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Marx para mí (y ojalá también para otros)

La desigualdad no es un fenómeno individual ('mis ingresos son bajos'), sino un fenómeno social que afecta a amplios sectores de la población ('mis ingresos son bajos porque las mujeres están discriminadas')

Branko Milanović 9/01/2019

<p>Karl Marx</p>

Karl Marx

Fuente: Wikimedia Commons

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Ayer mantuve una conversación acerca de mi trabajo, acerca de cómo y por qué, hace más de 30 años, comencé a estudiar la desigualdad, qué fue lo que me motivó a hacerlo, cómo era ocuparse de la desigualdad de  ingresos en una sociedad oficialmente sin clases (y no democrática), si el Banco Mundial se preocupa por la desigualdad etc. De esta forma, el entrevistador y yo tratamos algunas cuestiones metodológicas y la ineludible influencia de Marx en mi trabajo. Me gustaría exponerla de un modo más sistemático en este post.

La influencia más importante de Marx en las personas que trabajan en ciencias sociales es, creo, su interpretación económica de la historia. Esta ha entrado a formar parte de la corriente dominante de tal modo que ya no la asociamos mucho con Marx. Y ciertamente no fue el único y ni siquiera el primero en definirla; sin embargo, fue el que la aplicó de un modo más coherente y creativo.

Incluso cuando creemos que dicha interpretación de la historia es hoy en día un lugar común, no es del todo así. Examinemos la actual controversia sobre las razones que llevaron a Trump al poder. Algunos (principalmente los que creen que todo lo que ocurría previamente estaba bien) culpan a una repentina oleada de xenofobia, odio y misoginia. Otros (como es mi caso) consideran que esos estallidos han sido motivados por un largo período de estancamiento económico de los ingresos de las clases medias y un aumento de la inseguridad (de los empleos, del gasto en atención médica, la imposibilidad de pagar la educación de los hijos). Por lo tanto, este último grupo tiende a dar prioridad a los factores económicos y a explicar cómo estos derivaron en racismo y en todo lo demás. Hay una gran diferencia entre los dos enfoques, no solo en el diagnóstico de las causas, sino, sobre todo, en su opinión de lo que debe hacerse.

El segundo punto de vista de Marx que considero absolutamente indispensable del trabajo en materia de desigualdad de ingresos y riqueza es entender que los poderes económicos ejercen su influencia en los procesos históricos a través de "grandes grupos de personas con diferentes posiciones en el proceso de producción", a saber, a través de las clases sociales. Las clases se pueden definir por la diferencia de acceso a los medios de producción, tal y como Marx insistió, pero no solo por eso. Volviendo a mi trabajo en las economías socialistas, desde la izquierda se vertieron críticas muy influyentes hacia los sistemas socialistas que sostenían que las clases sociales de dicho sistema se formaron sobre la base de un acceso diferente al poder estatal. La burocracia, ciertamente, puede considerarse una clase social. Y no solo bajo el socialismo, sino también en formaciones precapitalistas en las que el papel del Estado como "extractor de la plusvalía" era importante, desde el antiguo Egipto a la Rusia medieval. En la actualidad, muchos países africanos pueden analizarse provechosamente desde esa perspectiva en particular. En mi próximo libro Capitalism, alone utilizo el mismo criterio respecto a los países con capitalismo político, especialmente China.

Para hacer hincapié: el análisis de clase es absolutamente crucial para todos aquellos que estudian la desigualdad precisamente porque la desigualdad, antes de convertirse en un fenómeno individual ("mis ingresos son bajos"), es un fenómeno social que afecta a amplios sectores de la población ("mis ingresos son bajos porque las mujeres están discriminadas" o porque los afroamericanos están discriminados o porque los pobres no tienen acceso a una buena educación, etc.). Un par de ejemplos de lo que tengo en mente: el trabajo de Piketty, especialmente en Los altos ingresos en Francia, y el libro de Rodríguez Weber sobre la distribución de la renta en Chile a muy largo plazo Desarrollo y desigualdad en Chile (1850–2009): historia de su economía política. Por otra parte, creo que el trabajo de Tony Atkinson sobre la distribución de la renta y la riqueza británicas y de varios países más no logró integrar suficientemente el análisis político y de clase.

Aquí también es donde el trabajo sobre la desigualdad toma distancia con una de las lacras de la microeconomía y de la macroeconomía moderna: el agente representativo. El papel del agente representativo era eliminar todas las distinciones significativas entre grandes grupos de población con diferentes posiciones sociales, centrándose en la constatación de que todo el mundo es un “agente” que trata de elevar al máximo los ingresos bajo una serie de condicionantes. Esto es, en efecto, trivialmente cierto. Y al ser trivialmente cierto ignora la multitud de características que hacen que estos "agentes" sean verdaderamente diferentes: su riqueza, antecedentes, poder, capacidad para ahorrar, género, raza, propiedad de capital o la necesidad de vender mano de obra, el acceso al Estado, etc. Por consiguiente, diría que cualquier trabajo serio sobre desigualdad debe rechazar el empleo del agente representativo como una forma de abordar la realidad. Soy muy optimista al pensar que esto sucederá porque la figura del agente representativo fue el resultado de dos novedades, ambas actualmente en retroceso: un deseo ideológico, especialmente marcado en los Estados Unidos debido a las presiones similares a las de McCarthy para negar la existencia de clases sociales, y la ausencia de datos heterogéneos. Por ejemplo, era difícil calcular el ingreso medio o ingreso por decil, sin embargo, era fácil obtener el PIB per cápita.

La tercera contribución metodológica fundamental de Marx es la conciencia de que las categorías económicas dependen de las formaciones sociales. Lo que son meros medios de producción (herramientas) en una economía compuesta de pequeños productores de productos básicos se convierte en capital en una economía capitalista. Pero va más allá. El precio del equilibrio (normal) en una economía feudal o en un sistema gremial en el que no se permite que el capital se mueva entre sectores, será diferente de los precios de equilibrio en una economía capitalista con libre movimiento de capital. Para muchos economistas esto sigue sin ser obvio. Emplean las categorías capitalistas actuales para el Imperio Romano, donde el trabajo asalariado era (y cito a Moses Finley) “espasmódico, ocasional y marginal”.  

Sin embargo, aunque no lleguen a ser plenamente conscientes, reconocen de facto la importancia del establecimiento institucional de una sociedad que determine los precios no solo de los bienes, sino también de los factores de producción. De nuevo, lo vemos a diario. Supongamos que el mundo produce exactamente el mismo conjunto de mercancías y la demanda es exactamente la misma, pero lo hace dentro de las economías domésticas que no permiten el movimiento de capital y mano de obra, y después lo hace en una economía totalmente globalizada donde no existen las fronteras. Obviamente, los precios del capital y el trabajo (beneficio y salario) serán diferentes en esta última, la distribución entre los dueños del capital y los trabajadores será diferente, los precios cambiarán en función de los cambios de los beneficios y salarios, los ingresos también cambiarán, así como los patrones de consumo y, en última instancia, incluso la estructura de producción se verá alterada. De hecho, esto es lo que hoy en día está haciendo la globalización.  

El hecho de que las relaciones patrimoniales determinen los precios y la estructura de producción y consumo es una visión sumamente importante. De este modo, se subraya el carácter histórico de cualquier ordenamiento institucional.

La última contribución de Marx que me gustaría destacar  –quizás la más importante y grandiosa– es que la sucesión de formaciones socio-económicas (o más restrictivamente, de los modos de producción) está en sí misma “regulada” por las fuerzas económicas, incluida la lucha por la distribución del excedente económico. El cometido de la economía es nada menos que histórico y global: para explicar el auge y la caída no solo de los países, sino de las diferentes formas de organizar la producción cabe preguntarse por qué los nómadas fueron sustituidos por poblaciones sedentarias, por qué el Imperio Romano de Occidente se dividió en unas pocas heredades grandes y siervos de tipo feudal, mientras que el Imperio Romano de Oriente permaneció poblado por pequeños terratenientes, y cuestiones similares. Quien estudia a Marx nunca olvida la grandiosidad de las preguntas que se plantean. Para un estudiante así, emplear las curvas de la oferta y la demanda para determinar el coste de la pizza en su ciudad será ciertamente admisible, pero jamás será considerado el papel principal o más importante de la economía como ciencia social.

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Este artículo se publicó en inglés. originalmente en el blog del autor.

Traducción de Paloma Farré.

Ayer mantuve una conversación acerca de mi trabajo, acerca de cómo y por qué, hace más de 30 años, comencé a estudiar la desigualdad, qué fue lo que me motivó a hacerlo, cómo era ocuparse de la desigualdad de  ingresos en una sociedad oficialmente sin clases (y no democrática), si el Banco Mundial se preocupa por...

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3 comentario(s)

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  1. CeX

    Algunos no se enteran, o no quieren enterarse. Son ignorantes, malvados o ambas cosas. El problema de la extrema izquierda es que es muy bonita sobre el papel, pero no funciona. El mayor error del comunismo es pensar que el ser humano tiene las virtudes necesarias para llevarlo a cabo. Simplemente porque va contra la naturaleza humana. Es antinatura. Han arruinado todos y cada uno de los países en que se ha implantado. No hay ni una sola excepción. Aparte de la represión brutal, violación de los derechos humanos y los mayores crímenes contra la humanidad de la historia. Basta informarse un poco para tenerlo claro. El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Esperemos que no suceda esta vez. La solución se encuentra también en la historia: capitalismo con pinceladas comunistas, que es lo que llamamos estado del bienestar (educación, sanidad, pensiones, etc).

    Hace 3 años 10 meses

  2. Hommeproskrito

    " El disputado elogio al compañero Cayetano " : magnífica disertación la suya , donde encuentro todo lo que pienso y siento en la actual tesitura como sujeto individual , pero también como miembro de la clase trabajadora ( espero ) . . .intuyo que el capitalismo tendrá la salida que la Historia nos ha enseñado tercamente , y será la más terrorífica que la Humanidad ha vivido hasta ahora. . .( espero y deseo equivocarme ). SALUD.

    Hace 3 años 10 meses

  3. cayetano

    Una explicación del ser los primeros, sean norteamericanos, brasileños, italianos, filipinos, alemanes, españoles…, partiendo de las reflexiones de Milanovic y el programa de Pepa Bueno. Hablaba Toni Garrido esta mañana sobre el desconcierto ante lo imposible: un futuro de automatización robótica, que sin embargo necesitaba postergar la edad de jubilación. Seguidamente oí hablar a Adela Cortina, catedrática de ética, sobre la frustración y el miedo instrumentados políticamente, de la extensión del ultrapopulismo desde Brasil a EE.UU, pasando por Filipinas y llegando a Europa por…. Y toda esta retahíla cobraba un patrón significado explícita e implícitamente en la obra de Branko Milanovic, aunque eche de menos dicha acentuación en el presente artículo, quizás por ser un rasgo marxiano postergado o despreciado en su Academia marxista. La caracterización de la dinámica de desigualdad como endógena al propio sistema capitalista, donde las respuestas políticas y/o ideológicas son, en parte, contratendencias a las contradicciones generadas por el cambio material (infraestructuras), el relieve social y productivo. Es decir, la implementación de infraestructuras o medios y modos de producción exnovo, que colisionan con las mediaciones o viejas formas de intercambio y relación social. Colisión que cuanto más intensa es paradigmáticamente, más indeterminación e inseguridad cultural, moral y material generan. Y el presente cambio paradigmático del organismo sistémico capitalista, quizás sea el más importante desde su nacimiento, podría incluso ser el mayor desde el Neolítico. Pues afecta o es afectado por: una definición y relación exnovo en función al rol social productivo; a la dislocación de las relaciones de dominio patriarcales; y lo que no es menor, a una huella ecológica catastrófica. Volviendo al artículo de Milanovic, también recoge dicha posición –implícitamente- el artículo al criticar por jibarizadora la reducción de todo a oferta y demanda. O la reducción que resultaría también de interpretar la evolución del organismo sistémico a correlación de fuerzas, cuando todas las fuerzas son expresión del mismo. Milanovic nos presenta un conjunto en que correlaciones de fuerzas, estructuras de poder e instituciones, determinan al modo y medio de producción. Pero el organismo sistémico y sus inercias endógenas también son proactivos al desarrollo o evolución de medios y modos de producción, por encima de correlaciones de fuerzas sociales u ofertas y demandas (como imagine disfrutando “el nombre de la Rosa”, una glosa de la cultura y el conocimiento en tiempos oscuros, de instituciones ininteresadas, a las que sobrevivían, y que acabarían por plasmarse primero en burgos, vigorizándose en las ciudades estados). Pero, como dice Milanovic en el presente artículo, es la realidad material la que es eje de la respuesta que moviliza a los electores de Trump o Bolsonaro (frustración al caso). Sin embargo, quedarse en la constatación de que son los recortes de las condiciones materiales de vida el sustento de éstos, es insuficiente. No son sólo los recortes de las condiciones materiales de vida, sino las expectativas las que determinan estos cambios. Así lo muestran países con alta renta per cápita, servicios sociales y empleo, como los países escandinavos, donde también asciende la ultraderecha. ¿Qué está ocurriendo? La contradicción del discurso que verbalizaba Toni Garrido en el programa de radio comentado, mostrando una faceta: ¿Cómo es posible un futuro de automatización que obliga a jubilarse más tardíamente? Una contradicción manifiesta, que viene a poner sobre la mesa otra dimensión de lo material, la tensión entre una alta productividad tecnológica por medios y modos de producción e intercambio, que sin embargo no alcanzan a la redistribución y relaciones sociales. Esa tensión entre infraestructuras, modos de producción e intercambio y las viejas instituciones-usos sociales de la relación social y distribución, es el eje de las grandes colisiones históricas, o cambios sociales paradigmáticos. Marx mostraba esta contradicción en “Grundisse”, que además de interpretar la historia como producto de lucha de clases, consideraba la interrelación o conjunto de correlaciones como proceso de un organismo social, sistémico. También producto de la evolución endógena de sus inercias en nuevos medios y modos de producción, motores de nuevas relaciones y tipología histórica de clases sociales. Algo que intuyo parecido por lo leído en CTXT sobre la obra de Esteban Hernández “El Tiempo Pervertido”, regalo de fiestas que espero deleitar pronto. Así, como en el presente artículo, podríamos explicar y determinar las inercias endógenas que determinan el fin y principio de las civilizaciones, no sólo por el rol en función al acceso a los medios de producción planteados en función a la estructura social o institucional de la misma (neopropietari@s socialistas o nomenclaturas). Sino también por el campo intrínseco o inherente que portan proactivamente determinadas infraestructuras o modos de producción. Así, por ejemplo, a mayor número de operarios o participes, más alejada esta la decisión efectiva de sus productores, y el representante operará como domine o señor, propietario, por encima de la terminología ideológica utilizada (no otra cosa, nos enseña también en el capitalismo la teoría y práctica de los CEOS, o las referencias que a las nomenclaturas y sus relaciones clientelares plantea Milanovic). Pero volviendo a la tensión entre nuevos relieves productivos con valor de mediación del intercambio y/o relación social, no otra cosa nos mostraron cambios paradigmáticos menores, como los precedentes a la 1ª y 2ª Guerra Mundial. Los relieves humanos radicalmente diferentes tras las mismas, tanto en medios como modos de producción e intercambio, son prueba de las tensiones eje que provocaron dichas Guerras. Retomando la línea comentada por Adela Cortina, no sólo se globaliza la economía…, también su indeterminación globaliza la ansiedad o angustia social, no sólo es frustración presente –parias y precarios que optan por prefascistas, como el movimiento de parados alemán hace ah-. Es también angustia social para escandinav@s –clases medias y trabajadorxs caulificad@s-que presienten o perciben un futuro oscuro. Es angustia social extendida entre tod@s, sin exclusión, cuando se impone la ideología malthusiana de la escasez; curiosamente cuando nos anuncian al tiempo la automatización robótica en la era de la revolución del conocimiento. Ese futuro de escasez en la era de la automatización, supone la mayor de las angustias, pues no sabemos qué y cómo será trabajar, o qué y cómo ocuparemos una función social definitoria de nuestro rol, cuál será nuestra identidad y relación social; mientras la idea incontestada de escasez nos inocula miedo por nuestra supervivencia, odio al otr@, competidor por la vida. Y es en ese marco de indeterminación, de frustración por recortes materiales presentes, de consolidación del ideario de escasez malthusiano, de angustia social previa. Donde los discursos de luchas por la supervivencia, de confrontación, se legitiman primero en la lucha cuerpo a cuerpo del racismo, del tod@s contra tod@s, para más tarde legitimar las Guerras. Transitando de la angustia social al miedo para culminar en el odio fratricida. El presente cambio de paradigma sistémico, ha llegado cuando la huella ecológica del crecimiento conocida es catastrófica, y las tensiones entre medios y modos de producción con el intercambio y la relación social, han provocado dicotomización geoestratégica -a grosso modo- entre especulación financiera - garante EE.UU.-, y crecimiento por economía productiva – China-. Al mismo tiempo, que la masiva incorporación de la mujer al mundo profesional en lo laboral y formativo, su material independencia choca con la cultura e instituciones patriarcales de dominio sexista (en capitalismo desarrollado o en vías). De forma que la catarsis desatada por la Gran Crisis Económica al caer Lehman Brothers, ha convulsionado las culturas políticas a izquierdas y derechas; abierto las reivindicaciones del movimiento feminista y con ellas de otros movimientos identitarios (LGTBI fundamentalmente); y si bien al principio abrió una crisis en el neo o ultraliberalismo, este se está resolviendo por endurecimiento de sus políticas y con el retroceso de las alternativas de izquierdas; trastocando el statu quo internacional; pero fundamentalmente y sobre todo, está gestándose el mayor cambio de medios y modos de producción que nos sitúa ante la indeterminación de las relaciones sociales, sus instituciones y nuestros roles o funciones mediatas. Así las cosas, vivimos un período de convulsiones culturales que llegan no sólo a los valores de intercambio por producción, sino a las relaciones de género, alcanzando a la identidad social. Todo ello, bajo la idea incontestada de la escasez y por ende de la supervivencia, de la competición evolutiva del más fuerte por sobrevivir. Ante esta indeterminación vital dibujada en la escasez, lo diferente, sea otra comunidad por racismo, u otro país o estado, o todos los países o comunidades, es el enemigo. Este marco proactivo a la confrontación, lo es al prefascismo que acaba siéndolo puro, sin prefijo alguno. El Norteámerica, Brásil, Filipinas, Hungría, Alemanía, España… lo primero, es el reconocimiento de la escasez y la lucha por la supervivencia, la competición del más fuerte en la lucha por la vida, “Los juegos del hambre”, la línea discursiva que de no remediarlo, en próximas crisis acabará en Guerra y probablemente con la extinción por estulticia y estolidez. Un cordial saludo.

    Hace 3 años 10 meses

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