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Análisis

Alsasua, el verde y el rey

En Navarra se dificultó un mitin. Eso puede ser grave. Salvo si pensamos que ese mitin estaba convocado para ser dificultado y carecía de ninguna función

Guillem Martínez 6/11/2018

<p>Protestas en Alsasua, Navarra. </p>

Protestas en Alsasua, Navarra. 

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¿QUÉ PASÓ EN ALSASUA? Uno puede ser alto, bajo, tonto, listo, guapo y feo. Pero, en lo que viene a dificultarlo todo, puede ser todo ello a la vez. Por eso es difícil describir la realidad, esa cosa sincrónica. Nadie sabe lo que pasa en una sincronía, en la que tantas cosas pasan a la vez. Es posible que no pase lo que se dice, o lo que sucede estadísticamente, o lo que hace más ruido. Es posible que lo que pase realmente sea un ángulo oscuro, que nadie ve con facilidad. Los sucesos acaecidos en Alsasua, por eso mismo, son muchas cosas. Pero parecen ordenarse en una de sus esquinas. Este artículo pretende razonar la esquina más silenciosa, oscura, y peligrosa de lo acaecido en Alsasua.

LAS COSAS NO SON SU RUIDO. Sí, en Alsasua se dificultó un mitin. Eso puede ser grave. Salvo si pensamos que ese mitin estaba convocado para ser dificultado, y carecía de ninguna función, salvo esa. Un grupo minoritario en Navarra –C´s; se agregaron Vox y PP– convocaba un acto para homenajear a la Guardia Civil. ¿Puede un grupo minoritario reunirse para etc.? Sin duda. Puede y debe. Ese poder y deber es, no obstante, evaluable. ¿Necesita la GC homenajes? No. Ninguno. Como cualquier cuerpo de seguridad del Estado, aquí y en Lima, necesita salarios razonables, control, una cultura democrática intrínseca a su formación profesional, una buena selección del personal –es decir, llegado el caso, también expulsiones–, un buen nivel cultural, y uno o varios sindicatos. Es posible que la estructura militar del cuerpo, sus curiosidades –eso de vivir aislados en casas-cuarteles–, y su trayectoria histórica, ralenticen a lo largo de los siglos toda esa sincronía de necesidades. O, al menos, así ha sido históricamente, desde su fundación. Sí, aportó al mundo la novedad de ser el primer cuerpo militar con uniforme verde-mimético. Si bien no es verde-mimético. Es el color de uniforme que eligió el Duque de Ahumada, su fundador, no para mimetizarse con el terreno –de una España, mayormente, más seca que el coñac–, sino para homenajear al Santo Oficio, cuyas vestimentas eran verdes. De ese, glups, verde. En el siglo XIX y XX, ese cuerpo verde-inquisitorial y con mando unificado fue determinante en la política local, desde su nacimiento para suprimir la milicia nacional, ese cuerpo de voluntarios descentralizado. No creo que ahora sea un cuerpo determinante para modular la política, pero sí para describirla. Homenajear a la GC es, por tanto, homenajear una descripción de la política. Es importante, así, describir que, en 2017, fueron frecuentes en muchas casa-cuartel los homenajes a la GC, al grito de a-por-ellos. Iban a Catalunya, si bien parecía que se iban a reevangelizar el Rif. Es decir, es importante describir que fueron enviados a un territorio para reevangelizar. Es decir, obedecían a una política inspirada en el verde-Santo-Oficio. Es importante, también, que en 2016 algunos números del cuerpo destacados en Alsasua participaran en un altercado con vecinos, y que el juicio de esos hechos se pareció más a un homenaje que a un juicio. Es importante describir las pruebas aportadas al juicio, contradictorias, y las condenas resultantes, desproporcionadas. Es decir, que todo ello ayuda a describir los problemas de la división de poderes en la España post-78. Es importante describir, por tanto, que un acto de homenaje a la GC –en general; más en Alsasua– es una poética sincrónica, difícil de describir, en la que se homenajea algo sincrónico, difícil de describir, sobre lo que converge una visión del mundo, relacionada con el uniforme de la Inquisición, con veleidades reevangelizadoras, y con derechos diferenciados en un juicio, esto es, con una poética de la ley que no es necesariamente la ley. Pero también, todo ello, y por ello, es una forma de entender la política. Muy verde. Muy de tribunal del Santo Oficio. Es decir, muy de tribunales.

EL PATRIOTISMO NUNCA ES SINCRÓNICO. En términos generales, no es preocupante un acto de esas características organizado por un grupo –o tres– minoritarios. Lo es, es más que preocupante, cuando un acto de coordenadas tan marginales es una autoformulación organizada de dos grandes partidos estatales –C's y PP–, compartida por el trade-markde la extrema derecha local –Vox–. Son muchos elementos ponderados –tres grupos políticos; o tal vez sólo uno: un nacionalismo–, como para pensar que el acto, por tanto, no es una aberración, sino una normalización. La normalización de un nacionalismo y, con él, la normalización de sus normalizaciones más extremas. Normalizaciones extremas: la penalización de la diferencia en una cultura que expulsó de sí misma, en los siglos XV y XVII, a sus raros, a sus no normalizados. La penalización de la diferencia en la única cultura del Occidente europeo en la que, en el siglo XIX/la Restauración, se derrotó a su revolución liberal. La única en la que, en el siglo XX, triunfó el fascismo. Sí, hay otros nacionalismos en el Estado que, por dinámica propia local, parten explícitamente de que lo ideal son las culturas homogéneas, puras y sin raros. Pero ninguna de ellas posee ese pasado y esos precedentes tan nítidos, y ninguna de ellas es cultura de Estado y con acceso al Estado. Ninguna posee cuerpos uniformados de verde inquisitorial, y de la capacidad de interpretar la ley sin penalización. Los nacionalismos, así a lo bruto, son inquietantes, peligrosos y molestos. Pero, salvo uno, carecen de la posibilidad de ser Estado, de dictar leyes, de moderar una interpretación de la ley efectiva. El peligro de las derechas que participaron del acto de Alsasua es que, precisamente, son parte del Estado. Más desde el discurso del 3-O del rey. Una sanción a las políticas de Rajoy frente al caso catalán, que van más lejos del caso catalán. En aquel discurso se cerró cualquier reforma del Estado. Se cerró el Estado en un solo nacionalismo y se dio a todo ese nacionalismo todos los recursos. La justicia y la fuerza. Pero también la política. El acto de Alsasua, su peligro, su gran peligro, es que es un acto político de confrontación y de violencia, en el que el diálogo queda excluido pues no hay nada que dialogar, en tanto que sobra el diferente, que debe de ser expulsado, reevangelizado, o suprimido. El peligro arrecia si pensamos que el de Alsasua se trató de un acto político normal, si entendemos como normalidad la propuesta del rey, y con la que la monarquía, en fin, selló su destino en octubre. Con aquel discurso, en fin, la política lleva, fatalmente, a esos actos públicos, o menos públicos, de autoformulación en verde. Llevan a esa política en todas las instancias. Llevan, no tanto al conflicto, como al enfrentamiento. Y a su gestión en otras instancias, políticas y jurídicas. Esos actos, su violencia implícita, son una propuesta política del Estado. Son la propuesta política oficial del Estado desde el 3-O. Socorro.

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Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección. Su último libro es 'Los Domingos', una selección de sus artículos dominicales (Anagrama).

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10 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Miguel Álvarez Ferreiro

    Ctrl+Alt+Sasua

    Hace 3 años

  2. Nicokali

    "participaran en un altercado con vecinos..." ¿En serio?

    Hace 3 años

  3. tranquilu

    Parecemos memos redios!! nazionalistas de un bando contra nazionalistas del otro, tooooda la puta vida igual y mientras tanto los bancos partiéndose el culo de nosotros. El patriotismo, ese retorcido juguete, siempre fué el regalo de los poderosos para que los pobres paletos se agarren a algo. No aprendimos mucho de la polla... ün patriota un idiota!!

    Hace 3 años

  4. Maju

    Lo peor de toda esta denuncia contra las campaneras es que la acusación es por parte de la Policía Foral, que debe obediencia a Uxue Barkos (GBai) y a María José Beaumont (consejera de interior a propuesta de EH Bildu), es decir: que es el gobierno "del cambio" ("del cambiazo" dicen por estos lares ya muchos) el que está ejerciendo la inquisición contra todo tipo de resistencia popular a la provocación fascista de Rivera y sus enanos.

    Hace 3 años

  5. Maju

    Emigrante: no te enteras, no hubo pelea alguna en ningún bar, eso es parte de la narrativa inventada del guardia civil que se hace la víctima y al que se ve en muy difundidas imágenes en la calle (no en el bar) con una camisa blanquísima y sin un roto, ni siquiera un cuello mal colocado, tras la supuesta "pelea". Es un montaje de pies a cabeza. Ni siquiera iban a por nadie en concreto, los acusados y presos políticos son gente mayormente escogida a dedo, sino que Altsasu es un "objetivo militar", ya que está en la principal vía de comunicación entre Iruñea y Gasteiz, así como hacia Gipuzkoa por Beasain. Las Fuerzas Armadas españolas (léase Guardia Civil) confrontan así la voluntad rotunda del pueblo soberano de Altsasu de "que se vayan!, que nos dejen en paz!"

    Hace 3 años

  6. Jorge de Miguel

    Si, el problema es de ciudadanos, que fue a provocar, estos no tienen más remedio que responder así: https://twitter.com/MiriamMuroM/status/1059027307954925569

    Hace 3 años

  7. Javier RP

    El autor se embarca en una enorme digresión para no entrar a saco en lo fundamental: si Bildu se quiere manifestar, que se manifieste. Y si es Ciudadanos, que lo haga. Eso es democracia. Luego está la escala Pantone y sus matices de verde que tanto agobian al Sr. Guillem Martínez.

    Hace 3 años

  8. Uno

    Confunde la Santa Hermandad, que eran los que iban de verde, con el Santo Oficio.

    Hace 3 años

  9. emigrante

    Por otro lado cómo fue que empezó toda esta movida, por una pelea de bar? En mi pueblo cuando hay un altercado en un local el dueño coge el teléfono y llama a la policía y no a los mozos de una escuela de kárate a que vengan a poner orden. El estado será todo lo feo que a usted le parezca y tendrá un pasado histórico siniestro pero su alternativa me parece mucho más preocupante. Allí donde no alcanza el estado dominan las mafias.

    Hace 3 años

  10. emigrante

    Creo que repite demasiadas veces la palabra Estado, y además con mayúsculas. Afortunadamente ninguno de los convocántes del mitin está en el gobierno y eso habría que aprovecharlo para desescalar la situación. Se hace necesario un acto de conciliación con representante de la Benemérita y autoridades locales donde se deje claro que los picoletos son funcionarios que está para servir y proteger a los ciudadanos y que lamentan mucho este tipo de conflictos.

    Hace 3 años

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