1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

¡Carguen, apunten, flash!: elementos de una imagomaquia contemporánea

El autor de ‘La quimera del Hombre Tanque’ reflexiona sobre el acontecimiento que inspira su novela, que invita a considerar el ambiguo poder de la imagen en el periodismo contemporáneo

Víctor Sombra 10/07/2017

<p>Famosa imagen del hombre anónimo que se enfrentó a una columna de tanques durante las protestas de la Plaza de Tiananmén (China), en 1989. </p>

Famosa imagen del hombre anónimo que se enfrentó a una columna de tanques durante las protestas de la Plaza de Tiananmén (China), en 1989. 

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Necesitamos tu ayuda para realizar las obras en la Redacción que nos permitan seguir creciendo. Puedes hacer una donación libre aquí

----------------------------------------------------------------------------------------------------- 

La quimera del Hombre Tanque propone la rescritura de uno de los iconos del siglo XX. Poco antes de cumplirse el veinticinco aniversario del desalojo de la plaza de Tiananmen, un grupo de dirigentes chinos organiza un encuentro entre el misterioso manifestante y el comandante que conducía el blindado. Rompiendo con un cuarto de siglo de censura, pretenden escenificar la ansiada reconciliación social con un simbólico abrazo que será emitido por la televisión pública, en horario de máxima audiencia.

Esta propuesta pretende entroncar con la imagomaquia que acompaña las tensiones políticas de fines de los ochenta y la debacle del comunismo, y en la que diversas imágenes combaten por el espacio público, al igual que lo hacen distintas interpretaciones de una misma imagen. El hombre que sale al paso del tanque es fruto de un periodo, de abril a junio de 1989, en el que una multitud de cámaras de distintos medios occidentales sigue el movimiento de las protestas masivas que sacuden la ciudad, convergiendo una y otra vez sobre Tiananmen.

El encuentro entre Hombre y Tanque, que conforma al Hombre Tanque, o, si se quiere, la quimera del Hombre Tanque, fue filmado por la CNN desde la azotea del Hotel Beijing para ser emitido urbi et orbe pocos días después por la misma cadena. Fotógrafos de varias agencias dispararon sus cámaras desde el mismo edificio. Las imágenes que reflejan este lance tuvieron dos lecturas básicas. La primera, propia de los medios occidentales que las pusieron en circulación, subraya que, en aquel cruce de la  Avenida de la Paz Eterna, se ventilaba la lucha de la libertad contra la tiranía colectivista; el Héroe, esto es, un hombre anónimo, insondable e irreductible, contra la Máquina, fría, ciega  e implacable del sistema socialista. Un ciudadano arriesga su vida para impedir que el Ejército tome la plaza. En Occidente la imagen aparece indisociablemente unida a esta lectura simple, hasta el punto que no hace falta comentarla. Este tipo de asociación inmediata entre una imagen y su interpretación resulta ideal para proyectar un trampantojo[1]. No hace falta decir nada, basta con no comentar o aclarar las circunstancias de la foto para que entendamos que se toma en los momentos previos al desalojo.

Si la columna de blindados se dirigía a la plaza y la imagen había sido tomada desde el Hotel Beijing, los tanques debían aparecer a la izquierda de la fotografía y no por el lado derecho, como en las imágenes que conocemos

No es fácil salir de un trampantojo bien construido. La primera vez que visité el escenario de la foto me giré varias veces en redondo. No podía ser. Si la columna de blindados se dirigía a la plaza y la imagen había sido tomada desde el Hotel Beijing, los tanques debían aparecer a la izquierda de la fotografía y no por el lado derecho, como en las imágenes que conocemos. Quizá habían sido tomadas desde la sede de un banco, situada en la acera de enfrente. Sin embargo, los testimonios eran unánimes e inequívocos: todos apuntaron sus cámaras desde los balcones del hotel. Sólo separando la imagen del contexto en que se presenta y leyendo la letra pequeña se van desenvolviendo los hechos. Es cierto que la imagen fue tomada desde el hotel Beijing, pero más de treinta horas después del desalojo de la plaza. Los tanques no están entrando, sino saliendo de Tiananmen[2]. No hay pie de foto, ni explicación. Es el viandante el que se dirige a la plaza.

La segunda lectura, promovida por las autoridades chinas, subraya la humanidad del Ejercito Popular de Liberación cuyo blindado esquiva una y otra vez al manifestante para preservar su integridad. Y ello pese a que éste, una y otra vez, vuelve a bloquear la trayectoria de la columna de vehículos. Tengo la impresión de que las autoridades chinas, que tan sólo emitieron una vez la grabación, se dieron cuenta de que su estrategia defensiva acabaría por mostrar la debilidad del régimen, cuyos tanques, más que por arrollar y disparar, serían conocidos por ser escalables, transitables incluso por el que camina con las bolsas de la compra, esto es, por cualquiera. Tomaron entonces la decisión de instaurar una censura audiovisual, referida no a la interpretación del suceso, sino a su imagen, como si el hecho de plantarse ante un vehículo armado, sobre todo si se hacía en una enorme avenida desierta y se mostraba al viandante de espaldas, con unas bolsas de plástico en la mano, fuera de por sí subversivo. Mientras a principios de los noventa China reemprende un espectacular desarrollo económico, la imagen del Hombre Tanque desaparece de los medios audiovisuales, impresos y de Internet, gracias a la vigilancia continua de las autoridades[3].

¿Qué significa en este contexto la invisibilidad del  Hombre Tanque[4]? Para Occidente lo primero que revela es la falta de libertad de expresión y del resto de libertades democráticas. Esto no es óbice para que China se haya incorporado, como uno de sus actores principales, al sistema de comercio internacional. China da a entender que asume el discurso de Occidente, pero añade algo más. Estas limitaciones a la libertad son una condición del progreso económico y la paz social. Es el precio a pagar por Occidente por una apertura económica que pone a disposición del capitalismo internacional el mayor mercado del mundo y la fábrica más poderosa para sus productos. La insuficiencia del régimen se convierte en su piedra angular, la que le permite integrarse en posición de ventaja en el concierto de las naciones. Así pues, Hombre y Tanque, después de ejecutar una coreografía en la que se revelan como espejos recíprocos, vuelven a quedar plantados, uno frente al otro. Empatados, como al principio.   

La invisibilidad del Hombre Tanque no lo hace menos icónico. Su ausencia del espacio público, violentada de tanto en tanto por una evocación más o menos imaginativa, como la que hace substituir al tanque por un pato de goma gigante, delimita el contorno de lo que se oculta. Aquí puede ser interesante extrapolar las palabras de Wolfgang Iser, que afirma que la novela calla lo que la constituye[5], y proponer que un régimen político oculta lo que lo sostiene. La piedra angular es también el punto débil del régimen y el lugar que alberga su capacidad de transformación.  Lo que la censura del Hombre Tanque oculta, el verdadero temor de Deng Xiaoping en 1989, no sería tanto la democracia occidental como los disturbios y la agitación asociados a las cuatro libertades del maoísmo y en particular al periodo de la Revolución Cultural. Una parte considerable del régimen apoyaba a los manifestantes contra la visión al tiempo autoritaria y mercantilista de Deng Xiaping. Lo que se quiere entonces ocultar es la posibilidad, abierta por Tiananmen, de un socialismo participativo y democrático, que habría servido como referencia para la evolución no sólo de China, sino también del resto de regímenes socialistas, que comenzaban a tambalearse a fines de los 80.

TVE fue el único medio que se mantuvo en la plaza hasta el final, filmando el desalojo desde dentro, y, al alba del 4 de junio de 1989, a los últimos estudiantes que abandonaron Tiananmen con el puño en alto, cantando la Internacional

No todas las imágenes invisibles forman parte del arsenal operativo de la imagomaquia. Están también las imágenes que se han echado a perder: pólvora mojada, trirremes con vías de agua. Sin ir más lejos, las nuestras, las que nosotros tomamos en Beijing en el 89. O mejor dicho, las que tomó por nosotros y con nuestros recursos la televisión pública española. Estas habrían sido un buen contrapunto a la imagen del Hombre Tanque, utilizada a menudo, como vimos, para ensalzar el individualismo. En realidad lo propio de Tiananmen fueron las multitudes, a veces de millones de manifestantes, desplegándose por la ciudad y ocupando la plaza. Había muchos estudiantes pero participaron también obreros, médicos, funcionarios, gente con bagaje e ideas diferentes, incluyendo muchos miembros del PCCh y hasta su Secretario General, Zhao Zhiyang,  que calificó las protestas de patrióticas y acabó confinado hasta su muerte.  En esos días de junio había más de 1000 periodistas trabajando en Beijing. La imagen del Hombre Tanque ha ocultado muchas otras en que una multitud avanza, se indigna, canta, discute o ríe. TVE fue el único medio que se mantuvo en la plaza hasta el final, filmando el desalojo desde dentro, y, al alba del 4 de junio de 1989, a los últimos estudiantes que abandonaron Tiananmen con el puño en alto, cantando la Internacional. Parte de ese metraje ha sido incorporado a documentales nacionales y extranjeros, pero nunca ha sido editado de forma completa. Creo que TVE, que estuvo en 1989 en Tiananmen con recursos de los contribuyentes, tiene una obligación, quizá no sólo moral, de editar  y difundir ese metraje único, devolviendo así al público un patrimonio inmaterial irremplazable[6]. Ese sería además el mejor homenaje posible al incomparable valor y profesionalismo de sus cámaras y periodistas

La imagomaquia se hace más virulenta en periodos de crisis como los que vivimos. La guerra contra el terror ofrece ejemplos señeros del trampantojo y de la fuerza letal de las imágenes invisibles.

Un trampantojo recurrente es el del video que graba desde un avión la diana móvil que acaba deteniéndose en un vehículo o edificio, instantes antes de que éste salte por los aires.  Se acompaña con una mensaje escueto que narra que fuerzas de X o Y alcanzan las posiciones de los yihadistas.  Sucede a menudo tras un atentado en Occidente, con lo que parece difícil contenerse para no corear las bombas con un “¡toma ya!”, o un  “¡lo tenéis merecido!” Porque todos podemos ver que son las posiciones de los yihadistas, esto es, las marcadas por la diana, y no otras partes del mapa, las que son alcanzadas por las bombas[7].  Es curioso, sin embargo, que no se nos muestren imágenes del efecto de las bombas, sino sólo de su acierto en abstracto. Porque sí, sabemos que la bomba llega a donde se quería que llegara, pero ¿cómo sabemos que no hace daño a otras personas que las que se convierte en diana? Más aún, ¿cómo sabemos que las personas que se han definido como dianas son verdaderamente los terroristas o que, por error o voluntad espuria, no se apunta a otros sujetos?  

Es cierto que antes de colocar la diana de la ley, o directamente la del plomo, sobre una persona o un grupo, políticos y pensadores comienzan a separarlos y separarnos de ellos. Para no infectarnos, dicen, y para mantenernos seguros, hay que trazar inviolables cordones sanitarios, negando el trato a quienes sean acomodaticios  o comprensivos y desdibujen así las fronteras que separan al humano de las bestias criminales. El problema es que en esta actividad preparatoria de la intervención legal o militar se dan los mismo errores antes señalados, esto es, los “daños colaterales” y los fallos de identificación[8].  

En la imagomaquia del terror algunas imágenes se hacen invisibles, no porque no se muestren, sino porque el público aparta la mirada. Vivimos conectados a un sistema de comunicación que nos permite contemplar matanzas escenificadas de seres humanos mediante la breve manipulación de un teclado. Decapitaciones, degüellos, personas quemadas vivas,  todas estas imágenes se agolpan bajo la superficie aparentemente tranquila de nuestras pantallas. Un ejemplo paradigmático lo ofrecen los videos de propaganda del ISIS, pero también valdrían las imágenes puestas en circulación por uno u otro cártel del narcotráfico. Lo que no queremos ver, al mirar a otro lado o apartar nuestras manos del teclado es, más allá de un trato que nos excluye de la familia humana, el modo en que los yihadistas consiguen hacerse visibles.  De nuevo se oculta la piedra angular. De nuevo, el punto débil es el punto ciego. En las barriadas de Manchester, Barcelona o El Cairo nadie podía verlos. Habitaban los márgenes sin empleo ni techo. Sin futuro. Alguien les hizo creer que la religión les haría perceptibles, reales, pero, tras una breve conversión, sus rezos no les dieron voz, ni sus barbas y ominosos ayunos, presencia. Se tuvieron que cubrir de la sangre de los nuestros –la de otros no vale– para hacerse por fin visibles, un poco al modo en que los fantasmas de dibujos animados toman forma cuando les cae encima un cubo de pintura.  Ahora ya son visibles, pero no queremos mirarlos. Esto les complace. Cierra el círculo de la invisibilidad, que se abrió con la indiferencia y acaba hoy con el miedo.

Lo que escondemos al apartar la mirada es el punto débil que apuntala el sistema. La muchedumbre no habita los márgenes porque sí. Despeja espacio para la vida, la de unos pocos, que se construye separándose del resto. El dinero es el filtro que la destila[9].

--------------------------------------

Notas:

1. No es un error, ni una mentira, como no lo es la pintura que dibuja unas escaleras en la pared, pero es una ilusión vana, cuando no dañina, que nos pretende hacer creer que podemos subir por la superficie contra la que chocaremos.  

2. La estratificación de suposiciones erróneas lleva a desconfiar de cada capa de información, en un descenso inacabable de desmentidos. La distorsión producida en la opinión pública por el modo en que se presentaron estas imágenes es reconocida hasta por quienes las tomaron. Las declaraciones del corresponsal de la CNN en Beijing, Mike Chinoy, años después del suceso, son reveladoras: "Me convencí (al cabo de los años) de que mirar a China a través del cristal de Tiananmen no iluminaba sino que oscurecía la comprensión". Eugeni Bregolat recoge esta cita en un artículo en La Vanguardia (3 de junio de 2009) y describe el papel de los medios en la crisis de 1989 como ejemplo del principio de Heisemberg. Por vez primera, gracias a la televisión por cable, se da la posibilidad de retransmitir un acontecimiento histórico de forma planetaria en  tiempo real. Y de influir decisivamente en el mismo, porque manifestantes y autoridades seguían día a día la cobertura  televisiva y buscaban las cámaras para sostener sus argumentos y ganar protagonismo.  El observador, en este caso los medios occidentales, y a través de ellos los televidentes de todo el mundo, influían en el objeto observado, las protestas multitudinarias, que se radicalizaban según crecía el convencimiento de que no habría represión delante de las cámaras.

3. Esta batalla de imágenes recuerda a las naumaquias del Imperio Romano. Los coliseos se inundaban para que las trirremes surcaran el ruedo, erizadas de gladiadores, al abordaje unas de otras. Esa superficie de agua rodeada de público no es tan diferente de las pantallas sobre las que fijamos la mirada hoy en día: televisores, teléfonos, tabletas. Como ayer, nos vemos remando en una u otra de las naves imaginarias que surcan el espacio público, jaleados o vituperados por la multitud enardecida que nos contempla y cuyo afán nos sostiene. Y de la que también formamos parte.

4. Aparte, claro está, de que la imagen invisible es siempre un arma especialmente letal, un submarino en el combate acuático o un avión furtivo en el aéreo.

5. La llamada del texto. Discurso inaugural de Iser en la Universidad de Constanza, Konstanzer Universitätsreden, núm. 28, 1969. He consultado la versión francesa, publicada por Allia en 2012 y titulada L’Appel du texte.  

6. RTVE quizá tenga también obligación de explicar un silencio de más de un cuarto de siglo en relación con lo que sucedió con las imágenes.  

7. Estas imágenes guardan un curioso parecido, hasta en el tono sepia y la textura granulada, con las de las operaciones quirúrgicas no invasivas, a veces automatizadas, en que se introduce, por un pequeño orificio del cuerpo del paciente, un bisturí y una cámara, que conjuntamente extirpan el tumor que se fijan como objetivo sin dañar los tejidos circundantes.

8.  Un ejemplo clásico queda reflejado en el artículo que tras el 11-M Muñoz Molina dedica al terrorismo vasco (Con plomo en las entrañas, El País, 12 de marzo de 2014): “Ésta es una promesa que me hago a mí mismo: no permitiré que nadie, en mi presencia, infame o ponga en duda la dignidad de los que ahora sufren, no aceptaré delante de mí más palabras embusteras o cínicas que enturbien la clara línea de separación entre los inocentes y los verdugos, no me rozaré con nadie de quien tenga la sospecha de que se ha infectado con su cercanía”.

9. Y su única imagen, a veces furtiva, otras ostentosa.

Necesitamos tu ayuda para realizar las obras en la Redacción que nos permitan seguir creciendo. Puedes hacer una donación libre aquí

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Sasio

    Juan Modesto, creo que es su nombre. Durante la invasión de Praga por los rusos en "la Primavera de Praga". Una columna de tanque rusos avanzan por una avenida. Sale u hombre pequeño con un papel en la mano y se planta en medio de la calle. Se para el tanque y los soldados apartan cuidadosamente al ¿coronel? del ejercito ruso, ya retirado, el republicano español Juan Modesto.

    Hace 5 años 4 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí