1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

Gracias por defender un periodismo de servicio público. Suscríbete a CTXT

El espacio público: ¿libre o neutral?

El principal desafío de nuestras sociedades con relación al tema que nos ocupa es la creciente privatización del espacio público, la conversión de la ciudadanía en meros consumidores, y su vaciamiento de significación y potencial político

Carles Ferreira 22/08/2018

<p>Estelada humana en la plaza de Crist Rei de Manresa el 7 de julio de 2013.</p>

Estelada humana en la plaza de Crist Rei de Manresa el 7 de julio de 2013.

JOSEP RENALIAS

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT es un medio financiado, en gran parte, por sus lectores. Puedes colaborar con tu aportación aquí.

Hace ya unos meses que una polémica creciente ocupa titulares en los noticieros de Cataluña: la de los símbolos antirepresivos en el espacio público. Centenares de lazos, cruces y otros artefactos amarillos cuelgan de las farolas y de los árboles, se deslizan por las paredes y se tumban en la arena de las playas catalanas. En los últimos dos meses, sin embargo, se han detectado unos 200 casos de incidentes contra estos símbolos políticos, la mayoría de ellos pacíficos –retirar lazos también es una forma de ejercer las libertades públicas– y otros pocos de carácter violento. En ciudades como Canet de Mar, Verges o Mataró grupos de encapuchados con navajas han protagonizado enfrentamientos con activistas independentistas, auspiciados por las arengas del PP y de Ciudadanos. De hecho, el mismo Albert Rivera reivindicó hace unos días una acción contra una pancarta de `libertad presos´ en el ayuntamiento de Reus, retirada por militantes del partido naranja.

Ciudadanos no sería la primera fuerza en Cataluña sin una buena dosis de frentismo: toda distensión política es también, para ellos, distensión electoral

A mi entender, un error en la estrategia del soberanismo –inundar el espacio público de amarillo de forma exagerada quizá genere más anticuerpos que adhesiones– está siendo aprovechado por aquellas organizaciones políticas interesadas en mayores cotas de tensión en la calle. Ciudadanos no sería la primera fuerza en Cataluña sin una buena dosis de frentismo: toda distensión política es también, para ellos, distensión electoral. Por supuesto, las autoridades catalanas son también las primeras interesadas en impulsar la instalación de lazos, enzarzándose unos y otros en una polémica veraniega que va a durar hasta que los juicios de octubre sobre el referéndum aparezcan como nueva fuente de tensión.

La neutralidad es imposible

Los rifirrafes callejeros de quita-y-pon lazos vienen acompañados de una ofensiva ideológica por parte de los líderes constitucionalistas: bajo el mantra de la “neutralidad” del espacio público, han pedido repetidas veces que se retiren los símbolos amarillos tanto de la calle como de los edificios públicos. Esta idea tiene algo de perverso por dos motivos: el primero, porque la neutralidad es políticamente imposible. El segundo, porque saca la política de la calle y de las plazas, que sería sin embargo su lugar natural.

Por un lado, se produce muchas veces una confusión interesada entre la idea de neutralidad y la de oficialidad. En este sentido, no es más neutral la bandera española que ondea en los ayuntamientos catalanes que los lazos amarillos que cuelgan de una farola pocos metros más allá. Es más, en muchos municipios, este segundo símbolo es más representativo de su población y está menos problematizado que el primero. Sostener la neutralidad del espacio público como un valor deseable implicaría la retirada de todos los emblemas políticos, ya fuesen los que produce el Estado como manifestación del llamado nacionalismo banal, como los defendidos por las identidades minoritarias dentro de ese Estado. Es evidente que los líderes constitucionalistas no se refieren a esto.

Si por “neutralidad” entendemos que solo serán válidos los símbolos y las prácticas oficiales del Estado y de su identidad mayoritaria, entonces se está sosteniendo un argumento que me atrevería a calificar de grave: el de una democracia que sólo tolera las manifestaciones políticas que provienen del poder. Algunos autores definen la democracia como un sistema de oposición institucionalizada, o como afirma John Berger, una forma de resistencia que se justifica por la posibilidad de revisar el statu quo. En este sentido, por su carácter minoritario, las identidades periféricas tienen pocas posibilidades de modificar el presente estado de las cosas. Ver socavada su libertad de expresión, aunque en algunos puntos sea de mal gusto, no sería una buena señal para el sistema democrático –dicho sea de paso, tampoco es una buena señal el encierro de políticos pacíficos en las cárceles.

¿Dónde tiene que estar la política, si no?

El hábitat natural de la política es el espacio público. Este aparece como una esfera de libertad respecto de las instituciones y del poder, el sitio donde ciudadanos libres e iguales pueden reunirse, formar movimientos políticos, expresarse e incluso producir ciertos desórdenes como herramienta de cambio social. Esta visión es antagónica a la de aquellos que ven el espacio público como algo planeado, ordenado y previsible: la calle es mía, afortunadamente, pertenece ya a tiempos pretéritos. La concepción democrática del espacio público necesariamente se ajusta a la primera visión, con unos mínimos límites para la convivencia que en ningún caso se han cruzado en la polémica de los lazos amarillos.

Hubo un momento en que lo que ocurría en Cataluña, antes de convertirse en una caricatura de sí mismo, se parecía mucho más al 15M de lo que comúnmente se piensa ahora

Durante los días previos y posteriores al 1 de octubre, muchos catalanes gritaban “las calles serán siempre nuestras”, que lejos de apelar a un Nosotros étnico o excluyente, tenía cierto valor performativo para una comunidad política que quería decidir libremente su futuro –ya fueran, sus integrantes, partidarios o detractores de la independencia. Hubo un momento en que lo que ocurría en Cataluña, antes de convertirse en una caricatura de sí mismo, se parecía mucho más al 15M de lo que comúnmente se piensa ahora.

De hecho, el principal desafío de nuestras sociedades con relación al tema que nos ocupa es la creciente privatización del espacio público, la conversión de la ciudadanía en meros consumidores, y su vaciamiento de significación y potencial político. Sin embargo, esta cuestión no parece preocupar demasiado a los adalides de la Sacrosanta Unidad de la Nación Española. La proliferación de lazos amarillos, más allá de ser excesiva y de molestar a algunos, no es en cambio ni un problema ni por supuesto ninguna ilegalidad. Sí lo es, por cierto –un problema y una ilegalidad–, que comandos ultra se paseen por nuestras calles encapuchados y con navajas, retirando lazos e intimidando a la ciudadanía, amparados por el discurso oficial de la neutralidad.

-------------------------------

Carles Ferreira es profesor asociado de Ciencia Política en la Universidad de Girona. @carlesferreira

Autor >

Carles Ferreira

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

8 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. David

    Exceptuando algún caso, es reconfortante leer comentarios contrarios a la independencia de Cataluña que no se basan en el insulto, sino en el razonamiento intelectual. Creo que ello se debe al hecho de que este artículo se ha publicado en un medio cuyos consumidores son personas con educación y supongo que mayoritariamente de izquierdas. Lo cual me lleva a la conclusión de que probablemente el problema a la hora de juzgar el independentismo sea más bien de enfoque. Insistís en verlo como una cuestión identitaria, cuando debería enorgulleceros, seáis catalanes o no (e independentistas o no) asistir al empoderamiento del pueblo, igual que os satisface asistir a empoderamientos como el feminista. No es una lucha de banderas, es una lucha entre el poder y quien no acepta ser subyugado. Por eso el grito de "Els carrers seran sempre nostres" es justo lo opuesto al "La calle es mía" de Fraga. Éste es un clamor del poder advirtiendo al ciudadano que no es tal sino súbdito. Aquél es una invitación a quién quiera, piense como piense, que las calles deben ser el ágora pública, la cual no debe ser reprimida por instrumentos del poder como la policía (sobre todo cuando las reivindicaciones han sido, son y serán siempre pacíficas). Lo que me lleva a la cuestión del espacio público y los lazos amarillos, donde discrepo en un solo punto con el autor del artículo: para mí, quitar lazos amarillos no es el reverso de la misma moneda de la libertad de expresión que ponerlos, puesto que al quitarlos silencian mi voz y, por lo tanto, mi libertad de expresión se ve coartada. En todo caso, que pongan sus propios símbolos sin quitar los de los demás. Los primeros beneficiados en Cataluña cuando llegue la independencia serán los mismos no independentistas. Se podrán aplicar leyes sociales ahora impugnadas por el TC por el mero hecho de ser catalanas, de modo que su nivel de vida mejorará, y podrán seguir sintiéndose españoles o como les dé la gana sin que nadie les pregunto aquello tan tonto de "qué pone en tu DNI". Los primeros beneficiados fuera de Cataluña serán los españoles. Habrán descubierto que es posible enfrentarse pacíficamente a las arbitrariedades del poder y cambiar las cosas. Quizás el primer paso sea deshacerse de una monarquía postfranquista, por ejemplo. A favor de todo. En contra de nadie.

    Hace 2 años 7 meses

  2. Xose Lois Hermo Parrado

    Interesante artículo, me ha rechinado solamente lo de "Sacrosanta unidad". Yo vería también una "Sacrosanta independencia" por parte de un importante sector de catalanes (y declarado objetivo del President Torra, el presidente del 100% de los catalanes). No me parece lo mismo defender la celebración de un referéndum vinculante (la justa solicitud de ser reconocida abiertamente y tratada como nación) que defender directamente la independencia (una España prácticamente condenada a una derecha eterna, unos charnegos 2.0 finalmente extranjeros y más explotables).

    Hace 2 años 7 meses

  3. Eduardo

    yo creo que la actualización de la pagina web es uno de los mejores metodos de censura existentes hoy en día porque se te carga el discurso más complejo en un santiamen. En fin, abrevio: confundir interesadamente espacio institucional, representativo de todos, con una opción aprtidista, por mayoritaria que sea, es socavar los principios de la democracia. Nada nuevo bajo el sol, se lleva haciendo desde el principio de los tiempos. Los nacionalistas lo denunciaban con razón en la dictadura franquista y ahora lo hacen ellos sin rubor porque es una manera más o menos eficaz de imponerse por la vía de los hechos. Lo que provoca verguenza es que se quiera justificar intelectualmente.

    Hace 2 años 7 meses

  4. Pepe

    D. Carles, se le ve el plumero desde la meseta jajajajjajaa Intentar defender la idea de que unos lacitos en la calle, no hacen mal a nadie es no entender la igualdad y el derecho que tenemos TODOS los españoles de que en esas calles se nos respete, no invadiendola con propaganda política de un solo ideario. Y encima, los compara con que haya banderas españolas en los organismos oficiales... Manda huevos, como dijo aquel...

    Hace 2 años 7 meses

  5. gaspar

    mucho miserable opinando.

    Hace 2 años 7 meses

  6. David GG

    Estimat Carles, permítame refutarle sus respuestas: 1. El Estado español presenta una identidad plural que, en las regiones periféricas, está representada por los órganos de gobierno de esas comunidades autónomas. La Generalitat es parte del Estado y desde su gobierno, los centros de enseñanza o algunos medios de comunicación catalanes se produce un relato de nacionalidad. Como usted mismo reconoce. En este caso el relato insiste en las diferencias y es más excluyente que compartido. Pero es el Estado español quien produce ambos relatos. ¿Cuál es la actitud de los estados de nuestro entorno (Francia, Alemania, Italia…) respecto a sus identidades periféricas?- 2. Mostrar enseñas o símbolos no oficiales como los aludidos es reflejo de una actitud de oportunismo vacua (también se hace con clubes de fútbol victoriosos, visitas vaticanas, etc.) tolerada por ser aparentemente inofensiva. Cataluña tiene su bandera oficial que se muestra junto a la española, la europea y la local si es el caso. ¿Qué significa la estelada respecto a la senyera en términos de inclusión-exclusión?- 3.Sus hipotéticas cuentas consideran que el resto de la población del Estado estaría en contra de la propuesta de independencia. No tiene por qué ser así, se trata de argumentar y convencer de sus bondades a una mayoría por las vías legales. El resto de españoles no serían tan obtusos de rechazar algo que fuera conveniente. En otros estados, como los citados anteriormente, esta cuestión también se ha resuelto democráticamente con sentencias judiciales categóricamente opuestas a cualquier pretensión independentista. Por cierto, un apunte respecto a la proporción poblacional: Esos 7 millones frente a 47 (15%) es un dato variable; en el pasado fue menor (apenas un 8% en el censo de 1787 de Floridablanca) y se ha duplicado en dos siglos, lo que no está mal para una región oprimida. Si se mantuviera la tendencia, las previsiones para los independentistas serían halagüeñas.- 4. Lo de “las calles serán siempre nuestras” es como lo de Fraga, una pretendida apropiación de lo público que usted, quizá por pertenecer a ese “nosotros”, no perciba. ¿Quién se queda fuera de ese “nuestras”? Se lo diré sucintamente: Yo, por ejemplo.

    Hace 2 años 7 meses

  7. Carles Ferreira

    Apreciado Javier, Permítame una breve respuesta a sus reflexiones: 1. El Estado dispone evidentemente de una identidad mayoritaria -que sí, podríamos llamar la "española" si usted quiere- que muchas veces entra en tensión con las periféricas, de ahí la polémica. Des del gobierno, los centros de enseñanza o los medios de comunicación se produce un relato compartido de nacionalidad, basado en una lengua -la castellana-, unos símbolos -la bandera rojigualda, por ejemplo- o una historia y mitos compartidos -de los Reyes Católicos a la Constitución de 1978-. Esto lo hacen, por otra parte, todos los Estados -y las regiones con autogobierno como Cataluña también lo hacen-. Constato simplemente una realidad. 2. El 8 de marzo se suelen colgar banderas feministas en muchos "espacios de representación del Estado", o banderas LGTBi el 28J, que por otra parte me parece muy bien. El caso es que estos símbolos no generan controversia y son plenamente aceptados. No es el caso de aquellos símbolos que discuten las propias bases del Estado, como su integridad territorial. Estoy seguro, en este sentido, que el día en que haya una conciencia animalista fuerte y generalizada muchos ayuntamientos colgarán el símbolo pertinente en el día señalado a tal efecto, y no ocurrirá nada. 3. Las identidades periféricas pueden "jugar" a decidir sobre políticas concretas, pero no pueden negociar quién tiene la capacidad de decidir sobre estas decisiones. Me explico: aunque el 100% de catalanes y catalanas pidieran la independencia -espero que no ocurra nunca, el pluralismo siempre es una virtud-, ésta seguiría siendo imposible porque 7 millones de personas serán siempre minoría dentro de un Estado de 47. Por tanto, revisar el statu quo -la integridad territorial 'vigente' de España- les es imposible. En otros lugares como Escocia o Quebec se ha solucionado democráticamente esta cuestión, aquí no hemos tenido esta posibilidad.. 4. Lo de "las calles serán siempre nuestras" lo contrasto precisamente con "la calle es mía, de Fraga". Este "nuestras" es la sociedad civil pidiendo un referéndum frente al poder de un Estado que lo niega. Vamos, esta es mi visión.

    Hace 2 años 7 meses

  8. Javier RP

    Afirma el autor "Si por “neutralidad” entendemos que solo serán válidos los símbolos y las prácticas oficiales del Estado y de su identidad mayoritaria [...]" Evidentemente en el espacio de la "representación del Estado" -sus edificios públicos, sus actos, ceremonias...- sólo deben ser válidas esas prácticas "oficiales" porque, por definición, el Estado no posee una "identidad mayoritaria" -al menos desde una concepción tan elemental como la weberiana- Quizá estemos excluyendo a los Animalistas en la representación simbólica de la Generalitat, pero es lo que toca. Continúa el autor "por su carácter minoritario, las identidades periféricas tienen pocas posibilidades de modificar el presente estado de las cosas." Quizá haya que recordarle al autor el peso determinante que las "identidades periféricas" han tenido en el juego político español (ello sin entrar a considerar cuál es la "identidad central" que el autor está creando tácitamente: la "española" supongo, si es que algo así existe). Remata el autor " [...] muchos catalanes gritaban “las calles serán siempre nuestras”, que lejos de apelar a un Nosotros étnico o excluyente, tenía cierto valor performativo para una comunidad política que quería decidir libremente su futuro". Sería interesante que aportara los argumentos que sostienen esa tesis. Para los que tenemos cierta edad, la apropiación de la calle nos trae a la memoria a Fraga Iribarne: tampoco apelaba éste a un Yo étnico o excluyente. Más bien nos quería dejar claro otra cosa, ¿quizá la misma que esos catalanes -entre los que el autor suma, con alegría, a partidarios y detractores de la independencia?

    Hace 2 años 7 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí