turquía.

El 3 de mayo del 2016, se concedió a la delegación acceso a los dos centros de internamiento  en la frontera con Grecia y Bulgaria, en  Edirne y Kırklareli.

Edirne: Tiene capacidad para 400 personas. En el momento de la visita, había 396 detenidos.

En 2016 han sido detenidas o arrestadas en la frontera 6.773 personas, entre los que había 3.410 sirios, 1.452 iraquíes, 514 afganos, y 36 palestinos.  658 personas habían sido devueltas a sus países de origen.

Kırklareli; cuenta con capacidad para 750 personas. En el momento de la visita, tenía 416 detenidos.

No hay constancia de que ninguna ONG ni miembros del Parlamento Europeo lo hayan visitado nunca desde su apertura el 1 de abril  de 2016.  Este centro ha ido recibiendo a casi todas las personas devueltas desde las islas griegas tras el acuerdo UE-Turquía, con la excepción de 24 personas que fueron transferidas al  centro de Kayseri.

Además de las 370 personas devueltas desde las islas Griegas, 36 habían sido interceptadas en la zona fronteriza.

Durante la visita, supimos que ACNUR (UNHCR) había visitado el centro el 20 de abril, pero no hay disponible ningún informe de su visita.

El Centro fue financiado, en un 85%, como un centro de recepción, por la UE según el instrumento para el programa de adhesión (The instrument for Accession programme), pero en el último trimestre de 2015, antes de ser abierto, se decidió que sería reorientado como centro de internamiento.

En ambos centros, la delegación tuvo la oportunidad de comunicarse con unos 40 refugiados procedentes de Afganistán, Irán, Palestina, Pakistán y Marruecos.

Estuvimos esposados entre diez y doce horas en un barco, donde no se nos facilitó comida, ni agua ni ir al lavabo

La mayoría de las personas del centro de Edirne  habían sido devueltas a Turquía a través de la frontera terrestre con Grecia; algunas habían sido detenidas a su llegada a las islas griegas antes del 20 de marzo, en base a su nacionalidad, otras habían sido rechazadas por la policía (pushed back) desde Serbia a Macedonia y después a Grecia cuando estos países empezaron a establecer un filtro por razón de la  nacionalidad. Una minoría había sido interceptada antes del cruce fronterizo, lo que puede  explicarse porque casi todas las personas interceptadas recientemente han sido enviadas a otros centros de detención en Turquía al estar Edirne al completo.

En Kırklareli, todos habían sido devueltos directamente por ferry desde las islas griegas. Cuando se preguntó por los sirios devueltos desde Grecia, las autoridades turcas confirmaron que 12 sirios habían sido enviados a la ciudad turca de Adana en avión el viernes anterior y después transferidos al campamento Osmaniye. 

Todos los refugiados entrevistados afirmaron que no se les había dado la oportunidad de pedir asilo, ni en Grecia, ni en Turquía. Todos dijeron que no sabían qué les iba a pasar, y que no habían recibido ninguna información desde su llegada a Turquía. 

En Edirne un grupo de nacionalidad paquistaní, detenidos en Turquía durante dos meses, nos contó:

“No se nos dio la posibilidad de solicitar asilo en Grecia. Algunos de nosotros tuvimos la oportunidad de hablar con ACNUR, pero después no ocurrió nada. No teníamos traducción en urdu, por lo que no podíamos comunicarnos en las islas. Estuvimos esposados entre diez y doce horas en un barco que viajaba hacia el norte de Grecia, donde no se nos facilitó comida, ni agua ni ir al lavabo. Tampoco tuvimos intérpretes de urdu. No nos están escuchando, estamos cansados”.

Otro grupo de nacionalidad marroquí y procedente del oeste del Sahara confirmó la misma situación:

“No nos dieron la oportunidad de solicitar asilo. En las islas algunos pidieron hacer la solicitud, nos dijeron que tendríamos esa oportunidad cuando estuviéramos en el campamento, pero después fuimos enviados aquí”.

En Kırklareli, la delegación se encontró con una familia de Irán, una pareja con su hijo de diecisiete años, deportados desde las islas griegas. La policía griega les robó su dinero y atacó al hijo, a quien trataron de separar de los padres introduciéndolos en diferentes ferrys, pero finalmente se las arreglaron para mantenerse juntos. Intentaron solicitar asilo en Kirklareli pero fueron ignorados por las autoridades del campamento. El padre, kurdo y musulman suní, temía que le arrestaran, le ingresaran en prisión y le devolvieran a Irán. Se arrepentía de haber explicado su historia completa a las autoridades del campamento, ya que podía correr peligro cuando lo devolvieran a Irán. Las autoridades les habían quitado los cordones de los zapatos a toda la familia para prevenir el suicidio. Van a ser deportados a Irán el 6 de mayo.

No nos dieron la oportunidad de solicitar asilo. Nos dijeron que tendríamos esa oportunidad, pero después fuimos enviados aquí

La delegación se encontró también con un grupo de afganos: una pareja con dos niños pequeños (uno de pocos meses, el otro con un poco más de un año), un hombre soltero y una mujer que viajaba sola y cuyo marido vive en Bélgica, pero le habían negado la reunificación familiar. Fueron detenidos mientras estaban sentados en un parque en una ciudad de la provincia de  Kirklareli. Después de seis días en el campamento, no habían recibido ninguna información sobre sus derechos o la posibilidad de solicitar asilo. Su objetivo era llegar a Europa para un trabajo  y un futuro para sus hijos.

La delegación se encontró con un palestino, que había salido de Cisjordania  (West Bank) por la frontera con Jordania. Desde allí había volando a Turquía, y después viajado en barco con un traficante de migrantes hasta Samos. En esta isla griega fue golpeado por la policía y le robaron todas sus pertenencias, incluyendo dinero y documentos. Aún siente dolor en su espalda debido a los golpes de la policía griega. Fue deportado a Izmir, donde estuvo algunos días, y después a Kirklareli, donde ha estado más de una semana. En Izmir fue visitado por un doctor, que le dio una prescripción para su dolor. En Kirklareli no le  dieron la medicación que necesita, ni ha recibido ninguna información sobre su situación.

Un grupo de paquistaníes informó a la delegación: “No sabemos qué nos pasará; cuál es nuestro situación actual. Dejamos Pakistán por la amenaza para nuestras vidas y después quedamos atrapados en Grecia. Estamos muy preocupados por lo que nos ocurrirá. No podemos hablar con nuestra familia. Nos permitieron contactar solo una vez hace 20 o 30 días. En Lesbos, teníamos problemas de interpretación y no pudimos solicitar asilo. No había un intérprete de urdu, por lo que no pudimos hacernos entender. Aquí, intentamos solicitar asilo. Nos pusieron a un afgano para traducir al urdu, pero alguien que trabaja en el Centro nos dijo ‘incluso si estáis aquí  seis meses, seréis definitivamente devueltos a Paquistán’”.

Cuando se preguntó sobre la posibilidad de solicitar asilo en Turquía, las autoridades explicaron que “todas las personas devueltas a Turquía tuvieron la posibilidad de solicitar asilo en Grecia”. En base a este supuesto, afirmaron que el objetivo es “garantizar la deportación de la totalidad de las personas que están siendo devueltas de Grecia. Este es el espíritu del acuerdo de readmisión”.

“No son personas que necesiten protección internacional”, insistió el representante de la Dirección General de Gestión de Migración Turca (DGMM). Al ser preguntado por los casos de personas devueltas basándose en la inadmisibilidad de su derecho de asilo, el representante del DGMM dijo que las autoridades turcas no tenían información sobre si algunos de los que han sido devueltos lo habían sido por dicha razón.

La gendarmería turca estaba disparando a diferentes grupos que estaban intentando cruzar al mismo tiempo

En Kirklareli, a ocho personas de las 370 devueltas se les ha calificado bajo supuestos de protección internacional a su llegada al centro, incluyendo a un transexual iraní. A excepción de estos ocho casos, en los que la identificación se llevó a cabo por el personal del centro, no se ha informado a nadie más que solicitara asilo por iniciativa propia.

El acceso a un abogado, aunque oficialmente posible, es casi imposible en la práctica. En Kirklareli, se nos informó solo de tres casos de entre las 416 personas cuyas órdenes de deportación habían sido comunicadas al Colegio de Abogados Provincial. Los abogados no tienen acceso aparentemente  a los centros de internamiento, por lo que los detenidos,  actualmente, solo son remitidos a los abogados si la dirección del centro los deriva.

Tras la primera deportación desde las islas griegas, las autoridades turcas informaron del caso de una ONG que fue a Kirklareli con una lista de 50 detenidos en el centro. Se les negó el acceso porque sus peticiones no cumplían los requisitos, por ejemplo, el que el detenido o  un miembro de la familia hubiese mantenido relación con un abogado. Esta condición actualmente hace casi imposible que una ONG o un abogado pueda proporcionar ayuda legal a las personas detenidas.

2.  Detención bajo un régimen carcelario, incluyendo a los niños

En la actualidad, Turquía tiene 18 centros de internamiento con una capacidad total para 6.000 personas, muchos de los cuales fueron originariamente diseñados como centros de recepción y convertidos en centros de detención al final del 2015.

La dirección de ambos centros y un representante de la DGMM expusieron a la delegación el marco jurídico y los derechos de los detenidos. Las entrevistas con mujeres, hombres y niños detenidos mostraban, sin embargo, una diferencia notable con la exposición oficial.

Serán deportados a sus países de origen cualquiera que sea su nacionalidad.

Parece faltar el acceso a la interpretación e información en su propia lengua. En Edirne, el documento que se  entrega a los detenidos al llegar estaba disponible solo en turco. La delegación también observó la presencia de un solo intérprete árabe, sin ningún traductor de otras lenguas. En Kirklareli, ningún intérprete del centro estuvo presente en el momento de la  visita.

A su llegada se confiscan los teléfonos móviles a todos los refugiados, independientemente de si han estado detenidos, arrestados o han sido devueltos. Estos nos informaron de que no había disponible ninguna comunicación con el exterior, o que el contacto era solo posible una vez cada dos meses y mediante un teléfono público.

En el centro de Edirne, la delegación pudo testimoniar dormitorios superpoblados, por ejemplo 20 personas en una habitación con 12 camas. La delegación dejó el centro en medio de los gritos en árabe de los marroquíes: “Aquí no tenemos derechos”.

En los dos centros, los miembros del Parlamento Europeo se encontraron  con mujeres solas con niños procedentes de Afganistán y cuyos maridos residen en un Estado Miembro de la Unión Europea. Las autoridades turcas informaron de que un número significativo de mujeres solas con niños estaban siendo arrestadas en la frontera terrestre y detenidas, o recluidas en centros de detención, si no eran sirias. “Esto es una señal de que los canales existentes de reunificación familiar no funcionan”, advirtieron las autoridades turcas a la delegación. “En lugar de esperar varios años, intentarán el cruce”.

En los dos centros, la delegación pudo identificar menores no acompañados, sin identificar como tales y ubicados en los mismos dormitorios que hombres adultos.

En ambos centros, las personas, incluyendo las familias, eran encerradas en sus dormitorios. El tiempo máximo destinado a “actividades sociales” era, según contaron algunos de los entrevistados, de tres horas por día, tres veces al día, y la duración de las mismas de quince minutos.

En lo relativo al acceso a los servicios de salud y las condiciones sanitarias, algunos señalaron retrasos en la atención médica. Una persona a la que le sangraba la boca tuvo que esperar entre cuatro y cinco días para ser asistida por un médico. Informaron además de que habían encontrado insectos en la comida, y que cuando se quejaron, un miembro del personal dijo a un grupo de detenidos: “No pagáis nada, por tanto, ¿qué  esperáis?”.

Cuando se les preguntó sobre salud mental, algunos contaron que la mayoría de gente está alterada, con sentimientos de angustia, y sufre problemas alimentarios.

El representante del DGMM informó a la delegación de que se había firmado un protocolo para que la Media Luna Roja trabajase en los centros de recepción y en los de internamiento. Además de proporcionar servicios como apoyo psicosocial, su presencia tendría como objetivo ser una  “agencia semigubernamental imparcial para supervisar la detención”.

3.  Documentadas presiones policiales (push-backs) por parte de las policías búlgaras y griegas.

La delegación se encontró con una mujer afgana con dos niños,  a cuyo marido le había sido concedido el estatus de refugiado en Alemania, que refirió haber sido víctima de push-back dos días antes de la visita: “La policía griega se quedó con todo mi dinero y después me trasladó a Turquía”. 

Estamos muy preocupados sobre su práctica de usar perros para amedrentar a los refugiados

Estas prácticas fueron también planteadas por la dirección del centro de Edirne: “Observamos push-backs en ambos lados, el griego y el búlgaro. Hace tres meses, presentamos un video con imágenes de personas que llevaban uniformes griegos colocando a un grupo de migrantes en la zona fronteriza en barcos de vuelta a la parte turca”. La dirección del centro afirmó que se había informado a la policía griega  de este caso, pero que los push-backs no habían parado desde entonces. No sólo no habían parado, sino que se habían incrementado. Sin embargo, señalaron que esto no era un planteamiento sistemático. “Tenemos también evidencia de push-backs desde Bulgaria. Estamos muy preocupados sobre su práctica de usar perros para amedrentar a los refugiados”, añadió el director del centro de Edirne. “Tenemos casos de personas que han sido agredidas con heridas graves y también testimonios de algunas personas que murieron como resultado de un ataque con perros”. Turquía ha iniciado actualmente procedimientos penales contra Bulgaria en relación con este asunto.

4. Testimonios horribles, terribles, escalofriantes… de los refugiados como consecuencia del cierre de la frontera turco-siria.

Varias ONGs señalaron que la frontera con Siria ha estado ahora cerrada durante un año. Debido a esto miles de refugiados se encuentran abandonados en el otro lado de la frontera. La situación ha empeorado en las últimas semanas con los ataques en Alepo y en los campos de refugiados cercanos a la frontera turca. ACNUR y otras ONGs, como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, han exhortado repetidamente a las autoridades turcas para que abrieran la frontera con Siria. ACNUR se ha mostrado dispuesta a apoyar a Turquía si abriese la frontera.

Los delegados visitaron Kilis, una ciudad en la frontera con Siria, que había recibido impactos de más de 70 misiles/cohetes lanzados a través de las fronteras desde enero, matando al menos a 21 personas. En Kilis, se estima que la población de refugiados es de 120.000 (más alta que  la  población local: 80.000 nacionales turcos).

La delegación pudo oír además los bombardeos que tenían lugar en  Siria como sonido de fondo durante las conversaciones con los refugiados.

También se visitó el cruce de la frontera de Bab al-Salam, donde se verificó su completo cierre, así como la barrera del campo de refugiados  Oncupinar. El campo no cumple las reglas de ACNUR respecto a la distancia entre campos de refugiados y fronteras, y estaba funcionando completamente en paralelo a la frontera sirio-turca. ACNUR confirmó en un encuentro con ellos en Gaziantep que, de acuerdo con sus criterios, los campos de refugiados deben estar a 50 kilómetros de distancia de las fronteras.

La Autoridad Turca de Gestión de Desastres y Emergencias (AFAD) ha distribuido recientemente folletos en la ciudad de Kilis para explicar cómo “protegerte a ti mismo de los misiles". Sin embargo, no se ha informado de que hayan sido distribuidos entre los campos de refugiados en dicha ciudad. Es importante resaltar que los refugiados que viven en Kilis – a diferencia de los ciudadanos turcos – necesitan pedir una autorización para poder moverse a otra provincia,  lo que  únicamente se concede por razones médicas o de reunificación familiar. Esto significa que la mayoría de refugiados en Kilis no tienen otra elección que estar expuestos a los misiles y al riesgo de ser asesinado.

A continuación se recogen una serie de testimonios de refugiados:

“Me siento defraudado/decepcionado/abandonado por la Unión Europea y la comunidad internacional, que no ha tomado ninguna medida para proteger mis derechos y los de mi pueblo. Me preocupa mucho la nueva generación que crece sin educación y en extrema pobreza.  Creo que la UE debería fundar escuelas y proyectos para estimular el crecimiento económico en Siria. Vivía en una pequeña ciudad al norte de Alepo,  y decidí cruzar la frontera cuando empezaron los bombardeos rusos hace unos dos meses.

Crucé ilegalmente con un traficante, en un grupo de nueve y pagamos un total 10.000 liras turcas

Crucé ilegalmente con un traficante, en un grupo de nueve y pagamos un total 10.000 liras turcas. Después de caminar durante tres  kilómetros a través de olivares, cruzamos el foso a través de una brecha en la valla. Nos la arreglamos para pasar sin ser detectados porque la gendarmería turca estaba disparando a diferentes grupos que estaban intentando cruzar al mismo tiempo. Decidimos establecernos en Kilis porque era seguro, pero ahora los misiles y cohetes de Daesh han empezado a caer, no sabemos a dónde ir, pero no tengo interés en ir a Europa, Yo quiero estar tan cerca de Siria como sea posible. Estoy desempleado, pero realizo pequeños trabajos de vez en cuando, mayoritariamente como albañil y siempre contratado en la comunidad siria. También recibo alguna ayuda (230 libras turcas al mes) del Consejo Danés para los Refugiados”.

Ahmed, sirio

“Vengo de Tel Rafat, a 30 kilómetros de la frontera, que ha sido atacado por las diferentes partes del conflicto así como bombardeado. Después de que me fuera, hace en torno a un mes perdí a dos hermanos y dos sobrinos. Me fugué con nueve familias más y nos reunimos cerca de la frontera, durmiendo en el camión que teníamos. Después de diez días la organización turca IHH nos dio una tienda grande. El área fue entonces atacada por Daesh, por lo que nos trasladamos a un campamento en Siria, al lado del paso de Bab al-Salam.  Nos dieron algo de comida, pero no teníamos agua. Mi mujer estaba embarazada y, el domingo 1 de mayo nació nuestro bebé Muhammad con importantes problemas de salud y malformaciones. Debido a esto, se permitió pasar la frontera al bebé acompañado con una sola persona.

Como mi mujer no se encontraba bien después del parto y tenía que cuidar a nuestros otros cinco hijos, yo crucé la frontera con el bebé el mismo domingo. El bebé fue intervenido quirúrgicamente en el hospital de Gaziantep y ahora se está recuperando, está mejor pero no le dejarán salir del hospital hasta que pese cinco libras. Mientras al bebé le estaban interviniendo quirúrgicamente, dormí en el hospital dos noches, pero después fui a  Kilis a descansar en casa de mi primo durante un día. He solicitado ya un documento de identidad turco , pero las autoridades aún no me lo han dado. Estoy en contacto con mi familia en Siria. Mi mujer está mejor, pero estoy muy preocupado por nuestra situación, con Daesh avanzando muy cerca del campamento donde vivimos y por nuestra falta de dinero, así como por la ceguera de una de mis hijas. Mi plan es estar en Kilis con el bebé y tratar de traerlos a ellos a Turquía”.

Mustapha, Sirio

“Tengo quince años, llegué a Kilis hace un mes. Me estaba aproximando a la frontera con mi primo de once años cuando la gendarmería turca me disparó a unos quinientos metros de la frontera, y la bala me atravesó ambos muslos. Solo músculos, no el hueso. Permanecí inmóvil hasta que la gendarmería se fue y después nos las arreglamos para cruzar la frontera con la ayuda de mi primo de once años,  quien ahora ha vuelto a Siria para intentar ayudar a sus dos hermanas a cruzar la frontera. Yo estoy ahora en Turquía viviendo con mi madre y mis tres hermanos y sus  mujeres, que  llegaron antes que yo. Mataron a mi padre en la guerra hace dos años. 

La bala me atravesó ambos muslos. Solo músculos, no el hueso. Permanecí inmóvil hasta que la gendarmería se fue

Toda mi familia está sin empleo, y me gustaría trasladarme a Gaziantep por las mejores perspectivas de trabajo que hay allí. Dejé la escuela en el quinto grado, cuando tenía diez años, porque fue bombardeada. Vivía en Alepo, pero después de esto, mi familia y yo dejamos la ciudad y nos fuimos a vivir al campo, donde estaba más tranquilo, hasta que llegó Daesh y entonces nos trasladamos al campamento de Bab al-Sham. Es mi segunda vez en Turquía, llegué solo hace un año, pero tuve una muy mala experiencia de explotación en el trabajo y decidí volver a los campamentos de Siria. Crucé la frontera de Turquía por segunda vez porque ahora el resto de mi familia está aquí. Desde que perdí el documento de identidad turco que tenía hace un año, no puedo obtener otro”.

Comentarios de los delegados tras la visita:

"Estoy muy preocupada por la situación de derechos fundamentales y el acceso a la justicia de aquellos  refugiados que han sido readmitidos en Turquía desde Grecia siguiendo el acuerdo UE-Turquía.

En contra de los requerimientos de la Convención Europea de Derechos Humanos, que Turquía ha ratificado, y de la ley turca, los detenidos en los centros que hemos visitado no han recibido información sobre el propósito y duración de su detención, su derecho a solicitar protección internacional o o a cuestionar/impugnar su detención ante un tribunal. De hecho, los detenidos no sabían incluso cómo contactar con un abogado.

Deportar refugiados a un lugar donde se enfrentan a estas condiciones es una vergüenza y una desgracia. No puedo entender como el acuerdo que crea tales deportaciones puede ser legítimo o legal de ninguna manera”.

Cornelia Ernst, europarlamentaria por Die Linke

“Turquía ha sido contratada como una agencia de deportación, poniendo en práctica las políticas migratorias diseñadas en Bruselas. Hemos visto cómo las políticas migratorias impuestas por la Unión Europea tienen terribles consecuencias en las vidas de miles de personas. Su principal objetivo es devolver a las personas a las zonas desde las que se han fugado, incluso si se han de enfrentar a  peligros extremos en países como Afganistán o Yemen. Cualquiera que no sea sirio o iraquí es inmediatamente devuelto independientemente de su situación, en una clara violación de los principios establecidos en las Convenciones de Ginebra.

los campamentos no respetan las normas internacionales y están funcionando junto a la frontera, desde la que Daesh lanza cohetes

En esta visita hemos podido ver de primera mano que Turquía no es un país seguro y que la UE está solo interesada en considerarla como un cuerpo policial externo. En Kilis, escuchamos testimonios de refugiados que habían sido disparados por la policía turca de fronteras, y pudimos ver cómo los campamentos no respetan las normas internacionales y están funcionando junto a la frontera, desde la que Daesh lanza cohetes y misiles con una frecuencia diaria. Las personas detenidas no son informadas de sus derechos y los refugiados a los que se permite estar en Turquía no tienen acceso a la atención médica y otros servicios públicos a los que tienen derecho”.

Marina Albiol, europarlamentaria por Izquierda Unida

“Es absolutamente inaceptable que familias con niños estén presas en centros de detención en Turquía. Y esto está pasando gracias a los fondos de la Unión Europea. Una mujer afgana, que estaba presa con su marido y sus dos hijas pequeñas, nos dijo desde su celda: ‘Yo solo quiero salvar el futuro de mis hijos, nada más’. Sin embargo, lejos de ofrecer una oportunidad, la UE está pagando a Turquía para negársela.

Un millón de niños refugiados en Turquía están en edad escolar. Sin embargo, solo el 13% puede ir a la escuela. Estamos dejando a una generación entera sin futuro y los Estados Miembros de la UE son directamente responsables de este crimen”.

Josu Juaristi, europarlamentario por EH Bildu

Autor >

Grupo confederal de la izquierda unitaria europea

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