1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Tribuna

La clase siempre vuelve

Lo más útil para combatir la neoliberal fragmentación de identidades no es decretar la existencia de una clase a la que haya que subordinar luchas o demandas, sino pensar la articulación de las diferencias sin someterlas a una unidad previa

Jorge Lago 8/08/2018

La Boca del Logo

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT es un medio financiado, en gran parte, por sus lectores. Puedes colaborar con tu aportación aquí.

A nadie se le escapa que las cosas no son como muchos y muchas queríamos. Que, en resumen, el cambio político se ha quedado paralizado o, si acaso, transfigurado por una nueva y aparente resurrección de la socialdemocracia. Las esperanzas puestas en una profunda transformación del régimen político nacido del 78, esas que se hicieron fuertes en el 15M y parecía que Podemos y las confluencias estaban en disposición de convertir en cambio institucional, se han quedado suspendidas en el aire.

Dicho esto, no tengo intención aquí de discriminar la naturaleza de este cambio, si estamos ante una política cosmética de gestos o frente al reconocimiento pragmático de los límites de la acción institucional en el actual marco europeo. Creo que hay una pregunta previa que debe ser aclarada. Una pregunta que, de paso, permite enfrentar el riesgo no menor en el que creo que nos encontramos: el de una regresión (sentimental, ideológica, intelectual, incluso anímica) ante la distancia melancólica que se cuela entre lo que pudo ser y lo que (no) está siendo. Una regresión, en fin, a una suerte de pre-15M.

Dos son las vías de esta regresión ante la constatación melancólica del cambio interrumpido: la vuelta a lo demasiado pequeño, o su aparente contrario, y el regreso a un enemigo demasiado grande contra el que luchar

Como si nada hubiese pasado desde entonces, como si no hubiésemos llegado más lejos, quizá, que nunca. Como si nada de lo intentado valiese ya, y hubiese que volver al sentido que proporcionaban las viejas certezas (impotentes quizá para el cambio político, pero que proporcionan seguridad en un mundo incierto y demasiado abierto y cambiante). Volver a los viejos repartos de posiciones y a los viejos juegos de oposiciones que ordenaban el mundo y la experiencia: izquierda vs. derecha, material vs. discursivo, economía vs. cultura, clase vs. identidad, unidad vs. diversidad, y suma y sigue. Este riesgo de regresión o revival no es, como decía, menor, porque puede convertirse en una profecía autocumplida, como tantas en la historia de las luchas por la emancipación y el cambio social: convertir la actual parálisis o retroceso del cambio en pura y simple imposibilidad.

Dos son las vías de esta regresión ante la constatación melancólica del cambio interrumpido: la vuelta a lo demasiado pequeño, o su aparente contrario, y el regreso a un enemigo demasiado grande contra el que luchar. La primera supone la celebración de la fragmentación y la diversidad de posiciones, demandas, luchas o reivindicaciones (en)cerradas sobre sí mismas, donde lo particular se convierte en horizonte único de lo político. La segunda se desplaza de manera inversa aunque, como veremos, con consecuencias similares. Se trata de un retroceso a la idealización de lo inmenso; detrás o debajo de cada lucha, injusticia, dolor o reivindicación se encuentra la sombra gigante de la necesidad y de la historia: el sistema, el capitalismo global que todo lo puede -la determinación en última o primera instancia de toda acción concreta–, la economía o, incluso, la ley del valor como comodín para toda explicación o análisis.

Fragmentación de identidades demasiado diversas como para encontrarse y articularse políticamente las unas con las otras, por un lado; existencia de una trama invisible que las organiza y explica sin actores ni voluntades, por el otro. En la primera regresión, la política desaparece como acción compartida, mientras en la segunda se reduce a simple derivación de leyes, lógicas y movimientos no elegidos ni decididos por nadie. Una irreductible heterogeneidad social imposible de articular y con la que generar horizontes de sentido colectivos; o una unidad ya dada de antemano del orden y el sentido: la de la clase, la economía, las condiciones materiales… que solo necesitan ser reconocidas para que todos recobremos el sentido.

Pero se trata, quizá, de dos caras de una misma moneda: no se tocan entre sí, no se ven ni dialogan la una con la otra, no parecen poder reconciliarse o encontrarse nunca, pero forman parte indisociable de lo mismo. Porque esta involución a lo inmensamente grande acaba construyendo para sí una identidad radicalizada, desconectada del sentido común, portavoz de una verdad que, sin embargo, no parece ser compartida más que por una minoría. Tan minoritaria, me temo, como todas esas identidades fragmentadas, diversas, atomizadas y neoliberalizadas que no aciertan a encontrar elementos comunes para actuar conjuntamente. A la despolitización siempre se llega por dos vías.

La hipótesis de la que parto es clara: lo más útil para combatir la neoliberal fragmentación de identidades, y el riesgo de su reafirmación melancólica actual, no es decretar la existencia de una clase o realidad material subyacente a la que haya que subordinar luchas o demandas, sino pensar la articulación de las diferencias (de deseos, demandas, necesidades, posiciones y luchas) sin someterlas a una unidad previa (que, por todo lo demás, se nos presenta históricamente como mayoritariamente masculina y blanca).

Para que la articulación política de lo heterogéneo pueda ser pensada es seguramente necesario deshacer alguna que otra premisa del marxismo y la izquierda tradicionales (y aquí habría que distinguir entre marxismos, también entre marxismo y Marx, así como problematizar y diferenciar internamente a esa izquierda que está lejos de converger en una unificación teórica o programática). Por ahora tan solo señalaré que la premisa de la unidad (de la clase, lo social, del sujeto político o de las identidades colectivas, incluso de la misma historia) genera demasiados problemas teóricos y, sobre todo, prácticos: hay siempre algo ya unido antes de empezar a actuar, y ello a pesar de que sus portadores lo sepan. Mientras, el análisis no solo descubre esa unidad oculta de lo social, sino que da por sentada su potencia política a pesar de que no suceda porque nadie la actúa.

El punto de partida de este revival es el de una unidad oculta que debe ser desvelada

El punto de partida de este revival no es, pues, el de una heterogeneidad o diferencia que deba ser articulada o trabajada políticamente, sino el de una unidad oculta que debe ser desvelada. El matiz no es menor: o la política es una construcción siempre precaria y contingente, un salto hacia adelante, una apuesta, incluso una hipótesis que solo se verifica en los efectos que genera, o es, por el contrario, el resultado de desvelar una verdad oculta para los sujetos, pero no para los analistas/intelectuales/periodistas/dirigentes del partido elegidos.

Así que la fragmentación o diversidad de luchas puede pensarse como una desviación de una unidad (pre)existente pero no (re)conocida por los sujetos de esas luchas o, y me parece más plausible, como fruto tanto de una ausencia (la de un sujeto político capaz de articular y trabajar esa heterogeneidad) como de un rechazo (el de estas identidades diversas y fragmentadas a subordinarse o subsumirse bajo una unidad previa e impuesta: la de la clase). Es decir, como rechazo a un diagnóstico y una práctica políticas que piensan y nombran a esas luchas como subalternas en lugar de agregarlas, articularlas o contaminarse con ellas.

Es por ello posible pensar la muy posmoderna fragmentación de luchas e identidades no solo como una consecuencia del neoliberalismo (del individualismo salvaje, de la ideología del hacerse a sí mismo, de la ruptura de todo vínculo comunitario, de la ausencia de sentimientos de pertenencia compartidos) sino también (y este también es importante, no se trata de sustituir una causa por otra sino de entender su interrelación) de las enormes dificultades que han tenido las izquierdas para pensar la heterogeneidad social sin esa pulsión inmediata de imponerle una unidad previa a la que amoldarse.

La enorme potencia política de la clase durante el siglo XIX y XX se debe quizá al acierto en construir entorno a sí misma una unidad de diferentes luchas, pero quizá convenga aceptar que lo hizo gracias a cabalgar una doble contradicción o tensión que hoy ha perdido, pero que otros sujetos políticos pueden mantener. En primer lugar, la tensión generada por ser una parte que se pretende el todo (con el evidente riesgo de subordinar al resto, sí, y de negar la diferencia, también, pero con una potencia histórica indudable para convertirse en el referente de muchas otras luchas, demandas, aspiraciones… hasta confundirse con el pueblo o la nación misma). De representar, por tanto, una totalidad sin ser ni mucho menos el todo. Quizá convenga recordar que la única gran revolución que se hizo en nombre de la clase obrera, la rusa, tuvo lugar en una sociedad fundamentalmente agraria y que, por tanto, la clase obrera, del todo minoritaria entonces, operó como principio vertebrador, como construcción discursiva, movilizadora, agregadora o, si se prefiere, como significante entorno al que articular demandas heterogéneas de un cuerpo social en absoluto unificado.

Y, en segundo lugar, la tensión constitutiva que se deriva de afirmar la posición de los sujetos en lucha (la identidad y posición de clase, su reconocimiento como sujeto político y productivo) y el deseo (revolucionario si se quiere) de acabar con esa posición (la superación del trabajo asalariado como relación social general). Una tensión, por tanto, definida por la reivindicación de lo que se es en una lucha para dejar de serlo. Sin esta tensión, sin esta polaridad entre el ser y su negación, la lucha se convierte en un cierre sobre sí misma de la identidad explotada o dominada. En una afirmación identitaria sin horizonte de salida. Y esto es lo que la crisis de los movimientos, sindicatos y partidos comunistas expresan, creo, en el final de esta doble tensión, y en el consiguiente y trágico repliegue identitario que supone. Veamos:

La clase pierde progresivamente el componente metonímico de la afirmación universalista (es decir, pierde eficacia la operación por la que aparece como una parte que representa al todo o, dicho de otra forma, deja de articular al resto de demandas, luchas o intereses sociales al pretender ser su única y directa expresión). Y lo hace, además y de forma altamente sintomática, en el momento en que las estructuras sociales occidentales, lejos de conducirse hacia una polarización en dos bloques monolíticos y enfrentados, se diferenciaban y diversificaban de forma acrecentada. Así las cosas, la clase acaba siendo una parte con crecientes dificultades para hablarle y hegemonizar al resto. El ejemplo de la caída de los gobiernos populares a ambos lados del telón de acero en la segunda posguerra mundial es especialmente dramático y ejemplificador: gobiernos de coalición entre partidos comunistas, agrarios, republicanos, socialdemócratas que son finiquitados por orden de Moscú, poniendo fin a una efímera pero crucial experiencia de unidad de la diferencia o, si se prefiere, de articulación de la heterogeneidad social. El Partido como expresión paralela de la clase y del todo social. Que esta reducción de la heterogeneidad social a la homogeneidad totalizante de la clase fuese paralela a una negación de la democracia y el pluralismo es, claro, sintomático: sin reconocimiento de la diferencia no hay necesidad democrática.

En cuanto a la tensión entre la afirmación de la identidad de clase y su superación o negación (ese horizonte revolucionario que implicaba la desaparición del trabajo asalariado como principio vertebrador del orden social), queda, también, hecha añicos: todo un imperio (soviético) se erige en nombre del trabajo como único horizonte de vida, al tiempo que al otro lado del telón de acero la regulación keynesiana o socialdemócrata hacía de la dupla trabajo/consumo la vía única para el reconocimiento y la pertenencia ciudadanas. Lejos quedaba, pues, la búsqueda de un más allá de la explotación capitalista, es decir, de la fijación de los tiempos de vida a los espacios productivos (al tiempo que quedaban subalternizados, feminizados y/o marginados los tiempos dedicados a la reproducción o a un ocio y disfrute no compensatorio del mundo del trabajo). Creo que en este punto conviene situar la sintomática incapacidad de los partidos y sindicatos comunistas para entender y trabajar políticamente los distintos 68’, así como los feminismos y los nuevos movimientos sociales. De entender, en síntesis, el rechazo tanto a la disciplina fordista como a un tiempo de vida subsumido en la sola biografía pautada por el trabajo asalariado. También, claro, en el rechazo a seguir esperando una revolución (que no llegaba nunca) para reclamar igualdad, reconocimiento, derechos o, simplemente, una vida que fuese digna de ser vivida.

Desapareció esa otra dimensión constitutiva de la lucha de clases: afirmarse, sí, pero para dejar de ser

Con la pura afirmación de clase y su institucionalización, bien como Estado obrero (la clase, el Partido y el Estado confundidos en una santa trinidad), bien como Estado del Bienestar (que socializa los ingresos de los trabajadores al precio de sujetarlos de por vida al trabajo y subalternizar o invisibilizar toda otra forma de pertenencia, reconocimiento y actividad), desaparecía esa otra dimensión constitutiva de la lucha de clases: afirmarse, sí, pero para dejar de ser. Que el neoliberalismo haya sabido atrapar y movilizar el deseo ambivalente de afirmarse y negarse (en esa huida hacia adelante del construirse, inventarse, hacerse permanentemente a sí mismo) no debería hacernos olvidar que esa dimensión del deseo fue previamente abandonada por una parte sustantiva de las izquierdas. ¿Derrota por incomparecencia? Quizá.

Excesiva síntesis de un proceso mucho más complejo esta que vengo de hacer para advertir, clamar o simplemente señalar que, antes de volver a un diagnóstico y una mirada (la clase, la economía, lo material, la verdad) que ya hizo aguas hasta ahogarse (y de hacerlo ignorando la enorme literatura académica y militante que desde al menos los 70 viene procudiéndose sobre el tema), conviene seguir pensando desde esta doble tensión contradictoria o ambivalente: la imposibilidad y necesidad paralelas de lo universal, es decir, el reconocimiento de que el todo, la unidad u homogeneidad social nunca están dadas y son el resultado de una articulación política siempre incompleta y precaria pero necesaria; la afirmación y negación paralelas de la identidad de todo sujeto político emancipador, es decir, emanciparse de tu propia posición e identidad en lucha al tiempo que la afirmas en el transcurso de esa lucha. 

Esta doble tensión solo se mantiene y actualiza como resultado de la virtud y la acción políticas, no como traducción/desvelamiento de una verdad material subyacente. Articular políticamente distintas demandas, deseos y necesidades de sujetos heterogéneos que, además, están atravesados por una disyuntiva o brecha constitutiva: afirmarse al tiempo que negarse. Este es, creo, el asunto.

Pero para pensar esta articulación política es necesario deshacer otras dificultades teóricas y prácticas que atraviesan el actual revival de la clase y lo material. De entrada, la que separa la economía de la cultura. ¿Habría luchas culturales que no afectan a la economía y luchas económicas no asentadas en batallas culturales? ¿No hay un componente cultural y económico indisociable en la conformación de las identidades sociales –de clase, género, raza, barrio o pandilla–? La economía es una lógica no cultural que se rige por principios… ¿de qué clase? ¿naturales? ¿económicos –viva la tautología–? ¿Ideológicos? Entonces, ¿qué? Igual conviene pensar la economía como la objetivación, cristalización y naturalización de relaciones de fuerzas, batallas culturales e ideológicas, victorias hegemónicas de unos grupos sociales sobre otros. Sin duda bajo una matriz de relaciones o modo de producción, pero en permanente transformación y sin centro ni, por tanto, ley estructural que todo lo determine y explique.

Igual la distinción economía/cultura no funciona, o distingue menos de lo que aclara

Y más preguntas: ¿funciona la distinción entre condiciones materiales y culturales? ¿Acaso no duele la desigualdad de reconocimiento y no solo la meramente económica? ¿No es material el dolor? ¿Solo si afecta al trabajo o el salario pero no a la identidad sexual y racial, o al deseo y las aspiraciones o proyectos de vida? ¿Es cultura o economía el anhelo de mejorar tus condiciones de vida? ¿O el de que tus padres, obreros, quieran que vayas a la universidad y corras el riesgo de convertirte en clase media, movidos por esa tensión entre la dignidad de ser obrero y el deseo de trascender, aunque sea a través de tus hijos, esa misma condición obrera? ¿Son traidores de clase? ¿La clase media es un mero invento capitalista para desactivar a la clase obrera? ¿En serio? Igual la distinción economía/cultura no funciona, o distingue menos de lo que aclara.

Veamos otro ejemplo: las luchas feministas, ¿no tienen capacidad de poner en cuestión el reparto de tiempos productivos y reproductivos, articulándose con otras demandas como la de una renta básica o la reducción del tiempo de trabajo? ¿Son las luchas feministas culturales o materiales? Igual la fragmentación supuestamente causada por las llamadas batallas culturales no tiene que ver con que sean simplemente “culturales”, sino con el tipo de “cultura” que interpelan y la “economía” que implican. ¿Las medidas del nuevo Gobierno son meramente culturales y por eso incapaces de transformar profundamente la estructura social y su actual reparto de posiciones? ¿O el problema es que corren el riesgo de recortar la potencia que tiene la posible articulación entre las luchas feministas y las de los pensionistas, estudiantes, gays y lesbianas, ecologistas, taxistas o precarios de Über?

Más allá de la batalla cultural no está, pues, la pura y dura economía, está una batalla política (es decir, cultural y económica) más ambiciosa, que vaya siempre un paso más allá de las reivindicaciones aisladas y concretas puestas en juego en cada momento. Esa es, creo, parte de la lección hegemónica del feminismo: su potencia no solo para marcar la agenda política y mediática, para poner encima de la mesa la necesidad de un reconocimiento siempre negado y tan material como cualquier otro dolor social, para mostrar que la igualdad, como la unidad, no se decreta por leyes o vanguardias sino que se construye. Sino para, como decía antes, articularse también con otras demandas y luchas, como la del reparto de los tiempos productivos y reproductivos, el cuestionamiento de la centralidad del trabajo asalariado en la conformación de la identidad, para poner en el centro del vínculo social los cuidados y las relaciones no mediadas por la mercancía, para dialogar y agregar en sus luchas reivindicaciones (tan simbólicas como materiales) por la renta básica o la reducción del tiempo de trabajo. Es decir, para desbordar la artificial, y seguramente inoperante, separación entre lo cultural y lo económico.

Los mismos movimientos que mantienen a la izquierda con vida son justamente a los que se culpa de su parálisis

Y la lucha de los pensionistas, ¿no encierra también un cuestionamiento posible de la centralidad del trabajo asalariado para contabilizar las pensiones y, más aún, para dar sentido a una biografía? ¿Acaso no tienen las actuales luchas la potencia de pensar la pensión con independencia del trabajo realizado y el salario obtenido a lo largo de una vida? De desvincular, por tanto, las cotizaciones pasadas de las condiciones de vida y el cuidado debido en el presente. Si esto es así, hay elementos sustantivos para, de nuevo, pensar en común las luchas de mujeres y pensionistas, y de hacerlo yendo más allá del paradigma socialdemócrata de la regulación salarial y la universalización de los servicios públicos.

Se puede (se debe) avivar la ola de cambio político afirmada a partir del 15M, sortear su parálisis actual, sin regresiones y cierres en falso. No va a ser fácil, pero si nos hacemos trampas al solitario, será imposible. Como sostenía Judith Butler hace ya casi 20 años: “Los mismos movimientos que mantienen a la izquierda con vida son justamente a los que se culpa de su parálisis”.

CTXT es un medio financiado, en gran parte, por sus lectores. Puedes colaborar con tu aportación aquí.

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Jorge Lago

Editor y miembro de Más Madrid.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

8 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Sansón Carrasco

    Me sumo a los que dicen que tanto texto y tan enrevesado y grandilocuente no puede calar hondo. Es un plomo de cojones: así no hay manera. 

    Hace 1 año 5 meses

  2. Carlos M. Arias

    El tiempo de los representantes se ha acabado, y Podemos parecía que lo había entendido. Las próximas elecciones recibiréis el palo si la cosa no cambia.

    Hace 3 años

  3. juan

    complicado opinar sobre un artículo tan enrevesado para entender :-(

    Hace 3 años 1 mes

  4. Tripalium

    Más allá de especular con qué lo cultural, lo económico y lo político vendrían a ser casi una misma cosa interrelacionada -para así no reconocer el olvido de la izquierda postmoderna en atender la mejora de las condiciones materiales de vida de la amplia población precarizada- convendría mirar la realidad presente. Para ello vendría bien sacudirse un poco ciertas teorías postmodernas que intentan explicar el devenir de las sociedades acentuando los aspectos simbólico-culturales y olvidando completamente la cuestión material. De un tiempo a esta parte, todo se reduce a reivindicaciones simbólico-identitarias de lo más variopinto (el ridículo debate de los trajes de los Reyes Magos, o repetir constantemente el ellos y ellas, nosotros y nosotras, los flacos y las flacas, etc.). Sin embargo, se echa de menos la defensa y la reivindicación sin complejos de una medida como la Renta Básica Incondicional que haría frente de lleno a una cuestión material clave como son las precarias condiciones de vida de asalariados, desempleados y pensionistas. Pero, mientras desgraciadamente vemos como la extrema derecha no para de rentabilizar en toda Europa el descontento derivado de la situación socioeconómica, la izquierda (probablemente más influenciada por académicos de la “french theory” que por Marx) continúa fuera de juego. Por otra parte, sobre la pertinente y necesaria lucha feminista por la igualdad entre hombres y mujeres y contra el patriarcado, convendría aclarar qué tipo de estrategia y planteamientos se comparten. Porque dentro del movimiento feminista existen planteamientos muchas veces totalmente divergentes. Así, si el feminismo de la igualdad de raíz ilustrada criticará, acertadamente, el multiculturalismo postmoderno y toda religión por ser una de las fuentes principales de transmisión del patriarcado, el feminismo de la diferencia postmoderno afín al relativismo cultural, defenderá incomprensiblemente el uso del velo, cuando es un claro símbolo de opresión de la mujer. Con la prostitución existen también dos posturas antagónicas y supuestamente las dos con el mismo objetivo de liberar a la mujer. O la incompatibilidad de intereses económicos entre el feminismo burgués y el feminismo anticapitalista. Bajo el manto genérico de feminismo que todo lo cubre estas cuestiones no se debieran pasar por alto. Difícilmente se conseguirá el pretendido fin emancipador si todo vale en nombre del feminismo, o si no tenemos claro qué es lo cultural, qué lo económico y qué lo político. Meter todo en la misma coctelera no contribuye a buscar soluciones. Se trata de garantizar el derecho a la existencia. Economía pura y dura. Sin eso, toda identidad y simbolismos varios se evaporan.

    Hace 3 años 1 mes

  5. Tripalium

    La multitud de identidades diversas existentes, sometidas o no, tienen que, por encima de todo, subsistir materialmente. Exceptuando las que pertenezcan a las clases privilegiadas (pequeña minoría), el resto, la amplia mayoría, estarán obligadas a vender su fuerza de trabajo. Esta situación se extenderá a largo y ancho del globo terraqueo y bajo el mismo modo de producción capitalista universalizado. Convendría tenerlo en cuenta. Por tanto, independientemente de la opresión identitaria que se sufra, habrá una opresión común y compartida: la económica. Sin embargo, la “izquierda postmoderna” lejos de priorizar las cada vez más precarias condiciones de vida de la clase trabajadora, se entretiene en cuestiones simbólico-identitarias de todo tipo (relevantes y absurdas). Por cierto, cuestiones que si bien tuvieron su origen en Mayo del 68 serán astutamente fagocitadas por el actual neoliberalismo. No se trata de no atender a la discriminación de raza y género, pero sí de no caer en la trampa del actual mercado identitario carnavalesco, fragmentado de particularismos egoístas y adscrito al relativismo cultural y al multiculturalismo. Doctrinas que ensalzando la diferencia y la sacralización de toda cultura no occidental caerán en la defensa retrógrada de elementos culturales poco compatibles con la emancipación humana como supone la existencia de jerarquías o las variadas religiones, fuente principal del patriarcado. La autora titula el artículo señalando que “la clase obrera ya está rota” y probablemente sea así, pero está rota de sobreexplotación laboral y de precariedad existencial. Frente a esa realidad que afecta a todo el mundo, sean lesbianas, queers, animalistas, veganos, o narcisistas de gimnasio, lo primero sería garantizar el derecho de existencia a través de la Renta básica incondicional. Mientras no se haga, desgraciadamente, la extrema derecha seguirá rentabilizando el descontento social perpetuándose con ello las opresiones de raza y género.

    Hace 3 años 1 mes

  6. fernando

    Coincido con miranda un lenguaje más sencillo sería mucho más productivo y llegaría a mucha más gente, quw es precisamente lo que se necesita. Saludos.

    Hace 3 años 1 mes

  7. Josep M.

    No se si es un buen artículo o no lo es. Lo que si puedo afirmar es que la capacidad del autor para transmitir ideas claras, conceptos y razonamientos, oscila entre poca y ninguna. Venderse como pensador profundo provocando la sensación en el lector de que le ofrecen poco más que humo arropado por grandilocuencias es poco provechoso para el autor ya que a muchos, con solo leer su nombre, se les erizará el pelo, pasando de largo hasta encontrar a alguien con capacidad para explicar cosas concretas e inteligibles.

    Hace 3 años 1 mes

  8. miranda collet

    muy buen artículo. sólo le aconsejo que escribas de manera más sencilla,hablo de la forma, el estilo de escribir, no de simplificar las ideas. yo sé que es difícil, pero como el artículo es muy buen, valdría la pena hacerlo accessible a más personas. gracias!

    Hace 3 años 1 mes

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí