1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Tribuna

Discurso contra las víctimas

Estamos en un viraje histórico inquietante. Antes nos pensábamos como ciudadanos o como miembros de una clase o incluso como "españoles" o “catalanes”; ahora nos pensamos como víctimas, la única condición a la que parece reconocerse existencia política

Santiago Alba Rico 25/02/2018

<p>Manifestación del 8M en 2017 (Madrid)</p>

Manifestación del 8M en 2017 (Madrid)

Manolo Finish

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

Ya es hora –se nos dice– de que los hombres callen y escuchen a las mujeres; de que los blancos callen y dejen hablar a los racializados; de que los burgueses callen y dejen hablar a los subalternos; de que los heterosexuales callen y dejen hablar a los homosexuales, a los transexuales, a los transgénero; de que callen también los viejos y dejen hablar a los jóvenes. Aprecio la intención, pero no el principio. Hombre, blanco, burgués y viejo, ¿en condición de qué podré hablar yo sobre el mundo? En mi condición paradójica de sujeto voluntariamente afante o infante, autosilenciado, y por lo tanto –como ahora mismo, cuando quiebro esta regla– como culpable indisciplinado, incorrecto, intruso y lenguaraz.

Ahora bien, ¿en condición de qué se concede este superior derecho a hablar –y a reclamar silencio– a las mujeres, los racializados, los subalternos, los alteronormativos y los jóvenes? Tiene que tratarse de algún rasgo que compartan todos los miembros de esos colectivos y no puede ser, por tanto, el hecho de que todos y cada uno de ellos tengan algo inteligente o razonable que decir. Tampoco ninguna diferencia ontológica instalada en sus cuerpos: sexo, color de piel o impulso biológico. ¿Qué tienen, pues, en común los miembros de estos colectivos? ¿Qué habrá que escuchar en ellos? ¿En nombre de qué su derecho a hablar y, aún más, su derecho a tener razón con independencia de lo que digan? En nombre, si se quiere, de una pasión o pasividad duradera; en cuanto que damnificados de relaciones de poder injustas y desiguales; en su condición –es decir– de víctimas.

La conclusión no carece de fundamento histórico ni de coherencia argumental. Durante siglos los hombres, los blancos, los ricos, los heterosexuales y los viejos han dominado –y construido– a las mujeres, los “negros”, los pobres, etc. y lo han hecho a través de discursos unilaterales que no contenían más verdad que su filiación de género, de raza o de clase. Es justo ahora que se dé la palabra a sus víctimas, aunque sólo sea para averiguar qué tienen que decir.

Tres problemas se derivan de esta impecable inversión lógica. La primera es que, si se habla desde una posición y sólo habla, además, la posición misma, será muy difícil persuadir a los hombres, los blancos, los ricos, etc. de que se callen y cedan la palabra a sus víctimas. O nos matan a todos los que ocupamos esa posición o se acepta que con algunos de nosotros se puede razonar. Concedamos que algunos de nosotros no estamos tan completamente encerrados en nuestro colectivo culpable que no podamos escuchar motu proprio la voz de las víctimas. En el primer caso –nos matan a todos– se incurre en la prisión ontologizadora de la que se quiere huir: se apuesta por el genocidio. En el segundo, la reclamación de silencio a los que ocupan posiciones dominantes sólo será respondida por los que estaban ya dispuestos a escuchar –por esos con los que además se podía debatir y razonar– de manera que las víctimas, a fuerza de pedir la palabra, se recluyen en un mundo pequeño y sin cómplices, aislados frente a los verdugos más desvergonzados y menos dispuestos a hacer concesiones.

si se habla desde una posición y sólo habla, además, la posición misma, será muy difícil persuadir a los hombres, los blancos, los ricos, etc. de que se callen y cedan la palabra a sus víctimas

El segundo problema subsidia al primero. Esta impecable lógica invertida no sólo ignora el hecho de que la victimidad, cruzada y enrevesada, no se limita a acumularse en el cuerpo (hay pocas “mujeres negras lesbianas obreras y jóvenes”) sino que pasa además por alto, por eso mismo, las contradicciones en el campo enemigo: a los humanos nos construyen tantas fuerzas diversas –a veces como dominadores, otras como dominados– que es imposible evitar todos los peligros y todos los puntos de fuga. Negando toda conexión racional con el campo dominante (todo posible acuerdo o negociación), la victimidad se ve obligada así a escoger una “especialidad” (mujer contra hombre, racialidad contra blanquitud colonial, etc.) que ontologiza todos los polos en disputa, sin alianzas posibles, al tiempo que sustituye la extensión universal, siempre denostada, por una –digamos– “universalidad de profundidad”: mi diferencia, que no es “compartible”, agota en su abismo de dolor toda posible verdad discursiva. El absolutismo puede ser un exceso de la razón, pero con mucha más frecuencia es el destino natural del relativismo cultural; el resultado –valga decir– de un exceso de dolor.

Porque el verdadero problema –el tercero– es el de pretender privilegiar, incluso en términos epistemológicos, la condición de víctima. Las duras, dolorosas y justas luchas de género, antiracistas y anticoloniales, las revueltas milenarias de los subalternos y marginados, con sus millones de muertos y sus heridas cognitivas, han conducido a un punto paradójico, como efecto de su puro reconocimiento formal, en el que no se distingue entre el derecho a hablar (derecho que hay que robar, no pedir, como robó Prometeo el fuego) y la validez epistemológica y política de los discursos. En definitiva, se confunden de tal manera derecho y autoridad que, invertida la lógica histórica dominante, se acaba acaparando el discurso del lado de las víctimas como antes se acaparaba por parte de los verdugos, como si se tratara –a un lado– de una indemnización y –al otro– de una penitencia; y no de la construcción de una sociedad más justa y mejor para todos. Para hablar de las propias causas (de feminismo, colonialidad o explotación laboral) pero también del mundo en general es necesario pertenecer ahora a algún grupo definido menos por lo que hace o dice o propone que por los agravios colectivamente recibidos. Sólo las víctimas, en resumen, tienen derecho a hablar. Por desgracia, esta lógica estaba ya instalada en nuestros modelos electoralistas de gestión del poder, infrademocráticos y destropopulistas, y el creciente “victimismo” de la izquierda sólo alimenta una creciente excepcionalidad jurídica de la que ella misma –última vuelta de tuerca– será la víctima. No olvidemos el papel que juega ya el populismo penal, en respuesta a las presiones de las víctimas (de terrorismo, asesinato o violación), en la “gran regresión” que experimentan en España, y en el resto del mundo, los Estados de Derecho. Pensemos, por ejemplo, en la propuesta de “prisión permanente revisable” (eufemismo apenas púdico para la “cadena perpetua”) tras el trágico caso de Diana Quer. O pensemos en las crecientes restricciones a la libertad de expresión en nombre de la protección a las víctimas (del terrorismo).
La idea de que hay algo más razonable y universal en el sufrimiento particular que en el razonamiento general es muy peligrosa y, lejos de constituir el colofón liberador de una línea de progreso histórico, contribuye a revertir muchas de las conquistas de los últimos siglos. La centralidad política de la “víctima”, en realidad, es lo que define al mundo antiguo y a las sociedades mal llamadas “primitivas”.

Veamos. Hay dos formas de concebir a la víctima: una religiosa-sacrificial y otra ético-jurídica. De la primera me ocuparé al final de esta reflexión. Para entender la segunda hay que remontarse 2400 años atrás, cuando Sócrates, en plena guerra del Peloponeso, asienta los fundamentos de lo que, siglos más tarde, llamaríamos Ilustración. Es en ese contexto de pasiones excitadas y patriotismo tribal –en el que se hacen asambleas para decidir democráticamente si se pasa a cuchillo a una entera población o se viola a sus mujeres y se esclaviza a sus niños o en el que se discute ardientemente con toda clase de artificios retóricos qué es lo más conveniente para el imperio ateniense– es en ese contexto de ceguera interesada, digo, en el que levanta Sócrates su voz para proclamar la cosa más peregrina y más extravagante del mundo: que no se trata de saber qué es más conveniente para los atenienses sino más justo para los hombres. Ahí, de pronto, termina el ancien régime; ahí acaba el “mundo antiguo”. No contento con ello, Sócrates añade una declaración aún más absurda y ridícula, la que tanto sorprende a Gorgias y Polo en el famoso diálogo platónico y tanto enfurece a Calicles, el defensor de la ley de la selva: se atreve a asegurar, como si fuese cosa indudable, que “es mejor sufrir una injusticia que cometerla”.

Sócrates derrocó el mundo antiguo sin que el mundo mismo percibiese nada. Después de que el filósofo dijese estas palabras y Platón las escribiese, las cosas siguieron siendo lo que eran: siguió habiendo imperios, violaciones y matanzas. Nada aparentemente ha cambiado: la fuerza ha seguido imponiéndose sobre la razón y el crimen sobre la justicia. Pero algo sí cambió. Porque, en contra de lo que pueda parecer, Sócrates convenció a todo el mundo: convenció a los cristianos, convenció a los ilustrados, convenció a los comunistas, convenció también a los liberales, hasta el punto de que incluso un corredor de bolsa, un policía o un banquero enseñan a sus hijos que es siempre mejor sufrir injusticia que cometerla. Así que en algún sentido podemos decir que vivimos en un Imperio-Sócrates no menos y al mismo tiempo que en un Imperio-conveniencia. Ha seguido habiendo guerras, esclavitud, masacres, explotación, porque el Imperio-Sócrates no es fuente de poder ni de decisión; si lo fuera la validez misma de esta fórmula se habría desvanecido, pues bastaría el convencimiento de todos –si el convencimiento tuviese poder– para que ya no hubiese ni víctimas ni verdugos. Pero si el Imperio Sócrates no es fuente de poder es en cambio fuente de legitimidad. Ya nadie –o casi nadie– se atreve a decir las cosas que decían Cleón o Calicles: que hay que matar a los débiles, a los tontos y a los feos o que hay que dejarse guiar por los animales, en cuyo reino el más fuerte se apodera sin resistencia de todo. La fuente del poder y la de la legitimidad se han separado. Y los que tienen el poder saben que la legitimidad es también un instrumento de poder.

Olvidamos que lo es también para los débiles, los subalternos, los perseguidos, los sometidos, pues es esa legitimidad socrática la que, tras siglos de luchas, ha formulado los principios del Derecho. A partir del siglo XVIII, con guadianas de luz y de sombra, las leyes las siguen aplicando los fuertes, es verdad, pero las formulan los débiles; y por eso la mayor parte de las leyes justas, después bordeadas o escamoteadas por la conveniencia de los poderosos, se quedan en agua de borrajas. Ahora bien, ese mundo nuevo fundado por Sócrates y recogido por Voltaire, Rousseau, Beccaria, Robespierre, Montesquieu, Kant (y Olympe de Gouges y Toussaint Louverture, entre otros), dejó dos rastros materiales que marcan la identidad de nuestras sociedades democráticas. Uno se llama hipocresía: reconocida como insuperable la legitimidad socrática, los gobernantes no sólo no se jactan ya de sus fechorías sino que, cuando se sienten acusados o comprometidos en sus intereses, hablan del “bien común” y “se hacen las víctimas”. El otro, decisivo, se llama derecho penal: un marco de convenciones y ficciones en el que la protección de las víctimas es inseparable, como su condición misma, de la protección de los asesinos. Frente al mundo antiguo, que no distinguía enfermedad, delito y pecado ni la responsabilidad individual de la responsabilidad colectiva, el derecho democrático se basa en estos sencillos principios: la presunción de inocencia, la separación entre el poder ejecutivo y el judicial, la distinción entre persona y delito, el carácter exclusivamente individual del acto considerado ilegal. La legitimidad socrática, elaborando nuestra leyes, desesencializa a la víctima, que lo es sólo en la medida y en el momento en que es objeto de un daño delictivo –ni antes ni después– y ello a fin de evitar que “víctima” y “verdugo” operen como sustancias o esencias irreformables. No se “es” víctima ni se “es” verdugo. Se “está” víctima y se “está” verdugo, de manera que la ley contempla un eventual intercambio de papeles e incluso una simultaneidad de ambos. Nos puede parecer insuficiente o frustrante que el código penal no pueda juzgar “sistemas” –el capitalismo o el patriarcado– pero esta frustración es precisamente la garantía de toda protección: como recordaba Hanna Arendt, allí donde todos son culpables nadie es culpable. Cada vez que se ha querido ”superar” esta restricción –nos lo recuerda una y otra vez Carlos Fernández Liria– nos hemos precipitado en alguna forma de dictadura o totalitarismo.

En definitiva, en un Estado de Derecho al que un "contrato social" ha concedido el monopolio de la violencia en el marco de una severa división de poderes y con arreglo a rigurosísimas balizas legales y que además no contempla la pena de muerte, no cabe la menor duda acerca de una definición estrictamente jurídica del concepto de víctima. Pero en un Estado así, las víctimas de la violencia extra-estatal no pueden aspirar sino a la mediocre y saludable satisfacción de ver públicamente reconocida la justicia de su demanda y a la de ver castigado proporcionalmente al agresor (de un modo proporcional, no al dolor de los parientes ni al carácter irreversible del daño causado, sino a la condición humana del superviviente; es decir, del asesino). Esta satisfacción señala la superioridad del Derecho sobre el Talión y de la democracia sobre la tiranía. Por eso mismo, la insatisfacción de las víctimas –cuando son lo suficientemente numerosas y de un mismo verdugo– proyecta siempre, inevitablemente, una sombra de ilegitimidad sobre el Estado. Algunas de entre ellas, frustradas en sus mediocres, saludables y democráticas aspiraciones, quizás decidan tomarse la justicia por su mano, pero antes de eso, todavía esperanzadas en que el Estado las reconozca como tales y castigue a los culpables, escogerán la vía más pacífica y colectiva de formar una asociación de víctimas. Así, por ejemplo, muchas de estas asociaciones vienen reclamando desde hace años en Argentina, Uruguay, Chile y Guatemala el procesamiento de los responsables de los asesinatos y "desapariciones" ordenados por los regímenes militares y ejecutados por los así llamados escuadrones de la muerte. Así, algunas asociaciones en España intentan rehabilitar la memoria de las víctimas del franquismo –varios centenares de miles– y, si no juzgar a los cómplices todavía en activo de la dictadura, sí al menos obtener de las instituciones una condena tajante de la misma y un reconocimiento de la dignidad de sus familiares, que lucharon a favor de la Constitución y la Democracia. Allí donde no hay suficiente Estado de Derecho para dar satisfacción a razonables demandas de justicia, surgen asociaciones de este tipo, cuyo propósito, en todo caso, no es el de “superar” el Derecho sino el de completarlo. En sociedades en las que impera la legitimidad socrática, pero la gestionan los intereses de los gobernantes –y en un marco capitalista– la necesidad de completar el Derecho es imperativa e interminable.

La legitimidad socrática, en todo caso, está retrocediendo. Sigamos. Cuando uno se trata a sí mismo como víctima, y no como ciudadano, hablamos de victimismo. Cuando el victimismo hace la ley hablamos de populismo penal. Antes se llamaba venganza, una lógica que dominó el mundo durante miles de años. Por ese camino volvemos a un contexto pre-moderno o pre-socrático en el que se restablece la concepción religiosa o sacrificial de la víctima. Recordemos qué lleva dentro. La víctima religiosa debe ser pura, completa, sin mancha. Abel sacrificaba buenas ovejas; el Levítico excluye a los animales mutilados o enfermos o mal formados; y en la mitología griega, Agamenón, de camino a Troya, a fin de superar la resistencia de los dioses, sacrifica a su hija Ifigenia porque ella es la más pura, la más inocente, la más perfecta entre los presentes. Dos rasgos caracterizan a la víctima sacrificial: por un lado, no le falta nada, es perfecta, íntegra. Si la víctima socrática es inocente por la sola razón de que no es ella el asesino, porque ha sido asesinada, y ello con independencia de sus virtudes morales y sus méritos civiles, la víctima sacrificial es inocente antes y después de ser asesinada. Mientras que la víctima socrática es superior tan sólo porque no ha matado, la religión sólo admite como víctimas aquellas ofrendas definidas (en el seno de la cultura respectiva) como superiores. El sacrificio, como su propio nombre indica, las reconoce y las hace devenir sagradas.

Al mismo tiempo –y este es el segundo rasgo– la víctima religioso-sacrificial opera como un “medio” regulador de las relaciones humanas: es un instrumento de propiciación y de intervención en la vida social. Es útil. La víctima sacrificial justifica ciertos actos que no eran del todo justos o permite corregir el curso de los acontecimientos, atrayéndose los favores de una voluntad hasta entonces adversa. La víctima sacrificial, en este sentido, se convierte en el medio superior de una finalidad superior; deja de ser un fin en sí misma, a la medida de su estricta humanidad, como lo es en el concepto socrático, para revelar mediante su sacrificio una superioridad ya adquirida, eterna y sustancial, y en orden a un fin trascendente. Este concepto religioso de la victimidad, descartado por el derecho civil, ha sobrevivido en la tradición militar, donde el héroe muerto a manos del enemigo comparece irreprochable y sin tacha, por encima de la condición humana banal, y como medio sacrificial de la supervivencia de su patria o su comunidad, que permanece para siempre en deuda con él. Este retorno de la víctima religiosa y del discurso de la conveniencia comunitaria es perfectamente coherente con la fundación neocón de la “post-verdad” y de los “hechos alternativos”, pero también con las campañas izquierdistas –dirá Chomsky– contra “las ilusiones de la racionalidad y la ciencia”: la “verdad” y la “justicia” ya no mantienen relación alguna con nada que haya ocurrido (y que hay que averiguar, trabajosa y quizás inútilmente) sino con el modo en que experimentan lo ocurrido los colectivos damnificados, cuyo sufrimiento deviene medida de toda verdad y toda justicia. Todo el mundo “post” es, como se ve, bastante “pre”.

No hay nada más peligroso que mezclar ambos conceptos: el jurídico y el religioso. De hecho, nunca me ha gustado el término Holocausto con el que se intenta subrayar la monstruosidad de los crímenes nazis contra los judíos porque los declara no sólo inconmensurables sino, de algún modo, injuzgables y ajudiciales; y porque convierte a sus víctimas, como hemos visto, lo quieran ellas o no, en medios o instrumento de un proyecto político partidista e injusto (el sionismo). Por eso mismo me preocupa mucho que, para combatir estructuras o relaciones de poder, se reintroduzca la lógica sacrificial pre-socrática y el concepto religioso de víctima, con la consecuente criminalización de los colectivos y la utilización de la víctima, ahora sacralizada, como instrumento de expresión política y presión populista. Esto es lo que hacen los tribunales españoles al servicio del gobierno en el caso de Catalunya, lo que hacen casi todos los partidos políticos apostando electoralmente por el “populismo penal” y lo que hacen los medios de comunicación cada vez que excitan a la opinión pública colocando ciertos delitos –objetivamente espantosos– fuera de las convenciones del derecho. Pero eso es lo que hace también, desgraciadamente, ese sector de la izquierda que trata de definir víctimas y verdugos al margen de un marco jurídico siempre incompleto –en lugar de luchar por completarlo– y que, desde la ilusión de un sujeto político “victimista”, delimita asimismo un enemigo “colectivo”, y ello sin entender (1) que lo que caracteriza a las relaciones de poder es que fabrican por igual a los dominantes y a los dominados, (2) que una “estructura” no es una yuxtaposición de individuos ni un colectivo (por mucho que fabrique personalidades injustas y conjuntos ignominiosos) y (3) que se corren muchos más riesgos alimentando el victimismo político que protegiendo un Derecho que no puede –ni debe– juzgar estructuras o relaciones de poder.

Estamos en un viraje histórico inquietante. Antes nos pensábamos como ciudadanos o como miembros de una clase o incluso como "españoles" o “catalanes”; ahora nos pensamos como víctimas, la única condición a la que parece reconocerse existencia política. No es el camino. Las víctimas deben ser escuchadas, reconocidas, confortadas, protegidas, indemnizadas, pero no pueden convertirse en un sujeto político y menos en un sujeto legislativo. Es un error cuyas consecuencias históricas seguimos pagando todos. El proletariado clásico no era sujeto en cuanto que víctima del capitalismo sino porque compartía las mismas condiciones materiales y era portador de un nuevo mundo. En el mismo momento en que quiso convertir el agravio de clase –y la clase ontologizada misma– en un sujeto legislativo y penal comenzó a incubar el embrión de la dictadura. El comunismo se concibió en la URSS como la venganza del proletariado y no como la oportunidad de instaurar por primera vez el derecho que la Ilustración sólo había enunciado y que el capitalismo había escamoteado y malogrado. Creyó que las víctimas transportaban, por el hecho de serlo, una verdad universal; y en su nombre acabó con el “derecho burgués” y sus garantías mediocres, saludables y siempre insuficientes. Sustituyó el precario imperio-Sócrates por la vieja lógica sacrificial, con su responsabilidad colectiva y sus sacrificios propiciatorios al servicio de un orden sagrado y superior.

El 8 de marzo es una buena oportunidad para demostrar que el feminismo es un proyecto y no una queja, una cuestión de derecho y no de pureza, el primer verdadero humanismo de la historia y no otro hervor identitario.

De este precedente histórico deberían aprender todos los movimientos que buscan justamente la emancipación de estructuras de poder injustas y destructivas (patriarcado, racialización, capitalismo). El anticapitalismo no puede ser la “cuestión obrera”; el antirracismo no puede ser la “cuestión negra”; algunas discusiones recientes –en Podemos o en el movimiento decolonial– hacen temer que el peligro no se ha conjurado. En cuanto al feminismo, que no carga con bagajes históricos negativos y ha demostrado ya que tiene mucho que enseñar, no debería ceder a este “izquierdismo” identitario. El feminismo no puede constituirse en sujeto político en cuanto que víctima del machismo: eso no sería propiamente constituirse sino ser constituido y ser constituido de nuevo por aquellos que hasta ahora han fabricado a las mujeres como objeto: los hombres. El feminismo no es un sujeto político porque las mujeres sean víctimas del patriarcado sino en la medida en que puede construir un nuevo mundo. El próximo 8 de marzo es una buena oportunidad para demostrar que el feminismo es un proyecto y no una queja, una cuestión de derecho y no de pureza, el primer verdadero humanismo de la historia y no otro hervor identitario. El feminismo, en definitiva, es una oportunidad para instaurar –universalizar por tanto– el derecho, no para justificar un nuevo estado de excepción en nombre de la enésima causa sagrada. Eso ya lo conocemos; eso es lo que ya tenemos. Junto al Estado del Bienestar se está desmontando muy deprisa el imperio-Sócrates y su legitimidad felizmente constrictiva, que no impone ya ni siquiera hipocresía a nuestros gobernantes. No les ayudemos. No nos tratemos a nosotros mismos como víctimas. Nunca. Ni amando ni peleando ni educando. Y mucho menos legislando. Un humano libre es solo aquel capaz de juzgarse a sí mismo y capaz de juzgar el mundo existente y el mundo que se quiere construir al margen del dolor que le han infligido. Eso es lo que se llama dignidad en el terreno moral y democracia en el terreno político.

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Santiago Alba Rico

Es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus últimos dos libros son "Ser o no ser (un cuerpo)" y "España".

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

14 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Marymer

    Magnífico artículo. Estoy completamente de acuerdo. Llevo años diciendo algo parecido, pero no tan bien dicho y, por supuesto, muchas veces mal recibido. Solo añadiría que la "letra pequeña" que se firma cuando se acepta el papel de víctima es peor que la de las hipotecas más sangrantes.

    Hace 4 años 6 meses

  2. Maioio

    Ignatius Farray abundando de manera magistral en la argumentación de Santiago Alba (sin coñas): https://www.youtube.com/watch?v=GhxvRWqoWYM https://www.youtube.com/watch?v=2JhWctCw0JY

    Hace 4 años 7 meses

  3. Maioio

    Un artículo magistral, sobre una temática URGENTÍSIMA viendo el uso que el nuevo machismo y el conjunto de la ultraderecha están haciendo de la condición de víctima a lo largo del mundo. Y, en mi opinión, si el feminismo quiere salir victorioso frente a la contrarrevolución que se avecina debería de tener esto muy en cuenta. Sólo le reprocharía dos puntos a Santiago Alba: por una parte la afirmación de que tanto el feminismo como "el proletariado clásico no era sujeto en cuanto víctima del capitalismo sino porque compartía las mismas condiciones materiales". Le respondería con Judith Butler que es la propia opresión la que configura al oprimido (y viceversa): "El sujeto se constituye mediante una exclusión y diferenciación, quizá una represión, que es posteriormente escondida y encubierta por el efecto de la autonomía. En este sentido, la autonomía es la consecuencia lógica de una dependencia no admitida, lo que significa que el sujeto autónomo puede mantener la ilusión de su autonomía en tanto cubra la grieta de la cual está constituido. Esta dependencia y esta grieta son ya relaciones sociales, que preceden y condicionan la formación del sujeto. Como resultado, ésta no es una relación en la que el sujeto se encuentre a sí mismo, como una de las relaciones que forma su situación. El sujeto es construido mediante actos de diferenciación que distinguen al sujeto de su exterior constitutivo, un dominio de alteridad". Exactamente igual que la definición de judío que nazis y sionistas emplean para aquellas personas que han abandonado la práctica del judaísmo. Es el antisemitismo el que la ha generado. No ninguna cualidad positiva, relacional y compartida. Lo que comparto completamente con el artículo es la salida propuesta. Frente al particularismo del sionismo, la dictadura del proletariado o el feminismo esencialista una respuesta universalista para los que "estuvieron como víctimas" y los que "estuvieron como verdugos". En cuanto a la afirmación de que las víctimas del franquismo simplemente "lucharon a favor de la Constitución y la Democracia" habría que recordar lo que George Orwell escribía en 1937, una cuestión que entra de lleno en la teorización del artículo y ha sido ampliamente instrumentalizada por la derecha: "Hasta hace unos meses se decía que los anarcosindicalistas «trabajaban con lealtad» al lado de los comunistas. Luego los echaron del gobierno; más tarde dio la sensación de que ya no eran tan leales; en la actualidad están en curso de convertirse en traidores. Después les tocará el turno a los socialistas de izquierda. Largo Caballero, socialista de izquierda, ex jefe de gobierno, e ídolo de la prensa comunista hasta mayo de 1937, está ya en las tinieblas exteriores, en cuanto trotskista y «enemigo del pueblo». Y la caza continúa. El fin lógico es un régimen sin partidos ni prensa de oposición y con todos los disidentes de cierta importancia entre rejas. Un régimen así será fascista, por supuesto. Será diferente del que impondría Franco, incluso mejor, hasta el punto de que vale la pena luchar por él, pero será fascismo en definitiva. Y, orquestado por comunistas y liberales, recibirá otro nombre". Homenaje a Cataluña incluye una teorización sobre la democracia que se podría incluir como nota a pie de página a este artículo. Cuanta falta hizo entonces gente como Orwell y cuanta hace falta ahora gente como Santi Alba.

    Hace 4 años 7 meses

  4. Maioio

    Un artículo magistral, sobre una temática URGENTÍSIMA viendo el uso que el nuevo machismo y el conjunto de la ultraderecha están haciendo de la condición de víctima a lo largo del mundo. Y, en mi opinión, si el feminismo quiere salir victorioso frente a la contrarrevolución que se avecina debería de tener esto muy en cuenta. Sólo le reprocharía dos puntos a Santiago Alba: por una parte la afirmación de que tanto el feminismo como "el proletariado clásico no era sujeto en cuanto víctima del capitalismo sino porque compartía las mismas condiciones materiales". Le respondería con Judith Butler que es la propia opresión la que configura al oprimido (y viceversa): "El sujeto se constituye mediante una exclusión y diferenciación, quizá una represión, que es posteriormente escondida y encubierta por el efecto de la autonomía. En este sentido, la autonomía es la consecuencia lógica de una dependencia no admitida, lo que significa que el sujeto autónomo puede mantener la ilusión de su autonomía en tanto cubra la grieta de la cual está constituido. Esta dependencia y esta grieta son ya relaciones sociales, que preceden y condicionan la formación del sujeto. Como resultado, ésta no es una relación en la que el sujeto se encuentre a sí mismo, como una de las relaciones que forma su situación. El sujeto es construido mediante actos de diferenciación que distinguen al sujeto de su exterior constitutivo, un dominio de alteridad" Exactamente igual que la definición de judío que nazis y sionistas emplean para aquellas personas que han abandonado la práctica del judaísmo. Es el antisemitismo el que la ha generado. No ninguna cualidad positiva, relacional y compartida. Lo que comparto completamente con el artículo es la salida propuesta. Frente al particularismo del sionismo, la dictadura del proletariado o el feminismo esencialista una respuesta universalista para los que "estuvieron como víctimas" y los que "estuvieron como verdugos". En cuanto a la afirmación de que las víctimas del franquismo simplemente "lucharon a favor de la Constitución y la Democracia" habría que recordar lo que George Orwell escribía en 1937, una cuestión que entra de lleno en la teorización del artículo y ha sido ampliamente instrumentalizada por la derecha: "Hasta hace unos meses se decía que los anarcosindicalistas «trabajaban con lealtad» al lado de los comunistas. Luego los echaron del gobierno; más tarde dio la sensación de que ya no eran tan leales; en la actualidad están en curso de convertirse en traidores. Después les tocará el turno a los socialistas de izquierda. Largo Caballero, socialista de izquierda, ex jefe de gobierno, e ídolo de la prensa comunista hasta mayo de 1937, está ya en las tinieblas exteriores, en cuanto trotskista y «enemigo del pueblo». Y la caza continúa. El fin lógico es un régimen sin partidos ni prensa de oposición y con todos los disidentes de cierta importancia entre rejas. Un régimen así será fascista, por supuesto. Será diferente del que impondría Franco, incluso mejor, hasta el punto de que vale la pena luchar por él, pero será fascismo en definitiva. Y, orquestado por comunistas y liberales, recibirá otro nombre". Homenaje a Cataluña incluye una teorización sobre la democracia que se podría incluir como nota a pie de página a este artículo. Cuanta falta hizo entonces gente como Orwell y cuanta hace falta ahora gente como Santi Alba.

    Hace 4 años 7 meses

  5. Maioio

    Un artículo magistral, sobre una temática URGENTÍSIMA viendo el uso que el nuevo machismo y el conjunto de la ultraderecha están haciendo de la condición de víctima a lo largo del mundo. Y, en mi opinión, si el feminismo quiere salir victorioso frente a la contrarrevolución que se avecina debería de tener esto muy en cuenta. Sólo le reprocharía dos puntos a Santiago Alba: por una parte la afirmación de que tanto el feminismo como "el proletariado clásico no era sujeto en cuanto víctima del capitalismo sino porque compartía las mismas condiciones materiales". Le respondería con Judith Butler que es la propia opresión la que configura al oprimido (y viceversa): "El sujeto se constituye mediante una exclusión y diferenciación, quizá una represión, que es posteriormente escondida y encubierta por el efecto de la autonomía. En este sentido, la autonomía es la consecuencia lógica de una dependencia no admitida, lo que significa que el sujeto autónomo puede mantener la ilusión de su autonomía en tanto cubra la grieta de la cual está constituido. Esta dependencia y esta grieta son ya relaciones sociales, que preceden y condicionan la formación del sujeto. Como resultado, ésta no es una relación en la que el sujeto se encuentre a sí mismo, como una de las relaciones que forma su situación. El sujeto es construido mediante actos de diferenciación que distinguen al sujeto de su exterior constitutivo, un dominio de alteridad" Exactamente igual que la definición de judío que nazis y sionistas emplean para aquellas personas que han abandonado la práctica del judaísmo. Es el antisemitismo el que la ha generado. No ninguna cualidad positiva, relacional y compartida. Lo que comparto completamente con el artículo es la salida propuesta. Frente al particularismo del sionismo, la dictadura del proletariado o el feminismo esencialista una respuesta universalista para los que "estuvieron como víctimas" y los que "estuvieron como verdugos". En cuanto a la afirmación de que las víctimas del franquismo simplemente "lucharon a favor de la Constitución y la Democracia" habría que recordar lo que George Orwell escribía en 1937, una cuestión que entra de lleno en la teorización del artículo y ha sido ampliamente instrumentalizada por la derecha: "Hasta hace unos meses se decía que los anarcosindicalistas «trabajaban con lealtad» al lado de los comunistas. Luego los echaron del gobierno; más tarde dio la sensación de que ya no eran tan leales; en la actualidad están en curso de convertirse en traidores. Después les tocará el turno a los socialistas de izquierda. Largo Caballero, socialista de izquierda, ex jefe de gobierno, e ídolo de la prensa comunista hasta mayo de 1937, está ya en las tinieblas exteriores, en cuanto trotskista y «enemigo del pueblo». Y la caza continúa. El fin lógico es un régimen sin partidos ni prensa de oposición y con todos los disidentes de cierta importancia entre rejas. Un régimen así será fascista, por supuesto. Será diferente del que impondría Franco, incluso mejor, hasta el punto de que vale la pena luchar por él, pero será fascismo en definitiva. Y, orquestado por comunistas y liberales, recibirá otro nombre". Homenaje a Cataluña incluye una teorización sobre la democracia que se podría incluir como nota a pie de página a este artículo. Cuanta falta hizo entonces gente como Orwell y cuanta hace falta ahora gente como Santi Alba.

    Hace 4 años 7 meses

  6. Maioio

    Un artículo magistral, sobre una temática URGENTÍSIMA viendo el uso que el nuevo machismo y el conjunto de la ultraderecha están haciendo de la condición de víctima a lo largo del mundo. Y, en mi opinión, si el feminismo quiere salir victorioso frente a la contrarrevolución que se avecina debería de tener esto muy en cuenta. Sólo le reprocharía dos puntos a Santiago Alba: por una parte la afirmación de que tanto el feminismo como "el proletariado clásico no era sujeto en cuanto víctima del capitalismo sino porque compartía las mismas condiciones materiales". Le respondería con Judith Butler que es la propia opresión la que configura al oprimido (y viceversa): "El sujeto se constituye mediante una exclusión y diferenciación, quizá una represión, que es posteriormente escondida y encubierta por el efecto de la autonomía. En este sentido, la autonomía es la consecuencia lógica de una dependencia no admitida, lo que significa que el sujeto autónomo puede mantener la ilusión de su autonomía en tanto cubra la grieta de la cual está constituido. Esta dependencia y esta grieta son ya relaciones sociales, que preceden y condicionan la formación del sujeto. Como resultado, ésta no es una relación en la que el sujeto se encuentre a sí mismo, como una de las relaciones que forma su situación. El sujeto es construido mediante actos de diferenciación que distinguen al sujeto de su exterior constitutivo, un dominio de alteridad " Exactamente igual que la definición de judío que nazis y sionistas emplean para aquellas personas que han abandonado la práctica del judaísmo. Es el antisemitismo el que la ha generado. No ninguna cualidad positiva, relacional y compartida. Lo que comparto completamente con el artículo es la salida propuesta. Frente al particularismo del sionismo, la dictadura del proletariado o el feminismo esencialista una respuesta universalista para los que "estuvieron como víctimas" y "estuvieron como verdugos". En cuanto a la afirmación de que las víctimas del franquismo simplemente "lucharon a favor de la Constitución y la Democracia" habría que recordar lo que George Orwell escribía en 1937, una cuestión que entra de lleno en la teorización del artículo y ha sido ampliamente instrumentalizada por la derecha: "Hasta hace unos meses se decía que los anarcosindicalistas «trabajaban con lealtad» al lado de los comunistas. Luego los echaron del gobierno; más tarde dio la sensación de que ya no eran tan leales; en la actualidad están en curso de convertirse en traidores. Después les tocará el turno a los socialistas de izquierda. Largo Caballero, socialista de izquierda, ex jefe de gobierno, e ídolo de la prensa comunista hasta mayo de 1937, está ya en las tinieblas exteriores, en cuanto trotskista y «enemigo del pueblo». Y la caza continúa. El fin lógico es un régimen sin partidos ni prensa de oposición y con todos los disidentes de cierta importancia entre rejas. Un régimen así será fascista, por supuesto. Será diferente del que impondría Franco, incluso mejor, hasta el punto de que vale la pena luchar por él, pero será fascismo en definitiva. Y, orquestado por comunistas y liberales, recibirá otro nombre". Homenaje a Cataluña incluye una teorización sobre la democracia que se podría incluir como nota a pie de página a este artículo. Cuanta falta hizo entonces gente como Orwell y cuanta hace falta ahora gente como Santi Alba

    Hace 4 años 7 meses

  7. Rosa

    Muchas gracias Santiago Alba por tu reflexión. Para mi ha sido no sólo un placer leer un texto lúcido, culto y bien escrito sino y, sobre todo, una liberación. Me resulta lo más liberador del mundo la reflexión e incitación a huir del victimismo. Por supuesto no todas las feministas estamos ahí ni mucho menos pero sí, quizá, sea lo que más se visibiliza, especialmente en los medios de comunicación. Gracias pues, este 8 de marzo haré la huelga sin miedo a nuestro proyecto, sabiendo que ni somos ni queremos ser solamente una queja. Gracias!!!!!

    Hace 4 años 7 meses

  8. Valentín

    En el feminismo hay un debate ya clásico entre posiciones "ilustradas" y "posmodernas". La reflexión de Alba Rico es coherente con su tradición intelectual e ideológica, próxima a la primera de esas posiciones. Su mayor virtud es situar ese debate en un marco actual en el que la cultura.politica como un todo, la de la derecha y la de la izquierda, la popular y la intelectual, está tomando rasgos nuevos, y el "victimismo" sería uno de ellos según el autor. No parece descabellado.

    Hace 4 años 7 meses

  9. lamoska

    En respuesta a Jesús García de las Bayonas -> El relativismo cultural no pertenece a la escuela feminista. Los orígenes del feminismo están en la Ilustración y su método es la razón. El feminismo no excluye a nadie del debate, pero critica los prejuicios misóginos, y sabe detectar los intentos de deturpar su discurso, aún cuando nos los vendan revestidos de pátinas progresistas.

    Hace 4 años 7 meses

  10. Lay

    yo creo que el autor y el periódico tienen necesidad de hacer caja, y que tanto uno como otro se encuentran en horas bajas

    Hace 4 años 7 meses

  11. Jesus García de las Bayonas

    El relativismo cultural que hemos vivido y padecido dentro de una vorágine consumista sin crisis económica, puede que se esté convirtiendo y mutando en un absolutismo de la razón en el que la condición de víctimas (desde el pdv. del género, la raza o incluso la clase) pretende reducir "todo" lo empírico y a "todos" los demás (es decir, al resto que no pertenece al colectivo) a la causa por la que las mujeres en ocasiones son víctimas, eliminando la misma posibilidad de lo contrario. Siendo al menos pensar la posibilidad de casos que, aunque muy menores estadísticamente presenten un caso de tipo contrario, en el que alguien que no pertenece al colectivo sea víctima por diferentes causas distintas a la que se pretende argüir como única, suficiente y exclusiva. El pretender privilegiar a las víctimas "por encima de" y haciendo caso omiso al "independientemente de" por el que todos los seres humanos tenemos una inalienable condición humana de derechos iguales, libres y fraternos, puede muy fácilmente conducirnos a hacer precisamente lo que hace la derecha, aunque por causas y razones diferentes, pero que tendrán un resultado igual de dañino y nefasto. Pero sin que olvidar que quién tiene siempre la sartén por el mango es la derecha y no la izquierda, por lo que puede que nuestros excesos fagociten a los de la derecha...

    Hace 4 años 7 meses

  12. lamoska

    Señor Alba; equipo de edición de ctxt.es: No existe ningún rigor intelectual en relacionar con la Teoría Feminista las posiciones que defienden en ENDURECIMIENTO DE LAS PENAS en el Código Penal. No hay ni un sólo argumento sólido para acusar de PURITANISMO a un movimiento que ha luchado por los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, y ha defendido su derecho al placer. Les rogaría también que nos digan un sólo caso de CENSURA que tenga relación directa con la ideología feminista. Y para terminar, creo que es necesario hacer constar que no es el VICTIMISMO ese lugar desde dónde las feministas hacen sus reivindicaciones. Ese lugar esa la razón y la defensa de la igualdad. Como debería saber cualquier lector informado, el feminismo no es una GUERRA CONTRA LOS HOMBRES, ni pretende pervertir el sistema cambiando de lugar los privilegios. Decía Celia Amorós que conceptualizar es politizar. Ahora, revisen las palabras en mayúscula y dense cuenta de lo que le están atribuyendo a un movimiento emancipador y justo. Piénselo. Y después, hablen y digan lo que les dé la gana. Hace 5 minutos

    Hace 4 años 7 meses

  13. lamoska

    Señor Alba; equipo de edición de ctxt.es No existe ningún rigor intelectual en relacionar con la Teoría Feminista las posiciones que defienden en ENDURECIMIENTO DE LAS PENAS en el Código Penal. No hay ni un sólo argumento sólido para acusar de PURITANISMO a un movimiento que ha luchado por los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, y ha defendido su derecho al placer. Le rogaría también que nos diga un sólo caso de CENSURA que tenga relación directa con la ideología feminista. Y para terminar, decirles no es el VICTIMISMO el lugar desde dónde las feministas hacen sus reivindicaciones, si no desde la razón y la defensa de la igualdad. Como debería saber cualquier lector informado, el feminismo no es una GUERRA CONTRA LOS HOMBRES, ni pretende pervertir el sistema cambiando de lugar los privilegios. Decía Celia Amorós que conceptualizar es politizar. Ahora revisen las palabras en mayúscula y dense cuenta de lo que le están atribuyendo a un movimiento emancipador y justo. Piénselo. Y después, hablen lo que quieran.

    Hace 4 años 7 meses

  14. Agustina Monasterio

    Gracias compañero, a 12 días de la huelga lo mejor que se te ocurre para ayudarnos es esto. Para qué necesitamos al PP teniendo amigos como tú.

    Hace 4 años 7 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí