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El juguete de los que tienen mucho dinero para especular

La visión política del bitcóin se basa en un mundo descentralizado y sin Estado, con sistemas monetarios en competición: desde hace tiempo, un sueño de la derecha

Doug Henwood 14/03/2018

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El bitcóin, que antes era un tema bastante arcano, está ahora en todas partes. El experto en mercados Robert Prechter, que es un gran psicólogo de los mercados financieros, a pesar de ser un devoto seguidor de Ayn Rand y de creer en una superstición llamada la teoría de Elliott Wave, argumentó una vez que durante el transcurso de un mercado alcista pronunciado existe algo llamado un “punto de reconocimiento”, que se produce cuando la sociedad en general se apunta al carro. Eso significa que la carrera está llegando a su fin y que ya es hora de que los profesionales comiencen a pensar en salirse (aunque la locura intensa puede continuar mucho después de que la gente de a pie se embarque). Realmente parece como si hubiéramos llegado a ese punto con el bitcóin, cuya trayectoria de precios durante los últimos años se asemeja a algunas de las locuras más importantes de la historia, como la tulipomanía holandesa de la década de 1630, la burbuja de la Mar del Sur de la década de 1710 o las orgías bursátiles de EE.UU. de los años 20 y 90 del siglo pasado.

¿Qué está sucediendo? Antes de pasar a los detalles, debería decir que, por lo general, el dinero no es un tema sencillo. La mayoría de la gente posee un conocimiento aceptable sobre cómo el oro, que es una especie de dinero primario, se extrae de las minas, se refina y se moldea para formar lingotes y monedas. Algo menos evidente es por qué posee un estatus monetario diferente del platino, por poner un ejemplo, aunque sea también escaso, puro, fácilmente divisible y haya sido muy apreciado a lo largo de las distintas épocas. El papel moneda es más complejo. Desde 1900 hasta 1971, el dólar estadounidense estuvo respaldado por el oro, lo que significa que su valor estaba legalmente determinado en términos de un cierto peso del metal. Eso se terminó en 1971, cuando Richard Nixon sorprendió al mundo rompiendo el vínculo con el oro y permitiendo que su valor se determinara mediante operaciones bursátiles en los mercados de divisas extranjeros. El dólar es valioso no porque sea tan preciado como el oro, sino porque con él puedes comprar bienes y servicios producidos en Estados Unidos (además, y esto es de vital importancia, es la única forma de pago fiscal que acepta el gobierno estadounidense). Entre sus muchas funciones, se supone que la Reserva Federal tiene que permitir la emisión de, únicamente, la cantidad justa de dólares: los suficientes para que la rueda del comercio siga funcionando, pero no tantos como para que se produzca una crisis hiperinflacionaria y las cosas descarrilen.

Pero el bitcóin es harina de otro costal. Es la primera y más famosa de una amplia y creciente familia de cosas llamadas “criptomonedas”. Otros miembros de la familia son ethereum, ripple, dash, monero; pero el bitcóin es la más grande con diferencia. El valor total de los bitcoines existentes alcanza hoy por hoy los 261.000 millones de dólares, lo que supone un tercio más que el valor total de las acciones de Citigroup y un poco por debajo del valor de las acciones de Wells Fargo, bancos de verdad, con millones de clientes, ganando dinero de verdad.

Los orígenes del bitcóin se encuentran en un documento de 2008 escrito bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto. A pesar de que ha habido repetidos intentos, nadie ha podido averiguar quién es, lo que resulta bastante conveniente. La definición semioficial de criptomoneda es “una moneda entre pares (peer-to-peer), descentralizada y digital cuya implementación se basa en los principios de la criptografía para validar las transacciones y generar la moneda en sí”. (Aunque eso sea un fragmento de prosa bastante denso, para ser justos con los criptoides, tampoco sería fácil definir el dólar de forma sucinta). Lo que significa todo eso es que el bitcóin, y todas las demás criptomonedas, son monedas electrónicas, meros registros de datos en libros de contabilidad electrónicos, creados y transferidos por ordenadores en red sin que nadie esté a cargo. El rol de la criptografía no solo es garantizar la seguridad de la transacción, sino también generar nuevas unidades de la moneda. Las nuevas unidades de las criptomonedas se “minan” cuando los ordenadores resuelven algoritmos matemáticos complicados (e inútiles). Una vez resueltos, se crea una nueva moneda y su nacimiento, con una firma digital que garantiza su autenticidad y unicidad, se anuncia al resto del sistema. Cada bitcóin incluye una cadena de bloques (blockchain), que es un registro digital anónimo del historial de transacciones de la unidad. Su creador obtiene el valor de la nueva moneda cuando esta accede al sistema. Puedes comprar o vender bitcoines en intercambios en línea y hay hasta unos pocos cajeros de bitcoines dispersos por ahí. (El más cercano que tengo en Brooklyn está a unos 3 km de distancia y el cajero de dólares más cercano está en la tienda que está a media calle de distancia). 

El proceso de minado necesita enormes cantidades de potencia de cálculo. Según algunas estimaciones, la energía que utiliza la red Bitcoin podría equivaler a 3 millones de hogares de EE.UU., lo que superaría el consumo individual de 159 países. El grueso de este minado tiene lugar en China, donde la mayor parte de la electricidad proviene del carbón, así que este es un negocio sucio. Se supone que el número total de bitcoines en circulación solo puede llegar hasta los 21 millones y hoy día estamos acercándonos a los 17 millones. Cuanto más cerca está el límite, más difíciles son los algoritmos que hace falta resolver para crear nuevas monedas, lo que significa que se necesita más potencia de cálculo y se consume más carbón. A veces hasta las cosas aparentemente más inmateriales tienen raíces profundamente materiales. 

Debería enfatizar que los algoritmos que se utilizan para generar los bitcoines son inútiles. No sirven para nada útil. Para algunos defensores, esto es bueno porque si estuvieran condicionados por un propósito útil eso podría conferir un cierto valor intrínseco a la moneda. Mejor dejar que su valor flote libremente con la única limitación de la imaginación humana. 

Esa es la tecnología del bitcóin, pero ¿qué hay de su existencia como dinero? La clásica definición económica del dinero es que se trata de una reserva de valor, de una unidad de cuenta y de un instrumento de cambio. Vas a la tienda y ves que una lata de tomates cuesta 3 dólares, una unidad de cuenta que la tienda registrará como ingreso cuando la venda. Cuando sacas 3 dólares de tu bolsillo o de tu tarjeta de débito, consumes la reserva de valor (el dinero en la mano o en el banco) y lo utilizas como instrumento de cambio. El valor del dólar estadounidense es que todo el mundo en Estados Unidos (y fuera de EE.UU.) reconoce que la moneda cumple todos esos requisitos de la definición de dinero. El valor del dólar viene asignado por los bienes y servicios que se pueden comprar con él. 

El bitcóin tiene graves problemas en esos tres aspectos. Solo en una semana, el valor del bitcóin cambió de unos 15.000 dólares a unos 21.000 dólares. Hace un año, su valor estaba un poco por encima de los 800 dólares. Eso no es una reserva de valor muy de fiar. [Nota: actualmente está a 9.038 dólares, pero espera, que cambia. Aquí hay una cotización en directo.]

Casi nadie acepta bitcoines, ni tampoco ningún negocio importante lleva sus libros en bitcoines; por tanto fracasa como unidad de cuenta y como instrumento de cambio. Además, su corta historia (los primeros bitcoines se acuñaron en 2009) ha sido turbulenta. Se han producido múltiples robos, fraudes y hackeos que los defensores desestiman como problemas de crecimiento. Pero sin regulador, sin garantía de depósito y sin banco central, este tipo de problemas son inevitables, simplemente es mala suerte. Pero claro, si se establecen reguladores y planes de seguros, el bitcóin perderá todo su anarcoencanto.

El oro es como el bitcóin en el sentido de que es una forma de dinero sin Estado, motivo por el cual lo adoran los libertarios, pero le va mucho mejor en el sentido de servir como medida de valor. El precio del oro varía menos de un 1% al día, aunque es todavía mucho más volátil que el denigrado dólar estadounidense. Por tanto, es una reserva de valor semifiable. Así y todo, al oro no le va mucho mejor en las otras dos medidas: no hay mucho que se pueda comprar con él y casi nada tiene su precio o se cuenta en oro.

A pesar de eso, el oro conserva un enorme atractivo fantasmagórico, un tipo de medida de valor “objetiva”, determinada por el mercado y libre de la intervención estatal. Keynes llamó al oro parte del “aparato del conservadurismo”. Era ese un conservadurismo antiguo, el de los rentistas que adoraban la austeridad porque mantenía el valor de sus activos. El bitcóin sirve un propósito totémico parecido para los ciberlibertarios actuales, que lo adoran no solo por su naturaleza de dinero desnacionalizado, sino también por su poder “disruptivo”. El bitcóin forma parte del aparato anarcocapitalista. 

El elenco político del universo del bitcóin es mayoritariamente libertario, pero también cuenta con un ala de izquierda. Un documento escrito hace unos años por Denis “Jaromil” Roio, un hacker, artista y estudiante universitario, acumulaba citas de Michael Hardt y Antonio Negri, de Giorgo Agamben y Christian Marazzi, para darle a la red Bitcoin un aire revolucionario y leerlo de forma creativa como una manera de que “la multitud [construya] su cuerpo más allá del lenguaje”. Sin embargo, no explica cómo la transformación del instrumento monetario cambiará lo que se produce, ni cómo se distribuirán los ingresos. 

Hay motivos para la anonimidad de los bitcoines, aunque cabe preguntarse cómo de impenetrable es su velo para la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés). Por el momento, es una manera medio segura de comprar drogas y armas.

Pero además de la anonimidad, que no es moco de pavo, es difícil ver qué problemas resuelve el bitcóin. El cambio a papel moneda fue una respuesta a la crisis del viejo sistema centrado en el oro. El bitcóin no posee un valor práctico (aparte de la anonimidad, repito), pero sí acarrea un bagaje político. Si dejamos fuera a los emprendedores y a los especuladores, que solo quieren hacerse ricos, la visión política de Bitcoin se basa en un mundo descentralizado y sin Estado, con sistemas monetarios en competición. 

Que el dinero compita, es decir, acabar con el monopolio del Estado sobre el dinero, es desde hace tiempo un sueño de la derecha. En un documento de 1976, Friedrich Hayek sostenía que había que permitir que múltiples monedas circularan dentro de cada país, dejar que la competición entre ellas condujera a la elección de la moneda más sólida (o dicho de otro modo, la más apta para la austeridad), y controlar los intentos del gobierno por escapar de los problemas insuflando. Eso implicaría nada de estímulos fiscales ni monetarios durante las crisis económicas, solo dejar que las cosas siguieran su curso depurativo. Según este punto de vista, el New Deal alargó la Gran Depresión: si la sangría hubiera continuado tras la inauguración de Roosevelt, las cosas se habrían arreglado solas antes o después. Y lo mismo deberíamos haber hecho durante el 2008-2009.

Las criptomonedas supondrían avanzar en la idea de monedas competitivas, monedas improvisadas que podrían desafiar el monopolio del Estado. (De hecho, existieron monedas competitivas en el siglo XIX, cuando todo tipo de pequeños bancos emitieron billetes propios, aunque con frecuencia terminaron resultando inservibles). Por supuesto, no hay inflación y el dinero del gobierno ha demostrado ser bastante más estable que sus alternativas, ya sea el oro o el bitcóin. Ningún depositante bancario perdió un céntimo durante la crisis financiera de 2008, pero de la corta vida del bitcóin no se puede decir lo mismo. Aun así, los libertarios (de los que hay un gran número en la tecnología y las finanzas, los padres compartidos del bitcóin) siempre están preocupados por la inflación; se preocupan tanto como los titanes de los fondos de inversión libre cuando se habla de suprimir sus exenciones tributarias, algo que ellos consideran como una repetición de la Alemania nazi.

Por eso, aunque el bitcóin fracasa como dinero, ha adquirido una animada vida como activo especulativo. Pero a diferencia de otros activos especulativos más convencionales, su valor es completamente inmaterial. En última instancia, las acciones son derechos sobre los beneficios de una empresa, y los bonos son derechos sobre un futuro flujo de pagos de intereses. Del bitcóin no se puede decir lo mismo. Su único valor es lo que otra persona pagará más tarde o quizá mañana. Y ahora se están empezando a negociar valores a futuro, lo que lleva la especulación hacia una cuarta o quinta dimensión.

Y menuda locura especulativa, todo el mundo quiere meter mano. Los imitadores del bitcóin se reproducen a diario. Hace poco, los especuladores pagaron más 700 millones a una empresa, block.one, por una criptomoneda que en realidad no existe y que, según sus padrinos, no sirve para nada. La empresa no ha difundido casi ninguna información sobre sí misma y no se sabe casi nada sobre sus fundadores. No hace mucho, la empresa Long Island Ice Tea Corp., que se dedica a vender bebidas sin alcohol, cambió su nombre por el de Long Blockchain, y su cotización en bolsa aumentó de inmediato más del doble. La empresa no tiene ningún acuerdo con ningún promotor de la criptomoneda, ni tienen perspectivas de tenerlo. Solo con el cambio de nombre fue suficiente.

Todo esto es una locura, aunque yo creo que no es el tipo de burbuja que provocará daños económicos generalizados cuando estalle. Para que eso suceda, la burbuja tendría que estar financiada por bancos que estuvieran en riesgo de quiebra cuando las cosas se desmoronaran. Eso no parece estar sucediendo, aunque habrá camisas rotas. Hablando en serio, lo que demuestra esta burbuja es que algunas personas tienen mucho dinero. Nuestra sociedad, y con eso me refiero a la sociedad en general –ya que mucha parte del dinero que se está yendo al bitcóin parece provenir de Asia– tiene mucho dinero para especular y no tanto para las necesidades humanas.

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Traducción de Álvaro San José.

Este artículo se publicó en Left Business Observer. 

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3 comentario(s)

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  1. Carlos

    @Fermi por esa regla de tres el demonio es Internet, que hace todas esas transacciones posibles. Y el mismo argumento se puede utilizar para poner cámaras en cada calle, para no ponérselo fácil a los malos. Culpar a la teconología por el uso que le da la gente es poco inteligente. Y quedarse con con el ejemplo de Bitcoin para hablar de esta tecnología sin hablar de Ethereum, blockchain, smart contracts y demás es de haberse leído lo justo del tema. Me alegra que la trazabilidad de las transferencias a través del banco haya evitado el comercio de armas, drogas y sexo. Así nos hemos ahorrado que haya gente dedicada exclusivamente a lavar dinero negro también. Y ojo, que yo creo que bitcoin tiene todos estos problemas y que no está yendo hacia donde debería, pero me parece que este artículo está pobremente documentado y argumentado (o se ha perdido mucho en la traducción. Lo del carbón... Tela.)

    Hace 3 años 8 meses

  2. Fermi

    Carlos: la no trazabilidad del bitcoin es ciertamente comparable a la de un fajo de dólares. La diferencia es que pagar en efectivo a través de e-commerce es complicado, pero con bitcoin, es otra cosa. El bitcoin, hoy por hoy, sirve para especular con él, y para todo lo ilegal que puede ofrecerte internet. El dolar también sirve para eso, pero peor (por el tema de la trazabilidad, salvo que sea en efectivo), pero es que además tiene otros usos. El bitcoin es ideal para traficantes y especuladores. Sin él también los tenemos, pero al menos no se lo ponemos tan fácil.

    Hace 3 años 8 meses

  3. Carlos

    Este artículo habla de bitcoin y sus problemas, mencionando de pasada otras monedas que podrían funcionar igual que Napster se fue al garete pero Spotify y Netflix lo petan. Que Bruno, el autor, se ha mirado sólo lo básico sobre las criptomonedas queda claro en citas como "Pero además de la anonimidad, que no es moco de pavo, es difícil ver qué problemas resuelve el bitcóin". Si alguien no es capaz de ver el beneficio de una moneda global y de no regalar dinero a los bancos por hacer una transacción (o firmar un cheque) es porque vive en un mundo que no existe desde hace 50 años. Que pregunten a una tienda cómo le sienta el porcentaje que se queda Visa cada vez que pagamos con tarjeta. Pero lo mejor es lo de "El grueso de este minado tiene lugar en China, donde la mayor parte de la electricidad proviene del carbón, así que este es un negocio sucio.". Negocio sucio, porque depende de una fuente de energía "sucia". ¿Y eso es un problema nuevo? ¿De dónde ha salido la energía que ha creado la riqueza de los países industrializados? ¿Del arco iris? ¿Será bitcoin responsable del efecto invernadero también? Dinero sucio... ¿No se han vendido drogas y armas a cambio de dólares y euros? ¿La prostutición lleva miles de años cobrando en criptomonedas? Es una pena que un análisis coherente y necesario sobre la burbuja de bitcoin y sus defectos, que no son pocos, quede reducido a tanto sin sentido.

    Hace 3 años 8 meses

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