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El país de las mil fiestas (II)

Grandes fiestas en lugares minúsculos

¿Una fiesta de tres días con verbena y orquestas en una aldea en la que el resto del año solo están habitadas tres casas? Sí, se puede. Todo es cuestión de organizarse, y de que no haya demasiados lutos

Xosé Manuel Pereiro Santa Cristina do Viso (Lugo) , 8/08/2018

<p>Niñas bailan con la orquesta durante las fiestas. Santa Cristina Do Viso, Galicia. </p>

Niñas bailan con la orquesta durante las fiestas. Santa Cristina Do Viso, Galicia. 

Isa Romero

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En el capítulo anterior no es que les haya mentido, pero sí fui económico con la verdad, como decía un amigo mío escocés. Se ignora el número cierto, o aproximado, de fiestas en Galicia, pero sí se han calculado cuántas tienen verbena, ese botellón legalizado y multiamplificado que desvela a vecindades enteras por su bien y disfrute. Exactamente hay 2.837. O esas son las que contabilizaba en 2010 Del palco al escenario, un estudio de la Universidad de Santiago. Sé que las cosas que llevan un certificado universitario al pie no son lo que eran, pero este trabajo en concreto, pese a ser de provincias, debió de ser lo suficientemente serio como para que la Agencia Tributaria lo usara como hoja de ruta para calcular el fraude fiscal del sector verbenero (o eso aseguran en el sector). De hecho, Hacienda logró condenar al principal empresario del ramo, Ángel Fernández, Lito, a doce años de prisión y 36 millones de multa por declarar únicamente el 10% de sus ingresos en un par de años. No hace falta que imaginen el volumen del sector, Del palco… ya lo hizo: hay (había en 2010) unas 300 orquestas y unos 120 tríos y grupos, que aquel año hicieron –solo en Galicia, aunque suelen frecuentar Asturias, León y algunos casos, localidades de Suiza, Alemania o Francia– 5.743 actuaciones. En el informe universitario estimaban la facturación 26,2 millones de euros, aunque la oficial Axencia Galega de Industrias Culturais (AGADIC) la elevaba, incluyendo formaciones diferentes, como las charangas, hasta los 94,6 millones anuales. Si se vienen conmigo a Santa Cristina do Viso (O Incio, Lugo) quizá les pueda explicar el porqué de ese cacao estadístico. O no, pero tampoco les importará mucho.

Foto: Isa Romero

Foto: Isa Romero

Los nombres no corresponden a 25 “vecinos”, sino a las casas, como en Juego de tronos

“Aquí están Zoqueiro, Zapateiro, Lavanco, Carpinteiro, en fin, ya sabes… en Buxán, están la casa de Porteleira… bueno, ponle que 25 vecinos. Aunque este año hay cuatro o cinco lutos”. Lo que desgrana José Manuel de Aira es la lista de contribuyentes a las “Grandes Fiestas en honor a Santa Cristina”, según reza el cartel que está distribuido por bares y postes de toda la comarca. Los nombres no corresponden a 25 “vecinos”, sino a las casas, como en Juego de tronos, porque en Galicia, antes y todavía ahora en el rural, la gente no tiene casas, sino que las casas tienen gente (aunque cada vez menos). Tu identidad viene determinada no por tus apellidos, sino por el nombre de tu casa-clan, que preside los panteones familiares. Esas dos docenas de “vecinos” colectivos son las que todavía permanecen en Santa Cristina do Viso, Bermún, Buxán y Sobrado. La primera es la parroquia (tres casas habitadas por dos familias), y los otros tres son lugares que pertenecen a ella (en Galicia hay 3.792 parroquias eclesiásticas, que se suelen corresponden con las parroquias administrativas). Pero una casa existe aunque ya nadie viva permanentemente en ella, sobre todo en las fiestas, donde pueden llegar a reunirse hasta medio centenar de invitados, entre amigos y familiares en sentido amplio. 

Esas 25 casas –menos los cuatro o cinco que guardan el año de luto, aunque hay quien lo está y paga igual- costean de sus bolsillo dos días y medio de fiesta, es decir, dos orquestas (cuatro sesiones) y un dúo para la noche inicial. Las orquestas vienen saliendo por unos 2.000€ cada una, “aunque, claro, no son la Panorama”, aclara innecesariamente uno de la organización. La cuota por casa es de 160€, aunque hay visitantes esporádicos, o emigrantes que no vienen, y aportan algo. “La fiesta nos gusta que la haya, siempre la hubo, quitado una vez hace 26 años. Pero van a menos, no solo por esos que están de luto” dice José Manuel de Aira (Aira es la casa). Si echan cuentas del número de parroquias, del de orquestas, y de que las comisiones de fiestas no tienen personalidad jurídica ni nada, se harán una idea del filón que descubrió la Agencia Tributaria gracias a Del palco al escenario. Para que digan que las investigaciones universitarias no tienen aplicación práctica.

José Manuel de Aira, un mocetón pelirrojo cuanto tenía pelo, cuenta lo de la decadencia como quien constata un hecho, sin quejarse, mientras atiende por encima de mi hombro cómo va el reparto de churrasco, chorizo e iscos (panceta a la parrilla). Todo eso, y vino, queimada y roscón gratis para quien se acerque al campo de la fiesta, bajo castaños que la delimitan desde que se recuerda. Es el inicio de la fiesta, la noche del 27 de julio, y después, a una señal de José Manuel, el dúo Lara & Verónica amenizará el baile desde el palco, que es para lo único que se usa desde que las orquestas se traen su escenario portátil en un camión.

José Manuel de Aira y Avelino de (la casa de) Rivera son los ramistas, los organizadores de la fiesta. Se llaman así (o vigairos en otras partes de Galicia, o mayordomos en buena parte de España) porque recibían, al final de los festejos de cada año, un ramo como símbolo del encargo que recibían para los próximos. Ahora no hay ramo, sino más bien una corona de espinas. “Llevo doce años, y este es el último”, dice.

-¿Por qué?

-Porque estoy cansado.

-Ya, pero ¿por qué eres ramista tanto tiempo?

-Porque mientras lo sea “o de Aira”, no lo es otro –se resigna, irónico–.

Ahora el sector del ramismo tiene una ventaja en la que no había reparado. Ya no se gasta en pirotecnia

De hecho, este año iban a serlo Toño (de la casa) de Carballedo y Víctor de Sobrado, pero fueron dos de los afectados por lo del luto. Al final, Avelino de Rivera, que vive en la vecina villa de Sarria después de haber trabajado 35 años en Basilea y dejar allí una hija y una nieta, se animó a echarle una mano al eterno ramista para no quedar sin fiestas. Luis de Zapateiro, que en la barra del bochinche invita a discreción, se encargó de las fiestas un par de veces, hace unos diez años, recién cumplida la mayoría de edad. “Para ser ramista solo hay que querer y tener tiempo, aunque este año ni eso, que organizaron la fiesta en una semana. Pero aquí es fácil, no se echa nadie para atrás, aunque hubo cuatro o cinco lutos”. Lotería de los lutos aparte, que se supone que irá a más, debido al estado de la pirámide poblacional, ahora el sector del ramismo tiene una ventaja en la que no había reparado. Ya no se gasta en pirotecnia. “No, ya no hay foguetes, no se tiran. En teoría hay un seguro, pero, si pasa algo, los responsables son los ramistas, y es lo que faltaba. Por eso ya no hay”, aclara Luis.

Como se dice aquí, hay más jabalíes que gente

Es domingo 28 y hay misa solemne, a una hora prudente para reponerse del baile de ayer: 13:30. Don José aparca en la pista de apenas cincuenta metros que remonta una pequeña colina que, con esa economía de uso de los lugares señeros, primero fue un castro prerromano, después escenario de una batalla contra una incursión de moros, no mucho más tarde colocaron allí la iglesia, y, ya en los años 70 del siglo pasado, una escuela unitaria que cerró una década después por falta de clientela. Es O Castro (si algo funciona, para qué cambiarlo). Don José es José Fernández Hermida, y en septiembre del año que viene cumplirá medio siglo como párroco de Santa Cristina do Viso. Pero no parece un viejo párroco de setenta y pico. Anduvo siempre en vaqueros, desde que era uno de aquellos curas jóvenes que a mediados de los 60 se concentraron en las escaleras del Palacio Obispal de Lugo, comiendo pan centeno con tocino para reivindicar la aproximación de la Iglesia con el pueblo. Lleva los pertrechos del oficio, incluido un micro con autoamplificador, en una pequeña mochila, y siempre ha misado en gallego. “No ha sido de los peores párrocos”, concede un joven descreído que no ha conocido otro, en el atrio –los jóvenes, descreídos o no, se suelen quedar fuera, en el atrio, al igual que la mayoría de los hombres, durante los oficios religiosos–. El cura José sí ha conocido otros tiempos. “Había caminos que ahora están comidos por la maleza. Antes había labradíos y desde aquí se veían las casas de Buxán. Ahora los árboles lo tapan todo”. Y al revés. Desde la carretera comarcal, lo único que se ve de Santa Cristina, entre un mar de castaños, es la iglesia. Como se dice aquí, hay más jabalíes que gente.

Foto: Isa Romero

Foto: Isa Romero

José Manuel de Aira ha repartido las andas de los cuatro santos que se sacarán en procesión alrededor de la iglesia, o más bien, ha buscado voluntarios y voluntarias, y ha completado el cupo con indicaciones digitales a los remolones, sin atender excusas. A este escriba le toca creo que San Antonio. A los que se resguardan del sol en el atrio se suman ahora dos personas con instrumentos. Eduardo Recarey es gallego y toca el saxo y Raúl Cepeda (“Sepeda con s”) aka Garabito es cubano y porta una trompeta. Son músicos de Superfama, la orquesta que actuará en las dos sesiones de hoy, y están en la iglesia para animar musicalmente la procesión final alrededor del templo. Algo que en el sector llaman irreverentemente “el safari”. Llegan el percusionista, otro Eduardo, también cubano, y otra trompeta, Juan Lorenzo, que es el jefe. Eduardo dice que no tienen inconveniente en tocar en la procesión –“es música igual- y que interpretarán algo que se llama “Triunfal”, no como unos colegas que hicieron viral un “safari”, a una veintena de kilómetros de aquí, en el que hicieron sonar “A las barricadas” y la banda sonora de “El coche fantástico”. Juan Lorenzo no está muy de acuerdo. “Hay orquestas que se niegan. Lo lógico es que lo hiciesen las charangas, que es lo suyo y todos tenemos que vivir, pero bueno, hay que adaptarse”. Juan lleva 35 años y su peor experiencia fue una vez que tocaron en una aldea próxima a Lugo, “y el jefe de los ramistas había apostado a que la orquesta iba a hacer la sesión vermut mientras tenía lugar la misa. Intentamos retrasarlo, pero no hubo manera, y allí estábamos, unos con el merengue y otros rezando. El cura casi nos mata”.

Foto: Isa Romero

Foto: Isa Romero

Del “Triunfal”, sea lo que sea, directamente a la sesión vermut, previo cambio de traje en el camerino del camión-escenario que es parte esencial de cualquier orquesta de hoy, cualquiera que sea el nivel en el escalafón. “Estamos muy contentos de estar aquí, y le damos las gracias a la comisión de fiestas por habernos invitado…” empieza el vocalista, antes de hacer desfilar los éxitos, mayormente latinos, que constituyen el repertorio de la verbena veraniega. Así hasta las tres, y por la noche desde las 22,30 hasta quien se canse antes, público o músicos, pero nunca antes de las tres o las cuatro de la mañana. El lunes 29, de nuevo misa a las 13,30 con don José, pero en esta ocasión el “safari”, la sesión vermut y la de la noche estarán a cargo de Breixa Band. Ese día por la noche, “o de Aira” reiterará que ya no será ramista el año que viene y que las fiestas van a menos, pero cuando se vaya acercando el 26 de julio, día de Santa Cristina, ya se verá.

Autor >

Xosé Manuel Pereiro

Es periodista y codirector de 'Luzes'.

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2 comentario(s)

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  1. Xosé Manuel Pereiro

    Liscos si, iscos tamén (en determinadas zonas, como boa parte do sur de Lugo) http://sli.uvigo.es/ddd/ddd_pescuda.php?pescuda=isco&tipo_busca=lema

    Hace 2 años 7 meses

  2. Juan

    iscos NO, Liscos SI

    Hace 2 años 8 meses

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