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Pobreza, cooperación y abusos en Liberia

El Gobierno investiga a una ONG dedicada a la educación de niñas tras la publicación de un reportaje en EEUU

Marcel Gascón Barberá 21/11/2018

<p>Fotograma del vídeo documental de ProPublica `Unprotected´.</p>

Fotograma del vídeo documental de ProPublica `Unprotected´.

ProPublica

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Los hechos ocurrieron presuntamente antes de 2014 en la capital de Liberia, pero ha sido una investigación publicada el mes pasado en Estados Unidos la que puso el caso en el centro del debate público del país africano. En un reportaje para ProPublica publicado también por Time y titulado Unprotected, el periodista Finlay Young reconstruía a través de decenas de testimonios y muchas otras fuentes disponibles la tumultuosa historia de More Than Me (MTM), una conocida ONG estadounidense dedicada a la educación en Liberia, que vive envuelta en la polémica y la sospecha desde que uno de sus puntales fuera detenido hace cuatro años por violar a varias alumnas.

A raíz de la publicación de Unprotected, el gobierno liberiano ha abierto una investigación a MTM, y la capital del país, Monrovia, ha vivido en las últimas semanas protestas callejeras de signos opuestos. Por un lado, grupos feministas le exigían al Gobierno la revocación de las licencias a MTM, y que el dinero que haya recaudado la ONG se destine a ayudar a las víctimas de las supuestas violaciones. Apoyándose en lo revelado por Young en su investigación, estas activistas recriminan a la organización que no tuviera mecanismos para evitar los abusos sexuales que se han denunciado en su seno, y a su fundadora y directora, Katie Meyler, que no tomara medidas ante los indicios que apuntaban al presunto comportamiento inapropiado del que fuera su mano derecha. Otra de las críticas a MTM viene de la manera en que reaccionó ante el escándalo: distanciándose del supuesto violador y rehuyendo cualquier responsabilidad en lo que habría ocurrido. 

Para esta gente, MTM es la única opción para seguir estudiando o para ofrecer educación a sus familiares. Pese a los errores que hayan podido cometer

Pero, frente a quienes piden al Gobierno renunciar a la caridad de MTM también están los que apoyan a Meyler y se manifiestan en su defensa. Se trata de familiares de las beneficiarias de MTM y de las propias estudiantes, que expresan su rechazo al cierre de los colegios y a la expulsión de la ONG de Liberia y muestran su respaldo a su fundadora con pancartas en las que le llamaban “héroe” y prometen estar con ella “hasta el final”. Para esta gente, MTM es la única opción para seguir estudiando o para ofrecer educación a sus familiares. Pese a los errores que haya podido cometer Meyler, consideran que les ha hecho mucho más bien que mal, y se preguntan qué habría sido de ellas, o de sus niñas, si Liberia no se hubiera cruzado en el camino de esta estadounidense empecinada, valiente y ambiciosa.

Según el completísimo trabajo de Young, que no ha sido desmentido en ninguna de sus conclusiones por quienes en él aparecen, Liberia se cruzó en la vida de esta chica nacida en 1982 en Nueva Jersey en el año 2006, cuando viajó a Monrovia por primera vez y pasó allí más de un año haciendo obras de caridad para una organización evangélica. La experiencia cambió la vida de Meyler, que decidió seguir haciendo a su manera lo que tanto le había gustado. Su ONG se llamaría More than me, y se centraría en ofrecer la oportunidad de estudiar a niñas de la capital liberiana que se prostituían o estaban en riesgo de explotación sexual.

MTM fue un éxito desde el principio. Los habitantes de las zonas deprimidas de Monrovia que visitaba adoraban a Meyler. Ella cantaba y bailaba con ellos, comía con las manos de sus platos. Escuchar las trágicas historias de las niñas liberianas no hacía más que reforzar el compromiso de esta joven idealista con su causa. Al principio consistía en conseguir dinero para las becas de las niñas, para las que ahorraba durmiendo de prestado donde podía. Un cámara que trabajó con ella en labores de promoción para recaudar fondos oyó decir a alguien que Meyler llegó a vender óvulos para contribuir a las becas, una anécdota recogida por Young que encaja a la perfección en la imagen que la estadounidense transmitía en las redes sociales.

En 2010, dos años después de su fundación, y gracias en gran parte a las donaciones procedentes de Estados Unidos, MTM pagaba los estudios a 30 niñas de Monrovia. Pero el proyecto de Meyler aún debía llegar mucho más lejos, y para ello le haría mucho bien contar con Mcintosh Johnson. Este liberiano vital y espabilado tenía empuje e iniciativa y conocía a la perfección los códigos de West Point, el barrio chabolista de Monrovia que tapa por completo la península del mismo nombre, donde viven entre altos niveles de humedad y densidad más de 75.000 personas. Johnson era la persona ideal para ser el hombre de Meyler sobre el terreno. Nadie como él, que conocía bien la desesperación y la pobreza, para identificar y llevar hasta MTM a las niñas que iban a recibir las becas. Johnson hablaba como ellas y las entendía, y se convirtió también en una especie de tutor de las chicas, en la persona a la que llamaban si necesitaban algo o tenían un problema.

Por si fuera poco, Mcintosh –como le llamaba Meyler, que se había convertido también en su amante, en sus posts de las redes sociales– tenía carisma, y una historia detrás que podía ayudar a MTM a ganarse las simpatías de más estadounidenses, con dinero suficiente y dispuestos a hacer el bien. Johnston afirmaba haber sido secuestrado de niño y obligado a combatir con el AK-47 que le entregaron. En su cuenta de twitter, inactiva desde poco antes de su arresto, dice haber nacido en 1979, con lo que habría tenido diez años cuando comenzaron las guerras civiles en Liberia, famosas por la utilización de niños soldados.

Los años pasaban y el sueño de Meyler seguía expandiéndose. Las donaciones crecían al ritmo de su popularidad en las redes. Celebridades cada vez más importantes se sumaban a las campañas de apoyo y MTM, que había funcionado hasta entonces en torno a la pasión y la intuición de Meyler, buscó profesionalizarse trayendo personal más especializado de Estados Unidos. Algunos de los recién contratados mostraron su preocupación por algunas prácticas de la organización, como que las niñas durmieran a menudo en casa del personal, a veces exclusivamente masculino de la ONG. También se advirtió del descontrol en el uso de algunos fondos, y de la manera en que se utilizaba a las niñas para los materiales de promoción. Meyler recordó que aquello era Liberia, no los Estados Unidos. Las cosas en Liberia funcionaban de otra forma, más libre, menos formal, y la cosa se saldó con algunos cambios cosméticos.

Con la ONG en plena ascensión, y la perspectiva de abrir la escuela propia que se haría realidad en 2013 cada vez más cerca, los primeros indicios de abusos sexuales comenzaron aparecer. Primero había sido la exesposa de Johnson, que le insinuó sutilmente a Meyler que a Mcintosh le gustaban las niñas pequeñas. Meyler preguntó a Johnson por ello, pero este lo negó tajantemente y la directora lo dejó ahí. Una de las dirigentes de la ONG, Michelle Spada, vio a una niña despeinada y con la ropa mal arreglada salir de la casa de Johnson, pero acabó descartando las sospechas al saber que la mujer y la hija de Mcintosh también estaban en la vivienda. Hubo también un picaporte en un baño, que desató rumores de sexo en los servicios que apuntaban a Johnson. Hasta que una de las niñas se atrevió a hablar con la enfermera de MTM. Johnson, dijo la niña, había estado abusando de ella. La enfermera se lo dijo a Spada, quien en junio de 2014 denunció a la policía a Johnson.

Según sus testimonios, el hombre que debía cuidarlas y sacarlas de la vida de brutalidad y humillación sexual que habían llevado las violaba y las amenazaba con quitarles las becas si le denunciaban

Con Johnson entre rejas, otras nueve niñas dijeron a las autoridades haber sufrido abusos y violaciones por parte de Johnston, en algunas ocasiones desde que tenían diez años. Según sus testimonios, el hombre que debía cuidarlas y sacarlas de la vida de brutalidad y humillación sexual que habían llevado las violaba y las amenazaba con quitarles las becas si le denunciaban. Ellas tenían miedo de contárselo a Meyler. Entre otras cosas, porque sabían que eran amantes, y, como le explicó a Young una de las niñas, una persona enamorada no se cree nada negativo de su amante.

Los indicios que apuntaban a los abusos de Johnson parecen muy claros una vez conocidas las denuncias de las niñas, pero quizá no fueran tan evidentes cuando se les presentaron a Meyler y su equipo. Sobre la reacción de MTM al testimonio de la primera niña hay discrepancias. Spada dice que los directivos solo se preocuparon por mantener limpio el nombre de la organización y sus proyectos, pero estos lo niegan, y aseguran haber apoyado a Spada desde el principio cuando les dijo que iba a denunciar a Johnson a la policía. Más difícil de explicar es la actitud de Meyler y el resto de MTM después de la detención de Johnson. En vez de plantearse lo que habían hecho mal porque un cargo de tanta responsabilidad dentro de la organización violara a sus beneficiarias durante años, la ONG presentó lo ocurrido con Johnson como algo habitual en Liberia, algo que no es completamente falso, pero que servía a un propósito como mínimo discutible. En su narrativa de los hechos, Meyler y MTM no eran la organización donde uno de los empleados había violado a varias niñas (30, según un testimonio), sino la única en un panorama como el liberiano que había dado a las víctimas suficiente protección y seguridad para que denunciaran.

El juicio a Johnson se acercaba, y MTM había conseguido controlar los fuegos del tremendo incendio. El gobierno seguía apreciando su trabajo, y pronto le ofrecería hacerse cargo de la gestión de varias escuelas públicas. Y entonces llegó la epidemia del ébola. Meyler se volcó con la causa como se había volcado con las niñas de la calle. Trajo material de Estados Unidos para luchar contra la enfermedad. Se metió a trabajar en las zonas más afectadas e implicó a MTM en sus intensas tareas. Pero había un problema: MTM no tenía licencia para ocuparse de cuestiones sanitarias, y las autoridades liberianas abortaron sus proyectos. De todas maneras ya no importaba. El bien estaba hecho. Meyler es una de los “luchadores contra el ébola” declaradas por Time“persona del año” de 2014, un buen año pese a todo para MTM. Pese al estallido del caso Johnson, la ONG recaudó casi tres millones de dólares en ese ejercicio, el triple que el año pasado.

El silencio periodístico lo rompió un tabloide, The New Republic que tituló su pieza sobre el caso: MTM: Cero tolerancia ante los abusos sexuales

En parte por las restricciones a los medios que la ley liberiana prevé para juicios con menores, el proceso contra Johnson pasó prácticamente desapercibido en Liberia. Diez de sus supuestas víctimas se atrevieron a declarar pese a las amenazas de la gente de Johnson en West Point. Nadie de MTM, ni siquiera Spada, testificó en el juicio. El silencio periodístico lo rompió un tabloide, The New Republic que tituló su pieza sobre el caso: MTM: Cero tolerancia ante los abusos sexuales. Meyler ha reconocido que se escribió desde MTM.

En marzo de 2016, aún a la espera del desenlace del juicio, Johnson moría lleno de llagas esposado a la cama de un hospital. Estaba enfermo de sida, y no había utilizado protección al tener sexo con sus supuestas víctimas. En diciembre de 2015, un jurado popular no había logrado acuerdo suficiente para condenarle o absolverle, por lo que el juicio habría de repetirse. Tres miembros del jurado aseguraron a Young haber recibido un soborno para declarar a Johnson culpable. MTM rechazó cualquier responsabilidad en el pago, y no hay pruebas que impliquen a la organización en el soborno.

Además de poner el foco de la opinión pública liberiana sobre el caso y hacer plantearse al Gobierno de Liberia su confianza en MTM, el colosal trabajo de Young ha provocado un cambio de actitud en Meyler, que intentó bloquear la investigación y sigue criticando el reportaje por ofrecer una perspectiva “injusta y parcial” de su labor en Liberia. “Mcintosh les falló a las chicas”, le decía Meyler a Young cuando el periodista la entrevistó. Ahora, en un comunicado, Meyler anuncia que deja su puesto al frente de MTM hasta que termine la investigación gubernamental. Meyler también pide disculpas y dice por primera vez, dirigiéndose a las niñas: “os hemos fallado”.

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Marcel Gascón Barberá

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