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TRIBUNA

2018, año cero de la contrarrevolución feminista

El año que se cierra ha sido el del definitivo estallido del feminismo, pero también el de los primeros pasos de su reacción

Nuria Alabao 2/01/2019

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Muchas –y algunos– en estas fiestas, entre cava y pavo, se habrán enfadado un poco (o bastante). Es inevitable escuchar en muchas mesas familiares determinados comentarios, puede que del cuñao, pero también del propio padre o madre: ya somos iguales, las denuncias falsas…, os estáis pasando, no se puede ni ligar, ¿por qué tenemos que creeros? O quizás y casi peor: el feminismo hace que Vox crezca, estáis dividiendo a la clase obrera, es una lucha parcial que nos hace perder los objetivos materiales… En fin, otra copa de cava, una honda inspiración y paciencia para argumentar antes de dejarlo por imposible.

En realidad, el sustrato social de la reacción conservadora ha estado ahí siempre, pero es terreno de disputa que no siempre tiene una dirección política. Tuvo sus momentos de articulación en la era neocon impulsado por el aguirrismo madrileño durante el zapaterismo –con grandes manifestaciones contra la ley del aborto o el matrimonio igualitario–. Hoy el antifeminismo es débil y está por organizar, aunque despegó el año que dejamos atrás. Lo vimos en los ya clásicos articulistas de espíritu cuñao que ya conocemos y que forman parte de un cierto establishment mediático. Pero también tomó la forma de youtubers antifeministas –con más seguidores de los que cabría esperar–. Pudimos verlo en Forocoches y Burbuja.info, foros abiertos de internet donde el carácter anónimo de sus participantes permite burradas como burlarse de la víctima de la Manada y hacer pública su dirección. También lo descubrimos en nuevos medios que surgen del entorno de Vox, aunque sus contenidos por ahora no están tan radicalizados hacia la extrema derecha, como por ejemplo el Breitbart estadounidense que dirigió Steve Bannon. Probablemente es cuestión de tiempo, al fin y al cabo, Bannon se ha dedicado a viajar por nuestro continente para asesorar a partidos afines en cuestiones de comunicación y construir frentes antieuropeos y antiinmigración. Todo ese sustrato cultural –o “subcultural”– le funcionó perfectamente a Trump para tejer parte de la coalición de votantes que le llevó a la victoria. (Además de otros muchos factores, por supuesto.) En cualquier caso, son elementos que tienen su importancia en política –y cada vez más en un mundo hipermediatizado y mediado por las redes sociales– y, lo más peligroso, estos medios o espacios cibernéticas puede constituir un germen de organización de movimientos sociales de extrema derecha.

En España, quien parece que está manejando con más soltura este sustrato reaccionario en clave popular es Santiago Abascal –y Vox–, con menos lastres institucionales y, por tanto, quien menos componendas tiene que hacer y cuyo lenguaje está menos encorsetado –como el del surgimiento de Podemos–. (No sabemos a ciencia cierta quién le financia, pero los informes existentes apuntan a pequeños empresarios algo alejados del centro político a quienes no molesta el radicalismo verbal ni su particular guerra al feminismo). De momento, es una guerra de guerrillas, no de posiciones. Precisamente, oponerse directamente a un movimiento que ha conseguido que millones de mujeres secunden una huelga o se movilicen el 8M convierte en poco probable que lleguen a ser una opción mayoritaria. Tendrían para ello que actualizar su discurso sobre la mujer y el feminismo, a la manera del Frente Nacional –Reagrupación Nacional—, pero, de momento, no juegan a conquistar al grueso de votantes, sino a sacudir el terreno de juego. Su liga es la de la radicalidad, el parecer antisistema y la polarización, y les funciona. De hecho, su estrategia de redes está pensada así: definir guerras sin cuartel, atacar y provocar a la izquierda para conseguir vitalizar contenidos aunque sea porque quienes los comparten lo hacen indignados. Tres enemigos: el independentismo, la inmigración –de carácter fantasmático– y el feminismo, las redes hacen lo demás. Este es un indicador de la dificultad de oponérseles de manera efectiva. Si el primer impulso de las personas preocupadas por la emergencia de un partido de ultraderecha como Vox fue pedir cualquier tipo de “cordón sanitario” para impedirles llegar a las instituciones, ahora muchos señalan que el mejor freno sería la normalización y que desgasten su radicalidad y pureza en el día a día de las instituciones. La paradoja de esa estrategia, sin embargo, salta a la vista: la normalización de su discurso ultra, que puedan decir cosas que hasta hace poco tenían costes demasiado altos para los políticos. Entre ellas cuestionar derechos consolidados del feminismo que han llevado años de lucha como la Ley de Violencia de Género actual. Este ya es un daño para todas. Es cierto que si esas posiciones sociales existen –el espacio político, el sustrato–, tarde o temprano aparecerá un partido que las represente. Aunque es un camino de ida y vuelta: esas posiciones sociales también se construyen desde los partidos y sus altavoces mediáticos.

De hecho, quien realmente inició la batalla contra el feminismo no fue Vox. La fiesta la inauguró Pablo Casado en julio pasado durante la campaña para la presidencia del PP enunciando su guerra a la “ideología de género”. Diferenciarse de Cs –y diferenciarse a su vez en las primarias respecto a su principal rival Sáenz de Santamaría, conseguir una palmadita en la cabeza de su mentor Aznar, algún que otro estudio que ya les indicaba que con los casos de corrupción se les estaban fugando votantes; algo de todo ello había en el establecimiento de un nuevo frente de batalla. Pero hoy quien se está llevando el gato al agua es su versión libre, Vox, y no el mastodonte del PP, mucho más complejo y plural –donde todavía habita un sector de vieja guardia liberal–. (Aunque no hay que olvidar que la guerra al feminismo es toda una declaración de principios, según las encuestas, solo el 11% de los votantes dicen que les movilizó su propuesta de derogación de la Ley de Violencia de Género).

Frenar la revuelta feminista

El 2018 fue el año de la potencia feminista, la huelga del 8M desbordó todas las expectativas y puso en el mapa una nueva fuerza social con capacidad de sacudir el equilibrio de fuerzas político. Por mucho que algunos intenten minimizar sus posibilidades disruptivas, es evidente que herramientas como la huelga acarrean una semilla de subversión que puede ir a más. La verdadera potencia del feminismo no está en las cuotas o en las llamadas a que las mujeres ocupen puestos de poder dentro de este orden, sino en el ámbito de la oposición a un sistema injusto donde las mujeres ocupamos los lugares más bajos de la escala social –donde también intersectan raza y clase– que se sostiene sobre el trabajo no pagado en los hogares (y mediante un alto grado de violencia que también sufrimos). Esos componentes subversivos están contenidos en el feminismo e implican una potencia social y discursiva enorme que para muchos tiene que ser frenada o “redirigida”. Por ejemplo, como hace el feminismo más institucional con sus numerosos guiños y gestos –que es otro tipo de freno–. Toda revuelta acaba acarreando su contrarrevolución.

En buena parte del mundo las mujeres se levantan. En esos lugares también, movimientos sociales de ultraderecha y sus contrapartes institucionales se movilizan contra el avance del feminismo. En Latinoamérica su emergencia está muy vinculada a la fuerza del evangelismo pentecostalista –al poder que todavía conserva allí la Iglesia católica– y a la reacción desatada contra el ciclo de gobiernos progresistas. Mientras que en Europa Central y del Este estas tendencias ultraconservadoras gobiernan en algunos lugares y han conseguido crear una red bien conectada internacionalmente –con vínculos que van desde Putin a Trump a otros gobiernos o partidos iliberales europeos–. Para ellos, el feminismo como movimiento social de mayor potencia mundial es el perfecto enemigo que permite aglutinar fuerzas en su contra. La contrarrevolución feminista que ha arrancado en España es un eco de ese contexto internacional.

Como dice Rita Laura Segato, “nuestros antagonistas en términos de proyecto histórico han percibido antes que nosotras mismas que el tema del patriarcado es el cimiento. Ellos, con su reacción fundamentalista feroz y desvariada, nos están mostrando que lo nuestro no es un problema de minoría, no es un problema de un grupo particular de la sociedad que seríamos las mujeres, sino que es un tema que, bien llevado, puede transformar la historia y derrocar el autoritarismo y los esquemas donde su poder se instala. Ellos nos lo están diciendo. Y es algo que nosotras como movimiento social no habíamos percibido a fondo: que nuestro movimiento puede modificar el rumbo de la historia”. 

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Nuria Alabao

Es periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes.

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5 comentario(s)

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  1. Eliseo Martel

    La imagen de pedripol: Seguramente no ha sido intencionado, pero del monigote del hombre, el cráneo es idéntico a un perfil negroide. Algo intermedio entre un africano subsahariano y un aborigen australiano :-( Ya que estamos en eh!paña podría haber puesto uno tipo Mediterráneo o una bola, como el de la mujer, digo yo...)

    Hace 3 años 7 meses

  2. Manolo2

    Es un abuso intelectual decir que "... sino que es un tema que, bien llevado, puede transformar la historia y derrocar el autoritarismo y los esquemas donde su poder se instala." El machismo es mucho más antiguo que el feudalismo y no fué la lucha por derechos (algunos que atañían a las mujeres) la que determinó la llegada del capitalismo. Hay razones ESTRUCTURALES. El capitalismo no parece resentirse por el hecho indiscutible del magnífico impulso a los derechos de la mujer que se han producido en el siglo pasado. No minimizo la transformación social que significa seguir profundizando en hacer prácticos los derechos reales de las mujeres (los derechos civiles están afortunadamente adquiridos) Eso pasa con todos los derechos que conquistamos, que, a diferencia de los avances de las mujeres en todos los ámbitos, no han hecho más que retroceder en desde 2007. No pueden mezclarse los estadios de cada derecho en sociedades de enormes diferencias. Porque en nuestra sociedad hoy, la lucha por los derechos sociales y económicos, contra la creciente estratificación y desigualdad económicas son mucho más importantes que la específica situación de las mujeres, y eso hay que decirlo con independencia de que se haya producido la impresionante movilización del 8 de marzo y de que esté en el mayor de los candeleros mediáticos. Hay quien quiere hacer de esa la batalla central y eso lleva a no medir la dimensión de los esfuerzos que hacemos.

    Hace 3 años 7 meses

  3. zyxwvut

    Leo demasiado bla, bla, bla, demasiado discurso grandilocuente al margen de las explotaciones concretas de todas las personas (hombres y mujeres) bajo el neoliberalismo, demasiado "techo de cristal" y muy poca atención al suelo. Por cierto, como miembro de la "Fundació dels Comuns" haría bien en dedicar parte de sus recursos discursivos a frenar la deriva secesionista que les pone al servicio de los neoCDC, ERC y CUP y les alejan cada vez más de las clases subalternas..., pero con eso no escriben artículos tan grandilocuentes.

    Hace 3 años 7 meses

  4. cayetano

    La trascendencia del movimiento feminista es reflejo de la independencia material y sustancial que empuja por su reconocimiento institucional, sea orgánico, relacional o cultural. Sin lugar a dudas, la extrema derecha es reaccionaria por conservadora. Pero su reacción fundamental emana de nuevas infraestructuras y estructuras económicas, fuentes de precarización trabajadora y clases medias menguantes. ¿Qué ocurre en Andalucía, donde la ideología de igualdad de género -que no de género-, está siendo clave del posible pacto entre Vox, C’s y PP? Vox no sólo está pidiendo su espacio y reconocimiento por parte de sus necesitados precoaligados. La foto que certifique las cesiones programáticas justificadoras de que no son meros manporreros -perdonen la expresión, usada en términos metafóricos por ajustada en el imaginario- entre la pareja C’s-PP, sino que en realidad es un trío, ampliando el acuerdo a tres. ¿Qué escenario nos encontraríamos repitiéndose las elecciones? Las razones motivadoras de la desmovilización del electorado PSOE o UP, difícilmente se modificarán en tan corto tiempo. Pensar que dicho electorado se movilice ahora, priorizando que gobierne el PSOE cuando antes no lo hizo, es complicado, pues tanto antes como ahora las alternativas eran las mismas. De otra parte, en la reubicación del tablero en las derechas extremas o no, unas nuevas elecciones en Andalucía provocadas por el ninguneo a VOX, y enmarcadas en los resultados previos y protagonismo mediático, sólo aventuran una mejora de sus resultados -mejora que continuaría recuperando votos de la abstención, y sobre todo de votantes del PP filo Vox, que no les votaron por utilitarismo, ahora extinguido y que juega a favor de Vox. El techo electoral de Vox en Andalucía presumiblemente no se corresponde con los resultados obtenidos, debido a que el efecto utilitarista seguía operando y su existencia mediática era muy limitada, mientras actualmente cuentan con todo el protagonismo público y el utilitarismo más aparece como viento favorable que a la contra. Situación que no es comparable a Podemos al repetirse las Generales, que si había sufrido un desgaste por exposición previa. Pero que sí podría emular la primera intención de Podemos, que era un movimiento de irrupción y ascenso fulgurante. En el caso de Vox, y gracias a las elecciones anticipadas en Andalucía, podríamos estar asistiendo al supuesto que deseaba para sí Podemos. Manteniendo el protagonismo rupturista en la derecha Vox (explotando el sentimiento de ninguneo identificante con sus electores), superando sus resultados ante unas previsibles nuevas elecciones, en las que el PP sería muy igualado por Vox y desbancado por C’s, a las puertas de las elecciones municipales, autonómicas y Europeas, que acelerarían la deconstrucción del PP favoreciendo a Vox y C’s. Así esta situación resitúa a C,s con la posibilidad de, ahora sí, dar el sorpasso y zarpazo al PP por su centro, quedando como primera fuerza en este espacio político. Experimentos como la CEDA 4.0 no parecen que tengan cabida en la España actual, por repelús entre los distintos cuerpos electorales, y por las relaciones internacionales distintas entre las tres formaciones que expresan ese repelús ideario. De ahí que el PP, por encima de cualquier otra cuestión tenga como prioridad el gobierno andaluz. Se está jugando no sólo el protagonismo público de Vox en los próximos meses, sino también el contenido del mismo, hasta las puertas de las municipales, autonómicas y Europeas. Sea como afirmante del orgullo ninguneado de sus electores y catártico en sus soluciones ultraliberales, o como convidado de piedra que se compra por unas monedas. Y probablemente unas nuevas elecciones en Andalucía, aumentarían la representación de Vox a costa del PP, sorpassados por C,s, transmitiéndose con fuerza la imagen de un PP en deconstrucción, sin posibilidad de refundación real pese –o quizás- por su joven liderazgo. Que entre la abstención de antiguos electores del PSOE y AA(UP) anterior se provoque una reacción que les haga cambiar respecto de las prioridades y opiniones que motivaron su reciente abstención, es posible, pero también que no sea suficiente. Y como se ha explicado antes, curiosamente sufriría más el desgaste de unas nuevas elecciones anticipadas el PP, por aumento de Vox y leve incremento de C’s, sustentado en la nueva gravitación que ejerce Vox sobre el electorado del PP, que a su vez incrementa la gravitación centrista hacia C’s. Todo lo cual no obsta que gobernar una comunidad como la andaluza es un fuerte incentivo, a coger pájaro en mano, aunque podría ser también no retrasar la recompensa para que esta sea mayor. Pero este tipo de consideraciones que son finalistas, coge el premio ya o aplázalo para acrecerlo, no son resolutivas aunque orientan. Más resolutivo es atender a los procesos y su propia sinergia, y ahí, en sus dinámicas hemos observado que en estos momentos, nos guste o no, obedece a la aceleración deconstructiva que será el fin del PP. Pues si sufría la gravitación centrista de C’s, ahora la nueva gravitación ultraconservadora de Vox, en este contexto coyuntural lo coloca más cerca del precipicio. Ya que las inercias gravitatorias estirando al PP por el centro y la derecha, en este contexto, con la precampaña de Autonómicas, municipales y Europeas, probablemente acaben por romper a éste Partido. Ya que ultraconservadores y centristas están llamados a reafirmar sus posiciones, y no ha confundirse: perdiendo capacidad de ruptura reactiva Vox, y capacidad de imagen centrista Ciudadanos. ¿Y además hacerlo para qué? Para dar oxígeno asistido al PP, con qué objeto, no, su espacio electoral no está tan segmentado, y ello primará a las nuevas formaciones a reafirmar sus perfiles ante sus electores, ante un PP que era sutura de lo que hoy por el contexto internacional es insuturable. Queda todavía mucho partido para asistir a las reafirmaciones pública de C’s y Vox, que probablemente no acaben por prestar oxígeno al PP en Andalucía, un PP que se verá forzado a dar espectáculos públicos de cesión a Vox. Digo, ¿qué necesidad tendrán los electores ultraconservadores de votar al PP para que ceda a Vox?, ¿qué necesidad tendrán en el centro derecha o no, de votar al PP para que ceda a Vox? Pues eso, su estructura interna donde tenga implantación social siempre se puede traspasar. En cualquier caso, los intereses en juego y sus gravitaciones, nos tendrán asegurado un juego que incluso puede llegar a eclipsar lo ineclipsable en la agenda setting–el procés-, o al menos, restarle espacio y tiempo. La igualdad de género siendo sustancial, no explica por sí sola la reactivación de las extremas derechas. Y en el caso andaluz, la elección de la igualdad de género como elemento definitorio de su apoyo. Probablemente no sólo explique su rechazo a la ideología de igualdad de género, sino que también haya sido elegido por lo que supone para el conjunto de la sociedad, con un consenso al respecto, para ser asumido por C’s. Si asumen el coste político desde el PP y sobre todo desde C’s de ceder al respecto, está claro que la intervención de Vox en dicho gobierno, sería decisiva no sólo en su constitución, sino después de la misma. La prueba -y pruebas- que Vox colocará, implican respuestas sobre con quién se buscaran pactos puntuales o no el día después de la investidura, asegurarse que no serán convidados de piedra, cuya imagen sea la de un judas con monedas de plata que… Cualquier cosa es posible, porque los ultras tampoco son tontos. Un cordial saludo.

    Hace 3 años 7 meses

  5. PEDRO RUBIO BARREIRO

    "El Feminismo no tiene genero" Es la lucha por una causa justa, en la que toda la gente alternativa a esta sociedad patriarcal violenta debe reaccionar y posicionarse,

    Hace 3 años 7 meses

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