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Historias del derbi cántabro

Una de las rivalidades más antiguas del fútbol español vuelve 27 años después en la Segunda División B

Marcos Pereda 28/11/2018

<p>Choque durante el Real Racing de Santander - Real Sociedad Gimnástica de Torrelavega. </p>

Choque durante el Real Racing de Santander - Real Sociedad Gimnástica de Torrelavega. 

Real Racing

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La última vez que se jugó este partido fue el 17 de marzo de 1991. En aquel entonces los futbolistas trotaron por Torrelavega, esta tarde lo harán por Santander. Casi treinta años. Gobernaba Felipe González, un señor canoso que se decía del PSOE. En la oposición estaba José María Aznar, un bigotudo bajito que se proclamaba de centro. No existía twitter, los humoristas podían hacer chistes de reyes y banderas sin (demasiado) miedo y Miguel Induráin jamás había vestido el maillot amarillo del Tour de Francia. Otro mundo. El encuentro terminó con empate a un gol.

A la entrada de Santander, según se llega desde Torrelavega, hay un puente. Allí un gaitero toca montañesas. A sus pies, una pancarta. “No olvidar que somos hermanos”, dice. En Cantabria llevamos regular los verbos, pero nos gusta la música. 

Falta más de una hora y ya se nota ambiente. Grupitos de gente caminan hacia el estadio, muchos de ellos llevan bufanda. Blanquiazules unas, tonos verdes en las otras. Aparcar cerca es imposible, y la mayoría opta (optamos) por dejar el coche en alguna facultad de la cercana Universidad de Cantabria. Entre el campus y el estadio hay que avanzar un ratito crujiendo cristales bajo las botas. Restos del botellón sabatino frente a las aulas. Una metáfora, quizá. Hace frío. Yo también llevo bufanda, solo que la mía es negra, de lana. Quiero ser un cronista imparcial. Bueno, relativamente imparcial.

El derbi inicial entre Racing y Torrelavega se jugó en 1913, en los antiguos Campos de Sport de El Sardinero, inaugurado apenas meses antes

El derbi inicial entre Racing de Santander y Real Sociedad Gimnástica de Torrelavega se jugó en 1913. Fue en agosto, en los antiguos Campos de Sport de El Sardinero, que se habían inaugurado apenas meses antes. Ese verano resultó también el primero en el que Alfonso XIII persiguió a cabareteras y menesterosas por los pasillos del Palacio de la Magdalena, que la ciudad le había regalado. Años atrás Amadeo de Saboya pasó un rato malísimo en Santander, cuando se alojó en el Edificio de la Aduana y los vapores de la pintura (las paredes se habían adecentado para la ocasión) casi se lo llevan al otro barrio. Así que, por no repetir la historia, la antigua villa erigió una mansión digna de reyes para los muy egregios monarcas. Ah, también se cambió el nombre al lugar donde ésta se situaba. Antes era la Península de la Cerda, después fue de La Magdalena. Alguien pensó que no podía dormir la reina de España en un sitio llamado “de la Cerda” sin sufrir el público escarnio.

Por cierto, aquel primer derbi lo ganó la Gimnástica. Cero goles a cinco, nada menos. Una herida que aun escuece. Después se jugaron muchos otros, el Racing llegó a Primera División y el equipo de Torrelavega hasta se tiró unos años descansando (llegó a desaparecer, según malintencionadas lenguas). Pero el primero fue así. Hito imborrable, podríamos llamarlo.

Veinte minutos para que empiece el partido. Suena AC/DC por los altavoces, atronador. Thunderstruck.Hacía años que no entraba aquí. Se ven banderas, muchas. De los dos equipos, también lábaros, ese signo solar que es, oficialmente, símbolo identitario del pueblo cántabro. La zona donde se sitúan los aficionados de Torrelavega presenta más variedad. Telas blanquiazules, otras en granate y oro, allí está la de Portugal (a los de Torrelavega nos llaman portugueses, por los colores del escudo, que son los de la familia Mendoza),  y la de Escocia y la pirata, que es mi preferida…

La publicidad también es peculiar. Están las sempiternas casas de apuestas (una lacra que inunda también el fútbol en Segunda B), pero conviven con otros carteles más locales: anchoas, carne de vaca tudanca, incluso la Zona Franca del Puerto de Santander. Y es que aquí la brisa de la mar se cuela, gélida, por entre bufandas y camisas. Estamos a unos cientos de metros de la playa de El Sardinero, y desde la tribuna de prensa se puede ver el edificio donde vivió, hasta hace poco, la también franca Carmen Martínez-Bordiú.

Va…nos preparamos. El árbitro se llama Rezola Etxebarría. Compruebo con satisfacción que en las divisiones inferiores los colegiados también portan apellidos rimbombantes.

Desde el año 1991, cuando jugó por última vez ante la Gimnástica en partido oficial, al Racing de Santander le ha pasado de todo. Aquella misma temporada subió a Segunda División, después de un encuentro frente al Getafe que hoy sería carne de telediarios (gol en propia puerta en el minuto 94 incluido). Luego ascendió a Primera (aparentemente sin maletines de por medio) y se mantuvo allí unos cuantos años. Goleó al Madrid y al Barcelona, llegó a competir en la UEFA y se hizo paisaje habitual de la máxima categoría. 

el Racing transitó por un montón de problemas, estuvo a punto de desaparecer y, descenso va, descenso viene, acabó en la Segunda División B

Solo que algo funcionaba regular en el club. Tuvieron una primera etapa bizarra con Dmitri Piterman, un ucraniano nacionalizado estadounidense que estuvo ejerciendo de presidente, preparador físico, entrenador, jefe de prensa y chico de los recados. Ligeramente extravagante en el vestir, ligeramente faltón en el hablar, Piterman era tan bueno para los humoristas como malo para el equipo. Y aquello no había hecho más que empezar. Después llegó Ali Syed, un empresario hindú que estaba entre los hombres más ricos del mundo y pidió que le enseñasen la casa de Botín “para comprarla”. Solo que los otros hombres más ricos del mundo no le conocían de nada, y la casa de Don Emilio la terminó heredando Ana Patricia de forma aparentemente pacífica. Hay una leyenda urbana que dice, incluso, que este Syed era un actor representando un personaje creado ex profeso para salvar un mal momento. Resulta tentador creerlo, pero no debe de ser cierto, porque de Syed sí que se saben actividades anteriores y posteriores al Racing. Blanqueo de capitales para Adnan Khashoggi, por ejemplo. Ya ven, fruslerías. En resumen, que el Racing transitó por un montón de problemas, estuvo a punto de desaparecer y, descenso va, descenso viene, acabó en la Segunda División B. 

Empieza el partido, o lo que sea, que yo tampoco soy un especialista en esto. Juego… más bien escaso, para qué engañarnos. Ni siquiera podemos escudarnos en los tópicos del fútbol norte. No hay lluvia, no hay camisetas embarradas, no hay viento huracanado, no hay recios jugadores de pelo largo y bigote en ristre repartiendo hostias como si no hubiese un mañana. Todo es moderno y educado. O tempora, o mores.

Pronto me doy cuenta que navego por territorio ajeno. Rodeado de periodistas con bufanda. Lo juro, con bufanda de un equipo. Me ofende, porque soy un cronista absolutamente imparcial y no concibo tales situaciones. Pero, por pudor, no les afeo la conducta. Más aun, los aficionados que están sentados a mi alrededor son auténticos hooligans. Hay uno en concreto que grita sin descanso mientras enciende un ducadostras otro. Sí, en Segunda B se fuma, amigos. Hasta cigarritos de la risa llegué a ver. Una locura. Pues eso, que este tipo es además una eminencia, porque tiene carnet de entrenador (por cómo corrige las decisiones de los de abajo), título de árbitro (siempre de forma pausada señala al trencilla sus equivocaciones) y ha jugado en Primera División (no duda en indicar al lateral izquierdo cómo debe poner el pie para ejecutar un lanzamiento de falta correctamente). Ya les digo, un genio. Y es grande, muy grande. Y si ahora marca la Gimnástica, ¿qué hago? Empiezo a agobiarme.

Creo que soy de los pocos. El Racing es muy favorito. Tiene más puntos, mucho más presupuesto y juega en casa. Once compañeros de la prensa gráfica apuntan a la portería visitante, intentando cazar el momento cumbre. Solo cuatro hacen lo propio con el portero local…

La Tercera División en Cantabria es un espacio salvaje e inhóspito, lleno de nieve, chaparrones y vino blanco en las tascas de los pueblos

Desde 1991 la historia de la Gimnástica también ha sido bastante agitada. Para no aburrirse, vamos. Estuvo a punto de subir a Segunda un par de veces, pero ha transitado, sobre todo, entre la Segunda B y la Tercera División. La Tercera División en Cantabria es un espacio salvaje e inhóspito, lleno de nieve, chaparrones y vino blanco en las tascas de los pueblos. Ah, tiene 38 derbis, por lo que termina siendo bastante divertido desde el punto de vista etnográfico.

Pero vamos, que los descensos son dramáticos siempre. Además el club ha estado a punto de desaparecer unas cuantas veces (más o menos cada doce meses, a la altura de junio). Los jugadores hasta hicieron un par de encierros en el antiguo estadio para protestar por la falta de pagos. En uno de ellos cierto periodista recogió que junto a sus sacos de dormir podían ver “ratas como conejos”. Como conejos. Y así quedó el tópico, que tú ibas a los madriles y te preguntaban por las ratas gigantescas mutantes, como si en Cantabria las criásemos o algo. En fin. Ahora parece que va todo un poco mejor, e incluso hay un campo nuevo, precioso, que se sigue llaman El Malecón. 

Y subió el año pasado. A Segunda B. Pasito a pasito.

Antes del partido se celebró una jornada de hermanamiento entre hinchadas. Con cocido montañés y vino, que es como se hacen aquí estas cosas. Flotaba cierto temor en el aire, porque siempre hay imbéciles que se llevan por delante las fiestas, pero al final no hubo ningún altercado. Que dure eso, también.

Dentro de El Sardinero las aficiones están en lugares opuestos. En el fondo sur se ven camisetas blanquiazules, en el norte aparecen los del Racing. Estos son muchos más, pero la peña más numerosa se llama Juventudes Verdiblancas, mientras que la más conocida de Torrelavega responde por Orgasmos del Besaya. Así que ahí, en lo puramente eufónico, gana sin duda la Gimnástica.

Como decía, están unos enfrente de otros, y de forma, en ocasiones, curiosa. Hay un momento en que los dos fondos cantan la misma tonadilla, pero con diferente letra. Cosas del fútbol. Los del norte despliegan también una enorme pancarta, de muchos metros, que cubre a varios cientos de personas durante unos minutos. Yo solo puedo pensar en el agobio que debe sentirse allí abajo, sin ver nada. Pero yo soy un frívolo, ya saben, y no tengo sentimientos, porque a ellos no parece importarles la falta de visión. Hay un tipo, de hecho, que se pasa todo el partido de espaldas al campo, guiando los cánticos de los demás. Que desde fuera puede parecer curioso, pero ir hasta allí para desfogarse gritando sin ver el fútbol, qué quieren que les diga. Con la de sitios que hay en Cantabria para chillar. A mí me gusta mucho Soba, por cierto, porque reverbera que da gusto.

Ah, al final nos juntamos 15.813 personas. Más espectadores que en todos los partidos del Grupo I de Segunda División B (el derbi cántabro se disputa en el Grupo II). Más gente que en ningún campo de Segunda División. Más que en tres encuentros disputados esta misma jornada en Primera. 

¿Quién dijo fútbol modesto?

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Pd. Al final el Racing ganó por un gol a cero. El tanto se logró con la mano, Maradona style, y los aficionados de la Gimnástica recordaremos esta infamia hasta el fin de los días. Porque los montañeses somos orgullosos, muy orgullosos.   

 

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Autor >

Marcos Pereda

Marcos Pereda (Torrelavega, 1981), profesor y escritor, ha publicado obras sobre Derecho, Historia, Filosofía y Deporte. Le gustan los relatos donde nada es lo que parece, los maillots de los años 70 y la literatura francesa. Si tienes que buscarlo seguro que lo encuentras entre las páginas de un libro. Es autor de Arriva Italia. Gloria y Miseria de la Nación que soñó ciclismo y de "Periquismo: crónica de una pasión" (Punto de Vista).

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1 comentario(s)

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  1. Daoiz

    Vamos, que el auto ha ido al campo de gañote y sin pagar. PAra variar.

    Hace 2 años 10 meses

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