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NATACIÓN

Michelle Alonso muestra el camino hacia la inclusión en el deporte

La nadadora canaria, con discapacidad intelectual, ha hecho historia al ser la primera en competir en un Campeonato de España convencional y ha estado a punto de meterse en la final de su prueba

Ricardo Uribarri 18/04/2018

<p>Michelle Alonso durante una competición.</p>

Michelle Alonso durante una competición.

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Uno de los beneficios más importantes que puede promover el deporte es la inclusión de las personas con discapacidades físicas o intelectuales. Su trascendencia puede ir más allá de cualquier éxito en una competición, por muy destacada que sea. Posiblemente por eso, la participación de la nadadora tinerfeña Michelle Alonso en el reciente Campeonato de España haya tenido más repercusión que las dos medallas de oro que consiguió en los Juegos Paralímpicos de Londres (2012) y Río (2016). Era la primera vez que una discapacitada, en este caso intelectual, participaba en el Nacional Absoluto de Natación junto a estrellas como Mireia Belmonte o Jessica Vall.

En otros países es habitual que deportistas con alguna limitación física o psíquica compitan en pruebas –por ejemplo de natación– con quienes no sufren ninguna discapacidad. Pero en España era un campo inédito hasta ahora. Es habitual en los Juegos Escolares pero no a nivel absoluto. Sin embargo, el paso que ha dado La sirenita (como la conocen) puede suponer un antes y un después. No sólo se ganó el derecho a estar presente en el evento celebrado en Málaga gracias a conseguir la marca mínima para nadar en los 50 metros braza, sino que logró superar la primera serie, clasificándose para semifinales. Y por apenas 52 centésimas no entró en la final. Acabó con el undécimo mejor tiempo de todas las participantes de la prueba.

Michelle Alonso acaba de cumplir 24 años y desde los siete practica la natación por recomendación del médico para paliar unos dolores de espalda. A los 12 años le diagnosticaron una discapacidad intelectual del 37%. Pero mucho antes ya había sufrido los síntomas. “La tenía desde pequeña pero los médicos no sabían lo que era porque todas las pruebas salían normales” comenta. “Cuando dieron con ello, entendimos por qué me costaba aprender las cosas, los exámenes, las tareas…”. La experiencia en el primer club en el que estuvo no fue agradable. “No me aceptaban como era y me sentía sola. No tenía mucha relación con las chicas. Ellas hablaban de chicos y esas cosas y yo, con mi discapacidad, era aún una niña… No mejoraba ni conseguía marcas. Como no estaba cómoda, decidí irme”, cuenta.

Estuvo a punto de dejar la natación pero sus padres decidieron inscribirla en el Club Ademi, que se dedica a la rehabilitación y la integración a través del deporte. Allí se puso en manos del entrenador José Luis Guadalupe. “Michelle sufre retraso madurativo. No habló hasta que tuvo cinco años. Los padres pensaban que era una niña retraída pero no imaginaron que tuviera discapacidad intelectual.. Al final descubrieron qué le pasaba. Su discapacidad se conoce como ‘borderline’, porque está en el borde, es la más leve a nivel intelectual que hay” explica el técnico.

En ese momento de su vida fue clave encontrar a un entrenador que supiera cómo tratarla. Michelle Alonso reconoce la importancia que ha tenido Guadalupe en su vida y su carrera: “José Luis es una parte de mí, es como un familiar. Él me cuida, me corrige, y sin él yo no estaría aquí. Le agradezco todo lo que hace por mí, los videos, los entrenos y que esté siempre ayudándome”.

En ese entorno más propicio, la nadadora empezó pronto a despuntar. “Cuando recaló aquí se integró muy rápido. Vi que hacía buenas marcas y que tenía cualidades. Además siempre ha sido muy competitiva”, señala Guadalupe. Pero para que aparezca ese potencial, hay que realizar un trabajo intenso y continuo. “El problema que tienen estos deportistas es que no saben controlar el ritmo ni muchos detalles técnicos. Hay que ser muy repetitivo con ellos. No tienen habilidades psicológicas de visualización, de control de carrera, de estrategia. Las correcciones técnicas hay que repetírselas mucho porque si no se bloquean. Es muy normal, por ejemplo, que los nadadores sin discapacidad lleven la cuenta de las brazadas que llevan. Ella las puede contar pero, si lo hace, no controla bien la técnica, por ejemplo. No lo tiene mecanizado”.

 

Michelle Alonso con la campeona de Europa, Jessica Val. 

Michelle Alonso con la campeona de Europa, Jessica Val. 

El técnico recuerda una vivencia en un campeonato para explicar las dificultades con las que deben lidiar los deportistas con esta discapacidad. “Les afecta mucho todo lo que hay alrededor. En 2015 estuvo en un campeonato del Mundo paralímpico en Glasgow y, antes de salir a nadar en una prueba, vio a unas chicas holandesas en la cámara de salida que se estaban riendo y ella entendió que se reían de ella. Eso le hizo salir como una moto, realizó el primer 50 muy explosivo y en los últimos metros estuvo a punto de reventar. Al final acabó tercera y casi se queda fuera del podio, lo que le hubiera llevado a perder la beca y toda la temporada por ese factor. Como tienen ese retraso madurativo, hay niñas que se ríen de las otras como si fueran pequeñitas, y esa tontería les influye bastante. A partir de ahí decidimos que se pusiera cascos de música antes de empezar una prueba”. Desde aquel día, Alonso sigue un ritual. “Antes de empezar a competir escucho la canción Roar, de Kate Perry. Me identifico con ella, me motiva bastante”, dice. Las personas que sufren este problema son muy sensibles al rechazo y a la crítica, lo que les lleva a aislarse de la vida social.  

La alimentación y el descanso son otros factores en los que José Luis tiene que estar muy encima de su pupila. “Un nadador sin discapacidad sabe que tiene que controlar esos aspectos pero en deportistas como Michelle cuesta más”. Ella reconoce que  el tema de la comida es importante.: “Sé que hay que cuidar la alimentación aunque me gusta mucho comer y a veces me salto un poco la dieta. Pero sólo un día, ¡eh!”.

El palmarés demuestra que es una de las mejores deportistas paralímpicas de la historia en España. Por sus dos medallas de oro en los Juegos en los 100 braza pero también por sus dos campeonatos del Mundo (2013 y 2017) y por sus tres Europeos (2011, 2014 y 2016) en la misma prueba, además de por sus récords mundiales en 50 y 100 braza. En 2013 el Consejo Superior de Deportes le concedió la Medalla de Oro al Mérito Deportivo. Ese mismo año, Mireia Belmonte ganó la de Bronce. Guadalupe recuerda que “la propia Mireia Belmonte se quedó sorprendida en el acto, como diciendo, ¿quién es esta chica a la que le dan la de oro?”. Michelle Alonso es la única deportista con discapacidad intelectual incluida en el Plan de Apoyo al Deporte Objetivo Paralímpico (ADOP).

Sus cualidades y su alto nivel de entrenamiento –se ejercita una media de cinco a seis horas diarias– le han permitido proclamarse campeona absoluta de Canarias en 2016 y 2017 en natación convencional, es decir, compitiendo con nadadores sin discapacidad, tanto en 50 como en 100 metros braza. “Cuando participa en campeonatos  paralímpicos en España no tiene referencias para comprobar su rendimiento. En su prueba les saca 25 o 30 metros al resto de nadadoras” señala Guadalupe. De ahí que se plantearan acudir a campeonatos convencionales, como este último Nacional en el que ha participado.

“Ella tenía la mínima desde hace dos años para participar en el Campeonato de España convencional pero hasta ahora nunca había habido ocasión de ir, porque siempre nos coincidía con eventos internacionales a nivel paralímpico. Esta vez sí fue posible y decidimos inscribirla para que probara la exigencia del máximo nivel. El balance es bueno a nivel deportivo aunque yo pensaba que podía haber llegado a la final. En semifinales hizo una mala salida y eso la lastró. Ya tiene la experiencia de esta participación y esperamos que pueda repetirla” señala el entrenador.

La deportista confiesa que cuando José Luis le comentó que iban a ir al Nacional se emocionó porque iba a competir con grandes deportistas e iba a estar con nadadoras como Jessica Vall (con quién nadó en una serie) y Mireia Belmonte. “Estoy contenta de la experiencia y del resultado que he obtenido. Sabía que era muy difícil pasar a la final porque había chicas con mejores marcas que yo. Para mí ha sido muy importante porque es la primera vez que una nadadora con discapacidad participa en un campeonto absoluto. No sabría decir si tiene más valor que ganar una medalla olímpica. Más o menos. Las Paralimpiadas son un gran reto y esto también”, cuenta.

Alonso recuerda que hubo un aspecto en el que notó la diferencia entre las pruebas en las que está acostumbrada a participar y el Campeonato de España Absoluto. “Hubo algo que no me gustó, el calentamiento. Se juntaban en el agua los junior y los absolutos y había mucha gente. Me tocaban los pies y la cabeza muchas veces y me tenía que parar. La próxima vez tendré que ir muchas horas antes para encontrar la piscina vacía”, comenta entre risas. En cualquier caso, tiene claro que “haber participado me motiva para seguir esforzándome. Me gustaría volver y pasar a la final”.

El alcance mediático de la presencia de Michelle Alonso en Málaga ha sido muy importante. La tinerfeña espera que su ejemplo pueda servir para que haya más casos como el suyo en el futuro. “Ha sido increíble la cantidad de  mensajes que he recibido. La noticia ha salido en un montón de sitios. No esperaba que tuviera tanta repercusión. Me gustaría que más personas con discapacidad pudieran ir a estos campeonatos, pero no es fácil. Hay que luchar duro y cuesta un montón”.

Ese es el reto de los profesionales que, como José Luis Guadalupe, se dedican a sacar lo mejor a nivel deportivo de los deportistas con discapacidad. “Antes la natación de discapacitados intelectuales era casi una natación social. Era difícil que tuvieran un gran nivel ya que entrenaban tres veces a la semana porque tenían un trabajo o cursos. Había campeones de España de su categoría pero de ahí no pasaban.  Lo deseable es que los clubes convencionales puedan hacer una captación de este tipo de nadadores. Estoy seguro que debe haber más Michelles por ahí. Hay una cantera que estamos buscando”.

El entrenador señala la importancia que tiene diagnosticar el problema que sufren estas personas para poder buscarles las salidas adecuadas. “A la discapacidad intelectual le llaman la discapacidad invisible, porque en casos como el de Michelle no se les nota. Físicamente se las ve normales, pero les cuesta mucho expresarse, las relaciones sociales, la memoria y los gestos técnicos. Los padres a veces no reconocen esa incapacidad y lo ven como algo normal. Y otros lo esconden. A Michelle le ha venido muy bien el deporte para madurar”, dice. La nadadora apoya las palabras de su técnico sobre la influencia del entorno más cercano. “La familia es muy importante. Es un apoyo más. A mí me ayuda en todo lo que necesito y me anima a seguir nadando y a conseguir más retos”.

Guadalupe resalta la necesidad de promover la inclusión de estos deportistas a través de su participación en pruebas convencionales, como sucede en otros países, “porque esa será la forma de que se puedan igualar al resto de nadadores a nivel internacional”. “Hay una relación directa entre las naciones que más fomentan la inclusión con su puesto en el ranking a nivel internacional. España está en el puesto 10 a nivel paralímpico de natación y países como Inglaterra, Australia, Holanda, Francia, Italia, Alemania son punteros porque son los que más se dedican a ello… Es necesario potenciar las competiciones conjuntas a nivel absoluto. Nosotros luchamos para que estos chicos no tengan esa distinción. Entendemos que por tener una discapacidad no tienen por qué ser tratados de una forma especial. Ellos rinden como cualquier otro deportista dentro de sus limitaciones. Igual si a un nadador convencional le dices que pare un brazo o doble un codo hace peor marca que un nadador discapacitado”, explica.

El entrenador del club Ademi advierte sobre un problema que puede frenar esa aspiración. “Todo se reduce a que la Federación de Discapacitados no quiere que sus mejores deportistas se vayan a la Federación de Natación y se queden sin recursos. O que sólo trabajen la base y, después, los de alto rendimiento se vayan. Todos tienen sus propios intereses. Debe haber un acuerdo político a nivel estatal que regule estas cosas. Tiene que llegar el momento en que los nadadores discapacitados de nivel, tanto los intelectuales como los físicos, puedan participar en pruebas de los campeonatos convencionales con clasificaciones separadas”.

Las estrecheces económicas de los organismos que velan por los deportistas paralímpicos son, a juicio de Guadalupe, un importante condicionante para su impulso.  “Una Federación de deportes con discapacidad intelectual o físicos no puede dar becas a un deportista por mucho que quede primero, segundo o tercero del mundo por sus escasos recursos económicos. En cambio, la Federación de Natación tiene becas muy buenas y no sólo para los cuatro primeros, también para los que entran en finales en un Mundial. Es verdad que sus marcas son más exigentes ya que se deben lograr el día que toca, mientras que en paralímpicos lo pueden hacer a lo largo del año”.

Preguntado sobre qué labor hacen los poderes públicos para favorecer la integración de los deportistas paralímpicos, Guadalupe contesta que “el Consejo Superior de Deportes sí iguala los premios económicos, ya sean Mundiales, Olímpicos o Paralímpicos, en función del número de participantes. El Gobierno parece que está por la labor en algunas cosas y en otras no. Antes el oro olímpico se pagaba a 90.000 euros y el paralímpico a 30.000. Para Tokio 2020 parece que las cantidades van a ser de 100.000 y de 45.000 euros. El Comité Olímpico y el Paralímpico tienen sus ingresos por patrocinio diferenciados y entonces entra mucho más dinero en el Olímpico. De ahí también la diferencia en las becas. A nivel estatal hay cosas que se intentan equilibrar pero a nivel federativo, social o de medios sigue sin haber equiparación. Lo de Michelle ha sido un ‘boom’ mediático que nos puede ayudar mucho. A ver si a partir de ahora se ponen de acuerdo las Federaciones y el año que viene pueden hacer un Open de Primavera inclusivo. Espero que empiecen a negociar ya”.

Con la satisfacción que supone haber protagonizado un hecho histórico, Alonso fija ya la mirada en sus siguientes objetivos. El primero, el Europeo en agosto, en Dublín. “Allí participaré en 100 braza, que es mi prueba favorita, 200 libres, 200 estilos y, si consigo la mínima, en 100 mariposa. ¿Medallas? No pienso en cuantas puedo lograr. Intentaré bajar las marcas y subir al podio. No digo en qué puesto. Ya se verá”.

Y aunque aún faltan dos años, resulta inevitable preguntar por la cita que afrontará en los Juegos Paralímpicos de 2020. ¿Sueña con la tercera medalla de oro? “Sería increíble lograr otro oro en una ciudad como Tokio, que me fascina. Soy una friki del manga y me gusta la cultura, las casas y la comida japonesa. Tuve la oportunidad de estar en un campeonato allí y me encantó. Espero traerme muchas cosas en la maleta”.

Ejemplo de que las barreras se pueden superar con trabajo y determinación, Michelle Alonso seguirá dando mucho que hablar dentro y fuera de la piscina.

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Autor >

Ricardo Uribarri

Periodista. Empezó a cubrir la información del Atleti hace más de 20 años y ha pasado por medios como Claro, Radio 16, Época, Vía Digital, Marca y Bez. Actualmente colabora con XL Semanal y se quita el mono de micrófono en Onda Madrid.

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