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Morder el anzuelo

No hay semana en que una superproducción de Hollywood o un concurso de talentos no haga algo revolucionario. ¿No es ingenuo pensar que el mismo sistema que nos oprime será el que nos libere?

Joaquín Jesús Sánchez 29/06/2018

<p>Cartel de la película Black Panther (2018).</p>

Cartel de la película Black Panther (2018).

Lindsay Silveira

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En Arabia Saudí volverán a abrir salas de cine. Lo decía el periódico el otro día. Treinta y cinco años llevaban sin proyectar nada, no sea que se les colara algo inmoral. Para la ocasión han escogido Black Panther, esa película de superhéroes que fue tan celebrada hace unos meses porque, por lo visto, era subversiva y empoderaba una barbaridad. No puedo dejar de preguntarme: ¿cómo de inofensivo debe de ser algo para que ni a la mayor satrapía del mundo le cause problemas?

Con bastante frecuencia se puede leer aquí y allá que algún producto cultural de masas es revolucionario. Hubo quien interpretó el estreno de Wonder Woman como un logro feminista; la última edición de Operación Triunfo, donde unos chicos se besaron, de la lucha LGTBI; Black Panther, celebrado como una reivindicación afrodescendiente. Se celebra la visibilización (el activismo está lleno de palabras ortopédicas) de minorías, colectivos oprimidos o cualquier grupo que se sienta desplazado del discurso hegemónico que se repite en las pantallas, en los libros o por los altavoces. Lo que resulta de una candidez casi peligrosa es creer que ese mismo sistema que ha arrinconado a mujeres, negros, homosexuales y a otros tantos a roles menesterosos será el mismo que los aupará hacia su emancipación.

Lo que resulta de una candidez casi peligrosa es creer que ese mismo sistema que ha arrinconado a mujeres, negros, homosexuales y a otros tantos a roles menesterosos será el mismo que los aupará hacia su emancipación

Black Panther es, se mire por donde se mire, una película típica de superhéroes. Ni siquiera es de las buenas. En un pedazo de África se estrella un meteorito con un metal preciosísimo. Esto permite, no se sabe muy bien cómo, que este país, que se llama Wakanda, prospere a una velocidad extraordinaria. Tienen la tecnología más avanzada del mundo, pero a la vez, chamanismo. Edificios altísimos coronados por chamizos, técnicas para reparar lesiones de columna en un cuarto de hora y empalizadas. Una sociedad hipertecnológica y tribal que escoge a su gobernante (¡un rey!) en una pelea a muerte al borde de una cascada. Lanzas, aviones que se conducen desde un holograma, vestidos africanizantes, moralina del por qué somos una autarquía cuando podríamos ayudar a los negros que malviven en los arrabales neoyorquinos y gritos nacionalistas (Wakanda forever!). Tantas premisas inverosímiles que tragar y tantos agujeros de guión como cualquier otra película del género: un genio con un emporio militar que crea inteligencias artificiales y armaduras a gogó, un muchacho que tira flechas sin mirar y acierta siempre, sueros que convierten a un niño escuchimizado en un hombretón portentoso… Hasta el conflicto es intercambiable: ¿debe una sociedad ultra avanzada abandonar el hermetismo en que se protege para ayudar a otros?

Este problema, calcadito, es el que mueve la acción de Wonder Woman; pero con mujeres guerreras en vez de con africanos guerreros. Se cambia un poco la mitología, se ajustan los superpoderes que correspondan y a funcionar. ¿A qué tanta celebración? Ah, lo de la visibilación. Es cierto que la representación es un instrumento político poderosísimo. Lo que la ideología hegemónica no muestra, lo oculta. El caso del cine es particularmente claro: la industria ha generado estereotipos de éxito, de fracaso, de masculinidad, de feminidad y de otros muchos roles desde sus orígenes. Que haya una mujer con superpoderes, una excepción en un coto más bien viril, podría ser beneficioso. Lo mismo con el país africano hiperdesarrollado. Los niños que hoy vean estas películas se quedarán con que la épica no es solo cosa de hombres blancos. Puede ser.

Los teóricos marxistas de Frankfurt, que era una gente muy suspicaz, sospecharon de las buenas intenciones de la industria cultural. Hay un pasaje muy famoso de La dialéctica de la Ilustración en el que se dice que los golpes que recibe el Pato Donald una y otra vez sirven para acostumbrar a los niños a la violencia que habrán de soportar por parte del sistema. “Si los dibujos animados tienen otro efecto además del de acostumbrar los sentidos al nuevo tempo, es el de martillear en todos los cerebros la vieja sabiduría de que la paliza continua y la eliminación de toda resistencia individual es la condición de la vida en esta sociedad”. A Adorno no le gustaban los dibujos animados; tampoco el jazz. Cada uno tiene sus cosas. Pero se dio cuenta de algo fundamental: la industria cultural, que reproduce la opresión del sistema en tanto perpetúa sus valores, finge constantemente ser nuestra liberadora.

Esta estrategia es muy rentable, porque convirtiendo al botones en el rey del mambo se hace caja por partida doble: hay mucha gente que pasa por taquilla para apoyar este esfuerzo de concienciación que el sufrido Hollywood hace por nuestro bien. Pero esta maniobra crematística es la menos peligrosa. Lo alarmante de este asunto es que nos la han vuelto a colar. La industria cultural ha vuelto a hacernos creer que es ella quien tiene en sus manos, y en sus buenas intenciones, nuestra emancipación. Marvel, que es Disney, o DC cambiando el chasis de sus personajes y estando en la vanguardia de Dios sabe qué lucha justísima.

la industria cultural, que reproduce la opresión del sistema en tanto perpetúa sus valores, finge constantemente ser nuestra liberadora

Que esta batalla la han ganado parece evidente. Las redes sociales se han desvivido mostrando fotos de abuelos llevando a nietas vestidas de Mujer Maravilla al cine. “Ella también será una heroína”. Chavalitos con el pelo afro gritando “Wakanda forever” –en inglés, claro– aquí y allá. Un simulacro de conquista social con palomitas y cocacola que no incomoda ni a un jeque.

Continuamente la industria cultural nos encandila con espejismos de liberación. El caso de la última edición de Operación Triunfo es sintomático. ¡Todo un país enfervorecido! Hablamos de un programa de talentos, en el que candidatos compiten por la fama y el éxito. Pero, aunque finjan lo contrario, su triunfo no depende de sus méritos, sino que está mediado por el mismo formato televisivo, que escoge quién pasa y quién no. Es el sistema quien reparte las cartas, quien ha dispuesto cuidadosamente los papeles para que veamos justo lo que quiere que veamos. Ahora un momento de amor, ahora otro reivindicativo. Mientras tanto, miles de seguidores aplaudiendo la espontaneidad de tal concursante, lo que se parece a ellos mismos, lo fan que son. Mordiendo el anzuelo con mucho entusiasmo.

Que todas estas artimañas pasen desapercibidas es un triunfo innegable de la industria cultural. El entusiasmo de los activistas por ver la eficacia de sus luchas es comprensible. Pero la simple idea de que un blockbuster sea –incluso de alguna manera diluida– emancipador, empoderante o cualquiera de esos calificativos que se usan por ahí es una idea estúpida. Pero, claro, ¡es la cultura! La cultura (¿qué será eso?) tiene ese halo bonachón que nos persuade de que solo nos traerá cosas buenas. Es el caballo de Troya perfecto. No es la revolución. Es el sistema, imbécil.

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Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) es crítico de arte, escritor y comisario. Publica (o ha publicado) en ArtForum, Jot Down, tintaLibre, The Objetive, FronteraD y El Estado Mental y colabora con galerías e instituciones nacionales e internacionales. Se pirra por la literatura gastronómica y subraya los libros con regla.

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  1. Godfor Saken

    ¿El ocio como negocio? La cuarta ambigüedad se refiere a la legitimidad ética del coste económico de estas cuatro superproducciones (El Señor de los Anillos, Harry Potter, La Guerra de las Galaxias y Matrix) así como del flujo que ganancias que generan. El primer fenómeno taquillero lo obtuvo La Guerra de las Galaxias (1977) que recaudó en su momento unos 700 millones de dólares (13)s. Esto significa que fue vista por unos ciento cincuenta millones de personas. Los dos episodios de la nueva trilogía han recaudado 925 y 648 millones de dólares. El coste de la trilogía de El Señor de los Anillos ha sido de 300 millones de dólares. La primera parte ha recaudado 860 millones, la segunda, 925 millones, y la tercera, 918 millones. En número de espectadores, significa que cada episodio ha sido visto por casi doscientos millones de personas. Concretamente en España, La Comunidad del Anillo ha sido vista por siete millones de personas, recaudando 31 millones de euros. La producción de la primera película de Harry Potter costó 139 millones de dólares. Lleva recaudados 975 millones, y el segundo episodio, La Cámara Secreta, 869 millones de dólares. El coste de la trilogía de Matrix asciende a un total de 600 millones de dólares, el cual ya ha sido ampliamente compensado, ya que la primera parte ha recaudado 460 millones de dólares, la segunda 738 millones, y la tercera, 423 millones. Keanu Reeves firmó el contrato por 10 millones de dólares para interpretar al personaje de Neo. Si comparamos estas cifras con las que se mueven entre las estrellas del fútbol, veremos que se sitúan en parámetros semejantes: David Beckhman fue comprado al Manchester United por 42 millones de euros y tiene como contrato anual de 6 millones y medio de euros, además de su suelo mensual. En un mundo donde las dos terceras partes de la humanidad viven por debajo del umbral de la pobreza, ¿no es acaso un lujo, incluso un insulto, que se gasten tales cantidades para el mero entretenimiento? Por un lado, hay que decir que detrás de una producción cinematográfica hay una gran comunidad. No hay más que quedarse hasta el final de la proyección para hacerse cargo de la cantidad de personas que han intervenido: no sólo los actores principales y secundarios, sino todo el equipo de dirección y técnico (cámaras, luces, montaje, digilitación...), el vestuario, los decorados, la banda sonora, asesores de diversos tipos, los extras (veintiséis mil en el caso de El Señor de los Anillos), los lugares donde se ha filmado... todos ellos conviviendo durante años de rodaje. En definitiva, las producciones cinematográficas forman una gran comunidad convocada por una causa común. Lo cual significa que la industria cinematográfica no sólo es un negocio, sino que crea una comunidad de objetivos, gustos e intereses. Comunidades que crecen en tanto que, en el caso de las cuatro superproducciones que tratamos, han dado origen a toda una iconografía que se expande a través de video-juegos y juegos de rol, pósters, muñecos, red de aficionados internáuticos... en definitiva, una conspiración anónima de gustos e intereses que se nutren de los mismos mitos. Con todo, el flujo de dinero que está en juego no es arbitrario. El ocio cumple una función psicológica y social que puede ser fácilmente manipulable. De aquí que haya que estar atentos a los mensajes que se transmiten a través de la industria cinematográfica. La cuestión está en tomar conciencia de lo que aporta el ocio en nuestra cultura: si es un tiempo escindido o integrado. Porque la honestidad o deshonestidad de la industria del espectáculo participa de la honestidad y deshonestidad de nuestro sistema. Se sabe perfectamente no sólo que hay estudios de mercado que investigan las apetencias de los espectadores, sino que se estudia cómo manipular sus mentes y sus contaminar sus valores, de modo que en el entretenimiento se refuerce el idiotecimiento, en lugar fomentar un espacio crítico capaz cuestionar los productos que se proponen. -Javier Melloni, “El cine y la metamorfosis de los grandes relatos”.

    Hace 2 años 9 meses

  2. Godfor Saken

    Recomiendo el libro "Life: The Movie: How Entertainment Conquered Reality", de Neal Gabler.

    Hace 2 años 11 meses

  3. Godfor Saken

    Marvel llevará al cine la vida del Gigante Verde de las latas de espárragos: https://www.elmundotoday.com/2018/10/marvel-llevara-al-cine-la-vida-del-gigante-verde-de-las-latas-de-esparragos/

    Hace 2 años 11 meses

  4. Joven Godfor Saken

    Haciendo el comentario de texto de Selectividad.

    Hace 3 años 1 mes

  5. Godfor Saken

    Todos somos Godfor Saken

    Hace 3 años 1 mes

  6. easantafe

    Personalmente me parece que el hecho de que aparezca un héroe o una heroína negros no "libera" al común de los mortales. Los mortales vamos al cine, comemos palomitas y volvemos a nuestra vida, me temo. O sea, a nuestro curro en el que no nos atrevemos a decirle nada a jefe; a nuestra casa, donde la "cultura" dice cuál es el rol de esposa; el cine es la evasión donde por un momento "somos" otra persona. Pero, eso, sólo un momento. O es que el hecho de que el héroe haya sido siempre hombre y blanco les garantiza a éstos (a todos) algún tipo de felicidad? de autonomía? de libertad? Precisamente, en mi opinión, evolucionaremos como humanos cuando el héroe sea "el común de los mortales": el que paga impuestos religiosamente, el solidario silencioso, el que reclama sus derechos y los de otros, el que cuida de su familia con afecto y dedicación, el que limpia el water. No sé si alguien ha llevado esto al cine pero igual se arruinó, claro En suma, no veo gran diferencia en que algunas heroínas, algunas diosas, algunas reinas, algunas ricas herederas... sean mujeres. Siempre las ha habido...

    Hace 3 años 3 meses

  7. Godfor Saken

    En efecto; somos unos completos imbéciles. Muy buen artículo, enhorabuena.

    Hace 3 años 3 meses

  8. Godfor Saken

    Interesantísimo artículo: "Cinema has changed us all: The birth of alienation", por David Thomson: https://www.independent.co.uk/arts-entertainment/books/features/cinema-has-changed-us-all-the-birth-of-alienation-8190723.html

    Hace 3 años 3 meses

  9. Godfor Saken

    Del libro "La crisis de los medios" (Media Crisis), de Peter Watkins (editorial Pepitas de Calabaza): "MONOFORMA". Es la forma interna de lenguaje (montaje, estructura narrativa, etc.) utilizada por el cine y la televisión comerciales para representar sus mensajes. Es el bombardeo denso y rápido de imágenes y sonidos, la estructura modular en apariencia “fluida” aunque fragmentada, que tan bien conocemos todos… Técnicas de montaje rápido, acción paralela, alternancia entre planos lejanos y cercanos, etc. En nuestro tiempo incluye una intensa superposición de elementos musicales, efectos sonoros y de voz, cortes bruscos para provocar gran impacto, música melodramática que satura las escenas, modelos rítmicos de diálogos y cámaras que se mueven sin cesar… Son repetitivas, predecibles, y cerradas con respecto a su relación con el público… Todas se sirven del tiempo y del espacio de un modo rígido y controlado: de acuerdo con las directrices de los medios, y sin conexión alguna con las amplias e ilimitadas posibilidades de los espectadores. La Monoforma en todas sus variedades esta basada en la convicción de que el público es inmaduro, que necesitas formas previsibles de representación para “engancharlo” es decir, manipularlo. Por eso muchos profesionales se sienten cómodos con la Monoforma: su velocidad, su montaje impactante y la escasez de tiempo/espacio garantizan que los espectadores no pueden reflexionar acerca de lo que esta sucediendo de verdad.” [...] Por crisis de los medios entiendo la irresponsabilidad cada vez mayor de los medios de masas audiovisuales (mma) y su devastador impacto en los seres humanos, la sociedad y el medio ambiente. Hablo de la apatía generalizada del público frente a unos mma que actúan deliberadamente como medio de transmisión de ideologías violentas, manipuladoras y autoritarias; me refiero también al desconocimiento crónico y ampliamente extendido de los efectos que esos mma producen en cada uno de nosotros. Hablo de la negativa, poco menos que unánime, de los profesionales del gremio a iniciar el más mínimo debate crítico con respecto a su oficio. Hablo también de la represión feroz que se ejerce dentro de los mma para mantener a los profesionales dentro del redil y reducir al silencio cualquier forma de expresión que resulte disonante. Hablo, en fin, de la obstrucción que practican los sistemas educativos de todo el mundo para impedir el acceso de los jóvenes a formas críticas de enseñanza de comunicación audiovisual y a todo aquello que pudiera incitarlos a cuestionar el papel y las prácticas de los mma. [...] http://www.pepitas.net/libro/la-crisis-de-los-medios

    Hace 3 años 3 meses

  10. Godfor Saken

    Fragmentos del libro "El Anticristo", de Joseph Roth (publicado en 1934): Llegué a Hollywood, al lugar donde impera el infierno, es decir, donde los hombres son dobles de sus propias sombras. Hollywood es el origen de todas las sombras del mundo, el Hades que vende por dinero sus sombras, las sombras de los vivos y los muertos, a todas las pantallas del mundo. Allí se reúnen los portadores de sombras útiles, las venden por dinero y se sienten y son considerados dichosos en función de la importancia de sus sombras. Los jóvenes vivientes de todo el mundo que ven estas sombras adoptan el porte, la expresión, la figura y la actitud de las mismas. Ésa es la razón de que encontremos a veces en las calles a hombres y mujeres, a personas vivas, que no son ni siquiera dobles de sus sombras, como los actores de cine, sino aún menos: dobles de sombras ajenas. Es, pues, un Hades que no sólo envía sus sombras al mundo exterior sino que hace también de los vivos del mundo exterior, que no venden sus sombras, dobles de las sombras del Hades. Eso es Hollywood. El infierno se agita furioso. Allí corretean los empresarios de los actores de las sombras, los comerciantes de sombras, los intermediarios de sombras, los arreglistas de sombras llamados «directores», los conjuradores de sombras y los distribuidores de sombras. Y hay algunos que venden su voz a la sombra de otro que habla una lengua distinta. (…) Tal es el número de quienes anhelan en aquel país vender su sombra. Y no son, desde luego, poseedores de sombras corrientes, como tú y como yo, sino de sombras notables. Uno es un gigante; el otro, un jorobado; el tercero, un enano; el cuarto tiene el rostro de un caballo o un burro; el quinto es capaz de trepar como un mono; el sexto baila sobre zancos; el séptimo, sobre una cuerda; etc. Otros son dobles de hombres famosos, utilizables de vez en cuando en obras históricas y, por tanto, dobles por partida doble y triple. No son sólo los dobles de sus propias sombras sino también de sombras ajenas que, curiosamente, son también las suyas. Algunos se parecen a Napoleón o a César. Y venden la sombra de sus narices, que no son sus propias narices sino las de muertos famosos. Si en este momento no se necesitan esas narices, aquellos individuos que dicen no le darán su respuesta. Pero si se necesita justamente una de esas sombras de nariz, la respuesta la darán quienes dicen sí, que están sentados en otra habitación, también ante unos teléfonos. En las plazas y calles de esta ciudad se alzan varios monumentos de hombres famosos, lo mismo que en otras ciudades. Pero en todas las ciudades del mundo, los monumentos no tienen más misión que testimoniar la fama de quienes representan. En ésta, en cambio, algunos monumentos tienen la función de anunciar y elogiar diversos productos. Varias personalidades famosas de piedra y mármol o de metal y bronce beben, por ejemplo, de una taza un café caro y sabroso, o chupan caramelos para la ronquera. Y mientras en esta ciudad se arrebata a las personas vivas su sombra junto con su vitalidad y se convierte al dueño originario de la sombra en sombra de esa sombra, se dota a los monumentos muertos de las necesidades de las personas vivas; así, en realidad, podríamos decir que en esta ciudad poblada de meras sombras sólo son personas los monumentos; de mal gusto, desde luego, pero, en cualquier caso, personas. Y del mismo modo que las personas son sombras y los monumentos personas, las plantas de esta ciudad son también monumentos. Las palmeras de Hollywood, por ejemplo, no crecen en el suelo donde parecen hundir sus raíces, sino que están simplemente enterradas en él, igual que monumentos. Son plantas que, en vez de raíces, tienen cimientos. Pero mientras los monumentos suelen quedarse durante largo tiempo en el sitio donde fueron colocados, no ocurre lo mismo con las palmeras, pues las personas dedicadas a alquilarlas llevan los árboles a este o aquel jardín, y mientras los árboles se parecen a los monumentos por su propiedad de ser empotrados en el suelo, se asemejan también a las sombras por su característica de cambiar de emplazamiento. Así se ha conseguido que uno de los seres más estables de la tierra, el árbol, sea casi tan fugaz como el más fugaz de los fenómenos del mundo, es decir, la sombra. Además, estas palmeras tiene que proyectar también de vez en cuando sus sombras sobre la pantalla. Y como pueden desplazarse de un lado a otro, según acabamos de ver, se puede decir tanto de ellas como de las personas que son igualmente dobles de sus sombras. Y hasta la sombra natural que, por sus propiedades de árbol, se debe proyectar, se convierte también en doble de su sombra. En esta fábrica se compran asimismo para utilizarlas en situaciones adecuadas sombras de nubes y sombras de sombras de nubes. A veces llegan hombres y mujeres que han conseguido captar nubes en montañas de difícil acceso o en otras regiones peligrosas. Esa gente vende a la fábrica las sombras de las nubes a un precio determinado. Y de la misma manera que la vida se transforma en sombras, se hace otro tanto con la muerte. En efecto, hay películas en que las sombras tienen que morir. Y si ya es muy difícil vivir según exigen las leyes peculiares del mundo de las sombras, todavía lo es más morir de acuerdo con sus leyes. Jamás de los jamases resulta tan difícil la más difícil de las muertes auténticas. He visto, en efecto, cómo el dueño de las sombras hizo morir diecinueve veces a la doble de una bella sombra antes de declarar su muerte auténtica y verdadera. Aquel señor le pedía que hiciera morir su sombra no sólo con belleza sino también con vanidad. Para ello, la hermosa doble de la sombra de las piernas se tumbó y dejó al descubierto las suyas, pues el señor de las sombras seguía siendo el mismo que muchos años antes, cuando yo era aún niño, había mostrado a las bañistas egipcias y a los soldados muertos estimulando así nuestra voluptuosidad, que tiene por objeto tanto la crueldad de la muerte como la carne floreciente. En esta ciudad se siente interés tanto por la muerte como por el nacimiento. Cuando nace un niño, despierta en la madre la esperanza de que se convierta en una sombra aceptable y bien pagada. A veces, en efecto, ocurre que un bebé ha de proyectar su minúscula sombra y su voz en la pantalla. En esta ciudad viven también muchos piadosos adoradores de sombras. Y como no les basta con limitarse a rezar a las sombras, sus pensamientos y sus actos están dirigidos a ver, hablar, abrazar y vitorear a los dobles de las sombras veneradas. Estos adoradores ignoran que los autores de la sombras no son más que dobles. Creen que los actores siguen siendo dueños de sí mismos y de sus sombras. Y de la misma manera que algunos de quienes creen en los libros y la literatura anhelan ver cómo viven y aman los autores de sus obras amadas, así también los adoradores de las sombras querrían ver, oír y tocar a los actores supuestamente vivos. Sin embargo, sólo se encuentran con las sombras de sombras famosas y queridas. Pero también esas sombras de las sombras queridas y famosas se imaginan vivir como los demás seres humanos. Y la veneración de sus adoradores los mantiene en esta ficción hasta el punto de que uno de esos dobles de su amada sombra será muy infeliz si hoy no le saludan como ayer y alguien saluda a su colega con más cordialidad que a él. Esta vanidad y esta envidia podrían casi hacernos creer que las sombras de las sombras son algo parecido a las personas. Pero, en otras circunstancias, nos convencemos de que son completamente diferentes. Hemos visto, por ejemplo, que a las mujeres que habían quedado embarazadas se les prohibió seguir vendiendo sus sombras, por lo que dejaron la fábrica de sombras sin decir palabra. Les parecía completamente natural. En efecto, cuando en los espectáculos cinematográficos se muestra a mujeres embarazadas se recurre precisamente a mujeres no embarazadas que se colocan un cojín bajo la ropa y sobre el vientre. Y así como se prefieren las palmeras artificiales y desplazables a las auténticas y con raíces, también se prefiere un relleno antes que un vientre materno bendecido. Pero lo maravilloso es que la doble de una sombra sigue teniendo la capacidad natural de quedar a veces embarazada, quizá por el abrazo de un doble de su respectiva sombra. Vemos aquí la inconmensurable bondad de Dios. Su inconmensurable bondad reintegra la sombra femenina a la vida de mujer. Pero justamente por eso, es decir, por haberse transformado en persona viva por el doble milagro de la maternidad ocurrido en ella, no puede ya representar ningún papel en el mundo de las sombras (en el verdadero sentido de esta expresión). Y se la expulsa de las puertas de la fábrica de sombras. Por eso, aprovechando la circunstancia, queremos recordar que en todos los países del mundo llamados «civilizados», las leyes de los hombres y de las religiones prohíben abortar el fruto que se desarrolla en sus vientres. Si tuviéramos el poder de emitir leyes en nombre del derecho divino o humano, prohibiríamos las fábricas de sombras de Hollywood sólo porque obligan a las mujeres a expulsar de sus vientres bendecidos el fruto que germina en ellos. Algo que nos maravilla en grado sumo es que los legisladores religiosos y terrenales no conozcan o no se percaten de las leyes inhumanas de las fábricas de sombras. De hecho, en todos los países del mundo civilizado se encarcela a una mendiga hambrienta que arroje fuera la bendición de su vientre. Sin embargo, no se encarcela a un fabricante de sombras que expulse a las mujeres con el vientre bendito. Dios ve todo esto y juzgará también a los legisladores, lo mismo que a los fabricantes de sombras. Pero no a la mendiga. El Señor no ha de juzgar a los pobres. A diferencia de los legisladores terrenales, no juzgará, en absoluto, a los pobres que penetran en las casas, en casas ajenas. Ese tipo de pobres los hemos visto igualmente en Hollywood. También los pobres venden allí sus sombras. Sólo que los pobres no reciben allí ese nombre sino el de «extras». Ocurre a veces que para tal o cual obra se necesita todo un pueblo de sombras para que habite, por ejemplo, un espléndido palacio. Sin embargo, este pueblo no podrá vivir en el palacio como tal, sino sólo como sombra de un pueblo, como pueblo de sombras. Pero, una vez que han vendido su sombra, no se les permite vivir en el palacio. Algunos de los pobres que en Hollywood se llaman «extras» no hallan a veces un alojamiento para pasar la noche. Y aunque han vendido sus sombras para que ellas puedan dormir en los palacios, ellos mismos, como productores o dobles de su sombra, no podrán pernoctar en esos palacios. Ya no son legionarios romanos ni esclavos nubios, no son caballeros armados, jenízaros ni cruzados. Son sólo pobres sin techo. En esta ciudad se les llama «extras». También la verdad es aquí una sombra. Una vez que hube visto esta ciudad, supe que, en realidad, ella —y sólo ella— era la auténtica capital de este gran país. Y ya no tuve ganas de ver otras de sus ciudades y pueblos. Es cierto que el jefe supremo del país vivía en otra ciudad. Es cierto que los ricos y los atareados vivían en otra distinta; pero Hollywood era la capital de la nación. Esta ciudad —ya lo sabía— no era sólo la capital del país, sino la capital del mundo entero, pues es la capital de las sombras y son sombras lo que rige el mundo. Todas las sombras residen en Hollywood. En efecto, cuando dejé esta ciudad y llegué a otra, mis ojos no daban ya fe a la realidad de las cosas y las personas de las demás ciudades. Si contemplaba un rascacielos, creía que sólo había sido levantado para una semana, para proyectar su sombra sobre la pantalla, para una obra determinada en la que iba bien un rascacielos. Y, de hecho, me dijeron que aquel edificio iba a ser derruido y que otro más acababa de ser levantado hacía una semana. Las casas del país son ágiles y efímeras como sombras y más efímeras aún que las nubes del cielo que rascan. También se derriban los monumentos, pues la gente no necesita recuerdos. En aquellas tierras vimos así mismo hombres bondadosos, pero eran hombres sin tiempo. Y de la misma manera que las sombras no necesitan ya espacio, el hombre de aquel país no tiene tiempo. Pero la bondad necesita tiempo y espacio. También la verdad es una sombra en este país. Las leyes de la verdad se proclaman desde la capital de las sombras. Es la verdad de las sombras, y no la de los seres humanos. Sin embargo, también en este país encontré a un hombre justo. Me exhortó a tener paciencia y no ser tan apresurado como las sombras de las que yo hablaba mal. —Este país —dijo el justo— llegará quizás a entregar a otros todas sus sombras y rascacielos y tal vez alcance la vida y la verdad. Quizás algún día se tendrá aquí tiempo y se construirán casas pequeñas, se amará a todas las personas de cualquier color y condición, se odiará la fugacidad y se despreciará el dinero. Este país es un joven heredero de países más viejos. Y esos herederos han heredado antes de que murieran los viejos. Una vez que yazgan bajo tierra, es posible que los jóvenes se conviertan en unos herederos espléndidos. ¡Deberá Vd. tener paciencia! Pero yo, que no soy un hombre justo, no tengo la virtud de la paciencia. Soy una persona débil y temo al Anticristo. (...) Y aunque hemos conseguido que las sombras de la pantalla de los cines se muevan como personas vivas y hasta hablen y canten, sus movimientos, sus palabras y sus cantos no son de ningún modo auténticos y sinceros; esos milagros de la pantalla significan más bien que la realidad que tan engañosamente imitan no era nada difícil de imitar, pues no es real. En efecto, las personas reales, las vivas, habían adquirido ya tal calidad de sombras, que las de la pantalla tenían que parecer reales. Si me encuentro alguna vez con un actor cuyo rostro y cuerpo conozco por el cine, tengo la sensación de haberme tropezado no con él en persona sino con su sombra, a pesar de ser cierto—y así me lo dice mi razón— que él es el creador de aquella sombra que conozco por la pantalla. Y sin embargo, cuando se cruza conmigo, corpóreo y vivo, se ha convertido en la sombra de su propia sombra. Si las cosas fueran como deben, es decir, si fuéramos realmente capaces de dar vida a las sombras que proyectamos sobre la pantalla con ayuda de la técnica, debería ver en el actor vivo más, incluso, que a él únicamente, una persona viva; debería ver a alguien de una riqueza tal que podría prestar a su propia sombra un hálito de vida. Así pues, el poder que condena a una persona viva a aparecer como la sombra de sí mismo, es un poder tenebroso. Podemos decir, incluso, que esa persona es aún menos que su propia sombra, puesto que ésta constituye su existencia misma, mientras que él ya no se representa a sí, sino, en cierta manera, a su doble, un doble inexistente: él, ese actor, es el doble de su propia sombra a la que envía a diario a aparecer sobre la pantalla de la sala de cine. Sólo ocurre una vez, pero la más fugaz de todas las fugacidades de nuestra existencia terrena, es decir, la sombra de un suceso real, pervive para toda la eternidad. ¡Ya sería mala cosa ser el doble de uno mismo! Pero, ¿qué diríamos si el doble de la propia sombra caminara, viviera, comiera, bebiera y amara entre nosotros los vivos? Pero aún es peor. Hasta los dobles tienen que morir; llegado un día, mueren el original y su doble. Y cuando muere una persona, fenece también su sombra. Pero el actor que aparece en el cine permanece eternamente en la pantalla, la única realidad sobre la que se desarrolla su auténtica vida, siempre viva. Es decir, la que es «eterna» es su sombra o, más exactamente, su verdad (pues él mismo es sólo el doble de su sombra). Lo cual significa también que hay un tipo de personas, que no han vivido como tales, sino como sombras; y son también personas que no pueden morir. No pueden morir porque nunca han vivido. Se transformaron en sombras, se convirtieron en sombras por propia voluntad. (Se entiende que más o menos voluntariamente.) Vendieron su sombra por dinero y, al hacerlo, dijeron que no se trataba de su sombra, sino de ellos mismos. Y no vendieron su vida únicamente, sino también su muerte. Recibieron de Hollywood unos honorarios y, en cambio, su dicha se acabó. No sólo fueron una sombra durante toda su vida, sino que lo siguieron siendo también tras su muerte. Esas personas permanecen eternamente en la pantalla para la que habían vivido cuando aún estaban vivas, cuando todavía tenían la posibilidad de ser personas vivas. Y como, estando aún en vida, consideraron su sombra como si de sí mismos se tratara una vez cerrado un contrato con Hollywood, la propia muerte —y en especial ella, dadas las circunstancias— no fue tampoco un asunto del que se ocuparan. La gente cuenta, quizá, todavía con la dicha eterna. ¡Pero quien vive de ser una sombra en vida, tiene ya su propia felicidad perpetua! Está convencido —y no sin razón— de que la pantalla, para la que ha vivido como manifestación corporal, le garantiza una eternidad comprensible, racional, incluso después de muerto. El inventor del cine prometió a los seres humanos esa inmortalidad que entienden estando aún en vida. El mundo antiguo conoció el Hades, el lugar de estancia de los muertos convertidos en sombras. El mundo en que vivimos conoce el Hades de los vivos, es decir, el cine. Hollywood es el Hades moderno. Allí las sombras adquieren la inmortalidad ya en vida. Los hombres «modernos» se distinguen de los antiguos sobre todo por haber introducido ya en la tierra el Hades, el reino de las sombras: el Hades del hombre moderno es Hollywood.

    Hace 3 años 3 meses

  11. Godfor Saken

    Texto extraído del libro "La danza final de Kali", de Ibn Asad: La industria artística paradigmática: Hollywood. Dentro de esa soberana estupidez llamada “industria artística”, habrá una que resultará paradigmática por estructura, financiación, influencia y función: la industria de Hollywood. El cine supone ser el medio artístico genuinamente moderno, y no sin motivo, es llamado “el séptimo arte”, como un forzado añadido postrero en la lista clásica de las expresiones artísticas. A diferencia de las artes tradicionales, el cine tiene fecha y lugar de nacimiento: el solsticio de invierno de 1895, en París (De nuevo, origen europeo y el siglo XIX). Ya desde sus primeros años de vida, el cine es caracterizado por tres signos que marcarán su destino: su gran influencia propagandística en las masas, la pasividad inherente al espectador cinematográfico, y la preponderancia de la “producción”. De hecho, la “película” es la única manifestación artística que siempre será llamada “producción” (y no “creación”, tal y como cualquier otro arte). La “producción” es una voz extraída del entorno industrial decimonónico, y no sin motivo ese es el entorno que dio vida al cine. Por lo tanto, el cine –ya desde sus primeros compases- se “produce” en una “industria” destinada a ello, “la industria del cine”, y la mayor potencia industrial su ubicará en Estados Unidos, en Los Angeles, en Hollywood. La “madera” es un simbolismo ampliamente utilizado en numerosas tradiciones para contener la “materia prima” de la que se sirve el creador. El “artesano” parte de una “madera”, de un “tronco”, de un “árbol”, y a través de la creación artística, se manifiesta la “obra”, la “escultura”, la “forma”. La “madera” es la potencia amorfa de una creación concreta, tangible, palpable. ¿Dónde se ubica la inversión moderna del arte que será devaluado a la categoría de “producción industrial”? En Hollywood; “holy wood” (madera sagrada). Explicitar el carácter sacro de un símbolo, ya denota su deformación: la industria del cine “producirá” intangibilidades pseudo-artísticas a partir del símbolo tradicional de la “madera” como “materia prima” del arte. Hollywood será llamada también “la fábrica de los sueños”. Efectivamente: la creación artística se invierte en producción de ilusiones, ficciones, irrealidades, evanescencias. Así, los primeros estudios de Hollywood ya se conciben como fábricas que tienen como objetivo inmediato el beneficio económico. Las primeras “productoras” norteamericanas ya veían el cine como un lucrativo negocio. Los fundadores de los estudios compiten entre sí ferozmente, dando lugar a fusiones, desapariciones, quiebras y millonarios (por lo demás, como cualquier industria de la época). Los orígenes y el simbolismo de los estudios de Hollywood ya indican unas cuantas cosas. Fox Pictures, productora con un nombre de valor cabalístico potente y voz inglesa de la raposa (animal simbólico de gran importancia en ciertos grupúsculos) se fusionará en 1934 con otro estudio dando lugar a la Twentieth Century Fox. Paramount Pictures se fundará en 1912 con la proyección del film “Queen Elizabeth”, y las astucias financieras de Adolph Zukor, que adoptará el simbolismo femenino de la “montaña”. Otro símbolo femenino –aún más explícito- adoptará más tarde Columbia Pictures (1924), en donde una mujer con la antorcha en la mano derecha dará imagen humana a la diosa “paloma” (colomba), animal de potente contenido en ciertas logias francmasónicas británicas. Los estudios Universal tomarán el “globo”, MGM (fusión de los industriales Samuel Goldwyn y Louis Meyer) adoptarán el símbolo solar del “león”, y los hermanos polacos Warner fundaron en 1923 la productora que más tarde tendrá como icono un “conejo” que dará suerte. ¿Qué es lo que primero aparece en una película de Hollywood? ¿El título de la película? No. ¿El nombre del director? No. ¿Un cariñoso saludo al espectador? No, no y no. Lo primero que aparece en todas las películas de Hollywood es la tarjeta de presentación de la productora. El poder de la producción en Hollywood es total, y, además, la producción controla a su vez la distribución, y –directa o indirectamente- las salas de proyección. Se trata de la “época dorada” del cine y su “star-system” (abreviado, SS), donde un puñado de actores eran usados al servicio de dicha producción industrial cinematográfica. Estos actores se convertían (y se convierten) en millonarios sólo por actuar dentro de un oficio donde nunca sobró el dinero. El precio del star-system está en las vidas atormentadas, el alcohol, los divorcios, las drogas, los suicidios, el ostracismo… Actualmente un actor de Hollywood puede facturar 50 millones de dólares en sólo un año (incluso más), como Cameron Diaz (cuando fue novia de David de Rothschild) en 2007. ¿Alguien se ha preguntado quién, por qué, y con qué se paga este star-system? En 1929, en plena crisis económica internacional, aparece el cine sonoro. El cine ya no se muestra tan rentable en términos económicos como lo parecía a principios de siglo. Sin embargo, las productoras siguen apostando por una industria que ya no sólo aspira al beneficio económico. Ya se ha comprobado en el extranjero el poder propagandístico del cine mudo en las masas, con “El acorazado Potemkin” (1925). Con el cine sonoro, esta función de control del pensamiento se maximiza a través de la Segunda Guerra Mundial, y sus producciones propagandísticas. Tras la brutal crisis económica que sufren las productoras en 1948, el cine de Hollywood será más una plataforma de control mental del Establishment, que un mero negocio tal y como se concibió en su origen. A partir de ese momento, la financiación de los estudios de Hollywood estará relacionadísima con grupos de poder políticos. No es ningún secreto que Academy of Motion Pictures Arts and Sciences (la responsable de los codiciados oscar) sea una institución altamente politizada. Nos remitimos a cualquier historia de esta academia y los estudios de Hollywood (incluidas las más oficiales y mitómanas) para comprobar esta repugnante politización. El binomio “Establishment-industria del cine” permite que uno se perpetúe y que la otra tenga razón de ser. El cine –tal y como se entiende en la actualidad- no es ni puede ser directamente rentable en términos económicos. Es su función propagandística y de manipulación mental de las masas, la que motivan a grupos financieros (públicos y privados), que hacen del cine algo no sólo rentable, sino lucrativo e interesantísimo en cuestión de establecimiento del poder. Para ilustrar esto bastaría echar un vistazo al cine en apariencia fuera de la esfera de Hollywood, y –muy especialmente- al cine europeo. ¿Qué sería el cine europeo (incluso, el más “alternativo”) sin las subvenciones de los “ministerios de cultura” y los patrocinios corporativistas? Respuesta: no sería nada; y –lo que resultaría más interesante para los ciudadanos- no saquearían las arcas públicas abiertas a los Alí-Babá de la industria artística moderna. Interesante estructura de financiación la del cine europeo: el público potencial de una película financia (a través de sus impuestos) a una producción que será ofertada comercialmente a ese mismo público. Si el incauto público paga dinero por ella, la subvención de la siguiente producción será más suculenta. Así se “produce” el arte de los jóvenes cineastas europeos que, en última instancia, aspirarían a ser valorados, dirigidos, distribuidos, o incluso producidos, por “El Gran 6” norteamericano. ¿Qué es “El Gran 6”? No es un término que nos hayamos inventado nosotros: toda esta sinvergüencería de la industria artística está controlada empresarialmente por una red corporativista de seis entidades independientes entre sí, que se llama en su propio medio, “The Big Six” (“El Gran 6”), que a su vez está controlada por directivos pertenecientes a los grupos de poder políticos de siempre. “El gran 6” produce el 60% del cine mundial (sin contar, el caso aparte de Bollywood), distribuye casi el 85% de las producciones norteamericanas y europeas, y es el responsable del 100% del cine de éxito internacional dosificado a través de sus blockbusters. Se trata del organigrama de la superestructura de programación mental de masas más potente al servicio del Establishment. Las seis entidades serían: Twentieth Century Fox (un monstruo paraguas de cientos de empresas que incluye cine, música, televisión…), Paramount Pictures (que pertenecería a su vez al gigante Viacom, y que tendría bajo su control a numerosas productoras de la importancia de Dreamworks o Mtv productions), Universal (rama cinematográfica de la poderosísima General Electric), Sony Pictures (que englobaría a grandes nombres como Columbia Pictures, Metro Goldwyn-Mayer, o TriStar), Warner Bros Entertainment (un policéfalo monstruo de massmedia que incluye cine, televisión, música, industria juguetera, parques turísticos infantiles…), y Buena Vista Motion Pictures (que cerraría el hexaedro con Touchstone, Miramax, Walt Disney Productions, y muchísimas más corporaciones bajo el mismo paraguas) Esta estrella de seis puntas ha perpetuado la programación mental más multifacética y enrevesada que el ser humano haya sufrido jamás. A pesar de esta complejidad, el esquema básico de manipulación resulta simple: el hombre moderno se sienta pasivamente, y se traga una serie de contenidos que él creerá escoger a través de las “convenciones de género”. Dependiendo de su arquitectura emocional, el individuo manipulado será dirigido a uno u otro género. Teniendo en cuenta que esa estructura “genérica” es la que utiliza la propia programación mental, haremos un breve resumen de los contenidos de cada género. Nos centraremos en los últimos treinta años pues, a través de la revolución tecnológica mediática de la década de los ochenta, los medios de control mental de las masas alcanzaron cotas de las que aún no se ha bajado, sino muy por el contrario.

    Hace 3 años 3 meses

  12. Godfor Saken

    "En el fondo, imagino a Hollywood como un señor mayor, sentado en su silla mecedora en el portal de su casa de madera de nogal y una pipa, repasando los años de su vida y aceptando, con exquisita satisfacción, que las cosas, pese a todo, han salido bastante bien. El Señor Hollywood, entre muchas de sus viejas luchas, ha logrado que la gente crea, por ejemplo, que los malos son malos porque nacieron malos y que la Libertad (esa señora en faldas largas que posa en el río Hudson) posee un alcance moral por el cual vale la pena morir". Nicolás Agustín Mattera, 'Égalité' (revista El Estado Mental, 16 de noviembre 2015).

    Hace 3 años 3 meses

  13. Godfor Saken

    Lo más descorazonador es que ya ni nos damos cuenta de lo profundamente POLÍTICO que es el cine blockbuster estadounidense. Creo que era Ken Loach el que se quejaba de que sólo a él le "acusaran" de hacer cine político. "Los norteamericanos también hacen cine político", decía, "¡solo que de otro signo!".

    Hace 3 años 3 meses

  14. Godfor Saken

    Entertainment is your best friend. It is always there for you. Entertainment comes in many flavors, suited to many different kinds of needs and desires. Entertainment is here and there and everywhere to entertain you, in whatever way you want and need to be entertained. Entertainment is one of the highest goods of our civilized, humanitarian world. The worth of a civilization is measurable not by the quality of its entertainment, but by its quantity. Entertainment knows that you have worked hard, how you suffer, and how you need a break. Entertainment is a loving expression of the world in the mode of ‘me-time,’ a reminder that when all is said and done, what really counts is how we feel about things, about the special informed perspectives we take. Entertainment is above all for you. It is unhealthy to refuse entertainment. It is wrong to struggle against the temporary utopia of enjoying whatever kind of entertainment entertains you. Entertainment does not put you to sleep, unless you want it to. Entertainment knows how to keep pace with the times, to speak to the issues that rightly concern you, to be relevant. Entertainment may not be the most important thing in life, but it definitely is SOMETHING TO LOOK FORWARD TO. “How to Stay in Hell: Inspiring Instructions for Daily Living” https://gnomebooks.wordpress.com/2014/01/12/how-to-stay-in-hell

    Hace 3 años 3 meses

  15. beatusille

    Imbécil lo será usted, maleducado.

    Hace 3 años 3 meses

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