1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Cuarto de derrota (2)

Segunda entrega del ensayo narrativo sobre el pecio cibernético

Víctor Sombra 9/06/2018

<p><em>Sello de 4 centavos puesto en circulación en 1969 por el servicio de correos de las Islas Vírgenes. Autor: Jennifer Toombs. En dominio público por la ausencia de derechos en el país de origen</em></p>

Sello de 4 centavos puesto en circulación en 1969 por el servicio de correos de las Islas Vírgenes. Autor: Jennifer Toombs. En dominio público por la ausencia de derechos en el país de origen

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Queremos sacar a Guillem Martínez a ver mundo y a contarlo. Todos los meses hará dos viajes y dos grandes reportajes sobre el terreno. Ayúdanos a sufragar los gastos y sugiérenos temas (info@ctxt.es).

VII. Yinkana de piratas autómatas.

La segunda bala arruinó la cubierta y la mitad de las páginas de La Isla del Tesoro, una obra que traslada el control de la nave del ámbito de los fenómenos naturales al de la voluntad humana, de la tempestad al motín. La conexión cibernética es aquí más clara. La voluntad de apoderarse del tesoro atraviesa la historia, pero también, ante un medio desconocido, la información que se va recibiendo, paso a paso, irá definiendo el modo de conseguirlo.

La estructura del relato recuerda al juego de la yinkana. La formación de dos equipos ocupa los primeros capítulos. Un bando que llamaremos oficialista o mercantil rodea al niño que se ha hecho con el mapa del tesoro. Está formado por un hacendado local que financia la expedición, sus sirvientes, el capitán del barco, un doctor, y unos pocos marineros. Su acercamiento al rescate es empresarial. La inversión del hacendado que fleta el barco será recuperada con el tesoro, que compensará el riesgo asumido y retribuirá las contribuciones de cada miembro del equipo. El otro bando, mucho más numeroso, está formado por piratas, algunos de ellos procedentes de la tripulación del capitán Flint, que enterró el tesoro en la isla tres años antes. La indiscreción del hacendado le lleva a contratar a los piratas como tripulación, de forma que ambos bandos navegan juntos y en un primer momento forman un solo equipo que colabora en alcanzar la isla. Una vez fondeado el barco se acaban de definir los dos bandos y comienza la partida. Ambos grupos deben afrontar una serie de pruebas para hacerse con el tesoro: apoderarse del barco y mantenerlo a resguardo, tomar la empalizada como base de avituallamiento y defensa con que afrontar su búsqueda, atravesar la isla y localizar el tesoro, llevándolo de vuelta al barco y finalmente de regreso a casa[1].

Aunque está claro que Stevenson quiere que se note su esfuerzo por diferenciar la cualidad moral de ambos bandos, el texto deja transpirar que uno y otro no son tan diferentes. Como se señala al final del libro las monedas del tesoro son fruto de la rapiña, cuyo precio no son solo los diecisiete hombres fallecidos de la tripulación de la Hispaniola. “¡Cuántos más había costado amasarlas, –nos recuerda el narrador–  cuánta sangre y desgracia, qué buenos barcos hundidos, cuántos valientes tuvieron que marchar con los ojos vendados sobre el tablón, qué cañonazos, cuánta vergüenza y mentira y crueldades, tantas que quizá nadie podrá nunca conocerlas!” En el fondo la rapiña de los bucaneros se añade a la de los poderes coloniales que transportan inicialmente esas riquezas, de modo que un último saqueo no hará que pierda su condición, ya lo ganen los piratas o el bando mercantil. Y es curioso que en inglés el juego de la búsqueda del tesoro se apoye en la palabra “scavenger”, carroñero, “scavengers hunt”, algo así como la caza de los carroñeros.  Al plantear de ese modo el argumento, dos equipos, un mapa que señala la localización del tesoro, una serie de desafíos, Stevenson los coloca ante la casilla de salida, en plano de igualdad.

Ahora que sabemos a qué jugamos, nos podemos centrar en cómo los dos bandos despliegan sus esfuerzos para alcanzar un objetivo común. Desde un punto de vista cibernético importa contar con un objetivo definido, e importa, para poderlo cumplir, recibir información del entorno. Esta realimentación puntual y fiable es la que va a permitir que el grupo menos numeroso y peor armado, el que se haya en posesión del mapa al inicio de la partida, se haga finalmente con el botín[2]. Y es precisamente el niño, Jim, el que va a cerrar el ciclo de realimentación de información, dando a conocer a su equipo las intenciones del contrario, así como elementos claves del medio en que tendrán que desplegar la búsqueda. Esta captación de información tiene lugar en tres instancias diferentes en que Jim se separa de su equipo.

La primera separación tiene lugar en el barco, cuando Jim se duerme en un barril de manzanas, oyendo al despertar a miembros del otro equipo revelar sus intenciones, lo que permitirá a los suyos anticipar su ataque. En la segunda Jim decide inopinadamente bajar a la isla con parte de los marineros, casi todos piratas, respondiendo al ofrecimiento que el  capitán dirige a toda la tripulación.  En esa segunda ausencia Jim conoce a Benn Gunn el pirata que había sido abandonado tres años antes por sus compañeros. “Te haré un hombre Jim… –acaba por decirle Ben Gunn– Tú fuiste el primero en encontrarme.” La asociación de Ben Gunn al equipo de Jim será decisiva para su victoria, no solo porque conoce a fondo la isla y cuenta con herramientas clave para sobrevivir en ella, sino porque ha localizado ya el tesoro cambiando su emplazamiento, lo que permitirá la magistral jugada final que derrotará al otro equipo. La tercera salida, en la que Jim escapa de la empalizada en la que se ha refugiado su equipo, le permitirá localizar el barco y arrebatarlo del control de los piratas[3].

Encontramos por lo tanto una finalidad bien definida, la búsqueda del tesoro, en cuya consecución la información resulta decisiva, y una serie de actividades dirigidas a conseguirlo. La mayor parte del tiempo los bandos se dedican a cumplir las instrucciones inherentes a cada desafío: hacerse con el barco, conquistar o defender la empalizada. Hay sin embargo unas pocas ocasiones en que los bandos logran un entendimiento global de la competición. No se fijan solo en el lance concreto en que se hayan inmersos sino que alcanzan una visión panorámica, relacionando de forma sistémica sus elementos y anticipando la secuencia de acontecimientos a los que van encaminados. Cuando el barco queda fondeado frente a la isla, los bandos no están aún completamente definidos pero los piratas están deseando arrebatar el mapa al capitán y sus leales. La tensión va en aumento y Silver tiene dificultades para controlar a su propio bando. El capitán decide dar libertad a la tripulación para bajar a la isla, permitiendo así que los equipos se definan en un contexto más favorable y que Silver afronte el desafío de controlar a los suyos. De alguna forma se trata de una reescritura de las instrucciones de la competición, cuyo curso queda a partir de entonces alterado. Pero el ejemplo más destacado de reescritura del programa que los bandos ejecutan viene facilitado por la intervención de Ben Gunn, que ha cambiado la localización del tesoro. Al sumarse al equipo mercantil este puede explorar la diferencia entre lo que dice el mapa y la verdadera localización del tesoro. Alcanza así un acercamiento no literal al problema: las monedas y su dibujo pueden no coincidir. Esto le llevará a entregar el mapa al equipo contrario, así como el control de la empalizada.  Luego se emboscará, esperando a sus contrincantes en el lugar de excavación señalado por el mapa, decidiendo el final de partida.

Parece claro que el equipo que recibe información del medio y actúa coordinadamente, va a poder no solo cumplir las instrucciones del juego sino reescribirlas a su favor. Tienen una visión sistémica e informada. Son los dueños del algoritmo que, una vez editado, les llevará al tesoro, que no está necesariamente donde los otros lo buscan, en el lugar que señalan los mapas.  El juego no se agota en sus reglas, empieza a partir de ellas.

Si hay un personaje capaz de romper las reglas del juego es Long John Silver, cocinero de la expedición y antiguo contramaestre del capitán Flint. Silver ha comenzado a jugar antes que empiece la partida: al conocer que se fleta un buque para zarpar en la búsqueda del tesoro, se gana la confianza del hacendado, quien le encargará contratar marineros para la expedición. En el transcurso de la acción se mantendrá siempre cerca del timón, apoderándose a veces del rumbo de los acontecimientos, como cuando asalta el fuerte o se apodera del buque. Silver tiene una visión muy nítida de la dirección que toman los acontecimientos, e identifica certeramente a Jim como un elemento clave en su desarrollo. Se alarma al verlo subir con los piratas a los botes cuando desembarcan por vez primera, y más aún cuando escapa por la isla. Silver se va convenciendo de que su equipo tiene pocas posibilidades de ganar y comienza a preparar una y otra vez su propia salvación.

Cuando el bando mercantil entrega el mapa a cambio del cese de las hostilidades, los piratas ven claramente la victoria al alcance de la mano. Tienen localizado su objetivo y cuentan con los medios necesarios para alcanzarlo. Silver hace una lectura diferente. Intuye que hay algo que desconoce y que esa falta de información será la causa de su ruina. La captura de Jim le ofrece la oportunidad de labrarse una vía de escape. Salva la vida del chico, enfrentándose a sus colegas, a cambio de que Jim interceda por él si su bando vence. Luego, cuando se ve junto al lugar del tesoro señalado en el mapa se olvida de su promesa, y trata a Jim como si su vida ya no valiera nada. Sin embargo, el tesoro ha sido desenterrado. Sobre la excavación, a punto de sufrir el embate de sus frustrados y furiosos compañeros, Silver mantiene la cabeza fría. Le pasa al chico una pistola cargada:

        

         Jim –murmura– toma esto y prepárate para afrontar problemas.

 

         Jim está tan harto de sus cambios de lealtad, que no puede evitar murmurar:

 

         Así que has cambiado de nuevo de bando.

 

Si el último giro define el rumbo, Silver no deja de ser un pirata arrepentido. La doblez de la que le acusa Jim se vería acrecentada si la consideramos desde el punto de vista de sus colegas, ya que, al fin y al cabo, Silver acaba en el bando mercantil y no sufre su castigo. Sometido al juicio colectivo del consejo de bucaneros, se le depone por dejarse ganar, por incompetente y por entenderse con el enemigo, pero Silver de nuevo les convence, recuperando así su liderazgo. Silver es también el personaje más complejo del relato[4]. Su estrafalaria figura, su biografía variada, su charla cautivadora, se combinan con una visión penetrante de los acontecimientos, una capacidad insólita para apoderarse de su rumbo. Se coloca como nadie en el cuarto de derrota, entre los objetivos y su cumplimiento, y solo la falta de información le hará perder la partida. Sería el más cibernético de los personajes de “La isla del Tesoro” si no fuera porque su sistema no va más allá de sí mismo, quiere el oro pero no cuenta con la información necesaria y, al no poder conseguirlo, quiere salvarse como sea, y lo logra. No es capaz de establecer un sistema que de forma estable proporcione a su equipo la información necesaria para conseguir sus objetivos. Es cierto que el bando mercantil cuenta con la ventaja de un relato dominante que presenta su expedición como una inversión legitima cuyos réditos serán distribuidos conforme a la ley. El microsistema de su expedición está sostenido por el sistema moral, legal y económico imperante.    

El análisis del comportamiento de cada equipo, a partir de unas reglas comunes, debe completarse con un examen cibernético del relato en su conjunto. El equilibrio que supone que ambos equipos partan de las mismas reglas desaparece si observamos el texto como un sistema global del que forma parte el lector. Tal y como señala Constantino Bértolo en La cena de los Notables[5], sabemos muy poco del bando pirata. Salvo Silver, sus personajes apenas se caracterizan y sus conversaciones, hasta las más cruciales, como el consejo bucanero que depone a Silver, se hurtan a la consideración del lector.  Si observamos el ciclo de realimentación de información en el curso de la lectura, solo nos llega noticia puntual y fiable del bando mercantil. El bando pirata aparece cegado para el lector, que queda por tanto abandonado a estereotipos previos a la lectura. La cibernética de segundo orden –la que tiene en cuenta al observador en sus ciclos de realimentación de información– parece confirmar el juicio que califica la novela de “ideológicamente tramposa”. 

VI.  Trasvases

Llevábamos un buen rato esperando a Hortensia, que nos iba a hacer participe de su lectura de La isla del Tesoro, cuando sonó el teléfono. No iba a venir. Rodrigo puso el altavoz para que también yo escuchara a Hortensia: 

—No estoy segura de querer seguir adelante. Lo que estoy descubriendo me interesa mucho, pero al mismo tiempo la ofensa no se borra. El comportamiento de Eva y el señor Burrone es imperdonable. Lo que me pide el cuerpo es reprogramarlos, replantear todo el proyecto….

—Nos quedaremos sin saber adónde llevan las lecturas - apuntó Rodrigo.

—Es cierto, eso es lo que me retiene. Además ahora las empiezo a conectar una con otra. Si finalmente sigo con este ejercicio quiero que nos reunamos sólo tras la lectura del tercer libro. Ambos comparten la herida, o mejor dicho, aunque la herida sea diferente, voy a hacer que compartan sutura.

—La sutura común me parece un remedio cibernético –dijo Rodrigo.

—Igual que seguir la lectura de un libro en otro -apunté.

—No os entusiasméis –dijo Hortensia–. Si en una semana no habéis recibido el nuevo comentario, olvidaos de todo esto. Habré dado cuenta de ese par de muñecos airados.

Rodrigo y yo nos quedamos charlando, incapaces de anticipar el rumbo que tomaría la profesora.

VII. Y tendrás el origen de todos los poemas.

La tercera bala abrió un surco en la parte superior de las páginas de

 Quédate este día y esta noche conmigo, el más joven de los tres heridos[6]. La novela de Gopegui es una solicitud de empleo dirigida a Google, escrita conjuntamente por el solicitante, Mateo, un joven interesado en los robots, y su amiga Olga, matemática jubilada. La novela relata el proceso de escritura de la carta de solicitud y su recepción por parte de quien debe valorarla.

Se trata de un texto de fuerte carga cibernética, al menos por la razones siguientes:

Por su propia naturaleza una carta está atravesada por su propia  finalidad. Hay un destinatario concreto, Google, y un objeto declarado, obtener un empleo.

El texto se construye como una serie de conversaciones. La conversación entre el joven estudiante y la matemática jubilada abre a su vez un diálogo entre ambos y Google. Esta última conversación queda sin respuesta pero, en cambio, el empleado de Google encargado de cribar las solicitudes dará su propia contestación a la carta. Tres conversaciones, por tanto, una de ellas fallida. 

Es un texto transversal que, impulsado por las conversaciones mencionadas, rompe silos entre disciplinas, géneros y generaciones y entre personas físicas y colectivas.

La novela problematiza la compatibilidad, clave de la interacción humana y de la relación entre personas y máquinas. El simple hecho de remitir la carta en un formato no compatible, sin usar los formularios y protocolos establecidos, nos convoca a reflexionar sobre como las grandes plataformas nos imponen un proceder social constatable y tabulado, que ellas redefinen una y otra vez en función de sus objetivos comerciales. Nuestras opiniones se expresan e intercambian en cauces prefijados, por los que también discurre nuestra actividad laboral y nuestro ocio. Estas empresas no dudan en alterar constantemente las herramientas que ponen en nuestras manos y que llaman nuestras -correo, redes sociales, programas, aplicaciones-, dejando incluso que se hagan obsoletas para impulsar así la adquisición de nuevas versiones de lo mismo.  La novela llama a fijarnos en las experiencias no reducibles a esa tabulación –la amistad entre Olga y Mateo, por ejemplo– no porque sean ajenas a su consideración en la máquina, sino porque escapan a la maquinaria del capitalismo y la cuestionan, como otros tantos palos en su engranaje. La tensión se desplaza de la relación entre el humano y la máquina a la relación entre ambos, de un lado, y el Capital, de otro. 

En consonancia con lo anterior, el texto enfatiza la diversidad, la de quienes participan en las conversaciones que propone, y la de los medios de protesta y combate. De las tres conversaciones propuestas, solo hay una truncada, la que relaciona a quienes redactan la carta con su destinatario. Nada sabemos de lo que Google tiene que decir de la solicitud, y la falta de reflejo de la reacción corporativa da pie a imaginar otro relato, quizá una nueva novela, que la contenga[7].

La Cibernética está muy presente en la conversación entre la jubilada y su joven aliado, tanto en los temas como en el modo de abordarlos. El carácter subversivo del diálogo ajeno a los cauces sociales y tecnológicos. La programación colectiva como ámbito de la autonomía. La comparación del humano y la máquina como forma de impulsar el conocimiento de ambos. El cuestionamiento del mérito y la libertad individual, en especial en una sociedad cuyos parámetros no decidimos, pero que nos ofrece una serie de opciones confortablemente compatibles. Todo a cambio de que creamos –o finjamos hacerlo– que la nave va sola. A cambio de que olvidemos dónde se halla el cuarto de derrota.

Quédate este día y esta noche conmigo es una apelación, una carta crítica que no es contestada. Y este carácter antagónico importa tanto como la falta de respuesta. Estamos tan acostumbrados a esa indiferencia que ya no esperamos respuestas. Ese pasar por alto todo lo que no sea comercialmente aprovechable nos dice mucho de la forma de operar de las grandes plataformas tecnológicas. Y nos permite problematizar el devenir de la Cibernética, sacándola de la taxonomía aséptica de las disciplinas científicas.

Si la Cibernética ofrecía una cacofonía de difícil interpretación no es menos cierto que proponía una instancia común de alerta y validación del curso que se va dando la sociedad, un espacio para calibrar la respuesta del medio y corregir el rumbo. Algunos piensan que había demasiada gente en el cuarto de derrota, que se acumularon demasiadas herramientas analíticas, que la cortina que lo separaba del puente de mando no se mantuvo bien cerrada y la luz de tantas ideas enturbiaba el rumbo. Es posible. Otros piensan que un instrumental más sofisticado y abundante era necesario para surcar una mar cada vez más complicada. Que tapiar el cuarto de derrota resultó tremendamente provechoso desde un punto de vista mercantil. Quienes conciben Internet como una implementación tecnológica del Capitalismo, un potenciador exponencial de sus procesos de depuración y acumulación de Capital, no quieren testigos, ni una dirección colegiada atenta al entorno y los recursos disponibles. Quieren herramientas que impulsen la nave, cuanto más rápido mejor, pero no instrumentos para calibrar adónde se dirige ni los recursos que consume. 

VIII. Una carta para Long John Google

Hortensia nos ha citado en la librería. Le ha pedido a Rodrigo que avise también a Eva y al señor Burrone. Nada más llegar, sin saludar más que con un gesto de cabeza, se ha colocado frente a nosotros, con las estanterías a su espalda. Ha sacado un par de folios del bolsillo y ha fijado la mirada en sus colaboradores. Hemos buscado asiento, eligiendo casi las mismas butacas del día de la presentación. Ella ha comenzado a leer: 

Sin desdeñar el papel de tormentas y abordajes, creo que fue un motín lo que perdió la nave cibernética. Un lento motín mercantil que hará que quienes largaron amarras como bucaneros del conocimiento acaben navegando, décadas después, como mercaderes de aire.

El señor Burrone y Eva la miraban atentos, pero con un punto de desconfianza. Llevaban puesta la misma ropa del día de la presentación: Burrone un traje claro y Eva pantalón y chaqueta verde oscuro. Ambos apoyaban los brazos en los respaldos de las sillas contiguas.

No soy la primera que advierte el vínculo que une a la comunidad anti-disciplinaria de los cibernéticos con los movimientos alternativos de los sesenta. Ese ambiente interdisciplinar e inconformista, unido al papel de las Universidades y los centros públicos de investigación, hará posible la transformación digital a partir de finales de los 80. Durante unos años la singladura reunirá a los cibernéticos más radicales y al movimiento de programación abierta con los futuros capitanes de la industria. Los Steve Jobs y Bill Gates se cruzan en el puente con los herederos de Wiener, pero todos van distraídos, cada vez más ajenos al rumbo común. Sellando en sueños los doblones de todos con sus propios logos. No será necesario abandonar en la isla a ningún recalcitrante, bastará con darle un camarote mejor a Stallman, otro a Lanier y a Lessig, y otro más a Jimmy Sales. No hará falta arriar la bandera pirata. Una sucesión casi imperceptible de retoques la irá asimilando a las distintas marcas. Se ha tapiado el cuarto de derrota y todos decimos que nunca ha existido. No nos hace falta, solo es preciso avanzar sin demora, a ningún sitio, enarbolando un corazón, un beso, un pulgar alzado, lo que sea para tapar la angustia y dejar claro que el rumbo de todos no importa. 

¿Por qué es Google el destinatario de la carta de los protagonistas de Quédate este día y esta noche conmigo? Como nos recuerda el narrador, Google no es la única empresa tecnológica y, según el ámbito que se considere, puede no ser la más importante. Eso sí, es el punto de entrada a Internet para buena parte de nuestras actividades. Es el contramaestre de nuestro pulso, embarcado en las Redes. Al igual que Silver, Google contrata a la tripulación y la lidera, al tiempo que la engaña. Destaca por su voluntad totalizadora y omnímoda, su ambición por estar presente en todos los sectores y áreas de negocio. Y es cierto que mantiene al mismo tiempo un esfuerzo notable a favor de la apertura y la gratuidad de sus servicios, un énfasis destacadoen la transversalidad[8] e interoperabilidad frente al modelo de jardín cercado de Microsoft o Apple.

Google es el verdadero Long John Silver de la singladura digital. No puede negar el origen cibernético del botín que ha sellado con su logo, desde el aprendizaje automático de sus sistemas de traducción al énfasis en la interoperabilidad, la transversalidad y el libre acceso. Abraza y abandera la Cibernética para ampliar su base de negocio, como fuente de una expansión que ha fagocitado sectores empresariales enteros en una política de tierra quemada que se viste del ropaje de las buenas conductas y mejores palabras. Sin embargo, Google, como el veterano pirata, mantiene siempre un ojo en el otro bando. Quiere seguir siendo la bisagra capaz de dar la vuelta a todas las situaciones. Forma parte del motín que se ha apoderado de nuestra singladura digital, pero sabe que no llegaremos a buen puerto sin timón ni vigía. Sabe, aunque lo niegue una y otra vez, dónde está el cuarto de derrota.

Y es aquí donde Olga y Mateo, los protagonistas de Quédate este día y esta noche conmigo, buscan el terreno común, previo, de un lenguaje antidisciplinario, incompatible,  inconformista. Quieren apelar al tiempo en que todos juntos levamos anclas, a la comunidad que hizo posible el surgimiento de Google, a lo que quede de ella en su ser colectivo. Por eso le escriben una carta a dos manos, una carta a través de géneros y edades, recordando los viejos temas cibernéticos. Los mismos que harían nuestro futuro viable. Lo hacen sabiendo que Google solo responderá por su propio interés, pero buscando igual –Jim, toma esto y prepárate para afrontar problemas…- el gesto que ponga en sus manos una pistola cargada de futuro. Podemos interpretarla de distintos modos, pero no podemos negar que la carta existe.

Eva y el señor Burrone se han levantado de golpe.

—¿Para cuándo la respuesta de Mountain View? -han preguntado al unísono.

Hortensia se echó a reír. Tenía los ojos brillantes:

— Me habéis quitado la palabra de la boca. Justo así quería acabar mi lectura… Preguntemos de nuevo todos juntos, bien fuerte, venid. Y tú, Sombra, toma nota de todo esto.

Burrone y Eva se acercaron a Hortensia. Los tres se tomaron de los hombros, riendo. Exclamaron:

—¿Para cuándo la respuesta de Mountain View?



[1] Esto se compadece bien con el modo en que Stevenson concibió la escritura del texto, en sí misma un juego, que tenía a su sobrino como destinatario. Stevenson leía a la familia el capítulo que escribía cada día y recibía aportaciones de sus miembros, como de su padre, que insistió por ejemplo en llamar Morsa (Warlus), al buque del capitán Flint. Ventajas de una vida sin redes sociales.

[2] Una vez definidos los equipos, al llegar a la isla, el equipo mercantil cuenta con 7 miembros, frente a 19 del pirata. 

[3] Es curioso como el comportamiento de Jim en los tres casos es asimilable al de la captación automatizada de información. En el barril de manzanas Jim se ha dormido y le despierta la conversación de los piratas. En la segunda escapada, él mismo señala que “se me ocurrió de golpe ir a tierra. En un santiamén me deslicé en un bote…”. En el tercero, está sufriendo un calor tremendo en la empalizada y le aturde la visión de los heridos y moribundos, cuando se imagina caminando por el bosque fresco junto a la playa, y decide saltar la verja.  Se trata de procesos inconscientes o semiconscientes que resultarán en la captación de una información decisiva y acabarán inclinando la balanza a favor del equipo que la obtiene. Procesos que recuerdan los circuitos fisiológicos  de captación de información suministrada a las redes neuronales. 

[4]   Stevenson explicó que para crear a Silver se inspiró en su amigo, el escritor y editor. W. E. Henley, un hombre valiente, truculento y desafortunado que tenía una pierna amputada. Dice que lo hizo, sustrayendo del modelo de Henley “sus mejores cualidades de gracia y temperamento”, dejando solo “su fortaleza, su valor, su rapidez y genialidad”. Un personaje central, bisagra, capaz como Jano de mirar al tiempo a ambos lados y de dar la vuelta a todas la situaciones, siempre a su favor. La crítica Naomi Lewis (Treasure Island, McMillan 1993. Introducción) considera que la combinación de caracteres en Silver es un precedente de otra obra de Stevenson en que se dan cualidades opuestas en una sola persona: Doctor Jekyll y Mr. Hyde

[5] La cena de los notables Editorial Periférica, 2008, contiene una análisis detallado de la novela de Stevenson, aunque el interés de Bértolo por los piratas se manifiesta en otros contextos. En un reciente tuit suyo se lee que el pirata “comercia fuera del contrato mercantil” y por tanto se le aplica la máxima: “El que roba a un ladrón pero no tiene cien años de perdón.”

[6] https://www.megustaleer.com/libro/quedate-este-dia-y-esta-noche-conmigo/ES0154064

[7] Mientras esa respuesta no se produce el libro ha provocado ya un relato social, el del estrepitoso silencio de la empresa.

[8] Las nuevas propuestas de Google siempre buscan conectarse al resto de sus servicios, aprovechando las sinergias entre ellos y el efecto red de ampliar el universo de sus usuarios. Pero la transversalidad va más allá. Se hace patente en sus reflexiones internas más estratégicas, como en la reciente propuesta de un libro mayor egoísta, concebido como una contabilidad total y constantemente actualizada de nuestros datos, que proyecta diversas teorías genetistas a la gestión de datos, principalmente la epigénesis y la secuenciación del genoma: https://www.youtube.com/watch?v=fvUN6Cbogfo

Autor >

Víctor Sombra

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí