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Las claves del juicio al 1-O (III)

El banquillo de los acusados

No se puede juzgar a dos millones de personas, pero dos millones de personas sí pueden sentirse juzgadas. Media sociedad catalana, que en absoluto se siente delincuente, pero sí responsable

Miguel Pasquau Liaño 15/02/2019

<p>Butifarra.</p>

Butifarra.

CARLOS ECHEVARRÍA

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¿A quién se juzga? En el banquillo hay sentados una decena de cargos electos catalanes (la presidenta del Parlamento, miembros del Govern y diputados) que ganaron unas elecciones llevando en su programa la promesa de hacer lo que hicieron, junto a dos líderes de movimientos ciudadanos (Sánchez y Cuixart). Llevan en prisión casi un año y medio por unos hechos de inequívoca significación política, y acudirán al plenario conducidos por agentes de los Cuerpos de Seguridad.

Hay al menos dos millones de personas que se sienten representados por los acusados, que piensan que ellos habrían hecho lo mismo, que los eligieron para que hicieran eso. Sienten que están sentados en el banquillo como podrían haber estado cualesquiera otros, porque son los líderes de un movimiento del que participan. Al menos dos millones de personas se sienten juzgados con ellos, se sienten encarcelados con ellos, y tienen un sentimiento de agravio y de injusticia. El tribunal va a juzgar a unos individuos, pero sabe que va a juzgar también a un movimiento social que los apoya inequívocamente. El Derecho necesita ficciones, y es una ficción la que determina que algunos estén acusados y expuestos a una larguísima pena de cárcel, mientras que los suyos están viendo el juicio por televisión. Por eso es verdad que se trata de un juicio político. Los políticos pueden delinquir, y por tanto ser juzgados y condenados, pero es cierto que la política es y debe ser un espacio especialmente privilegiado y protegido frente a la represión penal. Sería insoportable e inasumible que se condenase a los muchos centenares de miles de personas que se sienten representadas por los acusados, y por eso se ha seleccionado a los líderes, como si los líderes hubiesen provocado el movimiento, y no al contrario. Quienes los votaron, quienes gritaron en las puertas de la Consellería, quienes se apostaron en los colegios electorales, quienes escondieron las urnas, quienes dedicaron horas y meses a hacer realidad aquel referéndum, quienes ansiaban la declaración de independencia, están libres. De hecho, piensan que su obligación moral es continuar la causa, para que la prisión (de momento provisional) de sus líderes no sea en vano. Médicos, estudiantes, abuelas, profesores, abogados, taxistas, enfermos, enamorados, conserjes, dependientes, cajeras, curas, técnicos de imagen, ingenieros: el movimiento independentista es tan transversal como la sociedad misma, y no puede admitir que se condene a quienes hicieron exactamente lo que querían que hicieran. Es un proceso penal, pero está basado en una ficción: la selección hecha por el escrito de querella. Cualquier abogado puede entender esa ficción, pero ¿cómo explicársela a los centenares de miles de personas que les agradecieron su determinación?

Lo que hace a este juicio tan especial no es que los acusados sean políticos. Es que al menos dos millones de personas se sienten representados con ellos. No es como cuando juzgan a un político por corrupción, ni cuando juzgan a un violador, o a un asesino, o a un ladrón. No se puede juzgar a dos millones de personas, pero dos millones de personas sí pueden sentirse juzgadas. Media sociedad catalana, que en absoluto se siente delincuente, pero sí responsable.

Autor >

Miguel Pasquau Liaño

(Úbeda, 1959) Es magistrado, profesor de Derecho y novelista. Jurista de oficio y escritor por afición, ha firmado más de un centenar de artículos de prensa y es autor del blog "Es peligroso asomarse". http://www.migueldeesponera.blogspot.com/

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8 comentario(s)

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  1. Gauche Caviar

    Tiene razón, zyxwvut. Los catalanes no herderianos estamos hartos de que para obtener credenciales de progresista en ruedo ibérico haya que acariciarle el lomo al procesismo. No, coño, estad con nosotros, que sufrimos sus políticas identitarias de mierda, y no con ellos. Acaban de tumbar unos presupuestos que mejoraban la sanidad pública o los Rodalies, simplemente porque ellos no usan esos servicios. Estamos hartos de herderianos. Al margen del juicio, no puede ser que esta gente monopolice las instituciones autonómicas para sus performances martirológicas.

    Hace 2 años

  2. Felipe Nieto

    CONSIDERACIONES EN TORNO AL ARTÍCULO El banquillo de los acusados DE MIGUEL PASCUAU A la pregunta inicial, «¿A quién se juzga?» responde el autor que el juicio se lleva a cabo contra políticos catalanes por «hechos de inequívoca significación política». Respuesta parcial en incompleta, en mi opinión, porque hay mucho más: se los acusa de y juzga por delitos, como rebelión y/o sedición, desobediencia y malversación, cuya veracidad y gravedad establecerá la sentencia. Añade, para afianzar su posición, que «Hay al menos dos millones de personas que se sienten representados por los acusados, que piensan que ellos habrían hecho lo mismo». Suponiendo que esto fuera verdad, que los 2.079 340 votantes de JxC, ERC y la CUP siguen firmes en la misma idea y que ninguno hubiera cambiado de opinión, incluso que hubieran reclutado más partidarios a su favor (y sin olvidar que el resto de votantes no expresamente partidarios de la independencia de Cataluña en esas mismas elecciones fue de 2.228.421), yo me pregunto qué significan el dato de los dos millones que se esgrime. ¿Significa que actuar contra la ley, a sus espaldas, es positivo o es tolerable, por el mero hecho de que una masa de electores lo respalde? Afirma el articulista a continuación que los ahora reos fueron «elegidos para eso», para hacer lo que hicieron. Afirmación extraña y hasta pintoresca: ¿desde cuándo hay mandato imperativo en nuestras leyes y usos políticos? No es exactamente así, Sr. Pascuau. No fueron elegidos para que violaran las leyes, sino para que gobernaran en todo el territorio catalán y para todos los catalanes, no solo para los independentistas y sus políticas. Pudieron actuar de otras muchas maneras. Puesto que su mayoría era precaria debieron buscar el acuerdo con otras fuerzas políticas representantes de mayor número de ciudadanos que ellos (incluso si fueran menos también hubieran debido contar con ellos). Pero, sobre todo, se les eligió para que hicieran lo que fuera posible hacer dentro del marco legal y, desde ese punto y con los medios puestos a disposición, luchar, si ese fuera su interés, contra el mismo marco y para cambiar ese marco. Los representantes de los ciudadanos deberían ser los primeros en cumplir y hacer cumplir las leyes y enseñar a los ciudadanos el camino de la legalidad, no el de la violación de la misma, incluso hacer cambiar de criterio a ese grueso de votantes a la vista de las dificultades legales y reales, no engañarles con señuelos de que la independencia y la república están al alcance de la mano, a la vuelta de la esquina. Al contrario, deberían hacerles ver, de forma realista, que el camino es arduo y largo, que ni España y sus instituciones ni Europa y las suyas van a reconocer hechos cumplidos por el simple hecho de que lo diga un aproximadamente 48% de los ciudadanos. Ni van a aceptar un inexistente, en el marco de los estados democráticos de nuestro tiempo, derecho de autodeterminación. Eso no es así, es bien sabido. En conclusión: los ahora juzgados lo son por la comisión de hechos delictivos contra las leyes que les dan su estatus político y que son de obligado cumplimiento. Yo añadiría, no como delito penal, sino como acusación política, que además reúnen en su contra el haber sido malos políticos en el ejercicio de su oficio, haber engañado a sus representados con falsas expectativas, el no haber sabido gobernarlos con eficacia y capacidad de liderazgo en situaciones complejas, por haberse dejado llevar por los sentimientos, las creencias y las ilusiones y así, engañosamente, haber conducido a la masa de sus electores. Del último párrafo de artículo destaco estas líneas: «Sería insoportable e inasumible que se condenase a los muchos centenares de miles de personas que se sienten representadas por los acusados, y por eso se ha seleccionado a los líderes, como si los líderes hubiesen provocado el movimiento, y no al contrario. Quienes los votaron, quienes gritaron en las puertas de la Consellería, quienes se apostaron en los colegios electorales, quienes escondieron las urnas, quienes dedicaron horas y meses a hacer realidad aquel referéndum, quienes ansiaban la declaración de independencia, están libres». Me recuerdan estas palabras, Sr. Pascuau, a “la comunión de los santos” de los catecismos de nuestra santa infancia. En mi opinión las cosas no son así. No hay tal juicio a un movimiento social, no hay tal identificación gobernantes-gobernados… No. Los que votaron, propagaron, se manifestaron… son responsables solamente de eso, que no es delictivo. Los que empujaron, rompieron mobiliario o tiraron piedras… (si es que los hubo) podrán ser acusados de desórdenes o de lo que sea, pero no de los delitos que se juzgan en la vista del Tribunal Supremo. Esa comunión líderes-pueblo, por otro lado, me recuerda a otros sistemas, a otros momentos de la historia que, estoy seguro, no están en su cabeza. Para terminar, quisiera recoger las palabras de Pere Ysàs, un ilustre colega historiador, profesor en la Autónoma de Barcelona, expresadas en Carta a la Directora en El País el martes 12 de febrero: «¿Los dirigentes independentistas catalanes considerarían legítimo que una futura mayoría parlamentaria del Congreso de los Diputados, argumentado disponer de un “mandato democrático” porque figuraba en sus programas electorales, decidiera que la Administración central recuperara unilateralmente competencias transferidas a las CC.AA. vulnerando la Constitución…? ¿Considerarían un ataque a la democracia… que el Tribunal Constitucional anulara tal legislación? Y si… se intentara imponer… ¿considerarían que existirían responsabilidades de quienes así obraran?» Las respuestas son meridianamente claras, a mi entender. Esta vuelta del revés de los razonamientos de las defensas de los independentistas, jurídicas, mediáticas, ciudadanas, sirve para hacer ver su huida de la realidad de lo que está puesto en tela de juicio juego y de las consiguientes responsabilidades. Lo primero lo debemos de dar ya por hecho y consumado. Lo segundo lo va a establecer el desarrollo del juicio y la sentencia. Esperemos que ambos sean ajustados y justos. No creo que negar los hechos y la necesidad del juicio sobre los mismos sea la mejor forma de contribuir a la solución del problema que tanto ocupa y preocupa. Felipe Nieto. Madrid, febrero, 2019.

    Hace 2 años

  3. zyxwvut

    Bueno, pues nada. casi tres días de mi comentario y sin salir, no sea que estropee este artículo tan sentimental y tan majo. Pruebo con la notita. A veces sale por ese procedimiento. casi estoy por escribir un comentario y una notita diciendo que no sale al mismo tiempo. Pero, en fin, juguemos limpio en este asunto tan sucio.

    Hace 2 años

  4. miriam

    Abraham Benyosef Te olvidas mucho muchísimo de todo lo sucedido des del Estaut de Cataluña, por no incluir tantas otras cosas. Si partes solo del 20 se setiembre, pues que bien te ha quedado el discurso...

    Hace 2 años

  5. Abraham Benyosef

    En primer lugar, un detalle: el programa electoral de estos líderes no proponía ningún referéndum. La independencia sí, pero el referéndum no. Así que la defensa "técnica" de que obedecieron a un mandato es simplemente falsa. En segundo lugar, Pasquau parece adherir a la teoría de que los líderes no provocaron el movimiento independentista, sino que fue el movimiento el que impelió a los líderes a actuar como actuaron. Es una gran petición de principio, pero los datos de la realidad no la avalan. Cuando los líderes ordenaron movilizarse (20 de septiembre), la gente salió en masa y rodeó Economía. Cuando los líderes no dieron ninguna orden (27 de octubre), la gente no hizo nada. Lo esperable, en un movimiento "de arriba a abajo", era que rodearan el Parlament, ocuparan el Prat y bloquearan el puerto de Barcelona. Navaja de Ockham: la explicación más sencilla es la más probable. El independentismo no pasó del 10% al 48%: ERC y CiU siempre sumaron esa cifra, y lo que pasó fue que CiU se volvió independentista. Similarmente, el pueblo nacionalista no se organizó súbitamente para manifestaciones: el poder lo organizó, y cuando dejó de mover los hilos el pueblo nacionalista se desmovilizó.

    Hace 2 años

  6. Armis

    Ficción versus realismo ¿como no?... el santo oficio español se enfrenta al mismo conflicto de la Iglesia contra Galileo con varios siglos de retraso... Ya era hora!!!

    Hace 2 años

  7. zyxwvut

    Cuanta preocupación por el estado anímico del 38% del censo electoral de Cataluña que apoya a los secesionistas, que completo desinterés por el 62% que hemos estado sufriendo los últimos seis años de adoctrinamiento en base a mentiras, medias verdades y manipulaciones historicistas.

    Hace 2 años

  8. Quique Tembleque

    Estoy bastante de acuerdo, en líneas generales, con lo que el artículo plantea, pero es demasiado "bienqueda" en al menos un punto en concreto: el movimiento indepe NO es transversal. Sistemáticamente correlaciona con lengua de uso cotidiano y, de manera mas difusa, con niveles de renta (esto sólo como derivación de que lengua y renta correlacionen, algo de lo que ningún indepe quiere oír ni hablar: inmersión, etc.). Tampoco está tan claro que ellos se limitaran a gobernar el movimiento y no a azuzar con malas artes, como el famoso documento EnfoCATs. Otra cosa es que de ahí se derivasen penas tan graves como las que están enfrentando, así como la sensación, obvia para muchos catalanes pero también para muchos españoles, de que lo que se busca es el escarnio, lo cual sólo logrará pudrir más todo el sistema. Ahora bien, aunque no pueda juzgarse, también podrá criticarse que esa mitad de la población haya tensionado en pos de un republicanismo xenófobo (es decir, un antirepublicanismo) a sus propios conciudadanos, a los que se ningunea sistemáticamente insistiendo en que hay mayorías proclives a la independencia y colapsando cualquier política pública que no camine en dicha dirección. Efectivamente, el artículo da en el clavo: habría que encontrar el modo -¡no me refiero a penalmente!- de juzgar la irresponsabilidad e infantilismo de esos dos millones de personas que reducen la acción política de todo el demos a esa cuestión concreta, que creen que tras la independencia todos bailaremos y nunca más se dará un cachete, etc. ¿Qué se hace con eso? ¿Votar? De acuerdo, que se haga el reférendum. Yo sería partidario de que las fuerzas no independentistas llamaran a no acudir a las urnas sin necesidad de llegar a solicitar el boicot. Que se produzca su circo (no quiero parecer irrespetuoso, pero es lo que pensamos "los otros catalanes" de esta turra) y ya está. Os contáis, veis que sois dos millones, que sois el 47% y pa' casa hasta que nos volváis a bombardear con que es un derecho inalienable que las prioridades políticas del 47% pasen como una apisonadora sobre todo lo demás y volvamos a hacer un segundo, tercer y enésimo referéndum, hasta que salga lo que tiene que salir cuando uno considera que los catalanes descienden de las faldas de Carlogmano y que por lo tanto deben separarse de los que descienden de la pata del Cid. Todo bien.

    Hace 2 años

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