1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

TRIBUNA

Sobre la libertad de La Manada: por una justicia feminista y un feminismo antipunitivista

Nuria Alabao 27/06/2018

Pedripol

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT es un medio financiado, en gran parte, por sus lectores. Puedes colaborar con tu aportación aquí.

El jueves recibí por una lista de Telegram la primera noticia sobre la libertad provisional para los condenados de la Manada. También muchísimos mensajes de indignación y muy pocos argumentos o información concreta de los motivos de la puesta en libertad. Yo tenía algunas dudas sobre cómo debíamos reaccionar, sobre el caso concreto –me faltaban datos, razonamientos jurídicos– pero no me atreví a expresarlas en ese grupo. La unanimidad era abrumadora, casi como un muro. En mis redes sociales también.

Tuve dudas sobre todo porque soy una lega en derecho pero también porque tengo un tic que me hace saltar un resorte interno: una cierta desconfianza por principio en el sistema penal, en la cárcel como solución. Conozco gente que ha sido encarcelada por acciones políticas, por actos de desobediencia, por defender determinadas ideas. Gente que ha sido torturada en el sistema penal. Por eso, defender los derechos procesales siempre me ha parecido un deber, porque los excesos de la justicia pueden recaer fácilmente en gente que lucha contra otro tipo de excesos que consolidan la desigualdad en la sociedad, o simplemente, en personas que pelean por poder decir según que cosas, por manifestarse –y últimamente hasta por cantar, o poner tuits–. Podría haberme pasado a mí o a alguno de mis compañeros. Siempre queda además, que estos excesos también pueden recaer en inocentes, por eso existen los derechos procesales y por eso hay que defenderlos.

Por otra parte, sé que las mujeres estamos teniendo que librar una dura batalla para que las violaciones, los abusos, la violencia en el hogar o la pareja sean reconocidas y combatidas. Hasta hace muy poco en nuestro país lo que en principio se llamó “violencia doméstica” era un “asunto privado” que se toleraba, que a penas se denunciaba. Hoy todavía pedimos más recursos y medidas de protección ante la persistencia de los asesinatos. Hemos tenido que luchar a brazo partido para que se nos crea cuando explicamos abusos –la palabra de una mujer que cuenta una violación es una palabra que ponemos inmediatamente en duda–. Por no hablar de la escasa atención o medidas de protección que reciben las víctimas de trata o las de abusos cuando son inmigrantes que trabajan casi sin derechos en nuestros campos. Estar borracho es una atenuante que puede reducir la pena en caso de violación. Entre otras muchas cosas incomprensibles como la que ha suscitado la reacción furibunda a la sentencia de la Manada: la diferencia entre abuso y agresión basada en la existencia o no de violencia de los agresores o resistencia de la víctima. Si no hay consentimiento, hay violación, decimos. Parece obvio. Así que no. La justicia no protege suficientemente a las mujeres cuando son agredidas porque son mujeres en toda esa construcción que nos hace estar al servicio de otros, o satisfacer a otros, o confirmar a los hombres en su posición de varones a través de la fuerza que ejercen sobre nosotras.

Y con todo esto a cuestas, el jueves cuando estalló la oleada de indignación, yo tenía dudas, pero me costaba expresarlas incluso en grupos de confianza. Todo se acelera en estos tiempos y hay miedo de expresar según que planteamientos. Miedo de los linchamientos en redes, miedo de que te estigmaticen, te boicoteen o te acusen. El periodismo siempre ha sido deporte de riesgo si se confrontaba al poder, ahora también tiene que confrontar los climas sociales. Es bueno que se controle al periodismo, me dije. Pero también acojona un poco. Hay mucho de emocionalidad en estos acontecimientos que funcionan como un clima, que de alguna manera se articulan o generan sujeto político en torno a la indignación. Es importante pensar bien cómo intervenir en ellos porque no es fácil. También necesitaba reflexionarlo un poco más, leer algo más, hablar con compañeras que saben. Tampoco hay por qué opinar sobre todo siempre, me dije. No siempre es útil. Calma.

Casi al momento de recibir la noticia me escribió una amiga:

- ¿Viste lo de la manada? Entiendo la rabia y la indignación, pero me jode salir a la calle a pedir que permanezca gente en prisión.

- A mí me pasa lo mismo. Pero no sé cómo expresarlo o si quiera si vale la pena.

- Pues me ha escrito bastante gente en privado sobre el tema. Si se trata de elegir bandos yo tengo muy claro cual es el mío, pero no puede ser que todo discurso o acción se organice casi instantáneamente en torno a bandos.

- ¿Quieres que más adelante escribamos algo juntas?

- Sí, en el 2019. ;-)

Leyendo la protesta 

El viernes ya sabía algo más del caso, había leído críticas fundamentadas a la puesta en libertad desde posiciones feministas que hablaban de los límites del derecho en estos casos, al tiempo que defendían las garantías procesales de forma matizada. A pesar de eso, fuimos a la manifestación arrastrando nuestras dudas. Unas chicas gritaban: “Violadores a prisión”.

Una compañera que me acompañaban dijo: “Me cuesta gritar eso”. Otro amigo intervino: “Dan igual los detalles concretos, esto es una impugnación completa. En los últimos 4/5 años, al ciclo 15M le ha seguido un ciclo feminista, que como sucedió en su momento es un poti poti de cosas muy diferentes y no tiene estructuración política. Fijaros, las demandas más concretas se articulan en torno a la violencia, que es como el elemento vertebrador de esta oleada. Esta demanda plantea un conflicto con el Estado, con las instituciones del poder judicial. Molaría que aquí saliese un programa político más amplio de economía feminista, cuidados, etc., pero las condiciones vienen dadas así y está bien que así sea.”

La chica le respondió: “Puede ser, pero aún así, estamos en un momento muy frágil. El discurso hegemónico de hoy es un discurso procarcelario. Esto podría valer para legitimar la cadena perpetua, el propio sistema punitivo patriarcal. Y si no, mira eso” –dijo señalando una pancarta con la cara de los violadores–. 

Pero ni las pancartas, ni los monigotes ahorcados que representan a los violadores colgando me preocupaban a mí. No dejan de ser expresiones de enfado, mensajes que más bien hablan de la indefensión de la víctima, de cómo es pasar a la ofensiva simbólica desde la conciencia de la propia fragilidad constantemente recordada a golpe de sucesos en los informativos, una suerte de pequeña revancha emocional. Me preocupaba más la instrumentalización que pudiese hacerse desde las instituciones y partidos que son los que al final tienen la capacidad enunciativa más potente, el acceso a los medios de comunicación y los que en definitiva se arrogan la capacidad de “interpretar” las demandas ciudadanas y el significado de expresiones como una protesta masiva. Es bueno el desborde, ¿pero quién puede decir que significa exactamente una manifestación como la del viernes? ¿Las estructuras del feminismo institucional que están más cercanas al poder? ¿Los políticos que quieren convertir en votos las demandas feministas? El movimiento feminista en estos momentos está absolutamente desbordado por su propia potencia ¿quién tiene la potestad de hablar por él? Es importante resaltar que es desde sus organizaciones formales más diversas –como las plataformas del 8M– de donde salen los mensajes menos punitivistas, son una auténtica referencia.

Por su parte, Soraya Sáenz de Santamaría aprovechó para justificar la prisión permanente revisable –perpetua, sin eufemismos–. Pedro Sánchez se apresuró a hablar de la necesidad de un cambio en el Código Penal y declaró su compromiso con la “lucha contra el terrorismo machista”. No alegra mucho esa comparación porque conocemos perfectamente la legislación de excepción que ha dejado la “lucha antiterrorista” en nuestro ordenamiento jurídico. Y también cómo ha sido utilizada, por ejemplo, en el caso de los titiriteros que tantos juristas criticaron. Como explicaba Beatriz Gimeno en un artículo, los cambios impuestos en caliente y a golpe de emociones favorecen la “impunidad del poder” porque “normalizamos la terrible idea de que cualquier medio punitivo que emplee el Estado es aceptable con tal de conjurar determinados peligros”. La movilización se ha ido articulando como reacción a sentencias judiciales como provocada por el caso de Juana Rivas, y ahora este. Es un programa que plantea una confrontación, ¿pero hacia dónde lo queremos llevar? ¿Cómo se protege mejor a las mujeres? ¿El aumento de penas o el recorte de derechos contribuyen a evitar nuevas agresiones? Los datos nos dicen que no.

“No es un caso aislado, se llama patriarcado. Las calle, la noche, también son nuestras. Que no, que no, que no tenemos miedo” –se cantaba en la manifestación–, con más ganas las más jóvenes, que en general ya no tienen madres que les prohiban salir de noche, pero que se sienten expulsadas del ocio nocturno por las amenazas de agresiones sexuales. Eso estaba también: un acto de afirmación colectivo. Allí, más allá de las pancartas contra los violadores y el cabreo, lo que vivimos fue una enorme alegría de estar juntas. Porque al final, también era un mensaje para la chica que sufrió la violación: estamos contigo, no estás sola. “Mientras haya esto –me dijo otra amiga señalando alrededor–, no habrá fascismo en España”. 

Después de la manifestación me encontré en una fiesta con una amiga que estudió derecho. Ella lo tenía claro: “Yo también parto de una mirada antirepresiva porque es a lo que me he dedicado toda la vida, pero tal y como han ido las cosas, para mí la liberación no se entendería sin el movimiento feminista. Es un mensaje, ha sido una reacción por nuestra impugnación al sistema judicial. Es cierto que se tiene que acabar con la diferencia entre abuso y agresión sexual y creo que eso lo estamos ganando. La realidad ahora es que nos estamos encontrando con jueces que hacen lo posible por aplicar abuso porque agresión implica penas de hasta 15 años de cárcel. Son muy altas y a los jueces les cuesta aplicarlas. Si se reforma la ley habría que bajarlas. Pero a ver quién dice eso en este contexto.”

Un feminismo del deseo

Una investigadora que ha estado trabajando en prisiones con violadores, Rita Laura Segato intervino el año pasado en el Senado argentino en contra de la propuesta de privar de ciertos derechos a los agresores sexuales –como las salidas transitorias o la libertad condicional–. Ella explica que las agresiones sexuales que conseguimos tipificar como crimen constituyen la punta de un iceberg de un comportamiento social extenso y que implica una espiral de violencia de más calado. Así, la violación sería sólo otra manifestación de una serie de "agresiones" que se reproducen socialmente, que nos atraviesan a todos y que arrancan con la cosificación de la mujer. Es lo que desde el feminismo se llama “cultura de la violación”. Cómo confrontarla también implica un debate: si mediante la prohibición o a través del trabajo político de producción discursiva y la propuesta de modelos alternativos. (Por la forma de conducir el debate en las redes y las peticiones de boicot y prohibiciones, parece que la mentalidad punitivista arraiga también muchas veces en nuestros movimientos en diferentes lugares.)

En cualquier caso, si el problema de las agresiones es social, como dice Segato, las soluciones no pueden pasar solo por lo penal que acaban por “enviar al violador a una verdadera escuela de violación como es la cárcel”. Y propone un trabajo en varios planos, donde la formación de los jueces sería una parte más, en la línea de lo que propone el protocolo Estambul, donde desde una mirada no punitivista, se reclama una revisión del funcionamiento de la justicia en clave feminista. 

“¿Son las soluciones que el Estado puede dar el tipo de soluciones que necesitamos? ¿O deberíamos ser capaces –sin abandonar ese camino– de pensar en otras formas de transformar la sociedad y las relaciones entre las personas? Pienso que estamos en tiempo ya de pensar en otros caminos de la propia sociedad. Caminos que tienen que ver con la reconstrucción de lazo allí donde existen jirones de comunidad –como todavía se da ciertamente en España–, reconstrucción de vida relacional, de una comunidad que cuida. Reforzar ese camino traerá soluciones mejores para la protección de las mujeres que las penas de cárcel, que las penas punitivas. Hay que reforzar un ojo vigilante que es el de la propia sociedad”, decía Segato en una entrevista.

No queremos una justicia machista que no nos defienda y no creemos que la solución sea el populismo punitivo. La posición es complicada y a veces es difícil de explicar. En esta línea, decía Silvia Federici que la violencia que sufrimos no es solo violencia individual, es también del Estado, de la policía y de las cárceles, y que “el feminismo es un movimiento contra la violencia y los abusos institucionales, pero también es una manifestación de deseo, de voluntad de construir una sociedad diferente.” La justicia no siempre equivale a más castigo. Más penas y menos derechos no nos van a proteger mejor de esas violencias que se retroalimentan, pero más feminismo, es decir, más estar juntas en el camino hacia esa sociedad diferente que prefiguramos, con toda seguridad sí.

Autora >

Nuria Alabao

Es periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

4 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. c

    Una cosa es que haya que intentar reformar a la gente ,ademas de educar a la chavalada y otra que no haya que castigar a gente que llega a estos extremos y que se puede fugar etc etc Curiosamente para los violadores y élites , alguns no hablan de prision permanente revisable ,sino que ademas la cárcel no es buen invento... ...¿ No se te ha ocurrido todo esto cuando los de Alsasua etc etc etc etc etc ? ve te a la mi er da

    Hace 2 años 9 meses

  2. RMN

    Un buen articulo y ese es precisamente el camino, que como suele ser siempre es el mas difícil. Tengo varias vivencias particulares sobre el tema que ni por espacio ni por interés general voy a detallar, pero de las que puedo y me siento realmente orgulloso. Por otra parte, quiero hacer un comentario al anterior de #Encinas, es sobre el tema de la embriaguez como atenuante, a mi no me parece tal y me temo que se utiliza de forma abusiva muchas veces tan a posteori que es imposible terminar si tal atenuante se daba o no, si determino ese comportamiento o no y en todo caso, aunque no es un fundamento jurídico, siempre he oído que el borracho pierde la vergüenza, pero no el conocimiento, supongo que no es un argumento demasiado solido en una acusación, pero algo de verdad tiene, sin ser bebedor habitual, mucho menos bebedor de abuso, alguna vez si que me he tomado alguna copa de mas, que en mi caso llega realmente pronto, y desde luego era plenamente consciente del limite entre la desinhibición y la falta de respeto.

    Hace 2 años 9 meses

  3. me gustan los penes

    No es que sea dificil de explicar... es que si lo haces te linchan, o si intentas dar un punto de vista ligeramente distinto, ofrecer otras vias, alertar de riesgos. El movimiento es tan potente y hambriento que se devorará.

    Hace 2 años 9 meses

  4. Encinas

    Un artículo con luces y sombras. Es de agradecer que la autora intente seriamente romper con el punitivismo y la vis expansiva del derecho penal. Con un derecho penal vigoréxico que, en determinados delitos con los que algunas y algunos están más sensibilizados, la duración de las penas nunca les resulta suficiente. Y la lista de delincuentes no deja de crecer, a derecha e izquierda del espectro político: violadores, pederastas, pirómanos, terroristas, etc . Pero Nuria Alabao se queda a mitad de camino en defender seriamente el garantismo, tal vez por ser lega en derecho, como ella misma reconoce, Aun así, resulta sorprendente que se cuestione la circunstancia atenuante de embriaguez para los autores de los delitos de violación. Por todo ello, Alabao tal vez inconscientemente acaba defendiendo un punitivismo selectivo y de baja intensidad. En mi opinión, el único artículo totalmente convincente en este asunto es el publicado hace unos días en este mismo medio por Miguel Pascau Liaño, aunque también resulta estimable el de Mª Eugenia Rodríguez Palop.

    Hace 2 años 9 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí