1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

Gracias por defender un periodismo de servicio público. Suscríbete a CTXT

Análisis

El irresoluble problema de los residuos de alta radiactividad

Las 12.000 toneladas métricas que se generan en el mundo van a ser peligrosos durante cientos de miles de años y no disponemos de una forma de gestión satisfactoria

Francisco Castejón 5/09/2018

<p>Traslado de residuos radiactivos desde Nevada a Nuevo México. </p>

Traslado de residuos radiactivos desde Nevada a Nuevo México. 

Gobierno de EE.UU

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT es un medio financiado, en gran parte, por sus lectores. Puedes colaborar con tu aportación aquí.

Uno de los problemas que tiene la energía nuclear de fisión es la generación de residuos radiactivos de alta actividad. Para los legos en esta materia me permito una breve explicación de qué son, aunque resulte un tanto árida. Se trata de una combinación de sustancias que contienen dos tipos de radionucleidos: los productos de la fisión y los transuránidos  o actínidos menores. En el reactor de la central nuclear se introduce uranio enriquecido, esto es, uranio natural en el que se ha incrementado la proporción de uranio-235 desde el 0,7% del total al 3 o 4%. El resto hasta el 100% es sobre todo uranio-238. Sólo el uranio-235 es fisible en las condiciones de la mayoría de los reactores que funcionan en el mundo. Este isótopo se rompe mediante las reacciones de fisión y da lugar a dos isótopos más ligeros, conocidos como productos de fisión, que son altamente radiactivos. Los actínidos menores son elementos que se forman por la captura de neutrones por el uranio-238  y son, por tanto, muy pesados y tienen tiempos de semidesintegración de decenas de miles de años. El más conocido es el plutonio-239, tristemente famoso por ser útil para fabricar bombas atómicas de fisión, con un tiempo de semidesintegración de 24.200 años. Cuanto más tiempo está el uranio enriquecido en el reactor, más cantidad de productos de fisión y actínidos menores se producirán y más radiotóxico será el combustible gastado.

A estas sustancias que se generan en el combustible nuclear, hay que añadir los llamados internos de la vasija del reactor. Se trata de las piezas metálicas que están sometidas al intenso baño de neutrones y que, a su vez, se vuelven muy radiactivas y hay que tratarlas con las mismas precauciones que al combustible gastado.

Los residuos de alta actividad son muy peligrosos, tanto por irradiación externa como por contaminación interna por ingestión o inhalación, y deben ser apartados de la biosfera mientras son radiactivos. En los primeros años desde su producción son muy activos y calientes y, después de unos miles de años, decaen más lentamente. 

Si no se consigue neutralizar la radiactividad de alguna forma, será necesario guardar a buen recaudo los reiduos durante cientos de miles de años. Y este es el principal problema. Cómo garantizar que la instalación que guarde los residuos dure tanto tiempo, cómo predecir lo que sucederá en el futuro para preverlo y defender el almacén frente a esos sucesos. Un elemento que hay que tener en cuenta es que esos tiempos de los que estamos hablando son ya de la escala de la evolución del clima o de los tiempos geológicos.

Por otro lado tenemos el problema económico. ¿Cuánto costaría el mantenimiento de estas instalaciones durante cientos de miles de años? Si pensamos en una plantilla de unas 100 personas que trabajen en un cementerio nuclear, con un sueldo de unos 50.000 euros brutos durante 250.000 años llegamos a la cifra insensata de 1,25 billones de euros. Y esto aceptando que todo irá bien y que no habrá que gastar sumas de dinero significativas  en reparaciones y posibles reubicaciones de los residuos. Y queda todavía una cuestión crucial: ¿quién pagará el mantenimiento de las instalaciones dentro de, digamos, unos cientos o miles de años? En buena lógica deberían ser las empresas que los generaron, pero es más que dudoso que esas empresas sigan existiendo. 

Estamos, por tanto, ante un escabroso problema que engloba aspectos técnicos, sociales y políticos. Es algo tan espantoso que cuesta aceptar que alguien piense aún en la tecnología de fisión como una fuente de energía de futuro que puede, por ejemplo, ayudar a luchar contra el cambio climático.

Los métodos de gestión 

A la hora de buscar un método de gestión apropiado para estas sustancias, hay que pensar en la protección ambiental, los aspectos económicos y la justicia para perjudicar lo menos posible a personas y comunidades que no son responsables de la generación de los residuos. Cuando se tienen en consideración todos estos aspectos, uno se encuentra con que no hay solución satisfactoria. 

Cuando se produce una recarga de combustible en una central nuclear, los residuos de alta se depositan en piscinas en el propio recinto de la central con el doble fin de refrigerarlos y de que el agua haga de blindaje para la radiactividad. Pero la capacidad de estas piscinas es limitada y, además, deben vaciarse cuando se procede al desmantelamiento de la central, si es que se quiere dejar expedito el emplazamiento. 

Desde que en 1942 Enrico Fermi y su equipo realizaran la primera reacción de fisión controlada bajo las gradas de un estadio de Chicago, se han gastado enormes sumas de dinero para intentar solventar este problema. Se han propuesto muchas formas de gestión tan insensatas que, afortunadamente, no llegaron a ponerse en práctica. Se pensó en enviarlos al sol, lo que se desechó por los enormes costes y por el riesgo: no hay más que recordar los accidentes del Columbia y del Challenger para horrorizarse ante la idea. Se propuso enterrarlos en las zonas de subducción entre dos capas tectónicas, pero son justo estas zonas donde más orogénesis se produce y no sería descartable ver cómo un volcán expulsa los residuos de nuevo. Se consideró enterrarlos en el hielo de la Antártida y, de hecho, los residuos se podrían sepultar por sí mismos debido al calor que emiten, pero esta idea se desechó para mantener la Antártida como paraíso natural. Incluso se propuso enterrarlos en los estratos de los fondos oceánicos, lo que también se descartó para no contaminar estos ecosistemas de forma definitiva.

En la actualidad se barajan técnicas de almacenamiento, sean temporales o definitivas, en superficie o enterrados, en seco o en piscina, y también se trabaja en la transmutación que sería la hipotética solución final. La transmutación consiste en bombardear los residuos con partículas energéticas con el fin de transformarlos en sustancias estables o, al menos, con el fin de reducir su vida radiactiva hasta unas cifras sensatas. Una de las líneas de trabajo de la transmutación es fisionar los actínidos menores como el plutonio para convertirlos, a su vez,  en productos de fisión, con tiempos de semidesintegración mucho más cortos. En la industria nuclear se llega a hablar de “reciclaje” puesto que se recuperaría la energía que queda en los actínidos menores de los residuos. De hecho en algunas centrales nucleares, como la de Fukushima e Japón o la de Garoña en España, se introdujeron óxidos mixtos de uranio y plutonio para producir electricidad. El uso de los residuos de alta con el fin de la extracción de isótopos como el plutonio se conoce como reproceso y es una técnica que tiene varios problemas. El primero es que es de doble uso militar y civil y contribuye, por tanto, a la proliferación de armas atómicas. Además, conlleva una serie de procesos muy contaminantes que, a su vez, generan enormes cantidades de residuos radiactivos líquidos y sólidos. Y, por si fuera poco, no resuelve el problema totalmente, puesto que siguen quedando productos de fisión y sustancias de vida larga. Es necesario seguir investigando en transmutación antes de considerarla como una alternativa realista.

Para el almacenamiento definitivo de los residuos se planea el enterramiento profundo en zonas geológicas estables, lo que se conoce en el argot como AGP o Almacenamiento Geológico Profundo. Este método tiene varios problemas relacionados con el enorme tiempo que es necesario mantener esos residuos aislados. En primer lugar, no se puede garantizar que las formaciones geológicas sean estables durante tanto tiempo. En particular, la hidrogeología puede variar por los cambios naturales de clima: los periodos de tiempo entre glaciaciones, que cambian radicalmente las propiedades del subsuelo, pueden ser de unos 15.000 años. En segundo lugar, es imposible prever los avatares de la historia humana en ese larguísimo tiempo: cómo mantener la instalación vigilada, cómo comunicar a las generaciones futuras lo que ahí hay almacenado, cómo garantizar que nadie se apodere de los residuos con fines maliciosos… En tercer lugar, sería necesario transportar los residuos desde las centrales hasta el AGP, lo que obligaría a que el territorio fuera surcado por transportes especiales muy peligrosos, con los consiguientes efectos negativos sobre las rutas de transporte. Finalmente, estos residuos deberían ser recuperables por si dentro de unos miles de años funciona alguna forma de transmutación. Y queda un detalle más: ¿dónde se construirán los AGPs? ¿qué zonas del planeta serán condenadas a convivir con esa amenaza? 

En el mundo existe un único proyecto de construcción de un AGP. Se trata de Onkalo en Finlandia, bien retratado en el documental titulado Into Enternity. Aparte, ha habido varios intentos de investigación en emplazamientos, ente los que destacan el de Yucca Mountain en EE.UU. y el de Asse, en Alemania. En el primer caso se invirtieron más de 3.000 millones de dólares en un emplazamiento que se abandonó en 2010 por su falta de idoneidad, mientras que en el segundo hubo que movilizar los residuos que se habían almacenado en un domo salino cuando éste fue invadido por una corriente de agua y los bidones amenazados de corrosión por la salmuera que se formó. Como han puesto de manifiesto estos casos, el principal temor en torno al AGP viene de las posibles inestabilidades geológicas y, en especial, hidrogeológicas. 

Dados los problemas del enterramiento, se han barajado alternativas temporales en superficie para ganar tiempo y avanzar en las técnicas de gestión y en el consenso político y social. Se estudian las posibilidades de construir almacenes centralizados, donde depositar los residuos de todas las centrales de un país, o bien en instalaciones próximas a las nucleares. El hecho de que estas instalaciones estén en superficie implica que los residuos estarían sometidos a los avatares de la historia humana, con posibles robos, sabotajes e intrusiones. Las instalaciones centralizadas implican además la realización de peligrosos transportes y son más injustas porque condenan a un único emplazamiento a sufrir todos los residuos. Mientras que la opción por las instalaciones individualizadas elimina los transportes pero obliga a vigilar varios emplazamientos. Finalmente, estos almacenamientos temporales pueden ser en seco, como en el caso de Habog (Holanda), o en piscina, como el caso del almacén centralizado de Clab (Suecia).

Estas instalaciones superficiales temporales están también sometidos a los riesgos geológicos, puesto que los terrenos en que se construyan pueden no estar exentos de inestabilidades geológicas de todo tipo. En todo caso, la diversidad entre las opciones que han tomado unos países y otros muestra el desconcierto y la inmadurez tecnológica de los métodos de gestión de estas peligrosas sustancias.

 La situación española

En España funcionan hoy siete reactores nucleares, de los diez que llegaron a ponerse en marcha, tras decisión de Franco de optar por la energía nuclear. Esta decisión, por cierto, no fue cuestionada hasta 1984, cuando el Gobierno del PSOE decretó la moratoria nuclear y puso freno a los planes para construir una treintena de centrales nucleares en España. Si las centrales nucleares españolas en operación funcionaran 40 años, habría que gestionar unas 7.000 toneladas métricas de residuos de alta actividad. En nuestro país es la empresa pública ENRESA la encargada de la gestión y, desde su creación en 1984 hasta 2005, se financió con cargo al recibo de la electricidad. A partir de ese año, se cobra un canon a los productores de residuos que resulta insuficiente para cubrir los gastos. 

España no es una excepción en el desconcierto técnico en torno a la gestión de los residuos de alta actividad, pues los proyectos de gestión de los residuos se han modificado en numerosas ocasiones. En 1986 se planteó trabajar para el enteramiento y se planteó el proyecto IPES (Instalación Piloto Experimental Subterránea) en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), con el fin de estudiar un emplazamiento para construir un AGP. Las fuertes protestas de los habitantes de la zona y las presiones del gobierno portugués dieron al traste con este proyecto. Cuando se paralizó en 1987, empezó a estrudiarse la opción del enterramiento, pero esta vez en Nombela (Toledo). Estos trabajos duraron aproximadamente hasta 1992 cuando se abandona de nuevo la idea por las protestas populares. En ese momento ENRESA pone en marcha los Proyectos AFA y ZOA (acrónimos de Zonas Favorables y Áreas Favorables), que consisten en estudiar zonas cada vez menos extensas del territorio español y cada vez en más detalle. Los resultados de estos dos proyectos aún están disponibles para que ENRESA pueda tomar una decisión sobre un hipotético AGP en el futuro. Las numerosas protestas que se produjeron en los emplazamientos estudiados por ENRESA forzaron la paralización de estas actividades. 

Todos los intentos antes citados contaron con una amplia oposición social y política. Cada uno de los proyectos fue contestado con fuertes protestas ciudadanas. Esto motivó que en diciembre de 2004 el Parlamento optara por la construcción de un Almacén Temporal Centralizado (ATC), donde se depositarían en seco y en superficie los residuos de alta de todas las centrales españolas. Esto se fijó en el 6º Plan General de Residuos Radiactivos que contemplaba el desmantelamiento de las instalaciones nucleares y radiactivas y presupuestaba los fondos necesarios para todas estas actividades. Según este plan, el ATC debería haber empezado a funcionar en 2010, pero hoy en día aún no ha empezado a construirse. El pueblo de Villar de Cañas (Cuenca) fue el lugar elegido por el Gobierno de Rajoy, pero cuenta con la oposición de la Junta de Castilla-La Mancha, que ha anulado el Plan de Ordenación Municipal y protegido los terrenos incluyéndolos en una ZEPA, y de los vecinos de las localidades cercanas, que realizan numerosas movilizaciones y actividades culturales. El proyecto ha sido detenido por el Gobierno de Pedro Sánchez, que está estudiando la idoneidad de la política de gestión de los residuos de alta. 

Dado el retraso del ATC y la saturación gradual de las piscinas, las centrales nucleares y ENRESA han puesto en marcha los Almacenes Temporales Individualizados (ATIs), que reciben sólo los residuos de la central a que pertenecen. Los ATIs son sencillas instalaciones consistentes en una losa de hormigón sísmico y sofisticados contenedores que blindan la mayor parte de la radiactividad. Como se ha comentado, tienen la ventaja de que no necesitan transportes y de que la amenaza de los residuos permanece cerca de la instalación. La desventaja principal es que esa opción implica mantener varios emplazamientos nucleares todo el tiempo que se mantengan estas instalaciones. En la actualidad todas las centrales nucleares tienen ya ATIs o proyectos para construirlos, lo que hace innecesaria la construcción del ATC. Ésta sería una instalación más compleja que seguiría el diseño del ATC de Habog en Holanda, pero con una capacidad diez veces mayor. 

Un tipo de residuos especial son los de la central de Vandellós I (Tarragona), que se cerró tras el accidente sufrido 1989. Esta central estaba diseñada para generar plutonio en grado militar y, dado que España es un país firmante del TNP, sus residuos se enviaron a Francia para ser reprocesados. Los residuos siguen allí, en La Hague, y ENRESA está obligada a pagar unos 74.000 euros diarios en concepto de depósito, hasta que estos residuos sean devueltos a España, momento en que ENRESA recuperará esa “fianza”.

Estamos en un momento clave para diseñar una política sensata de gestión de los residuos de alta en nuestro país. De entrada es necesario suspender definitivamente el proyecto de ATC, puesto que los ATIs dan tiempo suficiente para que se produzca un debate sereno entre los técnicos, la clase política y toda la sociedad, y se pueda optar por la opción consensuada menos mala. Pero para que este debate pueda darse, el Gobierno ha de poner sobre la mesa un calendario de cierre de nucleares aceptable. Así se sabrá cuantos y qué residuos habrá que gestionar.

Conclusiones

Nos encontramos ante el grave problema de deshacernos de unas sustancias que jamás deberían haberse fabricado. Cada año se generan unas 12.000 Tm de estos residuos en el mundo, que van a ser peligrosos durante cientos de miles de años y para los que no tenemos hoy una forma de gestión satisfactoria. 

El enorme lapso de tiempo que hay que vigilar los residuos implica graves problemas éticos, ambientales, económicos, sociales y políticos. Dado que no existe una forma de gestión satisfactoria, lo más sensato es dejar de producirlas y reducir el problema a la mínima  expresión cerrando lo antes posible las centrales nucleares de fisión. Además, las técnicas que se han desarrollado para reprocesarlos son de doble uso, militar y civil, y aumentan la inseguridad del planeta. El camino hacia el desarme nuclear pasa, por tanto, por el abandono de la energía nuclear de fisión.

-----------------------------

Este artículo se publica gracias al patrocinio del Banco Sabadell, que no interviene en la elección de los contenidos. 

Autor >

Francisco Castejón

Es Doctor en Físicas y es especialista en temas de energía. Es consejero del CSN. Investigador Titular de OPI con el cargo de director de Unidad. Cuenta con más de 150 publicaciones en revistas internacionales. Es autor de ¿Vuelven las Nucleares?, publicado por Talasa en 2004, Claves del Ecologismo social (2013), Alta Tensión (2015).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

5 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Copérnico

    La jugada es redonda : las eléctricas generan la energia nuclear y obtienen altísimos beneficios.Pero el coste de la gestión de los residuos se traslada a los ciudadanos debidamente ocultos bajo epígrafes como : costes regulados. Durante miles de años pagaremos billones de euros que no se incluirán dentro de los costes nucleares..

    Hace 2 años 7 meses

  2. Miguel Figueroa J.

    Y el irresoluble problema de los 7 millones de muertes al año debido a la contaminación por quema de combustibles fósiles? Y el calentamiento global? Ni una palabra sobre hacer un esfuerzo por ir a reactores de cuarta generación?

    Hace 2 años 7 meses

  3. Paco Caro

    Y, además, de poco sirve que un país tome decisiones sensatas para almacenar sus residuos, si otros no lo hacen, pues esos residuos son una amenaza global. Sería necesario consensuar un plan mundial de gestión de residuos, dirigido, financiado y supervisado por la ONU.

    Hace 2 años 7 meses

  4. cambo

    Cuando yo era joven, cuando ibamos a manifas contra Lemoniz, cantabamos : " Americanos, centrales por el ano "

    Hace 2 años 7 meses

  5. Fukushima4ever

    Excelente artículo exponiendo en palabras sencillas un problema del que no se habla todo lo que se debiera y que tiene unos costes estratosféricos que se mantendrán durante cientos de miles de años. Quién ha dicho que la energía nuclear es barata y segura? Al contrario, la energía nuclear es sucia, cara y peligrosa.

    Hace 2 años 7 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí