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Años anestesiados

Texto de presentación de ‘Y ahora, lo importante’, los diarios de adolescencia de Beatriz Navas Valdés, en los que se vuelca una mirada insólita sobre los primeros noventa en España

Luis López Carrasco 16/03/2018

<p>Grupo de escolares, entre las que se encuentra Beatriz Navas. </p>

Grupo de escolares, entre las que se encuentra Beatriz Navas. 

Cedida por la autora.

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El pasado 13 de febrero se presentó en la librería Cervantes y Compañía Y ahora, lo importante, de Beatriz Navas Valdés. El libro es el diario que la autora escribió con catorce y quince años en el ciclo 1992 y 1993, describiendo la culminación del proyecto de modernización del PSOE y su resaca posterior. Es el primer título que Mercedes Cebrián publica como editora invitada al cargo de Caballo de Troya durante 2018. En el acto, dos adolescentes leyeron pasajes del diario y la autora y la editora conversaron sobre cómo el presente ilumina nuestro pasado cercano. La presentación terminó con la siguiente intervención del cineasta Luis López Carrasco.

 ********************

1. Lugares comunes

En el festival de Rotterdam de 2014 tuve la oportunidad de ver L for leisure, de Whitney Horn y Lev Kalman, una de las obras más relevantes de ese año, prácticamente desconocida fuera del circuito de festivales. El largometraje describe a un grupo de jóvenes universitarios estadounidenses en los cursos 1992 y 1993. Que la película muestre exclusivamente a sus protagonistas en periodos vacacionales (el film se puede considerar una colección de postales) sugiere un retrato burlón de una Norteamérica blanca que celebra su hegemonía mundial entre la indolencia, la satisfacción y el entumecimiento. Los diálogos fascinados sobre un libro recién publicado cuyo título es El fin de la historia y el último hombre, de Francis Fukuyama, puntean esta comedia ácida cuyos personajes parecen extraídos de sitcoms adolescentes como Padres forzosos o Salvados por la campana

Aunque a inicios de los noventa ni yo ni nadie de mi generación sabía de la existencia de ese libro, sí considero que la mayor parte de nosotros vivimos nuestra adolescencia atravesados por un espejismo de clausura epocal. Impregnados de lógica neoliberal y acomodados a las dulzuras de un Estado del bienestar incompleto pero bien surtido de fondos europeos, la segunda mitad de los ochenta y la década de los noventa aparecen ante una buena parte de la población española como un tiempo liso y homogéneo, sin sucesos relevantes ni alerta posible en el horizonte. Las familias españolas, afianzadas en una prosperidad indudable, se entregaban a la consecución de objetivos materiales e individuales. A partir de 1996 la posibilidad de imaginar una crisis estructural que empobreciera a millones de españoles y derribara a toda una generación era patrimonio de voces críticas a las que una mayoría social de clase media urbana (que tenía las riendas de los medios de comunicación) miraba con condescendencia. Era inconcebible, por tanto, pensar que nuestras vidas anodinas pudiesen experimentar grandes cambios. La prosperidad era inequívoca y, como tal, inmutable.

¿Qué sabemos de esos años de optimismo y celebración? Años más tarde me he arrepentido a menudo de no haber llevado un diario en el que anotar los acontecimientos mínimos de mis días en un instituto público de una ciudad de provincias. El motivo por el que no lo escribí es muy sencillo: no sucedía nada digno de ser contado. Y sin embargo es posible que esa nada pudiera resultarnos muy reveladora para entender nuestro presente. Por ello, cuando en ese mismo festival de Rotterdam Beatriz Navas, a la que conocía por su programación de audiovisuales en La Casa Encendida, me dijo que había reencontrado los diarios de su adolescencia de 1992 y 1993 le pedí urgentemente que me dejara leerlos. 

Mientras preparaba mi anterior largometraje, ambientado en 1982, me encontré un enorme vacío. Como ya he comentado en otras ocasiones, de los ochenta se habla mucho, muchísimo, pero se dice siempre lo mismo. El consenso con el que la mayoría de la sociedad española recuerda esa época siempre me ha parecido sospechoso. Los lugares comunes, como los consensos, son sospechosos porque ofrecen una imagen de unidad y una impresión de sentido común a relatos interesados, elaborados desde atalayas privilegiadas. La homogeneidad suele ser una construcción de la hegemonía. Que una sociedad satisfecha y opulenta se convenza de que su pasado no merece la pena ser contado porque no pasaba nada (o solo ser narrado en términos de celebración, esplendor, Movida madrileña y cultura del pelotazo) me parece peligroso. Es recomendable desconfiar de nuestros recuerdos. 

Aunque a inicios de los noventa ni yo ni nadie de mi generación sabía de la existencia de ese libro, sí considero que la mayor parte de nosotros vivimos nuestra adolescencia atravesados por un espejismo de clausura epocal

Las primeras entradas del diario de Beatriz Navas fueron publicadas en la revista El Estado Mental. Finalmente Mercedes Cebrián, editora al cargo de Caballo de Troya durante esta temporada, ha decidido compilarlo con el título de ‘Y ahora lo importante’. Creo que nos encontramos ante una obra de una calidad literaria extraordinaria, que considero, además, especialmente valiosa y oportuna por diferentes motivos.

2. La descripción de un espejismo

Y ahora, lo importanteestá escrito del cuatro de mayo de 1992 al nueve de noviembre de 1993, con un epílogo añadido en la actualidad por su autora. Es el relato de los días de colegio e instituto de una joven de clase media-alta de un barrio del norte de Madrid, que no tiene grandes problemas, cuyas necesidades están sobradamente cubiertas, y cuyos padres divorciados la educan desde una óptica progresista. La narración de Beatriz, desde su clase social, estaría alineada por tanto con la historia oficial de aquellos años: de hecho asistirá con pases especiales a eventos de los Juegos Olímpicos y la Expo de Sevilla, privilegio que no estaba al alcance de cualquiera. El diario transita de la abrumadora ilusión colectiva que vivió la sociedad española por los macroeventos del 92 –esa puesta de largo ante la comunidad internacional con la que España alejaba definitivamente su atraso histórico– al momento en que el país está empantanado en una profunda crisis de empleo, el gobierno cubierto por casos de corrupción y el ánimo oscurecido por el repunte de los grupos neonazis y el espanto colectivo del crimen de Alcásser. La prosa de Beatriz recoge con precisión y sensibilidad la atmósfera general que vivía el país en cada momento. No solo eso: la obsesiva atención por la descripción minuciosa de cada detalle de su vida adolescente nos sumerge en esos años con una intensidad nada habitual en la literatura española, y menos en una chica de catorce años, capaz de analizar su propio comportamiento, el de sus compañeras y sus padres con una mirada compasiva pero implacable. En intermitentes momentos de rebeldía, Beatriz toma amarga conciencia de la hipocresía egocéntrica de sus mayores, la ideología que subyace bajo su confort y el materialismo aplastante de su entorno cercano. En ocasiones sus palabras adquieren un inquietante sentido premonitorio:

“Mi padre me dijo que nuestra generación es insaciable y que habrá muchos problemas en el futuro, y un día creé un silencio muy incómodo en la mesa porque le solté que él era un insaciable del trabajo y del poder y de hacer lo que le daba la gana y que tendría también muchos problemas en el futuro por eso”. 8 de agosto de 1992

El diario ayuda a recobrar unos hechos cotidianos compartidos, revive una época pero, a diferencia del recuerdo, la recuperación presente de ese sueño de confianza, ilusión y riqueza no admite idealización posible

Leer el texto produce un efecto intenso de reminiscencia. El diario ayuda a recobrar unos hechos cotidianos compartidos, revive una época pero, a diferencia del recuerdo, que suele teñirse de melancolía, la recuperación presente de ese sueño de confianza, ilusión y riqueza no admite idealización posible. Lo que creíamos permanente era transitorio, lo que imaginábamos duradero ha demostrado ser enormemente frágil. Ese tiempo no puede volver y, tal y como lo describe la autora, uno no querría que volviese nunca. El ensimismamiento adolescente de la protagonista (la adolescencia es un periodo de la vida que se caracteriza por la observación desmedida a uno mismo) es así el ensimismamiento de toda una sociedad para la que la política es un ruido de fondo en el televisor.

“Hoy ha sido un día un poquito raro. Es jueves, pero no como cualquier jueves de la semana, porque ha habido una huelga general. Me he tirado el día viendo chorradas en la tele y comiendo como una cerda, o sea, un aburrimiento, pero bueno, dejémonos de rollos y vayamos a lo interesante. El viernes pasado fuimos a Joy Eslava porque se celebraba una fiesta del Club Amistad”. 28 de mayo de 1992 

3. “Me siento poderosa y miedosa”

El texto, no lo olvidemos, nos permite conocer la intimidad de una adolescente precoz. Si, tal y como pienso, los años ochenta y noventa están todavía por contar (desde otras generaciones y desde otros grupos sociales no hegemónicos), Y ahora, lo importante es pertinente por dar voz a una perspectiva femenina históricamente invisibilizada que, en plena construcción de su identidad, sufre y forcejea con la presión social de su entorno y el canon de belleza normativo. 

Beatriz Navas.

Beatriz Navas.

“Me da miedo que piensen que soy una puta, pero también que piensen que soy una cortada. No tengo salida”. 12 de octubre de 1992

La mirada de Beatriz desmonta estereotipos al describir pormenorizadamente, con una honestidad admirable, los mecanismos de su deseo, sus estrategias de seducción y el interés incesante hacia los cuerpos masculinos. No hay prácticamente ningún capítulo que no esté atravesado por la necesidad de recreo y gozo visual en innumerables hombres. Como ella recalca en varias ocasiones, “necesito alimento para la vista”. El libro es doblemente valioso por mostrar una realidad femenina ignorada cuya vivencia experimentaremos en primera persona: una subjetividad repleta de curiosidad y ternura que, en sus primerizas relaciones sentimentales, no será ajena a diferentes formas de violencia. 

4. Microrrelatos del poder

La obra encuentra el balance entre la vivencia personal y la descripción de los acontecimientos generales en una de las decisiones más maduras que quepa imaginar en una adolescente de catorce años: cada capítulo contiene todos los titulares de los periódicos de ese día (ABC, El País y en ocasiones La Vanguardia), lo que provoca un diálogo adicional entre el pasado y el presente. Los titulares aparecen al final o al principio de cada capítulo pero también en la mitad, como un intermedio que casi podemos considerar “publicitario”. Cada titular se podría considerar un microrrelato en sí mismo, lo que dispara nuestra percepción de aquellos años en múltiples direcciones:

El País: “Anguita logra que IU apruebe la abstención sobre la Unión Europea”; “Amplia victoria del excomunista Iliescu en las elecciones generales de Rumanía”; “Arzalluz asegura que el Estado ‘está en quiebra’”; “Un ultra condenado a 193 años de cárcel por la matanza de Atocha está en libertad condicional desde 1991”. 

ABC: “Bush y Clinton, pendientes de Perot”; “Francia: El centro-derecha golpea a François Mitterdan obteniendo la mayoría en las elecciones para el Senado”; “Matilde Fernández reparte subvenciones millonarias a asociaciones pintorescas en plena crisis económica”; “Los Reyes presidieron en la aldea del Rocío la clausura de los Congresos Marianos”. 28 de septiembre de 1992

La transcripción aséptica y desapasionada de las noticias diarias permite observar el funcionamiento industrial y sistemático de los medios de comunicación tradicionales

La transcripción aséptica y desapasionada de las noticias diarias permite observar el funcionamiento industrial y sistemático de los medios de comunicación tradicionales y el modo, muchas veces pueril, en que se apuntalaba a fuerza de titular grueso el estado de la opinión pública en aquellos años. La sensación de eterno retorno (indicadores económicos, guerras lejanas, refugiados rechazados, inmigrantes ahogados, crisis de la Comunidad Europea, controversias superficiales, vacaciones de la Casa Real) convive con una amarga toma de conciencia: la comicidad que produce la lectura de algunas sonrojantes y ridículas campañas de desprestigio nos recuerdan demasiado a la actualidad.

A medida que el año 93 avanza la narradora escribe cada vez menos, su emoción se atenúa, la ilusión deja paso a la rutina. Si al principio del diario Beatriz soñaba con “ser más fría” para que las preocupaciones familiares y las frustraciones sociales no le produjeran tanto dolor, parece que el objetivo se ha ido cumpliendo. A lo largo del libro su protagonista, consciente de su vulnerabilidad, se irá acolchando contra el exterior, como modo de supervivencia. Su historia es un viaje hacia un mayor desapego emocional y una búsqueda permanente de aturdimiento. Crecer será “reclamar más anestesia”. 

“Me inunda un vacío enorme”, escribe tras el final de los Juegos Olímpicos, y nosotros como lectores seremos atrapados por ese vacío que se apoderará de los últimos pasajes del diario hasta su memorable entrada final.

Solo queda desear que esta publicación favorezca la aparición de otros diarios y biografías procedentes de otros ámbitos, como el extrarradio urbano o el entorno rural para recontsruir, así, la diversidad de nuestra historia común, que, no lo olvidemos, no sólo estuvo protagonizada por una clase media exultante sino por otros grupos sociales y territorios que padecerían una desigualdad crónica, acentuada por la crisis de 1992, o una devastadora reconversión industrial.

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Luis López Carrasco @murciano81

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Luis López Carrasco

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3 comentario(s)

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  1. Godfor Saken

    "¿Desde cuándo son 'sinceros' los diarios? O bien cuentan un montón de verdades para encubrir una única mentira, o un montón de mentiras para tapar una sola verdad." Michael Finkel, "El extraño del bosque".

    Hace 2 años 6 meses

  2. David López

    Es esta línea podemos disfrutar también de "Heavies tendres" de Juanjo Saez en Canal 33.

    Hace 3 años 1 mes

  3. David López

    Es esta línea podemos disfrutar también de "Heavies tendres" de Juanjo Saez en Canal 33.

    Hace 3 años 1 mes

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