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Tribuna

Ideas para una nueva Cultura de la Tierra

Jorge Riechmann 27/06/2018

<p>Cambio climático</p>

Cambio climático

Malagón

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El pasado 13 de junio, Santiago Alba Rico publicó en CTXT otro artículo magistral, Nuestra Antígona. La tragedia del Mediterráneo convertido en fosa común lleva a este gran escritor y gran pensador a reflexionar sobre una tragedia de la Grecia clásica, la Antígona de Sófocles.

“En su enorme e imprescindible Antígonas, de 1991, el crítico estadounidense George Steiner trataba de explicar la vitalidad de la obra de Sófocles, cuyas metástasis cubren por completo, y renuevan sin cesar, la historia de la cultura occidental. La conclusión de Steiner es que el enfrentamiento entre la hija de Edipo y su tío Creonte integra los cinco conflictos que definen la ‘condición humana’. Hay otras grandes obras –no sé, Hamlet, Fausto, Medea, D. Quijote– que dramatizan dos o tres, o incluso cuatro, de estos conflictos, pero sólo Antígona los trenza todos y, sin resolverlos, los pone una y otra vez en escena. ¿Cuáles son? Estos cinco: entre hombre y mujer, entre jóvenes y viejos, entre individuo y sociedad, entre vivos y muertos, entre humanos y dioses…”

Resulta fascinante y revelador cómo, entre los cinco conflictos básicos que definen la condición humana –hombre/mujer, jóvenes/viejos, individuo/ sociedad, vivos/muertos, humanos/dioses– a Santiago se le olvida el más básico de todos: humanidad y naturaleza… Creo que esta omisión nos dice algo serio sobre nuestra situación actual. Todo sigue pasando, para nuestra miopía, intramuros de la polis humana... Como sociedad –y así lo muestra el desliz de una persona tan lúcida como Alba Rico– ni se nos ocurre asomarnos de verdad fuera de las murallas, a ese extramuros del metabolismo socio-ecológico, los otros seres vivos, la biosfera como Gaia/Gea, nuestro lugar en la Tierra/Matria...

Vivimos como extraterrestres en el tercer planeta del sistema solar. Hablamos de terraformar Marte, buscando a la desesperada una salida de los estragos ecológico-sociales que causamos

Sobre este enorme problema están trabajando compañeros y compañeras de la Comisión de educación y participación de Ecologistas en Acción/Madrid, bajo el rótulo de “Nueva Cultura de la Tierra”. Atención a sus propuestas (a nuestras propuestas) en estos meses próximos.

Vivimos como extraterrestres en el tercer planeta del sistema solar. Hablamos de terraformar Marte, buscando a la desesperada una salida –por lo demás quimérica– de los estragos ecológico-sociales que causamos; pero no se trataría de terraformar Marte, sino de terraformarnos a nosotras y nosotros mismos. Así que éste sería un primer principio para esa nueva cultura que buscamos: seguir adelante con la alfabetización ecológica básica, pensando en terraformarnos a nosotras y nosotros mismos.

Una nueva cultura de la Tierra podría apoyarse sólidamente en estas tres patas: a) una ética universalista de la compasión que reelabore los avances de las religiones y las filosofías sapienciales de la “Era Axial”; b) el pensamiento feminista de los últimos tres siglos, floreciente además en los últimos decenios; c) el conocimiento ecológico y la teoría Gaia/Gea, que ha llegado a plasmarse en ecosofías (como la “ecosofía T” del pensador noruego Arne Naess, sin ir más lejos). Sobre esto último ha desarrollado en nuestro país un trabajo muy valioso Carlos de Castro.

(Cuando hablamos de “conocimiento ecológico” han de incluirse ahí también los saberes indígenas, campesinos y vernáculos. Debería ser obvio; pero por si acaso, quede explicitado).

Nuestra tarea como humanidad no es muy diferente de nuestra tarea como personas: llegar a despertar. Así que más vale que no aflojemos… Necesitamos aprender a ver aquello ante lo cual la cultura dominante, mecanicista, patriarcal, capitalista e individualista, nos hace ciegos: A) la vitalidad que anima casi todo en el planeta Tierra; B) la importancia de los sistemas complejos adaptativos, y especialmente la importancia de esas totalidades que llamamos ecosistemas; C) el peso de las dinámicas sistémicas que hemos puesto en marcha los seres humanos (como la expansión de la tecnociencia, la aceleración social y la reproducción ampliada del capital). 

Lo más importante sería superar el antropocentrismo y el cortoplacismo. Para ello nos hace falta otra forma de sentir y de pensar el tiempo y el espacio. Tomar en cuenta a los hijos y a las nietas… y también a las abuelas y los tatarabuelos. Desarrollar con cuidado esa visión intergeneracional y de Big History.

Además, precisamos una perspectiva biorregional: esa clase de espacios en la naturaleza resultan más importantes para casi todo que nuestras artificiales divisiones políticas y administrativas. Hay que buscar conscientemente una territorialización de los modos de vida. Y no cejar en las iniciativas de defensa del territorio –sin perder la perspectiva mundial, pero concibiendo ésta no en términos de globalización sino de Gaia/Gea. Ésta sí que sería una valiosa “gea-política”.

Nuestro norte ético no puede ser “mejorar el bienestar de la humanidad”, sino la vida buena de todos los seres capaces de tener una vida buena, en el seno de una biosfera rica y diversa

Nuestro norte ético no puede ser “mejorar el bienestar de la humanidad” (por más que ello nos parezca importante), sino la vida buena de todos los seres capaces de tener una vida buena, en el seno de una biosfera rica y diversa. Nuestra fantasía de exencionalismo humano (creernos aparte y por encima de la naturaleza, no sometidos a sus leyes) hace que apenas prestemos atención a la horrenda destrucción de la trama de la vida que estamos causando. Aniquilamos especies mucho más deprisa de lo que somos capaces de catalogarlas. Y los individuos vivos, y sus poblaciones, merman tan deprisa que hemos tenido que inventar neologismos como desfaunación. Pero si somos hermanos biosféricos de todas las plantas y animales ¿cómo podemos fantasear que saldremos adelante sin ellos?

Propugnamos una ética biocéntrica, porque una ética aceptable no puede ser especista (como nos enseñan Peter Singer o Ursula Wolf) y por tanto debe aceptar que cada vida –humana o no humana– cuenta moralmente por sí misma. (A las éticas que en este plano de crítica del antropocentrismo defienden visiones holistas en vez de individualistas es mejor llamarlas ecocéntricas que biocéntricas). Como debería resultar obvio, las implicaciones de un postulado así son inmensas –y nada fáciles de asumir por nuestras sociedades. 

Pero también deseamos una ética antiespecista que se haga cargo de la realidad, y en este sentido reconozca que en la naturaleza los individuos –que nos importan tanto moralmente– apenas importan: lo que cuenta son sistemas (hay que insistir otra vez en la relevancia de los sistemas complejos adaptativos…). Y es preciso aceptar de entrada estas dinámicas sistémicas –incluso cuando lo que pretendemos es modificarlas. Aunque nuestra mejor moral sea individualista (valorando cada vida en sí misma), nuestra ontología o nuestra sociología no pueden serlo.

Creo que hemos de abordar el dificilísimo debate sobre la necesaria reducción de la población humana –que tendrá lugar por las buenas o por las malas, en un mundo que ya se halla en sendas de descenso energético. Y abordarlo no sólo desde la perspectiva del empoderamiento de las mujeres (importantísimo) sino también reivindicando más espacio ambiental para los demás seres vivos.

Conciencia de especie, decimos desde el movimiento ecologista. Sí, pero hoy debería ser conciencia de una especie más entre las otras (por más que no perdamos de vista nuestra singularidad como animales con responsabilidades especiales). Estamos muy lejos de lo primero; todavía más lejos de lo segundo.

Necesitamos aprender a ver aquello ante lo cual la cultura dominante, mecanicista, patriarcal, capitalista e individualista, nos hace ciegos

“La razón, la moral y el conocimiento científico son los únicos elementos que pueden regular nuestra convivencia sorteando la emergencia de las catástrofes”, apuntaba Jorge Wagensberg (dialogando con Joan Martínez Alieren el libro Sólo tenemos un planeta. Sobre la armonía de los humanos con la naturaleza, Icaria 2016). Y tiene razón, aunque requiere algún matiz. Hemos de desarrollar la razón como razón dialógica y racionalidad ecosocial. La moral ha de llegar a ser, de manera efectiva, moral de larga distancia y conciencia de especie. El conocimiento científico puede orientarse fácilmente a la búsqueda de dominación –y hay que precaverse frente a ello. Y hay que añadir, a la terna de Wagensberg, un par de elementos más: la humildad frente a la hybris y el amor compasivo como clave de bóveda de todo. Si después de hablar de petróleo, de fosfatos y de coltán no hablamos de amor, estamos perdidos.

“Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado”, decía el maestro Rafael Sánchez Ferlosio. Hemos de trabajar intensamente en el “cambio de dioses”, vale decir, en la transformación radical de nuestro sistema de valores y referencias culturales. Si en el lugar de la competitividad y el crecimiento no ponemos la biofilia y la sustentabilidad, estamos perdidos. 

Una dificultad enorme de las transformaciones ecosociales que proponemos: de entrada, y dentro del marco cultural vigente, son percibidas como formas de empobrecimiento. Ahora bien, más allá de la satisfacción de las necesidades humanas básicas, la riqueza no es un hecho social objetivo; es una relación entre medios y fines. Si cambiamos los fines (si “cambian los dioses”), podemos ir hacia formas de riqueza diferentes, de hedonismo frugal o de lujosa pobreza. La escasez de petróleo no tiene por qué traducirse en escasez de vida buena. Como nos suele indicar Nate Hagens, no tenemos un problema de escasez de recursos, sino más bien de exceso de expectativas (una buena síntesis del pensamiento de este ensayista estadounidense aquí).

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Jorge Riechmann es poeta, traductor, ensayista, profesor de filosofía en la UAM, licenciado en CC. Matemáticas, doctor en CC. Políticas y miembro de Ecologistas en Acción.

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7 comentario(s)

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  1. juan

    para Ander, ese es el problema que el autor no nombra al comunismo, tan responsable de generar catástrofes naturales como la peor cara del capitalismo, que tampoco debería representar a su totalidad. Yo a nivel particular soy decrecentista, no tengo aire acondicionado, no pongo la calefacción en invierno, no soy pobre energético afortunadamente, y cuando fui al colegio pasaba mucho calor en verano sin tanto lío como se monta ahora, creo que las comodidades nos hacen débiles.

    Hace 3 años 5 meses

  2. ander

    Para juan, Para defender el capitalismo es absurdo atacar el comunismo. El crecimiento económico, fundamento del sistema económico capitalista, está llevando a la ruina el Planeta y acrecentando la desigualdad. El autor del artículo no ha nombrado al comunismo en todo el texto. El decrecimiento no es comunismo, pero aún así este sería mil veces mejor que el sistema actual. No verá a Riechmann ni a ningún otro ecologista-decrecentista defender ningún tipo de producción de energía basada en fósiles o en energía atómica de fisión, sino al contrario defienden la reducción de su consumo descerebrado y absurdo, del despilfarro suicida de lo que el Planeta nos ofrece. Creo que no ha entendido nada. Lanzar ataques de y tú más, defender al capital porque Chernobyl causó un holocausto y olvidarse de Hiroshima-Nagasaki, del expolio de África, del genocidio de Oriente Medio en busca del petroleo y gas, de la desastrosa y absurda acumulación de riqueza capitalista, que no es sino acumulación de bienes materiales y poder sobre el otro, sea este un árbol, un bosque, una comunidad indígena, un riachuelo, o un mar entero, simplemente es suicida y no tiene sentido. Un país que para sobrevivir necesita aniquilar a otro es tan idiota como un tipo que cree que cuando la Tierra colapse podremos emigrar a Marte.

    Hace 3 años 5 meses

  3. juan

    Como no podía faltar en un artículo de este autor y este diario la palabra capitalismo...porque el comunismo que hizo centrales de papel como la Chernobyl o secó el mar de Aral era superconsciente de la importancia de los ecosistemas. Querer la naturaleza no es ni de izquierdas ni de derechas, incluso desde una óptica capitalista degradar o sobreexplotar los recursos es un pan para hoy y hambre para mañana. De la misma forma que el egoísmo individual prefiere el hoy, el egoísmo individual de la jerarquía comunista también ha demostrado centrarse en el hoy, por su ego.

    Hace 3 años 5 meses

  4. Godfor Saken

    George Carlin: "Salvando el planeta": https://youtu.be/9OiOvWwE4Gs

    Hace 3 años 5 meses

  5. Godfor Saken

    Sovereign (a poem) suns brigthly burning / void swallows all / jeweled worlds turning / void devours all / stars faintly gleaming / void quenches all / worlds with life teeming / void consumes all / dead fragments straying / void dissolves all / planets decaying / void cancels all / galaxies spinning / void destroys all / end and beginning / void annuls all. / (From “The Spiral Consilience” by Oudeís)

    Hace 3 años 5 meses

  6. Godfor Saken

    From the book "World on Fire", by Michael Brownstein: Because it's a mistake to think this culture will last much longer. Walking on eggshells, out on a limb, state of denial. Western white noise powered by psychotic episodes dressed up as healthy ambition. Western white noise, how I long to hear the silence behind your posturing. But, unlike me, nature's not impatient. She waits, compassionate, all-knowing. Time means nothing to her. She doesn't care if a million years go by before life's balance is restored. She laughs—you can't hear her laugh but it's everywhere, in the crowding and acceleration, in the epidemics and famines, in the ruined lives—she laughs at the desperate compulsions spewing out of Western white noise's mouth. She laughs at the very disasters which are destroying her. Yes, even my clairvoyant glimpses of revenge, of oil industry meltdown, she views with a trickster gleam in her eye, indifferent to any outcome. She smiles at those working tirelessly for her benefit because she knows their egos are involved in what they say and do. Whereas her power is beyond ego, beyond name and form, beyond individual identity, beyond striving. The great detachment of the Goddess, breathtaking and fearful. The terrible distance from which she churns out and ingests all life—good and bad, beautiful and ugly, vital and sickly, just and monstrous. The indifference of the stars, the galaxies which come and go without explanation, without bias, without a sound. The silence of the Goddess making any witness—even the bravest of all—crumple in awe, "go blind in her presence," as the ancient texts averred. Because she doesn't care the way "you" and "I" care. No matter how bad things get, she knows her survival is beyond influence. No matter the polar ice caps melt, no matter the half-life of nuclear stockpiles leaking into everyone's tomorrow, no matter the disappearance of her precious creatures, her trees and flowers, no matter the poisoning of her air and water, no matter the end times. End times for us is nothing to her, literally nothing at all. Looking us in the eye—her glance that burns our retinas—she reaches under her gown and fingers herself, making herself wet, making herself come, over and over again. Out of her moaning mouth spill unending life-forms, forever taking the place of what disappears. That's all she does, from here to eternity. And we can't believe it, we refuse to accept it, the knowledge of our insignificance pulverizes us.

    Hace 3 años 5 meses

  7. Godfor Saken

    "Rechazamos esa fe según la cual las diversas crisis que han convergido en nuestro tiempo pueden reducirse a un conjunto de “problemas” que necesiten una solución política o tecnológica. Creemos que las raíces de estas crisis están en las “historias” que nos hemos estado contando a nosotros mismos: el mito del progreso, el mito de la centralidad de lo humano, el mito de nuestra separación de la ‘naturaleza’. Mitos todos ellos peligrosos sobre todo por el hecho de que hemos olvidado que son mitos". Uncivilisation Manifesto (Dark Mountain Project) http://dark-mountain.net/about/manifesto/

    Hace 3 años 5 meses

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