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En Europa, ¿sí se puede?

A un año de las elecciones europeas, las luchas de egos y las diferencias programáticas dividen a la izquierda

Enric Bonet 8/08/2018

Ralph

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La fatídica crisis griega del verano de 2015 todavía obsesiona a la izquierda francesa. La capitulación del primer ministro griego, Alexis Tsipras, representó un fracaso difícil de digerir para Jean-Luc Mélenchon. Según el líder de la Francia Insumisa (republicano y socioecologista), el gobierno de Syriza es un execrable que muestra la necesidad de preparar un guion detallado que permita mantener un pulso con Bruselas, contemplando incluso la organización de un referéndum sobre la salida de Francia de la Unión Europea. Tema tabú para Podemos, el fracaso de la izquierda griega ilustra la dificultad de impulsar un proyecto transformador bajo el marco de los tratados europeos. En Europa, ¿no se puede?

Un año antes de las elecciones europeas, las divisiones internas y la debilidad electoral en numerosos países cada vez más envejecidos lastran las perspectivas electorales de las fuerzas progresistas. Diez años después de la crisis financiera, la izquierda alternativa ha sido incapaz de reemplazar la decadente socialdemocracia. Ante un Partido Popular europeo en horas bajas y un bloque liberal que busca regenerarse con el lavado de cara macronista, la extrema derecha, cada vez mejor organizada, se postula como la principal alternativa ante la “gran coalición”. Hasta el punto de que no es descabellado imaginar un grupo ultraderechista como la segunda o tercera fuerza en el Parlamento Europeo.

Ante un Partido Popular europeo en horas bajas y un bloque liberal que busca regenerarse con el lavado de cara macronista, la extrema derecha se postula como la principal alternativa ante la “gran coalición”

“Solamente las trincheras del Estado del Bienestar pueden frenar al fascismo. Aspiramos a construir una Europa antifascista, una Europa de los derechos sociales y de los derechos humanos”, aseguró Pablo Iglesias a principios de julio durante un acto conjunto con Mélenchon en Madrid. Podemos, la Francia Insumisa, el Bloco portugués y otras formaciones escandinavas impulsan la alianza ¡Ahora el pueblo!.

“Queremos que emerja una alternativa que nos saque de la espiral de confrontación entre la austeridad y la barbarie”, explica a CTXT Pablo Bustinduy, el portavoz de Exteriores de Unidos Podemos, quien considera que hace falta crear un “Visegrado democrático”, refiriéndose a la alianza neoconservadora de los gobiernos del Este que marca la agenda política en el viejo continente.

Con la nueva alianza ¡Ahora el pueblo!, Podemos y la Francia Insumisa —nuevos movimientos, seducidos por el populismo de izquierdas— pretenden liderar la izquierda alternativa en Europa. Esta se estructuraba hasta ahora en torno al grupo parlamentario de la Izquierda unitaria europea (GUE por sus siglas en francés) en Estrasburgo y el Partido de la Izquierda Europea. “No puede ser que la quinta formación en el Parlamento Europeo se encuentre arrinconada en el extremo izquierdo del tablero”, critica Bustinduy. “No nos satisface la visibilidad de este espacio”, añade. “¿Quién conoce el Partido de la Izquierda Europea?”, se pregunta aún más crítica Sophie Rauszer, corresponsable de las cuestiones europeas para la Francia Insumisa.

La confrontación entre Tsipras y Mélenchon

De hecho, el Parti de Gauche de Mélenchon (embrión de la Francia Insumisa) abandonó a principios de julio el Partido de la Izquierda Europea. Creado en 2003, este partido europeo aglutina una treintena de formaciones comunistas o ecosocialistas del viejo continente. “En su dirección hay una sobrerrepresentación de Syriza y de los alemanes de Die Linke, que poseen tanto la presidencia del Partido de la Izquierda Europea como la portavocía del GUE”, lamenta Rauszer, cuya formación exigía la expulsión de Syriza del Partido de la Izquierda Europea. “Un año antes de las elecciones europeas, no nos podemos permitir las incoherencias políticas”, denuncia Rauszer, quien critica la bajada de las pensiones y la restricción del derecho a la huelga, entre otras medidas conservadoras impulsadas por Tsipras.

Con unas relaciones frías desde hace años, Mélenchon y Tsipras reflejaron su desencuentro a principios de julio. “Nunca tuve el sentimiento de que (Mélenchon) tuviera ganas de gobernar. Me di cuenta de que no sabría muy bien qué hacer en caso de victoria. Esta no es una posición de izquierdas”, aseguró Tsipras durante una entrevista en el semanario francés Le Point, en la que reconoció que ya no mantenían relaciones con la Francia Insumisa. Unas críticas a las que el líder de los insumisos respondió inmediatamente: “Tsipras, al contrario de ti, nosotros queremos gobernar y no ser sumisos”. Con este cruce de declaraciones, se certificó el divorcio total entre Mélenchon, principal aliado ahora de Podemos en Europa, y Syriza, un referente antaño para el partido morado.

“Para Mélenchon, es fundamental distinguirse de Syriza y así demostrar que se puede cambiar Europa, a diferencia de lo que reflejó el fracaso griego en 2015”, explica el politólogo Christophe Bouillaud. Según este profesor de Sciences Po Grenoble, la izquierda mélenchonista pretende romper con su principal apuesta en 2014, cuando concentraron sus esfuerzos detrás de la candidatura de Tsipras como presidente de la Comisión Europea. “Las relaciones con Syriza fueron uno de los principales motivos de confrontación entre el Partido Comunista Francés (PCF) y Mélenchon”, afirma Fabien Escalona, analista político y periodista de Mediapart. Desde la campaña de las presidenciales francesas, los insumisos rompieron sus relaciones con la dirección del PCF. Y ahora amenazan con exportar las divisiones de la izquierda francesa a nivel europeo.

“Es demasiado pronto para saber si, tras las europeas, formaremos un grupo parlamentario distinto al del GUE”, reconoce Rauszer. “Queremos seguir ampliando la alianza ¡Ahora el pueblo! durante los próximos meses”, afirma Bustinduy. Estos nuevos aliados reflejarían el peso creciente del populismo de izquierdas a nivel europeo. Desde la Francia Insumisa ven con muy buenos ojos el incipiente movimiento #fairLand (país justo) que impulsa la diputada alemana Sarah Wagenknecht y su marido Oskar Lafontaine, el emblemático exministro de Economía socialdemócrata. Un Podemos alemán con el que pretenden sobrepasar el estancado proyecto de Die Linke.

Soberanistas contra federalista

Además de excelentes relaciones personales, Mélenchon y Wagenknecht comparten su defensa de un Plan B, es decir, contemplar un plan de salida de la UE que sirva para establecer un verdadero pulso con las élites europeas. Desde enero de 2016, el movimiento del Plan B ha reunido en varios foros europeos a los dirigentes de Podemos, el Bloco, la Francia Insumisa… Prácticamente, las mismas formaciones que ahora componen la alianza ¡Ahora el pueblo!.

Mélenchon y Wagenknecht comparten su defensa de un Plan B, de contemplar un plan de salida de la UE que sirva para establecer un verdadero pulso con las élites europeas

En paralelo, el exministro griego de Economía, Yannis Varoufakis, impulsa su plataforma Movimiento por la Democracia en Europa 2025 (DiEM25, en sus siglas en inglés). Junto con Benoît Hamon, antiguo candidato de los socialistas franceses en las presidenciales, y el alcalde de Nápoles, Luigi de Magistris, aspiran a presentar listas transnacionales en las europeas del 2019, a través de la alianza Primavera Europea. Un incipiente movimiento europeo que puede representar otra voz en la ya fragmentada izquierda entre socialdemócratas, verdes, comunistas, populistas de izquierdas…

Si las fuerzas de la izquierda comparten su diagnóstico sobre la profunda crisis social y democrática europea, las diferencias de fondo se acentúan respecto al camino elegido para cambiar la Europa neoliberal. Los federalistas progresistas, como Varoufakis o Hamon, aún creen en la “Europa Providencia”. Su propuesta estrella es un New Deal europeo, parafraseando el plan de reformas del expresidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt. Este consistiría en democratizar las instituciones comunitarias e impulsar un programa de inversión en energías renovables a nivel continental.

“Es prácticamente la misma propuesta que defendían los socialdemócratas durante la aprobación de los tratados de Maastricht a principios de los noventa”, critica Rauszer, quien considera caduca la promesa de una Europa social. Para las fuerzas soberanistas como la Francia Insumisa, la solución consiste en una derogación acordada de los actuales tratados europeos que imponen la austeridad (Plan A) o bien una ruptura unilateral de los tratados, lo que podría comportar la salida de Francia de la UE (Plan B).

Aunque esta segunda opción ha quedado relegada a un segundo plano en la actual alianza con Podemos y el Bloco —más eurófilas y con una posición más ambigua respecto a la UE —, “las izquierdas escandinavas también proceden de una tradición de hostilidad a la integración europea”, recuerda Escalona. Según este especialista de las izquierdas, “actualmente parece muy complicado que se produzca una síntesis entre las distintas corrientes de la izquierda europea. Pero tras las elecciones de 2019, es posible que estas formaciones lleguen a acuerdos en una coalición defensiva en contra las medidas neoliberales”.

Una Europa cada vez más oriental

Para algunos expertos en política europea, la fragmentación de la izquierda continental recuerda a la situación crítica de la izquierda italiana

“Como la izquierda se encuentra en un momento complicado, cada corriente busca las soluciones por su lado. Se trata de un hecho habitual en los espacios políticos que se encuentran en crisis”, asegura Bouillaud. Para este experto en la política europea, la fragmentación de la izquierda continental recuerda, salvando las distancias, la situación crítica de la izquierda italiana. Incapaz de aprovechar la decadencia del Partido Demócrata, las múltiples candidaturas progresistas, como Liberi e Uguali (3%), Potere al Popolo (1%) o Senso Comune, lograron unos pobres resultados en las generales de marzo. Italia no es el único país del continente donde la izquierda se encuentra en la UCI, dado que esta ocupa un espacio casi marginal en numerosos estados del este de Europa.

“Las perspectivas de la izquierda europea también se ven lastradas por el hecho de que el Parlamento europeo será cada vez más oriental en 2019”, explica Bouillaud, quien recuerda que el peso en Estrasburgo de las fuerzas neoconservadoras de la Europa del Este crecerá gracias a la marcha de los 73 eurodiputados del Reino Unido, donde el laborismo recupera el terreno perdido gracias al proyecto izquierdista de Jeremy Corbyn. “La izquierda alternativa se está convirtiendo en una fuerza regional, implantada sobre todo en países del sur de la UE, como España, Portugal, Grecia o Francia”, afirma Bouillaud.

“El panorama europeo es complicado”, reconoce Bustinduy. “Pero la buena noticia es que este espacio político está en disputa, como lo demuestra el hecho de que el peso de las fuerzas de la gran coalición (conservadores, socialdemócratas y liberales) es cada vez menos importante”, añade. Para el portavoz de Exteriores de Unidos Podemos, antes de concentrarse en debatir sobre cómo reformar Europa, “hace falta ganar elecciones nacionales y así acumular poder material”.

Pero mientras se concentran en la política nacional y dejan el debate sobre el proyecto europeo para más adelante, crece el sentimiento de que la Europa de la austeridad es irreversible. Y cada vez hay más dirigentes y militantes de la izquierda que se preguntan: en Europa, ¿no se puede?

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  1. Diogénes

    La nueva propuesta política para esta década parece ser separarse de la “Republica”; independizarse de alguna de las diferentes estructuras de la compleja “Republica de las leyes” del siglo XXI: ONU, Unión Europea, Estado, Región, Cuidad, Ciudadano. Limitar en censo por (seudo) razones nacionales, raciales, religiosas, lingüísticas, culturales hasta gozar en esa "comunidad" de mayoría para nuestra ideología. Democracia a la carta (de los que logran imponer su menú) diríamos, o "lo mío es lo primero" cuando no lo único. Trump, Brexit, Procés, Francia insumisa, Pero esto no es nuevo: Julio Cesar antes de convertirse en “Dictator perpetuo” consiguió mucho más como “Censor”, reduciendo o aumentando el censo la República Romana para ganar todas las elecciones. ”Censura” de los piensan como yo ¿Esta es la propuesta de la izquierda? Se parece mucho a la peor derecha

    Hace 2 años 11 meses

  2. René Arcos

    Lo que dice el artículo es que es Ahora el Pueblo quien considera que "la solución consiste en una derogación acordada de los actuales tratados europeos". Primavera Europea, DiEM25 y YV no hablan de salir de los tratados, eso es un tema de JLM y el plan B. Es cierto que los cambios de tratados necesitas de unanimidad, por eso el camino de Ahora el Pueblo! es bastante poco pragmático y útil para la izquierda, una pena que no lo haya recalcado el texto, reduciendo a YV, DiEM25 y Hamon a un movimiento que cree en la Europa Proviendencia, lo que no sólo no es cierto, sino que demuestra el sesgo del texto. Podría haber añadido algunas de las furibundas nacionalistas procamas de JLM al artículo, para que el público en español entienda un poco en qué consiste la France Insoumise. Como en el futuro de Europa en el parlamento europeo en octubre de 2017, donde Mélenchon afirmaba que "Francia no es ni occidental ni europea, Francia es universalist, porque está en los cinco continentes y porque el francés es una lengua que será la tercera en el mundo." EN fin, una pena que Podemos haya escogido semejante compañero de viaje...

    Hace 2 años 11 meses

  3. Jorge Amar

    El problema de YV y los "federalistas" es que parecen ignorar que los cambios q pretenden necesitan de modificar los Tratados cuya reforma necesita de unanimidad , lo que implica que sin unanimidad no pueden hacer nada . No me imagino al gobierno de Hungria ( por poner uno pero la lista es larga) aceptando reformas de los tratados en el sentido "progresista".

    Hace 2 años 11 meses

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