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Extra, extra: la crisis de los medios llega a Italia

El hundimiento de 'Il Sole 24Ore', el prestigioso periódico de la patronal, saca a la luz el penoso estado de la prensa escrita, similar al que se vive en España

Ismael Monzón Roma , 4/04/2018

<p>Un quiosco de prensa en Milán. </p>

Un quiosco de prensa en Milán. 

Fabrizio Barbieri

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En un país en el que el estilo importa, el periódico combina con la gabardina, el sombrero y el tabaco de liar sin filtro. Estación de ferrocarril o café literario como lugar de lectura y mesas de madera lacada para su debate. En Italia, más que en ninguna otra parte, la imagen del diario viene asociada a las gigantescas rotativas impregnadas de tinta. La mayoría de sus grandes cabeceras se fundaron en el último cuarto del siglo XIX, al calor de la industrialización. También éste es un lugar apegado a las tradiciones, y hasta ahora los medios han tratado de ignorar la crisis refugiándose en un aire romántico que ya hace mucho desapareció. Pero a estas alturas, la llamada de la realidad es demasiado fuerte como para seguir fingiendo que nada ha pasado. 

El más antiguo de los grandes periódicos es Il Sole 24 Ore, fundado en 1865 bajo el nombre de Il Sole y fusionado justo un siglo más tarde, ya bajo propiedad de la patronal Confindustria, con 24 Ore. El Reino de Italia había cumplido sólo cuatro años cuando un grupo de empresarios lombardos pusieron en marcha en Milán un periódico económico que llevaba como subtítulo: Diario comercial y político. Esa ha sido la enseña hasta hoy del rotativo, que después pigmentaría sus páginas de color salmón. Il Sole 24 Ore era y es la referencia de la prensa económica italiana, sin descuidar otros temas que lo convierten también en un producto generalista. 

En su época de mayor esplendor, a principios del siglo XXI, llegó a vender más de 400.000 copias por las 50.000 de ahora. “The Economist lo calificó como el diario con una mejor relación entre la calidad de sus artículos y el número de profesionales que trabajábamos en él”, sostiene Alberto Negri, quien fuera una de sus grandes firmas como enviado especial a todos los conflictos desde finales de los ochenta. Sin embargo, a partir de 2000 el grupo comenzó una política de expansión faraónica. Lanzó Radio 24, adquirió una nueva sede en Milán proyectada por el célebre arquitecto Renzo Piano y multiplicó en plantilla el número de expertos en marketing, publicidad y otros gestores. 

El agujero comenzó a reflejarse en las cuentas hace al menos una década, aunque no se destapó hasta 2016. Una investigación interna reveló que durante todos esos años se habían estado falseando los datos de las ventas en los quioscos, así como de los suscriptores. El resultado fue que de los 4 millones de euros en pérdidas declaradas se pasó a un balance negativo de más de 60 millones. El asunto pasó a manos de los tribunales, el director se vio obligado a abandonar –no sin antes intentar aferrarse al cargo– y la Confindustria tuvo que aprobar un aumento de capital para garantizar la supervivencia del diario. 

Alberto Negri es uno de los 38 periodistas que aceptaron la baja incentivada que el periódico le ofreció recientemente a 40 de sus profesionales. “Es curioso que la patronal, que da lecciones de cómo gestionar una empresa, haya llevado a la ruina a Il Sole”, opina. El veterano corresponsal recuerda que el periódico cuenta con una estructura sobredimensionada y unos 1.300 trabajadores, de los que sólo 250 son periodistas; que el grupo tuvo que vender su mastodóntica sede y ahora paga un alquiler de más de 15 millones de euros al año; y que la Confindustria utilizó el grupo periodístico para comprar otras sociedades deficitarias que arruinan las cuentas. “Estos años de gestión delirante dan como resultado un medio al que ahora se le priva de sus profesionales más reconocidos, convirtiéndolo en un periodiquillo”, sostiene. 

Reacia a perder su mejor órgano de comunicación, la patronal rechazó la búsqueda de un socio comercial para salir de la crisis. Una solución a la que sí recurrieron otros grandes medios como La Repubblica o La Stampa. Acuciados por la caída de las ventas, el año pasado los grupos editores propietarios de ambos firmaron un acuerdo para la fusión, que confluyó en un nuevo conglomerado llamado Gedi. La compañía resultante no sólo engloba a estos dos periódicos, sino también a una larga lista de cabeceras regionales y varias emisoras de radio comercial que cuentan además con canales de televisión. 

La Repubblica es la gran referencia de la prensa escrita del pensamiento tradicional de izquierdas. Fundada en 1974 como heredera del semanario L’Espresso –titular del grupo editorial que lleva su mismo nombre–, sería el equivalente italiano de El País y la única excepción de entre los periódicos importantes que ha visto la luz en las últimas décadas. Lejos también de sus mejores cifras, La Repubblica sigue siendo el segundo diario más leído de Italia, con unos 160.000 ejemplares vendidos. Su trayectoria está ligada estrechamente al poder político de Roma, donde surgió, aunque su propietario, Carlo De Benedetti, es un empresario de origen turinés metido en distintos sectores.

Creada en 1895, La Stampa era el periódico de la burguesía bienpensante de Turín, heredera de la casa de los Saboya

Profesión y ciudad que se traducen automáticamente en la FIAT, en la que también trabajó De Benedetti, y que sirve igualmente como nexo con su nuevo socio. Pese al acuerdo comercial, La Stampa sigue perteneciendo a la familia Agnelli, propietaria de la compañía automovilística. Y en este caso más que en ningún otro, la cabecera es el perfecto ejemplo de esos medios decimonónicos. Creada en 1895, La Stampa era el periódico de la burguesía bienpensante de Turín, heredera de la casa de los Saboya, de los industriales más boyantes de Italia y del desarrollismo que llegaba a principios del siglo XX desde la vecina Francia. 

El profesor de Historia Económica de la Universidad de Verona y experto en medios de comunicación, Sergio Noto, estima que “la fusión entre el grupo L’Espresso y La Stampa no es más que la suma de dos debilidades”. “La revista L’Espresso se ha convertido en una especie de suplemento dominical de La Repubblica, por lo que todo apunta a que terminará desapareciendo, mientras que La Stampa también ha perdido esa aureola de gran periódico del noroeste, de modo que corre el riesgo de caminar hacia una muerte lenta”, reflexiona. Ambos medios, sin embargo, han unido fuerzas a nivel comercial, pero siguen manteniendo una identidad editorial autónoma.

El profesor Noto explica que los históricos periódicos ligados a los partidos políticos, como L’Unità (comunista), Avanti! (socialista) o Il Popolo (democristiano) dejaron de existir con la desaparición de estas formaciones y la crisis económica de sus herederas, por lo que su papel lo hegemonizaron otros. “A diferencia de otros países, en Italia los medios no están controlados por grupos editores, sino por conglomerados industriales, que prestan más atención si cabe a la rentabilidad económica”, describe. Así se explican los ejemplos de la FIAT o De Benedetti. Pero también del grupo Caltagirone, que fabrica cemento y edita Il Messagero de Roma o Il Mattino de Nápoles; y sobre todo, de Urbano Cairo, actual mandamás de Il Corriere della Sera

En 2016, la sociedad de Cairo, propietario del Torino FC y del canal de televisión La 7, compró la mayoría de las acciones del grupo RCS, editor entre otros de Il Corriere. El primer periódico italiano por difusión, prestigio e historia, fruto de la autoridad moral de Milán, en la que se fundó en 1876. “Cairo es un buen administrador, alguien que sabe cuadrar bien las cuentas, lo que no quiere decir que esté haciendo un gran periódico, sino más bien lo contrario”, afirma Sergio Noto. Según los últimos resultados presentados, el grupo ganó 71 millones en 2017, a costa de un rígido control de los costes, que ha tenido un mayor efecto en cabeceras españolas como El Mundo, Marca o Expansión, controladas también por RCS. Los gigantes italianos como Il Corriere o La Gazzetta dello Sport, el primer diario deportivo, han resistido mejor los ajustes. 

La estrategia de RCS se ha centrado sobre todo en recortar los gastos, mientras que el grupo Gedi ha apostado por el desarrollo periodístico en Internet. El director de La Repubblica insiste en que el futuro no está tanto en la versión impresa como en las suscripciones, al tiempo que su empresa editora ha incorporado cabeceras cuyo negocio se plasma únicamente en la red. Es el caso de Business Insider Italia, un conglomerado especializado en información económica a nivel internacional, que en el caso italiano echó a andar hace algo más de un año. 

Su director, Giovanni Pons, reconoce que su proyecto todavía es modesto. Cuentan con una plantilla fija de cinco personas y una red de entre 30 y 40 colaboradores. “La estructura es muy contenida, aunque el resultado por el momento es bueno, ya que tenemos un tráfico de unos 140.000 lectores y unos buenos niveles de publicidad”, apunta. Su modelo es el de una web completamente gratuita. Mientras, Il Corriere experimenta con un muro de pago y La Repubblica ofrece un servicio premium a un precio reducido para acceder a determinados artículos publicados en la versión impresa y a los que no se puede acceder de manera gratuita en Internet. 

Hemos dicho que Italia es un país apegado a las tradiciones, por lo que es complicado disociar prensa escrita y papel. Hay algunas excepciones relativamente exitosas como Il Post, Tiscali o Linkiesta, aunque los últimos proyectos más ambiciosos no han abandonado esa idea romántica de la gran rotativa. El último lanzamiento significativo fue el de Il Fatto Quotidiano, el proyecto del enemigo público número uno de Silvio Berlusconi, el periodista Marco Travaglio, que vio la luz en 2009. Alejado en este caso de una gran corporación, Il Fatto irrumpió rápidamente entre los diarios más vendidos, como alternativa de izquierdas, pero en su corta andadura tampoco se ha librado de una caída en sus ventas. 

Las cabeceras que mejor capean el temporal son las regionales, otra de las peculiaridades del panorama italiano. Al menos 16 de ellas superan los 20.000 ejemplares vendidos, con unos niveles de publicidad aceptables

Las cabeceras que mejor capean el temporal son las regionales, otra de las peculiaridades del panorama italiano. Al menos 16 de ellas superan los 20.000 ejemplares vendidos, con unos niveles de publicidad aceptables. En esa Italia de la segunda mitad del XIX en la que se crearon los periódicos que todavía hoy sobreviven, la integración territorial era poco más que una declaración de buenas intenciones. Así que cada región compraba orgullosa su periódico. En esa época se fundaron buena parte de los diarios locales, con la honorable excepción de La Gazzetta di Mantova, que data de 1664, el periódico más antiguo de cuantos se siguen imprimiendo en el mundo. 

Y en esta Italia apegada al pasado, se sigue viendo mucho la televisión, como demuestran las audiencias de otra época que tienen eventos como el Festival de Sanremo, cuya final vio este año el 58% de los espectadores. El panorama aquí sigue dominado por la RAI, con una plantilla de unos 12.000 trabajadores y una docena de canales, seguida de cerca por las cadenas de Mediaset, de Silvio Berlusconi. En los últimos años ha irrumpido con fuerza Sky, filial del grupo de Rupert Murdoch, que ha mantenido una importante disputa por los derechos del fútbol con la televisión del ex Cavaliere. La próxima temporada la española Mediapro se llevará el gato al agua, por lo que en los últimos días Sky y Mediaset han cerrado su particular batalla, permitiendo que los canales de una plataforma se vean en el servicio de pago de su rival. La intención aparente es no malgastar más energías en medio de un panorama hostil.

La francesa Vivendi entró hace meses en el capital de Mediaset, disparando los rumores de la posible aparición de un gigante televisivo a nivel europeo. Sin embargo, la compañía gala frenó sus intenciones expansionistas, de modo que los expertos no terminan de verlo claro. Tampoco la alianza entre Mediaset y Sky parece una opción plausible en este momento. En cuanto a la radio informativa, también la RAI ostenta el liderazgo, sólo amenazada por Radio 24 de Il Sole 24 Ore, considerada un éxito editorial pero muy costosa económicamente.  

Según Alberto Negri, “la crisis ha llegado a Italia más tarde que a otros países como Francia o Reino Unido”, debido a las históricas rigideces del mercado laboral italiano y a esa aversión a modificar un modelo secular. El periodista en este país suele gozar de mejor reputación que en España, se le considera un experto en su materia, aunque es difícil alcanzar ese estatus con el cabello en su sitio o al menos desprovisto de canas. “El periodismo italiano se ha convertido en una profesión autorreferencial, un sector envejecido hecho por profesionales viejos”. Alberto Negri, 61 años, ex corresponsal de guerra y hoy colaborador de distintos medios.

 

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Ismael Monzón

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