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EXILIADOS EN TRANSICIÓN (VII)

“La soledad es lo peor”

El desarraigo del que hablan las cartas del exilio a partir de los años ochenta consiste en soledad. Pura y dura

Ritama Muñoz-Rojas 10/07/2019

<p>Cartel con las fotos y datos de los últimos exiliados de los que se ocuparon los Amigos de los Antiguos Refugiados Españoles.</p>

Cartel con las fotos y datos de los últimos exiliados de los que se ocuparon los Amigos de los Antiguos Refugiados Españoles.

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Hay dos palabras que son las que más se repiten en las cartas que se escribieron desde el exilio. Una es olvido. Del olvido, del miedo a desaparecer de la memoria, nos hemos ocupado ya en esta serie dedicada a la correspondencia de los ancianos republicanos españoles que continuaron siendo exiliados y exiliadas en la España de la transición y de la democracia. La soledad es la otra palabra que siempre acaba apareciendo en esta correspondencia triste y dura. Fuertes como los versos del poeta son las cartas de los exiliados y exiliadas que escriben, ya ancianos, derrotados y sin esperanza, para hablar a pecho descubierto de su soledad, de sus vidas tristes y vacías, “sus desgraciadas vidas”, según sus propias palabras.  

Burdeos 29 de diciembre 1985

Muy señores nuestros.

Les escribo en nombre de mi esposa y en el mío propio para agradecerles los regalos que han tenido la gentileza de enviarnos.

Estamos tan poco acostumbrados a recibir atenciones, que la de ustedes nos llega al corazón.

Ahora quisiéramos ir a Madrid y acercarnos al Mediterráneo, pero sujetos unas veces al médico y otras a otras cosas, aquí estamos en este hoyo enfermando mas bien que curándonos sin saber qué hacer.

Afectuosos saludos de estos desgraciados antiguos refugiados

                           S. J .   y        C.C. de J.

Querida compatriota Caparrós

El 18 recibí 900 F en dos partidas de 150 F y 750 F. En estos momentos pasamos un mal periodo, para mí de reumatismos, para mi compañera, sus piernas cada día más mal. No pido nada. Los viejos como nosotros, con lo que recibimos ya es una ayuda estimable.

Como me lo pide, voy a mandarla el cuestionario. Tenemos necesidad un poco de todo, y puede ser que dentro de unas semanas o meses, ya no tendremos necesidad de nada.

La soledad es lo peor.

Le saluda afectuosamente Familia B

Visitarles, hablarles y estar en permanente contacto con los ancianos republicanos españoles que permanecieron en el Sur de Francia hasta el final de sus vidas ha sido parte del trabajo desarrollado por Amigos de los Antiguos Refugiados Españoles (AARE). Desde su creación, en 1984, AARE ha estado ofreciendo apoyo material y también moral a cerca de 500 exiliados repartidos por el Sur de Francia, en poblaciones en torno a Toulouse. La actividad de AARE concluyó tan solo hace un año, cuando murió la última exiliada adscrita a esta asociación que nació para continuar con la labor llevada a cabo por la norteamericana Spanish Refugee Aid (SRA) desde los años cincuenta del siglo pasado. Confeccionar el listado de los exiliados y exiliadas a las que había que dar apoyo fue el primer paso para poner en marcha la asociación. Desde Spanish Refugee Aid se estaba reclamando que España se hiciera cargo del exilio republicano. A partir de 1975 ya no había excusa para no hacerlo; además, muchos de los norteamericanos que apoyaban económicamente a los españoles que habían luchado por la República habían dado de baja sus aportaciones, pues su compromiso era contra el fascismo y, muerto el dictador, se acabó el motivo. Pero no el problema.

 “Lo primero que hicimos fue revisar los listados de Spanish Refugee Aid para saber quiénes eran los exiliados que requerían algún tipo de ayuda para vivir dignamente. Desde el primer momento nos quedó bien claro que el Gobierno español no se iba a ocupar de ellos, así que el siguiente paso fue hacer una lista de personas que pudieran apoyar la iniciativa y conseguir los fondos que necesitábamos para ponerla en marcha”, explican Rocío Terán y Ritama Fernández, las dos personas que, junto a Juan Linz, han sido el motor de esta asociación desde el principio de manera voluntaria. Las únicas personas contratadas en esta asociación fueron Antoinette Caparrós y María Batet, las dos residentes en Toulouse y vinculadas al exilio, de manera especial, a los anarquistas. Hay que señalar que la mayoría de los antiguos refugiados españoles vinculados a AARE procedían de las filas anarquistas (María Batet, por ejemplo, fue la secretaria de Federica Montseny, y estuvo a su lado hasta la muerte de ésta, en 1994). Así, entre Juan Linz (que era el presidente de AARE) y Rocío Terán, desde los Estados Unidos; Ritama Fernández, en Madrid, y María Batet y Antoinette Caparrós, en Toulouse, se logró una red de apoyo para los ya ancianos refugiados cuyo entramado era, principalmente, la relación personal con ellos. De ahí, la larga relación epistolar con los republicanos que permanecieron en el sur de Francia hasta bien entrado el siglo XXI y que ya forma parte de la memoria del exilio.


Lavaur  6 de enero 1988

Queridos amigos, espero que al recibir esta carta estéis bien; yo como una persona cuando llega a vieja siempre tengo algo y nunca estoy buena, pero qué vamos a hacer; menos mal que siempre hay personas buenas que se acuerdan de mí como vosotros habéis hecho.

Yo le doy las gracias por el paquetito me habéis enviado que tanto agrado me ha dado.

Al mismo tiempo, aunque sea con retardo, les deseo a todos un feliz año nuevo 1988, pues el motivo del retardo es que yo como no sé escribir y aquí en los herpice del hospital no hay quien sepa escribir español y tengo que esperar que una amiga española que haga una visita y al mismo tiempo que me escriba, pero quedo muy agradecida del paquete porque de verdad no me lo esperaba. 

Me hubiese gustado de hacer el viaje que me propuso Madame Caparrós ya que tanto le ha gustado a todas las personas que han ido y de lo bien que os habéis portado con todos, pero el motivo es que me encontraba enferma.

Bueno, os deseo a todos mucha salud y me despido con un saludo muy fuerte vuestra amiga              A. P.

Gracias por todo  

Bodez 26-12-1989

Muy apreciables amigos 

Ésta sirve para decirles a ustedes que he recibido el paquete de los dulces. Ha llegado todo bien. Les doy las gracias a todos, que no se pueden ustedes figurar lo que agradezco lo que ustedes hacen porque a mis años, y en un país fuera de la patria, le sirve a uno de consuelo porque ahora estoy sola, que mi hijo y familia por cuestión de trabajo se han ido a otro departamento. No están lejos, a cien kilómetros, vienen dos o tres veces por mes. Yo, de momento, voy bien, me valgo de todo por mí sola. Los años van pasando, pero así que continúe que con todo lo que hemos pasado no sé cómo me tengo de pie. Y todo por cuatro sinvergüenzas que yo, cada vez que pienso digo no es posible que haya en el mundo personas tan malísimas como lo fueron los franquistas.

Reciban un cordial saludo, buena salida del 89 y feliz año 90 que lo podamos contar; así lo desea para todos

                           M. G.

 Les repito las gracias que así he celebrado la Navidad con los dulces.  

La soledad del exilio forma parte del desarraigo. El desarraigo del que hablan las cartas del exilio a partir de los años ochenta consiste en soledad. Pura y dura. Por eso, visitar, escribir y hablar con los viejos republicanos fue muy importante para ellos, “no estamos acostumbrados a tantas atenciones”, decían en sus cartas.  “Antoinette  [Caparrós] recorría kilómetros y kilómetros para ir a ver a los refugiados a sus casas, que muchas veces estaban perdidas en mitad de la nada. Otras veces estaban en hospitales o centros de retirados. Daba igual si era invierno o verano. Y luego nos hablaba de ellos. Fue una labor extraordinaria. Hablaban y hablaban durante horas. No la dejaban irse”, recuerda Rocío Terán.  

“Eran personas extraordinarias. Con un gran sentido de la justicia social, preocupados por dar a los demás más que por recibir, y leales siempre a la República, a pesar de los años que habían transcurrido. Personas buenas y solidarias, a pesar de sus circunstancias, que eran verdaderamente tristes”, señala Ritama Fernández, que, al igual que Rocío Terán, viajaba a Toulouse cuando se podía para estar con los exiliados.  

MA Chenier Ana les da las gracias por el paquete de dulces. Con 84 años ya no puede vivir sola y se ha venido a mi casa a vivir conmigo. Yo también soy española y somos amigas desde hace muchos años.

De parte de Ana y Pilar les deseamos a su organismo un feliz año.

Les damos las gracias por lo que no se olvidan de nosotras

Alica Alted, catedrática de Historia Contemporánea de la UNED y reconocida por su gran conocimiento del exilio español ha seguido de cerca el trabajo de los Amigos de los antiguos Refugiados Españoles; ha sido parte de la asociación desde los primeros años noventa. “AARE se centró en un colectivo humano concreto, pero su compromiso sólo se entiende si somos conscientes de que las personas que trabajaban en la asociación, lo hacían imbuidas de un sentimiento de compromiso más amplio que se proyectaba en su vivir cotidiano. Sentían las tragedias y violencias que afectan a los seres humanos en diferentes partes del mundo, como algo propio que les dolía en lo más profundo de su ser y trataron de aportar su ayuda, como tantas otras personas generosas y solidarias que luchaban y siguen luchando hoy por la construcción de un mundo más justo y habitable”, señalan Alicia Alted. 

Gradignan 30-9-1984

Toulouse

Me perdonará que no le he escrito las dos cartas que he recibido. Tengo una úlcera en la pierna, al lado del tobillo que lleva más de dos años que no se cura y que sufro de noche que no duermo. Todos los días voy al centro social a cambiar el pansamant, y todos los 15 días a ver a mi doctor. Yo estoy cien por cien pago al doctor y estoy reembolsado; en la farmacia no pago nada. Otro mal que tengo, la Astrosse en los riñones y en el brazo derecho. Me ha dado el doctor píldoras que cuestan casi 100 francos 35 píldoras.

Es normal que los españoles vayan a su tierra. Yo no puedo andar cien metros, gracias a la charreta que tengo que me ha dado la Seguridad Social para hacer comisión.

He perdido toda la familia, el padre, la madre a 89 años murió ha estado en Francia dos veces cuando me cortaron la pierna hace 25 años, que me decía para no entrar. Yo pertenecía a la Izquierda Republicana de Azaña y yo estaba como secretario en mi pueblo. 

Va a hacer 12 años que murió mi hermana que se casó con un tal Grarró en Alicante; han muerto de cáncer los dos. Yo tengo una pensión de invalité civul y el Fon Solarité Nacional.

Yo debo mucho a los americanos que me han mandado [dinero]. Ahora no nos queda más que esperar la muerte.

Le saluda atentamente

                                    L.

Hyeres                  6 del 1 de 1992

Queridos amigos todos: Como todos los años hemos recibido su cariñoso regalo de Navidad e igualmente la pensión coral con la felicitación del nuevo año, cosa que agradecemos muchísimo sobre todo por ver que nunca nos abandonan sobre todo a los que vivimos esta soledad lejos de la familia y de la Patria.

Muchas gracias por todo y que tengan todos ustedes un venturoso año nuevo y tengan salud siempre. Reciban como todos los años un cariñoso abrazo de su muy agradecida

                           F. V.                          

La soledad, el desarraigo y el aislamiento han formado parte de la vida de los exiliados desde que tuvieron huir a Francia. Desde los campos de concentración, desde que hubo que aprender a rehacer la vida o a inventarse otra, con apariencia de normalidad. Lo cuenta así Ramón San Geroteo, presidente de la Amicale de los Pirineos Orientales des Anciens Guérilleros Espagnols “Mi madre hablaba mucho de su niñez, de su juventud, nos ha contado muchísimas cosas, pero rechazaba el exilio. Al llegar del colegio ella me decía: ‘Hijo, aquí se habla español, nada de francés’; y ella se negaba a hablar en francés. Nosotros hemos vivido en un campo cerrado; mi familia era mi padre, mi madre, mi hermanos y hermanas y algunas familias amigas y más bien del mismo partido, porque así eran las cosas… A mi abuela la conocí cuando yo tenía 14 años; yo no sabía lo que era una familia; en el colegio me decían: ‘¿Pero no tienes abuela, no tienes tíos, no tienes primos???’ Yo me quedaba muy calladito porque tenía miedo, tenía miedo de mis compañeros de colegio y de todo”. 

Villers. Diciembre, 1988

Muy apreciable amigo y compatriota

Su muy apreciable paquete para las fiestas de Navidad comportando un paquete de pastas de fruta, otro de piñones y dos de turrones diferentes, más una carta postal de Navidad muy bien hecha comportando 8 vistas panorámicas bastante bonitas en mi posesión en mí se encuentra todo lo dicho; en la cual el mencionado paquete será una buena satisfacción y alegría para varias semanas como mínimo, y a mí más que a otros, puesto que en mi caso ya no me queda nadie en este mundo. A mí, lo mismo que a otros, solo nos quedan los recuerdos, los conocidos y los buenos amigos como usted, para acordarse de los demás.

En cuanto a lo que a mí concierne, pues voy tirando lo mejor posible con mis 69 años ya cumplidos, sin esperanzas ni proyectos de ninguna clase. A nuestra edad no podemos esperar nada de bueno. A nuestra edad no podemos esperar nada de normal ni de equilibrado bis a bis de la vida. Qué le vamos a hacer; el mundo es como es y en consecuencia no hay otra solución que aceptar las cosas como se presentan. 

Por lo demás, pues voy tirando lo mejor posible en una Casa de Retirados en la cual es así como voy pasando los días, meses y años sin llegar nunca a ningún sitio. Yo aquí me encuentro solo y sin nadie. No obstante, lo dicho, los que aún me escriben por mediación de nuestra asociación me ayudan a resistir moralmente y físicamente. 

Todo esto es cuanto puedo anunciarle por hoy, y agradecerle mucho su paquete y su buena voluntad, me despediré en estas últimas líneas para desearle mucha salud, buena continuación y muchos años de vida. Sin nada más, le saluda muy amistosamente su amigo y compatriota

G. M. J.

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Autora >

Ritama Muñoz-Rojas

Periodista y licenciada en Derecho. Autora de 'Poco a poco os hablaré de todo. Historia del exilio en Nueva York de la familia De los Ríos Giner, Urruti'.

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4 comentario(s)

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  1. jose

    ¿No incluyeron la de traición? Qué raro.

    Hace 3 años 2 meses

  2. Teresa Aguilar Larrucea

    Gracias a AARE por cuidar de estas personas que lucharon por la democracia. ¿Por qué la democracia las olvidó? Qué sorpresa descubrir que en los años 90 existian exiliados. ¿Por qué ningún gobierno de izquierda hizo nada por ellas?

    Hace 3 años 2 meses

  3. Teresa Aguilar Larrucea

    Qué emocionante artículo Ritama! Se me saltaban las lagrimas leyendo! Qué cartas! Preciosas! Sigue!

    Hace 3 años 2 meses

  4. gaillard rose-marie

    hola soy del norte de Francia,no pensaba que el exilio fuera una prueba tan dura hasta que hace unos anos se encontro en Lille a un exiliado espanol que llevaba 20 anos muerto en su piso.Nadie se entero de ello,una lastima ,una se imagina, si ,la profunda y tremenda soledad que padecio en vida aquel refugiado espanol.Por qué gente de tanta humanidad es apartada hacia el olvido por los gobiernos? Mil gracias por sus articulos,una vision tan rica e inteligente de la vida de nosotros todos,la gente de abajo.Un saludo

    Hace 3 años 2 meses

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