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Análisis

La unidad es de quien la trabaja

Siempre que hay un atentado se dan dos escuelas de cánticos a la unidad y a los valores democráticos, que vienen a esconder la ausencia de los mismos. Como antaño, parece que cuestionarse actuaciones policiales no es democrático

Guillem Martínez Barcelona , 26/08/2017

Pedripol

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Tras unas detenciones de posibles yihadistas en Holanda, un policía, interpelado en rueda de prensa sobre posibles nexos entre ese caso y los atentados de Catalunya --a partir de información vertida en la prensa española--, respondió con esta frase que debería enmarcarse en plata: “Lo que escribe la prensa española es para la prensa española”. ¿Qué ha escrito la prensa española al respecto y, como dice el poli holandés, para sí misma? Desde los atentados cat, la prensa española ha iniciado y madurado, al parecer, dos vías de investigación. Para sí misma. Se trata de, como siempre que hay atentado por aquí abajo, dos escuelas de cánticos a la unidad y a los valores democráticos, que vienen a esconder la ausencia de unidad y de valores democráticos. Vayamos por partes.

La escuela española ha vendido unidad para disimular una absoluta descoordinación entre cuerpos de seguridad, descoordinación sustentada conscientemente, además, en valores políticos e ideológicos.

Se ha sabido que los Mossos carecían de información sobre el pack terrorismo. No tenían acceso a la información de Interpol y de Europol. Pero tampoco tenían acceso a la información interna del negociado terrorismo. La tienen vetada por una contradicción estructural, pero también por mitos ideológicos. Me explico. Contradicción estructural. Los Mossos, como cualquier otra policía autonómica, son poli, pero menos. No está reconocida ni tabulada por los organismos policiales internacionales. Los Mossos son así una metáfora del sistema autonómico español, del que durante más de 30 años se dio la matraca de que era el más federalizante de Europa. No lo es. O sí. Es decir, vete a saber lo que significa federalizante, esa palabra que no existe. No significa, desde luego, federal o descentralizado. España es un Estado unitario con descentralizaciones autonómicas que no son Estados, y que no tienen, por ejemplo, y entre otros objetos no reales, policías reales. Aquí no existe, vamos, una organización policial, como en los USA, donde la policía local, la estatal y la federal saben sus competencias y ubicación. Existe en su lugar conflicto y un ruido --federalizante, por dar utilidad a esa palabra-- continuo. Hay una parte de la descoordinación policial que es, por tanto, pura crisis de Régimen, el reflejo de algo que, desprovisto del valor de las palabras con las que se camuflaba, no existe.

Contradicción vía mitos ideológicos. El Estado tiene reparos en perder un monopolio de la seguridad, hoy más mítico que real. Ha argumentado que los Mossos no son fiables, en tanto se están independizando encima. La anterior cúpula de Interior de la Gene --fue destituida hace semanas--, por ejemplo, provenía de la época Maragall. Eran unos profesionales, con una idea de seguridad democrática que, de hecho, paralizó, en esta legislatura, la represión policial, llamativa, dura, no-democrática, sobre la sociedad, iniciada a lo bestia en 2012. Un ministro de Interior debía de saber, por ejemplo, que esa cúpula no se complicaría la vida con el Procés, pasar del mito y compartir información. No se hizo. Sí, recientemente se ha cambiado la cúpula. A algunos responsables de Interior se les ha visto fotografiados en actos de conmemoración del asesinato de los hermanos Badía --héroes policiales y fascistas locales, que la CNT de los treinta  mató expeditivamente; el anarquismo parece ser, aún hoy, el gran mito de la derecha cat--, y toda la nueva cúpula, en su totalidad, ha anunciado que los Mossos participarán en el referéndum --aún sin convocar, por cierto--.

Pero un ministro de Interior debería saber, vía sindicatos, que esa participación es poco verosímil. O, incluso, si lo fuera y hubiera en Cat un proceso real de autodeterminación, ¿qué tiene que ver eso con compartir información sobre terrorismo? ¿Es una penalización? Un territorio con un conflicto territorial, ¿está penalizado con atentados por ello? Las políticas antiterroristas, la joya de la corona y el gran elemento electoral de los gobiernos centrales ¿no pueden ser compartidas precisamente por ello?

Ha trascendido, en ese sentido, un hecho sumamente inquietante. En 2015, durante una investigación yihadista de los Mossos, la Policía informó a la célula yihadista en cuestión de que estaba siendo informada.

Paralelamente a estas labores de información, se han realizado labores de desinformación. Medios ultracentristas han informado de que Jaume Asens, tinent d’alcalde de BCN, defendió a un yihadista --que, por cierto, finalmente fue exonerado de sus cargos--. Y, al parecer, fuentes policiales han intoxicado a periodistas, defendiendo que servicios secretos USA informaron al Estado de la posibilidad de un atentado en julio.

Los llamamientos a la unidad del Gobierno central, y de su entorno mediático, han venido también a camuflar otro hecho. La fatídica comunicación del Gobierno central, que al poco de los atentados hizo un gabinete de crisis en BCN en el que no había ninguna presencia de BCN. El ministro del ramo anunció, como es tradicional, la desarticulación del comando antes de la desarticulación del comando, y los miembros de la cúpula de Interior, como el director del CITCO, hablaron a cámara como unas personas próximas a la incapacidad profesional.

Finalmente, los cantos a la unidad y a la efectividad han venido a esconder otra cosa. Lo de siempre. Cambios legislativos anunciados por Rajoy. Es decir, mayor control policial sobre la sociedad. Ah, una cosa divertida --por llamarlo de alguna manera--, y una metáfora de lo que es la unidad tras un atentado. Los trabajadores de seguridad del aeropuerto, subcontratados, aplazaron su huelga después del atentado. Por la unidad. Unos días después, han empezado a despedirlos.

La escuela catalana también pisa fuerte. Su comunicación es buena. Sobre todo, al inicio de la crisis, cuando la información fue centralizada y sólo se facilitaron datos del primer atentado corroborados. Otro éxito comunicativo ha sido la presencia del major de los Mossos, un tipo equilibrado y que no habla con faltas ortográficas. Pero también en esta escuela la presión por la unidad ha sido apabullante. Y, por lo mismo, dotada de objetivos.

El primero era alejar a los Mossos de la crítica y la opinión ciudadana. En cuestión de horas, el Parlament les dio una medalla y, desde el inicio de la crisis, los medios más proclives a reírle las gracias al Govern defendieron la perfección de la actuación policial. Sobre esa perfección se ha elaborado un discurso esencialista, según el cual los Mossos, a pesar de no tener información compartida, poseen una superioridad innata respeto a los otros cuerpos de seguridad del Estado. Que responde, digo yo, a su vez, a otras superioridades innatas.

Hay datos para pensar que los Mossos no actuaron como la Patrulla X. Rechazaron la interpretación de que la explosión de Alcanar fuera un indicio terrorista. A la juez que fue al sitio de los hechos, y que dejó ir que todo apuntaba hacia un acto vinculado al terrorismo, se le dijo “No será para tanto, señoría”. Sindicatos de Policía y Guardia Civil han explicado que los Mossos no comunicaron la explosión a la inteligencia terrorista, y que impidieron a los Tedax inspeccionar el lugar. Finalmente, el símil de los Tedax de los Mossos inspeccionó el sitio a las 10.00 del día siguiente. No se pidió información tampoco sobre ninguna identidad. Pero aquí cabe la duda de suponer que tampoco se la hubieran dado. Un solo Mosso --es decir, que los otros no lo vieron conveniente-- mató a cuatro terroristas. Es mucho, posiblemente, para una sola persona. No se sabe si fue iniciativa personal o si recibía órdenes de sus superiores de no hacer prisioneros. La Gene explicó que todas esas muertes las hizo una mujer, que en la prensa pasó a denominarse “La heroína de Cambrils”. En otros medios se afirma que era un hombre, formado en la Legión, lo que implicaría otra lectura, menos noucentista, del asunto. En otra cultura --no sé, los USA--, hubiera tenido consecuencias sociales el vídeo en el que se ve la muerte de uno de ellos, aparentemente desproporcionada. Hay dudas sobre si la muerte del último terrorista --también con un cinturón de explosivos falso, pero en un escenario no urbano, es decir, menos peligroso en caso de explosión-- pudo ser evitable, o fue un exceso de algo que no es celo. Por otra parte, el juez Andreu, que lleva la investigación del caso, ha retirado a los Mossos del rol de policía jurídica, aduciendo que no compartían información. Vete a saber.

La comunicación de los Mossos, que tras el primer atentado fue perdiendo calidad informativa, ha creado un hit inquietante. La alocución “abatido”, para decir “muerto por disparos de la policía”. Generalmente, esas depuraciones del lenguaje van acompañadas de otras depuraciones políticas y legislativas. La capacidad para crear léxico en plena crisis terrorista apunta las posibilidades del género. Muchas y no cuestionadas, no sea que la unidad esa se ponga pocha.

En conjunto, ha resultado llamativa la defensa de la actuación violenta de los Mossos, y la omisión, en Govern y su proyección en medios afines, de momentos de ambigüedad en el desarrollo de la investigaciones posteriores a Alcanar. En ese sentido, ha resultado sorprendente la amnesia del pasado reciente de los Mossos --violento, desde el 15M hasta el inicio de esta legislatura, una coordenada importante en la política catalana--, así como la defensa a ultranza de ese cuerpo y de sus hazañas armadas, que antaño, en Catalunya, sólo emitía la ultraderecha y con otro cuerpo, la Guardia Civil. Parece que, como antaño, cuestionarse actuaciones policiales no es democrático.

En el día de hoy, sábado 26 de agosto, en Barcelona se celebrará una manifestación contra los atentados. Y, claro, por la unidad. Que son dos y en torno a dos Gobiernos. Vamos, que parece que no es ciudadana. Por presión de CUP, y porque CUP comparte iconografía de parte de la nueva izquierda, al parecer los reyes y el pack políticos irán en segundo fondo. Suponiendo que eso exista cuando un jefe de Estado va a una manifestación. En primer término, abriendo la marcha, irán miembros de emergencias, comerciantes y Mossos. Es previsible que la mani sea una lucha iconográfica entre dos nacionalismos que utilizan sus policías --dos policías politizadas y con tendencias inquietantes-- para enfrentarse. No entiendo esas manifestaciones. Nunca fui a ninguna, durante los glory days de ETA. No tengo ninguna razón para ir a esta. Ustedes mismos.

 

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Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección. Su último libro es 'Los Domingos', una selección de sus artículos dominicales (Anagrama).

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10 comentario(s)

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  1. lolito

    los terroristas de estado de donde salieron...de los mossos o de la ertzaina....jajajajo...unidad solo faltaba eso...

    Hace 4 años 2 meses

  2. Josep M

    Qué bien se siente Martínez,siempre por encima del bien y del mal.

    Hace 4 años 2 meses

  3. Felipe

    El autor tampoco fue a las manifestaciones contra ETA, parece que no tenia claro quien era el enemigo. Porque alli, que yo recuerde, no habia dos bandos, ¿ o es que manifestarse contra los crimenes de ETA era ir contra los nacionalistas vascos?

    Hace 4 años 3 meses

  4. Raul

    Es para mi incomprensible como alguien puede escribir las cosas tan greaves que escribe Guillem sobre el estado español y querer seguir siendo español sin perspectiva de que nada se arregle. Guillem yo nunca te haría mas vulnerable al terrorismo por querer ser español, el gobierno de España te hace mas vulnerable a él por que YO soy independentista.

    Hace 4 años 3 meses

  5. Liz

    Ruedas de prensa de la Gene mientras Rajoy y Zoído ni están ni se les espera. La alcaldesa de París traslada sus condolencias a la "embajada" catalana, en vez de a la española. Raül Romeba atiende a delegaciones diplomáticas y medios extranjeros como si fuera un ministro. Titular de The Guardian: Catalonia’s response to terror shows it is ready for independence. - Los mossos, lo mismo: una política de comunicación y capacidad de acción que la convierten en una policía homologable a ojos del mundo. - Sin ser un experto en temas de seguridad, me parece que ante un grupo de salafistas con chalecos de explosivos, se dispara a matar, a la cabeza. Alguien con una bomba pegada al pecho se comprende que piensa llevarse por delante todo lo que pille. Ese me parece una razón de peso para que las críticas en este asunto hayan sido tan tímidas. - La mani: igual que hace una década, cuando en la mani contra el asesinato de Lluch se oyó un subversivo "por favor, dialoguen". Ayer a Barcelona tampoco la manejaron, ni la chulearon, ni se esperó que todos fueran calladicos en procesión detrás de algunos de los responsables de esta sotuación de terror. De momento, todavía, la tésis de Guillem, según la cual todo este lío del Procés es un cascarón vacío, un engaño vaya, sigue sin demostrarse. Y el 1-O habrá urnas.

    Hace 4 años 3 meses

  6. Hanna

    (como no aparece publicado el comentario que envié hace horas, repito, tratando de desechar la idea de que se me ha censurado). Artículo realmente interesante, y muy necesario, pero cuya redacción decepciona y aun irrita. Y qué decir ya de esas como abreviaturas producto de la holgazanería, tanto del adjetivo «catalana», como del nombre propio «Cataluña». A saber, «Desde los atentados cat, la prensa española ha iniciado y madurado...», «el anarquismo parece ser, aún hoy, el gran mito de la derecha cat», «O, incluso, si lo fuera y hubiera en Cat un proceso real de autodeterminación», etc. Me gustaría seguir sintiendo respeto por Contexto. No vayamos a estropear la excelente vianda por tacañería en el chorrito de aceite de oliva que se le echa.

    Hace 4 años 3 meses

  7. Hanna

    Artículo realmente interesante, y muy necesario, pero cuya redacción decepciona y aun irrita. Y qué decir ya de esas como abreviaturas producto de la holgazanería, tanto del adjetivo «catalana», como del nombre propio «Cataluña». A saber, «Desde los atentados cat, la prensa española ha iniciado y madurado...», «el anarquismo parece ser, aún hoy, el gran mito de la derecha cat», «O, incluso, si lo fuera y hubiera en Cat un proceso real de autodeterminación», etc. Me gustaría seguir sintiendo respeto por Contexto. No vayamos a estropear una excelente vianda por tacañería en el chorrito de aceite de oliva que se le echa.

    Hace 4 años 3 meses

  8. Francesc

    Escribo a toro pasado, porque ya ha transcurrido la manifestación en Barcelona, y he estado en ella porque me ha parecido oportuno. También me parecen muy importantes muchos de los argumentos que utiliza Guillem Martínez en este artículo, y por eso debemos seguir luchando para que no nos levanten la camisa los poderes establecidos en todas partes.

    Hace 4 años 3 meses

  9. pepa

    Demasiados elementos inquietantes se entrelazan y/o dispersan. A los expuestos en el texto sumaría el cómo y el para qué de las políticas de integración de las minorías. No sólo las étnicas. Para acabar, me inquieta el llamamiento, hoy en Bcn, a vestir de azul! Ese color, nada inocente, del q vestía una lejana muñeca.

    Hace 4 años 3 meses

  10. Gekokujo

    La mani habría estado bien si la idea de Colau hubiese sido respetada. Pero para eso no deberían haber aparecido ni políticos españoles ni la casa real. Desde el momento en que se anunció que venían todo el mundo vió claro que esa mani ya no iba a ser lo mismo. Se ha discutido mucho en el ámbito catalán la conveniencia de que aparecieran banderas, pues bien, esos anuncios despejaron total y absolutamente las dudas. De hecho he visto imágenes de paradas unionistas en lo que claramente está siendo un intento por apropiarse políticamente de la manifestación. Guillém, Catalaunya ya no es España y lo que vemos hoy es una muestra más. La gente de la calle le va a hacer pasar vergüenza a la nutrida embajada española y le va a hacer saber con o sin banderas que este ya no es SU país. Los mossos, como cualquier policía, no es perfecta, incluso a veces es detestable, pero nadie puede poner en duda que a pesar de los errores de bulto dieron un servicio enorme y, no me malinterprete, no estoy hablando de un servicio político.

    Hace 4 años 3 meses

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