1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Gran reportaje

Shutka, capital del pueblo gitano

El distrito de la capital macedonia, la primera entidad administrativa de mayoría gitana de Europa, representa los retos aún existentes para acabar con la discriminación de los romaníes

Guillermo Hildebrandt Skopje (Macedonia) , 25/04/2017

<p>Vista de la calle principal de Suto Orizari.</p>

Vista de la calle principal de Suto Orizari.

G.H.

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Necesitamos tu ayuda para realizar las obras en la Redacción que nos permitan seguir creciendo. Puedes hacer una donación libre aquí

-----------------------------------------------------------------------------------------------------

Por las delirantes calles del centro de Skopje mendigan niños gitanos. Algunos descalzos, todos sucios, con el pelo enmarañado y la ropa rota. Hormiguean a la sombra de dantescos y novísimos edificios de mármol blanco y columnas dóricas, entre las decenas de estatuas que jalonan los dos principales puentes sobre el río Vardar y una esquina tras otra. En pequeños grupos, insistiendo tozudos y sonrientes hasta que pillan algo, ya sean unas monedas o el bufido de un transeúnte impaciente, o solos, como ese que canta y aporrea un tambor en medio de la acera.

Antes de la jornada de vagabundeo, o al acabarla, alrededor de cien de esos menores acuden al Centro de Día para Niños ubicado en la calle principal de Shukta, a unos seis kilómetros al norte. Shukta es como se conoce cariñosamente a Suto Orizari, la primera entidad administrativa de mayoría gitana de Europa. En 2002 el último censo de Macedonia atribuía a este distrito, uno de los diez que conforman Skopje, una población de alrededor de 20.000 habitantes. Más recientes –y fiables– estimaciones se mueven entre los 30.000 y 50.000, de los que entre el 80 y el 90 % serían de etnia romaní –en su mayoría, musulmanes–. Esto lo convierte en la mayor comunidad gitana de los Balcanes y una de las mayores del mundo.

En la puerta del Centro para Niños no hay ningún cartel indicativo, pero sí un montón de gastados y polvorientos zapatos. Dentro, en los dos estrechos pasillos y las tres aulas para sus tres grupos de edad, el alboroto es molesto si uno no está acostumbrado, pero la recepción es cariñosa. “Dabor deeen!” (buenos días), gritan los chavales a coro.

En 2002 el último censo atribuía a este distrito alrededor de 20.000 habitantes. Estimaciones más recientes se mueven entre los 30.000 y 50.000, de los que entre el 80 y el 90 % serían romas –en su mayoría, musulmanes

Irina Velkovska, la incombustible directora y una de las profesoras del centro, explica que este se subvenciona “milagrosamente” con 400 euros mensuales del Gobierno macedonio y con donaciones privadas. Abre sus puertas de 8 de la mañana a 4 de la tarde. Uno de los niños, Valentin Merçin, que medita gravemente tras preguntársele qué será de mayor –“policía o camarero”, decide–, cuenta lo que hace aquí: “Escribimos, estudiamos, hacemos los deberes… también comemos. A veces nos dan chocolate, y regalos en año nuevo”. A su lado, la ‘dire’ contextualiza: “Él va al colegio, así que le damos refuerzo escolar. Pero el 80% no va, así que intentamos darles unas nociones básicas de higiene y cultura. Pero es difícil, hay niños que no tienen agua corriente en casa”.

Pasajeros en una de las dos líneas de buses que conectan Shutka con el centro de Skopje. / G.H.

Pasajeros en una de las dos líneas de buses que conectan Shutka con el centro de Skopje. / G.H.

Desde el principio salta a los cinco sentidos que Shutka es un barrio especial. En el ajetreado mercadillo diario de la calle principal, donde paran los dos buses que suben del centro, siempre se escucha algún altavoz con música a buen volumen. Un paisano pasea tranquilo y marca a varazos el paso de dos ocas entre coches, carros de caballos, motos y carretillas. Frente al puesto de hamburguesas –con diferencia, las más baratas y empapadas en salsa de la ciudad– se amontona la chavalada que acaba de salir de clase. Las tenderas del mercado vocean sus ofertas, los de textiles apalean el género para devolver al aire el amarillento polvo adherido. Ambos captan con gestos o un silbido a los compradores. Estos vienen del centro (en su gran mayoría) o del extranjero (y miran a su alrededor un poco asustados).

Shutka es un símbolo para la mayor minoría de Europa, esa nación que quizá nunca tenga Estado porque no empezará una guerra para conseguirlo, uno de los pueblos más perseguidos de la historia. “Suto Orizari es una capital para nosotros, el pueblo gitano”, sentencia Ramus Muarem, secretario general de la Unión Internacional Romaní (IRU en sus siglas en inglés), organización fundada en 1978 para defender los derechos de los gitanos, entre cuyos socios se halla la española Unión Romaní.

El origen de Shutka se remonta al terremoto de 1963, que devastó el 80% de Skopje y especialmente las endebles viviendas de los gitanos alrededor del céntrico Gran Bazar. La ciudad fue remodelada y se llenó de bloques de pisos; las familias gitanas, poco acostumbradas a vivir en altura, fueron invitadas a vivir en esta zona, a unos cinco kilómetros al norte. Desde entonces ha recibido oleadas de inmigrantes romaníes de otras partes de Macedonia y los Balcanes, como durante la Guerra de Kosovo. Esto explica la amalgama de dialectos del romaní que se escucha hoy.

En 1996, Suto Orizari se constituye como municipio. “Esto supuso un logro en sí mismo, sobre todo teniendo en cuenta la falta de representatividad de los gitanos en las instituciones. Todos sus alcaldes y la gran mayoría de representantes han sido gitanos desde entonces”, recuerda Eben Friedmann, politólogo experto en esta minoría.

El origen de Shutka se remonta al terremoto de 1963, que devastó el 80% de Skopje y especialmente las endebles viviendas de los gitanos alrededor del céntrico Gran Bazar

Un informe de 2013 del Centro Europeo para los Derechos de los Gitanos, del que se sacan la mayoría de datos de este reportaje, dibujaba un cuadro de clara desventaja para esta minoría macedonia, que supone el 2,7 % de la población según el citado censo de 2002, y entre el 7 y el 10%  de acuerdo a otros cálculos más actuales. Sufren más paro, habitan peores viviendas, tienen peores condiciones sanitarias y más carencias educativas.  “Hasta 2004 no se coordinó ninguna política nacional para cubrir las necesidades de este pueblo”, apunta Friedmann. Shutka también es reflejo de todo eso.

El 25% de los roma en Macedonia viven en infraviviendas. /G.H.

El 25% de los roma en Macedonia viven en infraviviendas. /G.H.

Sanidad y vivienda

Salija Bekir Halim es una mujer muy fumadora y divertida, pero cuando habla del barrio abre mucho los ojos y deja poco lugar para bromas. “Llevamos cinco años sin consulta ginecológica”, denuncia. Coordina la Iniciativa de Mujeres Romaníes, dedicada a formar en materia de salud y derechos sociales y reproductivos a las mujeres de Shutka. A veces hacen de chófer para ir al ginecólogo, ya que este, como repite varias veces, lleva cinco años ausente. “Hay programas públicos para mujeres embarazadas, hasta clases de yoga, pero aquí hablar de eso es una quimera. Estoy harta de ver parir en lavabos”. El reparto de anticonceptivos es otra de las tareas prioritarias.

Salija, “por supuesto”, es feminista, y cree que “tendría que haber más alzando su voz” como ella. Sus compañeras de género y etnia sufren doble discriminación, por mujeres y por gitanas: “En nuestra tradición, el marido es el jefe. La esposa se dedica a cuidar de la casa, de los hijos, que suelen ser muchos, y de las personas dependientes. Es inferior. Se casan a veces con 13 o 14 años, a menudo sin dar su opinión sobre si quieren o no. Las familias se alegran más por la llegada de un varón, que siempre recibirá mejor educación”. En Macedonia, el porcentaje de analfabetismo entre las mujeres gitanas es del 25%, frente al 9 % de ellos.

En el mercadillo de la calle principal merodean y hacen fotos turistas, que luego escribirán aventureras y orgullosamente multiculturales crónicas en blogs de viajes. La laureada El tiempo de los gitanos, de Emir Kusturica, y El libro de los récords de Shutka, un pintoresco documental checo, mostraron al mundo una imagen más o menos amable del pueblo. En él han crecido referentes internacionales de la cultura romaní, como la cantante recientemente fallecida Esma Redzepova, la reina de los gitanos, o la compañía de teatro Phralipe, una de escasas troupes roma profesionales, creada en 1970 por Rahim Burhan y que trasladó su sede a Alemania tras la disolución de Yugoslavia.

Los turistas van desapareciendo al bajar por alguna de las empinadas calles. Algunas casas –aunque pocas, las hay bonitas y grandes– están vacías; sus dueños están en Europa Occidental. Al llegar a lo más profundo del barrio, la parte baja, la propia Salija, vecina de toda la vida, argumenta que es mejor no entrar en algunas de las callejuelas de chabolas hechas con metal, madera y cartón: “Creen que vas a darles dinero y se van a poner bastante insistentes”.

Dzezair y Gulten sobreviven reciclando envases de plástico y gracias a unos 100 euros mensuales de diferentes prestaciones sociales. / G.H.

Dzezair y Gulten sobreviven reciclando envases de plástico y gracias a unos 100 euros mensuales de diferentes prestaciones sociales. / G.H.

Gulten y su esposo Dzezair se hacinan con sus cinco hijos, un nieto y otro que está por venir en una vivienda de tres habitaciones. No pertenecen al 10% de romaníes que en Macedonia carecen de agua potable y sistema de desagüe, aunque probablemente están entre el 25% que no tiene una vivienda segura. Las paredes están mohosas y lucen grietas horizontales, a pesar de que el hogar fue enteramente reconstruido tras las inundaciones que anegaron la zona hace media década. Sobreviven reciclando envases de plástico y gracias a unos 100 euros mensuales de las diferentes prestaciones sociales. La ayuda mínima al desempleo en Macedonia asciende a 80 euros mensuales, 70 después del primer año y 30 para los parados de larga duración, como es el caso de Gulten y Dzezair. Los datos que maneja Salija, que reconoce inexactos, hablan de una tasa de desempleo del 80% entre los gitanos de Shutka. En todo el país, el paro afecta al 53%, 26 puntos porcentuales más que a otras etnias.

Participación y educación

Macedonia atraviesa una profunda crisis política. Su población, liderada por los jóvenes, estalló en una oleada de movilizaciones en abril del año pasado, exigiendo que continuasen las investigaciones –el presidente Gjorje Ivanov amagó con suspenderlas– sobre el exprimer ministro Nikola Gruevski, del nacionalista VMRO-DPMNE. Se llamó la Revolución de los Colores, pues la ira ciudadana se expresó a menudo con pintura, arrojada contra las incomprensiblemente numerosas estatuas y edificios mastodónticos de estilo neoclásico –también lo han llamado “historicismo kitsch”– levantados en los últimos años.

El dirigente de la IRU Ramus Muarem lamenta la escasa presencia gitana en las protestas: “El problema de base es la falta de identificación con el Estado. Somos un pueblo sin país, y a menudo nuestra gente no tiene claro por dónde empezar para reclamar sus derechos. La participación política, tanto a nivel de movilización como de mayor representación institucional, es uno de nuestros grandes retos”.

El romaní es lengua cooficial en Suto Orizari un derecho que reconoce la Constitución de Macedonia a cualquier entidad con una mayoría étnica diferente a la macedonia

“En cualquier caso”, continúa Muarem, “si hay una llave que abrirá algún día las puertas de la libertad y la prosperidad para el pueblo gitano, esa es la educación”. Las fuentes consultadas coinciden en que fue precisamente en ese campo donde más avances se consiguieron durante la Década para la Inclusión Gitana (2005-2015), una iniciativa de doce países de Europa Central y del Sur, entre ellos Macedonia. Pero la tasa de escolaridad de 7 a 15 años se mantiene para ellos en el 75 %, frente al 94 % de los no gitanos. En 2014, solo 17 romas obtuvieron el graduado escolar en todo el país.

Y no todo es cuestión de números: “Como miembros de una población en desventaja y con elementos culturales diferentes, los niños romaníes deberían recibir al menos dos años de preescolar centrados en mejorar su dominio de la lengua en que irán a la escuela, más frecuentemente macedonio, pero a veces turco o albanés”, defiende Friedmann.

La entrada principal del Instituto de Enseñanza Secundaria de Suto Orizari. / G.H.

La entrada principal del Instituto de Enseñanza Secundaria de Suto Orizari. / G.H.

El romaní es lengua cooficial en Suto Orizari un derecho que reconoce la Constitución de Macedonia a cualquier entidad con una mayoría étnica diferente a la macedonia. Una emisora de radio y otra de televisión emiten en este idioma, que podría ser también vehicular en el único instituto de secundaria en el corazón de Shutka, ya que supera con creces el umbral de 25% de alumnado que lo habla. Ekrem Jashar el director, cuenta que la falta de profesorado le impide impartir a los estudiantes su lengua materna más de dos veces en semana. La resignación cansada contrasta con su pelo muy negro y sus jóvenes ojos grises: “No me gusta lo que veo, pero hay que seguir viniendo y trabajando. Intentar cambiar las cosas poco a poco”.

Para contestar qué carencias materiales tiene el centro, aguarda un solo instante, quizá de cortesía, y dispara la ráfaga: “Pupitres. Sillas. Mesas de profesores. Ventanas, que hay muchas rotas. Un proyector para el salón de actos nos daría mucho juego. Ropa de deporte. Instrumentos musicales. Esto es especialmente triste, la orquesta no marcha por la falta de instrumentos, y hay niños tan dotados…”.

Después de la bellísima puesta de sol de Shutka, el aire se impregna de olor a madera y carbón quemados. Las familias más pobres no tienen para agua o electricidad, tampoco para calefacción. Cuando llega el invierno, muchas emigran al norte –se habla bastante alemán en el barrio–, donde solicitan ayudas y hacen más dinero que aquí con la chatarra u otros quehaceres. Al volver, después de tres meses o más, los niños no pueden retomar el ritmo del curso. Dependiendo del año y del curso, entre el 20 y el 25% de los alumnos de Jashar se queda sin certificado para pasar de curso.

“Qué podemos hacer desde la escuela?”, se pregunta Jashar, “podemos motivar, intentar explicarles la importancia de formarse, pero sin chalecos ni botas para aguantar el frío…”. El director se encoge de hombros, como quien ya le ha dado suficientes vueltas al tema.

Necesitamos tu ayuda para realizar las obras en la Redacción que nos permitan seguir creciendo. Puedes hacer una donación libre aquí

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Guillermo Hildebrandt

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

2 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Jose Gallardo

    Perseguir, maltratar y discriminar a los gitanos es uno de los "deportes" preferidos de los europeos. Pero, vamos a ver. Los gitanos han masacrado poblaciones enteras de etnias européas? No, los européos lo han hecho. ¿ Los gitanos han invadido países y matado a sus habitantes? No, los europeos lo han hecho. ¿ Los gitanos han creado campos de concentración e internado en ellos a millones de personas? No, los européos lo han hecho. ¿ Los gitanos han montado dos guerras mundiales, en las cuales han muerto unas 80 o 90 millones de personas? No, los européos lo han hecho. ¿ Los gitanos han cometido genocídios? No, los europeos lo han hecho. Pero, entonces, por qué, en lugar de perseguir, maltratar y discriminar a los gitanos, no perseguimos, maltratamos y discriminamos a los européos?

    Hace 4 años 4 meses

  2. Majorico

    Es bueno saber de esta ciudad, para no ir nunca. El que escribe este artículo, debería estudiar un poco de historia.

    Hace 4 años 5 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí