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ISABEL VILLAR / Pintora

“En mi época las mujeres que pintaban firmaban con la inicial y el apellido, para disimular que eran mujeres”

Miguel Ángel del Arco 30/11/-1

<p>Isabel Villar. </p>

Isabel Villar. 

M.A.D.A.

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Isabel Villar (Salamanca 1934) tenía claras dos cosas: que quería ser pintora y que iba a pintar diferente. Ha conseguido ambas y tanto críticos como artistas han aplaudido, admirado y reconocido su originalidad. Cuando tuvo esas certezas, había terminado la carrera de Bellas Artes y destacado en el dibujo. Como entonces había una verdadera fiebre por la pintura abstracta, ella tiró por otro camino: pintó prados luminosos, mujeres desnudas, inventó familias imposibles, animales apacibles como sacados de un zoológico mágico.

Hija de un ingeniero de montes, pensó que para ser pitora lo primero era salir de Salamanca. Aprendió a dibujar en la escuela de San Eloy porque el ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando era difícil. Aprobó a la primera.  Alfredo Alcain, Antonio Zarco, Ángel Doreste, Vicente Vela o Eduardo Sanz fueron sus compañeros de clase. Con el último se casó. La clave de su unión fue la pintura. Isabel era la única chica entre tantos chicos que quería ser pintores. Todos la invitaban a salir, a bailar, al cine. Eduardo quedaba con ella para hablar de pintura, para pintar paisajes juntos. Tuvieron un hijo que también fue pintor.

Tiene 84 años y sigue pintando, poco, está atenta a lo que pasa a su alrededor, echando de menos a su marido, que se le fue hace cinco años, y exponiendo. Hace apenas tres meses la galería Fernandez-Braso presentó Isabel Villar, Pinturas, 1970-2017.

¿Recuerda cuando empezó a pintar?

Toda la vida, yo creo que nací con el lapicero en la mano. En la familia de mi madre, mi tío Manolo dibujaba que era una maravilla, fue uno de los que más me apoyó para que me viniera a Madrid. También mi abuela, Ana Mirat, tenía una gran ilusión de que yo pintara. Me apoyó mucho, aparte de que tenía una cocinera impresionante y siempre llamaba a mi madre, oye que me quedo a comer con la abuela. En Salamanca preparé mi primera exposición en la galería Miranda. Me había ido a la Alberca, pasé quince días y dibujé los paisajes, yo era muy rápida. La vendí entera.

Ser rápida, ¿qué significa? ¿facilidad?

Siempre he sido bastante rápida, aun con los cuadros que hago ahora que son más elaborados. Me acuerdo cuando iba a San Eloy a aprender a dibujar, con el uniforme del colegio. Manolo García, que era muy buen maestro, me tenía que poner algo para dibujar, y luego otra cosa, porque ya había terminado las tareas.

Pero es seguridad, buena mano o qué.

Tal vez es que ves muy pronto lo que quieres hacer. Antonio López es todo lo contrario. Antonio coincidió con nosotros en la escuela, no en nuestro curso, sino en uno o dos superiores. Teníamos mucha relación porque íbamos a ver sus cosas y porque había dos estrellas entonces en la escuela, Antonio López y Manuel Alcorlo, este sí era de nuestro curso. Y Antonio era lentísimo. Todavía me acuerdo de aquellas recepciones, donde ibas en fila a saludar al rey… Debió ser de las primeras, iba delante de mi Antonio y  Juan Carlos le dijo: “Pero Antonio, por favor, me vas a pintar viejísimo como no termines”. Es magnífico pero muy lento.Antes a los pintores nos cuidaba la televisión, ahora no se ocupa para nada.

Se empeñó pronto en pintar de otra manera.

Totalmente. Eso fue al acabar Bellas Artes, se produjo un boom del abstracto, que a mí me interesaba mucho. Siempre quise pintar algo que fuera muy mío y, además, que se viera enseguida que era mío y que no tuviera que ver con la moda. Muchos críticos me decían, pero si tú tienes mucha facilidad… No me divertía pintar abstracto, aunque me gustaban mucho la pintura de Millares, o la de Saura. Así que, en pleno furor del abstracto, busqué este mundo más ingenuista.

Ha dicho que quería pintar como una mujer.

Eso también lo tuve yo muy claro, porque en mi época las mujeres que pintaban firmaban con la inicial y el apellido, para disimular que eran mujeres. Si se llamaba por ejemplo Matilde Fernández, pues firmaba M. Fernández. Se escondían. Incluso yo firmé varias cosas I. Villar. En un momento me dije, nada de eso, yo soy Isabel Villar, soy una mujer y punto. Y hasta ahora.

***

El camino que eligió Isabel Villar para ser diferente se internó por prados verdes, mágicos y verosímiles solo por su pincel rápido y claro. Iba  apuntando los títulos de sus cuadros en una libretita y ha juntado cientos de ellos, irónicos, ambiguos, intencionados, explicativos, que son quiños y críticas suaves a la España que iba viendo, a los tópicos, al cerrajón. Ella es luminosa, optimista, alegre, y todo lo mete en sus cuadros con una aparente facilidad pasmosa. El resultado, lleno de detalles, entra por los ojos, sorprende y hace pensar.

‘La mujer desnuda y ‘El león en mitad del prado verde’, ‘Noche tranquila’, ‘Familia del obispo’, ‘Niña volando con rinoceronte’, ‘Concierto en do mayor para rebaño’, ‘El lobo’,  son algunos de los títulos, entre la ironía, la broma o la paradoja. Vemos en ellos un león solitario que va encontrando compañeros que salen de un fantástico arca de Noé.

Ha tenido diferentes etapas y en cada una de ellas ha ido añadiendo detalles a su originalidad, a su diferente manera de pintar. Así que ha puesto en sus cuadros a las mujeres solitarias, desnudas, cándidas y voluptuosas, quizá volando; a sus leones apacibles, sus lobos buenos, es decir, animales salvajes en un zoo armonioso; a las majas y a los toreros sin toro; a los ángeles feminizados,  que pueden igual ir a la playa que jugar al golf; a sus grupos familiares tan improbables como sugerentes, parejas felices, niñas mariposa volando y multiplicándose hasta el infinito. Un mundo interior rico y claramente reconocible. De muy difícil clasificación. Por eso los críticos la han llamado neofigurativa, neosurrealista, microrrealista, naif, erótica o feminista. Quizá en una simplificación de lo inabarcable de  su pintura minuciosa, concienzuda, detallista.

De estas definiciones cual le gusta menos: naif, ingenua, infantil, neofigurativa, neorromántica, primitivista, feminista...

El que me llamen naif nunca me ha gustado, porque es no entender lo que están viendo, no es naif lo que yo pinto. Me dieron una vez en Basilea un premio naif, pero en aquella misma exposición había también cuadros de Botero porque lo consideran dentro de ese mundo.. Menos naif, me gustan todas. Pero naif es el señor que nunca ha estudiado pintura, y se nota. Yo te puedo hacer unos retratos si quiero. No soy naif.

Tampoco realista.

Yo no pinto realismo porque me aburre, nunca lo he hecho. Yo el realismo este de coger un vaso y hacer tal cual nunca me ha llamado. Me acuerdo de que una vez Isabel Quintanilla me dijo: “Desengáñate, esto es una cuestión de culo”. Eso decía ella, porque tienes que estar ahí, insistiendo.

A estas alturas de la vida, de los cuadros pintados, de las exposiciones, ¿se siente reconocida?

Sí, porque no me importa. Si fuera hombre y no pintara lo que llaman naif, puede que fuera más reconocida. Suelo aparecer en la historia de la pintura, pero no lo busco. Pero sabes qué pasa, que a mí lo que me interesa, a Eduardo también le pasaba y a mi hijo Sergio también, es que nuestra obra les guste a los pintores. Yo desde el primer día que hice mi exposición entró Canogar, que no tenía ni idea de lo que yo hacía, y dijo “cómo me gusta esto”, “pues es mío".

¿Se llevó bien con la crítica?

No me ha interesado mucho lo de la crítica. Yo vendía bien; tengo que decir que la primera exposición la vendí entera. Es que en aquella época si no eras abstracto era un pecado, y yo hice retratos porque se me daban bien…Luego lo dejé, pinté alguno, pero a mi estilo. Luego me han pedido más pero es pesado, tienes que procurar que se parezcan.

¿El mundo del arte es machista?

Sí, que lo es. Falta mucho para una verdadera igualdad, aunque yo en ese sentido reconozco que tuve suerte. Desde la primera exposición en la galería Sen en Madrid, les interesó mucho lo mío. Moreno Galván escribió una crítica en la revista Triunfo, luego Calvo Serraller. Pero en antologías y eso, sí que salen menos mujeres. A mí sí me han sacado.

Pero usted dejó de pintar para dedicarte a la casa.

Más que a la casa, a la hoja de lata. Porque yo inventé una artesanía en los años que terminé la carrera y Eduardo se fue a París. Éramos, como decía un amigo nuestro, amigos noviosos, porque estábamos muy independizados. Yo me fui a Salamanca y con una amiga inventamos unos manteles con panes de oro y dibujitos que vendíamos en una boutique, o sea que la artesanía siempre me interesó. Y cuando Eduardo expuso en Madrid y ya destacó y se afianzo cogí la hoja de lata, la vendí. Es que con las figuras de hoja de lata ingresábamos muy bien. La casa la seguí llevando, pero no renuncié a nada… De hecho, en Bilbao expuse a punto de dar a luz. Yo aposté por la pintura de Eduardo y no me importó esperar un poco para hacer lo mío.

Pintora, esposa de pintor, madre de pintor. ¿Cómo se lleva eso?

Bien, nadie enseña a nadie porque hemos sido tan distintos y no hemos interferido. Hombre, solo algún consejo y mucho respeto por lo de los otros. Cada uno en su sitio. Yo tenía mi estudio en el jardín, que ya no es mi estudio, ahora es el almacén donde guardamos cuadros de otros pintores, Úrculo, Miralles, qué sé yo. Eduardo pintaba en el sótano y Sergio también abajo, pero en la otra parte.

***

Estuvo en una antología de genealogías feministas.

Sí, una exposición importante del museo de León. Siempre te gusta que las feministas te pongan como bandera, qué bobada, eso satisface porque las mujeres estamos como estamos: no vas a decir que estás igual porque no es verdad. En esta última exposición los compradores eran todos clientes nuevos de la galería y casi todo mujeres. Una pintora amiga mía me decía, “es que eres ejemplo para nosotras”, y otra, “¿sabes que ahora las feministas te están poniendo de modelo?”. Lo curioso es que eran los temas de mujeres solas que he pintado desde el principio, siempre pinté mujeres libres.

Las mujeres han conquistado las calles

Sí, sí, hay que conquistar las calles, con esa burrada de la sentencia de La Manada. Hay mucho qué hacer. Se ha avanzado, pero el machismo sigue funcionando, pero de qué manera.

Se dice que la revolución será feminista o no será.

Yo creo que sí, es un camino para arreglar las cosas,  porque hay que ver cómo está todo. Raro es el día que no hay un escándalo, cuando no es Zaplana es la Gürtel y el otro, todos los días hay algo.

Su triunfo y el de las mayores ventas de sus cuadros coincidió con la Transición, ¿cómo la vivio?

Sí, fueron unos momentos muy importantes, muy interesantes.

Para unos buena y ejemplar, para otros mala, una derrota

Yo pienso que entonces no se podía hacer otra cosa. Fue un éxito, la gente demasiado joven no se da cuenta de lo que fue aquello. Había que tener un cuidado... Eduardo, porque tenía bigote lo llamaban en la DGS Eduardo Sanz alias Stalin. Era muy difícil, demasiado.

¿Le censuraron sus cuadros, sus mujeres desnudas?

Eso fue divertido. Hice una exposición importante en los años setenta, en la galería Sen, todos los cuadros eran mujeres desnudas en los jardines, el único hombre que había era un mirón, se veía la cabezuca del hombre entre unas ramas mirando. Y fue la televisión. Antes a los pintores nos cuidaba la televisión, ahora no se ocupa para nada. Pues me hicieron un reportaje y grabaron los cuadros, pero lo que sacaron fue sólo prados verdes, no salía ni una mujer. Dijeron a los que habían hecho el reportaje que de desnudos, nada. Así que acercaron el foco y todo lo que salía eran prados desnudos, sin nadie.

¿Dice que, salvo Antonio López, no hay importantes entre los realistas?

No. Tuvieron esa exposición del Thyssen, que fue muy importante, pero no creas, no estaban considerados. Vendían muy bien y eso, pero luego no los llevaban a las bienales. Por ejemplo, Eduardo fue tres veces a las bienales. Siempre llevaban a gente más rompedora.

El canon ¿quién lo pone, el mercado?

El mercado es muy desigual. He visto lo que hay en EEUU con Koon, lo último que hace, con muñecos que luego funde... A mí me gusta el perrito que tiene en la puerta del museo Guggenheim, es interesante... pero son muchos los galeristas que lo imponen. 

Autor >

Miguel Ángel del Arco

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